XVI Domingo del Tiempo Ordinario
21 de julio de 2019

 

La homilía de Betania


 

1.- ACTUAR ORANDO

Por José María Martín OSA

2.- EN CASA DE LAZARO, MARTA Y MARÍA

Por Francisco Javier Colomina Campos

3.- EN EL SIGLO XXI TODOS LOS CRISTIANOS QUEREMOS SER DE VIDA ACTIVA Y CONTEMPLATIVA AL MISMO TIEMPO

Por Gabriel González del Estal

4.- BETANIA: UN AMBIENTE DE SOSIEGO Y DE PAZ

Por Antonio García-Moreno

5.- DARSE Y ENTREGARSE… AL SEÑOR

Por Javier Leoz

6 - SEAMOS HOSPITALARIOS CON DIOS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN

ACTITUDES

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- ACTUAR ORANDO

Por José María Martín OSA

1.- Dios viene a nosotros. La hospitalidad es uno de los valores fundamentales en los pueblos del desierto. Se ha considerado tradicionalmente la teofanía o manifestación de Dios a Abraham, junto al encinar de Mambré, como una revelación de Dios a los hombres: revelación misteriosa y cargada de sentido salvador. Los Padres orientales ven incluso en esta manifestación una primera revelación de dios que es Uno y Trino, un Dios que ama a los hombres y sale a su encuentro, un Dios de la historia que se acerca a la historia de los hombres, un Dios amigo que pide hospitalidad a Abraham, el hombre amigo de Dios. Dios es un amigo que se presenta pidiendo y se despide colmando de bendiciones y regalos a aquellos que lo saben acoger con amor. El premio de la hospitalidad de Abraham será el don de una descendencia en su hijo Isaac, cuando ya las esperanzas humanas se habían agotado.

2.- Escuchar la Palabra y cumplirla. El Evangelio describe la diferente actitud de las dos hermanas: “María, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres”. El contraste entre “estar sentada” y “estar atareada en muchos quehaceres” es grande. Marta es una mujer-tipo de la vida activa como María, su hermana, es un símbolo de la vida contemplativa. Estas distinciones no son muy afortunadas, sobre todo cuando se hacen para acentuar la superioridad de la vida contemplativa. En el relato se da, ciertamente, una contraposición entre las dos hermanas, pero desde otro punto de vista. Jesús alaba a María y considera que ha escogido la mejor parte porque "escuchaba su palabra". Lo esencial está aquí: "Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen". A Marta no le reprocha que se dedique a servir (entre otras cosas porque el servicio es la señal de que alguien ha escuchado de verdad la palabra) sino que ande "inquieta y nerviosa" con muchas cosas, que olvide dónde está el centro. La contraposición se establece, pues, entre una vida centrada y una vida descentrada, no entre una vida contemplativa y una vida activa.

3.- Peligro del “activismo”. Parece claro que muchos hombres y mujeres vivimos hoy un estilo de vida nervioso, que vamos deprisa a todas partes sin saber exactamente por qué y para qué, casi como huyendo. ¿No será éste un síntoma de descentramiento? Jesús afirma que las cosas necesarias son pocas. ¿Cuántas? ¿Tres, cuatro, cinco, diez? El mismo Jesús se corrige: ¡en realidad, hay necesidad de una sola cosa! Marta es reprendida porque andaba inquieta y nerviosa por muchas cosas; pero, además, porque entre esas muchas cosas no estaba la única necesaria. En seguida, Jesús declara: “María ha elegido la parte buena, que no le será quitada”. ¿Qué hacía ella? “Sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra”. Esta es la única cosa necesaria. La enseñanza de Jesús nos interpela profundamente a nosotros, que estamos en el mundo de la eficiencia y del activismo. En la mentalidad imperante vale el que es muy eficiente y es capaz de llevar adelante muchos asuntos.

