FIN DEL VIAJE A ÁFRICA: FRANCISCO REGRESA A ROMA

MAURICIO: FRANCISCO REZA EN LA TUMBA DEL BEATO PADRE LAVAL, “APÓSTOL DE LOS NEGROS”

LAS BIENAVENTURANZAS SON EL CARNET DE IDENTIDAD DEL CRISTIANO, AFIRMA EL PAPA

EL PAPA PIDE EN MAURICIO NO CAER EN LA TENTACIÓN DE UN MODELO ECONÓMICO IDÓLATRA

MAURICIO: EL PAPA SE REÚNE CON EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Y EL PRIMER MINISTRO

PROGRAMA DEL PAPA EN MAURICIO

ORACIÓN POR LOS TRABAJADORES QUE EL PAPA FRANCISCO REZÓ EN MADAGASCAR

EL PAPA FRANCISCO FUE RECIBIDO CON ENTUSIASMO POR 8 MIL NIÑOS CANTANDO “DIOS ESTÁ AQUÍ”

AKAMASOA: “NO BAJÉIS NUNCA LOS BRAZOS ANTE LOS EFECTOS NEFASTOS DE LA POBREZA”

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO EN EL MONASTERIO CARMELITA DE MADAGASCAR

MADAGASCAR: LA CERCANÍA DEL PASTOR HA DE SER A DIOS, A LOS SACERDOTES Y AL PUEBLO

MADAGASCAR: FRANCISCO VISITA LA TUMBA DE LA BEATA VICTOIRE RASOAMANARIVO

MADAGASCAR: GRAN ENTUSIASMO DE LOS MALGACHES PARA RECIBIR AL PAPA

FRANCISCO SE DESPIDE DE MOZAMBIQUE Y PONE RUMBO A MADAGASCAR

LA HISTORIA DETRÁS DE LA VESTIMENTA QUE EL PAPA USÓ EN MOZAMBIQUE

EL ORIGEN DEL BÁCULO QUE RECIBIÓ EL PAPA EN MOZAMBIQUE CONMUEVE LAS REDES

MOZAMBIQUE: EL PAPA LLAMA A LA “VALENTÍA DE LA PAZ” QUE “PUEDA IMPREGNARLO TODO”

DISCURSO A LOS JÓVENES DE MOZAMBIQUE

ÁFRICA ALBERGARÁ GRAN PARTE DE LA POBLACIÓN CRISTIANA MUNDIAL EN LAS PRÓXIMAS DÉCADAS

FRANCISCO SEGUIRÁ LA SENDA DE SAN JUAN PABLO II EN SU VIAJE A ÁFRICA

MENSAJE DE FRANCISCO AL PUEBLO DE MADAGASCAR: “LLEGARÉ A CONFIRMARLOS EN LA FE”


FIN DEL VIAJE A ÁFRICA: FRANCISCO REGRESA A ROMA

Despedida en el aeropuerto de Antananarivo

(ZENIT).- El avión de regreso del viaje pontificio a Mozambique, Madagascar y Mauricio, despegó el 10 de septiembre de 2019, desde Antananarivo, Madagascar, a las 9:40 de la mañana, hora local (8:40 h. en Roma). sí, el Papa Francisco ha puesto final a un viaje a África que comenzó el 4 de septiembre y en el que el ha visitado los tres citados países.

 Este periplo no constituye la primera visita de Francisco al continente africano, pues previamente ha estado en Egipto, Kenia, Uganda, la República Centroafricana y Marruecos. Por otra parte, entre 1988 y 1989, en varias expediciones, Juan Pablo II acudió también a los tres países africanos mencionados.

Mensajes del Papa

Durante este viaje, el Santo Padre ha pronunciado en total 4 homilías, 8 discursos y 2 saludos, con un programa cargado de actos. A través de ellos, ha transmitido los distintos mensajes para cada uno de los pueblos que ha visitado.

En Mozambique, país que se encuentra aún inmerso en un dilatado proceso de paz, el Papa ha confirmado y animado a los mozambiqueños en su deseo paz y reconciliación. En Madagascar, una de las cinco naciones más pobres del mundo, el de la esperanza en la justicia social. Y, finalmente, en Mauricio, territorio que ostenta uno de los ingresos per cápita más altos de África, el Pontífice ha hablado de promover una política económica orientada hacia las personas.

Ceremonia de despedida

En la mañana del día 10, después de celebrar la Misa en privado, el Obispo de Roma dejó la Nunciatura Apostólica de Antananarivo. Antes de trasladarse en coche al aeropuerto para la ceremonia de despedida, saludó al personal de la residencia, a los benefactores, a los amigos de la Representación Pontificia y a una docena de ancianas pobres que representan a las personas asistidas por la Nunciatura cada viernes.

A su llegada al aeródromo a las 8:50 de la mañana, hora local (7:50 h. en Roma), el Pontífice fue recibido por el presidente de la República de Madagascar, Andry Rajoelina, y por su esposa a la entrada del Pabellón Presidencial, donde tuvieron una breve conversación.

A la salida del Pabellón, el Papa saludó a los obispos malgaches y se dirigió al avión. Allí estaban congregadas unas 300 personas para decir adiós al Papa Francisco y un coro ha acompañado el acto.

Después de saludar a los obispos y de cruzar el pasillo de la Guardia de Honor, el Papa se ha despedido del presidente y de su consorte y ha subido a la aeronave de su vuelo papal, que tiene previsto llegar a Roma a las 19 horas.

Regalos para la Nunciatura de Madagascar

El Santo Padre ha ofrecido una Medalla del Viaje Apostólico como regalo a la Nunciatura Apostólica de Madagascar.

En el espacio de la izquierda de la medalla hay una imagen del Baobab, símbolo de Mozambique, flanqueada por la fecha en latín del Viaje Apostólico. A la derecha está la Palma del Viajero, emblema nacional de Madagascar, y junto a ella el mar y una parte del sol, que hace referencia al Océano Índico, que baña las costas de los tres países, y al clima tropical.

En el centro está la Cruz, rodeada de rayos; un “Paille-en-queve”, el ave símbolo nacional de Mauricio, vuela hacia ella; en la parte inferior se presenta el texto en latín relativo al Viaje Apostólico.

Mosaico del pontificado

El Pontífice también ha regalado a la Nunciatura un mosaico que representa el escudo de armas de su pontificado. En la parte superior del mismo se encuentra el símbolo de la Compañía de Jesús, compuesto de un sol radiante y ardiente, en el que se encuentra el acrónimo IHS y, sobre él, una cruz con tres clavos en su base.

El acrónimo IHS puede interpretarse como Iesus Hominum Salvator (Jesús, Salvador de la Humanidad), o In Hoc Signo (Vinces), de la memoria constantiniana. Posteriormente los jesuitas lo consideraron como Habemus Iesum Socium (Tenemos a Jesús como Compañero) y Societas Iesu Humilis (Sociedad Humilde de Jesús).

Además del símbolo de la Compañía de Jesús, se localizan una estrella, que simboliza a la Virgen María, y la flor de nardo, que en la iconografía hispana alude a la castidad de san José.

El lema que acompaña al escudo de armas del Papa Francisco, Miserando atque eligendo, constituye un homenaje a la misericordia divina. Está tomado de las homilías de san Beda el Venerable, que comentando el episodio evangélico de la vocación de san Mateo, escribió: “Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme”


MAURICIO: FRANCISCO REZA EN LA TUMBA DEL BEATO PADRE LAVAL, “APÓSTOL DE LOS NEGROS”

Evangelizó a los antiguos esclavos

 (ZENIT).- Pasadas las 4 de la tarde (14 horas en Roma), las campanas del Santuario del Beato Padre Laval replicaban con fuerza para recibir la histórica visita del Papa Francisco, coincidiendo con la conmemoración del 155 aniversario de la muerte del “apóstol de los negros”, el padre Jacques-Désiré Laval, misionero francés que evangelizó a los indígenas en Mauricio.

Este lunes, 9 de septiembre de 2019, último día del 31º viaje internacional de Francisco, está dedicado a Islas Mauricio, y transcurre en Port Louis, la capital, donde el Papa ha celebrado la Misa, y se reunirá con el presidente, el primer ministro y las autoridades civiles y políticas.

A las 14:15 horas de Roma, a la entrada de la iglesia, al lado del Santuario, esperaban al Pontífice tres obispos de la CEDOI (Conferencia Episcopal del Océano Índico), el párroco y el responsable del Santuario. Una familia ha recibido al Papa a su llegada, y le han regalado unas flores que él ha depositado sobre la tumba del beato Laval, quedándose unos minutos en oración silenciosa.

Han participado en este acto cerca de 65 fieles, y a la salida, el Papa ha saludado a 12 enfermos y 20 familiares de personas tóxico dependientes atendidas en la “CASA A”, un centro de acogida mauriciano gestionado por un diácono permanente y por su mujer.

Única fotografía, junto a la cruz

La tumba del beato se encuentra en una vitrina de vidrio que alberga una representación del beato en cera, y debajo hay un gran crucifijo: se trata de una reproducción de la cruz junto a la cual el Padre Laval aceptó, por primera y única vez, ser fotografiado.

El beato Jacques-Désiré Laval nace en Francia en 1803 de una familia aburguesada que lo obliga a estudiar Medicina, pero pronto decide abandonar la profesor médica para hacerse misionero. Instalado en 1841 en Isla Mauricio, se dedica con entusiasmo a la evangelización de los negros que habían sido liberados, por ley, de la esclavitud. Durante las epidemias de cólera que dañaron al país en 1854, 1857 y 1862, fundó numerosos hospitales.

Abrió escuelas de enseñanza básica, construyó varias capillas para la formación espiritual y promovió la integración social de la población. En privado, llevó una vida austera: usaba el cilicio, dormía sobre la tierra descubierta, practicaba el ayuno, y transcurría las noches enteras rezando.

A la edad de 59 años, debilitado físicamente, es golpeado por una apoplejía, muere el 9 de septiembre de 1864. A su funeral asistieron 40 mil personas. Fue beatificado por san Juan Pablo II el 29 de abril de 1979, el primer beato elegido por el papa polaco.

El Santuario

Situado en el interior de los muros de la iglesia de la Santa Cruz, a las afueras de Port Louis, el actual santuario del beato Laval es de reciente construcción: data, de hecho, de 2014, año en que la Iglesia mauriciana celebró el 150 aniversario de la muerte del beato Padre Jacques Laval, conocido como “el apóstol de los negros” porque se dedicó a la evangelización de los indígenas de Mauricio.

La nueva estructura se ha hecho necesaria por el constante aumento del número de peregrinos que se recogen en oración delante de la tumba del beato Laval, en particular, el 9 de septiembre, en memoria de su muerte.

Hoy, el edificio está preparado para acoger a 250 personas, más del doble de la anterior estructura, de 1870, restaurada más veces y ahora conectada al nuevo edificio a través de unas columnas.


LAS BIENAVENTURANZAS SON EL CARNET DE IDENTIDAD DEL CRISTIANO, AFIRMA EL PAPA

Redacción ACI Prensa

 “Las bienaventuranzas son el carnet de identidad del cristiano”, afirmó el Papa Francisco durante la Misa que celebró este lunes 9 de octubre en el Monumento de María Reina de la Paz en Mauricio.

El Santo Padre explicó que “si alguno de nosotros se plantea la pregunta: ‘¿Cómo se hace para ser un buen cristiano?’, la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que pide Jesús en las bienaventuranzas”.

Ante una multitud de fieles, y representantes de otras religiones presentes en el país, el Pontífice presidió la celebración eucarística en este Monumento construido a las afueras de Port Louis, capital de Mauricio, en 1940 para conmemorar la protección del país por parte de la Virgen durante la Primera Guerra Mundial.

Francisco destacó en su homilía la importancia que tiene para Mauricio la herencia de la evangelización del beato Jacques-Désiré Laval. Jacques-Désiré Laval, misionero francés, llegó en 1841 a la isla de Mauricio y evangelizó con entusiasmo a los esclavos liberados. Fundó numerosos hospitales para hacer frente a las epidemias de cólera de 1854, 1857 y 1862. También fundó escuelas, construyó capillas para promover la formación espiritual y la integración social de la población. Falleció el 9 de septiembre de 1864 y fue beatificado por San Juan Pablo II el 29 de abril de 1979.

El Papa Francisco subrayó que el beato Jacques-Désiré Laval “sabía que evangelizar suponía hacerse todo para todos. Aprendió el idioma de los esclavos recientemente liberados y les anunció de manera simple la Buena Nueva de la salvación”. “Supo convocar a los fieles y los formó para emprender la misión y crear pequeñas comunidades cristianas en barrios, ciudades y aldeas vecinas, muchas de estas pequeñas comunidades han sido el inicio de las actuales parroquias”.

“Fue solícito en brindar confianza a los más pobres y descartados para que fuesen ellos los primeros en organizarse y encontrar respuestas a sus sufrimientos”.

El Papa invitó a cuidar ese impulso misionero “porque puede darse que, como Iglesia de Cristo, caigamos en la tentación de perder el entusiasmo evangelizador refugiándonos en seguridades mundanas que, poco a poco, no sólo condicionan la misión, sino que la vuelven pesada e incapaz de convocar”.

Por otro lado, en su homilía, el Santo Padre también lamentó que, a pesar del crecimiento económico experimentado en las últimas décadas por Mauricio, los jóvenes se encuentran muchas veces en situación de exclusión. “Ellos son quienes más padecen la desocupación que provoca no sólo un futuro incierto, sino que además les quita la posibilidad de sentirse actores privilegiados de la propia historia común”.

“Un futuro incierto que los empuja fuera del camino y los obliga a escribir su vida al margen, dejándolos vulnerables y casi sin puntos de referencia ante las nuevas formas de esclavitud de este siglo XXI. ¡Ellos, nuestros jóvenes, son nuestra primera misión!”, exclamó.

El Papa continuó: “A ellos debemos invitar a encontrar su felicidad en Jesús; pero no de forma aséptica o lejana, sino aprendiendo a darles un lugar, conociendo ‘su lenguaje’, escuchando sus historias, viviendo a su lado, haciéndoles sentir que son bienaventurados de Dios. ¡No nos dejemos robar el rostro joven de la Iglesia y de la sociedad; no dejemos que sean los mercaderes de la muerte quienes roben las primicias de esta tierra!”.

Por último, invitó a los responsables de la Iglesia en Mauricio a no esperar un contexto favorable para llegar a los jóvenes, porque “para vivir el Evangelio, no se puede esperar que todo a nuestro alrededor sea favorable, porque muchas veces las ambiciones del poder y los intereses mundanos juegan en contra nuestra”.

“Cuando un joven ve un proyecto de vida cristiana realizado con alegría, eso lo entusiasma y alienta”, resaltó.


EL PAPA PIDE EN MAURICIO NO CAER EN LA TENTACIÓN DE UN MODELO ECONÓMICO IDÓLATRA

Redacción ACI Prensa

El Papa Francisco ofreció un discurso a las autoridades de Mauricio, a los representantes de la sociedad civil y al cuerpo diplomático destacado en el país insular antes de regresar a Roma y finalizar el viaje apostólico que, desde el 4 de septiembre, le ha llevado también por Mozambique y Madagascar.

En su discurso, pronunciado en el Palacio Presidencial, donde también se reunió con el Presidente del país y el Primer Ministro, el Pontífice habló sobre migración, democracia, desarrollo económico y diálogo interreligioso.

En concreto, el Papa pidió a las personas con responsabilidad política, económica y social en el país que no sucumban “a la tentación de un modelo económico idólatra que siente la necesidad de sacrificar vidas humanas en el altar de la especulación y la mera rentabilidad”.

Migrantes

El Santo Padre recordó que uno de los pilares fundacionales de Mauricio es la migración. “Toda la historia de vuestro pueblo nació con la llegada de migrantes de diferentes horizontes y continentes, portadores de sus tradiciones, su cultura y su religión, y que aprendieron, poco a poco, a enriquecerse con la diferencia de los demás y a encontrar los medios para vivir juntos, buscando construir una hermandad preocupada por el bien común”.

