1.- COMIENZA EL AÑO DE LA EUCARISTÍA

Con un precedente de gran éxito, como lo fue el Año del Rosario, se inicia ahora el Año de la Eucaristía. Es una obra predilecta del Papa, Juan Pablo II, que así lo ha explicado en una importante Carta Apostólica. Este año dedicado a la Eucaristía se ha iniciado con la celebración del Congreso Eucarístico de Guadalajara (México), inaugurado el pasado domingo, día 10, y terminará en octubre de 2005, en Roma, durante la celebración del Sínodo de los Obispos dedicado a la Eucaristía.

La mejor forma de celebrar este Año de la Eucaristía debe surgir de una profunda reflexión de, por ejemplo, las palabras del Papa, en la introducción de su Carta Apostólica: Dice Juan Pablo II: “El Año de la Eucaristía comprometerá particularmente a la Iglesia a vivir el misterio de la santa Eucaristía. Jesús sigue caminando con nosotros e introduciéndonos en los misterios de Dios, abriéndonos al significado profundo de las Sagradas Escrituras. En el momento culminante del encuentro, Jesús parte para nosotros el «pan de vida»”.

El sacerdote al terminar la consagración muestra, sobre el altar, a Jesús Sacramentado y dice: “Este es el misterio de nuestra fe”. Y así es. Sin la presencia de Jesús de Nazaret en la Eucaristía, bajo las formas de pan y vino, nada --o muy poco—sería nuestra realidad espiritual. Por eso hemos de darnos cuenta de la importancia de este año dedicado a la Eucaristía. Y todos debemos mejorar, y ampliar, nuestra forma de estar presentes en el Misterio de la Fe, en la Eucaristía. No estaría mal que aquellos que, todavía, no reciben diariamente a Jesús Sacramentado pensaran en hacerlo. Y estos a quienes nada impide acudir a la Eucaristía diariamente, deberían pensar –y rezar—en todos aquellos hermanos que aunque quisieran recibir la comunión a diario no pueden por falta de sacerdotes, por la lejanía de los templos, o por las circunstancias sociales o políticas que les impiden acercarse a una Iglesia.

 

2.- LA RESPONSABILIDAD DE LOS CRISTIANOS EN TIEMPOS DIFÍCILES

"Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?" La última frase de Jesús en el relato evangélico de San Lucas que se lee en la misa de este domingo 29 del tiempo ordinario es una de las más inquietantes de todo el Nuevo Testamento. El Hijo de Dios, parece que duda de la continuidad de su obra cuando pase un tiempo. Una nueva situación creada en España con las difíciles relaciones entre el Gobierno socialista y la Iglesia española poner de absoluta actualidad ahora, aunque habría que decir, asimismo, que este largo editorial es resumen de muchos planteamientos realizados por Betania en diferentes ocasiones.

Sigamos, pues con el relato de Jesús de Nazaret. Él, Jesús, es el gran agente de nuestra fe, el Maestro que nos ha mostrado la cara visible de Dios invisible. La pregunta, dura e inquietante, de si al volver puede encontrar fe en la tierra puede ser tomada, también, como exclusivamente didáctica, como una advertencia a los Apóstoles. Y, también, a las generaciones venideras, advirtiendo sobre la fragilidad de la fe en el género humano y la necesidad de trabajar con ahínco para mantener dicha fe. Pero también como Hombre Verdadero podría sufrir inquietudes respecto al futuro, aunque como Dios Verdadero conoce el auténtico "resultado final". Hay muchos acercamientos a la psicología del Salvador. Es Romano Guardini quien más habla de las discrepancias entre Cristo y su tiempo. El formidable escritor ítalo germano dice en su obra "El Señor" que las cosas cambiaron, que Jesús pudo pensar que iba a conseguir una Redención en paz cuyo resultado se aproximaría bastante a las profecías de Isaías. Hemos repetido aquí varias veces la teoría de Guardini y no es extraño porque, para nuestro gusto, es subyugante.

