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1.- LA VISITA DEL OBISPo

Por Ángel Gómez Escorial

La visita pastoral del obispo de la diócesis a las parroquias es una realidad muy importante de la vida eclesial. Tiene más de presencia filial, de apoyo, de aliento de fe, que de inspección rutinaria. Pero algo tiene de esto último matizado por la lógica fraternidad cristiana.

La parroquia de Santa Maria de la Esperanza, situada en el norte de Madrid Capital, en la cercanía del barrio llamado la Ciudad de los Periodistas, es mi parroquia y, por tanto, la de esta web de Betania (betania.es). Y el obispo auxiliar del Cardenal Osoro –titular de la archidiócesis matritense— monseñor Juan Antonio Martínez Camino le toco acometer la visita pastoral a la mencionada parroquia. Casualmente, era la segunda vez que don Juan Antonio realizada esa visita a la parroquia. Lo hizo hace diez años.

Entre las variadas actividades de esta visita correspondió un contacto con el Grupo Betania que la parroquia presidida Jesús Martín, mantiene desde hace años con mucho vigor. Como nota al margen decir que estos Grupos surgieron ante una sugerencia mía como editor de la web y que se produjeron varios, además de Madrid, en Valencia, Sevilla y Burgos… Pues bien, monseñor Martínez mantuvo un contacto con los integrantes del referido grupo que coordina uno de los vicarios de la parroquia, el padre Miguel Angel Sierra. Fue posible presentar a don Juan Antonio la presente web. El obispo Martinez Camino derrocha cordialidad y buen humor y el encuentro, ciertamente, fue muy agradable.

Hay otro texto –tal como decimos en nuestra portada— dedicado a la visita de monseñor Martinez Camino y que era la prestación oficial de la parroquia a la visita episcopal, escrito por nuestra colaboradora Julia Merodio, y que hemos preferido dar en la página de “Evangelización” –ver manu azul de la izquierda— y que lleva Julia.

Sabemos que Betania es visitada por muchos miembros de innumerables parroquias tanto en España como en Iberoamérica donde tendrán lugar las correspondientes visitas pastorales. Sirva el ejemplo –por proximidad— de esta visita a Santa Maria de la Esperanza como referencia y presentación de todas ellas.

 

2.- ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA SEÑOR?

Por Ángel Gómez Escorial

Nos acercamos al Adviento y es un nuevo paso para convertirnos, más y mejor. Tras este Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario nos queda sólo otro para ya iniciar el Adviento. Además el 1 de diciembre, Primer Domingo de Adviento, esta página web, Betania, cumple 23 años.

En Adviento esperamos al Señor que viene. Y esperamos que el Niño Dios nos encuentre dispuestos con las lámparas encendidas y bastante aceite en la alcuza. Pero como dice un himno de la Liturgia de las Horas el camino es largo y el agua se hace amarga. Hay en nuestra vida espiritual mucha flojera y no pocas infidelidades. El pecado original forma parte de nuestra naturaleza y eso se nota. No somos fariseos y por eso sabemos –y nos reconocemos como tales— que somos pecadores.

TODO SE FRACTURA

En algún momento, tal vez cuando parece que hemos completado una etapa, todo se fractura a nuestro alrededor y aparece el desconcierto. Nos sentimos solos, incómodos, incluso parece como si Dios se hubiese alejado. Ese es el momento de gritar: “¿qué quieres que haga Señor?” Y si a la primera no hay respuesta, pues tendremos que gritar más. No es que Dios no nos oiga. Es que quiere que nuestro grito más fuerte signifique un testimonio de entrega y amor aún mayor. La realidad es que sin Dios no podemos hacer nada y, tal vez, ni siquiera comprender nada de manera completa. Pero existe una disyuntiva entre nuestra libertad y el deseo de Dios de ayudarnos y guiarnos. Algunas veces queremos que el Señor lo haga todo y otras no le damos parte en nada.

REPETIRNOS ESA PREGUNTA…

“¿Qué quieres que haga Señor?” es una pregunta que debemos repetir y hacerla desde la más profunda humildad sin importarnos resultados ni cuestiones previas, ni análisis profundos. Dios nos va ayudar “si nos dejamos”. Si le permitimos que esté a nuestro lado. No es malo que meditemos este como preámbulo para el Adviento. Y ojalá que la nueva venida del Señor Jesús nos sirva para acercarnos más y más a Él, dentro de un anhelo de renovada conversión.

