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EL MATRIMONIO

Por Ángel Gómez Escorial

La escena de las bodas de Caná narrada por Juan en el Evangelio de este domingo centra a hablar del tema del matrimonio. Antes habrá que comentar el contenido concreto del texto de San Juan. No se trata de una "profundo análisis" sobre la idoneidad de una cierta clase de matrimonio, tan solo de una bella narración del apuro que unos recién casados pueden sufrir ante la eventualidad de no cumplir con sus invitados por falta de vino. Y junto a ello la preocupación de una mujer, la Virgen María, que adivina ese problema y pide ayuda a su Hijo. Por un lado está esa capacidad de convencimiento que María como madre de Jesús tiene y que le hace adelantar "su hora" y, por otro, ese mensaje suave, domestico, familiar, corriente y paradójico que marca la "ejemplaridad" de transformar agua y vino y así obtener la confirmación feliz de un festejo matrimonial.

MATRIMONIO CRISTIANO

Solo se nos ocurre que no hay otro remedio que aplicar a "nuestro" concepto del matrimonio una normalidad absoluta. Estuve a punto de titular la presente Carta como "Martrimonio Cristiano2, pero luego he preferido dejarlo solo en matrimonio. Porque para que un matrimonio sea cristiano primero tiene que ser eso: un matrimonio. Y, asimismo, la primera obligación de una pareja de cristianos, unidos en libertad, es constituir un verdadero matrimonio. ¿Y que es un verdadero matrimonio? Pues una unión entre un hombre y una mujer, basada en un profundo amor mutuo, con un proyecto de vida en común, en el cual los egoísmos y personalismos son el primer enemigo a batir. La creación de una familia y traer hijos al mundo es otra de las obligaciones principales. Con estas premisas es posible que ya esté definido el matrimonio cristiano, aunque no hayamos hablado ni una palabra de cristianismo.

EL MATRIMONIO JOVEN

Pesa sobre un matrimonio joven los graves problemas de este tiempo. La falta de trabajo, la dificultad para la obtención de una vivienda, una tendencia al consumismo o a la obtención de "status" económico, que convierte a la vida en común en una lucha muy dura, no muy alejada de la terrible competitividad que se vive en el mundo del trabajo. Es posible también que sobre una pareja cristiana produzca problemas los temas del sexo y del control de la natalidad. De todas formas, ahí se puede vislumbrar un fracaso tremendo de lo que llamaríamos "educadores cristianos" porque, por ejemplo, España se ha convertido en uno de los países del mundo con menor índice de fertilidad, donde menos hijos nacen. Se ha producido un retraso tal que en la escolarización obligatoria sobran de tal manera plazas de nuevos alumnos que, en algún momento, las escuelas tendrán que cerrar. Y, después, aparece Italia. Y en ambas naciones la mayoría de la población es católica y la influencia de la Iglesia es más que evidente. Sobre este aspecto de la relación matrimonial creemos que es, donde sin duda, se aplica mejor la frase de San Agustín: "Ama y haz lo que quieras". Pero, sin duda, los grandes responsables de la pastoral matrimonial tendrían que meditar profundamente sobre el retraso espectacular de la falta de nacimientos. A veces, un exceso de celo puede tener efectos muy contradictorios.

LA ENSEÑANZA DE LA IGLESIA

Sin aceptar ningún comportamiento que no esté de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia, habrá que decir que no es posible establecer parámetros sobre el comportamiento sexual de la pareja de esta segunda década del siglo XXI, inspirados en una base puritana llegada de los tiempos victorianos, decimonónicos. Incluso, la llamada moral judeocristiana comienza a ser un argumento sin base alguna, porque las invocaciones de la Iglesia respecto a la pureza y a la limpieza de corazón respecto al comportamiento sexual no están en contradicción con unas relaciones sexuales plenas y muy satisfactorias dentro del matrimonio. La base del matrimonio es el amor. El amor es un don de Dios. Todo el amor --si es amor-- tiene la misma substancia y, por tanto, entre una pareja que se ama profundamente, la presencia del amor a Dios es más que obvia.

TRES CATEGORÍAS DE PERSONAS

Es posible que exista una frontera casi infranqueable desde el punto discursivo entre tres catagorias de cristianos,: una, quienes hayan vivido un matrimonio venturoso; otra, los que hayan sufrido con una relación objetivamente traumática y la tercera la de los solteros, la de aquellos que, como en el caso de los sacerdotes, no se casan. Cada uno puede hablar de la feria según le ha ido. Pero esas tres categorías --hay más-- nos conducen a decir que es difícil hablar del matrimonio. Y ante esa dificultad surge otra que se convierte, no obstante, en realidad venturosa: que cada matrimonio es un mundo completo y que cada pareja debe resolver sus problemas por sí solos y con ayuda de Dios. Puede que sobre mucha teórica, por doquier.

LA DEFINICIÓN DEL AMOR

Hay a lo largo de todo el Nuevo Testamento en, sobre todo, Juan y Pablo muchas definiciones sobre el amor. Y todas son hermosísimas. El egoísmo, la violencia, la soberbia, la superioridad quedan fuera del amor. El egoísmo es, tal vez, la mayor enfermedad que sufre el amor. Si el que ama no es capaz de entregarse al otro y suponer que su felicidad reside en hacer feliz a su pareja las cosas no van a ir bien. Ciertas tendencias a la inseguridad crean un sentido excesivo de la posesión que es, también, un problema grave.

ALGO MÁS QUE UN EPÍLOGO

El epílogo es que un matrimonio cristiano debe ser antes un auténtico matrimonio. Es verdad que los problemas son muchos y complejos. Además de la unión cristiana mediante la administración del sacramento del Matrimonio existen las uniones civiles delas parejas de hecho y el llamado matrimonio homosexual. Y es obvio que todo ello produce gran confusión entre los cristianos. Pero no debe ser para tanto, porque cuando cualquiera, en decisión libre, decide seguir el camino de Cristo, comparte una forma de vida que está perfilada por la unión en el Cuerpo de Cristo. Cristo es la cabeza de un cuerpo firmado por los miembros de la Iglesia. En la proximidad del Señor, en su presencia, todos estos problemas se aclaran. La vida del género humano es, más que nada, un conjunto de decisiones ineludibles, que hay que tomar inexcusablemente. Pero la tendencia más generalizada de este tiempo es a no decidir nada. A lo sumo, optar entre unas categorías previamente dibujadas por el tópico y la irreflexión. Pero que no haya temor. Dios ayuda.