II Domingo del Tiempo Ordinario
20 de enero de 2019

La homilía de Betania


 

1.- ¡FALTA ALGO!

Por Javier Leoz

2.- EL VINO BUENO ES EL AMOR DE JESÚS

Por José María Martín OSA

3.- EL VINO BUENO ES JESÚS

Por Gabriel González del Estal

4.- MARÍA, MADRE DE MISERICORDIA

Por Antonio García-Moreno

5.- LA IMPORTANCIA DE LO COTIDIANO

Por Francisco Javier Colominas Campos

6.- LO QUE EL ESPÍRITU SANTO NOS DA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILIA MÁS JOVEN


DIOS DE FIESTA, DIOS DE ALEGRÍA, DIOS ENAMORADO

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- ¡FALTA ALGO!

Por Javier Leoz

Han quedado atrás las fiestas navideñas y, cuando tantos símbolos desaparecen de las calles o de las iglesias (luces, estrellas, belenes, adornos) un nuevo signo, por parte del Señor, sale a nuestro encuentro: comienza su misión ofreciendo buen vino, generoso y abundante, en la mesa de los hombres.

1.- Siempre falta algo en el intento de alcanzar la felicidad por parte del hombre. Y, siempre, mirando a María escuchamos lo que con insistencia, Ella pide a Jesús: que intervenga en nuestras vidas. Que, el agua por sí misma, no es suficiente para alegrar nuestro vivir. Que el hombre, por sí mismo, no es suficiente para llegar al colmo de la felicidad que pretende esta sociedad tan vacía de valores como aquellas tinajas que estuvieron a punto de abortar el éxito de una boda.

¿Qué son las bodas de Caná? Muchas interpretaciones se han dado al primer signo que, Jesús, realizó en el comienzo de su misión. Entre todas ellas, me quedo con una que me parece esencial: Jesús viene a establecer una alianza definitiva entre Dios y la humanidad. ¿Seremos capaces de percatarnos de este Misterio más allá de lo extraordinario del agua convertida en vino? María, siempre atenta y solícita a las peticiones de sus hijos, muestra las carencias de aquellos que –buscando al Señor- saben que sin Él, la vida, es difícil teñirla con el traje de fiesta.

Y es que, siempre, nos falta un algo y un alguien. Un algo para que la fiesta sea completa y un alguien para que ponga “ese punto” y todo sea un éxito.

2.- Llevemos alegría, como el vino mejor y más selecto, allá donde el otro vino –dulce pero traicionero- es incapaz de llegar: al corazón. Y es que, lo ebrio del mundo, no es lo más aconsejable para alcanzar la dicha o llegar al supremo grado de bienestar. Más bien al contrario. Las Bodas de Caná nos traen una sugerente catequesis: Dios pone todo en su punto. Dios pone ese “algo” y ese “alguien” cuando, la creatividad o las previsiones de las personas se quedan cortas. Faltó el vino en Caná, y María (lista como ella sola y controlando todo lo que acontecía) susurra a Jesús: “les falta el vino”. O lo que es lo mismo: se han quedado cortos para llegar hasta el final en el banquete de la vida.

Hoy, en el Señor, vemos su semblante más festivo. Acostumbrados a escucharle en el templo, a tenerlo rodeado de leyes y de normas, nos asombra su otra dimensión: viene con nosotros y, cuando hace falta, se suma al espíritu festivo de nuestro caminar.

3.- Como María, también nosotros, debiéramos de estar atentos en esas situaciones que necesitan un poco de paz y de sosiego. María, con los ojos bien abiertos, fue consciente de que algo raro ocurría en aquel convite. Que, de repente, todo podría irse al traste si el vino, elemento importante en una comida, hubiera faltado. Esa puede ser también nuestra misión: ser sensibles a las necesidades de las personas o situaciones que nos rodean. Aquello de “ojos que no ven, corazón que no siente” no es una buena filosofía para aquellos que creemos y esperamos en Jesús. Que el Señor en este Año Santo de la Fe nos ayude a poner el buen vino de nuestra fe, de nuestro testimonio, de nuestra alegría cristiana en tantas mesas donde rezuman los vasos de licores que han dejado de ser cristianos para convertirse sólo en exponente de fiesta pagana sin referencia a lo eterno. Ojala, entre otras cosas, recuperásemos la bendición de la mesa como el vino de solera de cualquier fiesta social, familiar o incluso eclesial.