4.- Un fe que nos compromete a actuar. Fe en Dios y misericordia con el hermano van unidas. San Agustín, comentando este evangelio, rehúsa interpretar las palabras de Jesús a Marta como un reproche: "cómo podría Jesús dirigir un reproche a Marta, contenta por recibir a tan excelente huésped Si eso fuera un reproche, no habría nadie para cuidar de los necesitados. Todos escogerían la mejor parte para decir: empleemos todo nuestro tiempo en escuchar la palabra de Dios. Pero si esto ocurriera, no habría nadie para atender al forastero en la ciudad, al necesitado de alimento o vestido, nadie para visitar los enfermos, nadie para liberar a los cautivos, nadie para enterrar a los muertos. Las obras de misericordia practicadas en favor de los necesitados son imprescindibles aquí en la tierra" El relato de Lucas no lo dice expresamente, pero es probable que, después de las palabras de Jesús, Marta viera las cosas de otra manera Yo pienso que cuando Marta le pidió a Jesús que María la ayudara, El debió persuadir a su fiel amiga para que ayudara a su hermana en la realización de sus actividades hogareñas; No debemos abandonar ni nuestras actividades ordinarias ni hemos de apartarnos totalmente de la presencia de Dios. Así pues, la realización de nuestras actividades cotidianas y la vida de fe son perfectamente compatibles, si bien todo lo que hacemos requiere de tiempo y dedicación. Reflexión y acción son fundamentales en la vida del cristiano.


2.- EN CASA DE LAZARO, MARTA Y MARÍA

Por Francisco Javier Colomina Campos

Entrados ya en pleno verano, tiempo de descanso y de vacaciones para muchos, escuchamos en el Evangelio de hoy cómo Jesús también descansaba en casa de sus amigos. Hoy va a casa de Lázaro, de Marta y de María. Nos viene muy bien escuchar hoy este pasaje del Evangelio, pues nos recuerda cómo ha de ser también el descanso de un cristiano.

1. Acoger a Dios en nuestra casa. Tanto la primera lectura, del libro de Génesis, como la lectura del Evangelio de este domingo nos hablan de la acogida de Dios en nuestra casa. En este tiempo de verano, seguro que muchos de nosotros aprovechamos para salir, para visitar a algún familiar o amigo, o incluso para recibir en nuestra casa más visitas que a lo largo del año. El tiempo de vacaciones es un tiempo de descanso, y qué mejor que descansar con los nuestros, con nuestra gente. Pero no se nos debe olvidar que el descanso de las vacaciones no es darle vacaciones al Señor. A veces nos puede pasar que durante las vacaciones nos olvidamos un poco de Dios. Lo tenemos presente a lo largo del año, mantenemos la tensión en cuanto a la oración, a la asistencia a la Eucaristía. Pero cuando llega el verano tenemos el peligro de relajarnos en estas cosas. Por eso nos viene muy bien escuchar hoy este pasaje del Evangelio. Jesús también descansaba e iba a ver a sus amigos. Cuántas veces, a lo largo del Evangelio, escuchamos cómo Jesús iba a comer a casa de alguna persona, un publicano, un fariseo, un banquete… Pues Él también está deseando hospedarse en nuestra casa, en nuestra vida, en nuestro interior. Como Marta y María, o como Abrahán en la primera lectura, hemos de abrir nuestro corazón y hospedar a Dios que viene a hacer morada en nosotros.

2. - El servicio. Cuando Jesús entra en casa de Lázaro, su hermana Marta se pone inmediatamente al servicio. Esta actitud de Marte es muy loable, pues no duda en atender bien a su invitado. Nos enseña a cada uno de nosotros una virtud que no debemos olvidar: el servicio. Jesús nos enseña que el verdadero amor es el que es capaz de ponerse al servicio del otro. Así lo hace también Marta. Cuando recibimos a alguien en nuestra casa, procuramos que todo esté bien preparado, que no le falte de nada. Esta actitud de hospitalidad y de servicio que tenemos hacia los demás, hemos de tenerla también con el Señor, y por Él con los demás. No ama el que no sirve. Por eso, la actitud propia de un cristiano es la del servicio. Servir es dar la vida en las pequeñas cosas, en los pequeños detalles. Y es sin duda una muestra de amor al otro. Pero hemos de aprender a servir sin quejarnos, y sin querer demostrar a los demás cuánto servimos o qué serviciales somos. El servicio en lo escondido, en el silencio, es el servicio que Dios aprecia. Servir a Dios en primer lugar, con nuestras buenas obras, con nuestras obras de piedad, con nuestra oración. Y servir a los demás de forma desinteresada, a los más necesitados, acogiendo a quien nos busca, dándonos a quien nos necesita. Y servir también a la Iglesia en sus distintos ministerios.

