1.- ¿PODEMOS LOS CRISTIANOS CAMBIAR LA SOCIEDAD?

Parece que los católicos estamos alejados del mundo real y que nuestras convicciones nos convierten en seres raros y poco habituales. Uno de los sectores más rentables de –por ejemplo en España— la industria periodística es la llamada prensa del corazón. Este estilo de contenidos y de forma de informar ha irrumpido en la televisión y algunos de los programas ofrecidos alcanzan una enorme popularidad. La vida privada de los famosos --de algunos famosos— es el plato fuerte de dicha prensa. Y, a la postre, el cotarro se anima con un buen número de divorcios, separaciones, noviazgos de gente casada, constitución de parejas de uso rápido y poca permanencia, etc. Tras todo ello aletea la palabra adulterio. Nadie lo va a decir. Y si alguna voz lo plantea siempre habrá algún experto que dirá que el adulterio ya no es delito a nivel de código penal.

En el caso del cine una forma de "levantar" una película –de hacerla más rentable— es añadirle escenas de violencia o de sexo, aunque parezca que no tiene demasiada relación con la historia que se quiere narrar. Otro medio muy próximo a todos nosotros, la televisión, ofrece un buen número de filmes donde los contenidos de esas películas no serían aceptadas por la mayoría de los que nos llamamos católicos. Por supuesto tampoco ese camino está penado en el código de justicia.

DELITOS ECONÓMICOS

Seguimos cerca de los escándalos económicos y el prototipo de "listo afanador" anda ahora más cerca de la cárcel que los salones de moda. Y todo ello, nos muestra la exhibición de un continuado oportunismo que es también muy frecuente en nuestro entorno. La vida habitual de la gente importante de un país como España estaría muy apartada de los principios de solidaridad, amor y ayuda al prójimo que el catolicismo tiene como característica principal. Aunque, sin duda, haya muchos pecados de omisión entre los católicos a la hora de repartir los bienes, está claro que la mayoría del pueblo de Dios no acepta la explotación económica y al abuso de poder para enriquecerse. Es obvio que hay muchos otros temas aceptados --o tolerados-- por la sociedad ante los que el católico medio se siente incómodo o contrario. Estos serían la educación, muchas de las manifestaciones de la cultura, los ataques a la vida familiar, etc.

ABORTO Y PENA DE MUERTE

No puede dejar de hablarse del aborto porque es lo más duro y extremo con lo que nos encontramos los fieles católicos. Mientras que nosotros creemos que se trata de un homicidio, una parte importante de la sociedad lo considera, en el "mejor de los casos", como una extrema y difícil solución quirúrgica. No es fácil, pues, cualquier tipo de entendimiento al respecto, pero en su visión profunda esta dolorosísima cuestión se parece a otras, aunque esas otras sean menos graves.

El mantenimiento en muchos países –algunos de ellos considerados como árbitros del mundo— de la pena de muerte es otra afrenta a la conciencia de los católicos. La defensa de la vida ha de ser radical, y no sectorial. Y si hay que defender la existencia del no nacido, es necesario no promover la pérdida de la vida de nadie, por muy malo que sea. El Vaticano, y todos los Pontífices de los últimos años, han pedido la derogación de la pena de muerte en aquellos lugares donde todavía existe. Y no puede dudarse que, a corto o medio plazo, habrá una condena total y firme de la pena de muerte por parte de la Iglesia católica. Es cuestión de tiempo y de que ciertas “obligaciones diplomáticas” –relaciones del Vaticano como Estado— desaparezcan o no sean tomadas en cuenta.

NUESTRO MUNDO, ¿FUERA DEL MUNDO?

