Domingo XVII del Tiempo Ordinario
28 de julio de 2019

La homilía de Betania


 

1.- LA ORACIÓN DEL CRISTIANO

Por José María Martín OSA

2.- JESÚS NOS ENSEÑA A ORAR

Por Francisco Javier Colomina Campos

3.- LOS CRISTIANOS TENEMOS LA OBLIGACIÓN DE ESPERAR QUE EL MENSAJE CRISTIANO TRIUNFE SOBRE LA MALDAD DE ESTE MUNDO

Por Gabriel González del Estal

4.- Y LES ENSEÑÓ EL PADRENUESTRO

Por Antonio García-Moreno

5.- EVANGELIZAR… DE RODILLAS

Por Javier Leoz

5.- LLAMEMOS PAPAÍTO A DIOS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILIA MÁS JOVEN


INTERCEDER

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- LA ORACIÓN DEL CRISTIANO

Por José María Martín OSA

1.- A solas con Dios, Jesús oraba. Es muy significativo que uno de los discípulos de Jesús le formulara un día esta petición: "Señor, enséñanos a orar". Hay un hecho muy sencillo que merece ser resaltado: Jesús oraba. Estamos acostumbrados a ver a Jesús como el "Hijo amado" (Mc 1,11) y por tanto como alguien que vivió constantemente en una comunión natural y espontánea con Dios. Ello hace más significativo, si cabe, el hecho de que durante su existencia terrena Jesús no dejara de emplear el tiempo necesario para detenerse y adentrarse de forma concreta en la intimidad divina, en un "a solas con Dios".

2.- Dios es "Abbá", Padre. ¿Qué ha querido decir Jesús al llamar a Dios en su oración Abbá? Este término traduce una intimidad única. No ofrece ninguna duda que los fieles judíos creían en un Dios que amaba y cuidaba a su pueblo, y que en ningún caso era un Dios lejano. La relación entre Jesús y Dios aparece sin embargo en una intimidad mucho mayor y profunda que nos permite hablar incluso de una comunión total, de unidad de vida entre ambos. La utilización del término Abbá es un signo de confianza, de amor filial. Traducido a nuestro lenguaje es como llamar a Dios "papaíto". Como un niño se vuelve a su padre o a su madre al tropezar con la más pequeña dificultad, el que dice a Dios Abbá está viendo en él a alguien siempre presente y dispuesto a acompañarle y ayudarle a avanzar, en particular en los momentos más difíciles. Esta confianza es una inimaginable fuente de libertad. Pero a continuación de "Padre" añadimos: "nuestro". La nueva relación con Dios implica como consecuencia una nueva relación con los hombres. El Dios de Jesucristo no consiente relación individualista alguna. De ahora en adelante no estamos solos, sino que formamos parte de una comunidad. La expresión "Padre nuestro" resume los dos grandes mandamientos, que no pueden entenderse el uno sin el otro: el amor a Dios y el amor al prójimo.

3.- Alabar, pedir, agradecer, ofrecernos…... En el Padrenuestro alabamos el Santo nombre de Dios, que un judío apenas podía pronunciar. Pero la confianza en Dios que nos ha transmitido Jesucristo nos hace hablar con él con toda confianza y a su vez con todo respeto a su santo nombre. En el Padrenuestro le pedimos a Dios muchas cosas: "venga a nosotros tu Reino", "danos hoy nuestro pan de cada día", "no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal". Nuestra oración debe ser perseverante: "Pedid y se os dará". Pedir con confianza sí, pero colaborando también a que se haga realidad lo que pedimos. No podemos pedir por la paz del mundo si nosotros no somos constructores de paz. Dicen que la oración de petición es la más practicada… Estamos acostumbrados a pedir y nos olvidamos de dar gracias. En el salmo 137, que hoy proclamamos, su autor da gracias "de todo corazón" porque "cuando te invoqué me escuchaste". En la primera lectura Abraham "el amigo de Dios" le pide a Dios que no destruya la ciudad y obtiene respuesta "En atención a los diez, no la destruiré". Pero no había ni diez justos…. En la curación de los diez leprosos sólo hay uno que es agradecido. ¿Sabemos conjugar la oración de petición con la de acción de gracias? También en el Padrenuestro nos ofrecemos a Dios "Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo". ¡Qué difícil nos es decir esta parte de la oración! Muchas veces confundimos la voluntad de Dios con nuestra voluntad. Tengamos en cuenta que la voluntad de Dios es la felicidad de hombre y nos costará menos aceptarla en nuestra vida. En el Padrenuestro pedimos perdón a Dios por nuestras ofensas. En el "antiguo" Padrenuestro en castellano decíamos "deudas", expresión mucho más pobre que confundía, pues podía entenderse que estábamos hablando sólo de las deudas económicas o materiales. Pero no debemos olvidar lo que sigue..."como también nosotros perdonamos a los que nos han ofendido". Esto nos compromete a ser nosotros también "perdonadores". No podemos tener la cara de pedir perdón si no somos capaces de perdonar. Hay personas que se saltan esta expresión del Padrenuestro. Si actuamos así somos como el siervo que fue perdonado en una gran deuda por el rey y no fue después capaz de perdonar a otro una pequeña deuda.