Por lo tanto, “el ADN de vuestro pueblo guarda la memoria de estos movimientos migratorios que condujeron a vuestros antepasados a esta isla y que también los llevaron a abrirse a las diferencias para integrarlas y promoverlas por el bien de todos”.

“Es por eso que os aliento, en fidelidad a vuestras raíces, a asumir el desafío de dar la bienvenida y proteger a los migrantes que vienen hoy para encontrar un trabajo y, para muchos de ellos, mejores condiciones de vida para sus familias”.

Democracia

El Papa quiso concretar más y se centró en la historia reciente del país: “Quisiera recordar la tradición democrática instaurada después de la independencia y que contribuye a hacer de la isla Mauricio un oasis de paz”.

En su discurso, el Pontífice mostró su deseo de que “este estilo de vida democrático pueda ser cultivado y desarrollado, especialmente luchando contra todas las formas de discriminación”.

“Que vosotros, que estáis comprometidos en la vida política de la República de Mauricio, podáis ser un ejemplo para quienes confían en vosotros, especialmente para los jóvenes. Por vuestra actitud y disposición para luchar contra todas las formas de corrupción, que podáis manifestar la grandeza de vuestro compromiso al servicio del bien común y ser siempre dignos de la confianza que os dan vuestros conciudadanos”.

Desarrollo económico

El desarrollo económico fue otro de los temas tratados por Francisco. Recordó que “desde su independencia, vuestro país experimentó un fuerte desarrollo económico del cual, sin duda, debemos alegrarnos, a la vez que estar atentos”.

“En el contexto actual, a menudo parece que el crecimiento económico no siempre beneficia a todos y que incluso deja a un costado –por ciertas estrategias de su dinámica– a un cierto número de personas, especialmente a los jóvenes”.

Por esa razón, “me gustaría animaros a promover una política económica orientada hacia las personas y que sepa privilegiar una mejor distribución de los ingresos, la creación de oportunidades de empleo y una promoción integral de los más pobres”.

El Papa invitó “a no sucumbir a la tentación de un modelo económico idólatra que siente la necesidad de sacrificar vidas humanas en el altar de la especulación y la mera rentabilidad, que sólo toma en cuenta el beneficio inmediato en detrimento de la protección de los más pobres, de nuestro medio ambiente y sus recursos”.

Dicha conversión no sólo trata de “evitar terribles fenómenos climáticos o grandes desastres naturales, sino que también busca promover un cambio en los estilos de vida para que el crecimiento económico realmente pueda beneficiar a todos, sin correr el riesgo de causar catástrofes ecológicas ni graves crisis sociales”.

Diálogo interreligioso

Por último, el Papa Francisco habló del diálogo interreligioso que se da en Mauricio, un país en el que conviven las diferentes confesiones cristianas con otras religiones, como el hinduismo y el islam.

El Santo Padre alabó el modo en que “las diferentes religiones, con sus respectivas identidades, trabajan mancomunadamente para contribuir a la paz social y recordar el valor trascendente de la vida contra todo tipo de reduccionismo”.

En ese contexto, reiteró “la disposición de los católicos en Mauricio de continuar participando en este diálogo fecundo que ha marcado con tanta fuerza la historia de vuestro pueblo. Gracias por vuestro testimonio”.


MAURICIO: EL PAPA SE REÚNE CON EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Y EL PRIMER MINISTRO

En el Palacio Presidencial

 (ZENIT).- El 9 de septiembre de 2019, en torno a las 17, hora local (15 h. en Roma) el Papa Francisco ha llegado al Palacio Presidencial para encontrarse con el presidente de la República de Mauricio y con el primer ministro. A su llegada al palacio, el Santo Padre fue recibido por el actual presidente ad interim de la República, Barlen Vyapoory, y juntos se han dirigido al Salón Azul, donde tuvo lugar el encuentro. Después se produjo el intercambio de regalos, así como la presentación de la familia del presidente al Papa Francisco.

El Papa Francisco también ha firmado en el libro de honor junto a las siguientes palabras: “Que Dios bendiga al pueblo de Mauricio y le conceda vivir siempre en paz, armonía y prosperidad”.

Barlen Vyapoory

Licenciado en Agronomía, fue profesor titular en el Institutito Mauriciano de Educación desde 1976 a 1995, año en el que se introdujo en la vida política. De 2002 a 2005 ejerció como consejero del ministro de Educación y Ciencia. Es alto comisario de la República de Mauricio en Sudáfrica con acreditación en Namibia, Botsuana, Zimbabue, Lesoto, Suazilandia y SADC. En 2016 fue elegido vicepresidente de la República y desde marzo de 2018 es presidente ad interim del país.

Encuentro con el primer ministro

Después de su reunión, aproximadamente a las 17.15 horas (15.15 horas, hora de Roma), el presidente Barlen Vyapoory presentó al Santo Padre al primer ministro, Pravind Kumar Jugnauth,

En el Salón Azul, ambos conversaron. Tras la presentación de la familia del primer ministro, este ha ofrecido a Francisco varios regalos. Finalmente, el presidente de la República y el primer ministro, junto con el Pontífice, se dirigen hacia la Gran Sala para el Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático.

Pravind Kumar Jugnauth

Licenciado en Derecho por la Universidad de Buckingham en el Reino Unido, forma parte del Movimiento Socialista Militante del país, del que es jefe desde 2003. Fue ministro de Agricultura (2000-2003), viceprimer ministro y ministro de Finanzas y Desarrollo Económico en varios periodos y ministro de Tecnología Comunicación e Innovación (2014-2015).

Desde 2017 ocupa el cargo de primer ministro, ministro de Interior, de Unidad de Comunicación Externa y Desarrollo Nacional y ministro de Finanzas y de Desarrollo Económico.

Regalo del Papa

El Papa Francisco ha ofrecido una nueva reproducción unificada en pergamino de un mapa de obra de la Tipografia Vaticana. Se trata de un plano publicado por Giovanni Giacomo de Rossi, una reducción en dos folios, con la adición de nueva información del mapa mural que ocupaba un lugar destacado en la cultura holandesa de la época.

Las dos planchas de cobre situadas en la base del grabado fueron producidas por Daniel Widman, probablemente en 1653 cuando fue contratado por el editor Giovanni Domenico de Rossi, hermano de Giovanni Giacomo, para producir versiones reducidas de los mapas de los continentes de Blaeu, respondiendo a la creciente demanda del mercado romano.

Igualmente el Santo Padre ha entregado una copia del libro La capilla Paulina, editado por Maurizio De Luca, Arnold Nesselrath, Antonio Paolucci, Ulderico Santamaria y otra de Rafael o “Completa Perfección”, de Antonio Paolucci, ambas pertenecientes a la Editorial de los Museos Vaticanos.


PROGRAMA DEL PAPA EN MAURICIO

Último destino

 (ZENIT).- El lunes, 9 de septiembre de 2019, el Papa Francisco llega a Mauricio, última parada de este viaje a África que está teniendo lugar del 4 al 10 de septiembre y en el que también ha visitado Mozambique y Madagascar.

Así, en este día, está previsto que el Papa llegue desde Antananarivo, Mozambique, a Port- Louis, capital de Mauricio, a las 10:40 horas (8:40 h. en Roma), donde será recibido con una ceremonia de bienvenida. Después, el Papa presidirá la Santa Misa en el Monumento a María Reina de la Paz.

También almorzará con los obispos de la Conferencia Episcopal del Océano Índico (CEDOI), realizará una visita privada al santuario de Père Laval y se reunirá con el presidente, con el primer ministro y con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático.

A las 18:45 horas (16:45 h. en Roma), el Papa se despedirá de las Islas Mauricio en el aeropuerto de Port Louis, rumbo de nuevo a Antananarivo, capital de Madagascar, donde dormiré en la Nunciatura Apostólica.

Ver programa completo

Lunes 9 septiembre 2019

ANTANANARIVO (MADAGASCAR)-PORT LOUIS (MAURICIO)-ANTANANARIVO

07:30

(6:30 en Roma)

Salida en avión para Port Louis              

10:40

(8:40 h. en Roma)

CEREMONIA DE BIENVENIDA en el aeropuerto de Port Louis (Mauricio)                      

12:15

(10:15 h. en Roma)

SANTA MISA en el Monumento de María Reina de la Paz    Homilía del Santo Padre   

Almuerzo con los obispos de la CEDOI en el Episcopio                   

16:25

(14:25 h. en Roma)

VISITA PRIVADA AL SANTUARIO DE PÈRE LAVAL           

16:55 (14:55 h. en Roma)  VISITA DE CORTESÍA AL PRESIDENTE en el Palacio Presidencial                    

17:15 (15:15 h. en Roma)  ENCUENTRO CON EL PRIMER MINISTRO en el Palacio Presidencial               

17:40 (15:40 h. en Roma)  ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES, LA SOCIEDAD CIVIL Y EL

CUERPO DIPLOMÁTICO en el Palacio Presidencial Discurso del Santo Padre 

18:45 (16:45 h. en Roma)  CEREMONIA DE DESPEDIDA en el aeropuerto de Port Louis                  

19:00 (17:00 h. en Roma)  Salida en avión para Antananarivo (Madagascar)


ORACIÓN POR LOS TRABAJADORES QUE EL PAPA FRANCISCO REZÓ EN MADAGASCAR

Redacción ACI Prensa

Después de visitar la Ciudad de la Amistad en Akamasoa, el Papa Francisco continuó su visita apostólica en Madagascar este domingo 8 de septiembre con el rezo de una oración por los trabajadores en la Cantera de Mahatazana, anexa a la Ciudad.

En esta cantera trabajan unas 700 personas y, en lo alto de ella, se alza un monumento al Sagrado Corazón de Jesús, inaugurado en mayo de 2008. Además, en sus instalaciones, gestionadas por la Ciudad de la Amistad, se imparte formación profesional para jóvenes.

La oración tuvo lugar junto al monumento al Sagrado Corazón de Jesús ante una multitud. A su llegada, dos trabajadores recibieron al Pontífice, acompañado por el misionero argentino Pedro Pablo Opeka, fundador de la Ciudad de la Amistad. Tras los saludos, una trabajadora pronunció su testimonio ante el Santo Padre y, después, el Pontífice rezó la oración.

A continuación, la oración por los trabajadores rezada por el Papa Francisco:

Dios, Padre Nuestro, creador del cielo y de la tierra,

te damos gracias por habernos reunido como hermanos en este lugar,

ante esta roca rota por el trabajo del hombre,

te pedimos por todos los trabajadores.

 

Por aquellos que trabajan con sus manos,

y con un enorme esfuerzo físico.

 

Cuida sus cuerpos del desgaste excesivo,

que no les falte la ternura y la capacidad para acariciar

a sus hijos y jugar con ellos.

 

Concédeles constantemente la fortaleza del alma y la salud del cuerpo

para que no sean esclavos del peso de su oficio.

 

Haz que el fruto del trabajo les permita

asegurar dignamente la subsistencia de sus familias.

 

Que encuentren en ellas, cada noche, calor, descanso y aliento,

y que juntos, reunidos bajo tu mirada,

conozcan la auténtica alegría.

 

Que nuestras familias sepan que la alegría de ganarse el pan

es plena cuando ese pan se comparte;

que nuestros niños no sean forzados a trabajar,

puedan ir a la escuela y perseverar en sus estudios,

y sus maestros ofrezcan tiempo a esta tarea,

sin necesitar de otras actividades para el sustento cotidiano.

 

Dios de justicia, toca el corazón de los empresarios y los dirigentes:

Que hagan todo lo posible

por asegurar a los trabajadores un salario digno,

y unas condiciones que respeten la dignidad de la persona humana.

 

Hazte cargo con tu paternal misericordia

de los que no tienen trabajo,

y haz que el desempleo —causa de tantas miserias—

desaparezca de nuestra sociedad.

 

Que cada uno conozca la alegría y la dignidad de ganarse el propio pan

para llevarlo a su casa y mantener a su familia.

 

Crea entre los trabajadores un espíritu de auténtica solidaridad.

Que sepan estar atentos unos a otros,

que se animen mutuamente, que apoyen a los que están agobiados,

levanten a los que han caído.

 

Que, ante la injusticia, sus corazones no cedan a la ira, al rencor, a la amargura,

sino que mantengan viva la esperanza

de ver un mundo mejor y trabajar para alcanzarlo.

 

Que sepan, juntos, de manera constructiva,

hacer valer sus derechos,

y que sus voces sean escuchadas.

Dios, Padre Nuestro, tú has dado como protector de

los trabajadores del mundo entero a san José,

padre adoptivo de Jesús, esposo valiente de la Virgen María.

A Él le confío a todos los que trabajan aquí, en Akamasoa,

así como a todos los trabajadores de Madagascar,

especialmente los que tienen una vida precaria y difícil.

 

Que el los guarden en el amor de su Hijo

y los sostengan en sus vidas y en sus esperanzas.

 

Amén.


EL PAPA FRANCISCO FUE RECIBIDO CON ENTUSIASMO POR 8 MIL NIÑOS CANTANDO “DIOS ESTÁ AQUÍ”

Por Mercedes de la Torre | ACI Prensa

El Papa Francisco fue recibido este domingo con gran entusiasmo por 8.000 niños de Madagascar quienes entonaban y bailaban la canción en español: “Dios está aquí”. Se trató de la visita del Santo Padre a la “ciudad de la amistad” de Akamasoa, localizada en la periferia de Antananaribo, en el marco de su visita apostólica en África.

La “ciudad de la amistad” de Akamasoa (que en español significa “buenos amigos”) fue fundada en 1989 por el sacerdote argentino Pedro Opeka, misionero de la Congregación de la Misión, quien llegó a Madagascar en 1970.

El proyecto comenzó en esta zona periférica de Antananarivo, en donde P. Opeka comenzó a ser misión y un proyecto social proponiendo trabajo y dando un pequeño salario, para darles “la posibilidad de vivir una vida más digna”.

El Pontífice llegó en papamóvil a la “ciudad de la amistad” y fue recibido por el sacerdote Opeka, a quien el Santo Padre dio un fuerte abrazo, mientras que la gente al exterior del auditorio los saludaba con ovaciones.

Después, el Papa entró al auditorio de Manantenasoa, junto al P. Pedro Opeka, y pudo saludar a los niños que encontraba en su camino.

En su saludo inicial, el misionero argentino dijo que Akamasoa “era un lugar de exclusión, de sufrimiento, de violencia y de muerte” y añadió que después de 30 años, “la Divina Providencia creó ‘un oasis’ de esperanza en el cual los niños han recuperado su dignidad, los jóvenes volvieron a la escuela, los padres comenzaron a trabajar para preparar un futuro a sus hijos”.

“La pobreza extrema en este lugar, la hemos radicado gracias a la fe, el trabajo, a la escuela, al respeto recíproco y a la disciplina. Aquí, todos trabajan”, explicó Opeka.

Por su parte, el Papa Francisco confió antes de su saludo que le daba mucha alegría volver a ver al P. Opeka a quien conoció en la Universidad durante sus estudios de teología y a quien “no le gustaba tanto estudiar, pero sí el trabajo”, dijo Francisco con sentido del humor.

El Papa con alegría afirmó que “Akamasoa es la expresión de la presencia de Dios en medio de su pueblo pobre; no una presencia esporádica, circunstancial, es la presencia de un Dios que decidió vivir y permanecer siempre en medio de su pueblo”.

“Al ver sus rostros radiantes, doy gracias al Señor que ha escuchado el clamor de los pobres y que ha manifestado su amor con signos concretos como la creación de este pueblo”, señaló el Papa quien reconoció que estas personas viven en la impotencia “de vivir sin techo, de ver crecer a sus niños en la desnutrición, de no tener trabajo, por la mirada indiferente —por no decir despreciativa— de tantos, se han transformado en cantos de esperanza para ustedes y para todos los que los miran”.

