1.- DISCURSO DESDE LA SUMA

(Cuarta entrega)

EL TRABAJO (6)

Por Jesús Martí Ballester

Ofrecemos en primer lugar el capítulo correspondiente sobre el serial de la Summa Teológica que mantiene el Padre Jesús Martí Ballester. Pero asimismo vamos a mantener esta semana, en segundo lugar, el reportaje tambien de Martí Ballester sobre San Juan de la Cruz. Su festividad se celebra el 14 de diciembre, fecha en que hemos procedido a hacer el cambio de edición de Betania. Además de la convergencia de fechas, la enorme calidad del reportaje de don Jesús nos aconseja mantenerlo y lo hacemos con mucho gusto en el convencimiento de que nuestros lectores lo agradecerán.

El Angélico no enumera el trabajo como virtud. Lo estudia en la cuestión 187 de la 2-2, pero lo sitúo aquí después de las virtudes de la paciencia, perseverancia y constancia, que son necesarias para cumplir con este deber impuesto a los hombres por el Creador, porque, realizado con fidelidad y con espíritu de colaboración a sus mandatos, se convierte, sin ser propiamente virtud, en trabajo virtuoso y corredentor.

Fue impuesto por Dios para asegurar la subsistencia del hombre: "Comerás el pan con el sudor de tu frente" (Gn 3, 19). "Te alimentarás con el trabajo de tus manos" (Sal 127, 2). El trabajo suprime la ociosidad, de la que nacen muchos males: "Envía a tu siervo a trabajar para que no esté ocioso, pues la ociosidad enseña mucha malicia" (Eclo 33, 28). Permite dar limosna: "El que robaba que no robe; antes bien, trabaje con sus manos en algo de provecho para tener qué dar al necesitado" (Ef 4, 28). "El que no trabaja, que no coma" (2 Tes 3, 10).

La naturaleza ha dotado al hombre de manos, en vez de las armas o escamas de los animales, para que por medio de ellas se procure todo lo necesario. Y san Pablo en el mismo lugar citado, amonesta a los que viven en una inquieta vagancia, no haciendo nada y mezclándose en todo: "A todos estos ordenamos y rogamos que trabajen en silencio para poder comer su pan".

El trabajo dignifica al hombre, porque cumple la voluntad de Dios; le restituye el dominio perdido sobre la naturaleza al pecar; continúa el trabajo del Creador; redunda en bien del hombre que trabaja y de la entera sociedad, y porque imita a Jesús, trabajador en Nazaret, en Cafarnaúm, en Betania y en Jerusalén.

FECUNDIDAD DEL TRABAJO

El trabajo es forjador del carácter porque ofrece la ocasión de practicar muchas virtudes, acrecienta la conciencia de la propia responsabilidad, exige la constancia en el deber monótono y tantas veces oscuro, frena los instintos de la naturaleza rebelde, aleja de las ocasiones de pecado, distrae del objeto de la concupiscencia, fatiga el organismo, satisface lo debido por los propios pecados y por los del mundo, y santifica las almas. "Si me mandáis trabajar - Morir quiero trabajando", escribirá Santa Teresa, a quien el Señor "le hacía merced de ser la primera en el trabajo". "El amor hace tener por descanso el trabajo".

EL DIOS QUE TRABAJA. POEMA

Inmenso Dios creando como un torbellino inmóvil y amoroso, afanándose en su obra para su gloria en el hombre. Pasa revista a todo, estrellas, mares, calandrias y elefantes, aves del paraíso y águilas reales, altísimas montañas, palomas raudas, palmeras y cipreses, colibrís y elefantes... el hombre y la mujer..., dijo: ¡Bien. Todo está bien. Me ha quedado todo estupendo!...

Y vio Dios que lo había hecho bien.
El amor de Dios ya se nos manifiesta
en la creación.
Maravillas de amor del trigo verde.
Maravillas de amor de los ríos caudalosos.

De los hondos mares bravíos.
De las altas montañas escarpadas.
Del ondular de las colchas de sangre de amapolas.
De los rosarios rosados del maíz.
Del néctar de los melones deliciosos.
De los crujientes cacahuetes.
De los prados de verduras
De los racimos de los plátanos.


