Domingo XXVI del Tiempo Ordinario
26 de septiembre de 2004

La homilía de Betania


1. - LA CASA DE LOS ESPEJOS
Por José María Maruri, SJ.

2.- TENÍAN MÁS DICHA LOS PERROS
Por Antonio Díaz Tortajada

3.- ANTES QUE LA CARIDAD ESTÁ LA JUSTICIA
Por José María Martín OSA

4.- RECUERDA TU PASADO
Por Javier Leoz

5. - PACIENCIA Y DELICADEZA
Por Ángel Gómez Escorial


1. - LA CASA DE LOS ESPEJOS

Por José María Maruri, SJ.

1. - Un hombre tenía una casa con grandes ventanas a través de cuyos cristales transparentes veía a los niños jugar en el jardín, al anciano sentado en un banco tomando el sol, a la joven madre empujando el cochecito de su hijo, a la pareja de novios tomados de la mano. A través de los cristales transparentes participaba en la vida de los demás, se conmovía su corazón, se comunicaba con los hombres, y al fin llegaba a Dios.

Pero un día comenzó a cambiar los cristales transparentes por espejos y al poco se vio aislado de todos y de todo. Dejó de ver a los hombres y dejó de ver a Dios. Y ya no se vio más que a sí mismo reflejado en cientos de espejos. Siempre veía su rostro, cada vez más sombrío, más aislado, más triste. Encerrado en vida en una tumba de espejos. Separado de todos por un gran abismo que nadie puede pasar.

2. - Yo creo que esta es la enseñanza de Jesús en esta parábola. No alaba la pasividad del pobre alentando su estoicismo con la promesa de un futuro feliz. Ese Jesús que nos dice que el Reino de Dios está entre nosotros y que ha venido a poner fuego en la tierra.

No condena al rico por ser rico, ni bendice al pobre por sólo ser pobre. No trata del problema social, ni el problema de clases. Jesús va a la raíz de todos estos problemas que es el egoísmo brutal del hombre.

3. - Jesús viene a decirnos una vez más que nadie puede salvarse solo, que nadie puede prescindir de los demás, que todos necesitamos de todos, que no podemos ser hijos de Dios, si no somos hermanos de los hombres, hijos de un mismo padre: Padre Dios.

El rico también se da cuenta de que necesita a los demás, que necesita a Lázaro, pero cuando ya es tarde, porque el encuentro entre hermanos se da en esta vida. Es en esta vida en la que se da pan al hambriento y agua al sediento y consuelo al que lo necesita. Es en esta vida donde abrimos el abismo entre hermanos que durará para siempre. Es en esta vida donde marginando a los demás, nos marginamos para siempre a nosotros.

4. - El hombre cuanto más se da y se mezcla con los demás y se deshace por ellos más vuelve a su ser, a su dignidad, como si la sal volviera al inmenso mar de que salió, se encontraría más en su ambiente, en sí misma, en lo que siempre fue.

Como esos santos de la caridad cristiana, san Vicente de Paul, san Pedro Claver y tantas y tantas personas dedicadas a los demás, que cuanto más se han dado y deshecho por los hermanos, por esa inmensa humanidad de que salieron y a la que pertenecen, más grandes han sido y más cercanos a Dios.

Consultad a vuestro corazón, nunca os sentís mejor que cuando cerrados los ojos a vosotros mismos, hacéis algo por los demás. Y es que a eso nos lleva la tendencia del hombre que por naturaleza está abierto a los demás. De ellos venimos, a ellos tenemos que ir.

Y nunca nos sentiremos tan mal como cuando por una sola mirada, una palabra, un gesto abrimos un abismo entre nosotros y un hermano, sin darnos cuenta de que en realidad lo he abierto entre Dios y yo.

Aprendamos de nuestro Dios que existiendo un abismo entre Él y nosotros, Él lo ha rellenado haciéndose uno de nosotros... Sepamos hacernos uno de los demás.