3. La contemplación. Pero en el Evangelio encontramos otra actitud más, la de María, que en silencio estaba a los pies de Jesús escuchando. Esta actitud de María no es comprendida por Marta, que se está deshaciendo en el servicio y ve cómo su hermana no le ayuda. Ante la queja que presenta Marta ante Jesús, el Maestro le responde que sólo hay una cosa importante. Esto nos enseña que, por encima de todo, incluso del servicio, está la escucha de Dios, de su palabra. Y no son dos actitudes contradictorias. Es sencillamente una escala de prioridades. Lo más importante es escuchar a Dios, y de ahí ha de nacer necesariamente el servicio a los demás, pues eso es lo que nos pide Dios en su palabra. No es bueno estar siempre inquietos con tantas cosas que hacer, sin tener ni un momento para pararnos delante del Señor y escucharle, como tampoco es bueno estar dedicados exclusivamente a escuchar a Dios y no hacer lo que Él nos pide que es servir a los demás. Por ello, el Evangelio de hoy nos enseña estas dos actitudes tan importantes y propias de un cristiano: la contemplación y la escucha de Dios, y el servicio a los demás.

Durante estas vacaciones de verano, seguro que tenemos tiempo para todo, y especialmente hemos de encontrar tiempo para escuchar a Dios, para contemplar, para leer su palabra, y también para servir a los demás. En la Eucaristía encontramos estas dos actitudes: escuchamos la palabra de Dios, le contemplamos, y después somos enviados a servir.


3.- EN EL SIGLO XXI TODOS LOS CRISTIANOS QUEREMOS SER DE VIDA ACTIVA Y CONTEMPLATIVA AL MISMO TIEMPO

Por Gabriel González del Estal

1.- ¿Señor, ¿No te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano. Respondiendo, le dijo el Señor: Marta, Marta, andas inquieta y preocupado con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada. Es equivocado pensar que lo que le dice Jesús a Marta es que es mejor escucharle que servirle. Lo que Jesús le dice a Marta es que él no necesita muchas cosas, que con algo que haga él tiene suficiente; que se deje ya de preparar cosas y que se siente a la mesa con ellos. Como dice muy bien santa Teresa, comentando este relato evangélico de Lucas, es muy acerado: “Sin los servicios de Marta, el Maestro se hubiera quedado sin comer aquel día”. Precisamente hoy, que estamos celebrando la fiesta de san Benito, todos nosotros, los cristianos, queremos seguir el consejo el él da a sus monjes: ora et labora (reza y trabaja). Y, si nos fijamos ya en san Pablo vemos que él siempre quiso ganarse con sus propias manos el pan que comía, para no ser carga material para nadie. San Agustín, cuando funda monasterios, el primer consejo que da es que cada una de los que entran en sus monasterios deben trabajar todo lo que puedan y gastas sólo aquello que necesiten. Así resultaba que los monasterios agustinianos no sólo no eran carga material para la sociedad, sino que daban continuas limosnas a los pobres que tenían alrededor, que eran siempre muchos. En esto que estamos diciendo creemos que tampoco debemos separar vida consagrada de frailes y monjas, de la vida seglar, de los cristianos que viven casados. Para ser buen discípulo y buen amigo de Jesús lo único que se necesita es guardar su mandamiento, es decir, amarnos unos a otros como él nos amó. Esto vale exactamente igual para las personas a las que llamamos de vida activa, como para las que llamamos de vida contemplativa y para los que llamamos personas consagradas, como para las que llamamos personas seglares.

2.- En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré… Alzó la vista y vio a tres hombres frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, se postró en tierra y dijo: Señor, si he alcanzado tu favor no pases de largo junto a tu siervo. La actitud de nuestro patriarca Abrahán frente a los tres huéspedes que se acercaban a su tienda constituye para nosotros, los cristianos de este siglo XXI, un maravilloso ejemplo de amor fraterno. Abrahán supo ver en el huésped al mismo Dos. Todo encuentro con l prójimo necesitado debería ser para nosotros una teofanía. En el prójimo necesitado está siempre presente Dios mismo. A pesar de los siglos que han pasado desde Abrahán a nosotros y de las circunstancias tan distintas que hay entre la vida del patriarca Abrahán y la nuestra, aprendamos a hacer de la hospitalidad una virtud cristiana. El mandamiento de Jesús que nos manda amar al prójimo como él nos amó vale para todos los siglos y para todos los pueblos del mundo.

3.- Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros; así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo, a favor de su cuerpo que es la Iglesia. Como san Pablo, también cada uno de nosotros, los cristianos, formamos parte del cuerpo místico de Cristo. Sepamos aceptar todos los sufrimientos que la vida nos traiga para colaborar con Cristo en la salvación del mundo.