“¿Qué quieres que haga Señor?”, me lo pregunto una vez más. Este trabajo mío de realizar es duro, de muchas horas, alguna vez he pensado dejarlo. Pero no puedo hacerlo hasta que encuentre alguien que, más o menos, haga lo que yo…

 

3.- QUIEN NO TRABAJE QUE NO COMA

Por Ángel Gómez Escorial

La búsqueda de argumentos e ideas para nuestros comentarios siempre me trae a la cabeza la enorme sabiduría con que están elegidos los Textos Sagrados que componen la liturgia de la Misa de cada domingo. Jesús, en el Evangelio de San Lucas habla hoy del final de los tiempos. También lo hace la primera lectura con el relato del Libro de Malaquías, pero luego, San Pablo y en su Carta Segunda a los Tesalonicenses escribirá una de las frases más lapidarias de todo su legado doctrinal. "El que no trabaja, que no coma", y la frase aparece, precisamente, en un contexto en que algunos habitantes de Tesalónica, a la espera de los "últimos días, pies "no daban ni golpe" y vivían a costa de los demás. Hay algunas mistificaciones erróneas del camino cristiano que inciden a un aferramiento literal y excesivo al Libro del Apocalipsis y plantean un principio pesimista de la vida, amparados en el habitual componente catastrófico que rodea la existencia humana. Y esto último tiene especiales significados, cuando vivimos con la impresión terrible que la hecatombe de Centroamérica.

LO IMPREVISIBLE

¿Lo imprevisible...? El devenir del hombre sobre la tierra ha estado siempre acompañado de los efectos de la ira de la naturaleza o del poder devastador de la enfermedad en forma de epidemias. Es evidente que existen, asimismo, guerras de manera continuada. Y, entonces, no parece excesivo contemplar las "condiciones" que Cristo marca con preludio para llegada de los "últimos días". Pero, a su vez, esas situaciones se están repitiendo desde hace siglos y milenios. Aunque ahora, en nuestros tiempos, hay una diferencia: la mayor solidaridad humana y la mejoría tecnológica tiende a paliar, de manera considerable, los efectos de tales desgracias. Pensar constantemente en el fin del mundo quita las ganas de trabajar y, sobre todo, es efecto de un "encantamiento" inmovilizador, porque si toda va a acabar, ¿por qué hay que esforzarse?

NO ADMITIR VAGOS

San Pablo vivió ya los efectos prácticos de tales tonterías y tuvo que recomendar el trabajo como antídoto de esas situaciones. Su mensaje de no admitir vagos es importante e, incluye, además, la idea del trabajo como factor de crecimiento personal y de acción solidaria hacia los hermanos. Nadie debe ser carga para otros, si está en condiciones de trabajar. Y ese trabajo, importante, amplio, constructivo, servirá además para echar a una mano a los que, verdaderamente, están impedidos para realizar cualquier labor. En estos tiempos en que el paro es uno de los grandes azotes de las sociedades desarrolladas --y de las que no lo están--, habrá que hacer especial mención del necesario esfuerzo solidario de aquellos que tienen trabajo hacia quienes no lo poseen. Pero, a su vez, la ausencia de empleo suele producir un desánimo que lleva a no buscar trabajo o a sólo querer encontrar una dedicación ideal. Como puede verse --dentro o fuera de cualquier desgracia-- las palabras de Pablo tienen una gran actualidad.

LA ESPERANZA DEL CRISTIANO

La esperanza es otro de los grandes ingredientes del sentir cristiano. Nos puede rodear la desgracia e, incluso, parecer que todo se va acabar. Y, de hecho, asistir al final de muchas gentes queridas. Será ahí cuando la esperanza debe ayudarnos. Existe un camino muy negativo que es ver a Dios como elemento vengativo o agente continuado de grandes males. El poder de Dios es omnipotente, su justicia también y, además, no podemos dudar que las leyes de la naturaleza emanan de Él. Nuestro mundo no vive a golpe cotidiano de variación extraordinaria, positiva o negativa. El mejor talante es aceptar nuestra situación exacta y caminar hacia adelante.

Nota. No es frecuente que esta seccion contenga tres Cartas, pero las circunstancias presentes asi lo han aconsejado. Esperemos que sean del agrado de nuestros lecores.