EL PAPA CONTINÚA SU CONVALECENCIA EN EL VATICANO Y SE PREPARA PARA LA SEMANA SANTA

Pasa una noche serena en casa, tras los 18 días en el hospital

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha pasado serenamente su primera noche en el Vaticano después de los dieciocho días de hospitalización, y se prepara para la Semana Santa atendiendo a las cuestiones más importantes de la vida de la Santa Sede y de la Iglesia. El regreso del pontífice a casa desde el Policlínico Agostino Gemelli en la tarde de este domingo, pudo seguirse gracias a un operador del Centro Televisivo Vaticano que acompañó al Santo Padre en el coche (un monovolumen) de color gris metalizado, cuando la oscuridad caía sobre la ciudad eterna.

El Papa, que iba junto al conductor para que pudiera ser visto por las personas que le esperaban a la salida del hospital, por las calles de Roma y a su llegada al Vaticano, parecía con más fuerzas que en días precedentes, aunque se puede ver que está más delgado y probado por la recuperación de la traqueotomía a la que fue sometido el 14 de febrero. El obispo de Roma por el momento mantiene la cánula que se le introdujo tras la operación, para facilitarle la respiración. Serán los médicos quienes decidan cuánto tiempo tendrá que mantenerla. Este domingo, al rezar la oración mariana del Ángelus, demostró que puede hablar con fuerza y suficiente claridad.

En estos días, como aclaró este domingo Joaquín Navarro-Valls, Juan Pablo II «continuará su convalecencia». En el Vaticano, cuenta con una enfermería que permite ofrecer primeros auxilios en caso de necesidad y es seguido de cerca por los médicos y por las religiosas polacas que le atienden. Antonio Cicchetti, director general del hospital Gemelli, explica que durante la estancia del Santo Padre en el policlínico «hemos tenido la sensación de ver a una persona que en su interior tiene una fuerza enorme, y que la transmite también a los demás». «Para nosotros ha sido una gran satisfacción verle saludar a la gente desde la ventana. Nos impresionaban sus ganas de comunicar con las personas que venían al Gemelli para verle», añade en declaraciones transmitidas este lunes por «Radio Vaticano». En la tarde de este domingo, sigue explicando Cicchetti, «pudimos constatar la tranquilidad con la que el Papa dejaba el hospital, con la que saludó a las personas, y las familiaridad --me atrevo a decir-- que se creó con el personal», concluye.

Ahora el Papa se prepara para las celebraciones de la Semana Santa, que comienzan el 20 de marzo, Domingo de Ramos. Por el momento, no se sabe cómo será su participación o presencia. Como reveló la Santa Sede el 8 de marzo, los ritos serán presididos en su nombre por cardenales de la Curia Romana. El calendario anunciaba que el Papa impartirá la bendición «Urbi et Orbi» (a la ciudad y al mundo) el Domingo de Resurrección y no especifica quién presidirá el sugerente Vía Crucis del Coliseo en la noche del Viernes Santo. Podría hacerlo el Papa.


LA MUJER, FORJADORA DE UNA CULTURA DE PAZ

Celebrado en Roma un congreso con el título «Mujer y cultura de paz»

ROMA (ZENIT.org).- La mujer es protagonista en la construcción de la paz pues es custodia de la vida, han coincidido en señalar expertos de todo el mundo reunidos en Roma. Fueron congregados por el congreso internacional «Mujer y cultura de la paz», celebrado el 10 de marzo pasado, por el Instituto de Estudios Superiores de la Mujer del Pontificio Ateneo «Regina Apostolorum» y la Universidad Europea de Roma. La doctora Cristina Zucconi, presidenta del Instituto de Estudios Superiores de la Mujer, inauguró el encuentro constatando que detrás de la violencia hay injusticia y «detrás de la injusticia se oculta siempre un comportamiento injusto, hay siempre una persona injusta». «Esto quiere decir que la paz no se puede improvisar porque es un estilo de vida orientado a la justicia y al perdón, y es un valor que deber ser transmitido con la educación, desde la infancia en la escuela y en la familia, primera escuela de socialización, y primera y fundamental escuela de paz», concluyó la presidenta del Instituto de Estudios Superiores de la Mujer.