Y vio Dios que lo había hecho bien.
Riquezas de amor del oro pálido.
De los diáfanos diamantes.
De los zafiros y de los topacios.
De las aguas marinas románticas.
De los rojos corales.
De las amatistas y rubíes de sangre.
De la plata rutilante.

Y vio Dios que lo había hecho bien.
El regalo de amor de la vida animal.
De los ágiles caballos.
De las gacelas tímidas.
De los jilgueros y de los gorriones cantarines.
De los locuaces periquitos.
De los toros solemnes y orgullosos.
De las ballenas como casas.
De los leones regios.
De los pavos reales de ensueño.
De las altísimas jirafas.
De los canarios melodiosos.

Y vio Dios que lo había hecho bien.
Y el lujo de los jardines.
Las rosaledas lujuriantes, jaspeadas.
Los jazmines embriagadores.
Las madreselvas de embrujo.
Los claveles rojos, naranja, blancos, amarillos.
Los tulipanes de nácar.

Y vio Dios que lo había hecho bien.
Maravillas de amor.
Y el hombre. Y la mujer.
Y el paraíso sin dolor.
La chispa primera de la inteligencia.
El latido de la primera emoción, del primer amor.
Y vio Dios que lo había hecho bien.

Misterio de amor.
Y la Redención.
Hijos en el Hijo.
Vida de Dios. Como si a las hormigas
las eleváramos a la vida humana,
inteligente y voluntaria.
Como si les pudiéramos decir:

¡Hormigas, qué alegría,
sois hombres, siendo a la vez hormigas!
Hombres - dioses.

Y vio Dios que lo había hecho bien.
Al animal con suplemento
de inteligencia: hombre.
Al hombre con la gracia = dios.
Divinizado Pero comprado con Sangre divina.
La Sangre del Cordero.
Y ese hombre, ya liberado en general,
tiene que ser liberado en concreto.
Tú, yo, él, todos.
La Iglesia.
La humanidad.
La humanidad en el crisol.
Y vio Dios que lo había hecho bien.

Y LE DIJO A ADAN

Y le dijo a Adán: Prolonga tú ahora mi obra creadora, toma mis fuerzas y sigue creando, yo estaré contigo y descansaré. Trabaja conmigo, que es tu oficio. Trabajar para Adán era hermoso, era «coser y cantar», siempre con el corazón henchido de alegría, porque crear deleita. El sudor vino después; la amargura y el cansancio y la fatiga fueron posteriores al pecado. «Con el sudor de tu frente», la tierra se te resistirá, y las ideas se te irán escurridizas, y se bloqueará el ordenador, y los cardos y las espinas, son, pueden ser, expiación y penitencia.

LA LABOREM EXERCENS

"Existe, dice Juan Pablo II en la "Laborem exercens", una dimensión esencial del trabajo humano, en la que la espiritualidad fundada sobre el evangelio, penetra profundamente. Todo trabajo —tanto manual como intelectual— está unido inevitablemente a la fatiga El libro del Génesis lo expresa de manera verdaderamente penetrante, contraponiendo a aquella originaria bendición del trabajo, contenida en el misterio mismo de la creación, y unida a la elevación del hombre como imagen de Dios, la maldición, que el pecado ha llevado consigo: «Por ti será maldita la tierra. Con trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida» (Gén 3,17). Este dolor unido al trabajo señala el camino de la vida humana sobre la tierra y constituye el anuncio de la muerte: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra; pues de ella has sido hecho...» (Gén 3,19).

