1.- POR LAS CUMBRES CON SAN JUAN DE LA CRUZ

Por Jesús Martí Ballester

El próximo martes, día 14, es la fiesta de San Juan de la Cruz. Y pedimos al padre Martí Ballester un reportaje sobre el gran místico. Digamos, previamente, que don Jesús Martí Ballester es uno de los grandes expertos –a nivel español e internacional—en San Juan de la Cruz, como lo demuestran sus libros. Y don Jesús nos ha sorprendido con un escrito trazado con el corazón. Es una gran exposición personal que nos apasiona y abruma. Se lo agradecemos aquí en Betania. Recomendamos a los lectores que lo lean muy especialmente. Y con cuidado. Para que aprecien, también, la pasión mística de este grandísimo escritor que don Jesús Martí Ballester. Se completa la sección con el habitual comentario de Martí Ballester sobre la Summa Teológica de Santo Tomás de Aquino.

En nombre de la libertad convoco con San Juan de la Cruz a todos los que luchan por ser libres y tienen hambre de liberación a que acudan al gran maestro a aprender a dejarse hacer libres hasta la meta máxima de la misma libertad que es Dios, permitiéndole a El que consiga hacerles libres, tan libres como El lo es, por identificados con El. Y si libres, generosos, porque al carecer ya de toda esclavitud serán generosos y desearán dar y darse y darle todo, y a sí mismos y a Dios, a todos y a sí mismos y a Dios. Convoco a todos los que quieren darse y no saben qué dar ni qué es darse a que aprendan a hacer el don mayor, que es su propia libertad, para conseguir mayor libertad, la libertad de los hijos de Dios, hasta que lleguen a experimentar que la ley cayó para el justo.

No es ésta época de leyes. No es ésta época de instituciones. No está hoy de moda el corsé. Se atacan las leyes, se atacan las instituciones, se reclama libertad. Se quieren reactores sin torre de control y talgos sin carriles; se ambicionan trasatlánticos sin timonel; se sueñan democracias con libertades omnímodas y realizadas. Y son éstos deseos nacidos en la propia naturaleza del hombre, que nació para volar en aras de un amor inmenso y absorbente porque Dios así lo hizo. Es Dios quien ha sembrado en el hombre la inquietud de la libertad. Dios no ha creado la esclavitud. Es el hombre el que se ha hecho esclavo: de sí mismo, de los hombres, y de todo lo que hay en la tierra: honor, poder, aristocracia, cualquiera que sea, placer y dinero. El único libre es Dios, y por eso es el único Amor, y por eso puede dar todo cuanto quiere, sin límites ni cicaterías. Es Dios el único generoso y espléndido. Es Dios el más liberal, porque se posee sin miedo, porque tiene sin medida y porque se puede dar sin tasa. Se da a sí mismo y nos da a su Hijo, que es consustancial con El. Sólo cuando llegara el hombre a ser dios podría ser libre y conseguir esa libertad tan pregonada, tan cacareada, tan de moda, pero tan, a la vez, lejana. ¿Puede el hombre llegar a ser Dios? Sin idea de panteísmo, el mismo Dios y la experiencia de los santos nos dicen y garantizan que para eso hemos sido creados y que él mismo Dios nos lo manda, ya que el primer mandamiento es amarle y amarle es hacernos Dios, porque el amor iguala con el Amado. San Juan de la Cruz, bien asimilado, nos puede resultar de una eficacia carismática de cara a este aprendizaje de identificación con Dios por el amor.

“MI TRABAJO SOBRE JUAN DE LA CRUZ"

Cada día estoy más contento de haberme sumergido en este trabajo de recreación de San Juan de la Cruz, ante todo, porque el primero que ha salido ganando he sido yo. En verdad no tiene explicación humana la visión antropológica tan enorme que se consigue con él, el conocimiento de Dios verdadero que se obtiene, que queda muy lejos de la caricatura del Dios de la inmensa mayoría de cristianos que se quedaron en traje de primera comunión. La razón de la actualidad de San Juan de la Cruz y aun de su perennidad está en que escribe desde Dios lo que de Dios ha saboreado, y lo que en la luz de Dios sumergido ha visto de Dios y del hombre, y de todo el cosmos en movimiento en tránsito de recapitulación en El por el Cristo. A él se le ha esclarecido la visión y él nos la da como puede, que siempre será menor de la que él recibió, vio y gustó, pero que nos ayuda e impele a entrar en su misma órbita teologal, antropológica y cósmica. Para mí San Juan es el águila elevada sobre sus fuerzas, es el prototipo del hombre superpotenciado por las energías divinales. Es el hombre activísimo porque ha participado del poder energético de la Sabiduría que es la fuente de energía superior a todas las energías.

