La Asunción de la Virgen María
15 de agosto de 2019

La homilía de Betania


 

1.- LA ACTITUD SERVICIAL DE MARIA

Por José María Martín OSA

2.- LA ASUNCIÓN DE MARÍA

Por Gabriel González del Estal

3.- EN EL CIELO MARÍA JUNTO A SU HIJO

Por Francisco Javier Colomina Campos

4.- EN MEDIO DE LAS TINIEBLAS, UNA LUZ ESTÁ ENCENDIDA

Por Antonio García-Moreno

5.- DIOS LE DIO ALGO MÁS QUE UNA COPA

Por Javier Leoz

6. - LA DORMICIÓN DE MARÍA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILIA MÁS JOVEN


 LA SOLEMNE PASCUA DE SANTA MARÍA

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- LA ACTITUD SERVICIAL DE MARIA

Por José María Martín OSA

1.- “Se puso en camino”. En el momento que María sabe que ha concebido un Hijo, por el anuncio del Ángel, seguramente su alegría y felicidad fueron intensas, pero Ella no se las guardó para sí misma, sino que se apresuró a compartir, a comunicar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, a la persona que más lo necesitaba: Isabel. Esta acción de María nos habla de la relación con el prójimo: familiares, vecinos, conocidos, compañeros e incluso desconocidos, que necesitan de nuestro consejo, de nuestra sonrisa, de nuestra ayuda, de nuestro cuidado, de nuestro tiempo; porque todas estas obras son las que dan testimonio de nuestra fe; El evangelista dice que se levantó, se puso en movimiento. Podemos suponer que Lucas, con esta expresión, quiere subrayar el impulso vigoroso que lleva a María, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a dar al mundo el Salvador. El texto evangélico refiere, además, que María realiza el viaje "con prontitud". Lucas nos invitar a ver en María a la primera anunciadora del evangelio, que difunde la buena nueva, comenzando los viajes misioneros de Jesús. La dirección del viaje de la Virgen es particularmente significativa: será de Galilea a Judea, como el camino misionero de Jesús.

2.- María, la mujer creyente. El canto, el Magníficat, con el cual la Virgen alaba al Señor por su amor y lealtad con la humanidad, es una síntesis de la obra salvadora que vine a realizar Jesús; ha llegado el momento de la liberación y la justicia para los más pequeños; el momento de un nuevo amanecer porque, Cristo, Luz del mundo está entre nosotros, y esto lo expresa María, asistiendo a Isabel, su parienta anciana, que lleva en su seno a Juan el Precursor. El Evangelio según Lucas nos dice que María estuvo 3 meses con ella, tiempo que dedicó María a ayudar y servir a Isabel; a vivir con ella el Misterio, la realización del Plan de Dios. María e Isabel vivieron, tal vez como nadie, la fe, la esperanza y el amor. Este momento de la Visita de María a Isabel es también el primer encuentro entre Jesús y Juan, quien salta de gozo en el seno de su madre, porque sabe que está ante el Salvador. Isabel, proclamándola "bendita entre las mujeres" indica la razón de la bienaventuranza de María en su fe: "¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!". La grandeza y la alegría de María tienen origen en el hecho de que ella es la que cree. Isabel, con su exclamación llena de admiración, nos invita a apreciar todo lo que la presencia de la Virgen trae como don a la vida de cada creyente. Dios la ha escogido precisamente a ella, porque ha mirado su humildad, la humillación de su esclava. María es humilde y sabe que vive en la verdad, sabe que ella no es más que el canal que Dios ha escogido para comunicar a los hombres su gracia salvadora. La vida de María es un canto de alabanza a la grandeza del Señor. La mejor manera de celebrar las fiestas de María es alabar a Dios por todas las cosas buenas que ha hecho Dios a través de nosotros. Nosotros, siempre débiles e imperfectos, hacemos cosas buenas porque Dios actúa en nosotros con su poder, su gracia y su fuerza. Alabemos a Dios por ello.

