TALLER DE ORACIÓN

SOY PERSONA QUE VIVE LA CONFIANZA

(Cuarto domingo de adviento)

Por Julia Merodio

VER

Aquí estamos, una semana más, ante Ti Señor. Aquí estamos porque necesitamos llegar hasta “Belén” y encontrarnos contigo. Estas semanas de Adviento, hemos orado con tu Palabra que ha dado calor y luz a nuestra vida. Y, ahora, estamos ante tu corazón porque tenemos hambre de comprensión y sed de amor. En Ti ponemos nuestra confianza, en un mundo donde parece imperar la desconfianza y en tus manos depositamos nuestros proyectos para vivir una auténtica Navidad. Y con estos sentimientos que ponen a punto nuestro corazón, para el encuentro, vamos a contemplar: En nuestro interior se mezcla la confianza y la desconfianza, por eso vamos a detenernos ante esta realidad.

LA CONFIANZA EN LOS BIENES MATERIALES

Confiamos en tener un buen trabajo.
Un buen sueldo.
Un buen seguro de vida.
Unas buenas vacaciones.
Una buena posición social…

Confiamos en las personas:
La confianza de los esposos.
De unos hijos en sus padres. Saben que ellos les darán:
Comida, estudios, caprichos, diversión…
La confianza de un bebe en brazos de sus padres.

Ver como se siente:
Seguro, tranquilo, satisfecho…
La confianza hecha ilusión:
Los niños ante los Reyes Magos.
Ante la Navidad.
En su cumpleaños…

LA CONFIANZA HECHA PETICIÓN

Un pobre pidiendo limosna.
Confía en que le den algo.
Confía en que no le digan cosas injuriosas.
Confía en que pase alguien de “corazón blandito”…
Alguien que se encuentra solo y pide compañía.
Otro que pide comprensión.
Aquel que pide ser escuchado…

LA CONFIANZA EN DIOS

Esa persona que va a un santuario a pedir una gracia.

La persona que sin, a penas, tener fe, se acerca a Dios para suplicarle.

La persona que va profundizando en su fe y empieza a observar que la confianza en Dios es “otra cosa”. Ese creyente que todo lo espera de Dios y confía en Él, sin más averiguaciones.

POR ÚLTIMO TRAE A TU MENTE PERSONAS QUE CONFÍAN

¿Cuántas conoces? Abre más tu mente y busca a esas personas, cercanas o lejanas; conocidas o desconocidas… que te han impresionado por su manera de confiar.

JUZGAR

“Así pues confiad, no tengáis miedo, porque no hay nada oculto que no vaya a manifestarse, ni nada secreto que no vaya a saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo a la luz; lo que escucháis al oído proclamadlo desde las azoteas” (Mateo 10, 26 – 27)

“Ahora caminamos a la luz de la fe y no de lo que vemos. Pero estamos llenos a la confianza y preferimos dejar lo referente al cuerpo, para ir a habitar junto al Señor” (2 Cor. 5, 7 – 11)

“Mi corazón se alegra en el Señor, mi fuerza está en mi Dios, mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación. No hay santo como el Señor, no existe otro como tú, no hay roca como nuestro Dios”. (1 Samuel 2, 1 – 3)

“Tened confianza, porque el Señor espera el momento para apiadarse de vosotros y quiere manifestaos compasión, porque el Señor es un Dios justo; dichosos los que confían en Él” (Isaías 30, 18 – 19)

“Jesús les dijo: ¿Creéis esto porque habéis visto? Dichosos los que siguen confiando sin haber visto” (Juan 20, 29 – 30)

ACTUAR

Estamos en la última semana de Adviento. Hemos intentado re-entonar el corazón, velar, escuchar, ser voz, esperar… y estos han sido pasos que, casi sin darnos cuenta nos han ido introduciendo en la confianza. Falta poco para navidad. Adornos, luces, compras, preparativos… todo está en la agenda. Queremos pasar una navidad feliz.

Así una persona y otra, sin embargo el ambiente nos brinda individuos, hartos de todo, que no quieren ni oír hablar de navidad, incluso a muchos les complica la vida de forma irremediable. Lo que hacen se debe, a que son arrastradas por el ambiente, lo mismo que son empujadas para entrar al metro en hora punta.

Ante esta realidad deberíamos parar y preguntarnos:

--¿De qué navidad estoy hablando?

--¿A qué llama la gente navidad?

--Y, en esta navidad de la que estoy anclada,

--¿Para qué necesito yo la confianza?

Ahora es cuando sale al paso de tanta dispersión, una persona que confío, qué esperó, que vivió… la auténtica Navidad. Su nombre: María. Ella fue la protagonista indiscutible. Ella hizo posible el milagro. Ella confío, pero su confianza, ciertamente, se parecía poco a la nuestra.

LA VIDA NO NOS ENSEÑA A CONFIAR

La vida donde estamos insertados, llena de daños y bajezas no nos pone fácil la confianza. Nos hace fríos, calculadores… y nos enseña a confiar, solamente, en nosotros mismos olvidándonos de los demás. Al sentirnos solos buscamos apoyos en el trabajo, en el tener, en el bienestar… y nos cerramos a la confianza, vamos separándonos de las personas que nos quieren, nos vamos aislando y cerramos nuestras puertas y ventanas para que nadie se filtre a depositar, ese amor que tanto estamos necesitando pero, en el que hemos dejado de creer.