2.- TENÍAN MÁS DICHA LOS PERROS

Por Antonio Díaz Tortajada

1.- Un profeta, Amós, que vivió siete siglos antes de Cristo, pero que se encuentra con una situación social muy parecida a la nuestra: Su voz no pertenece a los siglos perdidos; su voz se hace actualidad hoy. Un Cristo que nos cuenta una parábola tan terrible, de la suerte que se transforma del rico y el pobre en esta vida y en la otra; no es un cuentecito que Cristo contaba para endulzar los oídos de hace veinte siglos; es la amonestación seria de un Dios que nos dice para qué nos ha creado y cuál es el uso que hay que hacer de las cosas.

Aquí, el profeta Amós describe ese imperio de las tinieblas bajo el aspecto del lujo; esa vida muelle, qué bien la describe el profeta, a pesar de ser un pastor del desierto de Judea enviado contra su voluntad por el mismo Dios al reino del norte de Israel, donde bajo el imperio de Jeroboam II, una sociedad en bonanza, en paz, no sabe aprovechar este signo de la paz para adorar a Dios y agradecérselo, sino para hacer una vida muy lujosa.

“Os acostáis en lechos de marfil, tumbados sobre las camas. Coméis los carneros del rebaño y las terneras del establo“. Son esas terneras que se alimentan sólo de leche y naturalmente su carne es muy blandita y esto gusta a los sibaritas del norte; “Canturreáis al son del arpa, bebéis vinos generosos, os ungís con los mejores perfumes y no os doléis de los desastres de José“.

2.- Y Cristo en su parábola, como haciendo un eco a esa vida muelle señala: “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino, y banqueteaba espléndidamente cada día“. Podrá preguntar el rico epulón y los ricos del norte de Galilea, y todos aquellos que se dan a la vida muelle, comodona: ¿Qué pecado hay en eso? Parece que no hay pecado. Y, el primero de los pecados es el haber subvertido el sentido de la propiedad. Como decían los paganos, definiendo la propiedad privada; “Jus utendi et abutendi“, derecho de usar y de abusar; si es mío, ¿por qué no voy hacer lo que me da la gana?

No, el derecho de propiedad tiene unos límites, los que señala aquí la lectura sagrada en san Pablo a Timoteo. Dios le da la vida a las cosas del mundo y tienes que ver para qué las ha creado Dios. Y si es cierto que la propiedad privada es un derecho, sin embargo tiene, una función social. Producir más sí, pero para el bien común. Los bienes que Dios ha creado para todos tienen que canalizarse por estructuras hacia al bien, hacia la felicidad de todos, y que no se dé este terrible contraste señalado por las lecturas de hoy: mientras él se banqueteaba, un pobre ni siquiera comía las migajas que caían de su mesa.

3.- Y aquí tenemos las consecuencias de esta vida muelle, los errores tremendos. Además de ese falso concepto de propiedad, lo más terrible es esto: Metaliza, hace insensibles a los hombres. Qué es lo que aquí denuncia Jesucristo cuando dice que mientras el rico se banqueteaba, Lázaro “estaba echado en su portal cubierto de llagas y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba. Hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas“ Tenían más dicha los perros, los cuales podían comer los mendrugos con que el rico se limpiaba sus manos o los platos y se los tira al perro, y el pobre siquiera eso quería y ni eso se le daba. O como dice la primera lectura, también, después de describir esas orgías; “Y no os doléis de los desastres de José“. José era la tribu que se consideraba como más pobre, más necesitada; y los necesitados de José, pues eran como la expresión de la pobreza suma, de la miseria. Mientras unos, pues tienen abundancia, son insensibles. Este es el pecado grave, la insensibilidad.

¿Por qué no compartir, como dicen los profetas, hasta nuestras pobrezas? Es una traición, según el profeta Amós, contra la alianza con Yahvé. Si Dios había hecho una alianza con este pueblo, “seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios“, pero con la condición de que se sintieran todos pueblo de Dios, hermanos unos de otros. Tanto era así que leemos una ley en el Levítico que “la tierra no puede venderse para siempre, porque la tierra es mía, ya que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes“. Era el concepto de los ricos de Israel de que ellos eran como renteros de Dios, como que Dios les había rentado unas tierras; la propiedad privada la consideraban a la luz de Dios y el pobre era el representante de Dios al que había que pagarle esa renta de la tierra. De allí que el rico y el pobre debían de sentarse a compartir juntos como dos limosneros. Dios le da limosna al rico y Dios, por el rico, le quiere dar limosna también al pobre.