3.- María nos prepara el camino. El misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo nos invita a hacer una pausa en la agitada vida que llevamos para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida aquí en la tierra, sobre nuestro fin último: la Vida Eterna, junto con la Virgen María El saber que María ya está en el Cielo gloriosa en cuerpo y alma, como se nos ha prometido, nos renueva la esperanza en nuestra futura inmortalidad y felicidad perfecta para siempre. Este es el mensaje principal que nos trae esta fiesta de la Asunción de María: tenemos vocación de eternidad, nuestro destino es la vida. Cuando se rompan los lazos corporales que nos unen a la tierra será Dios mismo el que nos lleve junto a él. También nosotros, hijos de María, esperamos vivir siempre y para siempre en Dios, nuestro Salvador.


2.- LA ASUNCIÓN DE MARÍA

Por Gabriel González del Estal

1.- Virgen del tránsito. En muchos lugares de la vieja Castilla a la fiesta de la Asunción de María se la llama fiesta de Nuestra Señora del Tránsito. En Zamora, que yo sepa, hay bastantes mujeres que se llaman Tránsito y que celebran su santo el 15 de agosto. La palabra “tránsito”, como sabemos, significa el paso de un lugar, o de un estado, a otro. Aplicado a la Virgen, significa el momento en el que la Virgen María pasa de este mundo al otro. El cómo ocurrió esto sólo Dios lo sabe, porque nuestra pobre ciencia humana no pudo, ni puede, comprobar empíricamente el hecho. A los cristianos nos basta creer que nuestra Virgen y Madre María, acabada su peregrinación por este mundo, se fue directamente a estar con su Hijo Jesús y con su Padre Dios. La advocación de la Virgen del Tránsito nos trae a todos nosotros un chorro de luz y de esperanza: después de esta vida, conducidos por la mano materna de nuestra Madre y en virtud de los méritos de su Hijo Jesús, también nosotros iremos a vivir definitivamente con nuestro Padre Dios. La muerte no es el final del camino, la muerte es el paso, es el tránsito, de este mundo al otro, de este mundo mortal y pecador, a un mundo inmortal y glorioso.

2.- La dormición de la Virgen. A la fiesta de la Asunción de María también se la llama fiesta de la dormición de María. Existen muchas estatuas yacentes representando a la Virgen María dormida, descansando ya en Dios. Con este nombre de la dormición queremos indicar que para María la muerte no fue un episodio traumático, ni angustioso. María se durmió llena de paz y se despertó en los brazos de Dios. También en este sentido esta fiesta de la dormición de María nos trae a nosotros un mensaje de paz: si vivimos con Dios, resucitaremos en Dios, sin que exista una grieta violenta y enemiga entre esta vida y la otra. Pedir a Dios una buena muerte es pedirle morir como murió María.

3.- La Asunción de María. Es el nombre litúrgico por excelencia. Asumir es tomar algo o a alguien en propiedad, hacer propia una cosa, o a una persona. Después de que a María se le cumplió el tiempo en la tierra, Dios se la llevó con él, la asumió, la hizo para siempre suya. En este sentido, la Asunción de María indica el momento en el que Dios la asumió, la hizo suya para siempre, llevándola de la tierra al cielo. El mensaje de esta fiesta es siempre el mismo, la llamemos como la llamemos: María fue directamente de la tierra al cielo, sin haber conocido los estertores de una muerte física. Esta fiesta tiene también para nosotros un mensaje claro: es posible vencer a la muerte, porque la muerte no es el final del camino. Cristo venció a la muerte por sus propios méritos; María venció a la muerte en virtud del privilegio que Dios le concedió por ser la madre de Jesús. Nosotros podemos vencer a la muerte por los méritos de Cristo y ayudados por la intercesión eficaz de la Virgen María.


3.- EN EL CIELO MARÍA JUNTO A SU HIJO

Por Francisco Javier Colomina Campos

Celebramos hoy el misterio admirable de la Asunción de María a los Cielos en cuerpo y alma. Este dogma mariano proclamado solemnemente el año 1950 por el papa Pío XII, estaba ya desde muy antiguo en la fe y en la celebración del pueblo cristiano. Hoy la Iglesia mira con admiración al Cielo, y allí contempla a María junto a su Hijo, en cuerpo y alma, coronada como Reina y Señora de todo lo creado.

1. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí. María es la mujer escogida por el Señor para ser la Madre de su Hijo. Él la escogió de forma singular entre todas las mujeres, y por ello, porque iba a ser la madre del Salvador, Dios la preservó de toda mancha de pecado original, siendo concebida purísima. Ella fue la Madre de Dios, la que dio a luz en este mundo al mismo Dios que nació hecho carne. A pesar de ello, Dios no manchó su virginidad, y así fue madre siendo virgen. Y porque María estuvo libre de toda mancha de pecado original, no pudo conocer la corrupción del sepulcro, pues la muerte es fruto del pecado. No podía quedar en un sepulcro a la espera de la resurrección, como cualquier otro ser humano, aquella que no conoció en su vida el pecado. Así lo ha creído la Iglesia desde siempre, así lo sigue creyendo hasta ahora y así lo celebramos hoy. Dios ha hecho cosas grandes en María, como ella misma proclamó al canta el Magnificat al visitar a su prima Isabel. Por ello hoy la Iglesia entera se alegra con María y canta con ella las grandezas de Dios.

2. Enaltece a los humildes. Pero Dios no hizo tantas maravillas en María porque ella fuera mejor que nadie, ni porque fuera la más poderosa según los criterios del mundo. Más bien al contrario, Dios eligió a María por su humildad. Aquella sencilla muchacha de Nazaret fue escogida por Dios por su humildad. Como canta también María en el Magnificat, Dios enaltece a los humildes. La mujer sencilla que supo escuchar la palabra de Dios, que se llamó a sí misma la esclava del Señor, la que supo estar al lado de su Hijo en silencio, meditando todo lo que escuchaba, la que permaneció firme ante la cruz de Jesús y la que finalmente acompañó a los Apóstoles en la espera de Pentecostés, ha sido ahora enaltecida por Dios, asunta a los cielos para estar también allí junto a su Hijo, acompañando y protegiendo con su intercesión a la Iglesia. Así se ha convertido en la figura portentosa que relata el libro del Apocalipsis, en la mujer vestida de sol, la luna por pedestal y coronada con doce estrellas.

3. Donde está María, esperamos llegar también nosotros un día. Pero hoy, la Iglesia no sólo mira al cielo para contemplar a María asunta y revestida de gloria y honor, sino que además mira al cielo con la esperanza de saber que allí conde está María, también la Iglesia entera, y cada uno de sus hijos, anhela llegar un día. Por eso, hoy es un día lleno de luz y de esperanza para los cristianos, pues si María, una criatura humana como nosotros, ha sido llevada al Cielo, creemos y esperamos que también nosotros, si vivimos como María, llegaremos con ella un día al Cielo, nuestra verdadera patria. Hasta entonces, aguardamos aquí en la tierra ese día mientras que imitamos a María en su sencillez, en su escucha atenta de la palabra, en su entrega al plan de Dios y en su ejemplo de confianza en la voluntad de Dios. Si vivimos como Ella, también nosotros llegaremos a donde está Ella.

Que María Santísima, que hoy es asunta al Cielo, interceda por nosotros, nos acompañe en el camino de nuestra fe y nos ayude a vivir cada día la esperanza cristiana. Ella ha ido por delante de nosotros y está junto a su hijo Jesucristo. Que un día también nosotros podemos llegar donde Ella y gozar allí por siempre de la alegría sin fin de la gloria.


4.- EN MEDIO DE LAS TINIEBLAS, UNA LUZ ESTÁ ENCENDIDA

Por Antonio García-Moreno

1.- LA MUJER FRENTE AL DRAGÓN. - El cielo de la noche se llena de luces, su densa oscuridad tachonada de estrellas se rompe como un velo que se desgarra y deja ver cuando antes ocultaba. Es esta una de las más grandiosas visiones del vidente de Patmos. En ella aparecen dos figuras, a cual más sorprendentes y grandiosas, una, la mujer revestida de sol y coronada de estrellas, la otra un enorme dragón rojo que barre el cielo arrojando a la tierra el tercio de cuantas estrellas hay en el firmamento.