Sin embargo, el Pontífice dijo que cada rincón de la “ciudad de la amistad” “son un canto de esperanza que desmiente y silencia toda fatalidad. Digámoslo con fuerza: ¡la pobreza no es una fatalidad!”, exclamó.

En esta línea, Francisco destacó que se trataba de una “historia de valentía y ayuda mutua” porque es el resultado de muchos años de arduo trabajo. “En los cimientos encontramos una fe viva que se tradujo en actos concretos, capaz de ‘trasladar montañas’. Una fe que permitió ver posibilidad donde sólo se veía precariedad, ver esperanza donde sólo se veía fatalidad, ver vida donde tantos anunciaban muerte y destrucción”.

“Recuerden lo que escribió el apóstol Santiago: ‘La fe si no tiene obras está muerta por dentro’ (St 2,17). Los cimientos del trabajo mancomunado, el sentido de familia y de comunidad posibilitaron que se restaure artesanal y pacientemente la confianza no sólo en ustedes, sino entre ustedes, lo que les permitió ser los primeros protagonistas y artesanos de esta historia”, dijo el Papa.

Por ello, el Santo Padre alabó la “educación en valores gracias a la cual aquellas primeras familias que iniciaron la aventura con el padre Opeka pudieron transmitir el tesoro enorme del esfuerzo, la disciplina, la honestidad, el respeto a sí mismo y a los demás”.

“Ustedes han podido comprender que el sueño de Dios no es sólo el progreso personal sino principalmente el comunitario, que no hay peor esclavitud, como nos lo recordaba el padre Pedro, que la de vivir cada uno sólo para sí”.

Al finalizar, el Papa Francisco dirigió un mensaje a los jóvenes presentes: “no bajen nunca los brazos ante los efectos nefastos de la pobreza, ni jamás sucumban a las tentaciones del camino fácil o del encerrarse en ustedes mismos”.

“Queridos jóvenes: El trabajo realizado por sus mayores, a ustedes les toca continuarlo. La fuerza para realizarlo la encontrarán en su fe y en el testimonio vivo que sus mayores han plasmado en sus vidas. Dejen que florezcan en ustedes los dones que el Señor les ha dado. Pídanle que les ayude a ponerse al servicio de sus hermanos y hermanas con generosidad”, afirmó.

De este modo, el Santo Padre invitó a la oración para que “en todo Madagascar y en otras partes del mundo se prolongue el brillo de esta luz, y podamos lograr modelos de desarrollo que privilegien la lucha contra la pobreza y la exclusión social desde la confianza, la educación, el trabajo y el esfuerzo, que siempre son indispensables para la dignidad de la persona humana”.

“Gracias una vez más por su testimonio profético y su testimonio generador de esperanza. Que Dios les siga bendiciendo”, concluyó.


PAPA A LOS CONSAGRADOS DE MADAGASCAR: “DICHOSA IGLESIA DE LOS POBRES Y PARA LOS POBRES”

En Antananarivo, capital del país

 (ZENIT).- “Dichosos vosotros, dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres, porque vive impregnada del perfume de su Señor, vive alegre anunciando la Buena Noticia a los descartados de la tierra, a aquellos que son los favoritos de Dios”, Francisco ha bendecido a los miles de consagrados de Madagascar.

El encuentro los sacerdotes, seminaristas, religiosos y consagrados ha tenido lugar en el Colegio de San Miguel, situado en el barrio de Amparibe, en Antananarivo, capital de Madagascar, a las 17:10 horas (16:10 h. en Roma), después de su visita a la Ciudad de la Amistad Akamasoa y a la Cantera de Mahatazana.

“Pasaje a una vida mejor”

“La persona consagrada –en el amplio sentido de la palabra– es la mujer, el hombre que aprendieron y quieren quedarse, en el corazón de su Señor y en el corazón de su pueblo”, ha anunciado el Papa, mientras les ha agradecido su testimonio por “querer quedaros ahí” y “no hacer de la vocación un ‘pasaje a una mejor vida'”. “Vosotros habéis elegido permanecer y estar al lado de vuestro pueblo, con vuestro pueblo”, les ha dicho.

Francisco ha invitado a los consagrados y consagradas a ser “hombres y mujeres de alabanza”, porque “la persona consagrada es capaz de reconocer y señalar la presencia de Dios allí donde se encuentre. Es más, quiere vivir en su presencia, que aprendió a saborear, gustar y compartir”, ha explicado el Santo Padre.

“En su nombre, vosotros vencéis el mal, cuando enseñáis a alabar al Padre de los cielos y cuando enseñáis con sencillez el Evangelio y el catecismo”, ha alentado el Papa. “Cuando visitáis y asistís a un enfermo o brindáis el consuelo de la reconciliación. En su nombre, vosotros vencéis al dar de comer a un niño, al salvar una madre de la desesperación de estar sola para todo, al procurarle un trabajo a un padre de familia”.

Lucha en “nosotros mismos”

“La lucha también la vivimos en nosotros mismos”, ha advertido el Papa. “Dios desbarata la influencia del mal espíritu, ese que tantas veces nos transmite una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión y que puede llevarnos a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida”.

Por ello, el Pontífice ha exhortado a derrotar al mal espíritu en su propio terreno; “allí donde nos invite a aferrarnos a seguridades económicas, espacios de poder y de gloria humana, respondamos con la disponibilidad y la pobreza evangélica que nos lleva a dar la vida por la misión. ¡No nos dejemos robar la alegría misionera!”, ha exclamado.

Agradecimiento al traductor

De manera anecdótica el Obispo de Roma ha vuelto a tener un bonito gesto de cercanía: De manera especial, ha agradecido públicamente al sacerdote de Madagascar que ha traducido sus discursos estos días durante su visita al país, de lengua italiana al francés y al malgache.

A continuación, ofrecemos el discurso que el Papa Francisco ha dirigido a los sacerdotes, religiosos, seminaristas, consagrados y diáconos de Madagascar:

Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco vuestra cálida bienvenida. Quiero que mis primeras palabras estén dirigidas especialmente a todos los sacerdotes, consagradas y consagrados que no pudieron viajar por un problema de salud, el peso de los años o alguna complicación. (Minuto de silencio)

Al terminar mi visita a Madagascar aquí con vosotros, al ver vuestra alegría, pero también recordando todo lo que he vivido en este tan poco tiempo en vuestra isla, me brotan del corazón aquellas palabras de Jesús en el Evangelio de Lucas cuando, estremecido de gozo, dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños» (10,21). Y este gozo es confirmado por vuestros testimonios porque, aun aquello que vosotros expresáis como problemáticas, son signos de una Iglesia viva, pujante, en búsqueda de ser cada día presencia del Señor. Una Iglesia cercana al pueblo, siempre caminando con el pueblo de Dios.

Esta realidad es una invitación a la memoria agradecida de todos aquellos que no tuvieron miedo y supieron apostar por Jesucristo y su Reino; y vosotros hoy sois parte de su heredad. Pienso en los lazaristas, los jesuitas, las hermanas de San José de Cluny, los hermanos de las escuelas cristianas, los misioneros de La Salette y todos los demás pioneros, obispos, sacerdotes y consagrados. Pero también de tantos laicos que, en los momentos difíciles de persecución, cuando muchos misioneros y consagrados tuvieron que partir, fueron quienes mantuvieron viva la llama de la fe en estas tierras. Esto nos invita a recordar nuestro bautismo, como el primer y gran sacramento por el que fuimos sellados como hijos de Dios. Todo el resto es expresión y manifestación de ese amor inicial que siempre estamos invitados a renovar.

La frase del Evangelio a la que me referí es parte de la alabanza del Señor al recibir a los setenta y dos discípulos cuando volvían de la misión. Ellos, como vosotros, aceptaron el desafío de ser una Iglesia “en salida”, y traen las alforjas llenas para compartir todo lo que han visto y oído. Vosotros os habéis atrevido a salir, y aceptasteis el desafío de llevar la luz del Evangelio a los distintos rincones de esta isla.

Sé que muchos de vosotros vivís situaciones difíciles, donde faltan los servicios esenciales —agua, electricidad, carreteras, medios de comunicación— o la falta de recursos económicos para llevar adelante la vida y la actividad pastoral. Muchos de vosotros sentís sobre vuestros hombros, por no decir sobre vuestra salud, el peso del trabajo apostólico. Pero vosotros habéis elegido permanecer y estar al lado de vuestro pueblo, con vuestro pueblo. Gracias por esto. Muchas gracias por vuestro testimonio y por querer quedaros ahí y no hacer de la vocación un “pasaje a una mejor vida”. Y quedaros ahí con esa conciencia, como decía la hermana: “a pesar de nuestras miserias y debilidades, nos comprometemos con todo nuestro ser a la gran misión de la evangelización”. La persona consagrada —en el amplio sentido de la palabra— es la mujer, el hombre que aprendieron y quieren quedarse, en el corazón de su Señor y en el corazón de su pueblo.

Al recibir y escuchar a sus discípulos volver llenos de gozo, lo primero que Jesús hace es alabar y bendecir a su Padre; y esto nos muestra una parte fundamental de nuestra vocación. Somos hombres y mujeres de alabanza. La persona consagrada es capaz de reconocer y señalar la presencia de Dios allí donde se encuentre. Es más, quiere vivir en su presencia, que aprendió a saborear, gustar y compartir.

En la alabanza encontramos nuestra pertenencia e identidad más hermosa porque libra al discípulo de los “habriaqueísmos” y le devuelve el gusto por la misión y por estar con su pueblo; le ayuda a ajustar los “criterios” con los que se mide a sí mismo, mide a los otros y a toda la actividad misionera, para que no tengan algunas veces poco sabor a Evangelio.

Muchas veces podemos caer en la tentación de pasar horas hablando de los “éxitos” o “fracasos”, de la “utilidad” de nuestras acciones, o la “influencia” que podamos tener. Discusiones que terminan ocupando el primer puesto y el centro de toda nuestra atención. Esto que nos conduce —no pocas veces— a soñar con planes apostólicos expansionistas, meticulosos y bien dibujados, pero propios de generales derrotados que terminan por negar nuestra historia —al igual que la de vuestro pueblo— que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio y la constancia en el trabajo que cansa (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 96).

Al alabar aprendemos la sensibilidad para no “desorientarnos” y hacer de los medios nuestros fines, de lo superfluo lo importante; aprendemos la libertad para poner en marcha procesos más que querer ocupar espacios (cf. ibíd., 223); la gratuidad de fomentar todo lo que haga crecer, madurar y fructificar al Pueblo de Dios antes que orgullecernos por cierto fácil, rápido pero efímero “rédito” pastoral. En cierta medida, gran parte de nuestra vida, de nuestra alegría y fecundidad misionera se juega en esta invitación de Jesús a la alabanza. Como bien le gustaba señalar a ese hombre sabio y santo, como ha sido Romano Guardini: «El que adora a Dios en sus sentimientos más hondos y también, cuando tiene tiempo, realmente, con actos vivos, se encuentra cobijado en la verdad. Puede equivocarse en muchas cosas; puede quedar abrumado y desconcertado por el peso de sus acciones; pero, en último término, las direcciones y los órdenes de su existencia están seguros» (Pequeña Suma Teológica, Madrid 1963, 29).

Los setenta y dos eran conscientes de que el éxito de la misión dependió de hacerla “en nombre del Señor Jesús”. Eso los maravillaba. No fue por sus virtudes, nombres o títulos, no llevaban boletas de propaganda con sus rostros; no era su fama o proyecto lo que cautivaba y salvaba a la gente. La alegría de los discípulos nacía de la certeza de hacer las cosas en nombre del Señor, de vivir su proyecto, de compartir su vida; y esta les había enamorado tanto que les llevó también a compartirla con los demás.

Y resulta interesante constatar que Jesús resume la actuación de los suyos hablando de la victoria sobre el poder de Satanás, un poder que desde nosotros solos jamás podremos vencer, pero sí en el nombre de Jesús. Cada uno de nosotros puede dar testimonio de esas batallas, y también de algunas derrotas. Cuando vosotros mencionáis la infinidad de campos donde realizáis vuestra acción evangelizadora, estáis librando esa lucha en nombre de Jesús. En su nombre, vosotros vencéis el mal, cuando enseñáis a alabar al Padre de los cielos y cuando enseñáis con sencillez el Evangelio y el catecismo. Cuando visitáis y asistís a un enfermo o brindáis el consuelo de la reconciliación. En su nombre, vosotros vencéis al dar de comer a un niño, al salvar una madre de la desesperación de estar sola para todo, al procurarle un trabajo a un padre de familia. Es un combate ganador el que se lucha contra la ignorancia brindando educación; también es llevar la presencia de Dios cuando alguien ayuda a que se respete, en su orden y perfección propios, todas las criaturas evitando su uso o explotación; y también los signos de su victoria cuando plantáis un árbol, o hacéis llegar el agua potable a una familia. ¡Qué signo del mal derrotado es cuando vosotros os dedicáis a que miles de personas recuperen la salud!

¡Seguid dando estas batallas, pero siempre en la oración y en la alabanza!

La lucha también la vivimos en nosotros mismos. Dios desbarata la influencia del mal espíritu, ese que tantas veces nos transmite «una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión y que puede llevarnos a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida. A veces sucede que la vida espiritual se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio pero que no alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión evangelizadora» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 78) . Así, más que hombres y mujeres de alabanza, podemos transformarnos en “profesionales de los sagrado”. Derrotemos al mal espíritu en su propio terreno; allí donde nos invite a aferrarnos a seguridades económicas, espacios de poder y de gloria humana, respondamos con la disponibilidad y la pobreza evangélica que nos lleva a dar la vida por la misión (cf. ibíd., 76). ¡No nos dejemos robar la alegría misionera!

Queridos hermanos y hermanas: Jesús alaba al Padre porque ha revelado estas cosas a los “pequeños”. Somos pequeños porque nuestra alegría, nuestra dicha, es precisamente esta revelación que Él nos ha dado; el sencillo “ve y escucha” lo que ni sabios, ni profetas, ni reyes pueden ver y escuchar: la presencia de Dios en en los pacientes y afligidos, en los que tienen hambre y sed de justicia, en los misericordiosos (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23). Dichosos vosotros, dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres, porque vive impregnada del perfume de su Señor, vive alegre anunciando la Buena Noticia a los descartados de la tierra, a aquellos que son los favoritos de Dios.

Transmitidles a vuestras comunidades mi cariño y cercanía, mi oración y bendición. En esta bendición que os daré en nombre del Señor os invito a que penséis en vuestras comunidades, en vuestros lugares de misión, para que el Señor siga diciendo bien a todas esas personas, allí donde se encuentren. Que vosotros podáis seguir siendo signo de su presencia viva en medio nuestro.

Y no os olvidéis de rezar y hacer rezar por mí.


AKAMASOA: “NO BAJÉIS NUNCA LOS BRAZOS ANTE LOS EFECTOS NEFASTOS DE LA POBREZA”

Palabras del Papa en ‘Ciudad de la Amistad’

 (ZENIT).- Este domingo, 8 de septiembre de 2019, tercera jornada del Papa en Madagascar, Francisco ha visitado Akamasoa, la Ciudad de la Amistad. Este pueblo es el hogar de miles de personas que sobre un basurero, ayudados por el padre Pedro Opeka y sus colaboradores, han construido sus casas para vivir en comunidad con dignidad.

“Este pueblo posee una larga historia de valentía y ayuda mutua”, ha aplaudido el Papa. “Es el resultado de muchos años de arduo trabajo. En los cimientos encontramos una fe viva que se tradujo en actos concretos, capaz de ‘mover montañas’. Una fe que permitió ver posibilidad donde sólo se veía precariedad, ver esperanza donde sólo se veía fatalidad, ver vida donde tantos anunciaban muerte y destrucción”.

“Al ver vuestros rostros radiantes, doy gracias al Señor que ha escuchado el clamor de los pobres y que ha manifestado su amor con signos concretos como la creación de este pueblo”, ha agradecido el Papa. “Vuestros gritos que surgen de la impotencia de vivir sin techo, de ver crecer a vuestros niños en la desnutrición, de no tener trabajo, por la mirada indiferente —por no decir despreciativa— de tantos, se han transformado en cantos de esperanza para vosotros y para todos los que os contemplan”.

