Domingo de Ramos
20 de marzo de 2005

La homilía de Betania


HOMILÍA EN LA BENDICIÓN DE RAMOS


“¿QUIÉN ES ÉSTE?”.

Por Antonio Díaz Tortajada

1. “¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Viva el Altísimo!” Así gritó la multitud enardecida al paso de Jesús montado en el burrito, rumbo a la ciudad de Jerusalén. Son aclamaciones de júbilo.

"La multitud extendió sus mantos por el camino”. Otros “cortaban ramas de los árboles y alfombraban la calzada”. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!”

Y al entrar él en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada: “¿Quién es éste?”. Y la gente que venía con él –dice san Mateo– decía:

–Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea”.

Dice un poeta hablando de las palmeras: “Molinos verdes, molinos vegetales. Rosa de los vientos de la fama, sus verdes agujas están ahí, desde el principio de los siglos, sobre los esbeltos troncos cimbreantes, plegándose a todas las arbitrariedades de la gloria. Por su inviolada gracia separada del suelo, por su fácil inclinarse reverentemente, por su tendencia sumisa a curvarse en dosel, el mundo se fijó inmemorialmente en la hoja de la palmera para cargarla de enfáticas significaciones triunfales. Y por eso ella, insolente y presumida, consciente de su glorioso simbolismo, se abre, en estrella, sobre su altura inaccesible, como diciendo irónicamente que la gloria hoy sopla hacia acá y mañana hacia allá, en arbitraria rueda divergente".

2. Aquel día de Ramos en Jerusalén, la gloria triunfal sopló hacia Oriente, por donde Jesús venía en su pollina. Como hacía siglos había soplado hacia Judas Macabeo, que, victorioso y salpicado de sangre, entró en Jerusalén, “entre gritos de júbilo y ramos de palma, al son de la citara y de los címbalos”, como sopló otro día hacia Vespasiano, cuando, entre palmas, según Flavio Josefo, entró vencedor en Roma; o hacia Tito, cuando entró, pisando palmas, en Antioquia.

Así, sin fijeza ni seriedad, cumplía el signo de la fama humana, su destino incongruente y arbitrario de señalar todos los cuadrantes del viento: hoy, un tirano, mañana, un general; pasado, un profeta. Historia poco lúcida de las palmas triunfales de los hombres: un día, adulación al vencedor, otro día, consolidación del despojo; otro, vanidad de oro mustio bordado en el académico de uniforme.

Pero un día las palmas se tendieron, como alfombra, a la entrada de Jerusalén, al paso de Jesús. ¿Fue aquella una hora para Jesús de júbilo y victoria? Más bien que allí empezó Jesús su camino de pasión, en las reconditeces de su pecho. Porque Él tenía que oír las sílabas trágicas del “Crucifícale”, mudamente enlazadas en las sílabas jubilosas del “Viva el Hijo de David”.

Las palmas reciben también la salpicadura del rojo bautismo e invierten su sentido. De signos ruidosos de la victoria visible y el triunfo material pasan a ser signos puros de las victorias internas, calladas y paradójicas, que tienen ante el mundo cara de derrotas: el martirio y la virginidad.

El tipo de mártir parece, ante los ojos, el extremo humano opuesto al tipo del vencedor que agasajaban las antiguas palmas triunfales: El mártir es el vencido, el escupido, el humillado, el quemado en parrillas. La virgen también parece, ante los ojos, la inversión de todo ruidoso triunfo vital: La virgen es la abandonada, la olvidada, la silenciosa, la despreciada de todo un mundo antiguo lleno de cultos de cosecha y de maternidad. Pero Jesús había venido a invertir las cosas. Él, muriendo, vence a la muerte; Él reina con cetro de caña.

3. Por eso Jesús sobre su pollina, avanzaría, un poco triste, por el camino que baja del monte de los Olivos, y entró en Jerusalén orlado, aquella tarde, de palmas en delirio. Porque Él sabía que las palmas del mundo, sobre la copa de la palmera, son una estrella redonda y divergente, perplejidad vegetal, que parece interrogar al viento: ¿Por aquí? ¿Por allí? (ya que suelen mecerse como juguetes del viento). Y Él soñaba con las legiones de sus mártires, de sus vírgenes, que, naciendo del pie de la Cruz como ríos de abnegación y sacrificio, habían de cruzar los siglos de la historia con un temblor de palmas en las manos; pero de palmas altas, erectas, verticales, con una firme y única dirección hacia el cielo: por aquí, por aquí... La eterna perplejidad de la palmera ha quedado resuelta y contestada por el testimonio de miles y miles de vírgenes y por el testimonio de miles y miles de mártires, a través de estos dos mil años de cristianismo


