1.- EN EL PRIMER ANIVERSARIO DEL 11-M: EL DOLOR DE LOS INOCENTES

Se abre esta Semana Santa con la cercanía del Primer Aniversario de la masacre del 11 de marzo de 2004. Ello dejó una huella terrible del dolor en España. Fueron191 fallecidos y cerca de un millar de afectados que siempre tendrán sobre sus cuerpos y en sus almas las huellas de la barbarie. Pero cerca de ellos está Cristo. El desarrollo de la historia del Salvador del mundo se inscribe en ese capítulo que es el dolor –y la muerte—de los inocentes. Jesús de Nazaret quería llevar la felicidad a sus semejantes y por eso les quitaba el dolor de sus dolencias. No buscaba nada para él. Se dio la vuelta cuando le quisieron hacer rey tras la multiplicación de los panes. Sólo deseaba que un reino de paz y de justicia –el Reino de Dios—llegase al mundo. El contribuyó a fundar una enorme esperanza en el pueblo cuando le explicaba que existía un Dios Padre que amaba tiernamente a sus criaturas con una ternura cósmica, universal, enorme, completa que sólo puede desarrollar la grandeza de Dios.

Y un día –tal vez—Jesús de Nazaret pensó que podría convencer a sus hermanos y que su misión podría llegar en paz. Pero no fue así. El mal, el pecado, la mentira, el odio sin causa, ni origen, se desplegaron a su alrededor. En poco tiempo, en unos días, toda su obra quedó hecha trizas. Y fue condenado a muerte en un proceso injusto y amañado. Y ejecutado por la debilidad de un gobernador que prefería la componenda que la justicia. Y esa terrible injusticia desplegada para matarlo es idéntica a la sinrazón asesina que llevo a siete individuos a depositar unas mochilas llenas de muerte en un tren de cercanías, forma de transporte de jóvenes, obreros, emigrantes… gente del pueblo que como Jesús solo buscaban ser felices y hacer felices a los demás. Por eso esas muertes guardan el paralelismo de la injusticia fratricida desplegada contra Jesús.

Pero, también, en pocos días la fuerza de Dios Padre deshizo el mal hecho y Jesús resucitó. Es necesario que hablemos de resurrección a los familiares que todavía –y por mucho tiempo--lloran la muerte de sus seres queridos. Nuestra fe nos dice que resucitaremos y así será. Y en fin, no podíamos abrir nuestro número especial de Semana Santa y Pascua sin relacionarlo con el sufrimiento de Jesús de Nazaret, con las víctimas de aquella terrible realidad de ahora hace un año y con, también, ese sufrimiento permanente de los que sobrevivieron y de todos los familiares de quienes protagonizaron trágicamente el 11 de marzo

Sirva, además, estas líneas para reiterar –una vez más-- nuestra solidaridad con todos los afectados por tanl salvajes ataques a la integridad del ser humano. Y que ellos sepan –muertos y vivos—que Jesús los comprende, enjuga sus lágrimas y los acerca al paraíso, como en la escena del Gólgota. Pero además les indica el camino hacia la resurrección, hacia la glorificación definitiva de sus cuerpos. Por eso esta Semana Santa y esta Pascua –tanto como la anterior—tienen especiales resonancias para los madrileños, para todos los españoles.

 

2.- SAN JOSÉ, LA IMPORTANCIA DEL SILENCIO.

Las Homilías del día dan conocimiento íntimo e interno a la Solemnidad Litúrgica dedicada al Esposo de María. Pero en este editorial, que es más "civil", queremos demostrar nuestra admiración por un personaje que quiso siempre estar en segunda fila, pero que fue más que fundamental en la tarea de la Redención. La gran coautora con Cristo de esa Redención es la Virgen María. Y no se trata de establecer un ranking. Y todos sabemos cual es el lugar de cada uno de ellos. Pero es muy difícil dejar fuera de ese protagonismo a José y además debemos sentirnos atraídos por la misión --y sus características-- del trabajo de San José. Atento a las necesidades de la Madre y del Hijo. Eficaz en su misión. Hábil en su trabajo. Paciente, sencillo, humilde seguidor de la voluntad de Dios es, sin duda, ejemplo para muchos de nosotros.

Pero hay otros brillos. Así en medio de la cuaresma se presenta la fiesta de San José, esposo de la Virgen María y padre adoptivo de Jesús, que es, al menos en el mundo hispánico, una explosión de alegría en medio de la austeridad cuaresmal. En España es patrón de numerosas ciudades y de muchas personas. Los nombres de José, Josefa, Pepe, Pepita y todas sus variantes son, sin duda, los más frecuentes de los censos de los hispanoparlantes. En España, por ejemplo, Valencia celebra la Fiesta de las Fallas, donde arden a las doce de la noche del día 19 unos peculiares monumentos de madera y cartón-piedra, y que sin duda tienen una interpretación finalista y penitencial. Se queman los malos modos, se incendian los viejos pecados...

Este 19 de marzo es víspera de la Semana Santa. Y San José debe ser el ejemplo de pureza, sencillez y dedicación necesario para acercarnos con mayor facilidad a los profundos misterios de nuestra fe que vamos a vivir acompañando a Jesús de Nazaret en su Pasión y en su Gloria.