Mensaje a los jóvenes

A los jóvenes de Akamasoa, el Pontífice ha dirigido un mensaje especial: “No bajéis nunca los brazos ante los efectos nefastos de la pobreza, ni jamás sucumbáis a las tentaciones del camino fácil o del encerraros en vosotros mismos”.

En este sentido, los ha animado a continuar el trabajo realizado por sus mayores. “La fuerza para realizarlo la encontraréis en vuestra fe y en el testimonio vivo que vuestros mayores han plasmado en vuestras vidas. Dejad que florezcan en vosotros los dones que el Señor os ha dado. Pedidle que os ayude a poneros al servicio de vuestros hermanos y hermanas con generosidad”.

Al término de la visita, mientras los jóvenes despedían al Santo Padre cantando y alzando sus manos, el Papa ha abandonado al auditorio de la mano del padre Opeka, y se ha dirigido a la cantera de Mahatazana, situada a 300 metros, para rezar una oración con los trabajares.

Publicamos a continuación el discurso que ha leído el Papa Francisco a los jóvenes y las familias de Akamasoa, Ciudad de la Amistad:

Discurso del Papa Francisco

Buenas tardes a todos, buenas tardes.

Es para mí una alegría, una gran alegría reencontrar a mi viejo alumno. Padre Pedro fue mi alumno en la Facultad de teología en los años 1967 -68. Después él no ha seguido estudiando, ha encontrado el amor por el trabajo, por trabajar. Muchas gracias, padre.

Es una gran alegría para mí encontrarme con vosotros en esta gran obra. Akamasoa es la expresión de la presencia de Dios en medio de su pueblo pobre; no una presencia esporádica, circunstancial, es la presencia de un Dios que decidió vivir y permanecer siempre en medio de su pueblo.

Esta tarde sois numerosos en el corazón de esta “Ciudad de la amistad”, que habéis construido con vuestras manos y que —no lo dudo— seguiréis construyendo para que muchas familias puedan vivir dignamente. Al ver vuestros rostros radiantes, doy gracias al Señor que ha escuchado el clamor de los pobres y que ha manifestado su amor con signos concretos como la creación de este pueblo. Vuestros gritos que surgen de la impotencia de vivir sin techo, de ver crecer a vuestros niños en la desnutrición, de no tener trabajo, por la mirada indiferente —por no decir despreciativa— de tantos, se han transformado en cantos de esperanza para vosotros y para todos los que os contemplan. Cada rincón de estos barrios, cada escuela o dispensario son un canto de esperanza que desmiente y silencia toda fatalidad. Digámoslo con fuerza, la pobreza no es una fatalidad.

En efecto, este pueblo posee una larga historia de valentía y ayuda mutua. Este pueblo es el resultado de muchos años de arduo trabajo. En los cimientos encontramos una fe viva que se tradujo en actos concretos, capaz de “trasladar montañas”. Una fe que permitió ver posibilidad donde sólo se veía precariedad, ver esperanza donde sólo se veía fatalidad, ver vida donde tantos anunciaban muerte y destrucción. Recordad lo que escribió el apóstol Santiago: «La fe si no tiene obras está muerta por dentro» (St2,17) . Los cimientos del trabajo mancomunado, el sentido de familia y de comunidad posibilitaron que se restaure artesanal y pacientemente la confianza no sólo en vosotros sino entre vosotros, lo que os permitió ser los primeros protagonistas y artesanos de esta historia. Una educación en valores gracias a la cual aquellas primeras familias que se aventuraron con el padre Opeka pudieron transmitir el tesoro enorme del esfuerzo, la disciplina, la honestidad, el respeto a sí mismo y a los demás. Y vosotros habéis podido comprender que el sueño de Dios no es sólo el progreso personal sino principalmente el comunitario, que no hay peor esclavitud, como nos lo recordaba el padre Pedro, que la de vivir cada uno sólo para sí.

Queridos jóvenes de Akamasoa, a vosotros quisiera dirigiros un mensaje especial: no bajéis nunca los brazos ante los efectos nefastos de la pobreza, ni jamás sucumbáis a las tentaciones del camino fácil o del encerraros en vosotros mismos. Gracias, Fanny, por ese hermoso testimonio que nos diste en nombre de los jóvenes del pueblo. Queridos jóvenes: El trabajo realizado por vuestros mayores, a vosotros os toca continuarlo. La fuerza para realizarlo la encontraréis en vuestra fe y en el testimonio vivo que vuestros mayores han plasmado en vuestras vidas. Dejad que florezcan en vosotros los dones que el Señor os ha dado. Pedidle que os ayude a poneros al servicio de vuestros hermanos y hermanas con generosidad. Así, Akamasoa no será sólo un ejemplo para las generaciones futuras, sino mucho más, el punto de partida de una obra inspirada en Dios que alcanzará su pleno desarrollo en la medida que siga testimoniando su amor a las generaciones presentes y futuras.

Recemos para que en todo Madagascar y en otras partes del mundo se prolongue el brillo de esta luz, y podamos lograr modelos de desarrollo que privilegien la lucha contra la pobreza y la inclusión social desde la confianza, la educación, el trabajo y el esfuerzo, que siempre son indispensables para la dignidad de la persona humana.

Gracias, amigos de Akamasoa, querido padre Pedro y sus colaboradores: Gracias una vez más por vuestro testimonio profético, por vuestro testimonio esperanzador. Que Dios os siga bendiciendo.

Os pido que, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.

© Librería Editorial Vaticana


HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO EN EL MONASTERIO CARMELITA DE MADAGASCAR

El Papa Francisco advirtió sobre el peligro de la mundanidad a las casi 100 monjas de clausura que encontró este 7 de septiembre en el Monasterio Carmelita de Antananaribo, capital de Madagascar, durante su viaje apostólico a África.

Durante su homilía improvisada por más de 30 minutos tras haber rezado la hora media, el Papa Francisco reveló su devoción a Santa Teresita del Niño Jesús (Santa Teresita de Lisieux) quien aseguró lo acompaña y lo ha acompañado en cada paso de su vida.

“Esta Teresa, ahora, acompaña a un anciano. Y quiero dar testimonio de esto, quiero dar testimonio porque ella me ha acompañado, en cada paso me acompaña. Me ha enseñado a dar los pasos”, confió el Santo Padre a las religiosas contemplativas procedentes de los diferentes monasterios de todo el país quienes, por excepción, salieron de sus claustros para encontrar al Pontífice.

En esta línea, el Papa animó a las religiosas a seguir adelante con su vocación con espíritu de servicio, de caridad, de oración y sin caer en la mundanidad.

A continuación, la traducción al español de la homilía completa improvisada del Papa Francisco:

Les darán por escrito aquello que preparé así pueden leerlo, meditarlo tranquilas. Ahora yo quisiera decirles algo del corazón.

La lectura del primer libro de los Reyes, dirigida a Josué, comenzaba con un llamado a la valentía: “Ten valentía, muéstrate un hombre”. Ánimo. Y para seguir al Señor se requiere valentía, siempre, un poco de valentía. Es verdad que el trabajo más pesado lo hace Él, pero se requiere valentía para dejarlo actuar.

Y me viene a la cabeza una imagen, que me ha ayudado mucho en mi vida de sacerdote. Una tarde, dos monjas, una jovencísima y una anciana, caminaban desde el coro, donde habían rezado las Vísperas, al comedor. La anciana tenía dificultad para caminar, era casi paralítica, y la joven buscaba de ayudarla, pero la anciana se ponía nerviosa, decía: ‘¡No me toques! ¡No hagas esto que caigo!’. Y Dios, sabe, pero parece que la enfermedad había hecho a la anciana un poco neurótica. Pero la joven siempre la acompañaba con la sonrisa.

Al final llegaban al comedor, la joven buscaba ayudarla a sentarse, y la anciana: ‘No, no, me hace mal, me hace mal aquí’, pero al final se sentaba. Una joven, delante a esto, seguramente habría tenido ganas de mandarla a pasear. Pero esta joven sonreía, tomaba el pan, lo preparaba y lo daba.

Esta no es una fábula, es una historia verdadera: la anciana se llamaba Sor San Pietro, y la joven Sor Teresa del Niño Jesús. Esta es una historia verdadera, que hacer ver el espíritu con el cual se puede vivir una vida comunitaria.

La caridad en las pequeñas y en las grandes cosas. Aquella joven habría podido pensar: Si, pero mañana iré con la priora y le diré que mande una más fuerte a ayudar esta vieja porque no puedo. No pensó así. Crean en la obediencia: La obediencia me ha dado esta tarea y lo haré.

Con la fuerza de la obediencia hacía con caridad exquisita este trabajo. Sé que todas ustedes, monjas de clausura, vinieron para ser cercanas al Señor, para buscar el camino de la perfección; pero el camino de la perfección se encuentra en estos pequeños pasos en el camino de la obediencia. Pequeños pasos de caridad y de amor. Pequeños pasos que parecen nada, pero que son pequeños pasos que atraen, que ‘hacen esclavo’ a Dios.

Esto pensaba la joven: a los hilos con los cuales esclavizaba a Dios, a las cuerdas, cuerdas de amor, que son los pequeños actos de caridad, pequeños, pequeñísimos, porque nuestra pequeña alma no puede hacer grandes cosas. ¡Sean valientes!

La valentía de hacer los pequeños pasos, la valentía de creer que, a través de mi pequeñez, Dios es feliz y cumple la salvación el mundo.

No, pero yo pienso que debe cambiar la vida religiosa, debe ser más perfecta, más cercana a Dios, y por esto yo quiero ser priora, capitular, para cambiar las cosas. No digo que alguna de ustedes piense esto… Pero el diablo se insinúa en estos pensamientos.

Si tú quieres cambiar no sólo el monasterio, no sólo la vida religiosa, cambiar y salvar con Jesús, salvar el mundo, comienza con estos pequeños actos de amor, de renuncia a ti mismo, que encarcelan a Dios y lo traen entre nosotros.

Volvemos a la historia de la joven y de la anciana. Una de aquellas tardes, antes de la cena, mientras iban del coro al comedor -salían diez minutos antes del coro para ir al comedor, paso a paso- Teresa escuchó una música, afuera… había una música de fiesta, de baile… Y pensó a una fiesta donde los jóvenes y las jóvenes bailaban, honestamente, una linda fiesta de familia… quizá una boda, un cumpleaños… Pensó a la música, a todo aquello… Y sintió algo dentro; quizá sintió: ‘Sería lindo estar allí’, no lo sé… E inmediatamente, decidida, dice al Señor, que nunca, nunca habría cambiado por aquella fiesta mundana uno solo de sus gestos con la monja anciana. Esto la hacía más feliz de todos los bailes del mundo.

Seguramente, a ustedes, la mundanidad llegará en tantas formas escondidas. Sepan discernir, con la priora, con la comunidad en capítulo, discernir las voces de la mundanidad, para que no entren en clausura.

La mundanidad no es una monja de clausura, más bien, es una cabra que va por sus caminos, que lleva afuera de la clausura.

Cuando te lleguen pensamientos de mundanidad, cierra la puerta y piensa en los pequeños actos de amor: estos salvan el mundo. Teresa prefirió cuidar a la anciana e ir hacia adelante. Esto que les diré ahora, lo diré no para asustarlas, pero es una realidad, lo ha dicho Jesús, y me permito decirlo también yo. Cada una de ustedes, para entrar en el convento, ha tenido que luchar, ha hecho tantas cosas buenas y ha vencido, ha vencido: ha vencido el espíritu mundano, ha vencido el pecado, ha vencido el diablo. Quizá, el día en que tú entraste en el convento, el diablo se quedó en la puerta, triste: ‘Perdí un alma’, y se fue. Pero después, fue a pedirle consejo a otro diablo más astuto, un diablo anciano, que seguramente le ha dicho: ‘Ten paciencia, espera…’.

Es un modo habitual de proceder del demonio. Jesús lo dice. Cuando el demonio libera un alma, se va; luego, después de un poco de tiempo, quiere volver, y ve aquella alma, así bella, así tan bien arreglada, tanto bella, y quiere entrar. Y Jesús ¿qué nos dice? Aquel diablo va, y busca otros siete peores que él y vuelve con aquellos siete, y quieren entrar en esa casa arreglada. Pero no puedo entrar haciendo ruido, como si fueran ladrones, deben entrar educadamente. Y así, los diablos ‘educados’ suenan la campana: ‘Quisiera entrar…, busco esta ayuda, busco esta otro, esto otro…’ Y lo hacen entrar. Son diablos educados, entran en casa, te reordenan y después, dice Jesús, el final de aquel hombre o de aquella mujer es peor del inicio. ¿Pero no te diste cuenta que era un mal espíritu? ‘No, era muy educado, ¡era bueno! Y ahora, no, yo me voy a casa porque no puedo tolerar esto…’ Es demasiado tarde, tú lo dejaste entrar demasiado dentro al corazón. ¿No te diste cuenta, no hablaste con la priora, no has hablado con el capítulo, con alguna hermana de la comunidad?

El tentador no quiere ser descubierto, por eso viene disfrazado de persona noble, educada, a veces de padre espiritual, a veces… Por favor, hermana, cuando tú sientas algo extraño, ¡habla inmediatamente!, ¡habla inmediatamente! Dilo.

Si Eva hubiera hablado a tiempo, si hubiera ido al Señor a decirle: ‘Esta serpiente me dice estas cosas ¿tú qué piensas? ¡Si hubiera hablado a tiempo! Pero Eva no habló, y viene el desastre.

Este consejo les doy: hablen inmediatamente, hablen a tiempo, cuando hay algo que les quita la tranquilidad, no digo la paz, sino todavía antes, la tranquilidad, después la paz.

Esta es la ayuda, esta es la defensa que ustedes tienen en comunidad: una ayuda la otra para hacer un frente unido, para defender la santidad, para defender la gloria de Dios, para defender el amor, para defender el monasterio. ‘Pero nosotros nos defendemos bien de la mundanidad espiritual, nos defendemos bien del diablo, porque tenemos una doble reja, y en medio también una tienda’. La doble reja y la tienda no son suficientes. ¡Podrían tener cien tiendas!

Se requiere caridad, la oración. La caridad de pedir consejo a tiempo, de escuchar a las hermanas, de escuchar a la priora. Y la oración con el Señor, la oración: ‘¿Señor es verdad esto que estoy sintiendo, esto que me dice la serpiente, es verdad?’

Esta joven Teresa, apenas sentía algo adentro hablaba con la priora…, Pero cómo hago para ir delante a la priora si ella, cada vez que me ve, me hace ver los dientes’. Sí, pero la priora es Jesús. ‘Pero, padre, la priora no es buena, es mala’. Deja que lo diga el Señor, para ti es Jesús la priora. ‘Pero la priora es un poco anciana, no le funcionan bien las cosas…’ Deja que decida el capítulo; tú, si quieres decir esto, lo dices en capítulo, pero tú vas a la priora, porque es Jesús.

¡Siempre la transparencia del corazón! Hablando siempre se vence. Y esta Teresa, que sabía que le era antipática a la priora, iba hacia ella. Es verdad, se necesita reconocer que ¡o todas las prioras son el premio Nobel de la simpatía! Pero son Jesús. El camino de la obediencia es el que te somete al amor, nos hace sujetos al amor.

Después, esta Teresa se enfermó. Se enfermó y, poco a poco, le parecía que había perdido la fe. Esta pobre, que en su vida había sabido apartar a los diablos ‘educados’, a la hora de la muerte no sabía cómo hacer con el demonio que la rodeaba. Decía: ‘Lo veo: ronda, ronda…’ Es la obscuridad de los últimos días, de los últimos meses de vida.