4.- ¿Sabemos rezar el Padrenuestro? ¿Cómo lo hacemos? Tenemos que orar con esta hermosa oración dándonos cuenta de lo que decimos en cada frase, sintiéndolo en nuestro interior, comprometiendo nuestra vida con las palabras que decimos. Me emociona ver cómo hasta los niños de 2 años saben rezarlo. Que no pase un día de nuestra vida sin haber orado con el Padrenuestro. Hacerlo vida es la mejor manera de vivir el Evangelio.


2.- JESÚS NOS ENSEÑA A ORAR

Por Francisco Javier Colomina Campos

Si el pasado domingo el pasaje del Evangelio nos recordaba la importancia de escuchar la palabra de Dios, como María, la hermana de Lázaro, que estaba sentada a los pies del Maestro, en el Evangelio de hoy Jesús, ante la petición de sus discípulos, les enseña a orar.

1. Señor, enséñanos a orar. Ésta es la petición que los discípulos hacen al Señor. Sabemos que Jesús dedicaba mucho tiempo a la oración. En el Evangelio escuchamos cómo muchas veces se va Jesús a un lugar apartado, o a la montaña, a orar. En el pasaje de hoy escuchamos cómo Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando termina sus discípulos se acerca a Él para pedirle que les enseñe a rezar, igual que Juan enseñaba a sus discípulos. Esta actitud de Jesús la debemos de imitar también nosotros, especialmente en este tiempo de vacaciones que solemos tener más tiempo para ello. La oración es una actitud fundamental en la vida de Jesús. La intimidad con el Padre, su diálogo continuo, el tiempo dedicado a estar en su presencia, es tan necesario en la vida de Jesús para poder llevar a cabo su misión. También lo ha de ser en la vida del cristiano. Es propio de la vida de un cristiano el dedicar tiempo a la oración. Para poder vivir la vida cristiana, es fundamental dedicar tiempo a estar con el Señor. Pero muchas veces decimos que no sabemos rezar. Cuántas veces, en mi ministerio sacerdotal, me encuentro con personas que me dicen “es que yo no sé rezar”. Esto puede pasar muchas veces. Pero hemos de darnos cuenta de que la oración es algo mucho más fácil de lo que parece. Pero sobre todo hemos de tener en cuenta que la oración es un don de Dios, es una gracia del Espíritu Santo, que es quien ora en nosotros. Por eso, como los discípulos en el Evangelio de hoy, hemos de pedirle también nosotros al Señor que nos enseñe a orar.

2. Orar con insistencia. Ante la petición de los discípulos, Jesús les enseña la oración más importante, la oración del Padrenuestro. Son las palabras con las que el mismo Jesús nos enseña a orar también a nosotros. No hace falta utilizar mucha palabrería para hablar con Dios. Basta con decir estas palabras, pero decirlas sabiendo bien lo que decimos, y haciéndolo con total confianza en Dios, que nos ama y que siempre está atento a nosotros. Pero después de enseñarles esta oración, Jesús les da una lección sobre la oración: hay que orar con insistencia. Esto lo enseña con la parábola de aquel hombre que, a medianoche, pide con insistencia a un amigo suyo que le preste tres panes. Si no se los da por ser amigo, dice Jesús, al menos se los dará por su insistencia y por su importunidad. Y justo después Jesús nos invita a pedir, pues el que pide recibe, a buscar, pues el que busca halla, y a llamar, pues al que llama se le abre. Con esta confianza hemos de pedirle a Dios. Y después Jesús compara la bondad de Dios con la bondad de un padre. Si un padre es capaz de dar cosas buenas a su hijo cuando éste se las pide, aunque el padre sea malo, mucho más Dios, que es bueno, dará cosas buenas a quien le pide.