4.- Qué hermoso sería este concepto bíblico de pobreza y riqueza. No es malo tener. Ojalá todos fuéramos ricos. Lo malo es la insensibilidad. Lo bello es que el que tiene dé, y comparta como hermano, como compañero de mendicidad con el pobre. Tú eres un mendigo. Yo también soy un mendigo; porque lo que tengo Dios me lo ha prestado, prestado. A la hora de la muerte tengo que devolvérselo todo. Compartamos pues, esto que es de mutuo regalo de Dios. Alabemos los dos al Señor. Como desaparecerían la violencia, los odios, las luchas de clase.

Dios ha dado a todos para que todos hagamos del mundo, creado por Dios para felicidad de todos, una antesala de ese reino de los cielos. La Iglesia es consciente de que en este mundo no tendremos un paraíso perfecto, pero sí, tenemos la obligación de reflejar en este mundo imperfecto, algo del reflejo amoroso de la eternidad. Y los cristianos que de veras vivimos la esperanza de ese cielo, debemos vivir esperando ese más allá, tratando de ganárnoslo precisamente haciendo la justicia y el amor en esta tierra.

Hay una relación bien directa, entre la esperanza de salvación del más allá de mi muerte y el trabajo presente temporal, y que nadie que sea injusto en esta tierra tendrá parte en el reino de los cielos, donde reina la justicia y el amor.

5.- Y estos dos episodios de Amós y de Jesucristo nos están diciendo, como los profetas, como la voz de Dios llegaba para anunciarles precisamente esa esperanza y para hacer a los hombres más justos, más humano, más comprensivos; porque además, y esto es más grave todavía, otra gran derivación del lujo, de ese abuso de propiedad privada, de ese afán de tener y de vivir cómodamente y no importarle nada el prójimo, esta otra insensibilidad mucho más horrorosa y trágica, la insensibilidad frente a Dios.

Oyeron el final de la parábola, cuando el rico desde el infierno, le pide al padre Abrahán que mande un profeta, un mensajero a sus cinco hermanos que todavía están en la tierra abusando de sus propiedades, para que se conviertan y no vayan a caer en ese lugar donde él ha tenido la desgracia de caer. Y la respuesta de Abrahán es terrible: “Allá tienen a Moisés y a los profetas“Allá tienen la Iglesia que predica; allá tienen sus predicadores de la justicia social y del reino de Dios, que los oigan. “No, padre Abrahán –dice aquél desde el infierno– si va un muerto, le atenderán mejor“. Y la respuesta es tremenda, cuando dice, al terminar la parábola: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto“. Qué terrible sentencia.

¿Cuál es el buen uso, pues, entonces, de las riquezas, de los bienes? En la segunda lectura de hoy, tenemos unas normas preciosísimas. Dice san Pablo a Timoteo, su discípulo, en primer lugar: “Siervo de Dios“. Tenemos que considerarnos así. Dios es el Señor y todas las cosas, dice san Pablo, han sido hechas por ese Dios que da la vida al mundo por medio de Jesucristo, que ha de volver a tomar cuenta a los hombres de cómo han manejado ese mundo creado por Dios. Es el “el único poseedor de la inmortalidad. Habita en una luz inaccesible y ningún hombre ha visto ni puede ver. A él, honor e imperio eterno“.

Cuando nuestra vida sea así, teocéntrica, Dios en el centro de mi vida y desde Dios derivar mis relaciones con los prójimos, desde Dios derivar el uso de las cosas que Dios ha creado, desde Dios, centro que ilumina mi ética, sería honrado, honesto, no diría la mentira, no distorsionaría las noticias, no calumniaría; porque sé que Dios me va a pedir cuentas. Desde Dios, y luego, desde allí, san Pablo deriva: “Practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe“.