LA REVELACIÓN

Casi como un eco de estas palabras, se expresa el autor de uno de los libros sapienciales: «Entonces miré todo cuanto habían hecho mis manos y todos los afanes que al hacerlo tuve...» (Ecl 2,11). No existe un hombre en la tierra que no pueda hacer suyas estas palabras. El Evangelio pronuncia, en cierto modo, su última palabra, en el misterio pascual de Jesucristo. Y aquí también es necesario buscar la respuesta a estos problemas tan importantes para la espiritualidad del trabajo humano. En el misterio pascual está contenida la cruz de Cristo, su obediencia hasta la muerte, que el Apóstol contrapone a aquella desobediencia, que ha pesado desde el comienzo a lo largo de la historia del hombre en la tierra (Rm 5,19). Está contenida en él también la elevación de Cristo, el cual mediante la muerte de cruz vuelve a sus discípulos con la fuerza del Espíritu Santo en la resurrección. El sudor y la fatiga, que el trabajo necesariamente lleva en la condición actual de la humanidad, ofrecen al cristiano y a cada hombre, que ha sido llamado a seguir a Cristo, la posibilidad de participar en el amor en la obra que Cristo ha venido a realizar (Jn 17,4). Esta obra de salvación se ha realizado a través del sufrimiento y de la muerte de cruz.

EL HOMBRE COTRABAJADOR

Soportando la fatiga del trabajo en unión con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la redención de la humanidad. Se muestra verdadero discípulo de Jesús llevando a su vez la cruz de cada día en la actividad que ha sido llamado a realizar. Cristo, sufriendo la muerte por todos nosotros, pecadores, nos enseña con su ejemplo a llevar la cruz que la carne y el mundo echan sobre los hombros que buscan la paz y la justicia»; pero, al mismo tiempo, «constituido Señor por su resurrección, Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en la tierra, obra ya por la virtud de su Espíritu en el corazón del hombre purificando y robusteciendo también, con ese deseo, aquellos generosos propósitos con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin». En el trabajo cristiano descubre una pequeña parte de la cruz de Cristo y la acepta con el mismo espíritu de redención, con el cual Cristo ha aceptado su cruz por nosotros. En el trabajo, merced a la luz que penetra dentro de nosotros por la resurrección de Cristo, encontramos siempre un tenue resplandor de la vida nueva, del nuevo bien, casi como un anuncio de los «nuevos cielos y otra tierra nueva», los cuales precisamente mediante la fatiga del trabajo, son participados por el hombre y por el mundo. A través del cansancio y jamás sin él. Esto confirma, por una parte, lo indispensable de la cruz en la espiritualidad del trabajo humano; pero, por otra parte, se descubre en esta cruz y fatiga un bien nuevo que comienza con el mismo trabajo: con el trabajo entendido en profundidad y bajo todos sus aspectos, y jamás sin él.

LA CREACIÓN DE LA TIERRA NUEVA

¿No es ya este nuevo bien —fruto del trabajo humano— una pequeña parte de la «tierra nueva», en la que mora la justicia? ¿En qué relación está ese nuevo bien con la resurrección de Cristo, si es verdad que la múltiple fatiga del trabajo del hombre es una pequeña parte de la cruz de Cristo? También a esta pregunta intenta responder el Concilio, tomando las mismas fuentes de la Palabra revelada: «Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo (Lc 9,25). (Vat II, Const sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 38). No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios». El cristiano que está en actitud de escucha de la palabra del Dios vivo, uniendo el trabajo a la oración, sepa el puesto que ocupa su trabajo no sólo en el progreso terreno, sino también en el desarrollo del Reino de Dios, al que todos somos llamados con la fuerza del Espíritu Santo y con la palabra del Evangelio".Y así, trabajando, es como el hombre se convierte en dominador de la materia y concreador del mundo, que le estará sometido en la medida de su trabajo; y pondrá a su servicio todas las criaturas, inferiores a él. Y así se dignifica y crece. «El que no quiera trabajar que no coma», dice san Pablo; quien ha de comer tiene que trabajar. El deber de trabajar arranca de la misma naturaleza. «Mira, perezoso, mira la hormiga...», y mira la abeja, y aprende de ellas a trabajar, a ejercitar tus cualidades desarrollando y haciendo crecer y perfeccionando la misma creación. Que por eso naciste desnudo y con dos manos para que cubras tu desnudez con el trabajo de tus manos y te procures la comida con tu inventiva eficaz.

