Cuarto Domingo de Adviento
19 de diciembre de 2004

La homilía de Betania


1.- SALVADOR DE LOS PECADOS DE SU PUEBLO

Por José María Maruri SJ

2.- ¡JESÚS NACERÁ DE MARÍA!

Por Javier Leoz

3.- SAN JOSÉ Y SANTA MARÍA DE LA ESPERANZA

Por José Maria Alonso, OSA

4.- SEÑAL SALVADORA ESCOGIDA POR DIOS

Por Antonio Díaz Tortajada

5.- LA VENIDA DEL SEÑOR ESTÁ MUY CERCA

Por Ángel Gómez Escorial


1.- SALVADOR DE LOS PECADOS DE SU PUEBLO

Por José María Maruri SJ

1.- En el primer capítulo del Evangelio de San Mateo nos habla de una cosa tan desagradable como es el pecado. Y lo pone en definición de ese Niño que viene y que vamos a adorar en los brazos de una madre.

Y la Iglesia nos habla de ellos a pocos días de distancia de que todos nos reunamos alegres a cantar ante el Niño. ¡Qué mal gusto! No nos gusta esa palabra, pecado, está en desuso, como el Vuesa Merced del castellano antiguo. Como hemos quitado tantos santos de los altares y los tenemos por los rincones de los desvanes. Tal vez por allá ande también en algún rincón esa palabreja que no nos gusta a nadie y que sin embargo va imbuida en el nombre de ese Niño dios que se llama Jesús, salvador de los pecados de su pueblo.

2.- La palabra pecado lo primero que nos trae a la memoria son las largas listas de pecados de los devocionarios para la preparación de la confesión. Eso son las transgresiones de una serie de NOES, de una serie de señalizaciones prohibitivas de la carretera que cuando se amontonan ante nosotros nos crean un complejo de culpabilidad y nos hacen molesto el camino de la vida.

Cuando en realidad en el camino hacia Dios no hay más que una prohibición taxativa y es: PROHIBIDO NO AMAR. Y un solo mandato positivo: Ama a los demás y amarás a Dios.

3.- Y pecado es correr en sentido contrario del amor

-- es tirar la flecha y no dar en el blanco.

-- es no tener buen tino en la elección del centro de la vida.

-- es despilfarrar los dones que nos dieron

-- es empobrecernos y empobrecer a nuestra familia humana jugándonos toda nuestra herencia en el Casino

-- es vestirnos de máscaras empeñados en no vivir según nuestra identidad y según lo que en realidad somos. Es falsía.

-- es repudiar a nuestra propia familia divina y hacer una opción por amigos indeseables. Es locura.

-- es convertir nuestra realidad en una payasada de gigantes y cabezudos en que nadie es lo que es. Es vana soberbia.

-- es convertir la mentira en verdad. Es engañarse a si mismo.

En resumen, pecado es soledad de Dios y soledad de los hombres.

4.- Y Jesús, que viene a salvar al pueblo de los pecados, viene a devolvernos la compañía de Dios y la compañía de nuestros hermanos los hombres. Por eso se llama Emmanuel: Dios con vosotros.

Viene a hacernos hijos de Dios, Viene a sacarnos de nuestra orfandad. Y viene a hacernos hermanos de los hombres. Dios con todos nosotros y todos nosotros con Dios.

5.- No debemos gloriarnos de ser pecadores. Pero sin complejos y con sencillez debemos reconocer que nuestra situación de pecadores es privilegiada, porque Jesús ha venido a buscar a los pecadores, no a los justos.

Por eso en estas fiestas del Niño Jesús no tiene cabida ante el belén los que se sientan justos. Para ellos no ha nacido el Niño dios. El Niño Dios nace para emprender la búsqueda infatigable de los que hemos pecado, porque para eso ha venido.

Para Dios nada hay imposible. El pecado fue la nota discordante en el gran concierto de la naturaleza al creador y se convierte en el acorde final maravilloso con que se cierra la sinfonía del amor de Dios a los hombres.


2.- ¡JESÚS NACERÁ DE MARÍA!

Por Javier Leoz

1.- ¡Jesús nacerá de María! Ese será el gran pregón de los próximos días de Navidad. Malo será, y así ocurrirá con algunos, que se nos esfume sin descubrir el auténtico regalo de la Navidad. Inútil será que todo el añadido y fiesta, luces y estrellas se queden en eso: artificio y exterior pero sin vida y resonancia interior.

