El jumento (burro) y la Biblia

Por Pedrojosé Ynaraja

No puedo sentirme indiferente respecto a este animal, pues, en el primer recuerdo que conservo, tenía tres años, ocupa el lugar central del episodio. Una criada de mi tío quería subirme a lomos de un borriquillo y yo me negaba por el miedo que por él sentía. No era capaz de explicarme a mis padres, a tal edad es muy difícil, que me volvían a enviar al patio donde la tal sirvienta volvía a las andadas. Me molestó su insistencia de tal manera que todavía siento pánico a montar en cualquier cabalgadura.

Aparece en los inicios de prácticas de lectura el mismo animal, aquí sin posibilidades de hacerme daño. En la escuela de aquel tiempo, era de precepto leer el Quijote, en una edición escolar, eso sí, y en él aparecía el de Sancho Panza que, sin atribuirle un nombre propio, el simpático protagonista llamaba simplemente rucio.

Ahora bien, cuando más tarde se leyó el “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez, como lo hice yo en los lejanos tiempos del bachillerato de siete cursos como era aquel, perdura siempre la simpatía hacia los asnos, sean blancos plateados o no.

EL EPÍTETO BURRO

Resulta paradójico que el epíteto burro, que en el lenguaje coloquial es insulto de tono medio, pero que no deja de ser injuria, se refiera a un animal doméstico la mar de pacífico y el inseparable compañero en el hogar, útil para el trasporte y hasta para la calefacción de la vivienda. Permítaseme un inciso, ya que más tarde me referiré a la Biblia. En alguna de las casitas-gruta que del tiempo de Jesús se conservan en Nazaret, se ve todavía a la entrada, en el muro, el orificio por donde pasaba la soga que sujetaba al animal. De esta manera el aire que pudiera penetrar al pasar primero por su cuerpo atemperaba el frío exterior.

EL ONAGRO

Se considera que el onagro es el ancestro del jumento. Seis veces aparece con este nombre, que en algunas traducciones se le llama simplemente asno salvaje. Son ellas una en el Génesis, tres en Job, y otra en Jeremías y Oseas, respectivamente. No están totalmente de acuerdo los biólogos que nuestros borricos, Equus africanus asinus, sean exactamente sus sucesores y respecto a ellos, los primitivos, lamentan su casi desaparición total. En Israel, al sur, por arenas del Neguev y próximos a Eilat, he visto durante un viaje algunos ejemplares que me han dicho que instituciones públicas y del gobierno, trataban de conservar libres, ya que su desaparición, al menos de algunas de sus variantes, ya era irreversible.

Y he puesto arenas de desierto, para que no extrañe alguna fotografía donde se observa a algún jumento tratando de alimentarse de lo que ni una cabra sería capaz de arrancar. Los que gocen de la hospitalidad de algún zoológico, pese a su encierro, seguramente les proporcionarán mejor pienso. Advierto que vistos de lejos como yo los vi, no fui capaz de distinguir desigualdades respecto a los nuestros domésticos y que la diferencias que señalan los manuales, se refieren únicamente a su talla o a las características de su pelaje, que solo se apreciarían por el tacto.

EL MULO

Hoy me entretengo en los jumentos, la semana pasada lo hice de los caballos, pues bien, un cruce entre ambos, burro con yegua, es el mulo. Tal animal hereda las bondades de ambos orígenes genéticos. Como el proceso no era fácil de conseguir y los ejemplares, prácticamente eran estériles, su posesión se consideraba en Israel, un signo de riqueza. Este cruce, como cualquier mezcla natural orgánica, lo vedaba la Ley, prohibía efectuarlo, pero no poseer tal resultado, de manera que quien lo quería poseer, debía acudir a su importación de pueblos vecinos o extranjeros más lejanos.

El rey David, llegado al final de su vida, encarga al profeta Natán que monte a su hijo Salomón en la mula de su propiedad, lo baje al manantial del Guion y allí lo unja sucesor suyo, y así lo hizo. Mula era también el animal que montaba Absalón, hijo díscolo de David y mula era la bestia que acarreaba los alimentos puros, las joyas y los cosméticos, maquillajes y perfumes, que acompañaban a Judit, la astuta y devota heroína judía, en su peligrosa aventura de salvación de Betulia, su ciudad natal, barrera que debía ser infranqueable a la tropas de Holofernes, que le impidieran conquistar Jerusalén.

BORRICOS EN LA BIBLIA

Dos borricos gozan de renombre en la Biblia, un par de ellos de los que explícitamente se hace mención. Otros más, el que acompañaría a Santa María, de Nazaret a Ein-Karen, siendo aun soltera a medias y el que cargaría los enseres que personalmente había preparado para su Hijo, próximo a nacer, cuando Ella y San José, marcharon camino de Belén, que posiblemente en ambos casos sería el mismo, con seguridad iría con ellos, aunque no se diga en el texto.