EL TRABAJO BALUARTE

El trabajo será también tu baluarte, será tu defensa, contra el mundo porque te humilla, cuando la materia o el pensamiento se resisten a ser dominados y sientes que no avanzas. Te defenderá del demonio, que no ataca al hombre trabajador y ocupado en su tarea con laboriosidad. Absorbido y tenaz. Te defenderá del ataque de la carne, porque el trabajo sojuzga y amortigua las pasiones, y con él expías tu pecado y los pecados del mundo con Cristo trabajador, creando gracia con El y siendo redentor uniendo tu esfuerzo al suyo, de carpintero y de predicador entregado a la multitud y comido vorazmente por ella. Así es cómo el trabajo cristiano, se convierte en fuente de gracia y manantial de santidad. Pero si el hombre debe continuar creando con Dios, su trabajo debe ser entregado a la Iglesia y a la comunidad humana, llamada toda al Reino. El que trabaja, cumple un deber social. Ahora bien, si el trabajo es un deber, si el hombre debe trabajar, el hombre tiene el derecho ineludible de poder trabajar, de tener la posibilidad de ejercer el deber que le viene impuesto por la propia naturaleza, por el mismo Dios Creador, Trabajador, Redentor y Santificador. El derecho social al trabajo es consecuencia del deber del trabajo. Pío XII en la “Sponsa Christi” recuerda incluso a las monjas de clausura el deber de trabajar con eficacia.

TRABAJO PARA TODOS

Pero la realidad es que, así como hay en el mundo una injusticia social en el reparto de la riqueza, la hay también en el reparto del trabajo. Mientras haya parados, no puede haber hombres pluriempleados; por dos razones: primera, porque sus varios empleos quitan, roban, puestos de trabajo a los que de él carecen; segunda, porque los que tienen varios empleos difícilmente los cumplirán bien y a tope. El "enchufismo" no es sinónimo de perfección, sino todo lo contrario. Se habla de estructuras injustas en órdenes diversos; pero la estructura injusta, y había que revisarla si es injusta, se da también en la distribución del trabajo. Que un sacerdote, y son muchos, no tengan nada que hacer, en todo el día, salvo celebrar la misa, cuando hay también muchos que no pueden abarcar todas las misiones que se les encomiendan, puede ser consecuencia de unas estructuras, o de una interpretación de las mismas, que en todo caso, deberán ser, en justicia, revisadas. La sociedad no puede desperdiciar energías, pero la Iglesia tiene que aprovechar todas las piedras vivas, para edificar el Cuerpo de Cristo.

 

2.- POR LAS CUMBRES CON SAN JUAN DE LA CRUZ

Por Jesús Martí Ballester

En nombre de la libertad convoco con San Juan de la Cruz a todos los que luchan por ser libres y tienen hambre de liberación a que acudan al gran maestro a aprender a dejarse hacer libres hasta la meta máxima de la misma libertad que es Dios, permitiéndole a El que consiga hacerles libres, tan libres como El lo es, por identificados con El. Y si libres, generosos, porque al carecer ya de toda esclavitud serán generosos y desearán dar y darse y darle todo, y a sí mismos y a Dios, a todos y a sí mismos y a Dios. Convoco a todos los que quieren darse y no saben qué dar ni qué es darse a que aprendan a hacer el don mayor, que es su propia libertad, para conseguir mayor libertad, la libertad de los hijos de Dios, hasta que lleguen a experimentar que la ley cayó para el justo.