En su intervención, Cristina López Schlichting, periodista de la cadena de radio COPE (España), afirmó que la unidad, el sacrificarse unos por los otros, el compromiso amoroso, hecho testimonio, de una familia cristiana, son los parámetros culturales en cuyo marco se desarrolla una cultura de paz.

«Mi padre y mi madre se han unido para siempre y juntos afrontan las dificultades y dolores, las alegrías de la vida. Los dos son diferentes pero se aman como son y, cuando se equivocan, piden perdón. ¿Se puede imaginar un mayor testimonio en favor de la paz?», se preguntó la periodista de la COPE. «No se trata de un moralismo o de una educación en valores genéricos --aclaró--. La atracción que la voluntad experimenta por la belleza cristiana nace de un encuentro, de la atracción hacia otra persona, del modo de vivir de un marido o de una esposa», añadió. «Este es el método cristiano. Los apóstoles no seguían a Cristo porque considerasen interesante su discurso sino porque intuían una libertad, una grandeza, una misericordia distinta de la que habían visto en otros que habían conocido antes». López Schlichting se mostró preocupada por el hecho de que el matrimonio, entendido cristianamente, muestre señales de grave decadencia en Europa. En 2001, en la Unión Europea, la media era de cinco matrimonios cada mil habitantes. Sólo en España, en el año 2000, hubo 44.944 separaciones y 27.258 divorcios. Entre los efectos de separaciones y divorcios, la periodista subrayó la depresión de los hijos de separados, con problemas derivados de la falta de modelos de referencia, paternos y maternos.

Aumentan las familias monoparentales, añadió López Schlichting, «que es un modo "snob" para decir familias divididas». En España hay ya 310.000. Los índices de fecundidad que, según la periodista, «son un indicador de la salud de la familia», en España, en 2000, fueron los más bajos de Europa, con 1,2 hijos por mujer. Es decir, que hace veinte años la fertilidad en España era la segunda más alta de Europa, con 2,2 hijos por mujer, superada sólo por Irlanda, con un índice de 3,3. López Schlichting concluyó enumerando las numerosas cualidades humanas y sociales que se encuentran en un matrimonio cristiano: el compromiso de fidelidad, el vínculo claro e indisoluble, y la apertura a la vida, como ejemplo de la disponibilidad a los designios del Señor.

El padre Paolo Scarafoni, L.C, rector del Ateneo Pontificio que acogió el congreso, al tomar la palabra recordó que «el mal no se vence con el mal». «El mal se verifica cuando las personas se sustraen a las exigencias del amor. El bien, en cambio, nace del amor, se manifiesta como amor y está orientado al amor», explicó el rector. De aquí el papel de la mujer. Scarafoni recordó que «la cultura del amor pasa de una generación a otra, sobre todo por obra de las mujeres. El Papa lo ha subrayado en su último libro «Memoria e identidad». «Si la familia humana puede vencer el mal con el bien –subrayó Scarafoni– dependerá en buena parte del papel que desempeñan hoy las mujeres, en la transmisión de la ley moral, en la educación para una cultura de paz». «Ningún hombre, ninguna mujer de buena voluntad, pueden sustraerse al compromiso de luchar para vencer el mal con el bien. Es una lucha que se combate válidamente sólo con las armas del amor», concluyó.


