Domingo XXIX del Tiempo Ordinario
17 de octubre de 2004

La homilía de Betania


1.- PEDIR CON CONFIANZA
Por José María Martín OSA

2. - CONSTANCIA HASTA QUE NOS OIGAN
Por José María Maruri, SJ.

3.- ORAR ES ASUMIR EL MUNDO
Por Antonio Díaz Tortajada

4 - “Y NO PERMITAS, SEÑOR, QUE ME SEPARE DE TI”
Por Ángel Gómez Escorial


1.- PEDIR CON CONFIANZA

Por José María Martín OSA

1.- Si el domingo pasado Jesús nos recordaba que tenemos que dar gracias en nuestra oración por los dones que Dios nos regala, hoy nos recuerda que también es bueno pedir. La verdad es que no hace falta que nos recuerde que pidamos, pues es lo que hacemos habitualmente, más difícil nos resulta dar gracias. Sin embargo, también es bueno pedir, por eso Jesús cuenta la parábola del juez inicuo para explicar cómo tenemos que orar siempre sin desanimarnos. Al pedir reconocemos nuestra limitación y ponemos nuestra confianza en Dios. Como dice San Agustín "la fe es la fuente de la oración, no puede fluir el río cuando se seca el manantial del agua". Es decir, quien pide es porque cree y confía. Pero, al mismo tiempo la oración alimenta nuestra fe, por eso le pedimos a Dios que "ayude nuestra incredulidad".

2.- Ocurre que frecuentemente no sabemos pedir y nos decepcionamos si Dios no nos concede lo que pedimos. No puede ser que Dios conceda a todos acertar el número de la lotería y es imposible que conceda a la vez la victoria a dos aficionados de dos equipos distintos que se enfrentan entre sí. Dios no es un talismán, o un mago que nos soluciona los problemas. Cuando pedimos algo nos implicamos en eso que pedimos y nos comprometemos con lo que suplicamos.

Por ejemplo, si pedimos por la paz nos estamos comprometiendo nosotros mismos en ser pacíficos y constructores de paz. Lo otro es pedir a Dios que nos saque las castañas del fuego sin mover nosotros un solo dedo. Jesús nos anima a perseverar en la oración con insistencia, pues entonces estamos demostrando nuestra total confianza en Dios. Pero no pidamos imposibles, no podemos obligar a Dios a alterar el ritmo de la naturaleza. Pidamos mejor que sepamos aceptar nuestras limitaciones y sobre todo sabiduría para asumir lo que no podemos cambiar. Cuando llega el dolor o la enfermedad tan importante es pedir la curación como aceptación y confianza serena ante la enfermedad.

3. - No cabe duda de que la oración en común tiene más sentido y me atrevería a decir que más fuerza. En el momento de las preces de la Eucaristía alguien lee o presenta la petición y todos nos unimos a él/ella diciendo "¡Te rogamos óyenos!". Hemos de pedir no sólo por nosotros o por los nuestros, sino también por todos los que lo necesitan. No olvidemos que somos el cuerpo de Cristo y cuando un miembro sufre, todo el cuerpo sufre. A veces las peticiones que hacemos en la Eucaristía resultan demasiado formalistas o rutinarias. Deberíamos dejar campo a la espontaneidad y dar oportunidad para que el que quiera exprese su necesidad para unirnos en su oración. Es verdad que Dios conoce lo que necesitamos antes de que se lo pidamos, también un padre sabe lo que necesita su hijo, pero le gusta que se lo diga, pues es señal de confianza en él. Dios te dice cada día: "si me pides soy don para ti, si me necesitas, te digo: estoy aquí, dentro de ti".

En la era del teléfono móvil te voy a mostrar ocho reglas para hablar con Dios:

*1.- Marca el prefijo correcto, no a lo loco.

*2.- Una conversación telefónica con Dios no es un monólogo. No hables sin parar, escucha al que te habla desde el otro lado.

*3.- Si la conversación se interrumpe, comprueba si has sido tú el causante del "corte".

*4.- No adoptes la costumbre de llamar sólo en casos de urgencia. Eso no es trato de amigos.

*5.- No seas tacaño. No llames sólo a horas de "tarifa reducida"; es decir, cuando toca o en fines de semana. Una llamada breve en cualquier momento del día sería ideal.

*6.- Las llamadas son gratuitas y no pagan impuestos.

*7.- No olvides decirle a Dios que te deje en el contestador todos los mensajes que quiera o cuando quiera.

*8.- Toma nota de las indicaciones que El te diga para que no las eches en olvido.


