www.betania.es


¿ES JESÚS COMO ESPERÁBAMOS?

Por Ángel Gómez Escorial

La desconcertante pregunta del Bautista rompe el corazón a más de uno. “Eres tú el que tiene que venir o esperamos a otro”. Y es que, aun con una cierta honestidad, tendemos a hacernos un Dios a la medida. Ya los fariseos lo intentaron y utilizaban la norma religiosa como modo de dominio. Esa adulteración de la verdad de Dios es una constante en toda la historia. Y de ello no nos hemos librado los católicos, quienes, incluso hemos querido disfrazar la sencillez, mansedumbre y pobreza de Jesús con cuestiones de rango aristocrático. En fin que hemos de ser honestos y responder a esa pregunta: “¿es Jesús como nos esperábamos?”

EL “CAMBIO” DE DIOS

Cuanto más se avanza en la vida religiosa –si cada día no nos renovamos en humildad— más vamos a intentar ese cambio de Dios a favor de nuestros pequeños intereses. Hay que intentar varias veces al día saber lo que hacemos con exactitud y discernir su más exacta valoración. Y no es malo que el examen de nuestras actitudes sea un ejercicio continuado. No se trata de perseguir nuestros fantasmas de culpa. Pero si es necesario despojarnos de toda pretensión soberbia y ponernos, ante todos, como siervos del Señor y de los hermanos.

El Adviento –lo hemos dicho muchas veces— es tiempo de conversión. Pero este cambio no es solamente una práctica ritual. Se trata de cambiar profundamente y dedicarse a los demás de manera continua. Haciéndolo aún con desgana. No es fácil hacernos salir de nuestros cálidos ambientes de personas acomodadas. Pero hay que salir porque fueran están los pobres que nada tienen.

NO PODEMOS EQUIVOCARNOS

Si nuestro Maestro es Jesús no podemos equivocarnos. Él tampoco estaba en los palacios. Lo que dice de Juan Bautista puede aplicársele a Él. Los pecadores, las prostitutas, los cojos, los mancos y los tullidos eran quienes le rodeaban. Y esos, todos ellos, nos precederán en el Reino de los Cielos si continuamos en la comodidad de nuestro mundo fácil. Tal vez, ocurra que no nos sea posible ser cristianos. O que solo lo podamos ser de nombre. Aun de esa forma hemos de reconocer nuestras limitaciones e iniciar, también, con humildad nuestro camino de abandono la vida muelle y cómoda.

GIRO A NUESTRA VIDA

Aprovechemos el Adviento para dar un giro a nuestra vida. Aprendamos de Jesús, el Niño que esperamos, que nació en una gruta que servía de establo. Tenía todo el poder y prefirió hacerse pobre. Esto es duro. Lo sé. Pero no hay otro camino. Hemos de entenderlo y comenzar a servir. Ya nos han servido los demás demasiado tiempo. Y termino con la gran esperanza de nuestras vidas: ¡Ven, Señor, Jesús!