No es ésta época de leyes. No es ésta época de instituciones. No está hoy de moda el corsé. Se atacan las leyes, se atacan las instituciones, se reclama libertad. Se quieren reactores sin torre de control y talgos sin carriles; se ambicionan trasatlánticos sin timonel; se sueñan democracias con libertades omnímodas y realizadas. Y son éstos deseos nacidos en la propia naturaleza del hombre, que nació para volar en aras de un amor inmenso y absorbente porque Dios así lo hizo. Es Dios quien ha sembrado en el hombre la inquietud de la libertad. Dios no ha creado la esclavitud. Es el hombre el que se ha hecho esclavo: de sí mismo, de los hombres, y de todo lo que hay en la tierra: honor, poder, aristocracia, cualquiera que sea, placer y dinero. El único libre es Dios, y por eso es el único Amor, y por eso puede dar todo cuanto quiere, sin límites ni cicaterías. Es Dios el único generoso y espléndido. Es Dios el más liberal, porque se posee sin miedo, porque tiene sin medida y porque se puede dar sin tasa. Se da a sí mismo y nos da a su Hijo, que es consustancial con El. Sólo cuando llegara el hombre a ser dios podría ser libre y conseguir esa libertad tan pregonada, tan cacareada, tan de moda, pero tan, a la vez, lejana. ¿Puede el hombre llegar a ser Dios? Sin idea de panteísmo, el mismo Dios y la experiencia de los santos nos dicen y garantizan que para eso hemos sido creados y que él mismo Dios nos lo manda, ya que el primer mandamiento es amarle y amarle es hacernos Dios, porque el amor iguala con el Amado. San Juan de la Cruz, bien asimilado, nos puede resultar de una eficacia carismática de cara a este aprendizaje de identificación con Dios por el amor.

“MI TRABAJO SOBRE JUAN DE LA CRUZ"

Cada día estoy más contento de haberme sumergido en este trabajo de recreación de San Juan de la Cruz, ante todo, porque el primero que ha salido ganando he sido yo. En verdad no tiene explicación humana la visión antropológica tan enorme que se consigue con él, el conocimiento de Dios verdadero que se obtiene, que queda muy lejos de la caricatura del Dios de la inmensa mayoría de cristianos que se quedaron en traje de primera comunión. La razón de la actualidad de San Juan de la Cruz y aun de su perennidad está en que escribe desde Dios lo que de Dios ha saboreado, y lo que en la luz de Dios sumergido ha visto de Dios y del hombre, y de todo el cosmos en movimiento en tránsito de recapitulación en El por el Cristo. A él se le ha esclarecido la visión y él nos la da como puede, que siempre será menor de la que él recibió, vio y gustó, pero que nos ayuda e impele a entrar en su misma órbita teologal, antropológica y cósmica. Para mí San Juan es el águila elevada sobre sus fuerzas, es el prototipo del hombre superpotenciado por las energías divinales. Es el hombre activísimo porque ha participado del poder energético de la Sabiduría que es la fuente de energía superior a todas las energías.

LA DIVINIZACIÓN

Pero la divinización tiene un proceso; proceso ineludible. Primero, la purificación, la fragua de calorías inverosímiles, el trabajo del cauterio; el fecundo llamear de la Llama aún esquiva que lima, aprieta, desgasta, seca, pule, arranca de raíz el mal del ser. Es duro de emprender este trabajo. Es más duro aún permanecer en él pacientemente y con mansedumbre. Pero es totalmente necesario si la Llama ha de llegar a no ser ya esquiva y a herir tiernamente en el más profundo centro del alma. Es tan intensa su luz, que el alma se ve sin tapujos en toda su pequeñez y en toda su malicia y en toda su fealdad. De ahí el dolor y el desfallecer del alma. Sequedades y apuros, angustias y desamparos, soledades y túneles negros. Y la suma pobreza. Y el pensamiento de que Dios es cruel y está hecho un erizo con ella. Es un verdadero pequeño purgatorio el que padece. Dios al quirófano es terrible. Pero sin quirófano no hay curación de verdad, ni salud total, ni identificación con el Ser todo puro y eternamente sereno y dichoso en plenitud sin límites.

Lo que estimula a decidirse a tal empresa es saber que tras ella viene la pacificación total y el amoroso abrazo de Dios que ampara e identifica con El. Llegada aquí el alma su anhelo vuela más alto: es la muerte de amor lo que desea y pide mansa y tiernamente. Morir de amor impetuosamente al compás del romper de la tela. La imagen del cisne que nunca canta, sino sólo cuando muere, y entonces suavemente, es la pincelada poética de San Juan con que ilumina la gloria del justo que se va a decir los maitines al cielo, al tiempo que los ríos, tan anchos y profundos que semejan mares, van a desembocar en el océano de Dios. Suena entonces el griterío de las alabanzas al justo que marcha a su reino, con un estampido que se oye desde los confines de la tierra. Y el alma sube cargada de riquezas y de esplendor que Dios le deja ver para que ya empiece su gozo y se entreabra el estallido de su alegría.