Una batalla desigual se entabla, el terrible Dragón rojo de las siete cabezas coronadas contra la bella Mujer embarazada que se yergue rutilante sobre la luna. Símbolos y realidades, el Bien y el Mal en una lucha cósmica que conmueve los cimientos del Orbe. El Dragón está al acecho, dispuesto a devorar al niño que estaba a punto de nacer. Pero cuando nace el varón que dominaría a todas las naciones, es arrebatado y llevado hasta el trono de Dios. Y la Mujer huye al desierto. El triunfo del Bien es seguro.

2.- POR ENCIMA DE LA MUERTE. - La lucha está entablada aún. El enemigo sigue al acecho, ataca en cuanto le damos ocasión para ello. El pecado domina todavía al hombre. Y con el pecado la muerte. Nuestras calles siguen transitadas por los cortejos fúnebres, unos ostentosos y otros modestos, pero siempre con el aire fúnebre y el llanto en los rostros. La guerra que siembra los campos de cadáveres y fleta en las aguas el extraño bulto de los cuerpos muertos. La enfermedad persistente, incurable a veces, el dolor irresistible.

Pero en medio de las tinieblas, una luz está encendida. En medio de la muerte se alza el triunfo de la vida, en la selva del pecado se abren flores de inocencia y de bondad atrayente. La esperanza brilla con fuerza irresistible en la voz de ese anciano vestido de blanco que, apoyado en un bastón, avanza intrépido produciendo un reguero de luz a su paso vacilante pero seguro. María venció al pecado y a la muerte. Ella marcó nuestro propio camino.

3.- SERVICIALIDAD DE LA VIRGEN. - Aunque los evangelistas no intentan escribir una historia en el sentido moderno de la palabra, muchas veces nos ofrecen datos de gran valor para saber con detalle algunos aspectos de los hechos narrados. Este es el caso del versículo que cierra este pasaje evangélico al decir que la Virgen estuvo unos tres meses con su prima Isabel, y que luego se volvió a Nazaret. Si leemos con atención cuanto precede, veremos que significativo es que estuviera precisamente tres meses.

Según dijo antes el evangelista, al narrar la aparición de San Gabriel en la Anunciación, Isabel estaba ya de seis meses en su embarazo. Si María marchó enseguida a visitar a su prima, y estuvo tres meses con ella, concluimos que la acompañó hasta que se cumpliera el noveno mes de su gestación, es decir, hasta que dio a luz... Eso nos hace comprender que la Virgen fue, ante todo, para asistir a Isabel en aquel trance. El motivo, por tanto, de su visita fue ayudarla cuando la necesitó.


5.- DIOS LE DIO ALGO MÁS QUE UNA COPA

Por Javier Leoz

Estamos celebrando una de las grandes fiestas de nuestra piedad mariana: La Asunción de María a los cielos

1. - ¿Qué es lo que buscan o pretenden los atletas, los deportistas, los países que participan en diversas competiciones nacionales o mundiales?: rivalizar para ganar, conquistar el pódium y, con cuantas medallas, más y mejor. Qué bien lo expresaba hace años el Papa Francisco en las Jornadas Mundiales de la Juventud en Brasil: “Dios nos ofrece algo más que una copa, el cielo”.

La festividad de la Asunción me atrevería a decir, es la gran distinción que DIOS impone a la Virgen por haber estado ahí, por haber corrido hasta el final, por haber permanecido fiel, por no haber humillado al adversario –y esta es la diferencia con los juegos de los hombres- sino al revés: HABERSE HUMILLADO PARA QUE DIOS HICIERA AQUELLO QUE TENIA PENSADO

Hoy es el día en el que DIOS eleva a la Virgen al pódium del cielo; le abre sus puertas, la sienta a su lado por haber jugado limpiamente, con sencillez y obediencia, en pobreza y humildad, con pureza y desde la disponibilidad…

2.- No es extraño, por lo tanto, que miles de pueblos, ciudades, congregaciones, parroquias, diócesis, hermandades etc., la tengan como punto de referencia en sus vidas: la suerte que tuvo Ella la queremos tener nosotros.

