PERDÓN, PAZ, AMOR Y ALEGRÍA

Por Ángel Gómez Escorial

Nosotros somos espiritualmente hablando los arrendatarios de la viña --de la vida-- que nos ha dado el Señor. Vivimos por su gracia de ella, nos negamos a pagar el alquiler y entraremos en guerra con los enviados del Señor. El final no puede tener un planteamiento más insensato: se trata de matar al heredero para quedarse con la propiedad. Lo lógico sería pensar que la justicia del Poderoso llegaría con la aniquilación de los asesinos. Pero ocurre que, en cierto modo, la muerte del Hijo va a dar la razón a esos insensatos. Es sacrificio de propiciación para el Dios ofendido que va a perdonar totalmente a pesar de la muerte de su Hijo Único y Querido. Hay otros, además de nosotros, más dominados por el pecado y convertidos en portadores de la muerte. Estos que siguen matando. Son instrumentos del mal. Están inspirados –en Colombia, España, Palestina o Iraq —por el Maligno que les hace gritar “¡Crucifícalo!. Y junto a ellos los mercenarios de la muerte. Los que con eficacia crucifican o disparan. Sin embargo, tras la Pasión llega la Resurrección. Y tras la tristeza negra del Viernes aparece la luz inefable del Domingo. Por eso nuestros sentimientos –y aunque sea difícil—han de ser de perdón, paz, amor y alegría.

ROMANO GUARDINI

Estos días leo, por enésima vez, "El Señor", de Romano Guardini. Es mi lectura habitual y repetida en estas fechas santas. El teólogo italogermano plantea una tesis muy interesante de cara a la muerte de Jesús. El Hijo de Dios bajó a la tierra para convencer de buen grado que el Reino de Dios estaba cerca y que la conversión pacifica traería un mundo feliz como el que se narra en algunas de las profecías de Isaías. Pero ni el pueblo elegido, ni sus dirigentes, aceptaron ese camino. Anclados en una religión oficial, completamente materializada, vieron un grave peligro en la "revolución" que Jesús traía. El mensaje de Cristo sobre la ternura del Padre rompía la idea de un Dios justiciero, solemne y hasta cruel. Y ese Dios fabricado a la medida de unos cuantos -hoy sigue ocurriendo esto en algún caso- rompía el "sistema". Era, sin duda, revolucionario y muy peligroso para la pervivencia de unas élites que dominaban todo mediante el mal uso de la religión.

NUESTRO ÁNIMO

Tras la muerte de Jesús se inicia un tiempo largo en el que, al no ser posible, la Redención inmediata, se abre el largo camino hacia la conversión de todos los hombres. Y en ese trabajo tenemos parte nosotros. La Iglesia, nacida del costado de Cristo, la tarde de Viernes Santo, tras la lanzada, recibirá el encargo de seguir el camino de la Redención. Jesús sigue como Cabeza de la Iglesia al frente de esa tarea. Nos hace copartícipes de la Redención. Y todo esto se ve, se toca con las manos, en estos días. Nuestro ánimo debe estar abierto a las inspiraciones que la oración de estas jornadas nos traiga. Nuestro corazón debe estar limpio y alejado de distracciones mundanas para mejor abrirse a lo que el Señor Dios quiera decirnos.

¿Cuál es el mejor comportamiento nuestro para estas fechas? No debemos generalizar. Cada uno tendrá su "obligación". No hay que renegar del tiempo de descanso, porque la quietud y la paz nos ayudarán. Si habrá que criticar la vacación como olvido de lo que es habitual en nosotros. Estemos donde estemos -también lo expresa el editorial- tendremos una iglesia cercana en la que se conmemorarán los pasos de nuestro Señor Jesús en su Pasión, Muerte y Resurrección. Y, también, la meditación y contemplación de las escenas evangélicas en la soledad de nuestro cuarto son muy deseables. Hemos de adaptar nuestro ánimo a esos momentos. San Ignacio de Loyola que supo adecuar muy bien las posiciones psicológicas a los diferentes tiempos de oración dice en sus Ejercicios Espirituales que hay que pedir al Señor en la oración "sólita", en la oración previa", tristeza para contemplar la Pasión y alegría para mejor entender la Resurrección. Y es que la contemplación es eso adentrarse en cuerpo y alma en el relato evangélico y hacerlo como "si estuvieras allí".

LOS FLOJOS DE FE

Y si se me permite, yo recomendaría a quienes andan flojos en cosas de la Fe que acudieran a la Vigilia de pascua. Es la misa que celebra "en directo" la Resurrección de Jesús. Desde tiempo inmemorial --en los primeros tiempos de la Iglesia-- se utilizaba esa vigilia para bautizar a los Catecúmenos y hoy la costumbre se continúa. Muchos adultos en todo el mundo son bautizados junto al fuego nuevo del Cirio Pascual también nuevo. Durante los muchos años de mi increencia y de mi lejanía de Jesús y de su Iglesia, el recuerdo de una Vigilia Pascual, me acompañó como promesa impensada e inadvertida de regreso. También esto último lo he repetido muchas veces. Pero fue una promesa sin palabras de que algún día iba a volver al seguimiento de Cristo.