HOMILIAS DE LA MISA DE LA PASIÓN DEL SEÑOR


1.- LA CAUSA DE UN DIOS DE AMOR

Por Antonio Díaz Tortajada

2.- LA HISTORIA AGRIDULCE DE JESÚS: TRIUNFO Y MISERIA

Por Javier Leoz

3.- CON EL SIERVO SUFRIENTE

Por José María Martín OSA

4.- LA CONTRADICCIÓN DE LOS HOMBRES

Por Jesús Martí Ballester

5. - TODOS ESTÁBAMOS ALLÍ

Por José María Maruri, SJ

6.- JESUCRISTO PACÍFICO

Por Ángel Gómez Escorial


1.- LA CAUSA DE UN DIOS DE AMOR

Por Antonio Díaz Tortajada

1. La realeza de Cristo: “¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Viva el Altísimo!” tiene su contrapunto con el grito: “¡Crucifícale!, ¡crucifícale!, ¡crucifícale!”, repetido en dos ocasiones en el relato pasional.

A Jesús le matan violentamente, clavándolo en la cruz. Es ajusticiado después de un proceso solemne llevado a cabo por las fuerzas religiosas y civiles más influyentes de aquella sociedad, que celebran haber liberado al pueblo de un agitador.

Jesús sufre la muerte de un fracasado, de un maldito, de un abandonado que nada puede ante el poder de los que dominan la tierra. Vive su muerte como un servicio, el último y supremo servicio a la causa de un Dios de amor, que le ha encomendado establecer su Reino entre nosotros; su vida y la causa de su condena fue vivir liberando de opresiones a los marginados; estableciendo la libertad, la justicia, la paz, perdonando y enseñando a perdonar; ciertamente, su vida fue un servicio a la humanidad.

2. La muerte de Cristo es la mayor manifestación de su amor. Nos ha amado hasta el final, ha sido fiel a su amor para con nosotros sin pedir nada. Ha mantenido su palabra, su mensaje salvador. No aceptó la resignación y el sometimiento a la mentira, ni el engaño, ni la violencia en nombre de Dios, y enseñó que Dios exige rebeldía y denuncia contra todo lo que implique violación de la dignidad de los hombres, creados a imagen de Dios y llamados a ser sus hijos.

Como dice san Agustín, el verdadero sacrificio es todo lo que hacemos de bueno por Dios y nuestro prójimo durante toda esta vida. Cristo muriendo en la cruz realiza el mayor sacrificio, el mayor acto de amor a la humanidad.

3. Ya no hay signos de gloria y triunfo. Hay un gran signo de dolor y duelo. Hay un funeral cósmico, porque muere en una cruz, clavado, el Hijo de Dios vivo: “Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, vinieron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona”. "En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; y tembló la tierra y las rocas se hendieron”.

Ahora, en el momento de morir Cristo y de consumarse su obra redentora, parece que hay como una última sacudida fuerte del estilo, ya expirante, de la vieja ley; como una última apelación a la naturaleza terrible y tonante del Sinaí.

4. Tres años de parábolas dulces no pudieron en Pedro lo que pudo en el centurión un minuto de tinieblas teatrales. El mundo que había querido un Mesías ostentoso y poderoso, exigía ahora una gran metáfora cósmica de la muerte de un Dios. Quería un Dios que muriese entre eclipses y terremotos. ¡Como si no fuera más auténtico certificado de divinidad el perdón de sus verdugos!

Jesús insiste en los puros signos espirituales del vino, el agua y el pan. Sólo al final, como un desesperado arranque de dureza carnal de los hombres, llegan los vistosos signos cósmicos y sinaíticos: El eclipse y el terremoto.

Pero los hombres, duros y tercos, se empeñan en no oír este silbo suave de la ley de Amor, y Dios tiene que sacudir de vez en cuando sus entendederas con guerras, revoluciones y persecución, para que los hombres, como el centurión, crean en Él «cuando vean el terremoto».

El mundo actual sabe algo de eso. Hombres locos, hombres locos, ¿por qué no evitáis el terremoto y las tinieblas, tomando partido a tiempo por el agua, el vino y el pan?

