Domingo XXVII del Tiempo Ordinario
3 de octubre de 2004

NOTA PREVIA

Desde que hemos cambiado el formato de Betania, en la página de inicio hay un breve resumen de lo que nos trae –desde el punto de vista espiritual y litúrgico—cada domingo. Ese texto puede servir para completar la monición de entrada. Merece la pena tenerlo en cuenta.

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la Eucaristía. Hoy, todos juntos aquí, con nuestras almas en cercanía y las manos entrelazadas, vamos a pedirle al Señor que aumente nuestra fe. Los tiempos parecen malos y será una fe firme la ayuda fundamental para superar las dificultades propias y las generales. Ojalá salgamos del templo con la idea clara de que Dios nos ha escuchado y que nuestra fe vale un poco más que cuando entramos.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura procede de la profecía de Habacuc. Para el profeta la fe es el mejor patrimonio y la mejor defensa contra el infortunio. El Señor Dios le promete al profeta algo fundamental para nuestras vidas: “El Justo vivirá por su Fe”. Y va a ser, precisamente, la fe el argumento principal de las lecturas de este domingo.

S.- Vamos a cantar (o proclamar) el salmo 94. Es una invitación a la alabanza constante dirigida a Dios como creador y como Padre fuerte y misericordioso. Hace referencia, también, a la rebelión del pueblo judío en Meribá durante el éxodo por el desierto. Para nosotros tiene que ser el reconocimiento constante y perpetuo de la labor creadora de nuestro Padre Dios.

2.- La fe y la humildad nos llevarán –tal como pide Pablo en su Carta a Timoteo—a dar la cara por el Señor. El mundo necesita –hoy y siempre-- que lo hagamos. Y habla también Pablo del Espíritu que llenó a Timoteo cuando fue ordenado obispo de Efeso. Espíritu de Gobierno y fortaleza para llevar a la nave de la Iglesia a buen puerto.

3.- Cuando los discípulos piden a Jesús que les aumente la fe, el Señor les recomienda humildad, considerarse “siervos inútiles”. Hemos de tenerlo muy en cuenta al escuchar el relato del evangelio de san Lucas. Tras oírlo –ahora dentro de unos instantes—debemos aceptarlo como fuerza de reflexión y de cambio. Y con ello nos llegará la fe que tanto deseamos y necesitamos.