LA ACTUAL INCOMPRENSIÓN

Sea cual sea la interpretación que más nos guste, la realidad es que los cristianos tenemos la responsabilidad de trabajar duro para que cuando vuelva Jesús haya fe en la tierra. Tenemos una responsabilidad, compartida con Cristo --así como suena--, en la Redención. No podemos prescindir de nuestra labor en la transmisión de la Palabra de Dios y en el conocimiento de Jesús es el Señor. Fórmulas para acometer ese camino de apostolado habrá muchas y cada uno tendrá que elegir la que más le convenga, pero, en ninguno de los casos, hacer dejación de esa responsabilidad. Y cuando ahora nos quejamos de la incomprensión y de la falta de sintonía de la sociedad actual –y sobre todo de la española—deberíamos de preguntarnos si no seremos nosotros los primeros responsables que no hemos sabido informar y convencer de nuestra realidad. En realidad, ¿no es cierto que en muchos de los ataques dirigidos a la Iglesia se observa una gran ignorancia en torno a nuestras verdades?

En primer lugar es importante que nosotros mismos estemos formados, porque no podemos dar a los demás un mensaje erróneo o inadecuado. El momento en que se inicia la acción de apostolado no puede depender --ni en el fondo, ni en la forma-- de sólo uno de nosotros. El cristianismo es un talante de vida en común, no es una religión de individualismos. Además, hay una acción espiritual y profunda que es la Comunión de los Santos, como unidad en Cristo de todos los miembros --vivos y muertos-- de la Iglesia. Una de las manifestaciones de la Comunión de los Santos es la aportación ininterrumpida de experiencias --a lo largo de toda la historia-- de todos los fieles, y ello junto al magisterio de la Iglesia. Reflejadas dichas experiencias en toda clase de transmisión humana --tradición oral, escritos, libros, cintas, videos, Internet, medios de comunicación, etc.-- suponen un acerbo muy importante. No es simplemente la reunión de una serie de conocimientos: es la acción del Espíritu Santo a través de la Comunión de los Santos.

LA NECESARIA FORMACIÓN

En la formación cristiana la labor de un director espiritual, de un confesor habitual, es insoslayable e insustituible. La elección del mismo dependerá de las posibilidades objetivas, pero en la mayoría de los casos se abre una relación de amistad y de conocimiento mutuo que ayuda mucho. La lectura habitual en la oración es, asimismo, un buen camino formativo. Ciertamente que el rato de oración diario no debe convertirse en una vía exclusiva de estudio, porque la oración es dialogo con Dios, pero en los libros espirituales hay mucho camino oracional y, al mismo tiempo, formativo. Será, precisamente, en lo cotidiano de nuestra relación con Dios, en el trato con el confesor y en la proximidad de otros hermanos es donde se consigue el acerbo válido para iniciar nuestro apostolado. De todas formas, tampoco debemos ponerle puertas al campo y si, en alguna ocasión --formados o no-- tenemos la ocasión de dar un buen consejo, debemos de darlo con el pensamiento puesto en el Señor que, sin duda, nos ayudará en dicho "trámite".

ABORTO Y EUTANASIA

Aun admitiendo la necesaria libertad de todos, en su plano individual y colectivo, al católico muchas de las actitudes del entorno en que se mueve, chocan con sus creencias. Y, en algunos casos, de manera grave y no tolerable. El tema del aborto es algo sin concesiones posibles para el cristiano porque en dicha práctica se está autorizando el homicidio. En el análisis de esta cuestión nos puede servir de ejemplo respecto a las posiciones públicas del católico. Es frecuente que muchas de las personas que defienden el derecho a la interrupción del embarazo parten de una base equivocada: no consideran que el feto sea un ser humano completo, con cuerpo y alma. No van a considerar, pues, la gravedad de dicha práctica. Y es ahí donde el cristiano debe utilizar su capacidad de persuasión para convencer de una verdad. También es posible que tropiece con posiciones falsas o acomodaticias. Es decir, con gentes que sabiendo --o intuyendo-- que se esté quitando la vida a un ser inocente, no lo reconozcan pues sería muy duro o contraproducente. U otras personas que se dejen llevar por un estado de opinión o, incluso, por la legalidad jurídica de la medida sin entrar en el análisis. La cuestión del aborto, por su claridad, es un ejemplo nítido. Pero hay mucho más y de diversa naturaleza.