2.- LA HISTORIA AGRIDULCE DE JESÚS: TRIUNFO Y MISERIA

Por Javier Leoz

1.- Hoy, Domingo de Ramos, muchas calles y plazas de las grandes ciudades; rincones y cuestas de los pueblos más escondidos siguen rememorando aquel ayer de la última entrada de Jesús en Jerusalén:

--La alegría, días después, se convertiría en luto

--La multitud que lo aclamaba, más tarde y en la hora de nona, se reduciría a una mínima expresión

--Los piropos y los halagos, los cantos y las adhesiones, en traiciones, deserciones y negaciones

La historia de la humanidad, también la de los que nos consideramos seguidores de Jesús, es un manojo de sonrisas y de lágrimas. Es el eterno dilema: ¡Si pero no!

El pueblo espontáneamente se echó a la calle para aclamar al rey y Señor. En la retina de muchos habían quedado grabadas las imágenes de los milagros obrados por Jesús:

Los pobres habían encontrado un confidente.

La samaritana entendió que su cántaro ya no servía para calmar lo que el corazón le pedía desde su encuentro con Jesús.

El ciego veía el mundo que le rodeaba pero no olvidaba quién fue el que le dio la luz.

Lázaro se palpaba, una y otra vez para convencerse que, en verdad, Jesús era la vida.

¡Cuántos de los que le aclamaban habían sido convocados, sin necesidad del “pásalo”, como fruto de una experiencia gratificante o desconcertante con Jesús!

2.- Cuando en la coyuntura social y política que nos toca vivir en España, ciertos sectores y poderes mediáticos pretenden que el hecho religioso sea relegado al fondo de las sacristías, el Domingo de Ramos, es una ocasión privilegiada para manifestar públicamente que, muchas veces, el pueblo no va por donde respiran sus gobernantes. Esto, y es bueno recordarlo, no es nuevo. ¿No ocurrió algo parecido en tiempos de Jesús? Ni tan siquiera el Domingo de Ramos, donde Jesús se dio un baño de masas, logró frenar la decisión tomada por aquellos a los que la Palabra de Jesús. Su hablar tan a las claras, les resultaba hiriente o, simplemente, les molestaba. Como molesta el testimonio de la iglesia y su doctrina ante ciertos grupos de presión que la quisieran ver sometida y sino….fulminada.

El Domingo de Ramos nos adentra de lleno en la Pasión de Cristo. Entrará montado en un borrico y saldrá de la ciudad llevando una cruz. Subirá en medio de la agitación gozosa de aquellos que se sintieron liberados o tocados por su gracia y, días después, ascenderá hacia el gólgota arropado por el morbo o la indiferencia.

3.- También el Señor, en este día, ha atravesado nuestra puerta, ha cruzado el umbral de nuestras murallas y, al igual que entonces, le hemos gritado: “¡Hosanna…Bendito el que viene!”. Que no salgamos ninguno de nosotros, de esta celebración, indiferentes a la mirada de Cristo. No seamos tan necios de pensar aquello de: “si yo hubiera estado, no hubiera ocurrido esto”. Como Pedro lo negaremos y, como Judas, venderemos al Señor incluso, tal vez, por mucho menos precio. ¿Por cuánto no lo han vendido muchos que creyeron en El pero viven como si El nunca hubiera existido? ¡Cuántos que han bebido de su fuente o han sido educados en su escuela dicen, ahora, no conocerle!

Sería bueno, que en estas vísperas de la Semana Santa, pensáramos qué personaje encaja mejor con nuestra situación personal. Que abriésemos de par en par la fortaleza de nuestro corazón para que el Señor compruebe que, por lo menos, nos molestamos en alfombrarlo con una buena confesión, con posibles propósitos, con una vida dispuesta al cambio, con una intensa oración, etc., etc.

4.- El Domingo de Ramos es la puerta que dejamos abierta para que Cristo entre en lo más hondo de nuestras vidas. De poco servirá que le aclamemos con los ramos si, luego, no dinamitamos los candados de nuestros corazones y nos quedamos como meros espectadores. Jesús no quiere curiosos, necesita hombres y mujeres que vivan con espíritu cristiano su pasión, muerte y resurrección y, luego, den testimonio de ella.

Pidamos al Señor que nos deje homenajearle en este día. Que nos ayude a vivir intensamente sus horas de pasión y de muerte. Que nos haga reconocer, en estas próximas jornadas, la gravedad de nuestras faltas y de nuestras contradicciones, del “sí pero no” a la hora de seguirle.