LA HUMANIDAD NO PUEDE QUEDARSE IMPERTÉRRITA ANTE LO QUE SUCEDE EN DARFUR, ADVIERTE EL VATICANO

« ¿Qué institución será estructuralmente responsable de la protección de los desplazados internos?», pregunta

GINEBRA, (ZENIT.org).- La Santa Sede considera que la comunidad internacional no puede quedarse mirando con los brazos cruzados ante lo que está pasando en Darfur (Sudán) y en otros países de África donde la situación de refugiados o desplazados internos es dramática. Monseñor Fortunatus Nwachukwu, consejero de la Misión Permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas de Ginebra, alzó la voz en la reunión del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), celebrada del 8 al 11 de marzo, para exigir una reacción. «La situación de los refugiados en África sigue siendo una profunda herida para toda la familia humana», comenzó constatando el representante de la Santa Sede. Si la comunidad internacional sigue retrasando su reacción, constató, aceptaría «un doble parámetro de solidaridad a expensas de las personas más marginadas y sin voz».

En particular, denunció, la situación es grave en Darfur, donde «los ataques sistemáticos a las poblaciones civiles, la destrucción de infraestructuras y de aldeas enteras y la eliminación del ganado y de los cultivos han llevado a un vasto desplazamiento de la población». «Los ataques son brutales y violentos y la violación de los derechos humanos es algo diario. Son particularmente vulnerables las mujeres, víctimas de violaciones y de otras formas de degradación. Se está creando un desastre ambiental y se requerirán años para poner remedio», constató, calificando lo sucedido como «crímenes contra la humanidad o/y como crímenes que no son menos serios y atroces que el genocidio». «Si una persona tiene suerte, se convierte en refugiado al atravesar la frontera y acaba en un campo de refugiados en Chad, donde puede contar con una cierta protección y una seguridad relativa. Si los individuos y las familias se quedan atrás, terminan uniéndose a una de las poblaciones desplazadas internas más grandes del mundo, con frecuencia en situaciones de riesgo, pues no se puede garantizar la seguridad», denunció.

« ¿Qué institución será estructuralmente responsable de la protección de los desplazados internos?», preguntó monseñor Nwachukwu. «Como comunidad internacional, deberíamos elaborar un sistema fiable que proteja efectivamente a los que están en su propia nación, pero alejados de sus hogares».

La Santa Sede pidió «un sistema más claro de responsabilidad sobre los desplazados internos», lo que exige ante todo «la voluntad política para actuar, para intervenir, y para arrebatar las armas de las manos de los agresores», lo que se llama intervención o injerencia humanitaria. «Cuanto más se tarde en reaccionar, más grande será el riesgo de que haya personas que se queden sin raíces, de que sufran abusos, y de que se minen los acuerdos de paz alcanzados con tantas dificultades». «El camino pasa por paralizar el flujo de armas al conflicto, detener a los individuos culpables de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad, actuar ahora y dar una nueva esperanza a África y a todos los refugiados», concluyó.


CAMINANDO EN LA CUERDA FLOJA DE LAS RELACIONES IGLESIA-ESTADO

El Papa presenta algunas directrices

ROMA (ZENIT.org).- Mientras en las últimas semanas el mundo centra su mirada en la salud de Juan Pablo II, su propia atención se centra en un tema de gran preocupación: las relaciones Iglesia-Estado. Un mensaje con fecha del 11 de febrero enviado al arzobispo de Burdeos, monseñor Jean-Pierre Ricard, presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, planteaba algunos puntos sobre este tema. La carta fue enviada tras la conclusión de la visita quinquenal de los obispos franceses a Roma durante el pasado año. El Papa observaba que la ley francesa de 1905, que reemplazó el Concordato de 1804, «fue un evento doloroso y traumático para la Iglesia en Francia» (No. 2).