El asunto de la eutanasia parece un desafío inmediato. Está en las discusiones de todos, cuando hace muy poco tiempo era un tema ciertamente minoritario, aunque la Iglesia ya viene advirtiendo de la gravedad de esta lacra. En España, una película de un joven cineasta de éxito, Alejandro Amenabar, “Mar adentro” está obteniendo un gran éxito y es motivo de polémica. Se cuenta la historia real de un tetrapléjico gallego, Ramón Sanpedro, que consiguió que, ilegalmente, se cumpliera su petición de que le quitaran la vida. La película, claramente partidaria de la eutanasia, envuelve suavemente el problema de un gran efecto sentimental, consiguiendo sobre el espectador una cierta conformidad de tal práctica. No se duda de que en España, muy pronto se va a iniciar una amplia polémica sobre tan grave asunto. Ciertos especialistas creen que la película es el banderazo de salida para poner este problema en la calle. La cuestión es que los católicos debemos tener las cosas muy claras y saber que la eutanasia es un modo más de atentar contra el derecho a la vida.

LA CUESTIÓN DEL DINERO

Es básico analizar bien la cuestión de las relaciones con los hermanos. Hemos de amar al prójimo como a nosotros mismos y eso nos obliga a un trato fraterno con todos. Hemos de profundizar en aquello "de no hacer a los demás lo que no queramos que nos hagan a nosotros" y dentro de ese amor a los semejantes se inscribe un amplio abanico de conductas que, por supuesto, tiene también posiciones encontradas con la sociedad. El primer escollo es el dinero. La acumulación de riquezas y la obsesión por enriquecerse produce más faltas hacia la cristiana Ley del Amor que, cualquier otra cosa. Vayamos, por ejemplo, al tema de una herencia: la disputa entre padres, hijos, hermanos, cuñadas y cuñados por la posesión de un bien puede transformar la amorosa concordia familiar en odio total. La lucha por un ascenso laboral ha roto más amistades que muchos de otros enfrentamientos aparentemente más graves.

Luego está, claro, la acción violenta conducente a la acumulación de riquezas. Se abusa del poder y de la fuerza para obtener mayores beneficios y, al mismo tiempo, se oprime a los hermanos. La sociedad debe tender al bienestar de sus integrantes y esa riqueza que surge del trabajo común o de la armónica explotación de la tierra es camino de bienestar. El reparto de los bienes obtenidos es imprescindible. El igualitarismo es muy atractivo. De hecho, ya en los Hechos de los Apóstoles se narra el primer ejemplo conocido de comunión de bienes. Las órdenes religiosas dentro de la Iglesia han mantenido ese principio en el que la pobreza y la propiedad en común funcionan. El principio liberal de premiar individualmente el esfuerzo es algo coherente. Aunque, tal vez, en la Parábola del Dueño de la Viña, la "política salarial" del patrón no responda a esa idea. Pero, en fin, el esfuerzo debe tener premio porque es un acicate para crear riqueza. El problema surge cuando el poder que da la riqueza se emplea para mal uso del mismo y así obtener más riquezas sin realizar la ecuación justa de trabajo, esfuerzo y rendimiento. No podemos adorar a Dios y al dinero. Lo ha dicho Jesús y el "enamoramiento" del dinero es un vicio de difícil erradicación y que, por supuesto, afecta a ricos y a pobres. De ahí surgen todos los problemas insolidarios. Nuestro amor al prójimo desaparece cuando comenzamos a trazar la línea entre lo nuestro y lo de otros.