El episodio dramático o jocoso, según se mire, corresponde al comportamiento de [C1] Balaan a lomos de un jumento que con desparpajo desobedece a su dueño, primero le tortura y al recibir castigo por ello, se decide a hablarle. Ocurre el pasaje en época de Moisés que con su pueblo va camino de la Tierra Prometida. Se trata de un típico incidente entre dos comunidades, agrícola una, beduina la otra.

El reino de Moab, con Balac al frente, de régimen agricultor por una parte y el pueblo de Israel, beduino, capitaneado por Moisés, que va abriéndose camino, dejando temerosos, si logran subsistir, a los que por su camino encuentra.

BURRA PARLANCHINA

Si Moisés gozaba de los favores de Yahvé, Balac busca ayuda en un enigmático Balaan, medio profeta, medio adivino, hombre de buena fe sin duda, al que solicita que acuda para maldecir a las tropas que se acercan. Como buen servidor y desvelador de misterios que era, Balaan, vacilante primero, dócil después, se marcha a caballo de una burra parlanchina, bueno, que así lo sea, se entera entonces. La borrica con sus quejas y reproches torna la predicción que debía ser maléfica, en bendición a favor de Israel. Que el lector interesado acuda al texto bíblico y lea a partir del capítulo 22 del libro de los Números y reconocerá que ya en aquellos tiempos, como lo será siempre, la imaginación de Dios es portentosa, aunque su amor por misterioso que pueda parecer nunca engaña.

EN BETFAGÉ

El segundo jumento que adquiere protagonismo bíblico reside en Betfagé y el pasaje ocurre en los días previos a la Pasión del Señor, lo relatan los Sinópticos. Descansa Jesús en Betania y decide desplazarse a Jerusalén y presentarse solemnemente en la ciudad. Sale a pie y camina un rato, subida durante doce minutos, donde existe el encuentro con el borrico que ha encargado a algunos apóstoles se lo buscasen, en la cercana pequeña población de Betfagé, que hoy ha crecido. Se trata de gente amiga que no duda en prestárselo. El borrico está, tal como lo previó el Señor, con su madre, borrica, evidentemente también. Los separan los discípulos, se monta y sube los ocho minutos que les separan de la cresta del Olivete, de allá todo será bajada, algo así como media hora, al primerizo burro no le supondrá esfuerzo. (He señalado detalladamente lo que dura el viaje, lo he practicado más de una vez y en el mismo Betfagé que he visitado en varias ocasiones, he residido durante algunos días. La duración de la entrada a Jerusalén, sin duda, sería más larga, dada la actitud de la gente y sus aclamaciones y homenaje)

UNA ANÉCDOTA

 Lo que contaré ahora es pura anécdota. En el Betfagé actual, en el interior de la iglesia franciscana, cercano al altar, hay una gran roca que dicen que allí subió Jesús para montarse en el burro. Dos cosas piensa uno cuando se lo cuentan. Primeramente, que la altura de la piedra es mayor que la del lomo de un jumento. Si debía montar, más fácil le hubiera resultado hacerlo directamente. En segundo lugar piensa uno que si en memoria del episodio se decoró la roca con una pintura, ¿a quién se le ocurrió levantar el muro del edificio tan cercano, de manera que debe uno recurrir a un espejo, si quiere poder contemplar la plasmación en pintura al fresco, de tal evento. Entienda, pues, el lector la limitada e imperfecta fotografía que adjunto, fragmentada la imagen, que no podía hacerlo de otra manera.

EL NACIMIENTO DE JESÚS

Del tercer burro o burra, o de los dos terceros, vete a saber, no habla el texto. Que existieron nadie puede dudar. Tanto en el viaje de Santa María solitaria, camino del encuentro con Isabel, necesitó quien le llevara la carga, como el posterior recorrido matrimonial hacia Belén, para cumplir con el preceptivo decreto. El altorrelieve en bronce que acompaña al texto corresponde al detalle de una de las puertas de la Basílica de la Anunciación en Nazaret.

Las tradiciones referentes al nacimiento del Niño Jesús adornan la estampa con dos animales que acompañan a la Sagrada Familia. Tal vez cuando se acerque el día de la celebración, me refiera a ellas, baste hoy decir que un borrico en aquel tiempo era animal de compañía y ayuda que no faltaba en ningún domicilio, por modesto que fuera.

 

Explicacion de las ilustraciones.- Las primeras fotos muestran a los jumentos dentro del tabajo de alquiler con los turistas. Tanto arriba como abajo las fotos de Petra muestras a los jumentos en Petra. Llamativa intantanea de un burro rodeado por trafico de automoiviles en El Cairo. Tambien, arriba arando con un par de jumentos. El resto de las imágenes se sitúa en cercanía a los textos explicativos.