Juan Pablo II hacía notar que la ley de 1905 «relegaba el factor religioso a la esfera privada y rechazaba el reconocimiento del lugar de la vida religiosa y la institución de la Iglesia en la sociedad». Añadía, además, que, desde 1920, el gobierno francés había dado algunos pasos para mejorar la situación. Francia, continuaba, abraza el principio de la laicidad («laïcité»). La Iglesia, apuntaba, también está convencida de la necesidad de separar los papeles de la Iglesia y el Estado, siguiendo la prescripción de Cristo, «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios» (Lucas 20:25). De hecho, el Concilio Vaticano II explicaba que la Iglesia no se identifica con ninguna comunidad política ni está limitada por lazos con ningún sistema político. Al mismo tiempo, tanto la comunidad política como la Iglesia sirven a las necesidades de las mismas personas y este servicio se llevará a cabo de modo más efectivo si hay cooperación entre ambas instituciones. Esta cooperación ha seguido mejorando en Francia, comentaba el Papa, «hasta el punto de que en los últimos años se ha creado un foro de diálogo al más alto nivel» (No. 4). Esto ha permitido que se desarrollen las relaciones en un clima de respeto mutuo. Juan Pablo II también invitaba a los católicos franceses a participar en la vida pública.

El Papa también observaba que es necesario dar espacio a la religión en la sociedad francesa de modo que «no se caiga en el sectarismo que podría convertirse en una amenaza para el mismo estado» (No. 6). Esto podría conducir a un aumento de la intolerancia y a dañar la coexistencia de los grupos que forman la nación. Con este fin, continuaba el Pontífice, se debe permitir a los cristianos hablar en público y expresar sus convicciones durante los debates democráticos, «desafiando al estado y a sus compañeros ciudadanos sobre sus responsabilidades como hombres y mujeres, especialmente en el campo de los derechos humanos fundamentales y del respeto por la dignidad humana, por el progreso de la humanidad, pero no a cualquier precio, por la justicia y la equidad, así como por la protección de nuestro planeta».

Y el Papa no dejó pasar la ocasión sin volver a un tema constante en los últimos años, la necesidad de dar un lugar en el continente europeo a los valores cristianos. «El cristianismo formó en gran medida los rasgos de Europa», escribía. «Es tarea de la gente de hoy construir una sociedad europea sobre los valores que prevalecieron cuando nació y que son parte de su riqueza» (No. 5).

MANTENER LA LIBERTAD

El 24 de enero, el Papa se dirigió a un grupo de obispos españoles durante su visita a Roma. Habló de la propagación de la ideología laicista en la sociedad de aquel país «que lleva gradualmente, de forma más o menos consciente, a la restricción de la libertad religiosa hasta promover un desprecio o ignorancia de lo religioso, relegando la fe a la esfera de lo privado y oponiéndose a su expresión pública» (No. 4). Además, «No se puede cercenar la libertad religiosa sin privar al hombre de algo fundamental», añadía el Santo Padre.

El Papa también insistía en que es necesario que los católicos busquen «el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según la voluntad divina». Y les animaba a ser testigos valientes de su fe en los diferentes ámbitos de la vida pública.

FE Y PRÁCTICA

El año pasado, Juan Pablo II también tocó las relaciones Iglesia-Estado en su discurso a un grupo de obispos de Estados Unidos el 4 de diciembre. Dirigiéndose a los prelados de las provincias eclesiásticas de Louisville, Mobile y Nueva Orleáns, el Papa les animaba a que hicieran una prioridad pastoral del ayudar a los laicos a combinar armoniosamente los deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que tienen como miembros de la sociedad humana. Citando la «Lumen Gentium», No. 36, el Santo Padre afirmaba que los hombres y mujeres laicos, tras recibir una catequesis adecuada y una formación continua, han de tener clara su misión «para extender el Reino de Dios, a través de su actividad secular, ‘de suerte que el mundo se impregne del espíritu de Cristo y alcance más eficazmente su fin en la justicia, la caridad y la paz’» (No. 3).