6. La escatología es lo final, la esperanza que nosotros esperamos, el más allá que en las lecturas de hoy queda bellamente iluminado. Como terminó la primera lectura de Amós, anunciando no un infierno del más allá, sino un infierno de esta tierra. Pocos años después de estas denuncias de Amós vino el imperio de Asiría y se cumplió esto que dice Amós en el último versículo de hoy: “Por eso irán al destierro a la cabeza de los cautivos. Se acabó la orgía de los disolutos“. De Dios nadie se ríe. Su ley imperará para siempre. Y este Dios, que es amor para nosotros, se convierte en justicia cuando no se ha sabido captar la invitación del amor. Por eso Dante, en la puerta del infierno, al describir en La Divina Comedia el infierno, dice esta palabra paradójica: “Amor mi fecce que mi fa parlare“, me hizo el amor que me hace hablar. ¿Es posible que el amor de Dios haya hecho el infierno? Aquí lo tenemos en la lectura de hoy, el amor de un enamorado menospreciado. Escojamos ser los pobres de Yahvé.


3.- ANTES QUE LA CARIDAD ESTÁ LA JUSTICIA

Por José María Martín OSA

1.- San Pablo en la Primera Carta a Timoteo anima a la práctica de varias virtudes: la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Es curioso, pero la primera de todas es la justicia. No hay caridad (amor) sin justicia, la piedad desligada de la justicia puede ser falsa, la fe que no se traduce en obras está muerta, la paciencia y la delicadeza no son enemigas de la denuncia y del compromiso solidario con los oprimidos.

2.- ¿Cómo podríamos hacer una adaptación actual de la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro? Puede ser ésta: En un país de África, en una zona devastada por la guerra y la sequía, vivía un pobre hombre que se moría de sed y de hambre. Su aspecto escuálido apareció un día en el telediario. Era una imagen desagradable que "estropeaba" la opípara comida que cada día disfrutaba la familia. Tras las imágenes de la orgía disoluta de la "gente del corazón", parecía de mal gusto que las agencias internacionales sirvieran esta escena. Nadie sabía donde estaba exactamente ese país, pues África es un continente desconocido para la gran masa. Y ya se sabe... lo que no sale en los medios de comunicación, no existe. Pero ese día la noticia produjo un escalofrío en todos los miembros de la familia. Pero duró sólo un instante, pues a continuación entraba el presentador de la sección de deportes comentando la catástrofe que había ocasionado en el club de los galácticos la dimisión de su entrenador.

Durante más de diez minutos esta noticia y sus comentarios correspondientes ocupó la pantalla del televisor. La otra imagen, la del pobre desnutrido, pronto se borró de la memoria de toda la familia. No se volvió a saber nada de aquél hombre, pero la realidad es que murió unas horas después. Muchas familias lo vieron, pero sólo alguna reaccionó. ¿Qué les dirá nuestro Padre del cielo cuando lleguen a las moradas eternas? ¿Qué justificación a su indolencia podrán aducir todos aquellos que vieron el telediario? Seguro que el Padre abriría las puertas de su mansión a aquel pobre hombre.

3.- La parábola no invita a la pasividad, pues al fin y al cabo el hombre hambriento será acogido por el Padre. Las lecturas denuncian la desigualdad y el injusto reparto de las riquezas que es mayor cada día. ¿Cómo puede justificarse que el 1 % de la población rica posee más que el 57 % restante, o que las 358 personas más ricas del mundo disfruten de una renta superior a 2.600 millones de personas. Los bienes de la tierra están mal repartidos y esto es una injusticia sangrante. Dios quiso el destino universal de los bienes, que han sido creados por Dios para que puedan disfrutarlos todos los hombres.

Si en alguna parte del mundo hay hambre, entonces nuestra celebración de la Eucaristía queda de algún modo incompleta en todas partes del mundo. En la Eucaristía recibimos a Cristo hambriento en el mundo. El no viene a nosotros solo, sino con los pobres, los oprimidos, los que mueren de hambre en la tierra. Por medio de él estos hombres vienen a nosotros en busca de ayuda, de justicia, de amor expresado en obras. Como señaló en cierta ocasión el P. Arrupe, no podemos recibir dignamente el pan de Vida si al mismo tiempo no damos pan para que vivan aquellos que lo necesitan, sean quienes sean y estén donde estén. Porque el mundo es, hoy día, una aldea global en la que todos somos conciudadanos. ¿A qué me comprometo yo cuando recibo la Sagrada Comunión? Es una pregunta exigente y vital. Y también apremiante. Quiera Cristo, a quien recibimos, dar a cada uno de nosotros la valentía para no rehusar este don de nosotros mismos, no echarnos atrás ante él, no ponerle límites. Ojalá seamos nosotros tan generosos con él, como él lo es con nosotros.