-La lotería que le tocó a Ella, ser ascendida cerca del rostro de Dios, la añoramos, meditamos, cantamos y queremos para nosotros.

-Si Ella en este día subió a los cielos, nosotros también estamos llamados a juntarnos con la Madre en ese mismo lugar

-Si Ella permaneció hasta el final FIEL a sus principios, que nosotros no los olvidemos. La fiesta de la Asunción es precisamente eso: NO PERDER EL NORTE; NO PERMITIR QUE NADIE VULGARICE Y ADULTERE NUESTRA VIDA.

3.- Una de las epidemias que nos asola, es la desmotivación general que existe en la juventud por superarse (¿ascender?) ¡Cómo se queman etapas antes de tiempo! ¿Qué pasará dentro de unos años ante la ausencia de ideales? Hay una respuesta y reto a la vez: LLENAR DE NUEVO EL FONDO DE LAS PERSONAS; REARMARLAS Y REHACERLAS DE NUEVO con la presencia de Dios.

3.- Ante la presión sistemática, para que miremos exclusivamente a la tierra obviando esos otros valores que emergen del cielo, de esa fuente de felicidad y de fortaleza que nos viene de la FE EN DIOS, la Asunción es una invitación a elevar la cabeza, el espíritu y la mente.

A eso nos ha invitado el Papa Francisco: en la debilidad de la sociedad, con Dios, somos mayoría. A eso nos invita: a callejear, como lo hizo María, con la fuerza y el tesón del Evangelio. María sube a los cielos porque, previamente, supo andar con Dios y por Dios por los caminos de la tierra.

Por eso venimos aquí nosotros y honramos a la Virgen, la llevamos en procesión en este 15 a agosto o manifestamos públicamente nuestra adhesión a Ella.

--Fiesta de la Asunción. Llamada a mirar al cielo, a contemplar una vida ejemplar y valientemente vivida por Santa María.

--Hoy DIOS se la lleva a su lado, porque su cuerpo no puede corromperse en la tierra.

--Mirar al cielo y tener fe como Ella, conlleva un triunfo. Una apoteosis que no son las medallas de oro y de plata que el azar o el mérito de la vida nos da, es la alegría de ver un día cara a cara a los nuestros y ver cara a cara el rostro de Cristo, el semblante de Dios, la fuerza viva del Espíritu, la figura que tanto hemos amado, mientras estábamos en la tierra, de María.

Dios, a María, le dio algo más que una copa: le dio la oportunidad de verle, abrazarle y gozarse con Él en el cielo. A eso estamos llamados todos.

4.- CREDO CON MARÍA SUBIENDO AL CIELO

Creo, contigo María, que si camino como Tú en la tierra

me aguarda lo que, Tú ahora, vives en el cielo

 

Creo, contigo María, que si en mis entrañas acojo a Cristo

con la misma verdad que Tú lo acogiste en tu seno

disfrutaré de esa eternidad que, ahora Tú, vives en la Ciudad Celeste

 

Creo, contigo María, que si abro los oídos

como Tú lo hiciste a la voz del Ángel, soplo del Espíritu Santo,

estaré llamado a compartir esa misma suerte

que, ahora Tú, acoges asombrada ante la magnitud del Misterio del cielo

 

Creo, contigo María, que tu corona –no de oro ni de plata-

fue el servir a Dios con todas mis fuerzas.

 

Sentirme Iglesia viva, valiente y decidida

ante un mundo que, en medio de tanto ruido,

pretende silenciar el Amor que nació en Belén.

 

Creo, contigo María, en este Año Santo de la Fe

que para subir hacia el cielo,

hay que bajar peldaños en la tierra

que para ascender hacia Dios,

hay que descender hacia el corazón de los sufridos

que para escalar en medio de las nubes,

hay que pisar la realidad de cada día.