2. - CONSTANCIA HASTA QUE NOS OIGAN

Por José María Maruri, SJ.

1. - Lo que el Señor nos quiere enseñar con la parábola del Juez Injusto está claro porque lo dice el mismo Evangelio: “quería explicar como tenían que orar siempre sin desanimarse”. Lo cual supone una parte fuerte que puede acceder a los ruegos, y una parte débil que pide. Y el que pide siempre es débil.

La parte fuerte es el juez que ni teme a Dios ni le importan los hombres. La parte débil es una viuda que exige justicia sin tener más armas que su debilidad, pero que conoce la única debilidad del juez: su egoísmo, que le dejen en paz.

En la gran Historia del mundo, lo mismo que en la pequeña historia de cada día hay ejemplos de una parte fuerte vencida por la debilidad. Ghandi venció con su debilidad al Imperio Británico, consiguiendo la independencia de la India, gracias a su constancia.

2. -Pues esta constancia es la que nos pide el Señor. Constancia hasta que nos oigan. Creo que no es falsear la parábola si pensamos que la viuda estuvo muchas veces a punto de tirar la toalla por cansancio. Lo mismo que el juez antes de tomar su decisión estuvo muchas veces dispuesto a ceder. ¡Os imagináis si el día que el juez le dice al alguacil que traiga a la viuda para hacerla justicia hubiera resultado que la viuda hubiera desaparecido!

Y nosotros que acusamos al Señor de que no nos oye, cuántas veces hemos dejado al Señor con la pluma en la mano cuando se disponía a firmar el decreto de concesión de lo que pedíamos.

Como el juez injusto tenía un punto débil por donde la viuda le atacó. También el Señor tiene un punto débil. Al juez no le importaban los hombres, por eso podía despreciarlos.

Al Señor le importan los hombres. Al Señor le importan tanto los hombres, le parece tan maravilloso ser hombre que Él mismo se ha hecho uno de nosotros.

--le importan tanto los hombres que ha hecho por cada uno de nosotros lo que sólo un gran amigo hace por otro y es dar su vida por él.

--al Señor le importamos tanto que se ha quedado con nosotros hasta el fin de los siglos.

Por eso nos dice Jesús: “¿Ese Señor os dará largas? ¿Dejará de hacer justicia?”

4. - Nos os parece un maravilloso símbolo ese Moisés de la primera lectura con los brazos abiertos en oración pidiendo por su pueblo. No os recuerda a esas personas queridas de nuestras familias; tal vez la abuela, tal vez la madre, que han volcado sus corazones delante del Señor pidiendo por cada uno de nosotros y a cuyas oraciones deberemos, sin saberlo, nuestro encuentro con el Señor en tanto momentos de nuestra vida.

Moisés ayudado por los suyos para que no desfalleciera. Padres y madres de familia a los que agobian los problemas de los hijos, ayudaos el uno al otro para perseverar en esa oración hasta que lo consigáis, no tiréis la toalla en el momento en que el Señor os va a escuchar.


3.- ORAR ES ASUMIR EL MUNDO

Por Antonio Díaz Tortajada

1. La plegaria sin desfallecimientos de Moisés en la cima del monte está en relación directa con la lucha que los ejércitos israelitas sostienen contra las tropas de Amalec. La insistencia del ruego de la vida burlada por el juez injusto acaba por poner las cosas en su derecho. Dos oraciones insistentes y machaconas, ¿para qué? Para una victoria en el campo de batalla; para conseguir que el derecho de los pobres sea respetado. No hay, pues, ni un atisbo de evasionismo en la lectura del Éxodo. No lo hay en la página del evangelio de Lucas. Porque no se trata con la oración de encomendar a Dios lo que es privativo de nuestro empeño. Dios no suplanta al hombre en los afanes que son propios del hombre y la oración no mira de obtener por "vía milagro" lo que ha de ser resuelto por "vía de empeño" mantenido y constante. ¿Entonces? ¿En qué consiste la oración del creyente y cuál es su virtualidad en nuestras vidas? Las lecturas bíblicas dejan entender bien claro que la oración del creyente se sitúa entre dos polos: el polo de Dios, por un lado, y el polo de lo humano, por otro. Aquí, la urgencia, la necesidad, el problema; allí, la fuerza, el criterio, la inspiración. Aquí la constancia y el erre que erre; allí, la fidelidad de Dios que jamás deja de responder a la demanda de los hombres.