Gritemos, hoy más que nunca, en medio de un mundo que cierra las posibilidades a todo lo que suene a Cristo, que es posible la esperanza y el amor, la justicia y la libertad, la resurrección y la vida cuando se cree esperando y amando a Cristo.

Hoy es el triunfo del Señor en su última entrada a Jerusalén, el viernes será su miseria pero, el Domingo de Pascua, se multiplicará por cien el triunfo que cualquier hombre pudo jamás soñar: la Resurrección.


3.- CON EL SIERVO SUFRIENTE

Por José María Martín OSA

1.- Entramos en la semana grande en que celebramos los misterios centrales de nuestra fe. La muerte de Cristo es la consecuencia de su propia vida de entrega por todos nosotros. Es terrible que tuviera que suceder lo que sucedió. El propio Dios, que se había hecho uno de nosotros, nos da la prueba suprema de amor. ¿Por qué lo hizo?: para enseñarnos a amar. El anonadamiento de Cristo, cantado en el himno cristológico de la Carta a los Filipenses, es la puerta que conduce a la glorificación. Por la Cruz se llega a la luz. Este himno nos introduce en el misterio pascual -muerte y resurrección de Cristo- que vamos a celebrar en el Triduo Santo. Jesús en este domingo de Ramos es aclamado por aquéllos que después van a quitarle de en medio. Es una muestra más de las incongruencias humanas.....Todo esto ocurre porque Jesús se mete en el mundo -su encarnación fue total-, asume el dolor de todos los hombres que hoy son "crucificados" como aquellos que mueren perseguidos a causa de su fe, de su color o de su condición diferente. Jesús se empeña en estar en todos los "líos", se sitúa en las entrañas de la vida, allí donde se juega el presente y el futuro de la humanidad. El mundo es su sitio. No le va la marginación ni la muerte injusta. Lucha por acabar con todo aquello que degrada al hombre, que le humilla, que le hunde en el abismo. Fue consecuente y valiente, por eso le mataron tanto el poder político como el religioso.

2. - Jesús sigue muriendo hoy día....Nosotros seguimos crucificando a muchos "cristos" y gritando. "¡Crucifícalo!". Hoy El nos invita a escoger que camino queremos seguir. Nos pregunta a qué lado queremos estar: ¿Con o contra el Siervo sufriente de Yahvé? La indiferencia aquí no es posible. Jesús espera nuestra respuesta: si estamos a favor de la justicia, apoyando a los débiles, luchando por un mundo mejor, sufriendo lo que nos toque para hacer realidad el Evangelio y siendo seguidores de Jesús hasta la muerte; o si elegimos otros caminos aparentemente más fáciles...

3. - Hoy nos atrevemos a pedirle a Jesucristo que nos ayude a ser como él, generosos y entregados. El se "desvivió" por nosotros, fue como un árbol que da sombra al cansado y al que está castigado por el sol, que es refugio contra la lluvia para el viajero exhausto. El árbol presta sus ramas para que las aves aniden y las criaturas encuentren refugio. Da siempre fruto en el momento oportuno. Echa hondas raíces y se afirma para no ser movido de donde le han encomendado estar. Con sus hojas caídas se abona a sí mismo para crecer más aún. Queremos ser como el árbol, que toma lo poco que necesita y devuelve muchas veces más. Incluso cuando es cortado sirve para un sinfín de usos como leña para dar calor. Pasados los años se derrumba por su antigüedad, pero incluso así se convierte en abono para que otros continúen viviendo. Jesús es ese árbol del que todos hemos recibido vida plena, que se entrega por nosotros hasta la muerte, y una muerte de cruz. El mundo sería diferente, muy diferente, si todos fuéramos como el árbol, como Jesús, que entrega su vida por amor.


4.- LA CONTRADICCIÓN DE LOS HOMBRES

Por Jesús Martí Ballester

1. Cuando vamos a comenzar a revivir la Semana Santa, la Iglesia, como que nos previene: Todo esto va a tener un final feliz, la Resurrección. Por eso con la Procesión de los Ramos celebrada con ritmo festivo, al aclamar a Cristo como el Hijo de David que viene en el nombre del Señor, adelantamos su Resurrección, proyectando sobre la Pasión la luz profética de la esperanza de la victoria.

2.- "Decid a la hija de Sión: Mira a tu rey, que viene a ti humilde, montado en un asno" Mateo 21,1. En contraposición a los reyes victoriosos que hacían su entrada apoteósica en las ciudades conquistadas montando a caballo, Jesús entra como rey en la ciudad santa humildemente, montado en un asno, signo de que es manso y humilde de corazón, según la profecía de Zacarías (11,11).