LA DIVINIZACIÓN

Pero la divinización tiene un proceso; proceso ineludible. Primero, la purificación, la fragua de calorías inverosímiles, el trabajo del cauterio; el fecundo llamear de la Llama aún esquiva que lima, aprieta, desgasta, seca, pule, arranca de raíz el mal del ser. Es duro de emprender este trabajo. Es más duro aún permanecer en él pacientemente y con mansedumbre. Pero es totalmente necesario si la Llama ha de llegar a no ser ya esquiva y a herir tiernamente en el más profundo centro del alma. Es tan intensa su luz, que el alma se ve sin tapujos en toda su pequeñez y en toda su malicia y en toda su fealdad. De ahí el dolor y el desfallecer del alma. Sequedades y apuros, angustias y desamparos, soledades y túneles negros. Y la suma pobreza. Y el pensamiento de que Dios es cruel y está hecho un erizo con ella. Es un verdadero pequeño purgatorio el que padece. Dios al quirófano es terrible. Pero sin quirófano no hay curación de verdad, ni salud total, ni identificación con el Ser todo puro y eternamente sereno y dichoso en plenitud sin límites.

Lo que estimula a decidirse a tal empresa es saber que tras ella viene la pacificación total y el amoroso abrazo de Dios que ampara e identifica con El. Llegada aquí el alma su anhelo vuela más alto: es la muerte de amor lo que desea y pide mansa y tiernamente. Morir de amor impetuosamente al compás del romper de la tela. La imagen del cisne que nunca canta, sino sólo cuando muere, y entonces suavemente, es la pincelada poética de San Juan con que ilumina la gloria del justo que se va a decir los maitines al cielo, al tiempo que los ríos, tan anchos y profundos que semejan mares, van a desembocar en el océano de Dios. Suena entonces el griterío de las alabanzas al justo que marcha a su reino, con un estampido que se oye desde los confines de la tierra. Y el alma sube cargada de riquezas y de esplendor que Dios le deja ver para que ya empiece su gozo y se entreabra el estallido de su alegría.

“REGALADA LLAMA”

¡Cauterio, fuego, llama, regalada llaga, mano blanda, toque delicado! ¡Qué obra tan maravillosa realizáis endiosando, ardiendo, amando, santificando, glorificando y llagando con la mayor llaga de amor al alma llagada, sanándola soberanamente por llagarla colosalmente! ¡Oh amador más curado cuanto más llagado! ¡Oh llaga que no cesas de llagar hasta que llegues del todo a llagar! Y en el misterio de la llaga el serafín con el dardo fulminante que se clava en las entrañas y las revuelve, las incendia y las sublima en un amor calenturiento, impetuoso y sin límites. Fuego de amor que avanza en oleadas siempre crecientes que inundan de felicidad ardiente toda el alma cada vez más llagada. Mares de fuego en el alma que está engolfada en un universal mar de amor, y que siente tal dolor que sólo tiene igual en la dulzura.