4.- RECUERDA TU PASADO

Por Javier Leoz

1.- Tener buen corazón, y buenos sentimientos en él, es la clave de la felicidad y de la verdadera riqueza. Cuando uno pasa por la vida siendo rico Epulón “sin corazón”, sin recordar su pasado por camino de rosas y ajeno a los Lázaros que le rodean corre el riesgo de quedarse al margen de la felicidad que produce el vivir con menos cuando se comparte con los demás. Es bueno y ventajoso ir incorporando, en esos kilómetros de bendición que Dios nos ha concedido, a otros amigos nuestros a los que la suerte les dio la espalda.

¿Dónde está la felicidad? En el principio de los tiempos se reunieron varios demonios para hacer una de las suyas.

Uno de ellos dijo:

--Debemos quitarles algo a los hombres, pero, ¿qué?

Después de mucho pensar uno dijo:

--¡Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la puedan encontrar.

Propuso el primero:

--Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.

A lo que inmediatamente repuso otro:

--No, recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está

Luego propuso otro:

--Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar

Y otro contestó:

--No, recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien construirá algún aparato para poder bajar y entonces la encontrará.

Uno más dijo:

--Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra.

Y le dijeron:

--No, recuerda que tienen inteligencia, y un día alguien va a construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad.

El último de ellos era un demonio que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás. Analizó cada una de ellas y entonces dijo:

--Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren.

Todos se volvieron hacia él asombrados y preguntaron al mismo tiempo:

--¿Dónde?

El demonio respondió:

--La esconderemos dentro de ellos mismos, en su corazón, estarán tan ocupados buscándola fuera que nunca la encontrarán.

Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así: el eterno, moderno y actual Epulón, sigue viviendo en nosotros, desde el momento en que nos pasamos la vida buscando la felicidad sin saber que la llevamos consigo en las entrañas y cuando la ofrecemos cuando ponemos el corazón en los demás.

2.- Hay hombres y mujeres que nacen con estrellas y otros que viven en un constante accidente: estrellados.

**Existen hombres y mujeres que ponen toda su ilusión en la apariencia y en el tener frente aquellos otros que cabalgan en el lomo de la indigencia.

**Hay personas que cuidan su corazón como el mejor tesoro y el mejor espacio para ser felices. Otros, en cambio, prefieren los sueños palaciegos, el glamour de los títulos y el señorío del dinero que adultera y corrompe las entrañas de la humanidad.

3.- Ojalá sepamos cumplir con lo esencial y esforzándonos por escuchar lo que nos dicta el corazón: acoger a los demás fructifica en un no estar ya nunca solos, ahora en la tierra, y un día por, intereses acumulados, junto a DIOS.

No hay nada peor que un corazón embravecido y ensombrecido por las seducciones del día a día y de espaldas a tantas realidades no tan halagüeñas como las nuestras.

Curar y cuidar el corazón debe ser un objetivo de este recién iniciado curso, entre otras cosas, porque Dios no habla tanto por lo extraordinario cuanto en lo ordinario de cada día. Y, ahí, nosotros tenemos mucho que ver y otro tanto que hacer. ¿Lázaro o Epulón? ¡Ese es el permanente dilema para alcanzar y dar felicidad!


