CUANDO NO SE TIENEN GANAS

Por David Llena

En el ajetreado mundo en que nos ha tocado vivir, muchas veces llegamos con el tiempo justo a muchas de nuestras “obligaciones altruistas”, es decir, todas aquellas que no forman parte de nuestro trabajo profesional. Citas que se hicieron en otro tiempo y que ahora resultan menos agradables, proyectos que un día fueron ilusionantes y ahora se tornan más dificultosos, tareas domésticas que cada vez se hacen de forma más rutinaria y llevadas con el estrés de cada día, y que van minando nuestra ilusión y nuestra energía primera.

Y por esos momentos también puede pasar nuestra fe. Una fe que brotó en un momento dado, con una ilusión propia de algo nuevo, que fue creciendo y madurando, pero que en los momentos de oscuridad, el alma se puede volver apática y rechazar lo que antes era de su total agrado.

Y es que tenemos que acostumbrarnos a estos eclipses de satisfacción espiritual, no podemos querer que el sol ilumine permanentemente nuestra vida. Si no pasa la noche, no podremos disfrutar de la belleza del amanecer. Lo que no podemos dudar, durante esos periodos de noche, es que el sol saldrá una vez más por el mismo horizonte que lo vimos salir en otro momento.

El momento aciago del Huerto de los Olivos, fue necesario para que Cristo tomase la decisión de morir por todos. No era cuestión, en ese momento de decir no tengo ganas, quizá mejor dejarlo para otro día. Hoy es el día de tomar la cruz, de pasar lo mejor posible esa noche que puede estar pasando por nuestro interior, y la mejor forma de pasar estos momentos de dificultad es junto a Aquél que ya los pasó por nosotros. Animar nuestro interior, con la cercanía de Cristo. Él no abandonará su puesto a nuestro lado cuando lo necesitemos, quizá no lo veamos pero ahí estará.

Y cuando venga la luz y la claridad nos permita reencontrarnos con la dulzura espiritual, sentiremos en nuestro interior una cotidianidad y cercanía que no había descubierto en la oscuridad del momento, pero que nos harán descubrir que realmente Él estuvo a nuestro lado en los momentos que más lo necesitaba nuestro corazón. Jesús, amigo que nunca falla.

 

USAR Y TIRAR (2)

Por Pedrojosé Ynaraja

Me refería la semana pasada al individuo que envuelto en actitudes de amistad se aprovecha de uno, es un chupón. Se podría dar el mismo calificativo a las organizaciones que conquistan a alguien por sus apetecibles cualidades, se aprovechan, los manipulan y marginan cuando ya nada de ellos pueden sacar, sin haberles dado oportunidad de colaborar. Tal comportamiento es siempre doloroso. Y con frecuencia también es propio de instituciones que se llaman a sí mismas cristianas. En determinados momentos, decir que figura en sus listas una persona de prestigio, viste mucho, aunque ni sus criterios, ni servicios los acepten.

Hace unos meses fui víctima de una estafa. Quienes me timaron merecerían un doctorado honoris causa en tal materia. En el seminario nos enseñaron a vencer a los enemigos del alma pero no aprendimos a librarnos del fraude. Los que me escogieron sabían muy bien lo que querían y eran duchos en conseguirlo. Sufrí un engaño y nada más.

Quienes les expliqué el suceso, sintieron lástima de mí por el mal que me habían causado. No digo que yo me alegrara, no, pero confieso que no me quitaron el sueño. Me arrebataron dinero, mucho dinero de acuerdo con mi status personal, pero ¿qué es el dinero? ¿Quién es capaz de darme una definición exacta del papel moneda? ¿en qué se diferenciaban aquellos billetes de los que puedo recibir posteriormente de mi nómina de jubilado? Únicamente en la numeración. Los billetes son todos iguales. Prefiero no llevarlos nunca en el bolsillo y abonar mis habituales compras, alimentación y gastos de desplazamiento, mediante tarjeta bancaria. Cuando me toca manejar billetes, como cuando preciso tocar o acariciar a un animal, preciso lavarme las manos de inmediato.

Vuelvo al principio, cuando alguien envuelto en actitudes de amistad, se aprovechan de mí, encuentra lo que busca y desaparece, algo dentro de mí se resquebraja y por la hendidura del corazón pierdo un poco de esperanza. Eso sí que es triste, dañino e irrecuperable.