Hace tiempo que muchas de nuestras calles y los grandes locales comerciales presentan destellos y colorido. ¿En honor a quién? ¿Como reclamo de qué y para qué? Esta es la pregunta que se nos hace y a la que podemos responder en los próximos días que se acercan.

Nosotros, como cristianos, hacemos que brote hacia fuera la luz que llevamos dentro. Sabemos que se corre el riesgo de banalizar y superficializar (con variados intereses) unas navidades en las que, por encima de todo y de los poderes mediáticos de turno, recordamos el gran acontecimiento que cambió y dio color a la humanidad: el nacimiento de Cristo en Belén.

¿Seremos capaces de mantener vivo este espíritu o nos lo dejaremos arrebatar por una navidad más de Herodes (asesino de esperanzas) que de Jesús (Dios de vida)?

2.- Llega la Navidad, y al acercarnos a las lecturas de este último domingo de adviento, nos exige no tanto mirar hacia fuera, hacia el cómo sienten los demás estas próximas fechas, cuanto a interpelarnos si en nuestras familias, amigos, hijos, barrio, parroquia, comunidad, etc., vivimos con hondura y con verdad que el Señor viene y nace. La gran sorpresa de la Navidad estriba precisamente en el cómo Dios actúa. Nos desconcierta haciéndose niño y naciendo en la pobreza. A muchos les descoloca o no les dice nada precisamente por ello; porque llega proponiéndose y no imponiéndose. Y, una de dos, o estamos despiertos o pasará sin percatarnos de su presencia.

--Dios nació, y es necesario, que vuelva a nacer en los corazones que le acogieron pero que luego el frío de los nuevos tiempos los llevó a una hibernación permanente.

--Dios vino, aún en medio de las dudas de José, y lo seguirá haciendo aquí y ahora en la medida que encuentre hombres y mujeres dispuestos a sacrificarse por El. A creer aún sin entender el por qué de sus cosas y de sus misterios.

--Dios se hizo pequeño a pesar de que algunos lo esperaban grande.

3.- Tres estrellas tiene la navidad que nada ni nadie las puede ocultar: Jesús, María y José. Falta otra no menos importante y que destella en el firmamento del corazón de cada uno de nosotros; la que luce con fuerza en medio de la oscuridad; la que tiene respuesta en los momentos de turbación; la que ve más allá del horizonte y de la pura simpleza de las cosas: la Estrella de la Fe

Con esa estrella hemos de encarar e iluminar los próximos días que se acercan. Muchos intentarán ensombrecerla con los destellos de los kilowatios que mucho consumen y hasta hieren el sentido común de la vista; otros harán lo indecible por neutralizarla apagando el sonido de los villancicos tradicionales; otros más, incluso, dirán que las navidades son familia, reunión, cava, disfraz y no sé cuántas cosas más.

En medio de todo ello, como los pastores y los reyes, seguimos creyendo el anuncio del ángel; contemplando y siguiendo los destellos humildes pero certeros de una estrella que la llevamos en lo más hondo del corazón: en la ciudad de Belén dios se hará pequeño. Dios nos dará otra oportunidad. Hagamos como José, sin pedir nada para sí, tuvo siempre la puerta abierta para Dios. ¿Vamos a dejar pasar esta gran oportunidad de ver, adorar y celebrar la presencia de Dios humanado en el mundo?


3.- SAN JOSÉ Y SANTA MARÍA DE LA ESPERANZA

Por José Maria Alonso, OSA

1.- Hay una gran diferencia entre la persona que se dirige a Dios para "exigirle" pruebas de su existencia cuando se encuentra en apuros, y la persona que sabe reconocer a través de la fe el paso del Señor por su vida. La primera es una persona que utiliza la religión como un producto más del supermercado, sólo se dirige a Dios cuando lo necesita. La segunda es una persona creyente que sabe identificar la presencia de Dios y es agradecida a su acción salvadora. José y María pertenecen a este segundo grupo, el de los auténticos creyentes, porque confían plenamente en Dios.

2. - El Vaticano II nos enseño a saber identificar "los signos de los tiempos", interpretando lo que pasa en nuestro mundo desde la óptica de la fe. María y José supieron identificar la "señal" anunciada por el profeta: "la Virgen está encinta y da a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa "Dios con nosotros". Ante el más mínimo contratiempo nuestra fe vacila. Sin embargo, María y José, pusieron su confianza en Dios, a pesar de que, humanamente hablando, todo pareciera absurdo. José y María eran conscientes de que no van a ser comprendidos, de que su fama va a ser puesta en entredicho. María no comprendía, pero dijo "sí" a Dios por medio del ángel. A José le costaba entender lo que estaba sucediendo con María, es verdad que vaciló al principio, pero después "hizo lo que le había mandado el ángel y se llevó a casa a su mujer". Los dos nos dan ejemplo de fe, de lectura creyente de lo que pasaba por sus vidas. ¿Dónde me sitúo yo?, ¿cómo estoy viviendo actualmente mi relación con Dios?, ¿cómo es mi fe, confiada o interesada?

