Domingo XXI del Tiempo Ordinario
25 de agosto de 2019

La homilía de Betania


 

1.- LLAMADA AL ESFUERZO

Por José María Martín OSA

2.- VIVIR LA HUMILDAD

Por Francisco Javier Colomina Campos

3.- DIOS QUIERE QUE TODOS LOS HOMBRES SE SALVEN

Por Gabriel González del Estal

4.- TODA UNA VIDA EN CONFORMIDAD CON EL EVANGELIO

Por Antonio García-Moreno

5.- ¿NOS IMPORTA SI SEREMOS MUCHOS?

Por Javier Leoz

6.- LA SALVACIÓN DE TODOS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


ESTAD PREPARADOS

Por Pedrojose Ynaraja


1- LLAMADA AL ESFUERZO

Por José María Martín OSA

1.- Un mensaje universal. "Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua". Este el proyecto de Dios: reunir a todos los hombres en Cristo, que será "todo para todos". Tener confianza en Dios es entrar en este inmenso esfuerzo de reunión universal en el que "Alabarán a Dios todas las naciones" (Salmo 116). Los mensajeros de Dios anunciarán su gloria entre las naciones, unos en el seno de su familia, otros en su trabajo y en sus relaciones con los demás. ¿Qué es anunciar el Evangelio? ¿No será permitir que cada uno alabe a Dios, le festeje y le honre como el Dios que ama y que salva?

2. – Dios nos quiere y se preocupa por nosotros. "Dios os trata como a hijos". Nos dice la Carta a los Hebreos que debemos aceptar la corrección de Dios, como Padre bueno que quiere el bien de sus hijos y por eso les muestra el buen camino. No es un padre paternalista. Hemos comprendido cada vez mejor a partir de Jesús que el verdadero padre no es el que tiene un poder de vida y de muerte sobre su hijo, sino aquél que le hace existir plenamente. El sufrimiento no es siempre un castigo natural, ni una prueba o test de valor, sino una ocasión de ir más lejos. Dios nos lleva de su mano, nos va soltando poco a poco, pero siempre está pendiente de nosotros. Quiere que seamos nosotros los que aprendamos y nos realicemos como personas. De lo contrario seríamos siempre niños. En el mundo judío los acontecimientos estaban relacionados con el cielo: unos eran la ocasión de dar gracias, otros eran considerados como pruebas. En un principio Dios intervenía como causa del sufrimiento para castigar, para atestiguar o para verificar la calidad de la confianza como en el caso de Job. Con el tiempo y la reflexión la revelación divina les hizo entender que el hombre dolorido podía ser un justo. Entonces la prueba fue considerada como un signo de la educación paternal de Dios. Este es el sentido que quiere dar a la prueba el autor de la Carta a los Hebreos: "Quien bien te quiere, te hará llorar". Sin embargo, para Jesús el sufrimiento no es un castigo enviado por Dios, ni tampoco un acto de educación. Es, sobre todo, una ocasión que hay que aprovechar para amar más, para acercarnos más a Dios.

3. – Puerta estrecha, pero abierta a todos. "Hay últimos que serán primeros…". Nos advierte Jesús de nuestra falsa seguridad. Jesús habla de "puerta estrecha", de que no vale decir "hemos comido y bebido contigo". Suenan muy duras las palabras de este evangelio "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados". Puestas en boca del dueño de la casa son temibles. Podemos decir que no somos de los de Cristo sólo por el hecho de estar bautizados, sino porque hemos optado por El, hemos decidido seguirle y por eso le conocemos. No le conocen aquellos que no siguen los criterios del Evangelio: aquellos que practican la violencia, que dejan morirse a sus hermanos de hambre, que explotan a su prójimo, que no son capaces de perdonar. No le conocen a Él, y tampoco Él puede reconocerles entre los suyos. La puerta es estrecha porque vivir el Evangelio es tarea difícil y comprometida. Pero esta puerta está siempre abierta...... En todo momento podemos volver sobre nuestros pasos para entrar por ella. Sólo podremos pasar si nos convertirnos a Cristo y a su Evangelio. Habrá muchos que practican el Evangelio aunque no lleven el nombre de cristianos. El Bautismo por sí mismo no es un salvoconducto, es necesario responder con nuestras obras. Por ello puede sorprendernos que "los que no son de los nuestros" nos tomen la delantera en el reino de los cielos. Los últimos de este mundo serán los primeros: los pobres, oprimidos, rechazados, desterrados, aquellos que tienen un corazón abierto a los demás pueden ser los primeros. ¿Serán muchos, o serán pocos los que se salven? San Pablo dirá que "Dios quiere que todo los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad". Jesús no nos dice el número ni el tanto por ciento, sólo nos muestra el camino para llegar a la salvación. Son las cosas de Jesús...


