CONTINUAR CAMINANDO CON ÁNIMO

Por David Llena

Hay momentos, en el desarrollo vital de cada uno, donde las expectativas se ven truncadas, y llega el desánimo. A veces, sin ser excesivamente optimista, se esperan ciertos frutos que por una razón u otra no acaban de darse: Un examen suspenso tras un curso de estudio, un proyecto fracasado tras meses de esfuerzo…

Lo que, en otros momentos cuando la alegría bullía en el corazón, era una fácil tarea, ahora se vuelve ardua y tediosa, hay que volver a replantearse el camino, hay que retomar ese asunto que pensábamos que estaría superado, pero que no es así.

Es en estos momentos donde podemos vislumbrar la potencia de Dios en nosotros, al ser capaces de retomar con mayor ilusión y con nuevos puntos de mira ese proyecto o uno nuevo. Es cierto que la mala experiencia anterior nos puede frenar la ilusión, pero quizá el esfuerzo para sobreponerse a esta situación será lo que haga que aumente nuestra reciedumbre, la musculatura de nuestro espíritu.

Posiblemente, nos lleve más esfuerzo las tareas a realizar, pues tenemos que superar, además de dicha tarea, la desazón por el fracaso experimentado, en cuyo caso debemos poner el 100% del corazón en este nuevo proyecto, en esta nueva tentativa. Ese esfuerzo extra, nos hará madurar más en nuestro acercamiento a la Casa del Padre y si se lo pedimos Cristo estará con nosotros empujando en el mismo sentido, alentando con su Espíritu Santo para que descubramos la voluntad del Padre en nosotros y así podamos dar respuesta a aquello que nos interroga en estos momentos.

 

POLÍTICA

Por Pedrojosé Ynaraja

En mi época de estudiante, de estudiante que estudiaba porque era mi profesión, ya que estudiar continúo haciéndolo todavía. Por aquellos tiempos, pues, que simultaneaban con la juventud, respecto a la política teníamos ideas generales. Ni la ley permitía la existencia de partidos, ni se diversificaban ellos, los que de una u otra manera se sentía implicado especialmente en el terreno. Teníamos ideas vagas de lo que era el marxismo, que identificábamos con el comunismo, sabíamos algo del liberalismo y del capitalismo y muy poco de la anarquía, que siempre nos sonaba mal y la democracia, una utopía que soñarla nos elevaba al cielo. A lo poco que sabíamos, se unía lo que nos contaban, las experiencias de la guerra, de la local y de las dos mundiales. Cada uno se creaba sus preferencias políticas monolíticamente concebidas.

Llegaron tiempos de libertad, de probar, según parecía, la democracia. La primera constatación era que permitidos los partidos, estos se dividían y dividían y, poco a poco, perdían contenidos y singularidad. Se lo decía yo a mi madre, poniéndole un ejemplo, que si no era válido y exacto, era significativo. Un líder de derechas, aristócrata para más inri, aparecía por televisión en mangas de camisa y con el cuello desabrochado. Otro, comunista de toda la vida, se presentaba siempre con corbata y elegante traje. Un partido socialista declaraba que no era de izquierda y uno de derechas se irritaba cuando así se le llamaba, pues declaraba ser de centro y vete a saber lo que esto significaba.

Con libertad de expresión y sin censura, ha disminuido la cultura política y ha aparecido la adhesión a partidos, sin conocer exactamente su ideología, pero dándole al que uno escogía, una actitud cuasi religiosa. Las manifestaciones eran, o son, actos de culto y las votaciones etapas sacramentales.

¿Se es más feliz ahora? ¿se es simplemente feliz, olvidando la dimensión trascendente de que puede gozar la persona humana? ¿el militante se siente satisfecho? ¿confía en sus líderes? ¿la adhesión a cualquiera de ellos responde a valores antropológicos aceptados y deseados?

¿Qué es una nación? ¿en qué se funda el patriotismo, de un signo u otro, llámesele nacionalismo o independentismo?

El olvido de la dimensión religiosa ¿es manifestación de madurez personal?

Nuestra cultura actual que pasó a ser considerada post moderna, ¿implica progreso civilizado?