EL POSADERO QUE ACOGE AL BUEN SAMARITANO

Por David Llena

La frase que le dice el Buen Samaritano al posadero, tras dejarle aquel hombre malherido, “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta”, es la misma propuesta que nos hace Cristo a nosotros cuando pone en nuestras manos cualquier alma malherida que se ha encontrado con Él, o que Él ha portado sobre sus hombros.

Si en la parábola del Hijo Pródigo, podemos intuir y constatar la misericordia del Padre, en esta del Buen Samaritano, podemos vislumbrar la compasión de Cristo por las almas que han sido atormentadas por gentes sin escrúpulos. La carga en su cabalgadura, de la cual se ha bajado antes, y la lleva al posadero encargándole un esmerado cuidado sin reparar en gastos.

Y esta es nuestra parte en la parábola. Atender a todos los que Cristo vaya poniendo en nuestro camino, sin reparar en gastos, que Él nos lo pagará a la vuelta. Y esto también nos los dejó dicho cuando en su exposición sobre el juicio final, tras separar ovejas y cabras, a derecha e izquierda, pagará con la vida eterna a aquellos que atendieron a aquellos que lo necesitaban.

Así pues, la consigna es clara: No reparemos en gastarnos y desgastarnos que sabemos que Cristo devuelve el ciento por uno.

 

COLABORACIÓN ECLESIAL FEMENINA

Por Pedrojosé Ynaraja

Contaba la semana pasada el hecho anecdótico que me refirió una universitaria franco-rusa, prueba de comportamiento ejemplar para conservar la Fe cristiana, en la URRS durante la etapa soviética. Hoy referiré otra anécdota de la que fui observador yo mismo.

En Tierra Santa a las 17h cierran las iglesias y, generalmente, los viajeros y los peregrinos cristianos desearían algo más que completase la jornada. Estando en Nazaret, acostumbro siempre a ir al lugar donde se retiró el Beato Charles de Foucauld, dedicando su vida a la oración y al trabajo de hortelano de las monjas clarisas. El lugar de su retiro estaba por aquel entonces muy próximo al que Jesús ocupó durante su vida de artesano, hoy, motivos de ordenación urbanista, exigieron que las monjas se desplazaran a otro lugar. Rezamos un momento en la iglesita donde él rezaba y después nos vamos a donde reside actualmente aquella comunidad religiosa. Todo el camino se hace por la avenida Pablo VI, una de las arterias principales del viejo Nazaret. A uno y otro lugar le separan unos doce minutos. Me gusta este segundo sitio porque conservan objetos que fueron de él, que estimularon su piedad y unos trozos de madera, unas tablas donde escribió con su pincel y letra, la frase evangélica: de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma. Pero no es del Hermanito de Jesús de lo que hoy quería hablar.

Al pasar por la calle mencionada, unas sencillas señoras nos saludaron y muy amablemente nos invitaron a entrar, advirtiendo que acababan de celebrar misa y nos ofrecían pan bendito. No es Eucaristía, nos advirtieron. Ante tanta amabilidad les preguntamos qué es lo que hacían allí. Y aquí viene lo bueno. Nos dijeron, ustedes sabrán que los cristianos estamos divididos y esto no lo quiere el Señor. Nosotras somos unas cuantas mujeres de diferentes Iglesias, que nos reunimos una vez al mes para conocernos, compartir y rezar juntas. Celebramos misa y las que su Iglesia se lo permite y ellas quieren, comulgan y para todas nosotras, bendecimos pan en la misma misa y es de lo que les hemos ofrecido. Añadieron después pastas, que endulzaron y prolongaron el encuentro.

Las felicitamos muy sinceramente. El deseo de unidad, el sentido ecumenista, desgraciadamente, no se siente en todas las comunidades cristiana. La división de las Iglesias es la Pasión actual del Cristo Místico, fue la idea inicial de Fr Roger, para recogerse con unos cuantos compañeros en Taizá. Incluso a veces, uno se encuentra que al llegar a una iglesia y quienes la regentan saben que eres católico romano, no quieren ni atenderte, ni siquiera dejarte entrar.  En Nazaret ocurre tal separación, pero no tan radical, hay que reconocer a fuer de sinceros, incluso entre la comunidad latina, la Custodia Franciscana, y la Iglesia greco-católica. Es admirable, pues, la preocupación e iniciativa de estas buenas mujeres.  

Sin querer meterme en la cuestión teológica de la posibilidad del sacerdocio femenino, pienso yo que son más urgentes iniciativas proféticas, actitudes misioneras, compartir inquietudes en la Caridad y alimentar la Esperanza. Que si estamos de acuerdo que es más lo que nos une de lo que nos separa, me temo que tal coincidencia nos puede arrastrar, no a la intolerancia, pero sí a la despreocupación. Que nada conseguiremos con señoras vistiendo elegantes ornamentos y presidiendo misa de escasa asistencia, si no crece la Fe y se trasmite a hijos, amigos y a quien Dios nos dé oportunidad de encontrar de toparnos por los caminos de la vida. Más misas y en acabar la liturgia sacramental, vivir en la indiferencia, es mala cosa, más que progreso.

Urge más, vuelvo a repetir, apóstoles que den testimonio y se preocupen de evangelizar y de orientar y ayudar, por ejemplo, en la preparación al estado matrimonial para que sea el resultado de una vocación y fielmente se viva en el seno familiar los años que Dios de, que dejar con indiferencia que se casen imprudente y mediocremente, respecto a la Fe, o a su ausencia, hasta que llegado el día que la convivencia sea cansina y molesta, decidir jubilarse. Dicho de otra manera divorciarse o abandonar como quien cambia de empresa.

Que María Magdalena, fue privilegiada apóstol de los apóstoles, sin que sepamos, ni nos importe saberlo, que fuera ordenada o no.