3. Oración de intercesión. La Iglesia ha querido que la lectura del Evangelio de este domingo vaya precedida por la lectura del libro del Génesis en la que Abrahán pide con insistencia a Dios que perdone a los habitantes de las ciudades de Sodoma y Gomorra, a los que Dios quería castigar por su pecado. En Abrahán vemos un ejemplo de oración confiada y con insistencia a Dios, pero además un ejemplo de oración de intercesión. Y es que la oración no puede ser sólo por uno mismo, sino que ha de ser por los demás. Es un modo de oración muy importante para los cristianos, interceder ante Dios por los demás. La oración no es egoísta, no puede serlo, por eso la oración verdadera no es la que se hace mirando sólo a sino mismo, sino que se hace con la generosidad de pedir a Dios por los demás, por sus necesidades. La oración con insistencia de Abrahán ante Dios, que le pide que no castigue mortalmente a los habitantes de Sodoma y Gomorra, bajando cada vez más el número de justos que podría encontrar en la ciudad, es el modelo para nosotros de cómo hemos de orar ante Dios con insistencia por los demás, negociando con Dios, insistiéndole, como hace Abrahán. Por ello, un modo de ser solidarios con los demás, de entregarnos a ellos, es la oración. Por medio de ella, nosotros podemos buscar el bien del otro, ayudarle por medio de nuestras peticiones a Dios.

La oración, como nos enseña Jesús en el Evangelio, es algo fundamental en la vida de un cristiano. Una oración hecha con confianza, insistiendo a Dios y pidiéndole no sólo por nosotros y por nuestras necesidades, sino pidiendo sobre todo por los demás. Esto es lo que Dios quiere de nosotros. En la Eucaristía que estamos celebrando pidámosle a Dios con insistencia por las necesidades de los demás, especialmente cuando recemos juntos con la oración del Padrenuestro, la oración que el mismo Jesús nos enseñó.

3.- LOS CRISTIANOS TENEMOS LA OBLIGACIÓN DE ESPERAR QUE EL MENSAJE CRISTIANO TRIUNFE SOBRE LA MALDAD DE ESTE MUNDO

Por Gabriel González del Estal

1.- Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que lo piden? Debo advertir ya de antemano que todo lo que voy a decir en esta homilía no es fácil de creer, porque como ciudadanos de este mundo en el que nosotros vivimos, vemos muchas veces lo contrario. Pero, si realmente los cristianos no viviéramos con la esperanza de la eficacia de nuestra oración, nuestro cristianismo carecería de sentido, al menos teológicamente. Porque, si realmente el mal terminara imponiéndose sobre el bien al fin de los tiempos, la pasión y resurrección de Cristo no habrían sido eficaces. Si creemos realmente que Cristo con su resurrección nos libró del pecado original y nos mereció la salvación, tenemos que creer que, al final de los tiempos, el Padre concederá la salvación a todos los que durante su vida la pidieron con esperanza y amor cristiano. No por nuestros propios méritos, sino por los méritos de Cristo. La resurrección de Cristo fue católica, es decir, universal, y conlleva el perdón universal del Padre. De lo contrario, ¿qué significa decir que Cristo no vino a condenar al mundo, sino a salvarlo? Si al final de los tiempos triunfa definitivamente el mal sobre el bien, y el Padre tiene que condenar al mundo, ¿para qué sirvió al pasión y resurrección de Cristo? Esta creencia nos convierte a los cristianos en personas optimistas y esperanzadas. Esto no nos excluye de luchar contra el mal, sino todo lo contrario, Luchemos contra el mal con todas nuestras fuerzas, que el Espíritu de Cristo terminará imponiéndose sobre el espíritu del mal. Esto nos exige, por supuesto, esfuerzo y lucha constante, pero esta es la única manera de imitar al Cristo que nos salvó luchando contra el mal hasta morir en la misma cruz. Pidamos al Padre que el Espíritu Santo, el Espíritu de su Hijo, acabe triunfando sobre el espíritu del mal, con la esperanza segura de que el Padre nos lo concederá.

