1.- FRA OVIDIO DUEÑAS, EL AMIGO DE TODO EL MUNDO, HA MUERTO Por Pedrojosé Ynaraja No puedo dejar de comunicarlo a los lectores, era muy amigo mío y lamento su muerte, pero ¿a quien, de aquí o allá, le interesa? Noticias de esta clase las leen muchos si se trata de personajes o personajillos que salen por los medios. No escribiré una nota necrológica, quiero que lo que cuente aproveche a cualquier lector. El P Justo Artaraz, me lo presentó, hará de esto unos 30 años, diciéndome: aquí tienes o Ovidio, él te solucionará todas tus inquietudes. Tenía razón. Hace unos 40 años se incorporaron a la Custodia un buen grupo de franciscanos españoles, que nos han dejado en muy buen lugar. Fra Ovidio era un burgalés en tierras andaluzas, desde donde partió a Tierra Santa. Para lectores de edad avanzada, les servirá de elogio lo que diré. En el desafortunado libro “El escándalo de Tierra Santa” que tuvo tanta difusión, pese a su falta de honradez, el autor no deja títere con cabeza, violando si es preciso secretos profesionales. Todo el mundo queda mal parado, excepto Fra Ovidio. Sus superiores le habían encargado de satisfacer los encargos que de todo el mundo se solicitan, de objetos religiosos del País de Jesús. Esta era su responsabilidad. Ahora bien, aquella especie de tienda y su trastienda o rebotica, se convirtió en lugar de encuentro amigable, felicidad fraterna, ayuda espiritual y material. Todo, mientras se saboreaba embutidos españoles que le llegaban, queso, turrón, cerveza, café estupendo. Pero nunca fue lugar de tertulia populachera, no. Todo el mundo elogiaba su temperamento jovial, y no seré yo quien lo niegue, pero hay otros por el mundo que también lo son. Quiero explicar alguno de sus añadidos. Me dejó helado un día que me dijo que una sobrina medico le había encontrado solución a su úlcera gastroduodenal. Le dije yo ¿pero tú tenías dolor de estómago? Toda la vida, me contestó. De inmediato y asombrado le dije: oye, pero tú eres un santo. (Es sabido que este dolor produce mal humor y generalmente convierte a la persona en un ser inaguantable). Se levantaba a la 4 de la mañana para preparar el altar dentro del edículo del santo Sepulcro y asistir a misa. Ahora me he enterado que no comía nada los viernes. Era responsable y cuidaba muy bien la capillita de la V Estación del Vía-Crucis, a la que entran a rezar los piadosos peregrinos. Desempeñando muy bien su labor, se rodeaba de personas a las que contagiaba su bondad, desde un monje abisinio, un artesano árabe que lo adoraba, amables monjas o mujeres seglares, encargadas de ayudarle. Pero yo he experimentado que por aquel “oficio” pululaban por allí, en amable convivencia, gente de toda clase. Guardia Civil del Consulado, agentes del servicio secreto, un presidente del Real Madrid, un comerciantes de uniformes militares, estudiantes de hebreo, asustados peregrino a quienes habían robado y él de inmediato prestaba ayuda. Allí, el espíritu franciscano se respiraba, mientras para más inri un pajarito revoloteaba, reclamando la atención de cualquier asistente. Cuando ejercía sus deberes “profesionales”, era experto comerciante, como otro puede ser sacristán o profesor de latín, su pericia la he comprobado en visitas a fabricantes proveedores. Pero la piedad llenaba su existencia. Le pregunté un día ¿no has pensado nunca en ser sacerdote? Me lo propusieron mis superiores, sí, pero les dije que mi vocación era ser franciscano. Este inciso, lo escribo porque compruebo que se reclama el sacerdocio femenino y no veo que nadie exija que sea reconocida la santidad de la mujer. Y son los santos, ordenados o no, la fortuna de la Iglesia. El cáncer le ha ido venciendo, sin arrebatarle la sonrisa. El domingo 11 por la noche le llamé por teléfono, la Hna. Regina, su enfermera, le acercó el móvil, me escuchó, pero no pudo articular