3.- Lucas completa la narración de Mateo, contándonos el llanto de Jesús: "Al ver la ciudad, lloró por ella". A medida que va avanzando hacia la muerte, se aprecia más la sensibilidad de Jesús, lamentando la desgracia de su patria, manifestando la ternura por sus discípulos.

4.- "Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído para que escuche" Isaías 50,4. Escuchar y hablar. Para poder dar vida y ser fuerte, para soportar insultos y salivazos, para ofrecer la espalda a sus golpes, para seguir a Cristo, necesitamos escuchar la palabra. Sólo ella nos dará la fuerza necesaria. Sin ella reaccionaremos al vaivén de nuestros sentimientos.

5.- "Se burlan de mí, me acorrala una jauría de mastines, me taladran las manos y pies, se pueden contar mis huesos, se reparten mi ropa, se sortean mi túnica. Fuerza mía, ven corriendo a ayudarme" Salmo 21. ¿Lo hemos experimentado alguna vez?

6. -La lectura hoy de la Pasión despliega ante nuestros ojos un tapiz en el que se mueve la vida toda y podemos estudiar uno a uno a todos los numerosos personajes que participan en el drama, y sacar lecciones para todas las situaciones de nuestra propia vida humana y cristiana. Proyectaremos el foco de nuestra atención en los principales protagonistas: Jesús, Judas, Pedro y Pilato.

"Se ajustaron con él en treinta monedas" Mateo 26,14, ¡Hasta ahí llega la ingratitud del pueblo de Israel, hasta vender a su Pastor por treinta monedas (unos veinte dólares), que era el precio que se pagaba por un esclavo! Que lo haya profetizado Zacarías (11,12), es la prueba de que la pasión y muerte de Jesús estaba perfectamente prevista y diseñada. Judas, hombre mezquino y ambicioso, fue el instrumento, capaz de traicionar y entregar a su Maestro y desencadenar una tragedia tan enorme por unas monedas, para se cumpliera la Escritura.

Su deseo de grandeza le impulsa, al sentirse fracasado en sus ambiciones y deseos y desilusionado por Jesús, a actuar amargado y resentido contra El. No sólo no se separa como hacen los mediocres, sino, resentido y frustrado, quiere hacer daño al que lo ha hecho fracasar. Quiere vengarse. Siempre dispuesto a criticar. Criticó a María cuando derramó el perfume en casa de Lázaro, porque pudo haberse repartido su producto entre los pobres. Consiguió que los demás apóstoles secundaran la crítica, pero como Jesús la cortó alabando a la mujer que había hecho una obra buena, le supo mal que el Maestro le riñera delante de todos. Y le guardó rencor. Era otro de sus defectos: no podía recibir ni un sólo reproche. Se apagaba de inmediato. Al menor roce, al instante plegaba las hojas como una pequeña sensitiva. Su convivencia era muy difícil. A veces, insoportable, porque a su lado en ocasiones se enrarecía el ambiente. Los demás sufrían y él se sentía raro y extraño, rechazado. El corazón no era limpio y vivía más fuera que dentro. Se escapaba en cuanto podía de la compañía del colegio. Cualquier motivo era suficiente para la huída. No asimiló nunca el espíritu de la familia escogida. Juan dice claramente que era ladrón (Jn 12,6). La oportunidad se la daba la bolsa que administraba sin dar cuentas a nadie. ¿En qué gastaba el dinero que robaba? Y por dentro le recomía la estafa que le había hecho el Rabbí al dificultarle que se casara, quien encima, les predecía odios y persecuciones (Mt 26,6; Mc 24,3).

Así funciona Judas y por eso entrega y vende a su Maestro. Dominado por la avaricia, les propone a los sacerdotes: "¿Qué me dais si os lo entrego?" (Mt 26,15) ¿A cuántos habrá entregado antes? Esa es su personalidad y su modo de actuar. Es un hombre que va almacenando rencor. Desde entonces se va endureciendo más y más "y andaba buscando ocasión propicia para entregarlo". Mientras sus planes le salieron bien, siguió al lado de Jesús. El nombramiento de Pedro, Piedra de la Comunidad, el afecto evidente con que Jesús distingue a Juan, el discípulo amado, le reconcomían. Tuvo altibajos. Era inestable. Temporadas de cogerte en brazos y otras, por el detalle más mínimo en el que se sintiera menos estimado o valorado, cerraba la boca, mostraba un semblante sombrío, violento y agresivo y bajaba allá abajo su tono, que no parecía el mismo. Su hipersensibilidad patológica y su psicología psicótica, causaron el cumplimiento de la Escritura.