Para la tentación, para la lucha espiritual, el ejercicio de la caridad no va en jubilación: hasta el final deberás luchar. Hasta el final. También en la obscuridad…

¡Ella pensaba de haber perdido la fe! Y llamaba a las religiosas para que arrojaran agua bendita en su cama, para que trajeran las velas benditas… La lucha en el monasterio es hasta el final. Pero es bella, porque en esta lucha -cruel pero bella- cuando es verdadera, no se pierde la paz.

Este Papa -ustedes dirán- es un poco ‘folklórico’, porque en lugar de hablarnos de cosas teológicas, nos ha hablado como a niñas. ¡Ojalá todas fueran niñas en el espíritu, ojalá! Con aquella dimensión de infancia el Señor ama tanto”.

Quisiera concluir la historia de Teresa con la anciana. Esta Teresa, ahora, acompaña a un anciano. Y quiero dar testimonio de esto, quiero dar testimonio porque ella me ha acompañado, en cada paso me acompaña. Me ha enseñado a dar los pasos. Y a veces, son un poco neurótico y la aparto, como la Madre San Pietro. A veces la escucho; y a veces los dolores no me permiten escuchar bien… Pero es una amiga fiel. Por eso, no he querido hablarles de teorías, he querido hablarles de mi experiencia con una Santa, y decirles qué es capaz de hacer una santa y cuál es el camino para ser santas.

¡Adelante! ¡Y valientes!

Traducción de trabajo del italiano al español por Mercedes De La Torre Cuéllar.


MADAGASCAR: LA CERCANÍA DEL PASTOR HA DE SER A DIOS, A LOS SACERDOTES Y AL PUEBLO

 (ZENIT). - La “cercanía del pastor”, ha explicado el Papa Francisco a los obispos de Madagascar, ha de ser de tres formas: Cercanía a Dios, cercanía a los sacerdotes y cercanía al pueblo. Así lo ha expuesto de manera improvisada en el encuentro con los 26 que componen la Conferencia Episcopal de Madagascar, el sábado, 7 de septiembre de 2019. 

A las 16 horas (15 horas en Roma) ha tenido lugar el encuentro del Pontífice con los 26 obispos de la Conferencia Episcopal de Madagascar, en la Catedral de Andohalo. Ha comenzado con el saludo al Snato Padre por parte del presidente de la institución eclesial y después el Papa les ha dirigido unas palabras, algunas improvisadas, pronunciadas en italiano y traducidas simultáneamente al francés.

Ser sembradores

Partiendo del lema de su visita a la isla africana, “Sembrador de paz y de esperanza”, Francisco ha indicado a los obispos: “Nosotros, obispos, a imagen del Sembrador, estamos llamados a esparcir las semillas de la fe y la esperanza en esta tierra. Para eso es necesario que desarrollemos ese ‘olfato’ que nos permita conocerla mejor y descubrir también lo que dificulta, obstruya o dañe lo sembrado”.

El Papa, recordando una cita de su exhortación Evangelii gaudium,ha recordado: “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos”.

En un país considerado el quinto más pobre del mundo por el Fondo Internacional Monetario, Francisco ha dicho: “¿Puede un pastor digno de ese nombre permanecer indiferente ante los desafíos que enfrentan sus conciudadanos de todas las categorías sociales, independientemente de sus denominaciones religiosas?”.

Defensa de la persona humana

La dimensión profética “relacionada con la misión de la Iglesia” requiere –ha explicado el Papa a los prelados– en todas partes y siempre, un discernimiento que no suele ser fácil. En este sentido, la colaboración madura e independiente entre la Iglesia y el Estado “es un desafío permanente, porque el peligro de una connivencia nunca está muy lejos, especialmente si nos lleva a perder la “mordedura evangélica”, ha asegurado.

El “signo distintivo” de ese discernimiento será que el anuncio del evangelio incluye de suyo la preocupación por toda forma de pobreza, ha descrito el Santo Padre. “No sólo ‘asegurar a todos un ‘decoroso sustento’, sino también para que tengan “prosperidad sin exceptuar bien alguno'”, pues la defensa de la persona humana es “otra dimensión de nuestro compromiso pastoral” ha señalado el Papa.

A continuación ofrecemos el discurso que ha leído del Papa Francisco en el encuentro con los obispos, preparado antes de la visita. Sobre este texto, el Santo Padre ha añadido algunas frases improvisadas, que se publicará en zenit más adelante.

DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO

Queridos hermanos en el episcopado:

Gracias, señor Cardenal, por sus palabras de bienvenida en nombre de todos sus hermanos. Agradezco, a su vez, que las mismas hayan querido mostrar cómo la misión que nos proponemos vivir se da en medio de contradicciones: una tierra rica y mucha pobreza; una cultura y una sabiduría heredada de los antepasados que nos hacen valorar la vida y la dignidad de la persona humana, pero también la constatación de la desigualdad y la corrupción. Es difícil la tarea del pastor en estas circunstancias.

“Sembrador de paz y de esperanza” es el lema elegido para esta visita, y que bien puede ser un eco de la misión que se nos ha encomendado. Porque somos sembradores, y el que siembra lo hace con esperanza; lo hace asentado en su esfuerzo y entrega personal, pero sabiendo que hay infinidad de factores que deben concurrir para que lo sembrado germine, crezca, se convierta en espiga y finalmente en trigo abundante. El sembrador cansado y preocupado no baja los brazos, no abandona y menos aún quema su campo cuando algo se malogra. Sabe esperar, confía, asume las contrariedades de su siembra, pero jamás deja de amar aquel campo encomendado a su cuidado; incluso si viene la tentación, tampoco escapa encomendándoselo a otro.

El sembrador conoce su tierra, la “toca”, la “huele” y la prepara para que pueda dar lo mejor de sí. Nosotros, obispos, a imagen del Sembrador, estamos llamados a esparcir las semillas de la fe y la esperanza en esta tierra. Para eso es necesario que desarrollemos ese “olfato” que nos permita conocerla mejor y descubrir también lo que dificulta, obstruya o dañe lo sembrado. Por eso, «los Pastores, acogiendo los aportes de las distintas ciencias, tienen derecho a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas, ya que la tarea evangelizadora implica y exige una promoción integral de cada ser humano. Ya no se puede decir que la religión debe recluirse en el ámbito privado y que está sólo para preparar las almas para el cielo. Sabemos que Dios quiere la felicidad de sus hijos también en esta tierra, aunque estén llamados a la plenitud eterna, porque Él creó todas las cosas “para que las disfrutemos” (1 Tm 6,17), para que todos puedan disfrutarlas. De ahí que la conversión cristiana exija revisar “especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común”. Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 182-183).

Sé que tenéis muchas razones para preocuparos y que, entre otras cosas, lleváis en el corazón la responsabilidad de velar por la dignidad de todos vuestros hermanos que reclama construir una nación cada vez más solidaria y próspera, dotada de instituciones sólidas y estables. ¿Puede un pastor digno de ese nombre permanecer indiferente ante los desafíos que enfrentan sus conciudadanos de todas las categorías sociales, independientemente de sus denominaciones religiosas? ¿Puede un pastor al estilo de Jesucristo ser indiferente a las vidas que le fueron confiadas?

La dimensión profética relacionada con la misión de la Iglesia requiere, en todas partes y siempre, un discernimiento que no suele ser fácil. En este sentido, la colaboración madura e independiente entre la Iglesia y el Estado es un desafío permanente, porque el peligro de una connivencia nunca está muy lejos, especialmente si nos lleva a perder la “mordedura evangélica”. Escuchando siempre lo que el Espíritu dice constantemente a las iglesias (cf. Ap 2,7) podremos escapar de las insidias y liberar el fermento del Evangelio para una fructífera colaboración con la sociedad civil en la búsqueda del bien común. El signo distintivo de ese discernimiento será que el anuncio del evangelio incluye de suyo la preocupación por toda forma de pobreza: no sólo «asegurar a todos un “decoroso sustento”, sino también para que tengan “prosperidad sin exceptuar bien alguno”. Esto implica educación, acceso al cuidado de la salud y especialmente trabajo, porque en el trabajo libre, creativo, participativo y solidario, el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida. El salario justo permite el acceso adecuado a los demás bienes que están destinados al uso común» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 192).

La defensa de la persona humana es otra dimensión de nuestro compromiso pastoral. Para ser pastores según el corazón de Dios, debemos ser nosotros los primeros en la opción por proclamar el Evangelio a los pobres: «No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, “los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio”, y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos» (ibíd., 48). En otras palabras, tenemos un deber especial de cercanía y protección hacia los pobres, los marginados y los pequeños, hacia los niños y las personas más vulnerables, víctimas de explotación y de abuso.

Ese inmenso campo no sólo es limpiado y roturado por el espíritu profético, sino que también se espera con paciencia cristiana a la semilla esparcida, sabiendo por otra parte que no estamos a cargo ni somos responsables de todo el proceso. Un pastor, que siembra, evita controlarlo todo, da espacio para las iniciativas, deja crecer en distintos tiempos y no estandariza; no exige más de la cuenta, no menosprecia resultados aparentemente más pobres. (…)

También esta fidelidad al Evangelio nos hace pastores cercanos al pueblo de Dios, comenzando por nuestros hermanos sacerdotes —que son nuestro prójimo más prójimo— que deben recibir un cuidado especial de nuestra parte. (…)

Hace un tiempo manifestaba a los obispos italianos la atención que nuestros sacerdotes puedan encontrar en sus obispos la figura del hermano mayor y padre que los aliente y sostenga en el camino (cf. Discurso a la Conferencia Episcopal Italiana, 20 mayo 2019). Es la paternidad espiritual que impulsa al obispo a no dejar huérfanos a sus presbíteros, y que se puede “palpar” no sólo en la capacidad que tengamos de abrir las puertas a todos los sacerdotes, sino también en nuestra capacidad de ir a buscarlos para acompañarlos cuando estén pasando por un momento de dificultad.

En las alegrías y las dificultades inherentes al ministerio, los sacerdotes deben encontrar en vosotros padres siempre disponibles que saben cómo alentar y apoyar, que saben apreciar los esfuerzos y acompañar los pasos posibles. El Concilio Vaticano II hizo una observación especial sobre este punto: «[Los obispos] han de acoger siempre con amor especial a sus sacerdotes. Estos, en efecto, participan de sus funciones y tareas y las realizan con afán en el trabajo de cada día. Por tanto, los obispos, considerándolos sus hijos y sus amigos, dispuestos a escucharlos y a tratarlos con confianza, han de dedicarse a impulsar la pastoral conjunta de toda la diócesis» (Decr. Christus Dominus, 16).

El cuidado de la tierra implica también la paciente espera de los procesos; y a la hora de la cosecha el agricultor también sopesa la calidad de los trabajadores. Esto os impone como pastores un deber urgente de acompañamiento y discernimiento, especialmente con respecto a las vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio, y que es fundamental para asegurar la autenticidad de estas vocaciones. La mies es abundante, y el Señor —que no quiere más que auténticos obreros— no se deja encasillar en los modos de llamar, de incitar a la respuesta generosa de la propia vida. La formación de candidatos para el sacerdocio y la vida consagrada está precisamente destinada a asegurar una maduración y purificación de las intenciones. Sobre esta cuestión, y en el espíritu de la Exhortación apostólica Gaudete et exsultate, me gustaría enfatizar que la llamada fundamental sin la cual las otras no tienen razón de ser, es la llamada a la santidad y que esta «santidad es la cara más bella de la Iglesia» (n. 9). Aprecio vuestros esfuerzos para asegurar la formación de auténticos y santos obreros en la abundante mies en el campo del Señor.

Ese esfuerzo también tiene que abarcar el amplio mundo laical; también los laicos son enviados a la mies, son convocados a tomar parte en la pesca, a arriesgar sus redes y su tiempo en «su múltiple apostolado tanto en la Iglesia como en el mundo» (Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 9). Con toda su extensión, problemática y transformación, el mundo constituye el ámbito específico de apostolado donde están llamados a comprometerse con generosidad y responsabilidad, llevando el fermento del Evangelio. Por eso deseo dar la bienvenida a todas las iniciativas que en cuanto pastores tomen para la formación de los laicos y no dejarlos solos en la misión de ser sal de la tierra y luz del mundo, para contribuir a una transformación de la sociedad y la Iglesia en Madagascar.

Queridos hermanos: Toda esta responsabilidad en el campo de Dios nos debe desafiar a tener el corazón y la mente abierta, a evitar el miedo que encierra y a vencer la tendencia a aislarnos: el diálogo fraterno entre vosotros, así como el compartir los dones y la colaboración entre las Iglesias particulares del Océano Índico, sea un camino esperanzador. La similitud de desafíos pastorales, como la protección del medio ambiente en un espíritu cristiano o el problema de la inmigración, exigen reflexiones comunes y una sinergia de acciones a gran escala para un planteamiento eficaz.

Finalmente, a través de vosotros me gustaría saludar de modo especial a los sacerdotes, religiosos y religiosos que están enfermos o muy afectados por la vejez; les ruego que les muestren no sólo mi afecto y la seguridad de mis oraciones, sino también que los cuiden con ternura, sosteniéndolos en esa hermosa misión de la intercesión.

Dos mujeres custodian esta Catedral: en la capilla de al lado descansan los restos de la beata Victoria Rasoamanarivo, que supo hacer el bien, custodiar y extender la fe en tiempos difíciles; y la imagen de la Virgen María que con sus brazos abiertos hacia el valle y las colinas, parece abrazarlo todo. A ellas le pedimos que ensanchen siempre nuestro corazón, que nos enseñen la compasión de las entrañas maternas que la mujer y Dios sienten ante los olvidados de la tierra y nos ayuden a sembrar paz y esperanza.

Y a vosotros, como signo de mi cordial y fiel apoyo, os doy la bendición, que extiendo a vuestras diócesis.

Por favor, no os olvidéis de rezar y hacer rezar por mí.

© Librería Editorial Vaticana


MADAGASCAR: FRANCISCO VISITA LA TUMBA DE LA BEATA VICTOIRE RASOAMANARIVO

Beatificada por Juan Pablo II

(ZENIT ).-  El 7 de septiembre de 2019,  en torno a las 16:10 horas, después del Encuentro con los obispos de Madagascar en la catedral de Andohalo, el Papa Francisco ha realizado una visita a la tumba de la beata Victoire Rasoamanarivo.

A la salida de la catedral de Andohalo, el Papa ha saludado a tres líderes religiosos, de la iglesia anglicana, luterana y protestante, se ha fotografiado junto a unos fieles y ha recibido llave de la ciudad por parte de los responsables del ayuntamiento de Antananarivo, a quienes les ha entregado unos rosarios.

La tumba de esta beata se sitúa enfrente de dicha catedral, custodiada en el interior de una capilla de forma circular. La capilla contiene un simple altar de piedra y un crucifijo para permitir la oración y el recogimiento de los fieles.

Una vez dentro de la capilla, el Santo Padre se ha detenido a realizar una plegaria silenciosa y después ha bendecido una imagen de la beata.

Beata Victoire Rasoamanarivo

Nacida en Antananarivo en el año 1848, en el seno de una de las familias más poderosas del país, Victoire fue educada según las creencias indígenas de sus antepasados. Sin embargo, en 1861, cuando algunos misioneros jesuitas franceses llegaron a Mozambique, la joven se inscribió en la escuela de la misión y en 1863 recibió el Bautismo.

Fue dada en matrimonio a un alto oficial del ejército, violento y libertino, a pesar de lo cual, ella no cuestionó el sacramento de matrimonio, permaneciendo al lado de su marido, que finalmente aceptó bautizarse.

“Unión Católica”

En 1883, después del conflicto franco- malgache, los misioneros católicos fueron expulsados y los fieles acusados de traición. Victoria, no obstante, continuó profesando su fe. Perseverando en la oración, se encargó de respaldar la “Unión Católica”, movimiento de espiritualidad mariana.

En 1886, los misioneros vuelven al país y Victoire se dedica a numerosas obras de caridad en favor de los indigentes y de los enfermos de lepra. En 1890, su salud comienza a resentirse y muere el 21 de agosto de 1894, a la edad de 46 años.