4.- QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR

Que ponga palabra oportuna

allá donde se desarrolle el desconcierto

Que irradie música y alegría

cuando brote el escenario de la tristeza y la angustia

 

QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR

Que hable de Ti y de tus hazañas

aún en medio de incomprensiones y vacíos

Que lleve la esperanza y el optimismo

a un mundo que llora perdido

Que cargue las tinajas de los corazones de las personas

con tu Palabra que todo lo colma y satisface

Que convierta el vinagre de muchas historias

en el dulce vino de tu fraternidad y de tu Evangelio

 

QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR

Que, con María, también abra los ojos

y descubra los sufrimientos y la escasez

el fracaso y tanto aguafiestas

que abortan el espíritu festivo de la humanidad

el anhelo de fraternidad de este mundo.

 

QUE SEA YO BUEN VINO, SEÑOR

Y sepa darte gloria, por mis obras

Y sepa bendecirte, por tanto signo que realizas

Y sepa agradecerte, por tantos dones que regalas

Y sepa alabarte, por salir al encuentro del hombre

Gracias, Señor,

tu vino (el único, el mejor y el más auténtico)

alegra la mesa de toda nuestra vida.

Que en este Año de la Fe, como buen vino,

sea capaz de ofrecer tu Palabra con mi voz

tu presencia, en mi entrega

tu fortaleza, con mi testimonio

tu amor, a través de mi caridad

tu corazón, por mi comprensión

tu reino, en mi forma de entender y de vivir la vida

Amén


2.- EL VINO BUENO ES EL AMOR DE JESÚS

Por José María Martín OSA

1.- Dios ama a su pueblo. El tercer Isaías, posterior al exilio, alza su voz para levantar la esperanza del pueblo en un momento de depresión. Este profeta está convencido de que Yahvé quiere y puede salvar al pueblo. El Señor recibirá un día a la "Abandonada" y le dará el nombre de "mi favorita" y llamara a la tierra de Judá "Mi desposada". Porque no se ha olvidado del amor de su juventud, de su primer amor. Hay que notar que todo este simbolismo alude siempre en la Biblia a las relaciones de Dios con su pueblo. El amor de Dios es el pueblo. En unas pocas pinceladas describe el autor las relaciones más cálidas entre los hombres: el amor conyugal. Todo ello en términos de alegría: la alegría de después de la boda, la alegría interna de sentirse amado es lo que Israel va a experimentar. Nunca palabras tan consoladoras han sido dichas al creyente. El hombre es levantado hasta el plan de Dios, no hay lugar para la desesperanza porque el amor es sincero y hace vivir.

2.- “Actúa siempre con toda justicia”. Pablo habla de los carismas en su primera Carta a los Corintios. El carisma es una gracia singular que Dios concede a cada uno, pero que está destinada al bien de todos. La gran variedad de los carismas no está reñida en modo alguno con la unidad y la comunión fraterna. Todos debemos estar atentos para estimar los carismas ajenos y no retener los nuestros para disfrute individual. Se comprende, pues, que aquí la unidad, lejos de contradecir a la pluralidad, se constituye precisamente como unidad de las diferencias, algo a tener muy en cuenta cuando hablamos de ecumenismo. “Actúa siempre con toda justicia” es el lema para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2019, que se celebra del 18 al 25 de enero, fiesta de la conversión de San Pablo. El lema está tomado del Deuteronomio, que incluye una recopilación de leyes y normas para la convivencia del pueblo. En las sociedades plurales y complejas de nuestros días resulta siempre difícil la convivencia, por eso los cristianos sí debemos colaborar juntos en el empeño por lograr un orden justo para la sociedad en la que vivimos.