Por eso, es necesario que los fieles reciban instrucciones claras sobre sus deberes como cristianos, y sobre su obligación de actuar de acuerdo con la enseñanza autorizada de la Iglesia, añadía el Papa. Y para quienes objetan que tal instrucción tiene un tono excesivamente político, Juan Pablo II establece claramente: «Aun respetando plenamente la separación legítima de la Iglesia y el Estado en la vida americana, esta catequesis debe también dejar claro que para el fiel cristiano no puede haber separación entre la fe que es para ser vivida y ponerla en práctica y su compromiso de participación total y responsable en la vida profesional, política y cultural» (No. 3).

Juan Pablo II urgía además a los obispos a que dieran prioridad a esta área en su trabajo. «Dada la importancia de estos temas para la vida y misión de la Iglesia en su país, les animaría a considerar el inculcar los principios doctrinales y morales subrayando el apostolado de los laicos como esencial en su ministerio de maestros y pastores de la Iglesia en América».

MODELO EUROPEO

La necesidad de reforzar los valores espirituales y morales en la sociedad civil fue también el tema de un reciente documento publicado por la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea. El 25 de febrero, el comité ejecutivo de la COMECE hizo público un borrador de debate sobre el tema de la renovación de la estrategia de Lisboa de la Unión Europea. La estrategia de Lisboa tiene como fin afrontar reformas que tienen que ver con materias relacionadas con las políticas sociales y de bienestar. Los obispos europeos observaban la necesidad de una mayor atención a los valores espirituales en la construcción de la Unión Europea. «Se presta todavía demasiada poca atención a la promoción de una conciencia de estar enraizados en una tradición religiosa y cultural y a la comprensión de la historia europea», afirmaban.

La estrategia de Lisboa no menciona el término «espíritu», y sólo lo hace en término de reforzar el espíritu empresarial. «Europa puede producir individuos dinámicos y excepcionales si se forman en una educación cultura y religiosa consciente de la historia de Europa», añadían los obispos. «Los europeos parecen haber perdido también sus sentido de lo que es santo, trascendente y ceremonial», observaban los prelados. De hecho, «es deprimente ver que en muchas partes de Europa, los domingos e incluso las fiestas religiosas y nacionales se han vuelvo días ordinarios de trabajo y de compras». La religión, defendía el documento de los obispos, puede jugar un papel importante en la consolidación del modelo social europeo. Ahora más que nunca, defienden, la sociedad secular necesita que la religión le eche una mano.


MONS. BLÁZQUEZ NO QUIERE PARA ESPAÑA EL MODELO FRANCÉS DE RELACIÓN IGLESIA-ESTADO

MADRID (ACI).- El Obispo de Bilbao y Presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Mons. Ricardo Blázquez Pérez, expresó su deseo de que España no se oriente hacia el modelo francés de relación entre la Iglesia y el Estado. “Creo que una separación entre Iglesia y sociedad no termina siendo beneficiosa. No desearía que nos orientásemos hacia el modelo francés. Preferiría otros modelos de desarrollo", expresó el Prelado. Mons. Blázquez Pérez hizo estas declaraciones en el programa "La entrevista" de la cadena Popular TV que conduce el periodista Fernando de Haro.

Según informa el Arzobispado de Madrid, el presidente de la CEE repasó la situación de la Iglesia Católica en España, uno de cuyos temas versó sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Al respecto, Mons. Blázquez manifestó su satisfacción por la disposición a la apertura mostrada en el reciente encuentro entre representantes del Gobierno y del Episcopado españoles.

"Me alegré mucho de que, en la reunión que tuvieron la vicepresidenta del Gobierno y el entonces vicepresidente de la Conferencia Episcopal. Todos sacaron la impresión de que había una disponibilidad abierta por las dos partes para profundizar en ese itinerario", comentó. De otro lado, el presidente de la CEE se pronunció sobre la educación religiosa en las escuelas. Se trata de “un tema que requiere unos diálogos muy frescos, profundos, buscando el bien de nuestra sociedad y el respeto al derecho que tienen los padres a la educación de sus hijos según sus propias convicciones. Un aspecto que, por otra parte, recoge el tratado de la Unión Europea", señaló.


