CATEDRAL DEL CÓRDOBA, 8 DE DICIEMBRE DE 2019

Poe David Llena

Aunque el lugar fue la incomparable Catedral de Córdoba, el día y el acto pareciera que se hacía en la casa de María en Nazaret. Ella, fue la que estuvo pendiente de todos los detalles y fue la que encabezaba la procesión hacia el altar que comenzaban aquellos dos jóvenes Javier y Mario, Mario y Javier que darían su “sí” al Señor.

Al parecer es costumbre en aquella diócesis celebrar la ordenación de diáconos este día, y creo que es un acierto pedagógico. Como muy bien explicó el Obispo diocesano D. Demetrio en su homilía, aunque la lectura del Evangelio corresponde a la Anunciación del Ángel a María y su correspondiente “fiat”, es el saludo del Ángel lo que celebra y festeja la Iglesia: La llena de Gracia de forma sobreabundante, sin medida, sin límite… apenas unos días antes de la estampa de la Navidad, que es razón y da sentido a toda la fe cristiana. Dios cumple su promesa y manda un Salvador.

Fue de especial y hondo sentimiento, el canto de las letanías de los Santos que se fueron invocando para pedir la protección sobre estos dos candidatos que hoy se ofrecían al Señor y que permanecían rostro en tierra reconociéndose necesitados de cuanta más ayuda mejor. Sentimiento y la satisfacción de una madre que ofrecía a su hijo llena de emoción, ante los sufrimientos pasados hasta ese momento y que, junto a su hija, veían revestirse a Mario una vez realizadas las promesas y la aceptación por parte del Obispo.

Y la emoción fue creciendo, al ver ese azul celeste con el que estos dos nuevos diáconos se integraban en el presbiterio junto a todos los sacerdotes que vestían este mismo azul en conmemoración de una Inmaculada Concepción, que debería ayudar a estos nuevos ordenados a parecerse a Cristo atendiendo junto a María las necesidades de todos aquellos a los que les falte el vino nuevo del Señor.

Desde las mismas tierras que pisara el santo Doctor Juan de Ávila, dos nuevos predicadores de la Palabra entraban a formar parte de los escogidos del Señor, de aquellos que dejan todo: redes, trabajo, familia, para seguirle y darlo a conocer.

Emoción en los gestos, emoción en los ojos, emoción en el corazón, cuando la asamblea se arrodillaba ante el milagro diario de la transustanciación, el Mismo que bajó a las entrañas de María bajaba ahora a quedarse con nosotros y a insuflar comunión entre todos aquellos que compartimos el mismo pan.

Comunión partida y repartida, como las bendiciones de estos nuevos diáconos, como las estampas de recuerdo, como los sentimientos de agradecimiento, como los abrazos y las lágrimas, que por momentos empañaban los cristales de las gafas de Mario. Primero su hermana, luego su madre y después todo aquel que se acercase a pedírselo. Y es que, el Espíritu tiene estas cosas; si por medio anda el Espíritu y los corazones se abren a su acción, la unidad y el calor se abren paso, aunque estemos en pleno mes de diciembre.

Enhorabuena Mario, enhorabuena, Javier.

 

VALORES: AMISTAD-GRANDEZA

Por Pedrojosé Ynaraja

El ser humano es de por sí incomunicable, pero tendente a la relación íntima personal. Lo aprendí en mi 5º curso de bachillerato y lo he tenido siempre en cuenta. “Los hombres no son islas” se me quedó fijo en la cabeza, cuando leí el libro que con este título escribió Tomas Merton.

Tal realidad y tal dinámica, la debemos tener siempre presente, descubriendo una cualidad peculiar y exclusivamente humana, la amistad.

Era un hombre tan pobre tan pobre, que no tenía ni siquiera amigos.

De una persona puede ser admirada su belleza, deseada su riqueza, admirada su destreza profesional o deportiva. Si se siente solo, si en su interior germina y crece la tristeza, que puede convertirse en grave depresión, se siente desafortunado.

En el seminario se nos advertía de los peligros de las amistades particulares, también de los posibles enamoramientos.

Si se carece de uno y otro ¿qué calidad tendrá la convivencia? ¿es posible aceptar con fidelidad y felicidad, la voluntad de Dios?

Más aun ¿qué testimonio nos ha quedado de la vida histórica del Señor? Porque no hay que olvidar que nuestra Fe no se funda exclusivamente en la doctrina que leemos en la Biblia. Pese a que tantas veces se afirme, no tenemos los católicos a una religión del libro.

Lázaro, María y Marta, fueron amigos particulares del Señor. No escribieron ningún libro, resumen de las enseñanzas que recibirían de Jesús. Simplemente, fueron amigos. La posición estratégica de su domicilio, tan cercano a Jerusalén, le permitía recluirse, descansar y compartir con ellos, sin peligrar. Era una amistad sincera y sencilla, buena prueba de ello es el episodio aquel en el que una, Marta, reclama la colaboración de su hermana María y Jesús le advierte que no se atolondre, que la cercanía que ha escogido su hermana vale más. Ahora bien, que nadie piense que el Maestro prefiere a una y margina a la otra. Si en este pasaje Marta es “artista invitada secundaria” más tarde será la primera que interceda, reconociendo que está convencida de que Él es el Cristo y por eso confía en su ayuda (Jn 11,27)

Si los peregrinos de Tierra Santa se detienen en Caná de Galilea y recuerdan y celebran los casados, su realidad matrimonial y hacen bien y hasta reciben, si lo solicitan, un recordatorio, algo semejante debería hacerse en Betania, la casa de la amistad, el otro amor, el que escogió Cristo.