2.- Abrahán se acercó y dijo: ¿es que vas a destruir al inocente con el culpable?... Matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable ¡lejos de ti! El juez de toda la tierra, ¿no hará justicia? Contestó el Señor: en atención a los diez, no la destruiré. Este texto del libro del Génesis sobre Sodoma y Gomorra es conocido por todos y yo no voy a describirlo. El mensaje de este texto es el siguiente: Dios no sólo no castiga a los inocentes por culpa de los culpables, sino al revés, perdona a los culpables por amor a los inocentes, cuando una persona, amiga de Dios, como es en este caso nuestro Patriarca Abrahán así se lo pide. Nosotros, los cristianos así lo creemos, cuando es el mismo Cristo el que lo pide, y cuando somos uno de nosotros el que lo pedimos en nombre de Cristo. Ya sé yo que en la sociedad en la que nosotros vivimos esto no es fácil de demostrar, porque en nuestro mundo las cosas no siempre suceden así, sino que muchas veces sucede lo contrario. Pero, como ya he dicho arriba, los cristianos tenemos la obligación religiosa de creer en la eficacia espiritual de la pasión y resurrección de Cristo. Creemos que Dios nuestro Padre nos concederá todo lo que Cristo, y cualquiera de nosotros le pida en nombre de Cristo, le pida con verdadera fe.

3.- A vosotros, que estabais muertos por vuestros pecados y la circuncisión de vuestra carne, Dios os vivificó en Cristo. Canceló la nota de cargo que nos condenaba con sus cláusulas contrarias a nosotros, la quitó de en medio, clavándola en la cruz. La mayoría de la Comunidad cristiana de Colosas a la que se dirige el apóstol Pablo estaba formada por paganos que se habían convertido al cristianismo. Pablo les dice que Dios Padre les ha perdonado su pecado por los méritos de Cristo, clavado en la cruz. Deben vivir, por tanto, agradecidos a Cristo, ya que por medio de él pueden salvarse.


4.- Y LES ENSEÑÓ EL PADRENUESTRO

Por Antonio García-Moreno

1.- SODOMA Y GOMORRA. - El hombre tiene una capacidad enorme de corrupción. Puede llegar a límites insospechados de maldad. Y lo terrible es que no son actos aislados los que constituyen la perversidad; se trata de una actitud, de una disposición de ánimo que se hace habitual.

La historia de los hombres nos narra cómo en determinados momentos esa maldad es tan grande que llega a encolerizar a Dios. Entonces se desata la ira divina. La tierra se recubre de cadáveres, las lágrimas y la sangre desbordan sus cauces normales y ahogan el corazón del hombre. Y uno escucha, uno lee noticias, uno ve cosas, acciones injustas de los unos y los otros, pecados contra naturaleza que encuentran carta de naturaleza en leyes civilizadas, crímenes como el aborto y la eutanasia que se reconocen como legales. Y uno piensa si Dios no estará a punto de estallar, a punto de romper de nuevo los diques que contienen las aguas y el fuego... Sodoma y Gomorra, ciudades que llegan al límite máximo de perversión. Su pecado provoca una terrible lluvia de azufre y de fuego que, cayendo de lo alto, convierten aquel valle en una profunda fosa de miles de muertos... Ojalá que Dios no se encolerice ante el triste espectáculo que los hombres de hoy presentamos.

Abrahán intercede ante Dios. Le asusta la idea del castigo divino. Él cree en el poder infinito del Señor, él sabe que no hay quien le resista. Tiembla al pensar que la ira de Yahveh pueda desencadenarse. Y Abrahán, llevado de la gran confianza que Dios le inspira, se acerca para pedir misericordia. Un diálogo sencillo. Abrahán es audaz en su oración, atrevido hasta la osadía: si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás a la ciudad por los cincuenta inocentes que hay en ella? ¡Lejos de ti tal cosa...! Dios accede a la proposición. Entonces Abrahán se crece, regatea al Señor el número mínimo de justos que es necesario para obtener el perdón divino. Así, en una última proposición, llega hasta diez justos. Y el Señor concede que si hay esos diez inocentes no destruirá la ciudad.

Diez justos. Diez hombres que sean fieles a los planes de Dios. Hombres que vivan en santidad y justicia ante los ojos del Altísimo. Hombres que sean como pararrayos de la justicia divina. Amigos de Dios que le hablen con la misma confianza de Abrahán, que obtengan del Señor, a fuerza de humilde y confiada súplica, el perdón y la misericordia.

2.- ¡ABBA, PADRE! - Muchas son las veces que Jesús aparece en los Evangelios sumido en oración. El evangelista san Lucas es el que más se fija en esa faceta de la vida del Señor y nos la refiere en repetidas ocasiones. Esa costumbre, ese hábito de oración, llama la atención de sus discípulos, los anima a imitarle. Por eso le ruegan que les enseñe a rezar, lo mismo que el Bautista enseñó a sus discípulos. El Maestro no se hace. Rogar y les enseña la oración más bella y profunda que jamás se haya pronunciado: el Padrenuestro.