 

Creo, contigo María, en este Año de la Fe

que, conocer a Cristo, es algo grande y es gracia divina.

Que, servirle, es privilegio y altura de miras

 

Que, escucharle, es dar oxígeno a nuestras almas

Que, amarle, conlleva abrir los brazos a los que me rodean

¡SÍ, MARÍA! ¡CREO CONTIGO EN DIOS!

¡SÍ, MARÍA! ¡CREO CONTIGO EN CRISTO!

¡SÍ, MARÍA! ¡CREO CONTIGO EN EL ESPÍRITU SANTO!

 

Porque, los tres en uno, dieron VIDA a tu vida

Esplendor y hermosura a tu figura

Eternidad para siempre a tus pocas palabras

 

Corona de triunfo que nunca se marchita

a tu cabeza amueblada con palabras con sabor

a obediencia, humildad, sencillez, silencio, evangelio,

camino, Dios, Jesús, Espíritu e Iglesia.

¡CONTIGO, MARÍA, SE PUEDE CREER MÁS Y MEJOR!

¡CONTIGO, MARIA, AL CIELO!


6. - LA DORMICIÓN DE MARÍA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Las Iglesias Orientales hablan de la Dormición de María como titularidad de la presente fiesta. Es, tal vez, más completa la nomenclatura eclesial de Occidente que habla de asunción: de subida al cielo. Pero la Dormición --el plácido sueño-- como tránsito de esta vida a su presencia eterna en la Gloria de Dios es algo muy bello. En la Liturgia de las Horas, en las Completas, todas las noches, antes de rezar la última antífona que está dedicada a la Virgen, se repite: "El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa". El sueño parece una antesala de la muerte cuando los cristianos despegamos del hecho de morir todo lo truculento o desagradable que culturalmente hemos añadido y la fe nos lleva a considerarlo como una Dormición.

2.- Sabemos que la Virgen María está, junto a Jesús, en el cielo y en cuerpo y alma. Esos dos cuerpos gloriosos, no sometidos --ya-- a mutación alguna son la promesa de lo que ocurrirá después de nuestra resurrección. Y en la esperanza gloriosa de la vida eterna hay mucha fuerza para seguir nuestro camino, acompañando a Jesús, a la Virgen, a la Iglesia. Es cierto que hay una tendencia a amortiguar lo maravilloso que encierra el mundo futuro del que nos habla Cristo. Da un cierto vértigo pensar en la forma de nuestro futuro cuerpo glorioso. Y, sin embargo, va a ser real. Jesús, en su conversación con un grupo de saduceos, quienes le planteaban la trampa de la viuda, sucesivamente casada con varios hermanos, habló de que "seremos como ángeles". No, ángeles. Y esa es una alusión muy directa a la glorificación de nuestra humanidad.

3.- Algo que nos produce estupor es que las iglesias llamadas protestantes --su gran mayoría-- han prescindido de dos ayudas fundamentales para la vida del cristiano: la Eucaristía y el culto a la Virgen. Los católicos encontramos en esos dos caminos una fuerza enorme para continuar todos los días la senda de seguimiento de Cristo. No establecemos comparación --ni competición-- entre ambas. En la Eucaristía está Jesús y es, fehacientemente, alimento espiritual. La devoción a María es para la mayoría un camino amable --y entrañable-- de devoción popular. Muchos los han experimentado como un remedio "in extremis" para sus dolencias espirituales. Ocurre, entonces, que sin contar con la ayuda de la Eucaristía tiene que ser más difícil y más lejana la vivencia de la amistad, de la proximidad de Cristo. Y algo parecido puede decirse de la ausencia de la devoción mariana, aunque como decíamos sin comparaciones entre ambos caminos.

4.- En las lecturas de la Misa del 15 de Agosto tenemos el relato impresionante del libro del Apocalipsis. Aparece en el cielo una imagen portentosa, el de una mujer encinta. Y el dragón está presto a devorar al niño que va a nacer. Los tratadistas ven en esa mujer a la Iglesia y, sin embargo, nada puede estar mejor dibujado en la alegoría de San Juan como la irrupción de María en la acción salvadora de Cristo. Y el relato del Apocalipsis enlaza directamente con la Epístola de Pablo. Se refiere a la victoria final, a la derrota de la muerte y al establecimiento del reino del futuro.