Lo vemos en esos esposos que se han separado porque ya no confiaban el uno en el otro. En esos niños tristes y faltos de cariño producto de la desconfianza en que sus padres los quieren de verdad, en ese joven aislado y solo que ya no confía en sus amigos porque le han fallado. Y en tantos como buscan, un día tras otro, un empleo que no acaba de llegar.

Lo vemos en ese sacerdote, en ese religioso/a que golpe a golpe ha dejado de confiar y ha perdido aquella ilusión que los acompañaba el día de su entrega.

Es demasiado. Necesitamos parar, sentir la llegada de ese Dios liberador que vuelve, a nuestra vida, para salvarnos de tantas esclavitudes.

Necesitamos pedirle que nos devuelva la confianza, que nos ayude a abrir nuestro interior al amor de los demás para que se vaya reanimarlo, pues necesitamos que llegue, ese “calorcito”, a nuestro corazón entumecido, para que empiece a funcionar de nuevo.

CONFIANZA EN DIOS

Cuando Tenemos fe en Dios sobran las explicaciones. Esa confianza que brota de nuestro corazón lo grita por doquier. ¿Quién no se ha encontrado, alguna vez, con esa persona que lo demuestra?

Cuando se confía en Dios, las dificultades toman otra relevancia; de nuestra confianza surge una energía que nos sorprende. Este pensamiento que, suele acompañarme lo plasma con claridad: “Saca una ola del océano y observarás que ha perdido fuerza. Porque su fuerza y su poder le venían, precisamente, del océano”

No se puede decir con más precisión. Nosotros somos la ola. Dios nuestro océano; en el momento que nos separamos de Él nos vamos debilitando, perdiendo fuerza, nos quedamos suspendidos en el vacío sin nadie que nos sostenga, llenos de miedo y de desánimo…

¡Qué importante es confiar! Por eso os invito, una vez más a depositar nuestra confianza en el “Dios que viene a salvarnos”

Pero no podemos hacerlo sin acudir a la Madre. En su seno se desarrolló, e hizo que la navidad fuera posible. Por eso vamos a decirle a María que nos ayude a ser personas que confían, que creen, que esperan… y que nos enseñe a, ser como ella, santuarios donde habita Dios.

DICHOSA TÚ, MARÍA, PORQUE HAS CONFIADO

Conmueve observar cómo la gracia del Padre se derrama siempre, de una manera especial sobre los sencillos y pequeños.El Señor siempre se acerca a ellos de una forma o de otra para decirles: no estáis solos. Dios os ama. Tened confianza. Vosotros, los que no contáis, los que no tenéis ningún atractivo para el mundo, a vosotros os he elegido.

María era mujer, cosa insignificante para la gente de su tiempo. Pero, además había prometido ser virgen. Estaba descartado que de ella naciera el Mesías, el libertador. Cuando el Ángel llega a su presencia, estoy segura, de que ella no puede dar crédito a lo que está oyendo. Cualquier joven en sus circunstancias hubiera perdido los nervios, hubiera gritado, hubiera huido. Pero ella no. Ella había puesto su confianza en el Señor, se había fiado de Él y sabía muy bien que “Su Señor” nunca la defraudaría. María, con ese SI incondicional, se comprometía a vivir todos los vaivenes que se presentasen en su vida y esos vaivenes no tardarían en aparecer.

Creyendo y esperando pudo decir ¡qué se haga como tú quieras mi Señor! Y, ahí está en Belén demostrándonos que, aún cuando todos dudaban, cuando todos temían... Ella gozaba de certeza, Ella siempre había esperado, Ella siempre había confiado. Ella había hecho posible lo que nadie había podido imaginar, que Dios tomase carne en una joven, irrelevante, totalmente desconocida.

María es la mujer que confía. Sabemos bien que una de las virtudes más importantes del cristiano es la confianza, pero vivirla no es fácil. La confianza, siempre ha de pasar por una prueba muy exigente. “La coherencia”

Pero eso cuesta. Se puede ser coherente un día, una semana, un mes… pero toda la vida, eso ya es algo más serio.

Sabemos que ser coherente implica repetir el SI de María todos los días. Y repetirlo en la anunciación, en el nacimiento... puede resultar relativamente fácil; pero repetirlo en el viaje a Egipto, en la persecución de Herodes y en todos esos momentos duros de la vida, nos desborda.

Sin embargo hablamos de la coherencia con la mayor facilidad. Decimos que para todo necesitamos personas coherentes. Pero cuando lo estamos diciendo ¿nos sentimos nosotros incluidos en ellas? ¿O lo decimos, sólo para que lo oigan los demás?

Volvamos a oír las palabras del Ángel a María: “Dichosa Tú porque has creído, porque has confiado”. Pregúntate si estas palabras podrían decírtelas hoy a ti, personalmente. Y, como la madre, pregúntale al Señor qué quiere de ti en la vida. No te quedes parado. Da un salto, como ella y, aunque te parezca lo más disparatado del mundo ponte en camino hacia la cueva de Belén, te asombrarás al comprobar que allí descansa Dios.

MADRE DE BELÉN:

Bien sabes que queremos encontrarnos contigo en el Portal, junto a la cuna de Jesús el día de Nochebuena.

Danos claridad para encontrar el camino, fuerza para seguirlo y perseverancia para no abandonar cuando las cosas se pongan adversas.

Llena nuestro corazón de alegría, de gozo, de paz… y haz que los que se crucen con nosotros se sientan un poco más dichosos.

Como tú lo hiciste, nosotros cantaremos las grandezas de nuestro Dios. Y, porque tú nos lo enseñaste, alabaremos su amor y su misericordia derramados a raudales.