 

3.- TIEMPO DE CRUZ, TIEMPO DE GLORIA

Esta edición especial de Semana Santa y Pascua de Resurrección de 2005 es muy especial pues el calendario nos pone la Solemnidad de San José al inicio de todo, la víspera del Domingo de Ramos. Así ofrecemos –además de los temas comunes de la primera parte—las celebraciones litúrgicas de San José, Domingo de Ramos, Jueves Santo, Viernes Santo, la Vigilia Pascual y la Misa del Día de la Pascua de Resurrección. Las lecturas tienen especial peso en la presente edición y siempre lo han tenido a lo largo de los ya muchos años que ya llevamos en la Red. Hemos completado la recopilación de las lecturas correspondientes a los actos litúrgicos de dichos días. En el caso de los días –Domingo de Ramos y Viernes Santo-- que se hace pregón de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, hemos realizado la trascripción con las "particiones" hechas para los diferentes lectores, lo cual puede facilitar su utilización las misas correspondientes. No hay más que "bajarlo" e imprimirlo.

HOMILÍAS Y OTROS TEXTOS

En cuanto a las homilías aparecen las escritas por los sacerdotes que habitualmente las escriben. Y así están presentes el presbítero valenciano y periodista, don Antonio Díaz Tortajada, y don José María Maruri, sacerdote jesuita que ejerce su misión pastoral en la Parroquia madrileña de San Francisco de Borja. Asimismo está presente otro dilecto y querido colaborador, el padre Jesús Martín Ballester, quien durante muchos enseñó se encargo en solitario de la redacción de las Homilías de Betania. Don Javier Leoz, desde Pamplona, nos escribe homilías y además ha construido dos magnificas piezas para estos días: una Hora Santa, para el Jueves Santo y un Vía Crucis, para el Viernes Santo. Van situados en las páginas de moniciones correspondientes a Jueves y Viernes. Asimismo, don José María Martín, OSA, párroco de Santa María de la Esperanza, en Madrid, incluye dos homilías, una para el domingo de Ramos y otra para el Domingo de Resurrección. Nuestro Editor colabora también en los distintos días de celebración. En La Casa de Betania, hay tres textos muy validos –que recorren toda la Semana Santa-- de Julia Merodio y constituyen una oración muy especial para estos días. A su vez, el padre Díaz Tortajada ha escrito un excelente texto para la celebración de un Vía Crucis con música. Es una especie de auto sacramental que ya se ha estrenado en tierras de Valencia. Se dan también en La Casa de Betania los textos para la celebración de las sesiones de los Grupos Betania de Oración. Y junto a ello el comentario del Padre comboniano, don Antonio Pavía, que sobre el Salmo 91, realiza una magnifica reflexión para el Viernes Santo. Esperamos que todo ello sea apreciado por nuestros lectores y les sea útil en las celebraciones de estos días. Otras precisiones sobre contenidos del citado número especial se dan en nuestra primera página, la de inicio, junto con el sumario detallado.

EL FONDO Y LA FORMA

Pero, como ya dijimos en años pasados, por encima de cualquier valoración de la forma está el fondo. Y este es el profundo contenido de estas fechas que son cumbres de nuestra vida de cristianos. El gran misterio de la Redención se consuma paso a paso en estos días y que va desde la entrada triunfal en Jerusalén, la fundación de la Eucaristía el Jueves Santo, los terribles sucesos del Viernes Santo, con la muerte durísima y solitaria de nuestro Señor Jesús. Y todo ello termina con la Resurrección, con la alegría del triunfo de Jesús sobre la muerte que es, sin duda, nuestro "mejor patrimonio" como cristianos. Saber que resucitaremos y que, de hecho, como dice Santa Pablo, sepultados en Cristo mediante el bautismo resucitamos con Él.

No podemos trivializar la conmemoración de estos días. Incluso si tenemos la ventura de hacer vacaciones, éstas deben estar impregnadas del sentir profundo de los misterios de la Fe. Vayamos donde vayamos será posible acercarse al templo y contemplar con entrega esos hechos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Con el ánimo bien dispuesto se nos abrirán nuevas enseñanzas y novedosos hallazgos. No podemos dejar pasar estos días que, sin duda, ampliaran nuestras posibilidades como hombres y mujeres de Fe. Hemos de aplaudir, asimismo, todas las manifestaciones colectivas --procesiones, vía crucis, charlas, conferencias, etc.--porque nos ayudaran a mejor penetrar en las grandes verdades de la vida terrena de Jesús.

EL VALOR DE LAS PROCESIONES PÚBLICAS

No es tolerable esa tendencia a no valorar suficientemente,por ejemplo, las hermosas procesiones públicas que tiene lugar en toda la geografía hispana. Son un conjunto de arte, devoción y religiosidad. No se olvide además que las cofradías y congregaciones que mantienen dichas manifestaciones son focos de conversión y centros de espiritualidad. En este sentido opinamos en igual forma que ante las manifestaciones de luz y color en las fiestas navideñas. Esas presencias públicas recuerdan el nombre y la vida de Jesús. No llevarlas acabo alejaría de la conciencia popular el mensaje de Cristo.

Junto a todo lo anterior recomendar a todos humildad. El mensaje que ofrece la Iglesia en las celebraciones de estos días es de una dimensión tan grande que, sin duda, nos supera. El sufrimiento de Jesús, la muerte de Dios en la Cruz y su Resurrección es de una enormidad tal que solo con el reconocimiento de nuestra poquedad puede comenzar a entenderse. Nuestra humildad nos ayudará a entrar en ese desvalimiento de Dios y en la apoteosis final de su glorificación.Y para terminar la expresión de nuestros mejores deseos, plenos de amor, para lectores y colaboradores. Que nuestro talante tenga el recogimiento suficiente como para entender los verdaderos contenidos de estas fechas. Que, asimismo —también lo hemos dicho otras veces--, Betania sea portavoz del amor entre hermanos que nos pide el Día del Amor fraterno y que, finalmente, a todos nos llene de alegría desbordante la Resurrección de nuestro Maestro.