4.- BETANIA: UN AMBIENTE DE SOSIEGO Y DE PAZ

Por Antonio García-Moreno

1.- ABRE TU PUERTA. “Alzó la vista y vio tres hombres en pie, frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro..." (Gn 18, 2). Abrahán está sentado a la puerta de su tienda. Hace calor dentro y la brisa fresca de la tarde invita a sentarse al aire libre. La añosa encina de Mambré aumenta, con el rumor de sus hojas, la sensación de bienestar, el aire sereno que llena de calma y de paz el espíritu del viejo patriarca. Por el sendero pasan tres caminantes. Tienen la piel curtida por el viento caliente del mediodía, traen el aire cansino de quienes caminaron horas y horas. Sus pies resecos y polvorientos hablan de guijarros y tierra dura de mil caminos.

Abrahán se levanta y sale a su encuentro: Venid, traeré agua para vuestros pies, pan para vuestra hambre, sombra de mi encina para vuestro sol ardiente, brisa de atardecer para vuestro calor del mediodía... Hospitalidad patriarcal, acogida amable para el que va de camino, palabras blandas para el que está lejos de su patria. Hoy también pasan, delante de nuestro cómodo rincón, muchos que vienen de lejos, el aire cansado y el corazón triste y solo. Que sepamos abrir la puerta, practicar la hospitalidad, la acogida cordial de los antiguos patriarcas.

"Añadió uno: Cuando vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo...” (Gn 18, 10) Muchas veces se repite el mismo hecho. Después de haber ejercido la hospitalidad con una persona desconocida y necesitada, resultó que se trataba del rey, o del mismo Dios. A cambio de esta generosidad, de ese sacrificio de compartir el pan y el techo, se recibe un don infinitamente mayor, algo que se anhela, algo que llena de ilusión y de alegría el corazón. En el caso de Abrahán, éste recibe la promesa de que Sara, su vieja y amada esposa, tendrá un hijo. Su esterilidad y su vejez no serán obstáculos para que les nazca un niño, ese hijo nacido de la libre que tanto habían añorado.

No siempre se da el milagro de que caiga la tosca apariencia tras la que, sin duda, se esconde el Señor. Y ocurre así porque recibir al Señor no es eso lo más importante. Lo que realmente tiene valor es que uno sea capaz de abrir el corazón, de hacer sitio en su casa a quien lo necesita. Ese es el verdadero milagro, lo que Dios valora y premia con su bendición, un pago más que suficiente, para quien, por amor a Dios, abre la puerta de casa a quien está muy lejos de la suya.

MARTA Y MARÍA. "Y Marta se multiplicaba para dar abasto al servicio..." (Lc 10, 40). Hoy nos habla el Evangelio de que Jesús va a Betania y se hospeda en casa de Marta y María, las hermanas de Lázaro. No es la única vez que entra el Señor en esta casa, como nos lo indica, por ejemplo, el evangelista san Juan. Se ve que Jesús se encontraba a gusto con aquella familia, que le ama con sencillez y generosidad. Allí había calor de hogar, un ambiente de sosiego y de paz, de dicha serena y entrañable. De ahí que podamos considerar Betania como un modelo para nuestros hogares que, según la predilección de Jesús, debería parecerse al de Nazaret. Es de gran importancia conseguir que el propio hogar tenga ese calor de familia bien avenida, que sea un lugar en el que gusta estar y vivir, un sitio para descansar y recuperar fuerzas, el rincón íntimo de nuestra vida en el que encontramos cariño y comprensión, consuelo y ánimo para la lucha y el trabajo de cada día, descanso para las fatigas que la existencia humana comporta.

Marta y María a pesar de ser hermanas eran, sin embargo, muy distintas. Marta parece nerviosa e inquieta, se preocupaba demasiado de las cosas materiales, se angustiaba porque no llegaba a lo que ella quería. Se multiplicaba para dar abasto con el servicio, dice la versión litúrgica de este pasaje de San Lucas. María por el contrario aparece tranquila y de carácter sosegado. En otro momento, mientras Marta sale deprisa al encuentro del Señor, ella se queda sentada. Sólo cuando le dicen que el Señor estaba fuera y la llamaba se levanta y acude a Jesús... Mientras Marta va de un lado para otro, María escucha arrobada las palabras del Maestro. Estas dos actitudes han quedado en la vida espiritual como modelos de la vida contemplativa y la vida activa. Incluso se ha considerado que Marta representaría el activismo, esa especie de herejía que olvida la oración y la vida interior, por atender al servicio de los hombres.