3.- Jesús es el vino bueno. Jesús se encuentra en una boda y con él los discípulos. Participa de las alegrías humanas. Pero se encuentra con unos novios en apuros porque se les ha acabado el vino. Es su madre, María, la que se da cuenta y le pide que les ayude: “Todavía no ha llegado mi hora” contesta Jesús. Esta hora es su muerte en la cruz. Pero ante la súplica de su madre y la necesidad de los novios, en Caná comenzó sus signos. El relato de hoy hay que leerlo, pues, desde la muerte de Jesús. Esta muerte la concibe Juan como la glorificación de Jesús. Es el relato de su gloria futura anticipada en símbolos, Jesús es el vino bueno que mejora al anterior. El agua y las tinajas de piedra son símbolos de la antigua ley y las purificaciones. Además, son seis, número imperfecto. No sirven para la salvación…. Agua y vino representan dos órdenes sucesivos. Un representante de la antigua ley reconoce que el vino es mejor. Jesús es el que trae la alegría y la salvación a los novios y a cada uno de nosotros cuando nos identificamos con El y nos dejamos ayudar por El. Escuchemos a María que nos dice: “Haced lo que Él os diga”.


3.- EL VINO BUENO ES JESÚS

Por Gabriel González del Estal

1.- Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: no tienen vino. Jesús le dice: mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora. Su madre dice a los sirvientes: Haced lo que él os diga… Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú en, cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora. Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Para entender bien este relato de lo que ocurrió en las “Bodas de Caná”, según el evangelista san Juan, debemos tener en cuenta que el evangelista san Juan nunca habla de milagros, sino de signos. Al evangelista san Juan no le interesa tanto lo que ocurrió, como lo que significa; el signo habla de lo que significa lo ocurrido. En este relato de las Bodas de Caná hay dos mensajes muy claros que el evangelista san Juan quiere transmitirnos: yo creo que el primer mensaje que el evangelista quiere darnos es que Jesús es el vino bueno, frente al vino peor, representado en la Ley judía. Hasta que llegó Jesús todos los profetas anteriores habían predicado el valor absoluto de la Ley judía para poder salvarse; pero desde el momento mismo en que Jesús comienza su vida pública, es el mismo Jesús el único absoluto que acepta Dios para que podamos llegar hasta él. Para nosotros, los cristianos, la enseñanza de Jesús está expresada en su evangelio, pero el evangelio de Jesús no se reduce a normas, el vino bueno del evangelio no son sólo los preceptos, sino el mismo espíritu de Jesús, es Jesús mismo. Si no tenemos dentro de nosotros el espíritu de Jesús, si no vivimos su espíritu, si no tratamos de ser en nuestras vidas el mismo Jesús, no participamos, no bebemos realmente el vino bueno. El vino bueno es vida y es amor, amor a Dios y amor al prójimo.

2.- Haced lo que él os diga. Este podemos considerarlo como el segundo mensaje importante de este relato evangélico. Fue realmente la madre de Jesús la que adelantó la hora pública de su hijo. “A Jesús por María” nos decían siempre nuestros educadores religiosos. De María sabemos muy poco, pero de lo poco que sabemos podemos deducir, al menos, dos cosas: que María, cuando no entendía algo de su hijo “lo conservaba todo en su corazón”, es decir, prefería adorar el misterio de su hijo; y, segundo, que la unión con su hijo se fundamentaba, por encima de todo, en el amor. Estas dos cosas debemos nosotros también de practicarlas en nuestra relación diaria con Jesús: que la adoración del misterio y el amor sean los pilares de nuestra vida cristiana. Sólo así estaremos bebiendo el vino bueno que Jesús nos regaló en las bodas de Caná.