La vida exterior, la vida civil, los parámetros de coincidencia se alejan y se alejan. Nuestro mundo parece una realidad privada, interior y muy alejada de la realidad circundante. La tentación para imponer a la fuerza nuestros criterios parece oportuna. Lo que se llamó el nacional-catolicismo no era otra cosa que la elevación a la categoría de ley general de "algo" que se acercaba al mundo de la virtud que los católicos podían desear que existiera. La aplicación por decreto de la moral cristiana fue un hecho. Pero, ¿sirvió para algo? ¿Se pecaba menos? ¿Las cosas iban mejor? ¿Se respetaba la libertad de todo el mundo? No, por supuesto. A la larga todo ello fue tan contraproducente que se unió en la conciencia colectiva la idea de que el catolicismo –el cristianismo— está asociado al autoritarismo y a la ausencia de libertades públicas.

Bien. Hemos llegado hasta aquí para hacernos varias preguntas y consideraciones. ¿Si estamos disgustados con la sociedad actual no sería interesante pensar en volver a situaciones como las de los años cuarenta y cincuenta? ¿No tenemos una responsabilidad como cristianos de intentar que la sociedad sea mejor y que, en ella, todos los hombres se salven? Sí, ciertamente. Pero no a golpe de decreto-ley y con la policía como custodia de "nuestra moral. Hoy, el naciente anticristianismo en Oriente Medio, África y Asia aumenta en gravedad porque no hay libertad para ejercer el derecho a creer y a pensar. La libertad –que viene de Dios, pues crea al hombre totalmente libre— es un principio importantísimo para cada uno de los seguidores de Cristo. Y también la justicia. Y el principal de todos, el amor. A partir del amor a los demás no hay opresión. Hay deseos de convencer, de dialogar, de enseñar la verdad, nuestra verdad, la que sabemos que cierta y es que vino Jesús, el Hijo de Dios. A partir de ahí todo es posible. Ese Jesús al que nosotros amamos se dejó matar antes de emplear la fuerza --y la tenía toda-- y el suyo fue un ejemplo de paz y de amor. Es nuestro único camino.

LAS TENTACIONES TOTALITARIAS

Hay tentaciones totalitarias en el mundo religioso. Siempre las ha habido. Y, sin embargo, en un mundo de libertades en donde florecen las ideas y las creencias con gran pureza. Las religiosas, naturalmente, también. Este tipo de deseos liberticidas se les ocurrían hasta a los Apóstoles, cuando pedían al Señor que enviase fue del cielo para destruir a los malvados. Pero no debe ser así. En nuestro compromiso radical por salvar a todos los hombres debe estar también el reconocimiento de su libertad individual o colectiva. Tenemos el derecho a transformar la sociedad, en acercarla más y más al camino marcado por Cristo. Pero no es una actividad hipnótica para manipular a las masas. Hay que convertir a todos los hombres y todas las mujeres, de uno en uno; porque Dios Padre nos ama a todos, uno a uno, y sabe cuál es nuestro nombre. ¿Uno a uno? ¿Y cuándo terminaremos? Pues cuando Dios quiera. El trabajo de la correndención va ligado a la victoria de Cristo y de eso ya se habla algo en las Sagradas Escrituras.

Parece, entonces, que el tema entra en lo utópico. Pero no es así. Esa condición de amor a la libertad de los demás y de cercanía a Cristo es más que fundamental. No obstante, toda labor debe adaptarse a un momento histórico determinado. Han pasado dos mil años, hemos vivido la primera década de un nuevo milenio, todavía lleno de esperanza y posibilidades. Cristo está presente en muchas gentes y los cristianos en general no es, precisamente, un grupo reducido. Tenemos más posibilidades objetivas que los Apóstoles, aunque a nosotros nos falta la fe y, tal vez, la capacidad para albergar dentro de nosotros al Espíritu Santo. Pero hemos de avanzar inmersos en nuestro momento histórico preciso. El Papa Francisco ha creado mucha esperanza en torno a cambios dentro de la Iglesia para que esta crezca en la propagación del mensaje de Cristo en clima de total libertad y respeto para todas las tendencias religiosas, políticas o sociales.