2.- Orar es asumir el mundo con sus problemas, discernirlo desde los criterios de Dios y comprometerse a una acción que restaure o establezca en la tierra el reino de Dios. Muy oportunamente la liturgia nos trae hoy un texto de la carta del apóstol Pablo a su discípulo Timoteo. Pablo reclama de su amigo y discípulo una fiel escucha de la Palabra de Dios, una atenta escucha de la voluntad divina y ello para que la Palabra de Dios le sirva en todos los menesteres de la existencia. Porque la Palabra oída en la oración, escuchada en la oración, asumida en la oración, solicita ser encarnada como criterio, como clave de valor, como punto de opción de la libertad en la vida de todos los días. "Toda Escritura inspirada por Dios es útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud".


4 - “Y NO PERMITAS, SEÑOR, QUE ME SEPARE DE TI”

Por Ángel Gómez Escorial

1. - Jesús, mediante la parábola del juez malvado, pone de manifiesto la necesidad de orar y de hacerlo continuamente. El diálogo con Dios que supone la oración debe ser una actividad prioritaria del cristiano. Deberá, asimismo, atender a los hermanos y procurar construir el Reino, pero es obvio que nada de esto puede hacerse sin oración y pobre de aquel, que fascinado por el trabajo junto a sus semejantes, olvide la oración. El viejo refrán castellano dice que es "antes la obligación que la devoción". Existen situaciones --y gentes-- que al refugiarse en una falsa y absorbente espiritualidad olvidan lo básico: que es orar sincera y continuamente a Dios para conseguir ayudar a los hermanos.

2. - La Iglesia ha procurado siempre que se mantenga el principio de orar continuadamente. Uno de los puntos cumbres de su actividad oracional es, sin duda, la misa. Ahí está condensada toda su creencia y todo su ser, con el renovado sacrificio de Jesús. Pero otro "monumento" muy notable es la Liturgia de las Horas, por la cual cada cristiano- -en comunidad o solo-- reza, al menos, tres veces al día con un "sistema" o formulario que condensa el uso de la palabra de Dios como oración cotidiana.

3. - El matiz que Jesús ofrece en la parábola del juez es importante. Hay que orar y no desanimarse para que Dios haga justicia con sus elegidos. Y es que la mayoría de los desvelos que el católico tiene respecto al crecimiento del Reino y de la Palabra solo se traducirán en realidad con el uso continuado de la oración. El soberbio pedirá una sola vez y al no cumplirse su petición, la abandonará, molesto. La humildad necesaria para acercarse a Dios plantea que limpiemos antes nuestra soberbia y eso se consigue con el desvalimiento, con no considerarse ni importante y mucho menos agente de la consecución de lo que pedimos. Otro refrán --espléndido-- habla de que "Dios escribe derecho con renglones torcidos". Y es que a veces no sabemos apreciar que Dios ya ha respondido a nuestra petición .Tenemos, pues, que orar continuamente y dar a nuestra conciencia una cierta objetividad para descubrir los bienes que Dios nos envía.

4. - La escena de la batalla de Moisés y Josué contra Amalec tiene resonancias cinematográficas. La imagen de Moisés en actitud de orar con los brazos extendidos hacia el cielo y la misma batalla que se desarrolla en un valle es un auténtico relato de cine. Pero, sin embargo, su simbolismo está claro: no podemos abandonar nuestra sintonía con Dios, no podemos colgarle el teléfono, tenemos que estar siempre "on line" con Él para "nos ayude en nuestros proyectos”.

La lectura del libro del Éxodo como argumento oracional es también muy interesante. El continuo contacto de Dios con Moisés y el de este con el pueblo peregrino es asimismo un buen ejemplo para nuestra oración. Va a ser San Pablo quien centre el origen divino de las Escrituras y la inspiración del Espíritu en su transmisión. Eso es también un fruto de la oración, porque, ¿no es verdad que, incluso, a nosotros mismos cristianos de a pie, muchas veces la oración nos ha traído inspiraciones de gran importancia? Pero hay que destacar en el mensaje de Pablo la presentación de la Escritura como una forma esencial de nuestra relación con Dios y dicha relación no es otra cosa que el acto de orar.

Entre las oraciones que el sacerdote dice en voz baja durante la celebración de la misa hay una especialmente interesante: "Y no permitas, Señor, que nunca me separe de Ti". Dicha separación --terrible-- sería la que terminaría con nuestros deseos de orar, porque a la postre lo que más nos gusta hacer es hablar con nuestro mejor Amigo, incluso a veces hasta charlar distendidamente con Él y contarle chascarrillos. En fin, y esta frase nos vale a todos: "no permitas señor que nunca me separe de Ti".