3.- Como se regocija el marido con su esposa, se regocija tu Dios contigo. El profeta Isaías habla de la relación que Dios tiene con el pueblo de Israel, una relación basada siempre en un amor compasivo y protector. Es la relación que quiere tener con cada uno de nosotros, amándonos generosa y gratuitamente. Correspondamos nosotros a su amor con amor. La relación fundamental de Jesús con su Padre fue una relación de amor; que sea siempre así nuestra relación con Dios.

4.- Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.


4.- MARÍA, MADRE DE MISERICORDIA

Por Antonio García-Moreno

1.- INEFABLE AMOR. "Ya no me llamarán "abandonada"..." (Is 62, 4). Abandonada, devastada. Tanto, de tal modo, que esa situación calamitosa viene a dar nombre propio a la tierra de Israel. Era el estado doloroso en que quedó el pueblo sumido, después de haberse olvidado de Dios. Momentos de angustia, momentos de tristeza infinita. Los hombres se alejan por el pecado de su Creador, y al estar lejos se sumergen en un mar de lágrimas, en un mundo oscuro y gris. Esa historia colectiva es figura y paradigma de muchas historias individuales, de todas las historias de cada uno de los pecadores, y de una forma u otra todos los somos.

Cuando el hombre peca, en efecto, el alma se queda como tierra baldía, tierra abandonada y devastada. Aflora el miedo, la sensación de vacío, la tristeza. Es cierto que en ocasiones el hombre llega a encallecerse y a no sentir nada ante el pecado, a vivir "tranquilo" sin Dios. Pero en el fondo late el temor ante lo desconocido, el miedo ante lo que pueda ocurrir, la incertidumbre ante el más allá de la muerte, la duda que atormenta. Pero todo eso tiene fin para los que vuelven, arrepentidos y pesarosos, sus ojos a Dios, que como un buen padre está siempre dispuesto al perdón, a la espera del retorno del hijo pródigo, para correr a su encuentro tan pronto lo vea llegar. Entonces se iluminarán nuestros sombríos horizontes y un nuevo capítulo gozoso se iniciará en nuestra historia personal.

“Como un joven se casa con su novia..." (Is 62, 5). Amor de juventud, primer amor. El despertar de los sentidos al amor, ese sentimiento tan hondo, tan humano y tan divino. Las palabras quedan inexpresivas para describir el amor, son un torpe balbuceo que trata inútilmente de expresarse. Es una realidad que sólo cuando se siente, se comprende. Podemos decir que es lo que más se asemeja al ser de Dios. Quizá por eso sea inefable, tan difícil de describirlo, pues el Señor rebasa con mucho nuestra capacidad de entendimiento. Si no fuera porque él mismo se nos ha revelado poco sabríamos de su grandeza. Así y todo, hemos de reconocer que sólo de forma analógica podemos comprender algo de él. Pero esa aproximación es suficiente para asombrarnos, para colmarnos de veneración y de ternura. A través de Isaías, nos dice hoy que nos ama como un adolescente enamorado ama a su primer amor, y que se alegra al vernos lo mismo que el esposo cuando ve a su amada. Ojalá que esta declaración divina de amor, tan inaudita y encendida, nos despierte y nos empuje a corresponderle, a quererle con toda nuestra alma.

2.- BODAS EN CANÁ. "Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda" (Jn 2, 2). La grandeza y divinidad de Jesús no le impedía estar cerca de las cosas pequeñas de la vida humana de cada día. Esta actitud sería luego criticada por sus enemigos, le llamarían comilón y bebedor simplemente porque participaba en fiestas y celebraciones de sus amigos. Hoy nos narra el evangelio las bodas que se celebraron en Caná de Galilea. A ella fueron invitados Jesús con su madre y sus discípulos. De este modo el Señor santificó con su presencia divina ese acontecimiento crucial en la vida del hombre, bendice la unión entre marido y mujer hasta hacer de ella el gran sacramento, el símbolo vivo de su propia unión con la Iglesia, la esposa de Cristo sin defecto ni mancha.