5.- San Lucas nos va a traer el episodio de la visitación de María a su prima Isabel que termina con el rezo ilusionado del Magníficat, una de las páginas más bellas de los Evangelios. El Himno del Magníficat está presente en la Liturgia de las Horas, en el rezo de las Vísperas y tiene especiales resonancias para muchos. Es la contribución diaria a ese culto hermoso y sereno a la Madre de Dios.


LA HOMILIA MÁS JOVEN


 LA SOLEMNE PASCUA DE SANTA MARÍA,

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Siempre repito, mis queridos jóvenes lectores, que este largo título resume lo que celebramos hoy. Me irrita soberanamente, llamarla Virgen de Agosto. Calificarla de patrona de un mes de playa, turismo y reposo. Es la solemne Pascua de Santa María, dicho de otra manera.

2.- Nosotros nos fijamos en la conclusión del misterio: la unión íntima con Dios, sin fijarnos en cómo se inició el misterio, sin importarnos donde se preparó. Las Iglesias Orientales en cambio, la llaman fiesta de la Dormición de María y la celebran con mucha solemnidad. Poseen un precioso icono con este título, que expresa la importancia que le dan.

3.- ¿Dónde ocurrió? Si el misterio es Pascua, no debe limitarse a las estrecheces del espacio/tiempo. Considerada hecho personal, cuentan las tradiciones, llámeseles escritos apócrifos, que no es apelativo desdeñable, que vivía en Jerusalén acompañada de San Juan, cuando le llegó la hora. Los ángeles entonces, se repartieron la labor de dar el mensaje a los demás apóstoles, dispersos ya por el ancho mundo, para que la acompañaran en tan trascendental momento.

4.- En Jerusalén, la basílica de la Dormición de María, lo recuerda, su cripta es uno de los lugares más preciosos que se nos permite contemplar a los peregrinos. Se trata de una imagen yacente. Por encima cual baldaquín, coronan los mosaicos que representan a las mujeres bíblicas. Nuestra madre Eva, Judit, Rut, la hija de Jefté…

5.- Imaginamos que de allí en procesión llevaron su cuerpo hacia el torrente de Cedrón, a un sepulcro que estaba ya preparado. Cuando uno está por esa tierra, achicharrado por el calor correspondiente y llega a este rincón muy próximo al olivar de Getsemaní, debe descender muchos peldaños, antes de encontrarse ante el sepulcro, que arqueológicamente se considera auténtico. A medida que va uno descendiendo, también la temperatura también baja. En llegando al piso, se siente uno bien y busca el rincón donde observa la piedra en la que reposó momentáneamente el cuerpo de la Virgen. No, no está allí, hace siglos que fue elevada al Cielo.

6.- Sinceramente uno suplica: ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Esta oración no se desentiende de Dios, en Él precisamente está uno pensando. Recuerda el episodio de Caná y le dice: ¡anda! Madre mía, dile a tu Hijo lo que me falta a mí, estoy seguro de que, como aquel día, también hoy te escuchará, sumergida como estás con Él en el misterio de la eternidad feliz.

7.- Algún año he puesto cerca del altar la bandera de la Unión Europea. No es entonces un símbolo político, es una insignia del continente que durante siglos, se sintió por Ella amparada. Quien la diseñó estaba pensando en esta lectura de hoy. Aquí, en Le Puy, en el Pilar de Zaragoza, en Lourdes, en Meritxell, en el Carmelo, en no sé cuántos sitios, durante mi vida, la he invocado. Lo recuerdo ahora, como quien saca de la cartera las fotografías que guarda de su madre. Todas son distintas, pero corresponden a la misma persona. ¡cuantos millones de veces le he dicho: ruega por nosotros pecadores, en la hora de nuestra muerte!

Esta oración, mis queridos jóvenes lectores, se la podéis todos vosotros dirigírsela también.