2.- VIVIR LA HUMILDAD

Por Francisco Javier Colomina Campos

Durante estos domingos estamos escuchando en la palabra de Dios algunas actitudes que son propias del cristiano. Este domingo escuchamos una nueva actitud: entrar por la puerta estrecha. Por esta puerta entrarán gentes de todas las naciones. Pero para poder entrar al reino de Dios es necesario vivir la humildad, dejar atrás el pecado y la iniquidad. Dios nos ayuda a ello con la corrección, que, aunque duele, es el camino seguro para entrar por la puerta estrecha.

1. La puerta estrecha. “Salir por la puerta grande” es una expresión castellana, tomada del mundo taurino. Para este mundo, el que triunfa sale por la puerta grande, es aclamado y aplaudido. De hecho, todos deseamos, por naturaleza, pasar por la puerta grande. Es más cómoda, da más satisfacción personal, y sobre todo nos llena el corazón de orgullo y de grandeza. Pero resulta que, para entrar en el reino de Dios, la puerta de entrada es pequeña. Esta puerta pequeña, estrecha, angosta, no es apetecible a primera vista, no es atrayente. Por ella nadie nos ve, ni nos aplauden, ni nos dan honores ni premios. En el Evangelio nos explica Jesús qué significa entrar por la puerta estrecha, y lo explica con una parábola: la de aquellos que querían entrar en la casa, pero el amo ha cerrado ya la puerta, y cuando éstos llaman desde fuera el amo responde que no los conoce. Ante la incomprensión de éstos, que han comido y bebido con él, que le han escuchado predicar en sus plazas, el amo replicará llamándoles malvados. Y es que no basta con estar cerca de Jesús, con comer con Él y beber, con escucharle. Es necesario apartar de nosotros la maldad, vivir la humildad. La puerta estrecha es la de aquellos que dejan de pensar en sí mismo para pensar más en los demás, de aquellos que no hacen las cosas para ser los primeros y los más importantes, sino que se quedan atrás con tal de servir y de amar a todos.

2. Vendrán de Oriente y Occidente y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. A continuación, después de explicar qué es la puerta estrecha, Jesús advierte que vendrán muchos, de todos los lugares del mundo, de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur, que sí pasarán al reino de Dios y se sentarán a la mesa, con los patriarcas y los profetas. Ya lo había anunciado el profeta Isaías, como escuchamos en la primera lectura. Éstos son aquellos que están siendo despreciados, que no cuentan, incluso que son excluidos de la salvación por aquellos que llaman a la puerta pensando que están salvados. Éstos son los humildes, los sencillos, los últimos. Pues como dice el mismo Jesús: “Hay muchos últimos que serán primeros y primeros que serán últimos”. No importa entonces el lugar del que uno procede, la nación, la raza o la cultura. Aquello que importa para Dios es la humildad y la bondad, que son las llaves que abren la puerta estrecha que da acceso al reino de los Cielos. Los que aquí en la tierra quieren ser primeros, serán últimos, mientras que los más despreciados, los últimos, los que no cuentan, serán primeros en el reino de Dios.