San Juan que vivió con María cuando el Señor se marchó a los cielos; él, que la tomó como madre por encargo de Jesús agonizante en la cruz; él, que fue el discípulo amado, sólo habla dos veces de la Virgen en todo su evangelio; aquí en Caná y luego cuando refiere la crucifixión en el Calvario. Son pocas veces, desde luego, para todo lo que él habría escuchado de labios de Santa María. Sin embargo, cuanto dice es más que suficiente para que podamos conocer la categoría excelsa de Nuestra Señora, la madre de Jesús, como siempre la llama Juan. Ya con este detalle nos está enseñando que María es la madre de Dios, un hecho que es el punto de arranque y la base teológica en donde se apoya toda la grandeza soberana de la Virgen, privilegio singular del que derivan todos los demás.

Con este milagro, realizado gracias a la intervención de María, se pone de manifiesto: Por un lado la ternura de su corazón materno, el desvelo por las necesidades de sus hijos; y por otra parte aparece su poder de intercesión ante su divino Hijo, que se siente incapaz de no atender la súplica de su Madre santísima. Con razón, por tanto, la podemos invocar como Madre de misericordia y como la Omnipotente suplicante.

Cuánto nos ama el Señor. No sólo muere por nosotros en la cruz y derrama toda su sangre para redimirnos. Además nos entrega lo que le era más querido y entrañable, a su propia Madre, para que lo sea también nuestra. Con razón la llamamos "spes nostra", esperanza nuestra y causa de nuestra alegría. Quien confíe en ella no se verá jamás defraudado, lo mismo que nunca defrauda el amor de una buena madre al hijo de sus entrañas.


5.- LA IMPORTANCIA DE LO COTIDIANO

Por Francisco Javier Colominas Campos

El domingo pasado, con la fiesta del Bautismo del Señor, concluíamos el tiempo de Navidad y volvíamos de nuevo al Tiempo Ordinario. Hoy nos encontramos en el segundo domingo de este tiempo en el que recordamos la importancia de lo cotidiano, donde el Señor nos sigue llamando a la conversión y a buscarle cada día con más ánimo. Las lecturas de este domingo son muy ricas en contenido, pero sólo destacaremos aquí tres ideas.

1. Dios está atento a lo que necesitamos. En el Evangelio de este domingo hemos escuchado el pasaje de las Bodas de Caná. Un texto muy conocido por nosotros. Jesús, en su vida ordinaria, invitado a una boda, es advertido por su madre que los novios se habían quedado sin algo tan esencial en una fiesta como es el vino. María, como buena madre, siempre atenta, intercede ante su Hijo para que haga el milagro. Jesús transforma el agua, insípida aunque común y fácil de encontrar, en un vino y además un buen vino, el mejor. Porque aquellos novios habían invitado a Jesús a su fiesta, Jesús pudo ayudarles en aquello que necesitaban. También nosotros hemos de dejar que Jesús esté presente en nuestra vida, en lo cuotidiano, para que cada vez que nos falte de algo, especialmente la alegría, la esperanza, el sentido de la vida, todo aquello que es esencial, Él pueda ayudarnos, convirtiendo lo insípido de nuestra vida en el buen vino. Y es que Dios nos cuida, está atento a nuestras necesidades, se preocupa de nosotros, si nosotros le dejamos entrar en nuestra existencia. Dios está deseando que le abramos de par en par las puertas de nuestra vida para entrar y vivir en nosotros. Es hermoso el comienzo de la primera lectura de hoy: “Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré…”. Dios se alegra con nosotros, como el marido con su esposa, hace fiesta con nosotros si le invitamos, y convierte el agua en vino para darnos la salvación.