El había de ser él solo. Y él había de estar solo. Y las cosas se habían de hacer a su manera. Cuando se desilusionó de Jesús, no tuvo ni un sólo gesto de magnanimidad, ni de comprensión, bajo el carné de humilde y estafado, se escondía una persona soberbia e insolidaria, incapaz de humillarse pidiendo perdón, antes se ahorcará. Sabe que ha cometido un grave pecado, entregando la sangre inocente; está despechado y arroja las monedas a los sacerdotes en el templo. Ni un momento de sensatez buscando a quien le puede salvar. No ha comprendido ni pizca a Jesús. Su vida y comportamiento iba por otros derroteros. Y se ahorcó. Fue llamado, tuvo un tiempo de felicidad, fue perdiendo gas en cosas pequeñas, hasta llegar a la monstruosidad. No era un hombre fuera de serie. Todos somos capaces de seguir el mismo camino.

Se escandalizó de la debilidad de Dios. Venía hace tiempo pensando que Jesús había sido un gran farsante; su vida y su misión un enorme fraude. ¿Cómo podía Dios estar con Jesús, si todo le salía mal? ¿Si sólo iba de fracaso en fracaso? ¿Buscó infectar su maldad a alguno de sus compañeros? Lo intentó, como se demuestra en la crítica de la unción en Betania, pero por suerte, no encontró a nadie tan cicatero y rastrero como él, pese a la debilidad y cobardía generalizada. Su cinismo es patente: "Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar": -"¿Soy yo, acaso, Maestro?". Y con villanía monstruosa le dio un beso en el Huerto. Hasta se manchó los labios de sangre. Y Jesús, deja libre a Judas. Como nos deja libres a todos. El no esclaviza ni fuerza, ni violenta la libertad de nadie.

7.- ¿Se ha extinguido ya la raza de Judas? La traición y la deslealtad son semillas humanas y no anacrónicas. Hoy sigue habiendo Judas, que cuando pierden la ilusión, cuando se desengañan, cuando están amargados, se convierten en resentidos, y cuando se sienten postergados, reaccionan irracionalmente, sacan consecuencias falsas y son capaces de traicionar la amistad, tanto a nivel familiar, como social.

8.- "Entonces Jesús dijo: "Me muero de tristeza"... Padre mío, si es posible que se aleje de mí ese trago"... Al encontrar a los discípulos dormidos, "dijo a Pedro: ¿De modo que no habéis podido velar una hora conmigo?". "Velad y orad para no caer en la tentación". Estad en vela y pedid no ceder en la prueba". Le vieron demacrado y pálido, cubierto de sangre y desencajado. Yo no tengo palabras para resaltar éstas de Jesús tan amargas y trascendentales. Lo mejor que podremos hacer es dejarlas resonar en nuestro interior en profundo silencio: Morir de tristeza. No habéis podido orar conmigo una hora... Sin oración seremos vencidos. Acompañemos a Jesús con cariño y ternura que está sufriendo fuera de todo encarecimiento por nosotros. Y tomemos nota de cuál es en este momento cumbre de su vida, la recomendación que nos hace: "Orar". No les dice a los discípulos: Convenced a Judas de que no lo haga. Id a hablar con Anás y con Caifás. Moveos. Ayudadme. Haced algo. Todo lo que les dice, lo que nos dice, es orad, estad conmigo y con el Padre. Dejad que el Padre disponga y haga su Voluntad. Y hacedlo con sencillez, con simplicidad: "Pase de mí este cáliz". Ni grandes discursos, ni muchas palabras: "repitiendo las mismas palabras", anota Marcos. Hemos vivido unos años de verdadera algarabía en torno a la oración. Y no sólo en la Iglesia Católica, sino también en las separadas. Sobre la oración primero fue el silencio. Después la calumnia. Luego la omisión. Y ahora que se habla más de ella, creo que se habla más que se ejerce. Mientras, avanza el desierto. Con la teología radical de la muerte de Dios, no había posibilidad de diálogo con un Dios muerto. Con la crisis y falta de fe Dios no interesaba al hombre. La autonomía del hombre descartaba el trato con el Ser trascendente. Con la secularización y la desacralización, el trato con Dios era una forma alienante de la personalidad. La escasa coherencia de los orantes profesionales, daba origen a acusar a la oración de evasión y desencarnación de la vida. Y Jesús ha comenzado la Redención del género humano, orando y diciéndonos que oremos.

