XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario
17 de noviembre de 2019


Moniciones


 

MONICIÓN DE ENTRADA

Recibid nuestra más bienvenida a la celebración de la Eucaristía de este Domingo 33 del Tiempo Ordinario, el penúltimo del año litúrgico. Jesús de Nazaret nos habla hoy de tiempos difíciles. Y nosotros sabemos que tampoco nuestros tiempos son fáciles. Las guerras, la violencia y las tragedias naturales siempre están presentes. Pero, a pesar de todo, tenemos la completa fe de que Él estará junto a nosotros hasta el final, hasta la consumación de los tiempos. Y esa es nuestra esperanza. Iniciemos, pues, la Asamblea dominical con felicidad y gozo con la mirada puesta en el Adviento, ya muy próximo, tiempo alegre que nos ayudará a llegar a la Navidad.

 

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- El profeta Malaquías nos describe lo que será el Día del Señor, un momento difícil y terrible que los judíos esperaban como final de todo y como principio de muchas cosas. Hoy la lectura del breve texto del Libro de Malaquías –que es nuestra primera lectura— guardia especial concordancia con el evangelio de Lucas que escucharemos después.

S.- El Salmo 97, que cantamos hoy, es junto al 95, 96, 98 y 99, un himno de un gran sentido escatológico, que anuncia los tiempos finales. Y todo ello con el poder y la salvación proveniente de Dios. Es, pues, este salmo 97 típico y adecuado para estos domingos finales del Tiempo Ordinario. La justicia de Dios llega…

2.- La capacidad de fabulación del ser humano en torno al final del mundo ha existido siempre. Pablo de Tarso en la segunda lectura de hoy, que, como en domingos anteriores, sigue aconsejando a los fieles de Tesalónica, ya advierte a aquellos que allí pasan el tiempo sin trabajar , más ocupados en especular sobre un final que no llega y sin trabajar . Y Pablo es directo y práctico: “el que no trabaje que no coma”, dice. ¿Tendremos que decir nosotros lo mismo ante tanto esotérico que anda suelto por ahí sin trabajar en nada útil?

3.- Jesús acaba de entrar triunfal en Jerusalén y los discípulos se siente maravillados por la belleza del Templo de Jerusalén. En esos momentos, el Maestro profetiza sobre la destrucción total y definitiva de Jerusalén que se iba a producir menos de cuarenta años después de que Jesús expresara su mensaje. Tienen, no obstante, las palabras del Maestro un camino de reflexión hacia lo nuevo, hacia lo que nace tras los tiempos difíciles. Nosotros, hoy, oteamos el Adviento que no es otra cosa que la espera confiada en la llegada del Niño Dios.

COMO HEMOS RECORDADO EN OTRAS OCASIONES ESTE TEXTO PUEDE LEERSE CONJUNTAMENTE COMO UNA ÚNICA MONICIÓN O CADA UNA DE LAS MONICIONES BREVES DE CADA LECTURA ANTES DE LAS MISMAS


Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

Otra oración más del Padre Leoz para estos momentos de paz y quietud.

 

¡HASTA QUE VUELVAS, SEÑOR!

¿Dónde está mi futuro personal?

¿En dónde alcanzar la felicidad eterna?

¿Dónde buscar rincones y estancias indestructibles?

¡Sólo Tú, Señor, tienes Palabras de vida eterna!

¡Sólo Tú, Señor, eres inmortal!

Danos la gracia, Señor, de perseverar

para hacer de nuestro mundo un racimo de amistad

Danos la audacia, Señor, de ser valientes

y que la tierra conozca tu poder y tu salvación

Danos la esperanza, Señor, que no defrauda

y podamos sembrar semillas de tu reino

Danos el entusiasmo, Señor, sin decaer en el camino

para llevar con alegría tu verdad y tú presencia

tu rostro y tu Palabra, tu amor y tus promesas


Exhortación de despedida

Salimos felices del templo porque sabemos que Jesús estará con nosotros hasta el final de los tiempos. Esa es nuestra confianza. Esta es nuestra esperanza total