GENERACIÓN PERDIDA

Pero esta generación ha perdido la sensibilidad para captar esta onda de fuego y para percibir el tenue susurro de la mano blanda del Padre. Es urgente reconstruir esta sensibilidad para que deje de aturdirse y endurecerse en el ruido y en la algarabía. Esta es la tarea dura, lenta y delicada que hay que emprender para intentar sensibilizar a la humanidad a que se deje acariciar por la brisa inefable y quiera cesar de ser impactada por las cosas creadas que enturbian su pureza e impiden su pacificación. Brisa y toque que va de sustancia a sustancia. De sustancia de Dios a sustancia de alma. Y por eso tiene regusto de vida eterna. Que no se puede decir. Ni imaginar.Porque estas cosas tan imponentes de Dios sólo se pueden experimentar, gozar y después callar. Porque son como la piedra blanca del vencedor que tiene un nombre escrito que nadie puede leer más que el que lo llegó a recibir. Lo cierto es que el hombre siente que toda deuda paga. Que recibe el ciento por uno de las tribulaciones que soportó y una luminosidad que contrasta cientos de veces con la tenebrosidad de los túneles que atravesó, de las oscuridades que sufrió, de las contrariedades que lloró, de los desamparos y de las soledades que nadie entendió.

CONSUELOS, ARMONÍAS, DESOLACIONES

Consuelos inmensos por desolaciones pasadas. Armonías sin límites por chirridos molestos. Alegrías inmarchitables como máximo tanto por ciento. Ya bien templada la copa recibe el licor exquisito que toda deuda paga. ¡Qué sabe el que no ha sufrido! Mas, ¡qué pena! Son pocos los que llegan aquí. No porque sean pocos los llamados, sino porque, de entre ellos, pocos han respondido que sí. Se escabulleron del trabajo. Rehuyeron la cruz, y Dios se quedó esperando y con el Corazón lleno sin poderlo descargar. Ante la inconstancia y la debilidad se frenó el amor de Dios. Pero si nos diésemos cuenta de lo que importa padecer nos agarraríamos a la cruz con brazos y corazón, convencidos de la gran ganancia que ella nos reporta. Animémonos los débiles a beber el cáliz ante las perspectivas de la obra de arte que es preciso realizar con su hiel y su vinagre. Con los trabajos espirituales más de adentro que nos reportarían bienes más de adentro.

Permanezcamos con paz y constancia perseverante en los trabajos que tanto bien nos merecen. Y alegrémonos de ser probados, pues la prueba superada hará que gocemos del triunfo de conseguir lo que queramos del palacio del Rey. Esta es la suprema llamada: unir la inteligencia humana con la divina, y la memoria humana con la sabiduría divina y la voluntad humana con la divina. A ser dios por participación de Dios. Llegar a ser absorbida totalmente en Dios, cambiando su negrura natural por la hermosura divina. Hasta que el hombre quede convertido en una fiesta integral, rebosando el paladar de su espíritu un gozo inmenso de Dios.

CÁNTICO NUEVO

Cántico nuevo canta, siempre nuevo y joven. Dios le renueva y las palmeras elevan, como estrellas verdes de gozo eterno, su júbilo a Dios. Opulentamente, Dios regala a este hombre que llega a gozar de tanto prestigio ante El, que merece como nunca. Troquelar personas así, es la gran y difícil meta. Llegar a poder deleitarse en la inextinguible hoguera de todas las lámparas llameantes que engolfan al hombre, transformado en resplandores amorosos, en la Primavera radiante e inmarchitable de las aguas caudalosas que descienden en absorbente catarata del Líbano, vergel de Dios. Hay que destacar en la doctrina de San Juan la importancia de los deseos que para él son disposiciones para unirse con Dios. El deseo bueno, sobre todo el deseo de Dios, sólo Dios lo engendra. Y Dios no produce nada estéril. El no pondría deseos si no estuviera dispuesto a cumplirlos. Por eso el camino de los deseos lo es de realidades. Mucho quiere Dios dar cuando mucho hace desear.

LA HISTORIA

Uno de los primeros historiadores de San Juan, Jerónimo de San José, declaró en los Procesos de Beatificación sobre la doctrina mística de San Juan de la Cruz que «donde los más aventajados escritores de ella parece acaban, comienza el venerable Padre». Inestimable es la doctrina de la Canción 3ª en los números 30 al 61 sobre la oración contemplativa. Léase muchas veces. Asimílese bien. Destaquemos por encima de todo la necesidad del silencio y del ocio santo para la contemplación. El daño que se puede causar a las almas y a la Iglesia. Desgracia de los maestros inexpertos en el arte de la dirección. Y después, en el número 62, otro daño proveniente de los mismos directores que atentan contra las vocaciones de consagrados. Lo que importa de la oración no es la obra humana, sino la divina, y ésta hay que procurar por encima de todo.