9.- Vamos a ver en seguida los efectos de la omisión de la oración: "No conozco a ese hombre". Pedro no ha podido velar una hora con el Maestro y la falta de oración causa su caída y la caída de todo aquel que no vela. Y así sucedió: "Todos los discípulos le abandonaron y huyeron". Pedro ha negado al Maestro hasta con juramento, cobardemente antes las criadas, confiando presuntuosamente en sí mismo, y poniéndose en la ocasión. Pero tiene más corazón que Judas. Llora y pide perdón a Jesús con la mirada. Probablemente fue a buscar a María, la madre de Jesús, para contárselo a ella y eso le salvó. "Soy inocente de esta sangre". ¡Allá vosotros!" E intenta acallar sus remordimientos, "lavándose las manos". Pilato es el hombre que quiere tener contentos a todos: Al Emperador de Roma, a los sacerdotes, al pueblo, y a su conciencia. Se desespera y se irrita forcejeando tratando de contemporizar con todos. Lo único que le preocupa y le interesa es no perder ni su prestigio ni su cargo. Es esclavo de su propia situación. Yo no puedo crucificarle.

Pilato está de moda. Cuando se vive una vida tan materialista como la actual, el pueblo se traga el quebrantamiento de todas las leyes morales: sólo reacciona ante la pérdida del pan, del puesto de trabajo, del cargo de prestigio, de la reacción que ciertas medidas o el cumplimiento de la justicia en casos concretos, puedan producir en los electores. Pilato es esclavo de la opinión, de la ambición. Además, es un figurón, por eso ambicionó e hizo los imposibles y se sometió a las bajezas mayores para conseguirlo. ¡Y lo que tanto le costó no está dispuesto a perderlo ahora! Le preguntaron al caracol cómo había subido tan alto y contestó: "Lamiendo y arrastrándome".

10.- Entre tanta miseria, la lectura de la Pasión nos presenta a Cristo moribundo de amor: "Jesús dio un fuerte grito y exhaló el espíritu". Es la fulgurante manifestación del amor de Jesús, que entrega su vida por la Verdad, y para que sus discípulos tengan vida y se vean siempre libres de todo género de esclavitud.

11.- Reconciliémonos con Dios en estos días de Semana Santa. A ello nos exhorta el Catecismo: "El que quiere obtener la reconciliación con Dios y con la Iglesia debe confesar al sacerdote todos los pecados graves que no ha confesado aún y de los que se acuerda, tras examinar cuidadosamente la conciencia. Sin ser necesaria, de suyo, la confesión de las faltas veniales, está recomendada vivamente por la Iglesia". Y este año del Padre, consignado por el Papa su práctica y cumplimiento.


5. - TODOS ESTÁBAMOS ALLÍ

Por José María Maruri, SJ

1.- Hoy damos comienzo a la Semana Santa. En ella se descubre en toda su hondura el drama del hombre ante Dios. Drama de vida y de muerte, de traición y de eterna felicidad.

San Juan de Ávila dejó escrito que era necesario que la lanza del centurión romano abriese el corazón de Cristo para que a través de esa herida pudiéramos los hombres vislumbrar el amor infinito del Padre que entrega a su Hijo por nosotros, y del Hijo, Jesucristo, que se entrega a la muerte por nosotros.

En esta Eucaristía –como en todas—vuelve a repetirse en símbolo y en realidad aquel acto de entrega de Jesús. Y nosotros que, como los discípulos y los judíos, unas veces hemos aclamado a Cristo con entusiasmo como Rey y después le hemos traicionado y abandonamos tantas veces, nos convertimos, por nuestra debilidad y en nuestro pecado en protagonistas de la Pasión, tal como la hemos escuchado en el Evangelio. Insisto que ante la Pasión de Jesús no podemos ser meros espectadores o como auditorio pasivo. Cada uno de nosotros estábamos allí, entre aquellos judíos o aquellos discípulos, porque Jesús ofrecía su vida también por cada uno de nosotros. Y es que, para cada uno de nosotros es el relato de cuando nuestro mejor amigo entregó y perdió la vida por todos, por mí, por ti.

