Escribe: Julia Merodio


LA INDECISIÓN

En cierta ocasión una araña se encontró a un ciempiés en lo más profundo del bosque. “¿Cómo haces para caminar?”, le preguntó. “¿Mueves primero las cincuenta patas de la izquierda y luego las cincuenta de la derecha? ¿O veinte y veinte? ¿O diez y diez?”. El ciempiés se puso a pensar la respuesta… y al verla tan complicada se paralizó.

Muy inquieto le preguntó a su madre:

 -Para andar, ¿qué pies debo mover primero: los pares o los impares, los de la derecha o los de la izquierda, los de delante o lo de detrás? ¿O los del centro? ¿Y cómo? ¿Y por qué?...

 -La madre sonriendo le dijo: Mira hijo, -cuando quieras andar, deja de cavilar y... anda"

La indecisión, la duda y la incertidumbre forman parte de nuestra vida. Nada se nos da hecho. Todo supone una opción, una superación, un esfuerzo... Y, solamente los que dan el primer paso y se ponen en marcha son capaces de avanzar.

A veces, lo que nos frena es una historia familiar no superada, un pasado difícil, un carácter no formado –yo soy muy mío, -nos decimos para justificarnos- soy así, es mi carácter… el que quiera que me acepte como soy y el que no que se aleje, yo no pienso cambiar- Pero esto no es algo estático, esto lleva unas connotaciones.

Cuántas veces nos instala en la tristeza, la soledad, la apatía… Cuántas veces nos paraliza. Nadie me entiende, nadie me quiere -nos decimos- replegándonos en nosotros mismos.

Tratamos de auto-engañarnos diciéndonos que nuestras convicciones son firmes, aunque sepamos -en lo más profundo- que están llenas de preguntas.

Perdemos la esperanza envueltos en tantas promesas falsas, aunque nos alivie ver que ya nos vamos acostumbrando.

No estamos dispuestos a aceptar que, en lo más profundo siempre queda una chispa dispuesta a no apagarse. Siempre hay una ilusión por realizar, algo nuevo por surgir…

Y dudaremos, ¡lo sé! Y vacilaremos y nos dará miedo arriesgarnos a acoger la novedad…

Pero no nos olvidemos de que la opción es un acto de valentía que no acepta límites ni condiciones, pero que es capaz de transformar todo cuanto toca.

Por eso, cuando algo complicado se nos presente, recordemos al ciempiés. Es maravilloso ver lo bien que hace algo, que a nosotros nos parece una misión imposible. ¡Qué valiente! Anda sin desfallecer a pesar de su complejidad.

Aprendamos de ello. ¡Que nada nos detenga! Vayamos suavizando nuestras debilidades. Seamos indulgentes y generosos, tratando a los demás, como nos gustaría que ellos nos tratasen. Escuchémonos por dentro y dejemos que sea el Señor el que hoy nos diga:

Mira hijo, -cuando algo te exija demasiado y su dificultad te detenga, deja de cavilar y... “anda”. Te basta mi gracia.

Para madurar.-

• ¿Hay algo que me paralice en este momento de mi vida?

• ¿Qué incertidumbres me detienen?

• Después, en silencio, pediré al Señor su fuerza, para afrontar –con coraje y valentía- cualquier situación que se me presente, por difícil que me parezca.