2. Para ello hemos de poner en sus manos todo lo que somos y tenemos. Releyendo bien el pasaje de las bodas de Caná, encontramos que para que Jesús pueda hacer el milagro y dar a aquellos esposos el buen vino que necesitan, primero han tenido que llenar las tinajas de agua. Para que Dios pueda darnos aquello que necesitamos, primero hemos de ofrecerle nuestra vida, con nuestras miserias, nuestros pecados, con todo lo insípido que hay en ella, para que Él la pueda transformar. Cuando Jesús dijo “Llenad las tinajas de agua”, dice el Evangelio que “las llenaron hasta arriba”. No hemos de escatimar en lo que le damos a Dios. Hemos de presentarle nuestras tinajas llenas hasta arriba, hemos de ofrecernos del todo. Cuanto menos nos demos de nosotros mismos, cuanto menos nos abramos a Él, menos podrá transformar en nosotros. Por ello, el Evangelio de este domingo nos invita a ser generosos, a darnos del todo a Dios, con nuestras tinajas colmadas, aunque sea de agua insípida, aunque sea de miserias y pecado, de vaciedad y de vida sin sentido. Si todo esto se lo ofrecemos a Dios, si hacemos lo que Él nos dice, transformará esta agua insípida de nuestra vida en un buen vino, y cuanto más nos ofrezcamos a Dios, más nos transformará.

3. Dios nos da su don, a cada uno, para que lo pongamos al servicio de los demás. Estas dos ideas anteriores se completan con la segunda lectura de hoy, de la primera carta de san Pablo a los Corintios. Nos dice san Pablo que Dios nos ha dado sus dones, nos ha dado su Espíritu, a cada uno en su medida, para que lo pongamos al servicio de los demás. El don es el mismo, el Espíritu es uno sólo. Todos lo hemos recibido con un don distinto para que lo pongamos al servicio de los demás. Es decir, de nada sirve que Dios transforme el agua de nuestra vida en buen vino, símbolo del don de Dios que nos da a través de su Espíritu, si ese don nos lo guardamos para nosotros mismos. El don que Dios nos da es para el bien común, para el servicio de los demás. Es por ello por lo que hemos de estar atentos para descubrir cuáles son los dones que Dios nos ha dado, cómo se manifiesta ese Espíritu de Dios en nuestra vida personal, para que así podemos servir a la comunidad cristiana y al mundo entero según el don que Dios nos da.

Ofrezcamos a Dios nuestra vida en esta Eucaristía, al comienzo del Tiempo Ordinario, que Él la transforme en el buen vino, que nos de su Espíritu y que seamos generosos para poner los dones recibidos al servicio de todos. Que María, la Madre de Dios, que intercede cada día por nosotros como intercedió por aquellos novios de Caná, ruegue a Dios por nuestra vida.


6.- LO QUE EL ESPÍRITU SANTO NOS DA

Por Ángel Gómez Escorial

1.-. En la lectura de la Primera Carta a los Corintios que hemos proclamado hoy hace Pablo una enumeración de lo que el Espíritu de Dios puede imprimir en nosotros y así llegar incluso a acometer milagros. En los primeros tiempos del cristianismo la presencia del Espíritu Santo era visible, tangible, en quienes lo recibían. La imposición de las manos cambiaba el talante de los fieles. ¿Está hoy el Espíritu más lejano de nosotros? Sinceramente, no. Lo que ocurre es que tenemos que aprender a mirar lo que hacemos con ojos espirituales. Tal vez, hagamos algún milagrito sin saberlo y, asimismo, sean signos que sirven a los demás, sin que nosotros lo apreciemos.

2.- En muchas de nuestras crisis espirituales, en momentos un tanto oscuros, cuando parece que las cosas han cambiado o van a cambiar hasta lo desastroso, aparece, de pronto, una idea clara, inequívoca, plena de contenido sobre lo que tenemos que hacer. Es obvio que por ahí ha pasado el Espíritu. Y si la homilía de un cura cualquiera en no importa qué lugar conduce directamente a un "pecador de larga duración" al confesionario, ¿no es eso un milagro? Lo que si debemos de tener claro es que cada uno tiene una misión dentro del Cuerpo Místico y que tales misiones solo llegan por el influjo del Espíritu Santo.

