Domingo XXVI del Tiempo Ordinario
26 de septiembre de 2004

Orar con la Liturgia

**Textos para los Grupos Betania de Oración


Domingo VigÉsimo SEXTO del Tiempo Ordinario

Los "formularios" que publicamos todas las semanas tienen como misión facilitar el acto de hacer oración y van, especialmente destinados a todos aquellos que participan en los trabajos litúrgicos o de preparación de la misa dominical. Muchas veces el trabajo de lectores o de monitores resta atención a lo que se lee o a lo que se dice en función del peso de la responsabilidad de tener que comunicarlo a los demás. Y por ello nos preguntamos continuamente, ¿reciben lectores y monitores el mensaje que están facilitando a los demás? Pues tal vez no y por eso es bueno pararse a meditar previamente lecturas y demás piezas que constituyen lo esencial de este domingo.

LA FORMA

El grupo debe reunirse en un momento de tranquilidad olvidando la presión de los futuros trabajos --fotocopias, turnos de lectura, etc.-- y ser conscientes todos de que se abre un momento de plegaria a Dios.

Si asiste un sacerdote deberá dirigir la oración. Si no es así lo hará cualquiera de los integrantes del grupo de liturgia. Es bueno pedir ayuda a Dios, antes de nada, para realizar con frutos esos momentos de oración. Y la formula puede ser:

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Señor Dios Padre nuestro, te pedimos gracia para comprender mejor la Palabra que se transmite en la Eucaristía Dominical. Concédenos la presencia cercana y gratificante del Espíritu Santo. Te lo pedimos por tu Hijo --y Maestro Nuestro--el Señor Jesús.

Tras un breve silencio se leerán las lecturas del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario. Es interesante, también, leer también las moniciones pues nos acercarán mejor al contenido total de lo que queremos hacer. Y asimismo las homilías darán material de reflexión. La idea es preparar unos folios especiales en los que se peguen moniciones y lecturas. Y luego las preguntas para la meditación.

LA MEDITACIÓN

A continuación, en ambiente de gran recogimiento, un buen lector leerá lenta y con buena entonación las siguientes ideas fuerza que servirán para la meditación.

1.- Tal vez no sean necesarias esta semana tantas preguntas. Nos enfrentamos al tema de los pobres. Jesús lo explica bien. La parábola del Pobre Lázaro y del Rico Epulón pues está muy clara. Pero incluso nosotros que trabajamos en parroquias y movimientos somos capaces de distinguir entre varias clases de pobres. Prefiriendo a los más simpáticos o los que más nos adulan. Ante los muy pobres todos somos ricos.

2.- Son muchas las parroquias que tienen “adosados” uno o más pobres. Se sitúan en la puerta del templo y esperan. ¿Qué hacemos nosotros por ellos? ¿Nos limitamos a despreciarlos o a mirarlos por el encima del hombro?

3.- ¿Somos verdaderamente solidarios con las gentes de nuestra parroquia que trabajan en Cáritas? ¿O, por el contrario, nos desentendemos de eso porque no es agradable tratar con pedigüeños, andrajosos o extranjeros sin recursos?

Esta semana no hay más preguntas. Creemos que son suficientes. Hasta la semana que viene.