Lo primero que hay que destacar es que nos enseñe a dirigirnos a Dios llamándole Padre. La palabra original aramea es la de Abba, de tan difícil traducción que lo mismo san Marcos que san Pablo la transmiten tal como suena. Es una palabra tan entrañable, tan llena de ternura filial y de confianza, tan familiar y sencilla, tan infantil casi, que los judíos nunca la emplearon para llamar a Dios. Le llamarán Padre; incluso Isaías lo compararán con una madre, o mejor dicho, con las madres del mundo, pero no lo llamarán nunca Abba.

La misma Iglesia es consciente del atrevimiento que supone dirigirse a Dios con el nombre de Padre, con la confianza y la ternura del hijo pequeño, que suple con un balbuceo su dificultad para pronunciar bien el nombre de padre. Por eso en la liturgia eucarística, antes de la recitación del Padrenuestro, el sacerdote dice que fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo sus divinas enseñanzas, nos atrevemos a decir; "audemus", dice el texto latino, tenemos la audacia.

Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos pequeños y queridos. Por eso podemos y debemos dirigirnos a él llenos de esperanza, seguros de ser escuchados y atendidos en nuestras necesidades, materiales y espirituales. Es cierto que en ocasiones nos puede parecer que el Señor no nos escucha. Pero nada más lejos de la realidad. Él sabe más y conoce lo que de verdad nos conviene, lo que en definitiva será para nuestro bien, y lo que nos puede perjudicar.

Por otra parte recordemos que esa oración que Jesús nos enseña nos dice que Dios es Padre nuestro. No mío ni tuyo, sino nuestro. Es cierto que las relaciones que Jesús establece entre Dios y el hombre son relaciones personales, de tú a tú. Pero también es verdad que esas relaciones pasan por el prójimo, hasta el punto que si nos olvidamos de los hermanos no podemos llegar hasta el Padre. Así, pues, no se puede ser hijo de Dios sin ser hermano de los hombres. Por eso le llamamos Padre nuestro y pedimos el pan nuestro de cada día y que perdone nuestras deudas -no mis deudas-, al tiempo que prometemos que también nosotros, por amor suyo, perdonamos a nuestros deudores... Termina el pasaje con una exhortación, tres veces repetida, para que pidamos sin descanso. Estas palabras de Jesús dan la impresión, una vez más, de que Dios está más dispuesto a dar que nosotros a pedir.


5.- EVANGELIZAR… DE RODILLAS

Por Javier Leoz

Jesús mandó a sus discípulos a predicar sin bolsa, sin saco y sin sandalias". Nuestra oración insistente, clarifica y nos abre hacia aquello que, por nosotros mismos, somos incapaces de realizar: Dios de una manera segura, simple y suficiente es capaz de colmar nuestras aspiraciones.

1.- Partiendo entonces de una realidad, la Iglesia no es nuestra sino de Dios y es un campo a cultivar por nosotros pero con la fuerza del Espíritu, no nos queda otra –como mejor futuro para el desarrollo de nuestra siembra- que rezar y colocar nuestros esfuerzos apostólicos en las manos de Dios. Lo contrario, además de egocentrismo, significaría tanto como creer que todo depende de nosotros.

¿Qué se nos exige, para nuestra vida de piedad, en este Año de la Fe?

--Algo tan sencillo como el pedir

--Algo tan natural como pedirlo al Padre

--Algo tan fácil como hacerlo a través de Jesús

--Algo tan imprescindible como el solicitarlo con Fe

--Algo tan comprometedor como el permanecer en El

2. Qué dificultades salen al paso de todo ello

+La falta de sinceridad; cuando pedimos sin hacer ver a Dios los móviles verdaderos de nuestra solicitud. No me conviene, pero se lo pido porque me apetece

+La ausencia de reconciliación; cuando estando rotos por dentro intentamos que sea Dios quien resuelva el caos o la guerra de nuestra existencia interna o externa. Ya que otros me lo han impedido

+El egoísmo; cuando conocedores de que la felicidad no siempre se consigue con el tener, nos precipitamos por acaparar lo indecible. Siempre es más bueno tener que necesitar. Le diré a Dios que me restituya lo que me corresponde.