PIDEN CONMEMORAR CENTENARIO DE CARDENAL DE LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA ESPAÑOLA

MADRID, 15 Mar. 05 (ACI).- Los miembros del Partido Popular (PP) en el Congreso presentaron una proposición no de Ley que pide al Gobierno conmemorar los 100 años del nacimiento del Cardenal Vicente Enrique y Tarancón, Arzobispo Emértiro de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) entre 1971 y 1981, que tuvo un papel destacado en la transición del régimen dictatorial a la democracia. La iniciativa resalta que el Cardenal Enrique y Tarancón tuvo una activa participación en las sesiones del Concilio Vaticano II y fue "un decidido impulsor de su aplicación, propiciando la independencia de la Iglesia frente al poder político".

En su solicitud, el PP pide al Gobierno la realización de un programa de conmemoración del centenario del Purpurado valenciano, en colaboración con la Generalitat de Valencia y la CEE. Asimismo, pidió que se contemple la posibilidad de emitir un sello conmemorativo. El Cardenal Enrique y Tarancón nació en Burriana (Castellón) el 14 de mayo de 1907. Tras estudiar en el Pontificio Seminario de Valencia, fue ordenado sacerdote en 1929. Desarrolló su actividad pastoral en Vinaròs, Villareal y Madrid con un grupo de sacerdotes interesados en impulsar la Acción Católica. Después de haberse desempeñado como Obispo de Solsona (1946), fue promovido a la sede metropolitana de Oviedo (1964). Posteriormente, en 1969, fue nombrado Arzobispo de Toledo y creado Cardenal por Pablo VI. Dos años después fue designado Arzobispo de Madrid-Alcalá. Desde 1971 y hasta 1981 se desempeñó como presidente de la Conferencia Episcopal. Ese mismo año fue elegido académico de la Real Academia Española de la Lengua. Autor de numerosos textos doctrinales y pastorales que analizaban diversidad de situaciones de la época desde la óptica de la doctrina de la Iglesia, falleció en Valencia el 28 de noviembre de 1994.


RAFAEL DEL RÍO SENDINO, NUEVO PRESIDENTE DE CÁRITAS ESPAÑOLA

MADRID. CÁRITAS.- En su reunión celebrada ayer en el marco de las sesiones de la LXXXIV Asamblea Plenaria del episcopado que tiene lugar en Madrid, los obispos miembros de la Comisión Episcopal de Pastoral Social decidieron nombrar a Rafael del Río Sendino como nuevo presidente de Cáritas Española.Nacido en Palencia el 26 de septiembre de 1940, Rafael del Río es comisario principal del Cuerpo de Policía, diplomado en Psicología Pedagógica e Industrial y técnico superior de Seguridad e Higiene en el Trabajo. El nuevo presidente de Cáritas Española, además de realizar estudios en el Seminario Conciliar de Palencia hasta primer curso de Filosofía, es diplomado en Delincuencia Juvenil, Trafico de Drogas, Patrimonio Artístico Nacional y Terrorismo Nacional e Internacional.

En 1962 ingresó en el Cuerpo Nacional de Policía, donde ha desempeñado diversas responsabilidades, como jefe superior de la Región Policial de Valencia, jefe superior de la Región Policial de Cataluña y director general de la Policía. En su última etapa laboral, Rafael del Río ha estado al frente de la Dirección de Seguridad de la compañía Iberia Líneas Aéreas de España entre 1986 y 2004. Entre otros cargos, ha sido miembro del Consejo de Administración de la Casa de la Moneda, del Consejo Superior de Deportes y del Comité Nacional de Seguridad Aeroportuaria. En la actualidad preside la Fundación de la Policía.