3.- Tendemos a "desespiritualizar" todo y así podemos ver a un colaborador de Cáritas que se entrega a los pobres de su parroquia, como un hombre de mucha bondad personal y de una gran capacidad organizativa. También, a una catequista que educa maravillosamente los niños de su entorno como una mujer abnegada y de gran capacidad como enseñante. Pero sin más. Sin la transcendencia divina de su propio trabajo. Y se nos olvida el influjo del Espíritu que es quien está haciendo posible esos "milagritos" cotidianos. Deberíamos leer hoy el pasaje de la Primera Carta a los Corintios con una mayor literalidad, buscando más su significado concreto y abandonando una cierta tendencia al simbolismo. El Espíritu nos manda su Fuerza y con ella podemos hacer muchas cosas que nosotros solos no podríamos acometer.

4.- Y es bueno recordar al Espíritu Santo de Dios es este domingo segundo del tiempo ordinario, en el comienzo de tanta actividad “normal”, tras las Fiestas de la Navidad, para que Él nos ayude. Os propongo que recitemos juntos el Himno del Espíritu. Tal vez, podría sustituir a las preces de la Oración de los Fieles. Este precioso texto se lee en secuencia en la Misa de Pentecostés. Es, también, himno repetido en la Liturgia de las Horas. Además, es interesante meditar sobre él, tras la lectura del fragmento de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios. No es muy fácil hacer más comentarios al respecto, pero emociona eso de "dulce huésped del alma". En fin, que no se nos olvide invocar al Espíritu todos los días de este año y dedicarle un tiempo de nuestras oraciones. Ahora lo que le estamos pidiendo es apoyo y conocimiento para ser mejores en este “año ordinario” que hoy iniciamos. Tiempo de trabajo habitual y cotidiano, que ha de servir para dar gloria a Dios y amor para nuestros hermanos ¡Qué Él nos ayude!

5.- E iniciamos este viernes día 18 el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos que alcanzará a la próxima semana ya que termina el también viernes día 25, fiesta litúrgica de la Conversión de San Pablo. “Actúa siempre con toda justicia” (Dt 16, 18-20) es el lema para este año. Llevamos ya más de 100 años celebrando esta Semana de Oración, desde 1908, y la idea ecuménica se mantiene viva aunque los resultados de unidad no sean tan fuertes como muchos creyentes desearan. Recemos insistentemente bajo el patrocinio del Apóstol de los Gentiles, por ser un Único Rebaño con un Único Pastor que es Cristo Jesús.


LA HOMILIA MÁS JOVEN


DIOS DE FIESTA, DIOS DE ALEGRÍA, DIOS ENAMORADO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- El poema de Isaías que cierra la primera lectura de la misa de este domingo que reza así: “No se dirá de ti jamás «Abandonada», ni de tu tierra se dirá jamás «Desolada», sino que a ti se te llamará «Mi Complacencia», y a tu tierra, «Desposada». Porque Yahveh se complacerá en ti, y tu tierra será desposada. Porque como se casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de esposo por su novia se gozará por ti tu Dios”, este poema, me recuerda la confesión de Jeremías: “Me has seducido, Yahveh, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido… Yo decía: «No volveré a recordarlo, ni hablaré más en su Nombre.» Pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo trabajada por ahogarlo, no podía. (Jr 20, 7). Y, puestos a hablar de amor, no se puede olvidar las de Oseas “Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón. Allí le daré sus viñas, el valle de Akor lo haré puerta de esperanza; y ella responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto. Y sucederá aquel día - oráculo de Yahveh - que ella me llamará: Marido mío», y no me llamará más: «Baal mío”. (2, 16ss).

2.- Situados en este terreno, evidentemente, hay que referirse a todo el Cantar de los Cantares, las más bellas páginas reveladas, dedicadas a la pasión y la ternura humana. Entre los animales puede existir atracción y permanencia, pero el enamoramiento es realidad genuinamente humana. Tan propia del que fue creado a imagen y semejanza de Dios, que cuando quiso “retratarse” a sí mismo respecto a la humanidad, utilizó estas imágenes. Porque tal vez no fueron suficientes, vino el Hijo y nos confió que entre su Padre y nosotros existía una relación semejante a la de un buen padre con su progenie.