+La falta de paciencia; cuando ante la esterilidad aparente de nuestras oraciones nos aburrimos de hablar amistosamente con Dios y, convertimos la oración, en un medio de instrumentalización: como no me das… ¡te dejo!

+La incredulidad; cuando surgen dudas e interrogantes sobre el fruto y el valor más profundo de la oración. ¡Para qué voy a rezar si Dios está sordo!

El evangelio, de este domingo, nos trae a la memoria una gran realidad: DIOS SE INTERESA POR NOSOTROS. Es ahí donde, el cristiano, descubre que toda su vida –por ser importante para Dios- cobra nuevo impulso cuando se presenta ante El:

3.- Me viene a la memoria la anécdota de aquel náufrago profundamente creyente que pedía y confiaba mucho en Dios, pero que no supo ver su mano en aquel momento donde, en la soledad de una isla, se debatía entre la vida y la muerte.

Llegó una embarcación y el capitán le invitó a subir a proa; el náufrago le contestó: “váyase tranquilo; yo confío en Dios”. Al día siguiente un submarino se percató de la presencia del accidentado y nuevamente le pidieron que recapacitara en su postura y que embarcase; “váyanse tranquilos…confío plenamente en Dios”. Por tercera vez un trasatlántico atisbó las circunstancias trágicas en las que se encontraba el solitario náufrago convidándole una vez más a abandonar la isla. Ante su negativa el crucero siguió su curso.

Cuando pasaron los días y las fuerzas se fueron debilitando el náufrago cerró ojos y se presentó ante Dios increpándole: “¡cómo no has hecho nada por mí en los momentos de peligro” “¿no te das cuenta el ridículo en que me has dejado ante mis familiares y amigos cuando yo tanto esperaba de Ti?”. Dios, sigue esta parábola, le cogió por el hombro y le contestó: “amigo; tres embarcaciones te envié y no quisiste ninguna”.

Que nuestra oración sea como la del agua que, por su persistencia y no por su consistencia, es capaz de romper o erosionar la mayor de las rocas. Que nuestra oración sea, sobre todo, unos prismáticos que nos ayuden a ver y aprovechar los signos de la presencia de Dios en nuestra vida. Dicho de otra manera; que la oración sea esa sensibilidad para ver ciertos golpes de gracia…como la mano certera de Dios a nuestras necesidades.

4.- ¡A TIEMPO Y A DESTIEMPO!

Elevaré mis ojos hacia el cielo

buscando, lo que en la tierra, los sentidos

no me dejan ver o percibir con claridad:

tu presencia, Señor.

Levantaré mis manos hacia Ti

porque, si las utilizo sólo para el mundo

caeré en la simple actividad vacía de contenido

pero sin señales de eternidad.

Abriré mi corazón y, con él, mis entrañas

para que, en diálogo sincero contigo

me digas qué camino elegir

por dónde y cuándo avanzar

de que equivocaciones retornar

y en qué he de cimentar mi vivir.

 

¡A TIEMPO Y A DESTIEMPO!

Aunque, a primera vista no exista respuesta,

seguiré rezando y hablando contigo

Aunque, pasen los días, y las nubes sigan presentes

Aunque, discurran las noches, y las estrellas no brillen

Aunque, amanezca la aurora, y el rocío no me sorprenda

Aunque pida calma, y las tormentas, asolen mi alma

 

¡A TIEMPO Y A DESTIEMPO!

Confiaré en Ti, Señor, porque eres palabra que nunca falla

Eres tesoro y eres vida, eres ilusión y eres esperanza

Eres futuro y eres presente

Eres amigo que, en la oración, consuela, levanta

anima, recompone, fortalece y se entrega

Contigo, Señor, hasta la muerte

Contigo, Señor, a tiempo y destiempo

Amén


5.- LLAMEMOS PAPAÍTO A DIOS

Por Ángel Gómez Escorial

1. - Jesús enseña a sus apóstoles el Padrenuestro que es, en muy pocas palabras, la más alta cumbre de la teología. Y nos muestra un Dios Padre que va a ocuparse de nosotros en lo material y en lo espiritual. A Dios podemos pedirle pan y santidad, justicia y paz, protección y futuro. Tras mostrar el Padrenuestro, Jesús comunica dos condiciones de la oración que, a veces, dejamos de cumplir y utilizar. ¿Por qué no rezamos constantemente? ¿Por qué, asimismo, no importunamos a Dios con nuestras peticiones? Dios nos lo va a dar todo. Pero rezamos poco. Y puede ser prueba de nuestra soberbia o de nuestra desesperanza.