3. El Señor corrige a los que ama. Y sin duda hay un camino para la humildad y para la sencillez que requiere la puerta estrecha, y es el camino de la obediencia a Dios. El autor de la Carta a los Hebreos ya nos advierte en la segunda lectura que Dios nos corrige, pero que no debemos rechazar la corrección de Dios, pues Él corrige a quien ama. Es muy bueno escuchar la palabra de Dios que nos denuncia, que nos llama la atención, y dejarse corregir por ella. Del mismo modo que al árbol sano hay que podarlo para que dé más fruto, así también Dios corrige a quien ama, para que dé más fruto. La humildad viene por la humillación, nos dice el papa Francisco en uno de los últimos puntos de la Gaudete et exultate. Y así Dios nos reprende y nos lleva por el buen camino, para que lleguemos a entrar por la puerta estrecha. Del mismo modo que un padre corrige a su hijo y le reprende porque desea su bien, así también el Señor nos corrige, porque nos ama y porque desea nuestro bien. Y si al principio la corrección nos duele, porque nos duele, después nos da como fruto una vida honrada y en paz, como nos dice la Carta a los Hebreos.

La puerta estrecha es la única entrada al reino de Dios. Y esa puerta es la cruz, es darse a los demás por amor, como hizo Jesús por nosotros. En la Eucaristía celebramos este misterio de amor. No seríamos coherentes si celebramos este misterio y recibimos la Comunión, pero después buscamos la honra, el aplauso y hacer nuestra voluntad. Como Cristo, escojamos también nosotros el camino de la cruz, la puerta estrecha, la de la entrega, el amor y la humildad. Así llegaremos al reino de Dios, que ya comenzamos a vivir en la celebración de esta Eucaristía.


3.- DIOS QUIERE QUE TODOS LOS HOMBRES SE SALVEN

Por Gabriel González del Estal

1. Tenemos que desterrar, de una vez por todas, la tentación exclusivista: pensar y creer que Dios sólo puede salvar a los que pertenecen a un determinado pueblo, o a una determinada religión. El pueblo de Israel creyó durante muchos siglos que él era el único pueblo elegido y amado por Dios. El reino de Dios se establecería en Jerusalén y hacia Jerusalén deberían mirar todos los pueblos y caminar hacia ella en busca de la salvación de Dios. Siglos después fuimos los cristianos los que creímos y predicamos que fuera de la iglesia de Cristo no podía alcanzarse la salvación. El que no era bautizado en la Iglesia de Cristo estaba irremisiblemente condenado. Lo mismo pensaron, algunos siglos después de los cristianos, los musulmanes, llamando infieles y dignos de condenación a los que no quisieran seguir las enseñanzas del profeta Mahoma. Los hombres siempre hemos querido poner límites y fronteras religiosas y espaciales a la infinita misericordia de Dios. Ya va siendo hora de que dejemos a Dios ser Dios, un Dios Padre de todos y amante enloquecido de todos sus hijos. Ninguno de nosotros merecemos por nuestros propios méritos la salvación de Dios. Pero Cristo murió no sólo por los judíos, ni sólo por los cristianos, sino para conseguir la salvación de todo el género humano. Nuestro mérito, nuestra colaboración, consistirá en dejarnos salvar por Dios, en no poner trabas a la universal voluntad salvífica de Dios. Dios quiere que todos los hombres se salven, sin distinción de raza, sexo, lengua o lugar.

2. Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor. La corrección del Señor puede llegarnos a través de la voz de la conciencia, o a través de personas que nos quieren y buscan nuestro bien, o a través de una enfermedad, o de otra desgracia o acontecimiento cualquiera. Muchos de los sufrimientos y dificultades que son consecuencia directa de nuestro equivocado proceder podemos entenderlos y aceptarlos como corrección de Dios. También los sufrimientos y dificultades que nos exige siempre el cumplimiento de nuestro deber podemos entenderlo como algo que Dios pone en nuestro camino para purificarnos. El dolor aceptado y ofrecido a Dios como expiación por nuestros pecados podemos entenderlo igualmente como corrección amorosa de Dios. No aceptar la corrección de Dios es rebelarse contra Dios, es no aceptar que Dios es Dios en todos los momentos de nuestra vida, en los tiempos buenos y en los tiempos peores. El autor de la carta a los Hebreos nos dice que si aceptamos la corrección de Dios tendremos como fruto una vida honrada y en paz.

3. Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Este relato evangélico del evangelista Lucas es, todo él, un alegato muy duro contra los judíos que pensaban que el hecho de que Jesús fuera paisano suyo era motivo suficiente para que el Señor les admitiera en su reino. Jesús les dice que no les conoce y que “vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios”. Los últimos, los que vendrán de oriente y occidente, serán los primeros, mientras que los primeros, los judíos, serán los últimos. Dios no regala su salvación a los que sean de un determinado pueblo o religión, sino a aquellos “que se hayan esforzado en entrar por la puerta estrecha”. La salvación es siempre un regalo de Dios, pero Dios sólo regalará su salvación a los que se esfuercen por conseguirla. Somos libres para aceptar o no aceptar la salvación de Dios, pero aceptar la salvación de Dios supone el estar siempre dispuestos a dejarnos guiar por la voluntad de Dios.


4.- TODA UNA VIDA EN CONFORMIDAD CON EL EVANGELIO

Por Antonio García-Moreno

1.- LA GLORIA DE UNA RAZA. "Esto dice el Señor: Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua..." (Is 66, 18). Las fronteras cerradas y estrechas del judaísmo se rompen con la llegada del Mesías. Antes de venir Cristo, los judíos pensaban que sólo los hijos de Abrahán, los de raza hebrea, podrían entrar en el Reino de Dios. Llevados de esa enseñanza procuraban no mezclarse con los gentiles, hasta el punto de considerar que era una mancha entrar en una casa de paganos. En contraste con esta doctrina Jesús enseña que no es la sangre ni la carne la que salva, que no basta con tener por antepasados a los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob para entrar en el Reino.

Ante el escándalo de sus oyentes, Cristo llega a afirmar que Dios puede hacer brotar hijos de Abrahán, de las mismas piedras. Y que muchos de Oriente y de Occidente se sentarán un día en la mesa del Reino. Entre nosotros puede ocurrir algo parecido. Podemos pensar que por el mero hecho de pertenecer a una familia cristiana ya somos cristianos. Hay que salir de ese error. Se es cristiano no por unas creencias o por unas prácticas semanales, sino por toda una vida en conformidad con el Evangelio.

"Vendrá a ver mi gloria..." (Is 66, 21) La gloria de Dios, ese resplandor que llena de gozo y de paz el corazón del hombre. Ver la gloria divina, en efecto, es suficiente para colmar todas las ansias que acucian el espíritu humano. Buena prueba de ello es la exclamación de san Pedro cuando, en el Tabor, contempla por unos momentos la gloria del Señor y dice lo bien que se está allí. Es cierto que esa gloria sólo en el cielo se podrá contemplar plenamente, gozando sin término el mayor bien que jamás podremos ni imaginar. Pero también es cierto que el gozo de la vida eterna se comienza a gustar en esta vida de aquí abajo. Por eso los cristianos que son fieles son también felices.

El Señor, deseoso de nuestra felicidad, quiere adelantarnos algo de la dicha y la alegría del cielo. Por eso se preocupa de señalarnos bien claro el camino que hemos de recorrer por medio de sus Mandamientos, inscritos en nuestro mismo corazón como una Ley natural que determina lo bueno que nos beneficia y lo malo que nos perjudica. Es una Ley que él da a todos los hombres, pues todos están destinados a ser sus hijos, a gozar un día de la gloria eterna, y a pregustar, entre amarguras quizá, el sabor inefable de su cercanía y su amor.


5.- ¿NOS IMPORTA SI SEREMOS MUCHOS?

Por Javier Leoz

Jesús no apuntaba tanto hacia la cantidad cuanto a la calidad de los llamados. ¿Qué hay que hacer para alcanzar la salvación? Su mensaje es un mensaje universal (no para un grupo determinado) y es excluyente para aquellos que practiquen la injusticia.

1. ¿Nos preocupa la salvación? ¿Nos preocupa a los cristianos contemporáneos saber si nos salvaremos o no?

-Hemos predicado durante tanto tiempo el amor ilimitado de Dios que prácticamente hemos llegado a la falsa conclusión que, aquí, todo el mundo entrará por la puerta grande del cielo (aunque haya sido un ladrón) porque la misericordia de Dios puede sobre todo y con todo

-Hemos incidido tanto en la justicia social (compromiso activo en favor del mundo y de sus nobles causas) que hemos inclinado la balanza a una especie de “ONG” que nos procura la salvación sistemática. Y, el Papa Francisco en el inicio de su pontificado, nos advertía que la Iglesia, desde luego, no es ninguna ONG. Que responde a otros fundamentos más elevados y sobrenaturales.