3.-- Hoy podemos celebrar a Santa María de la Esperanza y a San José de la Esperanza. Sin esperanza la vida es una noche en la que no amanece nunca. San Agustín decía que "la esperanza hace tolerable nuestra vida". María y José vivieron con esperanza y lo demostraron, porque movidos por ella superaron todas las dificultades de la vida. La capacidad de escucha, de confianza en Dios y de aceptación de su voluntad que tuvieron María y José debe ser para nosotros un ejemplo que nos anime a superar todos nuestros problemas. Cuando no hay esperanza vacilan el amor y la fe. No hay nada más triste que vivir en la desesperanza, sin ilusión por el futuro. El seguidor de Jesucristo tiene que ser un hombre o mujer, esperanzados y esperanzadores. La razón de nuestra esperanza es que Dios cumple su promesa, es "Dios con nosotros". Con El a nuestro lado todo se llena de luz, de sentido, de razón. Ya no caben las dudas, los pesimismos, los sentimientos negativos. ¿Cómo puede ser que se diga que los cristianos somos "gente tenebrosa"?, ¿Te has dado cuenta de lo que significa esta gran noticia: "Dios está con nosotros", está contigo, te quiere, se preocupa por ti, te ayuda y te sostiene? ¿No es algo maravilloso? Pues vívelo.


4.- SEÑAL SALVADORA ESCOGIDA POR DIOS

Por Antonio Díaz Tortajada

1.- Con este domingo se cierra el ciclo litúrgico de Adviento. Tiempo que la Iglesia nos pone para despertar en nosotros, todos los años, nuestro deseo de la segunda "venida" del Señor, de la llegada de la plenitud del Reino de Dios.

El que en Jesús se cumpla, según el evangelio de Mateo de esta celebración dominical, lo que Isaías anunciaba muchos siglos antes, es lo que ha llevado a la primera lectura ese trozo del profeta. Aquí se recoge un anuncio que es “anunciación”, una señal salvadora escogida por Dios mismo. El gran anuncio que se dijo ocho siglos antes de Cristo tuvo una realización sorprendente. “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo... Dios-con-nosotros”. No podía sospechar Isaías cuánta verdad encerraban sus palabras.

Así son las señales de Dios: Sencillas, vivas, palpitantes. No son grandiosas, asombrosas. Dios nos ofrece como señal una joven embarazada y después un niño en la cuna.

La señal, desde luego, no es María o su virginidad, sino Jesús. Ahora celebramos el misterio de un Dios que se ha quedado con nosotros. Jesús es señal segura de que Dios ya ha empezado a reinar entre nosotros y de que, por lo mismo, nada ni nadie puede impedir definitivamente que algún día Dios reine plenamente en la realidad de nuestro mundo y universo.

La Navidad es, cada año, una forma de recordarnos estas verdades de nuestra fe. ¿A qué le damos nosotros importancia en diciembre? ¿A los adornos convencionales de la época? ¿A los convencionalismos comerciales que nos ha impuesto la sociedad de consumo? ¿A los regalos de valor económico?, ¿o a Cristo? ¿Si Cristo se presentara repentinamente en nuestra casa en estas fechas, nos reconocería como a aquellos que han cambiado su vida gracias a El, inspirados por El?

2.- San Pablo, en la segunda lectura, sacada de su carta a los cristianos de la ciudad de Roma, nos habla de Jesús como el “evangelio”, la “buena noticia” de parte de Dios. Jesús mismo es el Evangelio, la “buena nueva”. Es a Él al que debemos anunciar. Somos apóstoles si hablamos de Jesucristo, si lo anunciamos de tal manera que resulte “buena noticia” ¿Qué hemos hecho de la predicación del Evangelio? ¿Quién de verdad se alegra porque se le anuncia a Cristo? ¿Cómo tendríamos que hablar de Él para que vuelva a ser considerado “buena noticia”?

Según los que sólo ven lo que entra por los ojos, dice Pablo, Jesús es un descendiente de la familia de David. Según los que están llenos de la luz de Dios, el Espíritu Santo, Jesús es Hijo de Dios, resucitado, colocado por Dios mismo como Señor del universo. ¿Cómo hablamos nosotros de Jesucristo? ¿Con el entusiasmo de san Pablo? ¿Como quien está enamorado, lleno de amor, o en una forma rutinaria y aburrida que no entusiasma a nadie?

