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EL PROGRAMA DE CRISTO

Por Ángel Gómez Escorial

Siempre me ha gustado decir que las Bienaventuranzas son el texto programático de Cristo. Lo he dicho y lo he escrito muchas veces. Y es que esas palabras dichas en el monte suponen un gran programa de actuación para dar sentido al Reino de Dios. La primera bienaventuranza en el texto de Lucas es muy concreta: "Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”. Los que saben mucho de Escrituras dicen que Mateo matiza mejor esta fórmula añadiendo los "pobres de espíritu". Bien. A nosotros nos sirven las dos, porque se habla de los pobres a secas. Ser pobre sin desesperación es un camino difícil, tanto como ser pobre de espíritu, como moverse cerca de las riquezas y no dejarse contaminar por ellas.

LOS QUE TIENEN HAMBRE

Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Felices los que ahora tengáis hambre... Hay hambre en muchas partes del mundo, mientras que en ese otro mundo opulento se tira comida y se gastan millonadas en tratamientos para adelgazar. Estamos casi siempre saciados. Las imprecaciones de la segunda parte del texto evangélico nos pueden servir a nosotros. Felices los que ahora lloráis... En fin, hay a nuestro alrededor tanta gente pobre, hambrienta que llora que nadie socorre. Y para verla no es necesario irse al Tercer Mundo. Cada vez en el llamado Primer Mundo hay mayores bolsas de pobreza con difícil solución.

SER CRISTIANO

Es difícil ser cristiano. Es difícil olvidar estas palabras de Cristo, pero también es difícil cumplirlas. Se nos ha educado en el éxito, en el consumo e, incluso, en la avaricia. Siempre será paradójico comprender al Maestro, pero hay que intentarlo. Puede que no sea cosa de una hora, ni de un día, ni de un año. A base de releer las Bienaventuranzas hemos de cambiar. Por otro lado, sería injusto no reconocer la entrega de muchos hermanos nuestros a la causa de los pobres, de los tristes, de los hambrientos. En la meditación de las palabras de Jesús aparece siempre el camino. Lo que ocurre es que tenemos que hacer nuestro convencimiento propio, uno a uno y con ayuda de Dios. Debemos de ser conscientes –con dolor— de las necesidades de muchos semejantes nuestros, de nuestros hermanos cerca y lejos. Y son las bienaventuranzas quienes nos dan la pauta.

"Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!" Ojalá nunca oigamos eso de los labios del Señor. Es duro, pero posible. Podemos olvidar a los necesitados porque tenemos mucho trabajo, o a causa de que confiamos en los impuestos que pagamos al Estado. También, taparnos los oídos cuando oigamos llorar. O mirar con lejanía estúpida al que nos pide de comer mientras nosotros acabamos de salir de un restaurante de mucho precio y prestigio. Eso podemos hacerlo. Pero la voz fuerte de Jesús también resonará un día en nuestros oídos. Es difícil. Lo es. Pero hay que empezar. Hay que abrir el corazón a los pobres, a los tristes, a los hambrientos. Y esa apertura nos llevará a ellos. Aquí también sirve la oración. Hay que pedirle a Dios que nos haga comprender mejor sus bienaventuranzas.