Domingo XXX del Tiempo Ordinario
24 de octubre de 2004

MONICIÓN DE ENTRADA

Este domingo la Iglesia universal nos recuerda con el DOMUND, la labor misionera y la necesidad de que nuestros hermanos más lejanos reciban los frutos que nosotros obtenemos cuando nos reunimos, junto a Jesús, en torno a la Mesa del Pan y de la Palabra. Y esa Mesa que ya conocemos es la que queremos mostrar a aquellos que todavía no han oído hablar de ella, ni de nuestro amigo y maestro, Jesús de Nazaret. Jesús quiere, hoy, alertarnos contra el fariseísmo, contra ese golpe de soberbia que significa considerarnos mejores que los demás. Y sin sencillez, ni humildad, no vamos a conseguir que el Señor nos escuche aunque vengamos a toda hora al templo. La oración, además de constante ha de ser humilde. Y nuestra oración humilde de hoy bien puede estar dirigida a Dios a la espera de que reconforte a tantos hermanos nuestros que trabajan por el Reino lejos, muy lejos.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- “Los gritos del pobre atraviesan las nubes hasta alcanzar a Dios”, nos va a decir ahora mismo el fragmento del Libro del Eclesiástico que proclamamos hoy como nuestra primera lectura. Es un texto que nos debe hacer reflexionar sobre la ternura y la justicia de Dios dirigida muy especialmente a los humildes y a los pobres.

S.- Es Salmo 33 es uno de los más bellos y emocionantes del salterio. Lo dice bien claro: “si el afligido invoca al Señor, Él Lo escucha”. En la aflicción Dios nos escucha y nos ayuda. Y era muy utilizado por el pueblo judío como oración en tiempo de calamidad. Se esperaba el apoyo de Dios al justo frente a las adversidades.

2.- Hay un gran dramatismo en la segunda lectura de este domingo. San Pablo en la Carta a Timoteo escribe ya su testamento y anuncia su “marcha inminente”. Al hacer balance de su actividad apostólica, parece muy satisfecho de su labor. Pero no, él pone a Dios por delante de todo y se declara sin fuerzas. Es la fuerza de Dios que actuó en su debilidad.

3.- La aflicción del publicano por el peso de sus pecados, que nos cuenta Lucas en el Evangelio, es lo que Dios quiere y busca. Hemos de reconocer con humildad nuestras carencias y es lo que hacia el publicano. El fariseo ya ha recibido su paga con su soberbia. Seamos humildes y no confiemos en nuestras fuerzas. Solo la fuerza de Dios nos hará salir adelante.