LA ORACION DE Y CON JESUCRISTO

SALMO 69. EN ÉL NO SOMOS DEFRAUDADOS
Por Antonio PavÍa. Misionero Comboniano.

Por Antonio Pavía. Misionero Comboniano

Este salmo nos ofrece, en forma de lamento, las angustias y sufrimientos que un israelita justo tiene que sobrellevar a causa de su fidelidad a Dios. Nos es fácil identificar a este hombre fiel con Jesucristo. Es una lamentación profundamente profética, ya que los rasgos del Mesías se van desgranando a lo largo delpoema. Nos detendremos especialmente en algunos de los matices mesiánicos que nos parecen más significativos y que nos trasladan a la figura de Jesucristo con más realismo.

A una cierta altura del salmo escuchamos a nuestro protagonista dirigirse a Yahvé con esta súplica: “¡No se avergüencen por mí los que en ti esperan, oh Yahvé Sebaot! ¡No sufran confusión por mí los que te buscan, oh Dios de Israel!”

Jesucristo es consciente de que ha sido enviado por el Padre al mundo para librar un combate contra el mal. Sabe que solo apoyado en Él puede entablar con éxito el combate. De su victoria contra el mal y su Príncipe, depende también la victoria del hombre contra todo tipo de malque acecha sobre él. Por ello pide al Padre que sus discípulos sean santificados en la verdad por medio de la Palabra; la misma que a Él le ha santificado. De esta forma, la victoria de Jesucristo por medio de la Palabra-Verdad, será también la victoria de sus discípulos. Éstos, teniendo sus ojos fijos en Jesús, quien con la Palabra se enfrentó y venció a la muerte, no serán confundidos cuando la violencia del Tentador se cebe en ellos.

Así vemos cómo Jesús, en su oración al Padre antes de entrar en la Pasión, le dice que se santifica a sí mismo a causa de ellos, para que sean santificados en la verdad: “Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mi mismo para que ellos también sean santificados en la verdad” (Jn. 17,17-19)

Más aún, Jesús acepta que el mal del Príncipe de este mundo caiga sobre Él. Así, el mundo sabrá que ama al Padre y al hombre más que a sí mismo. Es esta actitud de Jesús la que da cumplimiento a la oración del salmista: Oh, Dios, que por mi causa no se avergüencen, no queden defraudados los que te buscan. Veamos cuáles son las palabras de Jesús a sus discípulos: “Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. Enmi no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre” (Jn.14, 30-31) A partir del ofrecimiento de Jesús de su propia vida, el discípulo sabe que este Amor incondicional al Padre lleva consigo la Vida Eterna. El Padre actuarácon el discípulo igual que actuó con su Hijo: Será llamado a vivir con Él para siempre.

Seguimos con el salmo y escuchamos: “Pues por ti sufro el insulto, y la vergüenza cubre mi semblante; para mis hermanos soy un extranjero, y undesconocido para los hijos de mi madre; pues me devora el celo de tu Casa" Me devora el celo de tu Casa “;palabras que el apóstol Juan pone en la boca de Jesús cuando expulsó a los mercaderes del Templo. Jesús les recriminó diciéndoles que no convirtieran la Casa de su Padre en un mercado. Y apostilló su actitud anunciando a todos: “Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré “(Jn. 2, 19) Con estas palabras, Jesús firmó su sentencia de muerte, pues fueron utilizadas como argumento por los que testificaron contra Él. Éste dijo: “Yo puedo destruir el Santuario de Dios y en tres días edificarlo” (Mt. 26,61)

Siguiendo adelante con los rasgos mesiánicos del salmo, nos encontramos con esta terrible súplica:”Tú conoces el oprobio, mi vergüenza y mi afrenta, ante ti están todos mis opresores. El oprobio me ha roto el corazón y desfallezco. Espero compasión y no la hay, consoladores y no encuentro ninguno”. Jesús no encuentra nadie que tenga compasión de Él, nadie en quien apoyarse ni consolarse, ni siquiera en ninguno de sus discípulos: ¡Todos le abandonaron! “Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron” (Mt. 26,56)

Jesús ya había advertido a sus discípulos que le abandonarían en el momento de la prueba: “Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo “(Jn. 16,32 a). Abandono para el cual su alma ya estaba preparada y fortalecida, ya que su apoyo y compañía, en su tremenda soledad, habría de ser únicamente su Padre: El único necesario, el único que le podía levantar del sepulcro: “Pero no estoy solo porque el Padre está conmigo” (Jn 16, 32 b)

Acabamos de ver como es el camino de Jesús hacia el Padre. En Él puso sus ojos, en Él depositó su confianza, en Él apoyó su fe .Por ello, el discípulo que mira a Jesús y su trayectoria, no será ni confundido ni defraudado. Su fidelidad es nuestra fuerza y nuestra garantía. Podrá haber cosas del Evangelio que todavía no entendamos, pero sí hay algo que es evidente: el Hijo de Dios no es causa ni motivo de fraude para nadie. Es por ello que el discípulo debe tener fijos sus ojos en Él. Todo puede caer a nuestro alrededor menos Él. Como dice el apóstol Pablo, quien crea en Él no será confundido (Rm. 9, 33).