¿Quién de nosotros no oye con cierta frecuencia aquello de “lo importante es no hacer mal a nadie”?

Será bonito trabajar en pro de la justicia, del bienestar, y del progreso de los pueblos. Pero, para eso, no hace falta ser cristiano; con ser un buen ciudadano bastaría.

La novedad de un cristiano estriba en que precisamente, una vez descubierto a Jesús como el mejor tesoro, es urgido y empujado a sembrar el bien arrastrado e interpelado por la presencia de Dios en su vida (no movido por meros afanes sociales).

2. ¿Serán pocos o muchos los que se salven? Estoy convencido de que en el mundo existen cientos de miles de personas que coinciden con los esquemas y las líneas trazadas por Jesús para el establecimiento de su reino. Pero, de igual manera, también estoy persuadido de que hay otras tantas personas que intentan silenciar lo genuino del evangelio (el amor que Dios nos tiene) a costa de potenciar simplemente y funcionar con unos parámetros de valores éticos o humanos. Hoy se nos prepara para vivir en soledad. Hoy, se nos quiere hacer entender y hasta convencer irracionalmente, que el hombre está sólo. No quiero ni pensar en las consecuencias trágicas que le espera un ser humano desprovisto de la compañía de Dios.

El Evangelio siempre será una fuente o un manantial de los más elementales y óptimos valores a los que el mundo puede aspirar. Pero para eso… no vino precisamente Jesucristo.

-Vino para recordarnos que hay un Dios que nos ama con locura y que espera que en nuestros caminos le dejemos caminar junto a nosotros.

-Vino para hacernos saber que Dios perdona faltas y pecados, limitaciones y fragilidades pero que –por si lo hemos olvidado- también da a cada uno lo suyo por su única y magnánima justicia.

-Vino para recordarnos que, si somos hijos de Dios, somos hermanos y que por lo tanto estamos llamados a dar el callo a favor de la justicia y de la atención a los más necesitados.

-Vino, en definitiva, a darnos una palabra de aliento y de esperanza, de salvación y de optimismo que se sostiene en la seguridad de que hay un Dios que trasciende y deja pequeños nuestros pobres e interesados planteamientos.

3.- ¿Serán muchos o pocos los que se salven? Tal vez, hoy y aquí, es el momento de clarificar conceptos. El hombre no se salva por sus obras ni Dios es tan bueno como para llegar a ser “tonto”. La cuestión es saber si en el centro de todo lo que hacemos, decimos, pensamos y construimos… vamos poniendo a Dios o nos vamos pregonando a nosotros mismos.

4.- UNA BONITA FÁBULA SOBRE LA “ORACIÓN”

“La brisa y el abrigo”

En cierta ocasión hicieron una apuesta el agua, el viento y la brisa. El juego consistía en comprobar quién era el más hábil para que, un señor que caminaba todos los días por una calle, se quitara su valioso abrigo.

El viento, impetuoso, contestó: ¡yo seré quien lo consiga! Cogió fuerza y sopló sobre aquel señor que se paseaba con su flamante abrigo. Éste, al sentir el aire, agarró fuertemente con sus manos el abrigo para que no se lo llevara aquella corriente traicionera.

Al día siguiente le tocó el turno al agua. Pensó; si descargo con furia sobre este señor, no le quedará otro remedio que desprenderse del abrigo si no quiere estropearlo. Y así fue. Comenzó a llover con intensidad. Pero, el señor del abrigo sacó un paraguas de un bolsillo y además logró cobijarse en unos porches a tiempo.

No muchos días después, entre sonrisas y burlas, le tocó el turno a la brisa. Ésta era humilde, constante en aquello que se proponía y no solía maltratar a nadie. Cuando se dio cuenta de que, aquel señor, pasaba por la calle… comenzó a ser lo que siempre quiso ser: suave brisa con un poco de calor. El señor al sentir la presencia de una brisa tan agradable se dijo: “qué bien se va por esta calle”. Y se quitó el valioso abrigo.