2. - Cristo, además, nos mostró un Dios Padre cariñoso y tierno. La grandeza de la presencia de Jesús en la tierra estriba en que, en un momento dado, llegada la plenitud de los tiempos, él explicó --como nadie podía hacerlo-- quien y como era Dios. La ley judía se había endurecido hasta el punto de crear una falta imagen de Dios: fuerte, combativo, justiciero y lejano. El aleluya de la misa de este domingo refleja un texto de San Pablo (Rom 8, 15) y se dice: "Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace exclamar: ¡Abba, Padre!". Y eso fue --y es-- toda una revolución, porque, entre otras cosas, la traducción más cabal de "Abba" se acerca a nuestro "Papá" o, incluso, "Papaíto". Es decir, podemos llamar a Dios "Papaíto" y esa palabra sólo nos produce a nosotros ternura. Se abre un mundo de posibilidades para el hombre a partir del Dios cercano y cariñoso que nos mostró Cristo. Y esa es, precisamente, la grandeza del cristianismo frente a las otras dos religiones monoteístas, que también honran a Abrahán. Ellos no han recibido el legado de ese conocimiento íntimo y asequible de Dios. Y, sin embargo, Abrahán es considerado por judíos y musulmanes como el amigo de Dios. Abrahán trata con un Dios asequible que admite una negociación sobre la salvación de dos ciudades. Para negociar algo hay que tener cerca con quien se negocia y han de existir unas bases de confianza y entendimiento para hacerlo. Ya el Antiguo Testamento nos mostraba al Dios cercano y entrañable. Pero los hombres de la antigüedad --también nosotros ahora-- olvidaron la verdadera esencia de Dios y prefirieron construir uno a su medida.

3. - San Pablo, en la Carta los Colosenses, va a describir de manera magistral nuestra comunión con Cristo. Sepultados con el Bautismo vamos a resucitar sin pecados. La misericordia de Dios se nota --en la Nueva Alianza-- en la posibilidad de continuo perdón por el sacrificio de Jesús. Ese conocimiento de que siempre podemos ser perdonados nos podría dar un exceso de presunción sobre nuestro destino final. Pero no es así. El conocimiento del perdón permanente de Dios nos muestra una vez más la ternura de Dios. Pero rezamos poco. Estamos muy atareados con nuestras pequeñas virtudes y nuestras grandes mezquindades y nos olvidamos que el Señor nos espera, todos los días y todas las horas, en "lo oculto de nuestra habitación", el interior de nuestra alma.


LA HOMILIA MÁS JOVEN


INTERCEDER

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Acordaos, mis queridos jóvenes lectores, que acababa la primera lectura del domingo pasado con los tres individuos, misteriosamente divinos, gozando del banquete que Abraham les servía en el encinar de Mambré. Se lo había ofrecido por el simple motivo de que pasaban cerca de su tienda, hacía calor, estaban cansados y él, modélico beduino, cumplía con la hospitalidad que debía y le era muy propia. Os recordaba que según la tradición cristiana oriental, la escena era una imagen adelantada de la realidad trinitaria, que se nos revelaría más tarde, ya en el Nuevo Testamento.

2.- El texto no nos ha llegado lúcido, es consecuencia de las diversas fuentes de las que se nutre y que el último redactor inspirado no supo empalmar del todo bien. Pese a lo que os he dicho, lo que piensan tradicionalmente las Iglesias orientales, parece más obvio pensar que se trata de una aparición del Dios de Siquem, al que había ofrecido Abraham un sacrificio bajo la encina de Moré, acompañado esta vez de dos ángeles servidores suyos. Le había comunicado que a su vejez, que también lo era de su esposa Sara, antes de un año tendría un hijo. Se trataba de la máxima aspiración que deseaba.

3.- El Señor iba de viaje y una vez recibido y obsequiado por el patriarca debe continuar su ruta, Abraham sale a despedirle y su Dios, que no es reservado, muy al contrario, comunicativo al máximo, le comenta que quiere comprobar el comportamiento de las ciudades vecinas, ya que, según le han contado, las poblaciones próximas al mar de la sal son perversas. El Patriarca ya estaba enterado, sabía la verdad y estaba convencido de que merecían un severo castigo. Pero por malos que pudieran ser, alguien bueno debía vivir por allí. Su mismo pariente Lot que era ciudadano de tales lugares. Sentía lástima y se decidió a interceder por ellas.