3.- En la Sagrada Escritura no se escribe ni una sola palabra para revelar algo acerca de san José, el hombre justo, sino sobre Jesús. Pero la Sagrada Escritura nos habla de José para hablarnos de Jesús, y lo que nos dice acerca de José es verdaderamente espléndido.

Se nota enseguida que era un hombre bueno, que era un santo. Tiene perfume de humildad; se define siempre por la relación con su esposa y con su hijo. No le gusta el protagonismo, sino el trabajo sencillo y el servicio oculto.

José tenía la luz de la fe. Se fía de las personas y se fía de la palabra de Dios, aunque no la entienda. Esta fe le lleva, como a María, a una obediencia difícil y comprometida. El problema de José, dice el Evangelio, no era el que por ser justo no quería hacer nada contra María, a pesar de que sabía perfectamente que no era él quien la hubiera embarazado; su problema, más bien, era que siendo justo, o sea: A pesar de serlo, no quería hacer lo que la Ley de Moisés le mandaba hacer contra ella. Los rabinos mandaban que él fuera el primero que la denunciara y el primero que arrojara las piedras necesarias para lapidarla por adúltera. Los compromisos de María como comprometida en matrimonio con José, eran exactamente los mismos que los de un matrimonio.

Indirectamente, el relato evangélico nos dice que José prefirió que creyeran que él era el padre de ese niño y que se había negado a asumir sus responsabilidades, que denunciar a María, como le mandaba la Ley. José amaba de verdad a esa mujer. Este amor por encima de la Ley hace que José pertenezca plenamente al Nuevo Testamento; es ya un justo según la mentalidad de Jesucristo.

La redacción de este trozo evangélico corresponde al deseo expreso de revelar desde cuándo la fuerza de Dios, el amor, el Espíritu Santo, llena a Jesús. El relato nos revela que Jesús está lleno de la fuerza de Dios desde el nacimiento, desde la concepción, nos revela que El había sido concebido por el Espíritu Santo en el seno de María. Y este signo es protección y victoria.


5.- LA VENIDA DEL SEÑOR ESTÁ MUY CERCA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- El Cuarto Domingo de Adviento es siempre el preámbulo necesario para mejor entender litúrgicamente el Nacimiento del Señor. Nos lo dice el Salmo. "Va a entrar el Señor: El es el Rey de la Gloria". El Señor va a llegar y nosotros debemos tener al corazón abierto a su llegada y el espíritu limpio para mejor recibirle. Isaías, una vez más va a aproximar su acción profética, afirmando que la gran señal de Dios --la que no quiere pedir Acaz-- será precisamente "que la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pone por nombre Emmanuel". El Nacimiento de Belén estaba anunciado por los profetas y conviene que lo tengamos en cuenta. El Antiguo Testamento es una preparación para los tiempos plenos del Nuevo y nexo de unión entre las Alianzas entre Dios y los hombres. La vigencia, no obstante, de los grandes profetas termina en Juan el Bautista.

El inicio de la Carta de San Pablo a los Romanos aparece entre las lecturas por, precisamente, esa alusión profética veterotestamentaria al futuro nacimiento del Salvador. También en esas palabras de Pablo se da noticia de la nueva época, de la Nueva Alianza, del Nuevo Testamento. Son la confirmación de los anuncios de lo que vamos a celebrar días después.

2.- El Evangelio de Mateo cuenta "la anunciación a José". En efecto, José tenía un cierto nivel de escrúpulos ante el misterioso embarazo de su esposa, María. Pero iba a recibir de Dios, mediante el mensaje del ángel, un encargo muy importante dentro de la sociedad judía: el de poner nombre al Niño. Podría decirse -sin comparaciones de tipo físico- que si dar a luz era muy importante, lo era en igual medida el hecho de imponer el nombre al recién nacido. Y la comunicación angélica hecha a José da cumplimiento a la profecía de Isaías.

Todo está ya previsto para que el Hijo de Dios venga al mundo. José será su padre legal y el custodio de la seguridad de Madre e Hijo durante muchos años. Será, también, el educador de su Hijo primogénito al que enseñará su oficio de artesano. Y con ese talante de espera jubilosa deberemos salir el domingo del templo, tras la celebración de la Eucaristía, preparados en cuerpo y en alma para recibir a Jesús, el Niño Dios.