Peregrino del Absoluto

Por Pedrojosé Ynaraja

Fiel a sus ancestrales raíces beduinas, el occidental continúa siendo viajero. Sus antepasados lo fueron por la necesidad de desplazarse a terrenos de pastos más abundantes. Lo fueron también por la ambición de lograr comercio próspero o tierras conquistables, para alcanzar soberanía. Pastor o agricultor, en amplio o menor terreno, el hombre se sentía encerrado en el paisaje, teñido por su entorno, de aquí la peculiar idiosincrasia de los habitantes de unos determinados territorios, raíces iniciales y motivos de los nacionalismos posteriores. Por motivos bélicos o por negocios, el sedentario, urbanita o aldeano, continuará desplazándose en diversas ocasiones.

En la actualidad esta dinámica viajera obedece al simple motivo de conocer mundo, ver nuevas tierras, sin interesarse especialmente por lo que escoja, de tal manera que para muchos contemporáneos nuestros, las vacaciones que pueda disfrutar las dedicará a salir de viaje, a ir a países en los que nunca ha estado. Acude a la oficina de la agencia correspondiente y pregunta ¿Qué viaje me pueden ofrecer para los días que dispongo?

 

EL EXPLORADOR Y EL PEREGRINO

Excluidos los comportamientos enunciados, existe un género de comportamiento humano peculiar, tal vez propio de minorías: el explorador y el peregrino. Olvidémonos del primero.

León Bloy al que tantas veces me refiero, se desplazó poco por Francia, más bien fueron otros los que a su casa acudieron y en ella encontraron pobreza y Fe y a esta última se adhirieron. Su vida, como titula uno de sus libros, fue siempre un peregrinaje al Absoluto.

La peregrinación debe ser siempre una búsqueda, más que una observación. Cuando cada mañana leo el Martirologio Romano, al que me he venido refiriendo tantas veces, en algunos testimonios de bienaventuranza, destacando méritos que adornaron su vida, se indica que peregrinó a Tierra Santa. Excuso decir que pienso entonces que si para el tal santo fue un valor de consideración, cuál será el mío que he ido 17 veces. De inmediato me doy cuenta de que a mis idas y venidas les falto profundidad, devoción, en una palabra, Fe suficiente.

PAPAS PEREGRINOS

Tengo muy en cuenta en casa y por aquellas benditas tierras, los ejemplos que nos dejaron peregrinos tan ilustres como Francisco y los recientes Papas. El gesto y decisión de Pablo VI fue ejemplar e innovador, su encuentro programado con el Patriarca Atenágoras, fue magnífica y evidente expresión de ecumenismo, santificada por ambos y que, aunque lentamente continua.

Dando un paso adelante, no hay que olvidar los relatos que nos dejaron los peregrinos que valiente y esforzadamente a Tierra Santa peregrinaron. El llamado “Itinerario” de Egeria es el líder de estas narraciones. Esta ilustre gallega, que pudo ser monja de Dueñas como un monje amigo de este monasterio se atrevió a aventurar, pues, los límites de la Galicia de aquellos tiempos difieren de los de ahora, no quiso reservarse para sí la experiencia y escribió, para conocimiento de sus ilustres señoras amigas, una narración interesantísima. Recomiendo yo siempre a quien quiere ir a Tierra Santa y que desea que su viaje sirva para algo más que almacenar recuerdos en su memoria, que no deje de leerlo.

LOS MAGOS

De otros peregrinos conservamos también textos si llegar a la extensión del de Egeria (que en un tiempo se la llamó Eteria o hasta Silvia y que se la creyó de procedencia italiana). No hay que olvidar que los primeros peregrinos fueron los Magos llegados de tierras orientales o Elena, la madre de Constantino, promotora de los primeros estudios que hoy llamaríamos arqueológicos y de los monumentales edificios, basílicas, que perpetuaron y fijaron la memoria. Al referirme al Itinerario de Egeria, pienso también en otros relatos, aunque no le sean equivalentes.

EL DESIERTO

El género es tentador. Puede Ernest Psichari, sumergido en el desierto entregarse a la meditación y dejarnos su “Viaje del centurión” o puede Pierre Loti lucirse literariamente con “El desierto” o aprovechar otro la estancia en aquellas tierras para redactar “El escándalo de Tierra Santa” y lucrarse monetariamente de un éxito editorial no merecido. Dicho sea de paso, y no hay que desconocer ni olvidaren Tierra Santa florece el servicio caritativo de tantas instituciones cristianas mediante colegios orfanatorios, universidades, hospitales, albergues, etc. sin dejar de lado la oración contemplativa e intercesora de comunidades de esta vocación y que permanecen en Belén, en Jerusalén o en Latrun, por citar solo las que de alguna manera yo conozco.

En la misma época encontré y leí dos libros de orientación opuesta, pero que considero muy interesante conocerlos. “Jesús en Galilea” de González Echegaray maravilloso estudio de la “personalidad humana” del Maestro, de acuerdo con el paisaje y la arqueología. Los diferentes libros de este autor, todos ellos, son interesantísimos y utilísimos. Lo entrecomillado obedece a que la dicha expresión, si uno se atiene al lenguaje teológico propio de la escolástica, sería una expresión herética y tengo triste experiencia ya de tiempos de seminario.

EGERIA

Las dos ilustraciones de Egeria son pura anécdota. El servicio de Correos español le dedicó ese sello y me hizo gracia un día en Roma cuando el agua embotellada que me ofrecieron recordara a nuestra ilustre viajera., que, no se olvide, escrito su diario en decadente latín, es no obstante el primer libro de viajes cristiano conocido.

Si alguien quiere estar enterado de los atributos que se les dieron a lugares, monumentos, piedras, rincones y calles, advierto que no se escapa ni uno, lea el libro que aparece en la otra ilustración, saciará todas sus curiosidades, tal vez se irritará, tal vez sonría. (aunque agotada hace tiempo la edición, se puede encontrar por Internet)