1.- LOS JUEVES, LECCIÓN DE EVANGELIO (y II)

Por David Llena

Nunca de niño entendí la idea de la transfiguración. Momento que recoge el cuarto misterio luminoso. Una palabra difícil de decir y más difícil aún de entender. Ahora de mayor, cuando descubres alguna gente que parece una cosa y luego es otra, pienso en que Jesús da a entender que el es transparente, que está en sintonía con los profetas, que es continuador de su mensaje (Él es el mensaje). Jesús viene a decir, soy como veis, aunque no entendáis, os digo verdad. ¿Cuánto necesitamos en este mundo personas de verdad?, sin engaños y como resulta de grata la compañía de esas personas. La Transfiguración, sirvió para animar a los apóstoles, y ese mismo ánimo pido para la Iglesia, para todos los que la componemos, y pienso en todos los grupos de mi parroquia, en los de liturgia, en los de Cáritas, en los de catequesis y presento al Señor a los niños que se preparan para recibirlo por primera vez, a los que ya lo recibieron y pido que los anime, que se les haga presente en las personas que les rodean.... ¡Animo! Él está a nuestro lado, Él es la Luz que nos guía.

A lo largo de su vida, Jesús nos ha mostrado su Palabra, sus obras, su Gloria en esos momentos del Monte Tabor, ese Dios se implica cada vez más en nuestra vida, cada vez se manifiesta de una manera más profunda a lo largo del Evangelio, y esa búsqueda continuada se va realizando también en nuestra alma. Necesitamos avanzar en el conocimiento de Dios.

Y por último, nos muestra su Pasión, la Eucaristía es el momento del paso, es el punto de no retorno, es el interruptor que pone en marcha toda la Pasión de Jesús, El lo sabe. Es la eucaristía, la prueba de que ha venido a salvarnos, ha cargado con todas nuestras faltas, todas nuestras debilidades y se las lleva lejos de nosotros, a cambio nos deja su Cuerpo como alimento. Ese cuerpo que nació del Sí de María, y que proclamamos bendito por 50 veces va a ser el que nos alimente el alma. También hemos pedido nuestro pan cotidiano y en estos momentos en que finalizan 5 los misterios pongo ante la mirada de Cristo el día que comienza, para que sea para el bien de todos.

Pero no podemos dejar pasar este rato junto a nuestra madre sin pedirle su bendición, no podemos marcharnos sin decirle unas cosas bonitas a nuestra madre, la Iglesia en las letanías nos propone varias, yo en mi interior también le muestro mi admiración y respeto más profundo, y con ese vértigo de piropos acaba exhausta el alma, ha sido un momento intenso, ahora hay que bajar del monte Tabor y comenzar la labor de cada uno, sabiendo que por la noche estará también nuestra Madre a la puerta para atender nuestras súplicas. Santa María, ruega por nosotros.

 

UN CONCIERTO

Por Pedrojosé Ynaraja

Con frecuencia se alude a la pregunta irónica de Stalin, allá por los días de Yalta: ¿de cuantas divisiones dispone el Papa?. Así que no faltó el recuerdo del dictador comunista, en las palabras de la locutora, cuando presentaba a los Coros de la Armada Rusa, que ofrecían, en la sala Pablo VI, un concierto en honor de Juan-Pablo II, con motivo de sus 26 años de notorio servicio a la Iglesia. Reconozco que conecté porque pensaba disfrutar de música clásica rusa. Esperaba oír Borodín o Stravinski, y nada de eso escuché. Se ofrecieron selectas melodías populares, algunas de las cuales me resultaron conocidas, acompañadas, en ciertos casos, por las habilidades y elegancia de los cuerpos de baile de la misma institución. Por cortesía hacia el lugar, y a buena parte del auditorio de la sala, también cantaron un fragmento de Verdi.

El concierto era trasmitido por la RAI italiana, TELEPACE y SAT 2000, las tres occidentales, y en el territorio ruso, por una red de emisoras que lo difundía por toda su gran extensión. Se lograba así, mediante las ondas hertzianas, la unión desde el Atlántico a los Urales, sueño tantas veces manifestado por el Pontífice. Mientras disfrutaba con el espectáculo, pensaba también en el Papa. Con seguridad aquella música le resultaba familiar desde su infancia, aquellos bailes de los cosacos del Don, que para mí, desde mi sensibilidad occidental, eran más acrobáticos que estéticos, para él sobradamente conocidos. La lengua en la que se expresaban, al saludar y al cantar, la entendía y hasta la habló él, correspondía a la de los ejércitos que durante tantos años oprimieron a su patria. En diversas ocasiones se ha referido él a su juventud, a sus amistades, a las vivencias de aquellos tiempos, con seguridad aquellas bailarinas, ataviadas con lo que a mí me parecían exóticos trajes, aquellas caras sonrientes, le evocarían recuerdos de antiguas simpatías femeninas, que existieron, pero de las que hasta ahora parece no ha querido hablar. Si para mí fue un buen concierto, para el Papa iría acompañado por sensaciones y recuerdos que bullirían en su interioridad. No obstante la importancia del homenajeado, yo pensaba: el Padrenuestro que rezaba era el mismo que el que yo rezo. El destinatario de la oración también. La vía de acceso, Jesucristo, era idéntica. Misterio de comunión. Motivo de suplementario goce.

Nuestros medios de comunicación, me estoy refiriendo a los españoles, han dado escueta noticia del acto. Me temo que los teólogos de categoría, excepto los de la curia, y los de tono menor, lo habrán ignorado. Si se han enterado, seguramente lo habrán catalogado y archivado en el armario de gestos folclóricos actuales. La gente de categoría se reúne en congresos y comisiones, elaboran proyectos y votan resoluciones. Publican documentos, macizos de denso contenido y rotundos de convicciones, difíciles de entender. Me parece que actos como al que me estoy refiriendo, son más eficaces en el largo camino de la unidad espiritual.

Confesaba la semana pasada la felicidad que Dios me proporciona cada día, me place hoy recordar el buen rato de total satisfacción artística del que he gozado. Si la belleza es uno de aquellos absolutos que elevan al hombre a lo trascendente, no dudo que el alma de unos cuantos millones de europeos, se nos mejoró la tarde del viernes 15.