MEDIOS PARA REVELAR LA PALABRA DE DIOS

Los medios de comunicación son un excelente vehículo para convencer a nuestros hermanos. Gran parte de la cultura, de las ideas, de las sugestiones, de los conceptos que obtiene y retiene el hombre moderno lo recibe de los medios de comunicación. Parece que los medios más eficaces son los masivos y generalistas, no los especializados. ¿Existen en España medios masivos de información general basados en el pensamiento cristiano? Pues, no muchos. O ninguno. Haría falta volver a la capacidad fundadora de Ángel Herrera Oria para sacar nuevos medios importantes, como en su día lo fueron los diarios "El Debate" o "Ya", que supusieron un gran éxito en los momentos de la II República española y defendieron posiciones católicas –en libertad— frente a otras muchas opciones contrarias a la religión cristiana. El ejemplo fundador de Herrera Oria es muy interesante y utilizable en los tiempos de hoy.

LA TELEVISIÓN

La televisión, hoy, tiene la exclusiva de ese gran poder. Y la Iglesia católica española tras las experiencias positivas de algunas emisoras de ámbito local –Madrid y Badajoz, por ejemplo— dispone de una cadena –13 TV-- a nivel nacional, a pesar de la enorme dificultad que pueda conllevar su fundación y mantenimiento. ¿Es fácil fundar un gran medio actual? No lo es. Unidas muchas voluntades y con la ayuda de Dios todo es posible.

Tenemos la obligación de llevar la palabra de Dios a todos los sitios, respetando la libertad de cada uno de nuestros hermanos. Es trabajo individual y colectivo. No podemos esperar a que otros nos hagan ese trabajo. No sería poco con que comenzáramos a pensar que la gente necesita de nuestra voz y de nuestra forma de pensar. ¿Verdad de que debemos seguir hablando de este tema? Esperamos las opiniones de los lectores.

2.- NECESITAMOS APOYO ECONÓMICO…Y MUCHAS ORACIONES

No hemos forzando demasiado la invocación a la generosidad de nuestros lectores, tras los problemas suscitados hace meses. Pero, realmente, la situación económica de Betania sigue siendo muy difícil y no se descarta su desaparición. Con las aportaciones de tiempo atrás –y estamos profundamente agradecidos— pudimos seguir adelante. Pero ahora nuevamente tenemos problemas. Hay que atender a nuevos gastos, algunos los mismos que se resolvieron en aquellos días. Hemos abierto ahora la posibilidad de ingresos con la publicidad, con los anuncios, pero no sabemos su rendimiento posible. Y, al parecer, no es muy alto.

Hasta ahora, no había nadie –salvo los lectores— que faciliten recursos económicos a nuestra web. Nos abrimos a la publicidad de Google, pero el rendimiento es bajo. La aportación económica del propio Editor es ya imposible y, probablemente, deje de trabajar en Betania pronto. No somos capaces de llevar a cabo un equipo técnico que sustituyera al trabajo del Editor. Y aunque hay planes para modificar este aspecto, también en la transición necesitamos ayuda. Y lo que pedimos con el corazón son oraciones por la continuidad de Betania. El Espíritu ha estado siempre de nuestra parte y creemos que así seguirá. Pero hay que pedírselo… Necesitamos también muchas oraciones.


Quienes somos

Betania fue fundada por el periodista laico, Ángel Gómez Escorial, el 1 de diciembre de 1996, como consecuencia de una transformación personal y religiosa. Ha estado siempre publicada a expensas de la empresa periodística Prensa Escorial –también fundada por Gómez Escorial-- sin ninguna otra pertenencia a movimiento alguno o jerarquía de la Iglesia católica. Pero como ha expresado muchas veces Gómez Escorial, su Editor, “Betania quiere ser siempre una hija fiel de la Iglesia Católica”. Entre sus colaboradores hay sacerdotes y laicos, pero son mayoría los sacerdotes, aunque pertenecen a diferentes carismas. Así hay dos agustinos, un jesuita, un miembro del Opus Dei y el resto diocesanos. Los colaboradores laicos son padres y madres de familia y de diferentes profesiones.

Betania, Prensa Escorial, SL.

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