“REGALADA LLAMA”

¡Cauterio, fuego, llama, regalada llaga, mano blanda, toque delicado! ¡Qué obra tan maravillosa realizáis endiosando, ardiendo, amando, santificando, glorificando y llagando con la mayor llaga de amor al alma llagada, sanándola soberanamente por llagarla colosalmente! ¡Oh amador más curado cuanto más llagado! ¡Oh llaga que no cesas de llagar hasta que llegues del todo a llagar! Y en el misterio de la llaga el serafín con el dardo fulminante que se clava en las entrañas y las revuelve, las incendia y las sublima en un amor calenturiento, impetuoso y sin límites. Fuego de amor que avanza en oleadas siempre crecientes que inundan de felicidad ardiente toda el alma cada vez más llagada. Mares de fuego en el alma que está engolfada en un universal mar de amor, y que siente tal dolor que sólo tiene igual en la dulzura.

GENERACIÓN PERDIDA

Pero esta generación ha perdido la sensibilidad para captar esta onda de fuego y para percibir el tenue susurro de la mano blanda del Padre. Es urgente reconstruir esta sensibilidad para que deje de aturdirse y endurecerse en el ruido y en la algarabía. Esta es la tarea dura, lenta y delicada que hay que emprender para intentar sensibilizar a la humanidad a que se deje acariciar por la brisa inefable y quiera cesar de ser impactada por las cosas creadas que enturbian su pureza e impiden su pacificación. Brisa y toque que va de sustancia a sustancia. De sustancia de Dios a sustancia de alma. Y por eso tiene regusto de vida eterna. Que no se puede decir. Ni imaginar.Porque estas cosas tan imponentes de Dios sólo se pueden experimentar, gozar y después callar. Porque son como la piedra blanca del vencedor que tiene un nombre escrito que nadie puede leer más que el que lo llegó a recibir. Lo cierto es que el hombre siente que toda deuda paga. Que recibe el ciento por uno de las tribulaciones que soportó y una luminosidad que contrasta cientos de veces con la tenebrosidad de los túneles que atravesó, de las oscuridades que sufrió, de las contrariedades que lloró, de los desamparos y de las soledades que nadie entendió.

CONSUELOS, ARMONÍAS, DESOLACIONES

Consuelos inmensos por desolaciones pasadas. Armonías sin límites por chirridos molestos. Alegrías inmarchitables como máximo tanto por ciento. Ya bien templada la copa recibe el licor exquisito que toda deuda paga. ¡Qué sabe el que no ha sufrido! Mas, ¡qué pena! Son pocos los que llegan aquí. No porque sean pocos los llamados, sino porque, de entre ellos, pocos han respondido que sí. Se escabulleron del trabajo. Rehuyeron la cruz, y Dios se quedó esperando y con el Corazón lleno sin poderlo descargar. Ante la inconstancia y la debilidad se frenó el amor de Dios. Pero si nos diésemos cuenta de lo que importa padecer nos agarraríamos a la cruz con brazos y corazón, convencidos de la gran ganancia que ella nos reporta. Animémonos los débiles a beber el cáliz ante las perspectivas de la obra de arte que es preciso realizar con su hiel y su vinagre. Con los trabajos espirituales más de adentro que nos reportarían bienes más de adentro.

Permanezcamos con paz y constancia perseverante en los trabajos que tanto bien nos merecen. Y alegrémonos de ser probados, pues la prueba superada hará que gocemos del triunfo de conseguir lo que queramos del palacio del Rey. Esta es la suprema llamada: unir la inteligencia humana con la divina, y la memoria humana con la sabiduría divina y la voluntad humana con la divina. A ser dios por participación de Dios. Llegar a ser absorbida totalmente en Dios, cambiando su negrura natural por la hermosura divina. Hasta que el hombre quede convertido en una fiesta integral, rebosando el paladar de su espíritu un gozo inmenso de Dios.