Durante su intensa trayectoria profesional, el nuevo presidente de Cáritas Española ha mostrado una especial dedicación hacía los problemas de exclusión social de los jóvenes, sobre todo en aquellos fenómenos relacionados con la violencia y las drogodependencias. Rafael del Río está en posesión de numerosas condecoraciones, como la Medalla de Plata al Mérito de la Policía, Medalla de Plata al Mérito de la Guardia Civil (1984 y 1987) y la Encomienda de Número de Mérito Civil (2000), entre otras. Casado, padre de cuatro hijos y abuelo de cinco nietos, Rafael del Río Sendino es un hombre de profundas creencias religiosas y de intensa trayectoria de militancia cristiana. Dos de sus ocho hermanos son sacerdotes, uno de los cuales trabaja desde hace años como misionero en la diócesis de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia).


EPISCOPADO HONDUREÑO INSTA A AUTORIDADES A FRENAR OLA DE VIOLENCIA

TEGUCIGALPA ACI).- En un comunicado emitido por la Conferencia Episcopal de Honduras (CEH), los obispos consideraron que los recientes actos de violencia ocurridos en ese país, son muestra de que los jóvenes hondureños están siendo víctimas de un genocidio alarmante. En la carta firmada por el Obispo Auxiliar de San Pedro Sula, norte de Honduras, Mons. Rómulo Emiliani, los prelados llamaron a las autoridades y a la sociedad a tomar acciones inmediatas frente a los hechos violentos y a no ser indiferentes frente a los mismos. “Contemplar esta tragedia que se gesta imparable y decir que no se puede hacer nada es una postura anticristiana y nada patriótica”, indicaron.

Finalmente, los miembros de la CEH coincidieron en que existe un “deterioro alarmante de la conciencia del valor de la vida, no siendo normal que se registre el asesinato de 2 mil 630 jóvenes menores de 23 años, entre 1998 y los dos primeros meses de 2005”.


OBISPOS URUGUAYOS ESPERAN QUE GOBIERNO Y MILITARES LLEGUEN A RECONCILIACIÓN

MONTEVIDEO (ACI).- El Presidente de la Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU) y Obispo de San José de Mayo, Mons. Pablo Jaime Galimberti, consideró que la actitud del Poder Ejecutivo y los mandos militares sobre el destino de los cadáveres de los desaparecidos permitirá alcanzar finalmente la reconciliación de la sociedad. Se calcula que unos 30 opositores al régimen militar fueron arrestados ilegalmente durante la pasada dictadura que gobernó entre 1973 y 1985, y aún están desaparecidos 20 años después de la restauración de la democracia.

Según Mons. Galimberti “en el lado del Poder Ejecutivo hay una decisión de aclarar definitivamente todo lo que se pueda, siempre dentro del marco de la Ley de Caducidad, en cuanto al destino de los desaparecidos”.Sin embargo, en su opinión, lo más importante es que “esta voluntad del gobierno está siendo correspondida por los mandos militares”.

Mons. Galimberti presume que, de llegar a encontrarse restos de detenidos desaparecidos u otras evidencias durante las investigaciones, los militares asumirán públicamente sus responsabilidades. El proceso también favorecerá a las propias Fuerzas Armadas. “Será muy saludable para su recuperación y el reencuentro de todos. No va a devolver a los desaparecidos, pero será un elemento clave para la reconciliación”, afirmó el Prelado.

Acerca de las familias de los detenidos desaparecidos, Mons. Galimberti dijo “estar colaborando para que esas familias que han sufrido pérdidas irremediables puedan recuperar, sin rencores, su paz plena”.

El Obispo de San José de Mayo también vio de forma positiva la implementación del Plan de Emergencia, cuyo objetivo es garantizar la cobertura de las necesidades básicas de los sectores sociales más vulnerables. El gran desafío de este plan será, según Mons. Galimberti, “enseñar a pescar y no solamente dar pescado, lo cual se logrará mediante la estimulación de las capacidades y habilidades que hoy están dormidas en la gente”.