Así es la oración que quiere Jesús. Confiada y suave. Constante y persistente. El Señor, que no se deja ganar en generosidad, nos da todo aquello que le pedimos con una condición: que lo hagamos con delicadeza, a tiempo y destiempo pero con amor. Como la brisa lo hizo con el abrigo de aquel paseante. Y, el Señor, nos abriga con su mano, con su paz y con su presencia. Se desprende de todo lo que haga falta…cuando lo pedimos con humildad y cariño.


6.- LA SALVACIÓN DE TODOS

Por Ángel Gómez Escorial

1. - El padecimiento del Hombre Dios en la cruz fue de tal dimensión que bien puede decirse que todos los pecados del género humano fueron saldados en ese momento. Los méritos de Jesús son infinitos, pero para que un hombre o una mujer se salven deben quererlo. La libertad humana es otro don de Dios que llega por semejanza con la mismísima divinidad y dicha libertad otorga, por un lado, un enorme merecimiento al hecho que querer salvarse y hacer lo posible para conseguirlo. Pero también la total posibilidad de oponerse al efecto liberador de la cercanía de Cristo y optar por otro camino.

2.- Por todo esto son totalmente compatibles la misericordia de Dios y su justicia. Es conveniente decir, además, esto en el presente Año de la Misericordia. Y esta diatriba que, a veces, ha ocupado muchas horas en las discusiones de los teólogos, toma otra dimensión sin tenemos en cuenta con todo su valor la realidad de la libertad individual humana. Es verdad que en magnitudes "operativas" será siempre mucho más grande la misericordia de Dios que la libertad de un hombre, pero está ultima es irreductible si el ser humano lo desea así.

3.- La acción de Dios no es un narcótico. Todos hemos de aceptarla conscientemente. De ahí que el mensaje de Cristo –que se refleja en el pasaje evangélico de este 21 Domingo del Tiempo Ordinario— adquiera forma de exhortación para modificar nuestras conductas. El camino de perfección no consiste en levitar a treinta centímetros del suelo. Se trata de un análisis permanente de nuestras actitudes en función de elegir la "puerta estrecha" que significa: la entrega a los demás, una austeridad en nuestra vida que no embote los sentidos para saber con exactitud qué es lo que tenemos que hacer y, sobre todo, un continuo esfuerzo por tener presencia de Dios.

4. - Hay gentes que han elegido consecuentemente la "puerta ancha". Y no lo niegan. Saben que están en una dirección que no responde a lo que algo en su interior les ha pedido. Algunos llegan a tener la clarividencia –por supuesto negativa— de que están enfrentados a Dios. Pero la mayoría de quienes traspasan el vado amplio andan engañados. El poder del Maligno se basa en el engaño. San Ignacio de Loyola que ha sido quien mejor ha comprendido el mundo interior del creyente recomendaba siempre realizar oraciones de discernimiento para pedir a Dios que la elección fuera la adecuada. El engaño del "enemigo de natura humana" como "sub angelo lucis" –bajo el aspecto de ángel de luz— es muy frecuente. La pirámide del engaño a veces es enorme y mantiene un entramado bien tejido de engaños para mantener al pecador enredado. No suele haber –como decíamos— aceptaciones objetivas del mal. En su mayoría son pertinaces engaños. Y ahí es donde actúa la misericordia de Dios de manera más eficaz. Hay que abrir los ojos del engañado y ponerle en situación de comprender su error.

5. - Por otro lado, en su contenido de valoración histórica el fragmento de San Lucas que leemos hoy tiene un contenido de advertencia específica a los judíos contemporáneos de Jesús. El Maestro les está indicando que pueden perder la primogenitura de pueblo elegido por Dios y que otros van a alcanzar dicha posición. La rebeldía –libertad colectiva—de los paisanos contemporáneos de Jesús, impidiendo la redención pacifica, trajo dicho apartamiento y la posibilidad de que otras gentes pasaran a formar parte del pueblo elegido. Es posible que en la psicología precisa de Jesús preocupase ese factor de manera muy importante. Él se había encarnado en el seno del pueblo elegido y para salvarlo. No iba a ser así. Sin embargo, dicho comportamiento le preocupa, y mucho.