LOS MAYORES ESFUERZOS

Los mayores y mejores esfuerzos de San Juan van encaminados a hacer contemplativos. Su pedagogía es distinta de la de Santa Teresa, que encamina hacia todos los grados de oración. Sin duda, porque el Santo Doctor suponía la doctrina de la Madre Fundadora hizo hincapié en la contemplación, y también porque lo requiere su sistema y la amplia experiencia de dirección, en que ha comprobado muchos desastres. Insistentemente nos repite la diferencia de la obra divina a la obra humana, de la natural a la sobrenatural. Alerta a los directores que su obra en las almas no es suya, sino del Espíritu Santo; que nunca deja de cuidarlas y quiere ungirlas con valiosas unciones, calladas y secretas, que si no son visibles cuando caen como el rocío sobre las almas, se manifestarán cuando ya las flores estén abiertas y perfumen con sus aromas deliciosos y cuajen sus frutos. Que no las lleve el director a su gusto y estilo, sino trate de ver si conoce por dónde camina el Espíritu. Que las dejen en soledad, libertad y sosiego y que les dilaten el horizonte. Cuídense mucho de pensar que no se hace nada y aparten de las almas el prejuicio de que están perdiendo el tiempo.

EL ALMA SOBERANA

Es verdad que el alma no hace. Pero es soberana verdad que es Dios quien hace y realiza. Es acción de Dios, y Dios siempre actúa como Dios. Mientras el hombrecito siempre será pequeño en su obrar y, por tanto, su ganancia débil y alicorta. Y si el alma hace lo que le cumple, que es vaciarse y callar, es imposible que Dios no haga lo que El puede y quiere, que es comunicarse abundosamente, secretamente y en silencio. Como es imposible que el sol deje de llenar de luz la habitación si se han abierto las ventanas o levantado las persianas. Así como el sol está madrugando para entrar en tu casa, está Dios sobre las almas para comunicarse a ellas. Dejad al artista soberano construir el edificio que sueña, preparando el solar del alma, vacío y solitario, sereno e inactivo, en silencio físico, afectivo y mental. Que El actuará de modo por nosotros desconocido e insospechado. Esto es asunto de importancia suma, pues se arriesgan infinitos bienes y existe un peligro de pérdida infinita. Pues a cambio de comer el alma un bocadillo de noticia corre el riesgo de impedir que la coma Dios a ella por entero, que es lo que Dios hace en la soledad y en la desnudez y desprendimiento total, cuando el Espíritu Santo derrama en ella tantas grandezas secretas. Por eso, limpieza, silencio y soledad, vacío y paz en sencilla advertencia amorosa. Ese es el camino de grandes caudales, de inmensas riquezas. Ahí está el manantial limpio de las tranquilas y mansas aguas de Siloé.

Cuando el alma, que debe permanecer en silencio, trabaja con sus potencias hace como el niño a quien su madre quiere llevar en brazos y él grita que quiere ir a pie. Ni la madre ni el niño avanzan. Si mientras el pintor está pintando le mueven el lienzo, ¡qué mamarracho sacará! Dios quiere ya llevar al alma en sus brazos poderosos y pintar en su corazón la imagen de su Hijo. ¡Dejadle que trabaje! ¡Aquietaos! ¡Serenaos! ¡Apaciguaos! ¡Callaos! Que «las palabras de la Sabiduría óyense en silencio» (Ecl 9,17). Que pronto amanecerá el fulgor de la aurora unitiva, en que las oscuras cavernas del sentido, que estaba oscuro y ciego, unificadas con la Suma Realidad, con extraños primores calor y luz darán junto a su querido. Ese será el momento de recibir el empuje del Verbo, de tanta grandeza, majestad y gloria y de tan íntima suavidad, que semejará que todos los bálsamos y aromas perfumados y todas las flores del mundo se mezclan y estallan de perfume.