CÁNTICO NUEVO

Cántico nuevo canta, siempre nuevo y joven. Dios le renueva y las palmeras elevan, como estrellas verdes de gozo eterno, su júbilo a Dios. Opulentamente, Dios regala a este hombre que llega a gozar de tanto prestigio ante El, que merece como nunca. Troquelar personas así, es la gran y difícil meta. Llegar a poder deleitarse en la inextinguible hoguera de todas las lámparas llameantes que engolfan al hombre, transformado en resplandores amorosos, en la Primavera radiante e inmarchitable de las aguas caudalosas que descienden en absorbente catarata del Líbano, vergel de Dios. Hay que destacar en la doctrina de San Juan la importancia de los deseos que para él son disposiciones para unirse con Dios. El deseo bueno, sobre todo el deseo de Dios, sólo Dios lo engendra. Y Dios no produce nada estéril. El no pondría deseos si no estuviera dispuesto a cumplirlos. Por eso el camino de los deseos lo es de realidades. Mucho quiere Dios dar cuando mucho hace desear.

LA HISTORIA

Uno de los primeros historiadores de San Juan, Jerónimo de San José, declaró en los Procesos de Beatificación sobre la doctrina mística de San Juan de la Cruz que «donde los más aventajados escritores de ella parece acaban, comienza el venerable Padre». Inestimable es la doctrina de la Canción 3ª en los números 30 al 61 sobre la oración contemplativa. Léase muchas veces. Asimílese bien. Destaquemos por encima de todo la necesidad del silencio y del ocio santo para la contemplación. El daño que se puede causar a las almas y a la Iglesia. Desgracia de los maestros inexpertos en el arte de la dirección. Y después, en el número 62, otro daño proveniente de los mismos directores que atentan contra las vocaciones de consagrados. Lo que importa de la oración no es la obra humana, sino la divina, y ésta hay que procurar por encima de todo.

LOS MAYORES ESFUERZOS

Los mayores y mejores esfuerzos de San Juan van encaminados a hacer contemplativos. Su pedagogía es distinta de la de Santa Teresa, que encamina hacia todos los grados de oración. Sin duda, porque el Santo Doctor suponía la doctrina de la Madre Fundadora hizo hincapié en la contemplación, y también porque lo requiere su sistema y la amplia experiencia de dirección, en que ha comprobado muchos desastres. Insistentemente nos repite la diferencia de la obra divina a la obra humana, de la natural a la sobrenatural. Alerta a los directores que su obra en las almas no es suya, sino del Espíritu Santo; que nunca deja de cuidarlas y quiere ungirlas con valiosas unciones, calladas y secretas, que si no son visibles cuando caen como el rocío sobre las almas, se manifestarán cuando ya las flores estén abiertas y perfumen con sus aromas deliciosos y cuajen sus frutos. Que no las lleve el director a su gusto y estilo, sino trate de ver si conoce por dónde camina el Espíritu. Que las dejen en soledad, libertad y sosiego y que les dilaten el horizonte. Cuídense mucho de pensar que no se hace nada y aparten de las almas el prejuicio de que están perdiendo el tiempo.