palabra alguna. La buena monja me dijo: no te aflijas, cuando ha oído tu nombre se ha puesto contento y te ha escuchado, no dejes de telefonearle. El miércoles a las tres de la mañana, moría. Conservo, y no soy el único, muchos regalos suyos. Digo muchas veces que los mártires son las flores de la Iglesia, añado ahora que gente como Fra Ovidio, confesores, es el calificativo que les da la Iglesia, son estupendo abono espiritual. Se habla mucho de que escasean los sacerdotes. No lo niego, pero estoy convencido de que la urgencia máxima es de santos. Cuando iba con él, yo presbítero, me avergonzaba ante Dios. Sin celebrar misa, ni perdonar pecados, como puedo hacerlo yo, me superaba en santidad. Y, como el simpático Kim de la novela de Rudyard Kipling, era “el amigo de todo el mundo”. Esta nota es un recuerdo, lo publico deseando comunicar al lector un poco del encanto de su personalidad, quizá al conocer la de Fra Ovidio se le contagie la ilusión y esperanza, bañadas de simpatía, que le embargaron y se sienta satisfecho de vivir en el seno de la Santa Madre Iglesia, sirviéndola, comunicando la Buena Nueva y ayudando a los demás. Pues, tanto reconocer pecados y delitos pasados, algunos viven su Fe teñida de amargura. Y que conste que en la Iglesia, santos como Ovidio, he conocido muchos otros, masculinos y femeninos. Me han ayudado a que aun ahora, en mis vejeces, mi Fe cristiana, sea también felicidad humana.
2.- LA FE NO ES UN SENTIMIENTO, ES UNA RESPUESTA Por David Llena Y puede ser este el problema de muchas personas que no encuentran a Dios. Intentan buscar, esperando, un sentimiento, una llamada de atención, una conmoción interior, algo personal, una señal particular, y al no obtenerla se sienten defraudadas. Es más, a veces, al mirar a muchos cristianos y ver los pecados de la Iglesia, rechazan, por nuestra culpa, la misericordia de Dios. Este es un tema, el de nuestro escándalo por nuestra incoherencia, que debemos tratar con seriedad y la Cuaresma es un momento para ello. Pero volvamos al tema. La fe no es una felicidad interior, una paz interior, la fe es la respuesta ciega a un desafío. Tenemos en esta semana en la solemnidad de la Anunciación el mejor ejemplo de la Fe. María sin más seguridad que su confianza en un Dios que no falla, responde SI, sin saber a qué. ¿Cuántas veces decimos nosotros NO, cada día? Queremos seguridades, tener controlada nuestra vida, planear nuestra existencia, hacer nuestra voluntad y en esa seguridad, debemos decir NO a muchas propuestas que nos llegan desde el Amor de Dios. La fe es un sí continuo, el sí de María no fue solo en aquella mañana ante la pregunta del arcángel, fue un sí que iba respondiendo a cada paso que meditaba en su corazón. Y lo más difícil de todo es que cada sí a Dios es un NO a nuestro egoísmo y ahí es donde el sentimiento no puede servir como termómetro para indicar la calidad de nuestro amor. Escribí en otro momento que son las obras ese termómetro de nuestra fe. La Caridad como verdadera prueba de la pasión de nuestro corazón, la caridad que llevó a María a visitar a su prima, o a solicitar el vino para aquellos novios de Caná… La fe es una respuesta, a un futuro que sabemos en manos de Dios, esa fe en un Dios que no abandona a su pueblo; es más, un Dios que se desvive por su pueblo, un Dios que ha dado la vida por su pueblo, y aún seguimos esperando una prueba de la existencia de Dios. Una seguridad para creer. Una señal, que como aquella estrella de oriente muchos ven pero no entienden, la cruz es esa señal, y muchos no la entienden. La cruz es el sí de Dios al hombre, de Cristo a Dios. Cristo no estuvo especulando con la salvación, se echó la cruz al hombro y ganó la Salvación para todos. La cruz es señal del amor de Dios y muchos no la entienden.
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