Beatificada por Juan Pablo II

El 30 de abril de 1989, en Antananarivo, Juan Pablo II la proclamó como primera beata malgache autóctona. En un primer momento, el cuerpo de Victoire fue custodiado en el Mausoleo de Rainiharo, primer ministro de Madagascar fallecido en 1852.

En 1961, sus resttos se trasladaron a la Cada de los Misioneros de Ambohipo y, finalmente, en 1992, tuvo lugar el transporte de los mismos en la actual capilla que Francisco ha visitado.

Esta mañana, en el discurso al presidente y las autoridades de Madagascar, ha aludido a la figura de esta beata: “Como Iglesia queremos imitar la actitud de diálogo de vuestra conciudadana, la beata Victoria Rasoamanarivo, que Juan Pablo II beatificó durante su visita, treinta años atrás. Su testimonio de amor a su tierra y tradiciones, el servicio a los más pobres como signo de su fe en Jesucristo, nos muestra el camino que también estamos llamados a recorrer”.


MADAGASCAR: GRAN ENTUSIASMO DE LOS MALGACHES PARA RECIBIR AL PAPA

Recibimiento del presidente

 (ZENIT). - El Papa Francisco ya se encuentra en la cuarta isla más grande del mundo, Madagascar, segunda parada de este intenso viaje a África del Santo Padre, el cuarto al continente y el 21º que hace fuera de Italia, en su séptimo año de pontificado. El viernes, 6 de septiembre de 2019, en torno a las 15:30 horas (14:30 horas en Roma), el avión del Papa ha aterrizado en el aeropuerto de Antananarivo, capital de la República, donde el presidente Andry Rajoelina lo ha recibido junto a su mujer, Mialy Rajoelina.

Luego, dos niños vestidos con trajes tradicionales han regalado al Pontífice unas flores, ante la mirada de 300 fieles presentes, que entusiasmados cantaban y aplaudían ante la llegada de Francisco. Tras la ejecución de los himnos y los honores militares, el Papa pasó por la Guardia de Honor y saludó a la delegación malgache, mientras que el presidente saludó a la vaticana.

El 35% son católicos

Madagascar cuenta con una población de 23.652.000 habitantes, es un país donde los cristianos suponen poco más de la mitad de la población, de los cuales el 35% son católicos y cerca de un quinto son protestantes. Los ritos tradicionales y las creencias ancestrales están muy arraigados en los malgaches, y se estima un 7% de musulmanes. Según el Fondo Monetario Internacional, Madagascar es actualmente el quinto país más pobre del mundo.

Tras reunirse en privado con el joven presidente malgache (de 45 años), el Santo Padre se ha dirigido en papamóvil a la Nunciatura Apostólica, donde cenará y descansará, junto a su delegación vaticana. El Papa pronunciará estos días 8 discursos y visitará Akamasoa, una ciudad construida sobre sobre un vertedero.

“Sembrador de paz y esperanza”

“En general, la llegada del Papa Francisco contenta a los malgaches de todas las religiones porque trae esperanza. Se espera que sea un abuelo sabio que tenga palabras de consuelo y esperanza”, indica Jean Hervé Rakotozanany, periodista y exeditor jefe de Radio Don Bosco, la radio católica más importante de Madagascar.

En la carretera de unos 12 kilómetros que separa el aeropuerto del centro de la ciudad, había familias, ancianos, muchos niños y jóvenes, mujeres con bebés en brazos alzando las manos y gritando con júbilo ante la llegada histórica del Papa Francisco, después de la que realizó en 1989 san Juan Pablo II.

Banderas del Vaticano ondeaban junto a las del país africano en algunos cruces y puntos más concurridos del itinerario del Papa, en los que se veían también carteles con la figura del Papa y el lema de la visita: “Sembrador de paz y esperanza”.

Gran expectativa para la vigilia

La Iglesia está en primera línea en este frente, y por ello hay grandes expectativas en la vigilia de los jóvenes que tendrá lugar el sábado por la tarde con el Papa, un acontecimiento equivalente a una Jornada Mundial de la Juventud: se estima la llegada de unas 800.000 personas de toda la isla, y la gran Misa que se celebrará el domingo por la mañana.

Según el programa previsto para la visita, el sábado 7 presidirá el rezo de la Hora Media en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas y se encontrará con los obispos del país en la Catedral de Andohalo. Del mismo modo, visitará la tumba de la beata Victoire Rasoamanarivo y también disfrutará de una vigilia con los jóvenes, en la que se espera una gran participación.

El domingo 8, celebrará la Eucaristía el Campo Diocesano de Soamandrakizay. Más tarde se trasladará a la Ciudad de la Amistad de Akamasoa y después encabezará una oración por los trabajadores en la cantera de Mahatazana. Finalmente, tendrá lugar el encuentro con sacerdotes, consagrados, religiosos y religiosas y seminaristas en el Collège Saint Michel.

Belleza natural

Madagascar es mundialmente conocida por sus espectaculares parajes naturales, conocida como la “isla rosa”. El Pontífice animó en su video mensaje a los malgaches a contemplar la naturaleza dirigiéndonos a Dios “¡Alabado sea! (¡Laudato si’!)” y a presentarle el deber de cuidarlas “con atención”. No obstante, subrayó que “hay otra belleza que está aún más en el corazón de Cristo y del Papa: la de su pueblo, es decir, ¡su santidad!”.

“Llegaré a confirmarlos en la fe y al mismo tiempo me alimentaré de ella”: Con estas palabras se dirigió Francisco al pueblo de Madagascar 5 días antes de su viaje a la gran isla, que tendrá lugar del 6 al 8 de septiembre.


FRANCISCO SE DESPIDE DE MOZAMBIQUE Y PONE RUMBO A MADAGASCAR

(ZENIT). – El 6 de septiembre de 2019, el Papa Francisco ha dicho adiós a Mozambique con una ceremonia de despedida en el aeropuerto de Maputo, que tuvo lugar en una zona protegida del pabellón debido a la lluvia. Mientras se trasladaba hacia el aeródromo, el Pontífice saludó a los fieles congregados en las calles de Maputo. A su llegada a la base aérea, en torno a las 12.05 horas, el Santo Padre fue acogido por el presidente de la República, Filipe Jacinto Nyusi, y su consorte.

Después del saludo a los obispos de Mozambique y de la presentación de las Delegaciones presentes, el Papa se despidió del presidente de la República y de su esposa y subió al avión con destino a Antananarivo, Madagascar, en un vuelo que ha despegado a las 12.45 horas.

Madagascar, segundo destino

Madagascar es el segundo destino del viaje apostólico del Papa a África. La llegada al aeropuerto de Antananarivo está prevista para las 16.00 horas en esta capital, las 15.00 horas en Roma.

El tercer y último país al que se trasladará el Obispo de Roma es Mauricio. Este viaje, que comenzó el 4 de septiembre y finaliza el 10 del mismo mes, no constituye la primera visita de Francisco al continente africano, pues previamente ha estado en Egipto, Kenia, Uganda, la República Centroafricana y Marruecos. Por otra parte, entre 1988 y 1989, en varias expediciones, Juan Pablo II acudió también a los tres países africanos mencionados.

Actividad del Papa en Maputo

Durante los días 4, 5 y 6 de septiembre, el Pontífice ha estado en Maputo, capital de Mozambique, donde, en la Nunciatura Apostólica, recibió la visita de algunos responsables de Scholas Occurrentes y de un grupo de participantes de los programas de la fundación.

Además de reunirse con el presidente de la República y las autoridades, celebró un Encuentro interreligioso con jóvenes y otro con los obispos, sacerdotes, religiosos/as, consagrados y seminaristas, catequistas y animadores.

También se reunió con miembros de la comunidad Xai-Xai, ciudad devastada por unas inundaciones en el año 2000, y visitó la Casa “Matteo 25”, iniciativa de ayuda a los niños y jóvenes de la calle.

Esta misma mañana, el Santo Padre ha acudido al Hospital de Zimpeto, que cuenta con un centro dedicado a la lucha contra el SIDA y la malnutrición en África, y, a continuación, celebró la Misa en el estadio del mismo nombre.

Reconciliación y paz

A lo largo de esta visita a Mozambique, con sus palabras, el Papa ha transmitido el mensaje de reconciliación que había anunciado antes del viaje, frente a la llegada a un país que se encuentra aún inmerso en un largo proceso de paz.

De este modo, en sus discurso a las autoridades, el Obispo de Roma animó a los mozambiqueños a seguir trabajando por la “valentía de la paz”. “Una valentía de gran altura, no la de la fuerza bruta y la violencia, sino la que se gesta en la incansable búsqueda del bien común”, explicó.

“Amad a vuestros enemigos”

Por otra parte, en el discurso del Encuentro interreligioso con los jóvenes, el Papa Francisco les exhortó a no dejar que les “roben la alegría”, las ganas de cumplir sus sueños, especialmente el de vivir en un país en paz.

Y les invitó a soñar juntos: “Soñad con otros, nunca contra otros; soñad como habéis soñado y preparado este encuentro: todos unidos y sin barreras. Eso es parte de la ‘nueva página de la historia’ de Mozambique”.

Finalmente, la lectura del Evangelio elegida para la Eucaristía de hoy ha sido la de Lucas 6, 27, donde Jesús dice: “a vosotros los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos” (Lc 6,27). “Una palabra dirigida también a nosotros hoy que lo escuchamos en este estadio”, indicó el Santo Padre ante las 60.000 personas presentes.


LA HISTORIA DETRÁS DE LA VESTIMENTA QUE EL PAPA USÓ EN MOZAMBIQUE

Redacción ACI Prensa

Este viernes 6 de septiembre el Papa Francisco presidió la Misa en el Estadio de Zimpeto, en su último día de visita a Mozambique, en la cual usó vestimentas litúrgicas confeccionadas por un grupo de religiosas y laicos.

Las religiosas encargadas de confeccionar las vestimentas litúrgicas para el Papa Francisco en Mozambique compartieron la experiencia que han vivido en esta labor y expresan su deseo de que el Santo Padre lleve las vestiduras al Vaticano y las use allá como recuerdo de su visita.

“Esperamos que el Santo Padre se alegre al usar estas vestimentas que representan nuestra cultura y nuestra alegría por recibirlo”, dijo a ACI África -agencia del Grupo ACI-, la hermana Alzira Macuacua, coordinadora de un equipo de 15 personas, de las cuales seis son religiosas y los otros nueve laicos. “Queremos que se las lleve y las use (en el Vaticano) en recuerdo de su visita a Mozambique”, agregó la religiosa que sirve en Sudáfrica y pertenece a las Franciscanas Misioneras de María.

Las vestimentas son de color blanco con una decoración en color marrón con el mapa de Mozambique: “Nos alegra haberlas hecho para el Papa con nuestros colores tradicionales que nos hablan a los mozambiqueños, es decir el marrón, que significa fuerza y autoridad”, dijo la hermana Macuacua. “La llegada del Santo Padre, que representa la autoridad de Dios, es una celebración de la fuerza y la resiliencia de los habitantes de África en general y Mozambique en particular”, añadió.

En total se ha confeccionado 30 casullas y 50 albas para los obispos; y 400 estolas para los sacerdotes que estarán en la Misa del viernes 6 de septiembre en el estadio Zimpeto en Maputo.

La tarea que comenzó en junio, refiere la religiosa de 67 años a ACI África, no fue sencilla “porque al principio fue un desafío porque no había dinero”, pero finalmente se pudo recaudar lo necesario gracias a la colaboración de Mons. Antonio Juliasse, Obispo Auxiliar de Maputo, que coordinó la recaudación de fondos.


EL ORIGEN DEL BÁCULO QUE RECIBIÓ EL PAPA EN MOZAMBIQUE CONMUEVE LAS REDES

Por Mercedes de la Torre | ACI Prensa

El Papa Francisco recibió de regalo un báculo pastoral realizado con madera que perteneció a una casa destruida por el ciclón Idai en Beira (Mozambique) y el Santo Padre decidió usarlo durante la multitudinaria Misa que celebró en el estadio de Zimpeto, durante su viaje apostólico en África.

Según confirmó a ACI Prensa el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, “el pastoral fue realizado con material recuperado de la devastación del ciclón Idai en Beira y fue utilizado por el Papa Francisco durante la Santa Misa en el estadio de Zimpeto”.

Además, Matteo Bruni relató un dato muy particular y fue que “las pequeñas cruces talladas en la madera están hechas con la chapa metálica del techo de la casa destruida de una anciana”.

Idai ha sido uno de los ciclones más destructivos de los que se tiene constancia en África. En marzo de este año golpeó el sureste del continente dejando 1,85 millones de afectados en Mozambique, 869 mil en Malawi y 270 mil en Zimbabue.

El Papa Francisco recibió este especial pastoral con forma de cruz durante la visita que realizó al centro médico DREAM localizado en Zimpeto, al norte de Maputo, en donde visitó y bendijo a personas infectadas de VIH / Sida.

Este centro médico fue inaugurado el 7 de junio de 2018 y ofrece servicios sanitarios gratuitos a la población de Mozambique, además de contar con un laboratorio de biología molecular para diagnosticar y prevenir diversas enfermedades y de llevar a cabo el proyecto DREAM (Disease Relief through Excellent and Advanced Means) realizado por la Comunidad de San Egidio.

Durante su breve visita, el Papa Francisco fue recibido por más de mil personas entre pacientes, familiares, voluntarios, personal médico y benefactores. En su saludo, el Santo Padre recordó la parábola del Buen Samaritano porque destacó a los responsables, operadores sanitarios, enfermos y a sus familiares que en el personal allí acoge “con competencia, profesionalismo y amor a tantas personas enfermas, en particular a enfermos de SIDA/VIH, especialmente mujeres y niños”

“Todos los que han pasado por aquí́, todos los que vienen con desesperación y angustia, son como ese hombre tirado al borde del camino. Y, aquí́, ustedes no han pasado de largo, no han seguido su camino como lo hicieron otros, el levita y el sacerdote”, dijo el Papa.

En esta línea, el Santo Padre destacó la compasión de quienes “no cedieron a la tentación de decir ‘no hay nada por hacer’, ‘es imposible combatir esta plaga’, y se animaron a buscar soluciones”. Por último, Francisco señaló que escucharon “ese grito silencioso, apenas audible, de infinidad de mujeres, de tantos que vivían con vergüenza, marginados, juzgados por todos” en esta casa “donde el Señor vive con los que están al costado del camino, a los que padecen cáncer, tuberculosis, y a centenares de desnutridos, especialmente niños y jóvenes”.


MOZAMBIQUE: EL PAPA LLAMA A LA “VALENTÍA DE LA PAZ” QUE “PUEDA IMPREGNARLO TODO”

Discurso a las autoridades

(ZENIT).- Una cultura de paz “requiere un proceso constante en el cual cada nueva generación se ve involucrada”, ha anunciado el Papa. “Por eso el camino tiene que ser el que propicie la cultura del encuentro y pueda impregnarlo todo: reconocer al otro, estrechar lazos, tender puentes”.

El Papa Francisco se ha dirigido a las autoridades políticas, sociedad civil y cuerpo diplomático de Mozambique en su segundo día en Maputo, 5 de septiembre de 2019, en el Palacio Presidencial, a las 10 horas, con un discurso contundentemente dirigido a trabajar en el país por el camino de la paz.

“Quiero expresar mi reconocimiento (..) por el esfuerzo que desde hace décadas realizáis para que la paz se vuelva la norma, y la reconciliación el mejor camino para enfrentar las dificultades y desafíos que tenéis como Nación”, ha indicado el Santo Padre en la capital de Mozambique, un país que sufrió la guerra civil desde 1977 hasta 1992, año en que se emprendió el camino de la paz gracias al Acuerdo General de 1992 en Roma, con ayuda de la Santa Sede.

Recientemente, días antes de la visita del Pontífice a Mozambique, el presidente Filipe Nyusi (líder del Frente de Liberación de Mozambique) y el líder de la RENAMO (Resistencia Nacional Mozambiqueña), Ossufo Momade, firmaron un acuerdo de paz que establece los términos del alto el fuego entre las dos partes y compromete a los signatarios a celebrar elecciones generales pacíficas el 15 de octubre de 2019.