Esas dos actitudes no tienen por qué ser una dicotomía insalvable. Incluso podemos afirmar que es un ideal de vida cristiana, el conjugar esas dos facetas de la vida espiritual. Vivir una intensa vida de oración, ser contemplativos, y al mismo tiempo trabajar sin descanso por el Reino de Dios. Vivir metidos en el corazón del mundo, con el ejercicio de una profesión determinada, y al mismo tiempo estar de continuo estrechamente unidos a Dios. Puede parecer imposible, o por lo menos muy difícil, pero lo cierto es que, en definitiva, es lo que enseña la "Lumen gentium" del Vaticano II cuando habla de la unidad de vida, es decir, cuando exhorta a no vivir una vida cara a Dios y otra cara a los hombres, sino que esa vida de cada día, la que se desarrolla en una actividad cualquiera, esté siempre marcada y sostenida por una unión íntima con Dios, gracias a una vida espiritual sólida, alimentada con la oración y la mortificación, con la frecuencia de sacramentos que haga posible vivir habitualmente en gracia de Dios.


5.- DARSE Y ENTREGARSE… AL SEÑOR

Por Javier Leoz

Para los que nos encontramos inmersos en pleno verano, es bueno detenernos en este sugerente texto que en exclusividad, San Lucas, nos presenta. Merece la pena hacerlo por dos razones fundamentales:

-Porque, en el camino de la vida, necesitamos escuchar, detenernos y suministrar un poco de oxígeno al espíritu

-Porque, en un contexto social donde se echan en falta amigos o una mano que anime, el evangelio pone el acento en la acogida. Acoger es también un color fundamental en el cuadro de la vida cristiana.

1.- No podemos caer en la tentación, al escuchar el evangelio de hoy, de confrontar acción y contemplación. Las dos son necesarias para un cristiano. Siempre es bueno recordar la hazaña de un enamorado de los automóviles y de las carreteras. Viajaba, no se detenía ante nada ni para nadie; sólo pensaba en sí mismo y en su coche. Hasta que, en cierta ocasión, un consejero –de esos que saben aconsejar oportunamente y en el momento preciso- le dijo: tarde o temprano, amigo, tendrás que detenerte a repostar gasolina o no llegarás donde pretendes. Combustible y horizonte (lejos de oponerse) se complementan. Contemplación y acción (lejos de enemistarse) son necesarias para vivir con más calidad de vida, para preguntarnos sobre las grandes verdades de nuestra existencia.

2.- ¿Somos Marta o María? Podría ser el interrogante de este domingo. Por experiencia, también los sacerdotes, sabemos que el activismo no es bueno. Que, el exceso de trabajo, nos puede aislar de lo fundamental. Incluso, las prisas, los agobios, el hacer por hacer, nos puede transformar en simples autómatas. Hace ya algunos años Papa Benedicto XVI, al dirigirse a los sacerdotes sobre el Sacramento de la Penitencia, nos decía –y lo recuerdo como si hubiera sido hoy mismo—que “no practicar este sacramento, nos puede convertir en meros funcionarios”. Es verdad. Cuesta recluirse en el silencio, en lo que aparentemente no da fruto o, incluso en aquello que no nos gusta o que más sacrificio conlleva para nuestro modo de vivir. No siempre lo que produce satisfacciones inmediatas es algo que asegure la felicidad permanente.

3.- En el término medio, casi siempre, está la virtud. Jesús no desprecia, ni mucho menos, la entrega de Marta. Le indica que afanarse tanto, no merece la pena. Que con menos basta. Que, María, se ha detenido un momento para recuperar fuerzas y volver con más ímpetu a la vida. Jesús no ensalza a María porque no haga nada sino porque, siendo tan trabajadora como su hermana, ha sido inteligente y ha dicho “hasta aquí he llegado” es necesario contenerme para escuchar palabras de vida; un encuentro con Aquel que me va a dar luz para seguir adelante. En las dos hay algo en común: las dos se brindan: una, materialmente, y la otra espiritualmente. Y, por cierto, las dos cosas son recibidas por el Señor.

Que allá donde nos encontremos, y especialmente cuando nos encontremos sobrepasados por las circunstancias, responsabilidades u obligaciones, seamos capaces de romper con todo ello (por lo menos momentáneamente) y, buscando aquellos oasis de paz, de fe y de silencio, podamos reinsertarnos después pero con otro sentido y con otra amplitud de miras. Dios nos quiere inmersos en el mundo pero sin dejarnos comer o anular por él. ¿Lo intentamos?

