Domingo XXIX del Tiempo Ordinario
17 de octubre de 2004

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos todos a la Eucaristía. Hoy quiere el Señor que seamos protagonistas. Nos dice que recemos siempre y sin desanimarnos. Y eso es lo que hacemos domingo tras domingo en esta asamblea de hermanos. La Eucaristía es Acción de Gracias y es la oración más importante de la Iglesia. Todos unidos, representando al pueblo de Dios, recordamos el milagro de la Encarnación y de la Redención. Dispongamos el cuerpo y el alma para la oración. Y hoy con especial alegría pues sabemos que Dios escucha nuestros desvelos.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- Las manos en alto de Moisés, durante la batalla, representa una forma muy gráfica de oración, de plegaria. Así lo expresa el libro del Éxodo, nuestra primera lectura de hoy. Los brazos de Moisés dirigidos al cielo es todo un símbolo de la oración permanente y continuada.

S.- El salmo 120 se cantaba por los peregrinos cuando avistaban Jerusalén en las múltiples ocasiones que el pueblo judío peregrinaba a la Ciudad Santa, que estaba en lo alto de un monte y hacía ahí levantaban los fieles su mirada. Forma parte de un bloque de salmos, desde el 119 al 134, dedicados para celebrar la llegada a Jerusalén.

2.- Seguimos leyendo como segunda lectura la Segunda Carta a Timoteo. Y San Pablo expresa a su discípulo querido, Timoteo –obispo en Éfeso-- que es en la Sagrada Escritura donde están las fuentes de la oración. Hemos de tenerlo en cuenta hoy muy especialmente.

3.- Jesús nos sigue enseñando con parábolas y la del juez injusto tiene especial actualidad en estos días. El evangelio de Lucas es importante, muy importante. Y con una inquietante pregunta que Jesús nos hace al final del texto y que debemos escuchar con mucha atención.