Y que todos los imperios y naciones, y todo el universo celestial, y el universo terrestre y sideral, y el universo infernal, se ponen en movimiento, arrastrando en su dinamismo todos los seres que contienen, poniendo de relieve las bellezas de su ser, fuerza, hermosura y gracias y gritando dónde está la raíz de su permanencia y de su vida. Este griterío oye el hombre y le abre los ojos a la fenomenal catarata de luz que le impresiona: Dios todo en todos; y todos en Dios. Dios motor inmenso y todo por El. Dios sabiduría y energía suprema, Dios amor, Dios imperio, Dios renovador y recapitulador de todo en Cristo, Cabeza, Juez, Señor, Comida, Hermano y Esposo de los hombres. Al despertar, el hombre ve el rostro de Dios lleno de gracias y moviendo todas las cosas con su fuerza. ¡Despiértanos e ilumínanos, oh Guardián de Israel, que nunca duermes ni reposas, para que conozcamos y amemos los bienes estupendos que nos tienes preparados! Y resuena en lo más hondo del hombre una potencia inmensa, como un órgano portentoso y majestuoso en voz de multitud de miles y miles de virtudes nunca numerables de Dios. Y el hombre queda fortificado e inexpugnable, suavizado y vitalizado de virtudes y de todas las prerrogativas de que gozan todas las criaturas, alentado por la mansedumbre y el trato amoroso del que le despierta a tanta plenitud de grandeza morando secretamente en su seno, donde tan delicadamente le enamora.

DESCANSAR EN DIOS

¡Dichoso este hombre que siempre siente que Dios está descansando y reposando en su seno, porque lo encontró puro y solo! Oremos para que se mantenga solo, huya de inquietudes, viva sosegado y en paz para no inquietar ni perturbar el seno del Amado. Porque ahora ha encontrado la libertad que soñaba y que buscaba. La ha encontrado en el mismo Dios, que rompió todas las cadenas, que él llamaba pequeñas libertades cuando eran esclavitudes. Rotas las cadenas lacerantes y mezquinas puede ya el hombre volar tan alto, tan alto, que dé a la caza alcance: el Amor de Dios, preciosa margarita, que es la libertad y la entrega total sin restricciones ni límites.

 

2.- DISCURSO DESDE LA SUMA

(Cuarta entrega)

LA VIRTUD DE LA PERSEVERANCIA Y DE LA CONSTANCIA (5)

Por Jesús Martí Ballester

1 La perseverancia es una virtud adjunta a la fortaleza, como virtud secundaria respecto de la virtud principal, que inclina a permanecer en el ejercicio del bien, a pesar de las molestias que ocasione su prolongación. La perseverancia hace permanecer inmóvil e inquebrantable en la práctica de la virtud un día y otro día, sin desfallecer jamás. Hace vencer las dificultades que provienen de la prolongación de la vida virtuosa. Su función es soportar la duración en los actos de virtud y en todos los demás, practicando la firmeza en la dificultad procedente de la duración. Modera el temor a la fatiga o al desfallecimiento por la larga duración y proporciona fortaleza de ánimo. Como hábito sobrenatural es inseparable de la gracia santificante; perdida la gracia, se pierde la perseverancia, juntamente con todas las demás virtudes. El hombre se basta él solo para caer en pecado; pero no puede por sí mismo levantarse de él sin la ayuda de la gracia. Según esto, por el mismo hecho de caer en pecado, el hombre, en lo que de él depende, persevera en el pecado, si nos liberado por la gracia de Dios. En cambio, por el hecho de hacer el bien no se adquiere la perseverancia en el bien, porque de suyo el hombre puede pecar. Para perseverar necesita el auxilio de la gracia. E incluso se requiere el empuje de la gracia actual ordinaria, que Dios no niega a nadie que no ponga obstáculo a su recepción, para ejercitar cualquier virtud infusa.