LA VALENTÍA DE LA PAZ

Así, Francisco ha llamado a los mozambiqueños a la seguir trabajando por la “valentía de la paz”, ha dicho. “Una valentía de gran altura, no la de la fuerza bruta y la violencia, sino la que se gesta en la incansable búsqueda del bien común”.

“Vosotros conocéis el sufrimiento, el luto y el desconsuelo, pero no habéis dejado que el criterio regulador de las relaciones humanas fuera la venganza o la represión, ni que el odio y la violencia tuvieran la última palabra”, les ha hablado el Papa Francisco, segundo pontífice que les visita, tras el viaje de san Juan Pablo II en 1988.

CICLONES IDAI Y KENNETH

El Papa, en primer lugar, ha dirigido unas palabras de cercanía y solidaridad a todos los que padecieron recientemente los ciclones Idai y Kenneth, “cuyas devastadoras consecuencias siguen golpeando a tantas familias, principalmente a aquellas donde la reconstrucción todavía no ha sido posible y que reclama una especial atención”, ha comentado.

“Lamentablemente, no podré llegar personalmente hasta vosotros, pero quiero que sepáis que comparto vuestra angustia, vuestro dolor y también el compromiso de la comunidad católica para enfrentar una situación tan dura” ha dicho el Papa a los damnificados por estos ciclones, que en marzo y abril de 2019 afectaron a alrededor de 1,85 millones de personas de Mozambique, Zimbabwe y Malawi.

Antes de las palabras del Papa, el presidente Filipe Jacinto Nyusi ha ofrecido un discurso, agradeciendo al Santo Padre su visita y mencionando la presencia de su “hermano” Ossufo Momade, presidente de RENAMO (Resistencia Nacional Mozambiqueña) y de Deviz Simango, presidente del Movimiento Democrático de Mozambique, con quienes firmó la tregua por la paz en el país el pasado 6 de agosto.

El presidente Nyusi ha entregado al Papa una placa conmemorativa de la Casa Matteo 25, centro que ayuda a los más necesitados y que el Pontífice visitará esta tarde en la ciudad.

A continuación ofrecemos el discurso del Papa Francisco, difundido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO

Señor Presidente,

Miembros del Gobierno, del Parlamento y del Cuerpo Diplomático,

Distinguidas Autoridades,

Representantes de la sociedad civil,

Señoras y señores:

Gracias, señor Presidente, por sus palabras de bienvenida, así como su amable invitación a visitar vuestra Nación. Me alegra estar nuevamente en África y comenzar este viaje apostólico por este País, tan bendecido por su belleza natural como por su gran riqueza cultural que le aporta, a la tan probada alegría de vivir de vuestro Pueblo, la esperanza en un mañana mejor.

Saludo cordialmente a los miembros del Gobierno y del Parlamento, del Cuerpo Diplomático y a los representantes de la sociedad civil aquí presentes. En vosotros, quiero acercarme y saludar afectuosamente a todo el pueblo mozambiqueño que, desde el Rovuma a Maputo, nos abre sus puertas para alimentar un renovado futuro de paz y reconciliación.

Quiero dirigir mis primeras palabras de cercanía y solidaridad a todos los que padecieron recientemente los ciclones Idai y Kenneth, cuyas devastadoras consecuencias siguen golpeando a tantas familias, principalmente a aquellas donde la reconstrucción todavía no ha sido posible y que reclama una especial atención. Lamentablemente, no podré llegar personalmente hasta vosotros, pero quiero que sepáis que comparto vuestra angustia, vuestro dolor y también el compromiso de la comunidad católica para enfrentar una situación tan dura. En medio de la catástrofe y la desolación pido a la Providencia que no falte la solicitud de todos los actores civiles y sociales que, poniendo la persona en el centro, sean capaces de promover la necesaria reconstrucción.

También quiero expresar mi reconocimiento, mío y de gran parte de la comunidad internacional, por el esfuerzo que desde hace décadas realizáis para que la paz se vuelva la norma, y la reconciliación el mejor camino para enfrentar las dificultades y desafíos que tenéis como Nación. En este espíritu y con este propósito, hace aproximadamente un mes, firmasteis en Sierra de la Gorongosa el acuerdo para el cese definitivo de las hostilidades militares entre los hermanos mozambiqueños. Un hito, que agradecemos y esperamos decisivo, realizado por personas valientes en el camino de la paz que inició con el Acuerdo General de 1992 en Roma.

¡Cuánto ha pasado desde la firma del tratado histórico que selló la paz y que ha dado sus primeros brotes! Esos brotes que sostienen la esperanza y brindan la confianza para no dejar que la lucha fratricida sea la manera de escribir la historia, sino la capacidad de reconocerse como hermanos, hijos de una misma tierra, gestores de un destino común. ¡La valentía de la paz! Una valentía de gran altura, no la de la fuerza bruta y la violencia, sino la que se gesta en la incansable búsqueda del bien común (cf. PABLO VI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1973).

Vosotros conocéis el sufrimiento, el luto y el desconsuelo, pero no habéis dejado que el criterio regulador de las relaciones humanas fuera la venganza o la represión, ni que el odio y la violencia tuvieran la última palabra. Como recordaba mi predecesor san Juan Pablo II en su visita a vuestro País en 1988, con la guerra «hombres, mujeres y niños sufren porque les falta hogar, alimentación suficiente, escuelas donde instruirse, hospitales para tratar su salud, iglesias donde reunirse para rezar y campos donde desarrollar su trabajo. Muchos millares de personas se ven obligados a desplazarse en busca de seguridad y medios para subsistir; otros se refugian en países vecinos. […] “¡No a la violencia y sí a la paz!”» (Discurso en la visita al Presidente de la República, 16 septiembre 1988, n. 3).

En el transcurso de todos estos años, habéis experimentado que la búsqueda de la paz duradera —una misión que compromete a todos— pide un trabajo arduo, constante y sin tregua, que «como una flor frágil, trata de florecer entre las piedras de la violencia» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2019) y, por tanto, reclama seguir diciendo con determinación, pero sin fanatismos; con valentía, pero sin exaltación; con tenacidad, pero inteligentemente: no a la violencia que destruye, sí a la paz y a la reconciliación.

Y la paz, sabemos, no sólo es ausencia de guerra sino el compromiso incansable — especialmente de aquellos que ocupamos un cargo de más amplia responsabilidad— de reconocer, garantizar y reconstruir concretamente la dignidad tantas veces olvidada o ignorada de hermanos nuestros, para que puedan sentirse los principales protagonistas del destino de su nación. No podemos perder de vista que «sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad — local, nacional o mundial— abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 59).

La paz hizo posible el desarrollo de Mozambique en distintas áreas. Son prometedores los avances registrados en el ámbito de la educación y la salud. Os animo a seguir trabajando para consolidar las estructuras e instituciones necesarias que posibiliten que nadie se sienta rezagado, especialmente vuestros jóvenes, que conforman gran parte de la población. Ellos no son solamente la esperanza de esta tierra, son el presente que interpela, busca y necesita encontrar canales dignos que les permitan desarrollar todos sus talentos; ellos son potencial para sembrar y desarrollar la tan deseada amistad social.

Una cultura de paz «requiere un proceso constante en el cual cada nueva generación se ve involucrada» (ibíd., 220). Por eso el camino tiene que ser el que propicie la cultura del encuentro y pueda impregnarlo todo: reconocer al otro, estrechar lazos, tender puentes. En este sentido, es imprescindible mantener viva la memoria como camino que abre futuro; como caminar que lleve a buscar metas comunes, valores compartidos, ideas que favorezcan levantar la mirada sobre intereses sectoriales, corporativos, o partidarios de manera tal que las riquezas de vuestra nación sean puestas al servicio de todos, especialmente de los más pobres. Vosotros tenéis una valerosa e histórica misión que cumplir: ¡Que no cesen los esfuerzos hasta que deje de haber niños y adolescentes sin educación, familias sin techo, operarios sin trabajo, campesinos sin tierra; bases de un futuro de esperanza porque es futuro de dignidad! Estas son las armas de la paz.

La paz nos invita también a mirar nuestra casa común. En este sentido, Mozambique es una nación bendecida, que estáis invitados especialmente a cuidar. La defensa de la tierra, es también la defensa de la vida que reclama una especial atención cuando se constata una tendencia a la expoliación y al despojo guiados por un afán acumulativo que, en general, ni siquiera es de personas que habitan estas tierras, y no está motivado por el bien común de vuestro pueblo. Una cultura de paz implica un desarrollo productivo, sustentable e inclusivo, donde cada mozambiqueño pueda sentir que este país es suyo y en el cual puede establecer relaciones de fraternidad y equidad con su prójimo y con todo lo que lo rodea.

Señor Presidente, distinguidas Autoridades, todos vosotros sois los constructores de la obra más bella a ser realizada: un futuro de paz y reconciliación como garantías del derecho al futuro de vuestros hijos. Pido a Dios para que este tiempo que estaré entre vosotros pueda, yo también, en comunión con mis hermanos obispos y la Iglesia católica que peregrina en esta tierra, aportar para que la paz, la reconciliación y la esperanza reinen definitivamente entre vosotros.


DISCURSO A LOS JÓVENES DE MOZAMBIQUE

Redacción ACI Prensa

El Papa Francisco participó a un encuentro interreligioso con miles de jóvenes en la capital de Mozambique en donde dirigió un discurso de esperanza y destacó la alegría de vivir.

El Santo Padre llegó al Pavillon Maxaquen junto al Arzobispo de Maputo, un estadio con capacidad máxima de 15.000 personas, y pronunció un discurso en portugués improvisando y añadiendo frases en español e italiano.

“La alegría de vivir es una de sus principales características —y eso se puede sentir aquí—. Alegría compartida y celebrada que reconcilia y se transforma en el mejor antídoto que desmiente a todos aquellos que quieren dividir, fragmentar o enfrentar. ¡Cuánto les hace falta a algunas regiones del mundo su alegría de vivir!”, exclamó el Papa ante el entusiasmo de los cantos y danzas de los jóvenes presentes.

En esta línea, el Pontífice recordó el proverbio: “Si quieres llegar rápido camina solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado” y animó a los jóvenes a repetir ¡Si quieres llegar rápido camina solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado! Se trata siempre de soñar juntos, como lo están haciendo hoy. Sueñen con otros, nunca contra otros; sueñen como han soñado y preparado este encuentro: todos unidos y sin barreras. Eso es parte de la ‘nueva página de la historia’ de Mozambique”.

Por ello, el Papa advirtió que “jugar juntos nos enseña que no sólo la resignación es enemiga de los sueños y del compromiso, también lo es la ansiedad. Resignación y ansiedad”, dijo.

EL TEXTO COMPLETO DEL PAPA FRANCISCO A LOS JÓVENES:

Muchas gracias por tus palabras de bienvenida, muchas gracias también por todas y cada una de las representaciones artísticas que han realizado. Muchas gracias. Siéntense, pónganse cómodos.

Me agradecían porque he reservado tiempo para estar con ustedes. ¿Qué es más importante para un pastor que estar con los suyos? ¿Qué es más importante para un pastor que encontrarse con sus jóvenes? ¡Ustedes son importantes! Tienen que saberlo, tienen que creérselo. ¡Ustedes son importantes! Pero con humildad. Porque ustedes no son sólo el futuro de Mozambique, tampoco de la Iglesia y de la humanidad. Ustedes son el presente que, con todo lo que son y hacen, ya están aportando lo mejor que hoy pueden regalar. Sin su entusiasmo, sus cantos, su alegría de vivir, ¿qué sería de esta tierra? Verles cantar, sonreír, bailar, en medio de todas las dificultades que viven —como bien nos contabas tú— es el mejor signo de que ustedes, jóvenes, son la alegría de esta tierra, la alegría de hoy.

La alegría de vivir es una de sus principales características —y eso se puede sentir aquí—. Alegría compartida y celebrada que reconcilia y se transforma en el mejor antídoto que desmiente a todos aquellos que quieren dividir, fragmentar o enfrentar. ¡Cuánto les hace falta a algunas regiones del mundo su alegría de vivir!

Gracias por estar presentes las distintas confesiones religiosas. Gracias por animarse a vivir el desafío de la paz y a celebrarla hoy juntos como familia; también a aquellos que sin ser parte de alguna tradición religiosa están participando. Es hacer la experiencia de que todos somos necesarios, con nuestras diferencias, pero necesarios.

Ustedes juntos —así como se encuentran ahora—, son el palpitar de este pueblo, donde cada uno juega un papel fundamental en un único proyecto creador, para escribir una nueva página de la historia, una página llena de esperanza, paz y reconciliación. ¿Quieren escribir esta página?

Cuando entré, ustedes cantaban reconciliación. ¿Lo repiten? Reconciliación. Reconcialiación.

Me hiciste dos preguntas que creo van unidas. Por un lado, ¿cómo hacer para que los sueños de los jóvenes se hagan realidad? Y, ¿cómo hacer para que los jóvenes se involucren en los problemas que aquejan al país? Ustedes hoy nos marcan el camino y nos enseñan cómo responder a estas preguntas.

Han expresado con el arte, con la música, con esa riqueza cultural que mencionabas con tanto orgullo, una parte de sus sueños y realidades; en todas ellas muestran diferentes modos de asomarse al mundo y mirar el horizonte: siempre con ojos llenos de esperanza, llenos de futuro y también de ilusiones. Ustedes, jóvenes, caminan con dos pies como los adultos, pero a diferencia de los adultos, que los tienen paralelos, ustedes ponen uno delante del otro, dispuesto a irse, a partir. Ustedes tienen tanta fuerza, son capaces de mirar con tanta esperanza, son una promesa de vida que lleva incorporado un cierto grado de tenacidad (cf. Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 139), que no deben perder ni dejar que se las roben.

¿Cómo realizar los sueños, cómo contribuir a los problemas del país? Me gustaría decirte: no dejes que les roben la alegría. No dejen de cantar y expresarse de acuerdo a todo lo bueno que aprendieron de sus tradiciones. Que no les roben la alegría.

Como les decía, hay muchas formas de mirar el horizonte, el mundo, el presente y el futuro. Pero es necesario cuidarse de dos actitudes que matan los sueños y la esperanza: la resignación y la ansiedad. Son grandes enemigas de la vida, porque nos empujan normalmente por un camino fácil, pero de derrota, y el precio que piden para pasar es muy caro. Se paga con la propia felicidad e inclusive con la propia vida.

¡Cuántas promesas de felicidad vacías que terminan truncando vidas! Seguro conocen amigos, conocidos —o incluso les puede haber pasado a ustedes mismos—, el vivir momentos difíciles, dolorosos, donde parece que todo se viene encima y lleva a la resignación. Hay que estar muy atentos porque esa actitud «te hace tomar la senda equivocada. Cuando todo parece paralizado y estancado, cuando los problemas personales nos inquietan, los malestares sociales no encuentran las debidas respuestas, no es bueno darse por vencido» (ibíd., 141).

Repitan: ¡No es bueno darse por vencido!, ¡No es bueno darse por vencido! Sé que a la mayoría de ustedes les gusta mucho el fútbol. Recuerdo un gran jugador de estas tierras que aprendió a no resignarse: Eusebio da Silva, la “pantera negra”. Comenzó su vida deportiva en el club de esta ciudad. Las severas dificultades económicas de su familia y la muerte prematura de su padre, no pudieron impedir sus sueños; su pasión por el fútbol lo hizo perseverar, soñar y salir adelante, ¡y hasta llegó a hacer 77 goles para este club de Maxaquene! Tenía todo para resignarse.

Su sueño y ganas de jugar lo lanzaron hacia delante, pero tan importante como eso fue encontrar con quién jugar. Ustedes bien saben que en un equipo no son todos iguales, ni hacen las mismas cosas o piensan de la misma manera. Cada jugador tiene sus características, como lo podemos descubrir y disfrutar en este encuentro: venimos de tradiciones diferentes e inclusive podemos hablar lenguas diferentes, pero eso no impidió que nos encontremos.