EL ALMA SOBERANA

Es verdad que el alma no hace. Pero es soberana verdad que es Dios quien hace y realiza. Es acción de Dios, y Dios siempre actúa como Dios. Mientras el hombrecito siempre será pequeño en su obrar y, por tanto, su ganancia débil y alicorta. Y si el alma hace lo que le cumple, que es vaciarse y callar, es imposible que Dios no haga lo que El puede y quiere, que es comunicarse abundosamente, secretamente y en silencio. Como es imposible que el sol deje de llenar de luz la habitación si se han abierto las ventanas o levantado las persianas. Así como el sol está madrugando para entrar en tu casa, está Dios sobre las almas para comunicarse a ellas. Dejad al artista soberano construir el edificio que sueña, preparando el solar del alma, vacío y solitario, sereno e inactivo, en silencio físico, afectivo y mental. Que El actuará de modo por nosotros desconocido e insospechado. Esto es asunto de importancia suma, pues se arriesgan infinitos bienes y existe un peligro de pérdida infinita. Pues a cambio de comer el alma un bocadillo de noticia corre el riesgo de impedir que la coma Dios a ella por entero, que es lo que Dios hace en la soledad y en la desnudez y desprendimiento total, cuando el Espíritu Santo derrama en ella tantas grandezas secretas. Por eso, limpieza, silencio y soledad, vacío y paz en sencilla advertencia amorosa. Ese es el camino de grandes caudales, de inmensas riquezas. Ahí está el manantial limpio de las tranquilas y mansas aguas de Siloé.

Cuando el alma, que debe permanecer en silencio, trabaja con sus potencias hace como el niño a quien su madre quiere llevar en brazos y él grita que quiere ir a pie. Ni la madre ni el niño avanzan. Si mientras el pintor está pintando le mueven el lienzo, ¡qué mamarracho sacará! Dios quiere ya llevar al alma en sus brazos poderosos y pintar en su corazón la imagen de su Hijo. ¡Dejadle que trabaje! ¡Aquietaos! ¡Serenaos! ¡Apaciguaos! ¡Callaos! Que «las palabras de la Sabiduría óyense en silencio» (Ecl 9,17). Que pronto amanecerá el fulgor de la aurora unitiva, en que las oscuras cavernas del sentido, que estaba oscuro y ciego, unificadas con la Suma Realidad, con extraños primores calor y luz darán junto a su querido. Ese será el momento de recibir el empuje del Verbo, de tanta grandeza, majestad y gloria y de tan íntima suavidad, que semejará que todos los bálsamos y aromas perfumados y todas las flores del mundo se mezclan y estallan de perfume.

Y que todos los imperios y naciones, y todo el universo celestial, y el universo terrestre y sideral, y el universo infernal, se ponen en movimiento, arrastrando en su dinamismo todos los seres que contienen, poniendo de relieve las bellezas de su ser, fuerza, hermosura y gracias y gritando dónde está la raíz de su permanencia y de su vida. Este griterío oye el hombre y le abre los ojos a la fenomenal catarata de luz que le impresiona: Dios todo en todos; y todos en Dios. Dios motor inmenso y todo por El. Dios sabiduría y energía suprema, Dios amor, Dios imperio, Dios renovador y recapitulador de todo en Cristo, Cabeza, Juez, Señor, Comida, Hermano y Esposo de los hombres. Al despertar, el hombre ve el rostro de Dios lleno de gracias y moviendo todas las cosas con su fuerza. ¡Despiértanos e ilumínanos, oh Guardián de Israel, que nunca duermes ni reposas, para que conozcamos y amemos los bienes estupendos que nos tienes preparados! Y resuena en lo más hondo del hombre una potencia inmensa, como un órgano portentoso y majestuoso en voz de multitud de miles y miles de virtudes nunca numerables de Dios. Y el hombre queda fortificado e inexpugnable, suavizado y vitalizado de virtudes y de todas las prerrogativas de que gozan todas las criaturas, alentado por la mansedumbre y el trato amoroso del que le despierta a tanta plenitud de grandeza morando secretamente en su seno, donde tan delicadamente le enamora.

DESCANSAR EN DIOS

¡Dichoso este hombre que siempre siente que Dios está descansando y reposando en su seno, porque lo encontró puro y solo! Oremos para que se mantenga solo, huya de inquietudes, viva sosegado y en paz para no inquietar ni perturbar el seno del Amado. Porque ahora ha encontrado la libertad que soñaba y que buscaba. La ha encontrado en el mismo Dios, que rompió todas las cadenas, que él llamaba pequeñas libertades cuando eran esclavitudes. Rotas las cadenas lacerantes y mezquinas puede ya el hombre volar tan alto, tan alto, que dé a la caza alcance: el Amor de Dios, preciosa margarita, que es la libertad y la entrega total sin restricciones ni límites.