DIFERENCIA ENTRE LA PERSEVERANCIA Y LA CONSTANCIA

La perseverancia y la constancia tienen el mismo fin y es propio de ambas mantenerse firmes en el bien. Pero los objetos que ofrecen dificultad para permanecer en el bien son diferentes, pues la perseverancia vence la dificultad que implica la duración del acto y la constancia vence la dificultad originada por todos los obstáculos externos. Se opone a la flojedad, que se inclina a desistir fácilmente de la práctica del bien cuando surgen las primeras dificultades que provienen de la costumbre, pues quien está acostumbrado a los placeres podrá soportar con mayor dificultad su privación y no soportará la tristeza de la misma abnegación. Junto con la pertinacia del que se obstina en no ceder en su opinión cuando sería razonable ceder, sin querer mantener su opinión tenazmente en todo o perseverando en ella más de lo conveniente.

VIRTUD DIFICIL

Lo difícil no es comenzar algo en la vida, sino continuar con constancia hasta el final. «El que persevera hasta el fin será salvo» (Mt. 10, 22). ¿De qué sirve empezar y no terminar, como el que empezó a construir la torre y la dejó a medias? ¿Qué vale una vida de fervor y santidad si no se persevera en ella? No debe tener en cuenta el cristiano, decía San Jerónimo, sus comienzos, sino su término. Lo importante no es empezar sino acabar bien. «Nadie, después de haber puesto la mano en el arado y que ponga la vista, es apto para el reino de Dios» (Lc 9, 62). San Bernardo escribe: «a los que empiezan se les promete el premio, pero no se da sino a los que terminan».

LA PERSEVERANCIA AQUILATA LAS VIRTUDES

La perseverancia es la que da valor definitivo a las demás virtudes, pues la virtud más grande pierde todo su mérito si no va unida a la perseverancia. Por muy pequeña que sea una virtud, sólo por ir acompañada de la perseverancia ya vale mucho. San Pablo dice: « ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos corren, pero uno solo alcanza el premio? Corred, pues, de modo que lo alcancéis» (1 Col. 9, 24). En Getsemaní ruega Jesús: «Padre mío, si es posible, posible pase de Mi este cáliz; pero, no se haga como yo quiero, sino como quieres Tú» (Mt. 26, 39). La gracia de la perseverancia es la gracia de las gracias que debemos pedir sin cesar para no desmayar.

LA VIRTUD ES PARA VIVIR RECTAMENTE

Virtud es lo que hace que vivamos rectamente, según Aristóteles. San Agustín en el libro De Libero Arbitrio dice que nadie puede decirse que es perseverante mientras vive si no mantiene su perseverancia hasta la muerte. La permanencia invariable en la práctica de la virtud es condición necesaria de toda virtud, como se demuestra en la Ética de Aristóteles. Tulio escribe en su Rhetorica, que la perseverancia es la permanencia estable y perpetua en lo que la razón ha decidido. Y Andrónico que la perseverancia es el hábito de aquellas obras en las que la permanencia es necesaria. Lo difícil no es soportar los bienes, sino los males. Los males que constituyen peligro de muerte no tenemos que soportarlos durante largo tiempo, porque lo más frecuente es que pasen pronto. Entre los otros males, los principales son los que se oponen a los deleites del tacto, porque éstos tienen por objeto cosas de primera necesidad para la vida, como la falta de alimentos y de otros bienes también necesarios, que a veces se han de soportar como larga amenaza. No les es difícil aguantar esto por largo tiempo a quienes no se entristecen demasiado porque les faltan estos placeres ni se deleitan en exceso con su posesión, como sucede con los hombres sobrios, cuyas pasiones no son vehementes. Pero es sumamente difícil para aquel que se siente atraído con vehemencia hacia ellos, al no poseer una virtud perfecta capaz de moderar sus pasiones.

CONCILIO DE TRENTO

«Para perseverar durante largo tiempo, en el bien se requiere una gracia actual especial, sin la cual no se podría de hecho, pero con la cual se puede siempre» (Denz. 832). Para perseverar en el bien hasta la muerte, la perseverancia final, se requiere un auxilio especialísimo de Dios enteramente gratuito. En efecto, más difícil que comenzar es perseverar. Se puede comenzar motivados por una alegría inicial, por un optimismo natural o por una ilusión momentánea. Los que así comienzan, cuando arrecien las lluvias y sobrevengan los temporales, pondrán en evidencia los cimientos del edificio.