6. - La conclusión útil para este día es que somos libres para elegir el camino que queramos. Dios nos ayudará con gracias suficientes para seguir el camino que conduce a la puerta adecuada, pero nuestra libertad es insoslayable y nuestra responsabilidad también. El esfuerzo personal para nuestra salvación existe y está ahí. Para obtener –incluso para desear— el regalo de la Gracia hemos de querer obtenerlo como una opción libre de nuestra condición humana. Pero, además, deberíamos -continuamente- dirigir nuestra oración a ese magnífico planteamiento, que, además, es un alto ideal: ¡Qué todos los hombre se salven!


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


ESTAD PREPARADOS

Por Pedrojose Ynaraja

1.- Si bien la misión primordial del profeta es advertir en el lenguaje de su tiempo las exigencias de la Ley, observar la realidad y comparándola con los requerimientos de Dios, denunciar las injusticias o los errores que se cometen, también debe, con sus enseñanzas, orientar al pueblo, encauzar su conducta hacia el futuro. Futuro temporal, que deberá realizarse en la historia, y el futuro eterno.

2.- Pero no siempre se trata de denunciar, en ciertas ocasiones, en momentos de desaliento o de desgracia, un deber suyo será animarlo, moverlo a la esperanza. Isaías es lo que pretende hoy con el fragmento que nos ofrece la liturgia de la misa de este domingo. Los países lejanos que nombra son los que lo eran en aquel tiempo, no podía mencionar ni América ni Japón, evidentemente. Nosotros, mis queridos jóvenes lectores, que hoy le escuchamos, podemos aplicar los buenos anuncios, a la Iglesia, el Nuevo Israel.

3.- La segunda lectura, el texto de la carta a los Hebreos, molestará a algunos. Habla de castigo y hoy frecuentemente se rehúsa. Uno que ha pasado estrecheces e injusticias y hasta hambre, cuando se hace adulto y se casa, no quiere que su prole pase por las mismas penas y dificultades que él pasó y con facilidad otorga todos sus mimos y responde a cualquier capricho que se le pida. Y resulta que se hacen mayores y los resultados de una tal educación, no son lo que esperaban y se sienten defraudados.

4.- En el terreno religioso, algunos quisieran que su confianza en Dios les otorgase todos su caprichos. Recuerdo ahora a este respecto, un párrafo de Saint-Exupery. Cito de memoria y desconozco su ubicación en las diferentes obras que escribió este autor, que he leído casi todas.

“Señor, te dije, cuando acabe mi oración, haz que aquel cuervo de enfrente emprenda el vuelo, así sabré que me has escuchado. Terminé mi rezo y miré, el cuervo no se había movido de la rama. Pero entonces no me afligí, me di cuenta que si hubiera volado, yo ahora estaría triste, pues pensaría que mi dios, en el que yo creo, es un dios inferior, obedece mis humanos caprichos”.

5.- En el texto evangélico de hoy, el Señor aterriza. No se anda por las ramas, no pretende que los suyos, nosotros incluidos, seamos sabios eruditos. Muchos hoy leen y discuten para ver quien inventa una teoría más chocante, a quien se le ocurre algo cuyo titular suene a lo más contrario que se ha dicho hasta ahora, a lo inverso que ha escuchado. Y hablan y hablan con atractivos discursos y la gente queda pasmada y después ellos al final quedan satisfechos.

En el juicio o en nuestro examen cotidiano de conciencia, no se trata de averiguar las teorías que uno ha expuesto. En el juicio, en el de Dios y en el que nosotros nos sometamos a nosotros mismos, debemos examinarnos de Amor y Bien.

6.- ¿A qué se refiere el titulo? Sinceramente lo he escogido porque son palabras textuales del Señor (Lc 12,40) y es el lema del movimiento scout al que he pertenecido y pertenezco. Y también añado: “Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la Palabra de Dios y, considerando el final de su vida, imitad su fe”. (Hb 13,7)