SEXUALIDAD Y CULTO AL CUERPO

La sexualidad es un instinto de enorme importancia en la constitución básica del ser humano y, por tanto, merece una atención muy especial. La Iglesia ve la sexualidad como una vía para la procreación dentro del matrimonio cristiano. Lo demás es ilícito, está prohibido. Pero en nuestra sociedad de hoy el erotismo y la utilización del reclamo sexual son muy frecuentes. Los ejemplos son muchos. Hay algunos diseñadores de moda masculina que no parece que vendan ropa, sino jóvenes guapos y apuestos. Por supuesto, en masculino y femenino, eso es lo hacen los fabricantes de ropa interior. El culto al cuerpo existe y hace también sus estragos: la grave epidemia de anorexia es un buen ejemplo. La búsqueda obsesiva por la perfección corporal no es un camino de salud, dentro de la vieja máxima conventual de "mens sana in corpore sano". El entorno de todo este complejo mundo de los llamados "cuerpos perfectos" tiene mucho de engaño y de misión imposible incluso para los jóvenes. Esa obsesión en la gente madura recuerda bastante al mito de Fausto que ya hace muchos escribió Goethe. Y hay mucho de culto al cuerpo en la sexualidad actual. Reina, sin duda, una sexualidad visual continuada y muy generalizada en nuestro mundo de hoy. Y, por supuesto, que no son únicamente los productos situados en los "guetos" pornográficos.

LA PRENSA DEL CORAZÓN

Tal vez, sea mucho más contraproducente el comportamiento público de la gente importante. Sus infidelidades matrimoniales aparecen continuamente en las revistas y programas televisivos que en España llamamos del corazón. Pero lo cierto es que transcienden y se sitúan en plena contradicción con las creencias de un cristiano. De todas formas hay gentes que afean a los católicos que combatan ese falso liberalismo sexual y ellos se sitúan como símbolo de un progresismo mal entendido. La sociedad actual penaliza la castidad con el peor de los medios: el desprecio o la tendencia a ridiculizarla. Tal vez, la gente religiosa más madura, casada, y situada en su ambiente tiene menos problemas. La dificultad está en los jóvenes que han de vivir muy confundidos si no tienen una fe fuerte y un acompañamiento doctrinal eficaz.

Esta sociedad humana tan volátil y móvil ha pasado de ser infinitamente más puritana que la Iglesia de hace unos años --que perdonaba los pecados y comprendía sus causas-- a tener sus principales argumentos en el culto al dinero y en la promiscuidad sexual generalizada. En este sentido, mucha gente no va aceptar que su cónyuge le ponga los cuernos, pero en público va a decir que cada uno tiene el derecho a hacer lo que quiera. Unas nuevas pautas de hipocresía nos invaden. En fin, que muchos de nosotros quisiéramos que existiera una identidad entre nuestras creencias y el mundo que nos rodea. Pero no es así. Diríamos, incluso, que casi ocurre lo absolutamente contrario. ¿Qué hacer?

SUGERIR NO IMPONER

En fin, no sería bueno que los cristianos impusieran su postura moral por la fuerza. Volveríamos a viejos caminos y, desde luego, nos situaríamos enfrente de la libertad de cada uno. Tenemos que convencer y persuadir. Y, a partir de ahí, cambiar el mundo. La persuasión es muy importante. Jesús pasó toda su vida terrena intentando convencer a sus coetáneos de la proximidad del Reino y de su condición de Hijo de Dios. Solo una vez empleo una cierta violencia al sacudir con unas cuerdas --no con un palo, ni con un hierro y mucho menos con un cuchillo-- a los mercaderes del templo. Hemos, pues, de ejercitarnos en la persuasión más que en cualquier otra cosa. De lo que se trata, por muy utópico que parezca es que tenemos que convertir a todos y cada uno de nuestros hermanos. Qué ellos sientan la misma alegría que nosotros al seguir el camino de Cristo.

Mientras tanto deberemos estar vigilantes. El mundo puede también transformarnos a los que estamos convertidos. No es fácil la perseverancia. Ni las ideas están todos los días claras. Será la oración y la proximidad a Cristo las que nos mantenga en el camino que buscamos.

 

3.- REZEMOS POR EL CARDENAL ROUCO

El Arzobispo de Madrid, y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Cardenal Antonio María Rouco Varela, ha sufrido la semana pasada una grave operación quirúrgica en la que se le ha extirpado un riñón. Aunque ya está dado de alta, y fuera del hospital, y, asimismo, inicia su recuperación que le llevará a volver a ocupar de sus actividades normales, debemos ofrecer oraciones por él. Para que logre su total recuperación y pueda seguir con normalidad su actividad apostólica y pastoral. Pedimos, pues, a todos los lectores de Betania –de Europa y América—oraciones por monseñor Rouco