4.- QUIERO DARME, SEÑOR

Como Marta, allá donde mi mano sea necesaria,

y como María, al silencio para estar contigo

Como Marta, para mitigar la sed del sediento

y, como María, para llenarme del agua viva de tu pozo

 

QUIERO DARME, SEÑOR

A Ti, que sales al encuentro del que te busca

y, también, allá donde mis hermanos reclaman mi presencia

A Ti, que buscas la mirada de mis ojos

y, a Ti, sin vivir de espaldas al necesitado de cariño

Sí, Señor; quiero darme y entregarme

Como, Marta, en los mil detalles de cada jornada

y, como María, arrodillándome ante el Misterio de tu Palabra

Como, Marta, no olvidando mis dones de generosidad

y, como María, no dejándote siempre para el final

 

QUIERO DARME Y ENTREGARME, SEÑOR

Sintiendo el gozo de ofrecerme con lo poco que tengo

y, sabiendo que estando Tú conmigo

no me faltará nunca tu aliento en mi caminar

Déjame, Señor, como Marta servirte con lo que soy

Déjame, Señor, como María sentarme a tu lado

Déjame, Señor, como Marta agasajarte

Déjame, Señor, como María mirarte a los ojos

QUIERO DARME Y ENTREGARME, SEÑOR


6 - SEAMOS HOSPITALARIOS CON DIOS

Por Ángel Gómez Escorial

1. - El Evangelio de San Lucas sin citar Betania, es "sólo una aldea", nos presenta la casa donde Jesús iba a descansar muchas veces y el entorno en el que se produjo la resurrección de Lázaro. El relato de Lucas de hoy es, sin duda, una de las páginas más citadas y analizadas de todos los textos evangélicos, pues siempre se ha querido ver dos posiciones contrarias en la forma de asumir el seguimiento de Cristo. Marta es la acción. María es la contemplación. Marta se desvive para tenerlo todo a tiempo. María prefiere quedar junto al Maestro para, solamente, escucharle. Y, sin embargo, esas dos posiciones pueden ser complementarias. En la Iglesia no sobra nadie. Es necesario el ejercicio de la acción, de la entrega, del trabajo hasta la extenuación por servir a los hermanos. Pero también es muy necesario ese plano de la oración y la contemplación constantes. Miles y miles de hombres y mujeres consagrados viven orando por los demás. Ese es su quehacer fundamental. Apartados en sus conventos y abadías elevan, día a día, sus oraciones para que Dios siga cuidando de sus hijos, lo que no dejará de hacer jamás.

2.- Y uno tiene el recuerdo de la impresión que recibió en sus primeras horas de cristiano converso a descubrir la existencia de Betania. Ese lugar donde Jesús iba a descansar tras sus batallas finales en Jerusalén. Es probable que acudiera a la casa de María, Marta y Lázaro muchas más veces, muchas más de las que citan los Evangelios. Y de ahí surgió la idea de llamar a nuestra página de Internet Betania. Han pasado casi 20 años y ahí estamos. Y en el medio Internet 20 años son muchos años… La idea, la contemplación, del reposo y descanso del Señor nos llena de alegría y de un poco de nostalgia por, tal vez, no haberle podido acompañar allí. Pero en fin.

3.- También me ha impresionado desde siempre, la continua cercanía de Abrahán a Dios. Esa familiaridad y contacto permanente. En el fragmento del Génesis que leemos hoy usa de la hospitalidad oriental para el Señor y sus enviados preparándoles descanso, limpieza y comida. Y como nos ocurre que la casa de Betania, alguna vez, por extraordinario que parezca decirlo aquí y ahora, nos gustaría tener la oportunidad de Abrahán de tener al Señor como huésped e invitarle a comer. Es verdad que Él está cerca y en muchas ocasiones de nuestra vida le hemos sentido al lado. Otras, cuando la desolación llega, puede parecer que no le encontramos. Pero, tal vez, nos debe pasar lo que a Marta: estamos tan atareados, de un lado para otro, con más sentido del movimiento que de la eficacia, con, asimismo, más capacidad para trajinar y poca calidad en nuestro trabajo espiritual que no somos capaces de verle u oírle.