2.- La narración de la Pasión es de San Mateo, mas cercana a las de San Marcos y algo más alejada de la de San Lucas que sigue una tradición más antigua. En esta no se suaviza todo lo que sea violencia y dramatismo, como hace Lucas. Ahí están los sufrimientos, los azotes, la coronación de espinas. Y el largo y dramático relato de la crucifixión. Pero los tres evangelistas resaltan el señorío de Jesús, que da permiso para su prendimiento y responde con autoridad a los sumos sacerdotes. Y sobre todo resplandece la infinita misericordia del Señor en tales momentos, llamando al traidor por su nombre, curando la oreja del sirvo del pontífice, perdonando a los que le crucifican, y prometiendo el paraíso al buen ladrón. Jesús se manifiesta así como reflejo del amor y de la misericordia del Padre hacia nosotros.


6.- JESUCRISTO PACÍFICO

Por Ángel Gómez Escorial

1.- En los años setenta, cuando Jesús de Nazaret quiso ser transformado en un revolucionario al estilo del Siglo XX se interpretó la entrada triunfal en Jerusalén como un ataque guerrillero contra el poder establecido. Las consecuencias de esa insurrección habrían sido la condena, tortura y ejecución de Jesús. La verdad es que esta teoría no tiene la menor posibilidad histórica, porque la guarnición romana vigilaba desde lo alto. Cualquier problema de orden público era dominado enseguida con enorme dureza. Por el contrario los actos de contenido religioso –procesiones, romerías con cantos y las típicas subidas al templo—no producían inquietud alguna y dejaban que se desarrollasen, aunque algunas veces produjeran algún tumulto por la multitud que participa en ellas. Los militares romanos ya sabían lo que se traían entre manos y desde luego no hubieran permitido nada parecido a un ataque revolucionario. Otros tratadistas del mismo tinte revolucionario relacionaron también la actitud guerrillera de Jesús con la expulsión de los mercaderes del Templo.

Pero Jesús quiso dejar claro que era pacífico. Entró en Jerusalén sobre un borriquillo y no a lomos de un impetuoso caballo blanco, rodeado de su guardia de corps. El cortejo real era festivo y propio de una romería. Las gentes le saludaban con ramos de olivo –señal de paz—y palmas. Y, desde luego, fue un gran éxito. Y si bien a las fuerzas de ocupación romana el asunto no les importó nada, no ocurrió así con el conjunto de las autoridades religiosas de Israel, que entendieron perfectamente que esa entrada era religiosa y que añadía un talante de paz y de fiesta muy deseado por el pueblo, pero odiado por el sistema oficial del Templo, ya que era todo un cambio. Y fue esa entrada triunfal lo que precipitó la persecución y muerte de Jesús.

2.- La Iglesia y su liturgia –que derrochan gran sabiduría—han puesto en la misa de hoy ese relato completo de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo para que –digámoslo así—no haya duda sobre que celebramos hoy. Por eso, la liturgia tiene una lectura de júbilo, asociada a la procesión de Ramos y el relato íntegro de la Pasión. En este ciclo A hemos escuchado la Pasión según San Mateo que nos da la idea de que dicha Pasión es testimonio de la voluntad salvadora universal de Dios y de su amor representado en el sacrificio y posterior victoria de Cristo Jesús. Estaréis de acuerdo conmigo que esta lectura en conjunto emociona y deja el alma perfectamente preparada para vivir la Semana Santa –Semana Grande se decía antes--, de la que el Domingo de Ramos es pórtico “físico” e inicio “psicológico”

3.- La paz de Jesús se verá reflejada horas después en su retirada, en su marcha a Betania para descansar con sus amigos, Marta, María y Lázaro. Ante su éxito –y en términos estrictamente religiosos—Jesús podría haber pedido a los Sumos Sacerdotes y Senadores “que le tuvieran en cuenta” dentro de la “religión oficial”. Y quien sabe si esa imposible pretensión de Jesús –fue una de las tentaciones de Satanás en el desierto—de “oficializar” su mesianismo hubiera tenido éxito. Pero tanto Jesús como los líderes religiosos de Israel sabían que eso era imposible. Jesús pedía la vuelta a la religión original de Amor que el Padre esperaba. Los fariseos y saduceos alimentaban un sistema social, político y con formas religiosas, que nada tenía que ver con la misión de Jesús de Nazaret. Por eso, llegada la tarde Jesús se retiró a Betania a esperar el desenlace de su Misión. Por eso es importante hoy, tras la bendición alegre de los ramos, leer y meditar íntegra la Pasión de nuestro Maestro