Mucho se ha sufrido y se sufre porque algunos se creen con el derecho de determinar quién puede “jugar” y quién tiene que quedar “fuera de la cancha”, y van por la vida dividiendo y enfrentando. Ustedes, queridos amigos, hoy son un ejemplo y testimonio de cómo tenemos que actuar. Tú me preguntabas: ¿Cómo comprometerse con el país? Así como lo están haciendo, permaneciendo unidos más allá de lo que les puede diferenciar, buscando siempre la ocasión para realizar los sueños por un país mejor, pero juntos.

¡Qué importante es no olvidar que la enemistad social destruye! «Y una familia se destruye por la enemistad. Un país se destruye por la enemistad. El mundo se destruye por la enemistad. Todos juntos: ¡El mundo se destruye por la enemistad! ¡El mundo se destruye por la enemistad!

Y la enemistad más grande es la guerra. Y hoy día vemos que el mundo se está destruyendo por la guerra. Porque somos incapaces de sentarnos y hablar [...]. Seamos capaces de crear la amistad social. No es fácil, siempre hay que renunciar a algo, hay que negociar, pero si lo hacemos pensando en el bien de todos podremos alcanzar la magnífica experiencia de dejar de lado las diferencias para luchar juntos por algo común. Si logramos buscar puntos de coincidencia en medio de muchas disidencias, en ese empeño artesanal y a veces costoso de tender puentes, de construir una paz que sea buena para todos, ese es el milagro de la cultura del encuentro» (ibíd., 169).

Recuerdo ese proverbio que dice: «Si quieres llegar rápido camina solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado». Repito: ¡Si quieres llegar rápido camina solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado! Se trata siempre de soñar juntos, como lo están haciendo hoy. Sueñen con otros, nunca contra otros; sueñen como han soñado y preparado este encuentro: todos unidos y sin barreras. Eso es parte de la “nueva página de la historia” de Mozambique.

Jugar juntos nos enseña que no sólo la resignación es enemiga de los sueños y del compromiso, también lo es la ansiedad. Resignación y ansiedad. La ansiedad «Puede ser una gran enemiga cuando nos lleva a bajar los brazos porque descubrimos que los resultados no son instantáneos. Los sueños más bellos se conquistan con esperanza, paciencia y determinación, -esperanza, paciencia y determinación- renunciando a las prisas. Al mismo tiempo, no hay que detenerse por inseguridad, no hay que tener miedo de apostar y de cometer errores» (ibíd., 142).

Las cosas más hermosas se gestan con el tiempo y, si algo no te salió la primera vez, no tengas miedo de volver a intentar, una y otra vez. No tengas miedo a equivocarte, podemos equivocarnos mil veces, pero no caigamos en el error de detenernos porque hay cosas que no nos salieron bien la primera vez. El peor error sería por causa de la ansiedad y abandonar los sueños y las ganas de un país mejor por la ansiedad.

Por ejemplo, tienen ese hermoso testimonio de María Mutola, que aprendió a perseverar, a seguir intentando a pesar de no cumplir su anhelo de la medalla de oro en los tres primeros juegos olímpicos que compitió; después, al cuarto intento, esta atleta de los 800 metros alcanzó su medalla de oro en las olimpiadas de Sidney. La ansiedad no la hizo ensimismarse; sus nueve títulos mundiales no le hicieron olvidar a su pueblo, sus raíces, y sigue cerca de los niños necesitados de Mozambique. ¡Cuánto nos enseña el deporte a perseverar en nuestros sueños!

Me gustaría. Un poco largo el discurso ¿no? Son educados.

Me gustaría sumar otro elemento importante: no dejen afuera a sus mayores. También sus mayores los pueden ayudar a que sus sueños y aspiraciones no se sequen, no los tire el primer viento de la dificultad o la impotencia; ellos son nuestras raíces.

«Piensen esto: si una persona les hace una propuesta y les dice que ignoren la historia, que no recojan la experiencia de los mayores, que desprecien todo lo pasado y que sólo miren el futuro que él les ofrece, ¿no es una forma fácil de atraparlos con su propuesta para que solamente hagan lo que él les dice? Esa persona los necesita vacíos, desarraigados, desconfiados de todo, para que sólo confíen en sus promesas y se sometan a sus planes. Así funcionan las ideologías de distintos colores, que destruyen (o de-construyen) todo lo que sea diferente y de ese modo pueden reinar sin oposiciones. Para esto necesitan jóvenes que desprecien la historia, que rechacen la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, que ignoren todo lo que los ha precedido» (ibíd., 181).

Las generaciones anteriores tienen mucho para decirles, para proponerles. Es cierto que a veces nosotros, los mayores, lo hacemos de modo impositivo, como advertencia, metiendo miedo; o pretendemos que hagan, digan y vivan exactamente igual que nosotros. Ustedes tienen que hacer su propia síntesis, pero escuchando, valorando a los que los han precedido. Y esto, ¿no es lo que habéis hecho con vuestra música? Al ritmo tradicional de Mozambique, la “marrabenta”, le habéis incorporado otros modernos y nació el “pandza”. Lo que escuchaban, lo que veían cantar y bailar a sus padres y abuelos, lo han hecho suyo. Ese es el camino que les propongo, un camino «hecho de libertad, de entusiasmo, de creatividad, de horizontes nuevos, pero cultivando al mismo tiempo esas raíces que alimentan y sostienen» (ibíd., 184).

Todos estos son pequeños elementos que pueden darles el apoyo necesario para no achicarse en los momentos de dificultad, sino para abrir una brecha de esperanza; brecha que les ayudará a poner en juego su creatividad y a encontrar nuevos caminos y espacios para responder a los problemas con el gusto de la solidaridad.

Estoy por terminar. Muchos de ustedes naciste bajo el signo de la paz, una paz trabajosa que pasó por momentos diversos, unos más luminosos y otros de prueba. La paz es un proceso que también ustedes están llamados a recorrer, tendiendo siempre vuestras manos especialmente a aquellos que están pasando en un momento de dificultad. ¡Grande es el poder de la mano tendida y de la amistad que se juega en lo concreto! Pienso en el sufrimiento de aquellos jóvenes que llegaron llenos de ilusiones en búsqueda de trabajo a la ciudad y hoy están sin techo, sin familia y que no encuentran una mano amiga. Este es el gesto de la mano tendida. Todos: gesto de la mano tendida.

Qué importante es que aprendamos a ser manos amigas y tendidas. Busquen crecer en la amistad también con los que piensan distinto, para que la solidaridad crezca entre ustedes y se transforme en la mejor arma para transformar la historia.

Mano tendida que también nos recuerda la necesidad de comprometernos por el cuidado de nuestra casa común. Ustedes, sin lugar a dudas, fueron bendecidos con una belleza natural estupenda: bosques y ríos, valles y montañas y esas lindas playas.

Pero tristemente, hace pocos meses han sufrido el embate de dos ciclones, han visto las consecuencias del descalabro ecológico en el que vivimos. Muchos ya han aceptado el desafío imperioso de proteger nuestra casa común, y entre estos hay muchos jóvenes. Tenemos un desafío: proteger nuestra casa común. Este es un lindo sueño para cultivar juntos, como familia mozambiqueña, una linda lucha que los puede ayudar a mantenerse unidos. Estoy convencido de que ustedes pueden ser los artesanos de ese cambio tan necesario. Proteger nuestra casa común, una casa que es de todos y para todos.

Y permítanme decirles una última reflexión: Dios los ama, y en esa afirmación estamos de acuerdo todas las tradiciones religiosas. «Para Él realmente eres valioso, tú no eres insignificante, le importas, porque eres obra de sus manos. Porque te ama. Por eso te presta atención y te recuerda con cariño. Tienes que confiar en el recuerdo de Dios [...], su memoria es un corazón tierno de compasión, que se regocija eliminando definitivamente cualquier vestigio del mal. No quiere llevar la cuenta de tus errores y, en todo caso, te ayudará a aprender algo también de tus caídas. Porque te ama. Intenta quedarte un momento en silencio dejándote amar por Él. Intenta acallar todas las voces y gritos interiores y quédate un instante en sus brazos de amor» (ibíd., 115).

Lo hacemos ahora juntos… -silencio-. Ese amor de Dios es sencillo, casi silencioso, discreto: no avasalla, no se impone, no es un amor estridente u ostentoso; es un «amor de libertad y para la libertad, amor que cura y que levanta. Es el amor del Señor que sabe más de levantadas que de caídas, de reconciliación que de prohibición, de dar nueva oportunidad que de condenar, de futuro que de pasado» (ibíd., 116).

Sé que ustedes creen en ese amor que hace posible la reconciliación; porque creen en ese amor estoy seguro que tienen esperanza, y que no dejarán de andar con alegría los caminos de la paz.

Muchas gracias y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Que Dios los bendiga.

© Librería Editorial Vaticano


ÁFRICA ALBERGARÁ GRAN PARTE DE LA POBLACIÓN CRISTIANA MUNDIAL EN LAS PRÓXIMAS DÉCADAS

Redacción ACI Prensa

El Papa Francisco visita esta semana algunos países de África subsahariana, zona del continente que albergará una parte cada vez mayor de la población cristiana mundial en las próximas décadas, según indica un amplio estudio.

El estudio realizado por el Centro de Investigación Pew Research en 2017 sostiene que “el futuro del cristianismo está en África”, porque “para 2060, una pluralidad de cristianos, más de cuatro de cada diez, llamará hogar al África subsahariana, frente al 26% en 2015”.

Al mismo tiempo, el estudio prevé que disminuya la proporción de cristianos que viven en muchas otras regiones, especialmente en Europa. Según el centro de investigación este fenómeno se explica por una combinación de factores demográficos, que incluyen la fertilidad, edad y migración, así como el cambio de religión hacia el cristianismo o fuera del mismo.

“En África subsahariana, los cristianos, en promedio, son relativamente jóvenes y tienen más hijos que sus correligionarios en otros lugares, lo que contribuye al rápido crecimiento demográfico proyectado en las próximas décadas. Por el contrario, los cristianos europeos son mucho mayores y tienen menos hijos”, y muchos abandonan la fe, explica Pew Research.

FRANCISCO SEGUIRÁ LA SENDA DE SAN JUAN PABLO II EN SU VIAJE A ÁFRICA

Por Miguel Pérez Pichel | ACI Prensa

Falta poco para que inicie el viaje del Papa Francisco a Mozambique, Madagascar y Mauricio, que tendrá lugar del 4 al 10 de septiembre. Se trata del viaje número 31 del Santo Padre al extranjero y, cuando haya finalizado, serán ya 49 los países que habrá visitado a lo largo de su Pontificado.

Es la segunda ocasión que estos países africanos reciben a un Pontífice, ya que el Papa San Juan Pablo II visitó Mozambique en 1988, Madagascar en 1989 y Mauricio también en 1989.

Según recordó el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, cuando San Juan Pablo II visitó estos países, a finales de los años 80, el contexto era de Guerra Fría y el Papa se había encontrado con países eminentemente rurales que habían alcanzado su independencia poco tiempo antes.

Asimismo, Mozambique se encontraba en plena guerra mundial, por lo que el viaje del Pontífice en aquel momento supuso un fuerte respaldo para la paz.

El contexto que se encontrará el Papa Francisco en el viaje que está por emprender es muy diferente: la urbanización se ha extendido, pero los lazos de la población todavía son fuertes. Se ha producido también un desarrollo económico, sin embargo, el proceso de urbanización de la sociedad trajo también nuevos problemas y nuevas pobrezas.

TEMAS DEL VIAJE

Matteo Bruni enumeró dos temas principales del viaje del Papa Francisco a África. Un primer tema será el de la superación de las divisiones, la búsqueda de la paz, la búsqueda de la reconciliación y la promoción de la cultura del encuentro. En el caso concreto de Madagascar, explicó que las divisiones se producen entre grupos sociales con acceso diferentes a la riqueza.

“Madagascar tiene una sociedad compleja, diferente a la africana, a mitad entre África y el Océano Índico, con una riqueza en su tradición única. Es también una democracia joven a la búsqueda de estabilidad democrática”. En esa situación, “la Iglesia, y las otras denominaciones cristianas, ha desempeñado un papel importante en el diálogo entre las diferentes fuerzas políticas”.

Sobre Mauricio, un país, al igual que Madagascar, insular entre África y el Océano Índico, subrayó que “veremos un país con una gran diversidad étnica y religiosa, de origen africano, indio y chino”.

Por último, de Mozambique señaló que, “la división es entre rivales políticos con pasado armado. El 6 de agosto se firmó un nuevo acto del proceso de paz que comenzó en 1992. Desde entonces, Mozambique ha experimentado un importante desarrollo, por lo que Mozambique es un ejemplo de cómo la paz abre la puerta al desarrollo”.

Otro tema de este viaje será el cuidado de la creación. De hecho, se establecerá un vínculo entre la reconciliación y el cuidado de la creación. Mozambique, Madagascar y Mauricio son tres países con una riqueza natural extraordinaria que se debe preservar.


MENSAJE DE FRANCISCO AL PUEBLO DE MADAGASCAR: “LLEGARÉ A CONFIRMARLOS EN LA FE”

Ante la visita al país del 6 al 8 de septiembre

(ZENIT).- “Llegaré a confirmarlos en la fe y al mismo tiempo me alimentaré de ella”. Con estas palabras se dirigió el Papa Francisco al pueblo de Madgascar, ayer, 1 de septiembre de 2019, 5 días antes de su viaje a este país, que tendrá lugar del 6 al 8 de septiembre.

Se trata de una visita pontificia al continente africano, que incluye también a Mozambique e Isla Mauricio como destinos y que comienza el próximo miércoles 4 de septiembre y finaliza el 10 del mismo mes.

En el video mensaje, Francisco se muestra agradecido a los malgaches (personas de Madagascar) por el trabajo realizado y el que están haciendo para preparar su visita y, sobre todo, por “vuestra oración, tanto personal como familiar y en las comunidades parroquiales, así como en los hospitales y en las cárceles”.

“La oración no conoce límites y, cuando llegue a Madagascar, aunque solo podré visitar algunos lugares, a través de la oración, llegaré a todos, y para todos pido la bendición de Dios”, continúa el Santo Padre.

Finalmente, el Pontífice recuerda que Madagascar es famoso por sus bellezas naturales, y, ante ello decimos “¡Alabado sea! (¡Laudato sí!)” y presentamos el deber de cuidarlas “con atención”. No obstante, también subraya que “hay otra belleza que está aún más en el corazón de Cristo y del Papa: la de su pueblo, es decir, ¡su santidad!”.

LOGO Y LEMA DE LA VISITA A MADAGASCAR

En el logo de la visita apostólica a Madagascar está representada la nación por la palma de la mano del “Papa viajero”, la planta “ravinala”, y el árbol baobab, simbolizando una tierra de misioneros discípulos y testigos de la fe en Jesucristo hasta el martirio, de los cuales se señala a los santos en el logotipo.

“Sembrador de paz y esperanza” es el lema del viaje del Santo Padre a Madagascar. “Paz y esperanza”, hitos para que los malgaches sean los arquitectos de un país basado en el desarrollo auténtico y el bienestar espiritual y social, indican los organizadores.

 Según indica el programa previsto para el viaje, el Papa llega a Antananarivo, Madagascar, el viernes 6 de septiembre por la tarde. Al día siguiente, sábado 7, asistirá a una Hora Media en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas y a un encuentro con los obispos del país. Del mismo modo, visitará la tumba de la beata Victoire Rasoamanarivo y también disfrutará de una vigilia con los jóvenes.

El domingo 8, celebrará la Eucaristía el Campo Diocesano de Soamandrakizay. Más tarde se trasladará a la Ciudad de la Amistad de Akamasoa y después encabezará una oración por los trabajadores en la cantera de Mahatazana. Finalmente, tendrá lugar el encuentro con sacerdotes, consagrados, religiosos/as y seminaristas.