4.- Aquí –y ahora— merece la pena profundizar un poco más, junto con Abrahán, en esa necesidad de que Dios –el Señor, la imagen visible del Dios invisible, Jesús— esté siempre cerca de nosotros. La mayoría de las grandes preguntas de fe o las cuestiones difíciles de nuestra vida como cristianos solo se van a poder resolver si, puestos en la presencia de Dios, le preguntamos a Él. Hay muchas gentes que, sin duda, creen en Él, pero no cuentan con Él. Les asusta esa cercanía que, sin duda, incluye compromiso. Nadie puede –salvo uno mismo— saber con exactitud cuál es el nivel de relación con Dios de los otros. Hay que tener cuidado ante cualquier presunción o mal juicio. Pero, sin embargo, puede intuirse esa especie de lejanía de Dios por el simple hecho de aplicar una realidad demasiado corta, aunque "científica". Hay otros que han convertido a Dios en solo un sentimiento, utilizable en los momentos de blanda bonanza o de suave desesperanza. Es como el recuerdo entrañable de unas antiguas vacaciones. Tampoco es eso. Dios vive y está cerca de nosotros. Y así nos planteamos ser todos tener algo de Marta y de María. Saber contemplarle a Él en toda ocasión y no por eso dejar de trabajar.

5. - San Pablo llegaría a lo más alto en la cercanía de Cristo al sentir en su cuerpo los dolores de la Pasión del Señor. Vivir en Jesús y no vivir por sí mismo, como nos cuenta en el pasaje de la Epístola a los Colosenses que leemos hoy. Pero también Pablo estuvo en esas altas cumbres místicas, según el episodio contado por el mismo en la Segunda Carta a los Corintios. De la cercanía sentida de Dios puede llegar mucha ayuda. No debemos, pues, de escatimar los dones de esa presencia cercana del Señor. No hay más que pararse un poco. Dirigir nuestro pensamiento hacia Él y, en seguida, estará a nuestro lado.

6.- Todos los relatos bíblicos de la misa de hoy nos impulsan, sin duda, a la contemplación. A imaginar, estando en estado de oración, como son esas escenas que los textos sagrados nos muestran. Si realmente, somos capaces de reconstruir con los ojos del alma las escenas que nos traen dichos textos y así orar metidos hasta dentro de la vida de Jesús y de sus circunstancias. Moisés ejercita la hospitalidad con Dios. Marta y María aceptan a Jesús como huésped, aunque cada una tenga su propia idea de cómo debe ser recibido y cuidado. Nosotros hemos de recibir a Dios, a Jesús, en nuestras vidas y considerarle siempre cercano. Y no olvidemos una de las frases más bellas del acervo cristiano y que nos sirve de ejemplo: considerar al Espíritu Santo como dulce huésped del alma. Seamos siempre hospitalarios con Dios. Él lo espera. Nosotros lo necesitamos.


LA HOMILÍA MÀS JOVEN


ACTITUDES

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Aunque el corto texto del evangelio que la liturgia de este domingo nos ofrece, sea muy interesante, permitidme, mis queridos jóvenes lectores que, como casi siempre, me dedique a la primera lectura. Para mí y para muchos, extraordinariamente interesante.

Os advierto, en primer lugar, y sé que ya otras veces os lo he dicho, la escena de Mambré, no es un relato, una historieta, que nos dé noticia de un suceso como tantos, en la vida de Abraham, el Patriarca, nuestro padre en la Fe. Como el episodio lo he meditado y gozado muchas veces, acudiré, pues, a ofreceros mi experiencia personal. Si muchas veces la he leído, unas cuantas la he captado en expresión plástica.

2.- Visitaba y admiraba un día la escena del Génesis, plasmada en un mosaico de equilibrados tonos azulados, en Rávena, la ciudad italiana tan poblada de este género de expresión artística. Era una imagen serena, descriptiva. La podía imaginar en el desierto, a 4km al Este de Hebrón. Poco después, de vuelta a casa, me paré, como otras veces he hecho, a visitar el museo del mensaje bíblico de Marc Chagall, en Niza. La misma escena de Mambré la contemplaba aquí de una vivacidad del color y una expresión de asombro en la actitud del Patriarca,  que maravillaba. Este pintor no se encasilla en ningún estilo que no sea el suyo mismo, pero siempre revela su impetuoso entusiasmo, su apasionado amor que existió en su vida. Sus colores rojos nadie los pinta igual. Seguramente que todos vosotros conocéis el icono de la Santísima Trinidad del Antiguo Testamento. Probablemente habréis visto reproducciones del que pintó Andrei Rublev, en él  nada es descriptivo, todo es simbolismo que uno debe interpretar y que, generalmente, se le da el sentido de adoración contemplativa.