LOS SANTOS PADRES

Dice san Bernardo: "A los que comienzan se les promete el premio. A los que terminan se les da el premio". "¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos corren, pero uno sólo alcanza el premio? Corred, pues, de modo que lo alcancéis" ((1 Cor 9, 24). "El que echa la mano y sigue mirando atrás, no vale para el reino de Dios" (Lc 9, 62). La perseverancia, la virtud que nos mantiene firmes a pesar de las dificultades que van surgiendo en el caminar, es necesaria para proseguir en el seguimiento de Cristo, que nos ha dicho: "Tome su cruz y sígame". El demonio no permanece inactivo ante la obra de la santificación, ni ante las obras de Dios. Santa Teresa consideraba señal evidente de la calidad de la empresa, el desencadenamiento de las dificultades y tempestades, que siempre atribuía a la rabia del demonio.”Algo le trae al demonio”, decía, cuando surgían las dificultades.

LA CONSTANCIA Y SUS VICIOS

La perseverancia va muy unida a la constancia. Aquella vence las dificultades que emanan de la misma dilatación de la obra; ésta vence los impedimentos y obstáculos que vienen del exterior. Se oponen a la perseverancia y a la constancia, los vicios de la inconstancia, que desiste pronto de lo emprendido, y la pertinacia o terquedad, que se obstina en sostener lo que no es razonable. Santa Teresa nos dice que: "en esta perseverancia está todo nuestro bien". Aunque la perseverancia se mide más por lo que tiene de bien que por su dificultad.

RAZONAMIENTOS DE SAN AGUSTIN

A veces se designa con el mismo nombre la virtud y su acto. Así San Agustín dice: Fe es creer lo que no ves. Puede, sin embargo, acontecer que se tenga un hábito virtuoso y no se lo ejercite, como el pobre que tiene el hábito de la magnificencia, aunque no realice acto ninguno. Otras veces, el que tiene el hábito comienza la obra, mas no la termina; como el que comienza a edificar una casa y la deja a medio hacer. Según esto hay que decir que a veces damos el nombre de perseverancia al hábito por el que uno está decidido a perseverar; otras, al mismo acto de perseverar. Y en algunos casos el que tiene el hábito de la perseverancia está decidido a perseverar y pone manos a la obra con muchísimo entusiasmo durante algún tiempo; pero no completa la obra comenzada, porque no persevera hasta el fin. Un fin que puede ser doble: el de la obra virtuosa y el de la vida humana. Es esencial a la perseverancia el proseguir hasta el término de la obra virtuosa, como lo es el que el soldado persevere hasta el final del combate y el magnífico hasta que se acabe la obra. Pero hay virtudes cuyo acto debe permanecer durante toda la vida, tales como la fe, la esperanza y la caridad, porque su objeto es el último fin de toda la vida humana. Estas virtudes, que son las principales, no se consuman hasta el final de la vida. Entiende San Agustín que no hay perseverancia si el acto de perseverancia no se ha consumado.

FRASES CELEBRES

La constancia es un puente entre el deseo y la realización. Si el hombre fuera constante, sería perfecto. Con sacrificio puede ser que logres poco, pero sin sacrificio es seguro que no lograrás nada. Dijo el perro al hueso: "Si tú estás duro, yo tengo tiempo". Se quiere más lo que se ha conquistado con más fatiga (Aristóteles). Una sucesión de pequeñas voluntades consigue un gran resultado (Baudelaire). Sólo hay un modo seguro de dar una vez en el clavo, y es dar ciento en la herradura. Algunos tienen la buena estrella de dar en el clavo la primera vez. Hay que perseverar en el intento (Noel Clarasó). Si se quiere ascender por cuestas empinadas, es necesario al principio andar despacio. Esperando, el nudo se deshace y la fruta madura. La mayoría de los hombres no carecen de fuerza, sino de constancia. La gota orada la piedra, no por su fuerza, sino por su constancia (Ovidio) Más difícil que abrir una tienda para comerciar es mantenerla abierta. Quien pisa con suavidad va lejos. Un viaje de diez mil kilómetros empieza por un solo paso. La alegría está en la lucha, en el esfuerzo, en el sufrimiento que supone la lucha, y no en la victoria misma. Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa (Mahatma Gandhi).