5. - PACIENCIA Y DELICADEZA

Por Ángel Gómez Escorial

1. - "Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza", dice Pablo de Tarso. Hay siempre unos matices de gran relieve en los escritos de Pablo. En la Segunda Carta a Timoteo, que se lee en este Vigésimo sexto Domingo del Tiempo Ordinario, nos ofrece todo un programa. Tiene, incluso, mucho sentido consignar de final al principio esas virtudes. Delicadeza, paciencia, amor, piedad, justicia. San Pablo que era un hombre de extraordinaria fortaleza y empuje estaba "tocado" por la acción del Espíritu que es quien da esos brillos importantes a nuestra alma. Necesitamos paciencia y delicadeza para tratar justamente al prójimo y será nuestro amor hacia él --y, por tanto, a Dios-- lo que nos incline a una auténtica piedad. No es esto un juego de colocación caprichosa de unas mismas palabras. Se trata de un contenido vital al que se accede tras buscar santidad en nuestras vidas. No solemos situar al principio de nuestros habituales comentarios las palabras de la Epístola, porque, obviamente, siempre será más profunda la "lección" del Evangelio, pero no es posible sustraerse a la belleza espiritual de los textos de Pablo con su concreción en el camino para una mejor conducta nuestra.

.2. - Es San Lucas un relator del amor a los hermanos y, por tanto, de la necesidad de una mayor equidistancia en cuanto a poder y riquezas respecto a ellos. Pero en la parábola del pobre Lázaro hay mucho más que ese camino de justicia referido a las necesidades de los hermanos que nos pide el seguimiento de Cristo. Aparece el diálogo entre lo cotidiano y el más allá. El rico Epulón pide al padre Abraham que descienda un muerto para que convenza a sus hermanos de que tomen el camino adecuado. Abraham va a contestar que no creerán a un resucitado y, ciertamente, así va a ser. La Resurrección de Cristo sirvió para impulsar el camino de la Iglesia, la continuidad en la Redención de sus discípulos. Pero aquellos que le condenaron, le torturaron y le asesinaron iban a quedar donde estaban. No se convirtieron en su gran mayoría. Es cierto que el Señor no buscó aparecerse a todos y lograr sobre el Israel de entonces una generalizada y maravillosa manifestación del poder de Dios. Sin embargo, todo el que quiso creer, creyó. Es decir, las apariciones de Jesús se multiplicaron dé tal manera que era difícil sustraerse a ellas. Habla Pablo de que se apareció a más de quinientos, después de personalizar con nombres otro buen número de apariciones. Más de quinientos testigos en un ambiente tan interrelacionado como podía ser el Jerusalén -incluso la Galilea- armarían suficiente "ruido". Pero no sirvió para que muchos de sus coetáneos cambiaran. Y en cuanto a los signos prodigiosos que Jesús realiza durante su predicación tampoco sirvieron, aunque ellos produjeron un autentico clamor popular.

3. - Lo extraordinario --lo milagroso-- puede estar cerca de nosotros, mas para verlo hemos de tener los ojos preparados para ello. La fe, el amor, la piedad, la paciencia, la delicadeza abren los ojos a lo extraordinario. No es que hagamos aquí ningún planteamiento respecto a que nuestras vidas estén abiertas a los milagros. Nuestras vidas --las de los creyentes-- son objetivamente idénticas a las de cualquiera, pero la cercanía del Señor y la presencia del Espíritu nos pueden hacer comprender muchas cosas que para otros pueden ser incomprensibles.

¿Existen los milagros, los prodigios, los hechos maravillosos? Pues, sí; porque cuando un hombre --o una mujer-- joven lo deja todo para dedicarse a cuidar enfermos terminales o ancianos que ya no quiere nadie, ahí se está operando un milagro evidente. Y tal prodigio no sería nunca advertido por los hermanos de Epulón aunque volviese a la vida él mismo. Habrá muchos ejemplos de puros milagros, que lo son si aplicamos la lógica de nuestros días. Es un prodigio cuando también una mujer --o un hombre-- joven se recluye para siempre en un convento para rezar por quienes nadie reza. Tal vez, no es menos milagro el caso de muchos hombres y mujeres corrientes que no dejan amilanar o afectar por lo "corriente", por lo "habitual" de este mundo de hoy pero que conlleva la injusticia, la violencia, el desamor, la opresión de los hermanos. En fin, tampoco vamos a seguir relatando la especialidad de tales vidas entregadas al seguimiento de Jesús porque sus protagonistas creen --y tienen razón-- que solo están haciendo lo que deben hacer.