LA ORACION DE Y CON JESUCRISTO

SALMO 77. ¿SE ACABÓ LA PALABRA?
Por Antonio Pavía. Misionero Comboniano.

El salmista entona una plegaria que más bien es el clamor de un alma angustiada y dolorida. Evoca las numerosas intervenciones de Yahvé a favor de su pueblo, su rescate de la opresión de Egipto: “Tú, el Dios que obras maravillas...con tu brazo rescataste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José”. Y más aún, recuerda con enternecedora nostalgia cómo Dios pastoreó a Israel como rebaño de su propiedad, y lo condujo por el desierto hacia la tierra prometida: “Tú guiaste a tu pueblo cual rebaño por la mano de Moisés y de Aarón”.

El autor está viviendo una tentación terrible, algo así como que las acciones salvadoras de Dios para con su pueblo no tuviesen más valor que un simple recuerdo:”Me acuerdo de las gestas de Yahvé, sí, recuerdo tus antiguas maravillas”.

Es tan fuerte la sensación de abandono que Israel experimenta en el destierro, que su alma, como si estuviera en un delirio, llega a balbucir esta queja por medio de nuestro hombre orante:” ¿Acaso por los siglos nos desechará el Señor, no volverá a sernos propicio?”¿Se ha agotado para siempre su amor?

La angustia abismalgolpea las entrañas del pueblo elegido y llega a su culmen de desamparo cuando la oración se desgarra con este grito que aglutina todas las desgracias posibles. Pregunta el salmista a Dios: "¿Se acabó la Palabra para siempre?"

Nuestro autor sabe muy bien que Israel es un pueblo privilegiado, elegido entre todos los de la tierra, porque Yahvé ha pronunciado su Palabra sobre él. Una Palabra que tiene poder creador, poder para elegir, poder para salvar... Y ahora ¿no hay más Palabra para el pueblo? Si se acabó la Palabra para Israel, se acabó su historia de salvación. De ahí su oración más que desesperada: ¡No tenemos tu Palabra! Esta condición de abatimiento total ¿será para siempre? Oigamos sus gemidos lastimeros: “¿Se habrá olvidado Dios de ser clemente, o habrá cerrado de ira sus entrañas? Y me digo: éste es mi penar, que se ha cambiado la diestra del Altísimo”.

¿Qué hace Dios? ¿Cómo va a responder al dolor tan inhumano de este fiel que acude a Él? Por mucho que haya pecado el pueblo, ¿se va a quedar indiferente ante una súplica tan trágica como tierna? ¿Cuál será la respuesta de Dios?”.... Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros” (Jn.1, 14)

San Juan en su primera carta nos dice que, efectivamente, la Palabra estaba vuelta al Padre, es decir, cara a cara con Él, y que se manifestó, se volvió hacia el hombre para que éste pueda también vivir de ahora en adelante cara a cara con el Padre, con Dios.

Es impresionante la riqueza de detalles con que Juan nos trasmite este acontecimiento de salvación al que llamamos la Gracia de todas las gracias. Son detalles personales pero que abarcan a todos los apóstoles, y también a todos los que con ellos anuncian el Evangelio en los primeros tiempos de la Iglesia. Escuchemos a San Juan : “Lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos , acerca de la Palabra de la Vida, pues la Vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos , es decir , os trasmitimos , os ofrecemos , de parte de Dios y en su Nombre , la Vida Eterna”.

Es profundamente iluminador constatar cómo los primeros anunciadores del Evangelio, trasmitíana sus oyentes, a sus rebaños, lo que ellos mismos veían, oían, tocaban y contemplaban en la Palabra que vivían por la fuerza y poder de Jesucristo. La Palabra, el Evangelio, era su Emmanuel, su Dios con ellos en toda su riqueza, con todo su poder para levantar, reconstruir y, por supuesto, engendrar hijos de Dios.

El broche de oro de este texto de la primera carta deJuan que estamos comentando, es que Juan tiene conciencia de que la experiencia de ver , oír , tocar y contemplar la Palabra que les da la vida , no era un privilegio para él y los que habían seguido al Hijo de Dios desde el principio. Sí era y es un privilegio; pero para todos los oyentes que acogían la predicación. Veamos cómo sigue el texto: “Lo que visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estemos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escribimos esto para que vuestro gozo sea completo” (Jn.1, 1-4)

Cuando dice Juan que les anuncia la Palabra para que estén en comunión con ellos, les está garantizando las características de esta comunión. También ellos, es decir, los oyentes y acogedores de la predicación, están capacitados por Dios mismo para verle, oírle, tocarle, contemplarle en la Palabra. Por eso, San Juan la llama Palabra de Vida, porquenos hace entrar en comunión con los hombres y con Dios. Nos permite vivir cara a cara con el hombre y cara a cara con Dios. He ahí el doble mandamiento anunciado por Jesús.