LA ORACION DE Y CON JESUCRISTO

SALMO 70. BIENAVENTURADOS LOS INDEFENSOS
Por Antonio PavÍa. Misionero Comboniano.

Por Antonio Pavía. Misionero Comboniano

Un fiel se dirige suplicante a Dios pidiendo ayuda. Es evidente que está en una situación desesperada ya que, insistentemente, le suplica que se dé prisa, que corra para auxiliarle. Sus enemigos le acechan y quieren acabar con su vida: “¡Oh Dios, ven a librarme, Yahvé, corre en mi ayuda! ¡Queden avergonzados y confusos los que buscan mi vida!”

No solamente es el hecho de encontrarse en una situación crítica. Lo peor es que no tiene cómo defenderse, cómo hacer frente al mal que se cierne sobre él, pues es pobre y desventurado: “¡Y yo, desventurado y pobre, oh Dios, ven rápido a mí! ¡Tú, mi socorro y mi libertador, Yahvé, no tardes!”

En la Sagrada Escritura son varias las acepciones con que se define al pobre, al desgraciado, al indefenso. En el contexto del salmo, podemos intuir que este hombre está desvalido, no tiene ninguna defensa, ningún arma con la que defenderse.

A la luz de este hombre fiel, vemos con claridad al Mesías, Jesucristo; el gran desvalido, indefenso por opción personal, hasta el punto de renunciar incluso a una defensa verbal en el juicio al que fue sometido: “Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti? Pero Jesús seguía callado” (Mt. 26, 62-63)

Jesucristo se somete voluntariamente al mal del hombre, de todo hombre. Se doblega ante el mal que tiene su trono en nosotros. Jesús, indefenso, ya fue anunciado desde esta perspectiva por el profeta Isaías: “Fue oprimido, y Él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero era llevado al degüello, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco Él abrió la boca” (Is. 53,7). El Hijo de Dios se doblega ante el mal no por cobardía, sino para hacer presente a lo largo de toda la Historia que, en su debilidad, se manifiesta con todo su esplendor la fuerza salvífica de Dios.

El apóstol Pablo, iluminado por el Espíritu Santo, nos trasmite con nitidez esta realidad sorprendente de la salvación de Dios: ¡En la indefensión, en la debilidad libremente asumida, Dios actúa y salva! Oigámosle: “Jesús, ciertamente, fue crucificado en razón de su flaqueza pero está vivo por la fuerza de Dios” (2 Co.13, 4ª). Pablo tiene la certeza de su afirmación porque tiene la experiencia de que Dios resucitó a su Hijo de la muerte. Lo impresionante es que esta forma de actuar de Dios es válida no solo para Jesús, sino también para todos aquellos que apoyan su debilidad en sus Palabras, en el Evangelio. Vamos a ver, pues, cómo termina el texto citado anteriormente: “Así también nosotros: somos débiles en Él, pero viviremos con Él por la fuerza de Dios sobre vosotros” (Co 13, 4b)

Por si fuera poco, y para que la catequesis de Pablo no quede en palabras preciosas pero vacías, él mismo nos trasmite su experiencia a este respecto. Ante una situación dificilísima por la que está pasando, sea a nivel de persecuciones, incomprensiones e incluso enfermedades, Pablo, el apóstol, se dirige por tres veces a Dios para que le saque de tales peligros, a lo cual Él le respondió así: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza” (2Co. 12,9)

La respuesta que Pablo recibe de Dios , a quien sirve por la predicación del Evangelio , como a él mismo le gusta decir , le levanta tanto el alma que termina diciendo: “Por eso me complazco en mis flaquezas , en las injurias , en las necesidades , en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo ; pues , cuando estoy débil , entonces es cuando soy fuerte” (2Co. 12,10)

Volvemos al salmo y oímos a nuestro hombre indefenso , anunciar proféticamente la victoria de Dios sobre el mal provocando el gozo de los que le buscan con corazón sincero: “ ¡ En ti se gocen y se alegren todos los que te buscan ¡ ¡ Repitan sin cesar : grande es Dios , los que aman tu salvación ¡ “.

Todo discípulo de Jesucristo enfrenta un combate, es el combate de la fe. Es una lucha muy singular , en la que el Príncipe de este mundo tiene sus armas que sobrecogen al buscador de Dios : Persecuciones , odios , incomprensiones , e , incluso , los desánimos que nacen del hecho de que , aún buscando a Dios , sufre en su carne el aguijón del pecado : es buscador y pecador al mismo tiempo. Éste es el momento de acoger con humildad el hecho de no ser mejor que sus hermanos. Consciente de su impotencia, siente la urgencia de revestirse de las armas que Dios pone en sus manos. Armas descritas magistralmente por el apóstol Pablo:” Fortaleceos en el Señor y en la fuerza de su poder. Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del diablo...Calzados los pies, con el Celo por el Evangelio de la paz, embrazando siempre el escudo de la fe...Y la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios” (Ef 6,10-17)

Solo el que combate así conoce el gozo de Dios del que nos habla el salmista. Así nos lo atestigua el apóstol Pedro: “Por lo cual rebosáis de alegría, aunque sea preciso que todavía por algún tiempo seáis afligidos con diversas pruebas...” (1 P 1,6)