3.- Importaba y preocupaba a los autores, e importa y preocupa aun, la honestidad o no, de las relaciones prematrimoniales. La moral sexual, terreno que la Biblia no ignora, no es excesivamente severa, en las normas y en las narraciones de personajes que no le fueron fieles. Siempre hay un trasfondo de posible, deseable y de algún modo explicable, benignidad.

4.- Os advierto, mis queridos jóvenes lectores, que estoy totalmente de acuerdo con las doctrinas de la Iglesia y le he sido fiel y a ellas me remito siempre.

Ahora bien, con la misma sinceridad, os confieso que me preocupa más actualmente la general ausencia de enamoramientos.

5.- No hace mucho, quien no se dirigía hacia el matrimonio, quien fracasaba en sus noviazgos, o no intentaba vivir para siempre enamorado, se le consideraba un fracasado, se decía que “no servía más que para vestir santos” o despectivamente se le llamaba solterón o solterona. Ellos y ellas. En la actualidad parece que a nadie esto le preocupa.

6.- Os pregunto a vosotros, preguntaos vosotros a vosotros mismos: ¿he estado enamorado? ¿estoy enamorado? ¿quiero estar enamorado para siempre? Dios está enamorado del hombre, ya lo habréis leído en las citas.

El evangelio correspondiente al día de hoy se sitúa también en el mismo terreno.

7.- Caná de Galilea era una población próxima a Nazaret, de la que le separaban unos 10km. ¿correspondía exactamente a la que la tradición señala hoy? Es bastante común aceptarlo. Algunos la emplazan un poco más al sur y también se ha atribuido su ubicación a terrenos que hoy corresponden al Líbano. Os repito que la tradición que se atribuye el honor de ser cuna de Bartolomé y emplazamiento de la fiesta que enmarca la boda a la que asistía María, con su Hijo Jesús y sus amigos, tiene muchos visos de certeza.

8.- Para más inri, no hace mucho se ha descubierto en las proximidades de Caná una antigua “industria” de fabricación de grandes tinajas de piedra, muy apta para los menesteres que ocuparon al servicio, mayordomo y camareros, de la boda. No es de caliza dura como la de los recipientes que puede uno ver, tanto en la iglesia latina, como en la ortodoxa, más bien corresponde a una toba semejante a la de la gruta de la Anunciación. Lo curioso del hallazgo es que se han encontrado recipientes acabados y perfectamente conservados, que se podían mover sin excesivo esfuerzo, ya que las paredes de los depósitos no eran excesivamente gruesas.

9.- Una boda en Nazaret, aun hoy en día, es un acontecimiento que repercute en toda la población. Se forma una caravana de coches que recorren la ciudad, tocando todos repetidamente el claxon. Algo de esto he conocido personalmente. Estaba en Nazaret con un franciscano amigo que me dijo: vente conmigo a Caná, un matrimonio celebra sus bodas de plata. Un poco acobardado, pero con mucha ilusión fui. Aceptado por la familia su única preocupación fue encontrarme a alguien que supiera francés para hacerme la estancia más grata. Éramos muchos los invitados y la alegría, cantos, bailes y dulces, era admirable. En aquellas tierras no se ha perdido la virtud de la hospitalidad. Los protagonistas de la fiesta eran sin duda los novios. La protagonista de la ternura Santa María. El bueno entre los buenos, Jesús. Ambos actuaron un poco a escondidas. Era el primer milagro.

10.- Cuando los jueves rezo el rosario y me encuentro con el segundo misterio, lo rezo ilusionado diciéndole a Nuestra Señora: mira, fíjate, a mí me falta esto o lo otro, aquel o aquellos otros de más allá necesitan ayuda para no perecer de pena, enfermedad o miseria, ¡anda! Díselo a tu Hijo. Y continúo con las diez avemarías. Soy pesado y machaco el clavo, mis queridos jóvenes lectores ¿estáis enamorados? ¿vivís enamorados? Escuchad y aprended de Dios.