4.- Hebrón, la población vecina a Mambré, ya os dije que la separaban escasos 4km, está situada, según leo, a 930m sobre el nivel del Mediterráneo, enclavada por entre los montes de Judea, pero es más bien paisaje de desierto. El Señor debe descender hasta las ciudades de la Pentápolis, junto al Mar Muerto, próximas a los 400m bajo el nivel del mar. En solo dos ocasiones he hecho este trayecto y, evidentemente, iba en coche. El calor es inmenso en verano, alrededor de 46º y la humedad muy alta. A uno no le entran ganas de hacer nada y quiere abandonarlo todo y dormitar bajo una sombra. Abraham no, siente el deber de interceder por los demás, pese a que no se le asemejen. Inicia un diálogo muy propio de su realidad beduina, se atreve a regatear con Dios. ¡anda ya!

5.- Que si son cincuenta menos cinco, fijándose en ellos, no salvará a todos los demás. Pues no, le dice el Señor, en función de la bondad de unos cuantos, salvaría a todos. No hace falta que os vaya señalando minuciosamente como debaten ambos. El resultado final, el fatídico recuento, dicta una triste sentencia, como ni siquiera hay diez justos que hubieran inclinado la balanza a favor de la totalidad, les espera un severo futuro…Este relato nos enseña el valor, la utilidad espiritual, de aquellos que escogen dedicar su vida a separarse físicamente de la sociedad para unirse más íntimamente mediante la oración a ella. Porque nunca se está tan cerca de los hombres como cuando está con Dios intercediendo por ellos. La vida de un contemplativo, hombre o mujer, es muy dura, mediar sin poder tener conocimiento de los resultados mediante so oración es Caridad y expresión de Fe, que solo se consigue dejándose arrebatar por la Esperanza. Admirar a quien responde a Dios de esta manera.

6.- Si el proceder de Abraham es genuinamente beduino, la actitud del Maestro que nos cuenta el evangelio del presente domingo es propia de un sabio y maduro doctor. Cuando se interesan sus discípulos por la manera con que se debe orar, aprovecha la ocasión para promulgar el Padrenuestro. Debéis tener en cuenta, mis queridos jóvenes lectores, que el lenguaje y la construcción del contenido, no les era totalmente ajeno. Como judíos que eran, invocaban a Dios con un estilo semejante, la originalidad del Padrenuestro está en su hondura, el acento puesto en el perdón solicitado y otorgado, el reconocimiento de Dios como Padre común.

7.- La tradición local dice que la conversación se desarrolló en una gruta de la ladera del monte Olivete, por el camino que une Jerusalén con Betania. Probablemente, pues, al abrigo del sol, descansando sentados en el suelo o en cualquier roca, preguntaron y escucharon. Hoy en día, en recuerdo de tal enseñanza, junto a un monasterio de monjas carmelitas descalzas, de oración cotidiana de intercesión, en el perímetro de lo que pudo ser basílica constantiniana, la oración dominical está escrita en muchos idiomas, hablados o trasmitidos, actuales o ya muertos. Os lo digo porque a los de las diferentes comunidades actuales, se les suman el antiguo hebreo, el griego clásico y el latín, el esperanto y el sistema Braille. En español, dicho sea de paso, aparece al modo antiguo y al moderno.

8.- Muchos santos, sabios o místicos, nos ha dejado textos, fruto de sus meditaciones. El Padrenuestro es oración habitual de todo cristiano, que no debe atreverse nadie a modificar, como algunos osaron hacer. Querer enseñarle a Jesús y pretender corregirlo, pensar que sus expresiones, contenidos y peticiones, no son actuales y uno es más sabio y moderno que Él, es terrible imprudencia, de resultados pésimos. No seré yo quien me atreva a hacerlo. Ni intento desglosarlo. (por si no habéis entendido de qué os hablaba, mis queridos jóvenes lectores, me refería a ese seudo padrenuestro, cantado con la melodía de una película que exaltaba el adulterio y que, para justificar su utilización, se aludía a que su autoría era de Simon y Garfunkel, que a los jóvenes les gustaba mucho)

Para poner el acento en la constancia y la esperanza, añade el Maestro la preciosa parábola del vecino impertinente. La impertinencia con los hombres es defecto, la constancia con Dios, es virtud. Dios se hace esperar a veces, dispone de la Eternidad, pero nunca traiciona. Y frecuentemente da más de lo que de Él se solicita.