1.- EL ARTE DE DISCREPAR Y NO DESUNIR

Desde luego, el titulo del presente editorial es toda una declaración de principios. Es bueno discrepar. Pero la discrepancia no puede –no debe—llegar a la ruptura. A veces, cuando se discrepa, la ruptura –en público o en privado—ya se ha producido. Y ahí, evidentemente, es más honrado decirlo: “yo discrepo porque he roto, porque no estoy”. Otra cosa es buscar en las diferentes opiniones nuevas vías de mejora y de encuentro. Ahí la discrepancia es “justa y necesaria”. Parece útil analizar algunas de estas diferencias que afectan y circulan en el interior de nuestra Iglesia. Por eso hemos de practicar con alegría el buen arte de discrepar y jamás desunir a los hermanos dentro de las Iglesia.

LAS OTRAS CONVICCIONES

Habrá que señalar que la experiencia demuestra que las convicciones humanas, sociales, históricas o ambientales influyen --muchas veces-- más que las estrictamente religiosas. Y en eso puede enmarcarse una tendencia muy actual y muy conocida: valorar las posiciones en la Iglesia como progresistas o conservadoras. En realidad, ambas definiciones suelen ser utilizadas como arma arrojadiza. Hay un ejemplo muy extendido en algunos medios de comunicación al referirse al actual Pontífice y tildarle de conservador. No es aceptable la idea de que Juan Pablo II sea un Papa conservador, pues es el más progresista de los tiempos contemporáneos. Lo demuestra su tratamiento del asunto de los derechos humanos y su posición firme frente a los abusos de los poderosos. A su vez ha condenado los excesos de la politización de algunas zonas de la Iglesia. Y es progresista porque su camino de progreso enlaza directamente con la plasmación en este tiempo de la doctrina de Cristo, la cual tiene posiciones insoslayables y ciertas que pueden darnos un nivel de comportamiento personal a cada uno.

PAZ Y AMOR

El Evangelio habla de vida, paz, pacíficos, amor a los enemigos, humildad, mansedumbre y todo eso es lo contrario a la justicia inapelable, al castigo ejemplar, a soluciones últimas. Se supone que si nosotros somos buenos, nuestros enemigos serán los malos, los asesinos, los desalmados, los que merecen la pena de muerte. Y si les amamos, tenemos que perdonarles. Además solo Dios es propietario de la vida y eso afecta a todos los casos de destrucción de la misma, no hay diferencias particulares.

La guerra --que tampoco es justificable-- solo puede estar permitida por la defensa propia. La pena de muerte planteada en el interior de un conflicto bélico llega --si es correctamente administrada-- tras un juicio y es ese un acto de reflexión --en el tiempo y en la valoración del delito-- en el que los hombres buscan una decisión justa. Y téngase en cuenta que hemos iniciado este párrafo aludiendo al caso de la pena de muerte en caso de guerra. Pero ni aún así puede justificarse. Por supuesto tampoco en aplicación de pena en delitos comunes o generales. Y es que la única decisión justa respecto a la destrucción de la vida solo está en las manos de Dios. El seguimiento del Evangelio tiende a producir un posicionamiento de la conciencia que repudia toda violencia, incluso que la pudiera justificarse por hechos lícitos. Y esa paz y mansedumbre ha de marcar también los comportamientos sociales y políticos. La discrepancia sobre este asunto tan terrible también mueve muchas horas de discusión entre los cristianos.

LA HISTORIA

Hagamos un poco de historia. Es sabido que la Iglesia condenó a Galileo por sus teorías ciertas sobre la obvia –hoy-- redondez de la Tierra. Y Santa Teresa dijo que se sentía satisfecha por morir en el seno de la Iglesia. La frase contiene la idea de que, a pesar de su santidad, era fácil que la apartasen de la misma. Pero ahí está el límite. Antes de salir de la Comunión, de la opción a recibir legítimamente los sacramentos, es mejor callarse. Aplicar un principio de humildad basado en que la verdad prevalecerá finalmente en el seno de la Iglesia por la presencia continuada del Espíritu. La dificultad aparece, no obstante, en la capacidad actual para difundir mensajes en medios masivos --como Internet--, los cuales pueden producir dudas o escandalizar. Eso es muy digno de tenerse en cuenta y, además, obrar en consecuencia. Ignacio de Loyola habla de que "en tiempo de desolación no hacer mudanza. Seria, precisamente, el santo fundador de la Compañía de Jesús, quien mejor iba a definir --en sus "Ejercicios Espirituales"-- esas variaciones internas dentro de la vida espiritual. La "consolación" y la "desolación" definen momentos muy habituales del devenir religioso y condensan tantos cambios internos de carácter que, incluso, producen estupor.

LOS SANTOS

La Comunión de los Santos, la condición de la Iglesia como cuerpo del que Cristo es la cabeza nos va a ayudar. No estamos solos. Y una misteriosa relación superior entre todos los miembros del Cuerpo de Cristo nos apoya. En estos tiempos, necesitamos, asimismo, presentar a nuestra Iglesia como un camino actual, fuerte y sincero que pone en lo más alto el amor a Dios sobre todas las cosas y desde ese mismo amor irradia la ternura --en forma de servicio-- dirigida a nuestros hermanos. Sabemos, además, que Jesús quiere que todos los hombres se conviertan, pero para conseguirlo hay que llegar a ellos. Juan, el Bautista, tuvo dudas. Nosotros, hombres de hoy, también. Pero la respuesta de Jesús llegará enseguida. Y, sobre todo, en estos días del Adviento.

 

2.- LAS EDICIONES DEL TIEMPO DE NAVIDAD

Normalmente –en años anteriores—Betania solía hacer una edición única que incluía desde el Cuarto Domingo de Adviento hasta pasada la fiesta de la Epifanía. Una serie de cuestiones técnicas relativas a la nueva presentación de nuestra página web impiden –en parte—esa acumulación de textos y espacios. Por tanto, en lugar de una sola edición serán tres, que anunciamos a continuación. También nos ha llevado a decidir tal planificación el propio calendario. La “concentración” de las Fiestas principales en fin de semana, aconseja esa fórmula como mejor.

Y hay que tener en cuenta además que todavía nos queda –la próxima semana—el Cuarto Domingo de Adviento que tendrá su edición normal.

EDICIÓN CONJUNTA DE NAVIDAD

Incluirá las misas de 24 Diciembre: Misa del Gallo. De 25 Diciembre: Natividad del Señor (Misa del Día) y del 26 Diciembre: La Sagrada Familia. Estará en la red el martes 21. Y se intentará que sea por la mañana (siempre nos referimos a hora española)

EDICIÓN CONJUNTA DE AÑO NUEVO

Asimismo, incluirá las misa de 1 de Enero: María Madre de Dios y la de 2 de Enero, el II Domingo de Navidad. Estará en la red el martes 28 de diciembre.

EDICIÓN CONJUNTA: DE EPIFANÍA

Incluirá las misas de 6 Enero: la Epifanía del Señor y de 9 Enero: El Bautismo del Señor. Y estará en la red el lunes 3 de enero de 2005.

Como es lógico las secciones de la primera parte, Editoriales, Carta, Opinión, etc. Cambiaran también. Antes estas secciones quedaban sin cambio a lo largo de más de quince días. De todos modos, como aún queda tiempo, si hubiera alguna modificación de este plan ya lo notificaríamos.