3.- Por mi parte os diré que en Mambré he estado unas cuantas veces. Dos lugares, cercanos ellos, se disputan la autenticidad. En el que pertenece a una comunidad oriental Ortodoxa, no he podido entrar nunca. Conozco bien el que conserva un pozo profundo y parte de murallas de lo que debió ser un edificio. En el suelo, por diversos rincones todavía se ven antiguos mosaicos. La última vez que estuve, no me atreví a conducir yo y fuimos en taxi. Le costó encontrar el lugar al taxista y cuando por fin lo encontró, le preguntó al palestino que tenía la llave del recinto, que qué había allí, que aquellos extranjeros querían visitar. El guardián le dijo que creía que allí el Profeta había edificado una mezquita. No es esta mi única decepción. La más evidente es la ausencia de arboleda por allí. Uno busca una encina y solo llega a ver una esquelética higuera, que brota en el exterior de un muro.

4.- El sentido obvio del fragmento es un ejemplo de la hospitalidad de Abraham que de inmediato que ve llegar a aquellos tres varones, les invita a descansar y a comer, los considera sus huéspedes, puesto que han pasado cerca de donde él había plantado su tienda. Algo más descubre el Patriarca. Mucho más es lo que le comunicará el Señor.

Primera reflexión ¿Qué hubiéramos hecho nosotros? ¿estamos preparados para acoger al viajero que pasa a nuestra vera?

Segunda. ¿Somos capaces de ver con el corazón, con más profundidad que lo que observan los ojos de la cara?

Tercera la compañía de Dios, ¿nos procura paz y serenidad? o ¿nos dejamos esclavizar por las preocupaciones e intereses que nos envuelven y que a los demás tanto apasionan?

5.- En el evangelio el episodio es más diminuto de extensión territorial y duración temporal. No ocurre en el desierto, pasa en una aldea cercana a Jerusalén que, sin duda, es Betania. Viven allí unos amigos predilectos del Señor. Dos hermanas son las protagonistas hoy.Las dos se interesan por el Maestro. Las dos quieren aprovechar la oportunidad de su visita. Una, Marta, como Abraham, se afana a prepararle alimento. La otra se limita a contemplarle, a escucharle, a ofrecerle su compañía y amistad.Las actitudes de las dos son buenas. Antes de que caigan en disputa, Jesús, sin desdeñar lo que le prepara Marta, le señala que pone tanto esmero en su labor, que pierde la serenidad, que está en peligro de sentir envidia de la predilección  que por María manifiesta. No la aparta, no. continúa siendo su amigo.

6.- María, dice, ha escogido la mejor parte y nadie se la quitará. La que ha elegido Marta no dice que sea mala, no. le advierte que tiene sus peligros. La tradición la llama y elogia como Hospedera del Señor. La leyenda provenzal, que dice conserva su tumba, admira su buen obrar. (por si no lo sabéis, me estoy refiriendo a Tarascón. Hace un año gocé visitando esta población de la Provenza francesa y rezando en la iglesia que dicen conserva su tumba. Y os advierto además, que Marta es la patrona de Avignon, la ciudad que fue residencia papal durante un tiempo).

7.- En Betania población, a pocos kilómetros de Jerusalén, me he parado bastantes veces. He ido a pie algunas, es una delicia. Me gusta recordar que por allí, cerca de donde se conserva la tumba de su hermano Lázaro, tenía el Señor sus amigos predilectos. No quiso escoger el matrimonio, pero sí compartir el gozo de la amistad. Siempre he celebrado misa rogando por mis amigos y por los amigos de quienes me acompañaban. La próxima vez, pronto, si Dios quiere, rezaré por vosotros, mis queridos jóvenes lectores y pienso también que si un día nos encontráramos, me acogeríais a mí igualmente, a imitación de Abraham, de Marta y María.

Cada uno a su manera.

He titulado actitud a este mensaje, porque es preciso que cada uno piense, medite y se pregunte, qué es lo que espera y cómo espera el Señor, que nos aproximemos a Él. Es lo que se llama vocación.  Esta prenda espiritual que nos prepara el Señor no es “pret a porter”. Dios nos la prepara a cada uno, hecha a medida. No la abandonéis el día que creáis haberla encontrado.