1.- PERSEVERAR

Por David Llena

¿Qué fue de aquel programa que entusiasmo a la gente?, ¿qué fue de de aquellas bienaventuranzas, de aquel pan que sació nuestra hambre, de aquellos milagros que nos dejaron atónitos? Jesús, aquel profeta, parecía algo más, muchos creyeron que se trataba del Salvador esperado, que sacaría a Israel de su esclavitud. Pero ahora, pasado el tiempo, Jesús nos habla con parábolas duras, nos invita a que abandonemos la familia por Él, que abandonemos nuestros bienes y empieza a mostrar verdadera debilidad y querencia por los pobres como aquel Lázaro, o por los que se han alejado y empezamos a no ver las cosas claras…

Y para colmo esta semana nos dice que nuestra fe, no llega al tamaño de una semilla, y nos pide un servicio humilde y de esclavo. Pero ¿cómo va a liberar a Israel de su esclavitud con estas “tonterías”?. Si actuamos como Jesús nos indica, nos pisotearán, si no humillamos a los demás quedarán por encima nuestra, es imposible que Israel esté por encima de los demás con esta actitud.

Pero ahí está el detalle. Dios no quiere un Israel por encima de los demás pueblos, el quiere que todos los pueblos le reconozcan como Dios y que todos nos veamos como hermanos, sin que nadie domine a nadie, porque el dominio, el poder son atribuciones que nos hacemos. Cuando tenemos un Dios el cual es dueño de todo poder, de toda dominación, de todo lo creado, no podemos atribuirnos nada y si Dios reparte a todos sus hijos, ¿quienes somos nosotros, quien soy yo, para ir contra la voluntad de Dios?

Además, Cristo no es de los que se esconden cuando hay que dar la cara, de los que cierran los domingos. cuando le buscan le encuentran, es capaz de saltarse la Ley del Sábado, o comer con manos impuras o junto a los discriminados por la sociedad, Él pone al hombre antes que todo, pues ha venido a salvar al hombre la ley pasará pero el hombre tiene reservado un sitio junto a El.

Es algo inconcebible, es algo que supera la más grande de las inteligencias, es algo inimaginable, es algo que se escapa de nuestros sentidos y de nuestra comprensión, Él lo sabe y por eso apela a nuestra libertad para que le sigamos (haciendo un acto de fe)y por eso no puede engañarnos, nos ha mostrado como será el cielo junto a Él pero sabe que los que libremente no le sigan (entre ellos el Príncipe del mal) pueden banalizar lo que Él creó, lo creado y la criatura, que podemos (al igual que Israel en el desierto) olvidarlo todo ante estas visiones engañosas, y nos pone alerta “Tened cuidado con aferraros a lo que no es importante”, “No os esclavicéis por nada”, “Estad en vela”.

 

2.- MATRIMONIOS

Por Pedrojosé Ynaraja

Revolotean por mi interior dos cuestiones. Por una parte, la que he vivido más próxima a mí: el matrimonio, ya que gente amiga celebraba estos días sus bodas de oro.

El otro tema es el que abunda en las páginas de papel de los periódicos y en la pantalla de las publicaciones cibernéticas, se trata de las uniones de “conjuntos peculiares”. Ya en otras ocasiones he dicho que era preciso vigilar el vocabulario. Nuestra secular tradición ha acuñado el sentido que la palabra matrimonio tenía, sin necesidad de acudir a una oficina de patentes a registrarla. Los de los “conjuntos peculiares” deberían escoger un termino que les definiera con más acierto.

En mi vida me he topado con las más diversas realidades. Me ha hablado uno de sus “tropiezos” con un compañero, otro de su “amigo” estable, con el que vive y convive, o aquella otra que conocí con ansias de ir a misiones y poner en práctica sus estudios médicos, que finalmente no acabó, tampoco se fue, posteriormente se casó y se descasó, y finalmente un día me presentó a su amante, chica por supuesto. Y en nuestros encuentros no han surgido conflictos, como tampoco en tantos otros cuyos criterios de vida no nos eran comunes. Siento una cierta indiferencia, y no aprecio, ante tales uniones que llamaba peculiares. Pero parece que no es común esta actitud. Allá ellos.

Recordaba estos días, a raíz del contacto con el matrimonio del que hablaba al principio, la efervescencia piadosa que se vivía en los tiempos que ellos se casaron, centrada en la espiritualidad matrimonial. Recuerdo los equipos “Nôtre Dame”, los de Pío XII, y otros que aprovechando todo lo bueno de aquí y allá, se enriquecían de ilusión cristiana y gracia. Gracia santificante que les llegaba a consecuencia de la mutua donación de amor en el seno de la Iglesia que lo celebra como un sacramento.

Me parece que se gastan hoy demasiadas energías en condenar. Lo que me preocupa, y a lo que trato de dedicarme, son las uniones celebradas según un ritual católico, aquellas que pretenden por parte de la Iglesia, que se trate de un sacramento, es decir una fuente de Gracia, sin que tenga yo claro que lleguen a serlo. El matrimonio es un compromiso definitivo de mutuo amor, respeto e ilusiones, que se proyectan en la eternidad, pues los hijos deseados podrán ser santos para el Cielo. ¿Es esta la realidad?Tiene uno la sensación de que ni la misma clerecía lo cree demasiado. Muchas veces los despachos parroquiales encargados de los trámites, se limitan al papeleo y a ofrecer unos cursillos. Reconozco que debe ser muy importante exigir legislaciones adecuadas, por parte de las personas competentes, pero me temo que mientras tanto los otros se olvidan de los asuntos de casa. ¿Qué lograremos con una legislación buena si los que matrimonian según normas canónicas, desconocen lariqueza y ayuda espiritual que ofrece este maravilloso sacramento? ¿Es tan importante conseguir una legislación civil correcta mientras siguen los divorcios, se multiplican las declaraciones de nulidad y aquellos que continúan juntos en nada se diferencian de los que se han limitado a ser “pareja de hecho” o a celebrar un contrato sin darle el más mínimo sentido de trascendencia?