1.- AMANECE

Por David Llena

La sensación es como la de esas noches largas de vigilia, de guardias militares o de noches en vela atendiendo algún enfermo en un hospital, o esos días de angustia esperando noticias que no llegan. Así debería estar ahora, en estos días, nuestra alma, en vela viviendo y sintiendo todos los segundos que van pasando, que lentamente deben dar paso a una mañana que aun tarda en llegar.

Las horas en silencio, en espera, atentos a cualquier movimiento a cualquier síntoma extraño, a cualquier señal, horas en silencio para escuchar la ciudad sin ruidos, para ver las luces tenues que en pleno día no se perciben y teniendo la seguridad de que la mañana llega. Así, está ya nuestra alma dispuesta a recibir la noticia, así estaban los pastores (velando el rebaño) cuando apareció el ángel del Señor. Así debemos estar nosotros atendiendo a nuestras tareas pero atentos a esas señales que solo se perciben si hacemos silencio en nuestra vida atentos a esas lucecillas que solo se ven si cerramos los ojos para ver en nuestro interior, las señales ya están aquí solo tenemos que avivar nuestros sentidos para percibirlas, alejándonos de aquello que perturbe la llegada de estos signos.

Si estamos dormidos el tiempo pasa rápido, llega la mañana sin apenas darnos cuenta, nos pillará la aurora con los ojos entreabiertos y la mente dormida, si no prestamos atención a ese niño que llega pasará la navidad y nada habrá cambiado, si no estamos atentos mirando al cielo, no veremos la salida del sol no caeremos en la cuenta de que amanece y el Mesías no encontrará posada en nuestro corazón tampoco este año. Despertemos pues.

 

2.- LOS ORIGENES

Por Pedrojosé Ynaraja

Estaba un día Dios con los suyos. Llamarle día es un decir, una ocasión, tal vez, sin ser exacto, sería leguaje aproximado. Estaba Dios con los suyos, repito. Sí, con los suyos: buenos y malos: Miguel, Gabriel, el satán etc. (léase Job 1,6). No olvidemos que Dios es comunicativo y no solitario introspectivo y aburrido ser. Les explicó que se había propuesto efectuar otra creación, algo nuevo. Dios-Padre amasó ideas, Dios-Hijo se implicó en el discurso y proyectó sumergirse en el proyecto. Dios-Espíritu añadió que acabaría siendo, esta creación, algo semejante a la de ellos, los asistentes. La concurrencia, como siempre, se quedó asombrada. El asombro es antesala de la adoración. Quien no se maravilla, difícilmente puede acercarse a Dios y en Él permanecer. Aviso para la navegación de cabotaje. Gabriel fue mensajero, Miguel se proclamó vigía, El satán, ya se sabe, tentador, no le tocaba otro remedio.

En la realidad eterna, en la trascendente existencia, no existe el tiempo, cosa inimaginable para nosotros que vivimos en él encarcelados. Fue necesario crearlo previamente. Apareció también el espacio. Los ángeles observaban la irrealidad de estas apariencias tan reales. Surgió de golpe y porrazo la historia, sin sucesivas sucesiones de sucesos (algo así como cuando uno observa un CD y está seguro de que en aquella superficie está grabada la melodía y pretende oírla mirándola. Ridícula pretensión, hay que dejar que el rayo láser lo recorra en espiral). Miraban los ángeles atónitos esta creación, cuando de sopetón se vio algo diferente. Observaron y se dejaron, por una vez, arrebatar por el tiempo, ellos que eran eternos. Nunca algo así les había ocurrido.

En un lugar chiquitín, se veía una criatura minúscula, hablo así porque ellos supieron entender con su ciencia infusa lo de espacio y tiempo, aunque no se sintiesen en ellos encerrados. Dios-Padre miró a Gabriel y le encargó un proyecto. El mensajero se dejo impregnar del contenido, entonces sintió como si todo él se iluminara, después se materializó, cosa que hasta entonces no le había ocurrido nunca. En la Eternidad todo es infuso. Telepático, diríamos nosotros. No hay que olvidar que a los ángeles, sin duda, les podríamos llamar extraterrestres. Se puso a hablar, nunca lo había hecho. Constató que lo que sucedía era algo así como cuando a ellos, los ángeles, les llegó la prueba y el satán quiso ser lucifer, el más resplandeciente, y fue desterrado. Y Miguel exclamó: ¿quién como Dios?, y se convirtió en capitán general con mando en plaza. Pero ahora aquella criaturita, cabeza gacha, ojazos que interrogaban con ingenuidad mirando al Cielo, contestó con sencillez: los proyectos del Señor son órdenes, siempre estoy a su servicio. Miguel y Gabriel se miraron sonriendo, es un decir. El satán hizo mutis por el foro. Dios-Padre satisfecho observaba el hacerse Dios-Hijo un hombrecito y Dios-Espíritu impregnar al nuevo ser. Se contemplaba la historia, se recorría el espacio. Aunque aquel CD tuviera un poco de polvo (recuérdese que hablamos metafóricamente), la melodía que sonó fue música. Aquella creación era, como todo lo que sale de Dios, encantadora realidad. En ella estamos sumergidos y el CD continua girando, nosotros estamos implicados, debemos interpretar el acompañamiento sin estridencias. Si lo hacemos bien, la próxima Navidad nos llenará de gozo, si desafinamos, continuará nuestro desencanto y desánimo, por muy llena que tengamos la barriga y repletos los bolsillos.