I Domingo de Adviento
29 de noviembre de 2009

LA CORONA DE ADVIENTO

La corona de Adviento es la fórmula más habitual y más sencilla de ir iniciando los domingos de Adviento. Y nuestras moniciones como, en otros años, irán reflejando ese hecho. La corona de Adviento tiene cuatro velas de colores diferentes y cada domingo de Adviento se enciende una. En el caso del primer domingo de encenderá la primera y las demás quedarán apagadas. Cuando lleguemos al segundo domingo de Adviento, antes de iniciarse la Eucaristía, ya estará encendida la vela del domingo anterior y, por tanto, se encenderá la segunda. Haremos lo mismo con la tercera y la cuarta. En caso de la tercera, iniciaremos la celebración con las dos velas anteriores ya encendidas y prenderemos la tercera. Para la cuarta, antes de comenzar ya estarán encendidas las tres y completaremos la corona con la cuarta vela encendida.

OTRAS POSIBILIDADES

Pueden presentarse, delante del altar, cuatro cirios grandes, también de colores, situados sobre una pequeña escalera que los sitúe a diferentes alturas. Esa escalera o estructura puede cubrirse con un paño del color morado típico del Adviento. La más baja será la del primer domingo y la más alta la correspondiente al cuarto. Se encenderán de la misma forma.

Otra fórmula interesante es colocar un “misterio”, un gran portal de Belén. Puede servir el que se vaya a destinar después al Nacimiento. Y se irán poniendo imágenes distintas de manera sucesiva. Al estar el portal vacío, la primera colocación puede ser la del pesebre –la cunita—vacía. Más adelante, en el segundo, se completa con los animales. El tercero con los pastores y San José. El cuarto colocar la imagen orante de la Virgen María manteniendo el pesebre vacío pues todavía no ha nacido el Señor.

El uso de las moniciones es parecido y similar a lo que se cita en el caso de las velas. Y en lugar de decir, por ejemplo, “al encender esta vela” pues se cambia por “al colocar esta figura de…”

 

BENDICIÓNDE LA CORONA DE ADVIENTO


El primer texto –la monición—es por si, en el primer domingo de Adviento, se hace una presentación y bendición solemne de la Corona de Adviento antes de la Eucaristía. A continuación viene la bendición propiamente dicha. Ambos son obra del Padre Leoz. Por otro lado, en la monición general de entrada de la Eucaristía hay alusión a la Corona.


MONICIÓN

Hermanos ¡Llama el Señor! ¡Nos llama, el Señor, en medio del desierto! A recuperar la alegría de la fe. Viene a nuestro encuentro, en cada circunstancia, para llenarnos de valor y de entereza, de audacia y de esperanza. ¿Seremos capaces de levantar las antenas de nuestra existencia para dejarnos guiar y llevar por El? ¡Vino, viene y vendrá el Señor! Para infundirnos ánimo y sacarnos de tantas fosas en las que nos hemos metido. ¡Necesitamos salvación! ¡Necesitamos a Jesucristo! ¡Bienvenido sea el adviento, tiempo de esperanza y días que nos adentran en los caminos de Dios! Vamos a bendecir la Corona de Adviento. Su color verde nos habla de la esperanza, de la vida que hemos de tener todos los creyentes que anhelamos la llegada del Salvador. Las lámparas, que en cada domingo iremos encendiendo, simbolizan la luz de Cristo que viene a nuestro encuentro y que se imponen sobre la oscuridad del mundo.

PRIMER DOMINGO (BENDICIÓN)

La tierra, Señor, se alegra estos días y tu Iglesia desborda de gozo

ante tu Hijo, el Señor, que se avecina como luz esplendorosa,

para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia,

del dolor, apatío y del pecado.

 

Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona

con ramos y la ha adornado con cirios.

 

Ahora, pues, que comenzamos el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo,

te pedimos, Señor, que mientras se acrecienta cada día

el esplendor de esta corona con nuevas luces,

nos ilumines a nosotros con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo,

iluminará todas las oscuridades.

 

--Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

(Se acerca una persona y enciende el primer cirio)

Canto: ¡Ven, ven Señor no tardes! (U otro canto apropiado)

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos todos a la Eucaristía de este Primer Domingo de Adviento. Ya en presencia del sacerdote, con el acto de encender esta primera vela de la corona iniciamos el Tiempo de Adviento.

(Pausa… Alguien se acerca a la corona de Adviento y enciende la primera vela)

¡Qué la luz de Cristo nos ilumine a todos! Y es que nuestros ojos miran hacia delante pero no sienten el milagro de la luz inefable que viene a disipar tanta tiniebla. Por eso este Adviento ha de ser un momento privilegiado para renovarnos. Para vivir una fe que nos haga caminar, una esperanza que nos ayude a despojarnos de tantos pesos absurdos y un amor que lleve a Cristo a cualquier sitio donde nos encontremos. Pidamos al Señor esa gracia tan especial al iniciar esta Eucaristía.


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura, sacada del Libro de Jeremías, nos muestra la profecía mesiánica que se cumplirá en Jesús de Nazaret. Él es el vástago legítimo que Dios suscitará en la descendencia de David. Y el Adviento es eso. Esperar la llegada del Mesías y Salvador del género humano.

S.- El salmo 24 era para los judíos contemporáneos a Jesús una oración pidiendo que Dios fuera guía para caminar con seguridad por calzadas y senderos. Pedían también recuperar la amistad de Dios, la inocencia perdida por el pecado. Para nosotros es un canto de esperanza.

2.- En el fragmento de la Carta a los Tesalonicenses –es la segunda lectura—Pablo nos sitúa en la espera de la Segunda Venida del Señor Jesús. Y para eso hemos de ser fortalecidos interiormente por Dios Padre para que nada, ni nadie, nos evite ese encuentro. Pablo esperaba esa Segunda Venida con emoción como nosotros esperamos conmemorar la Primera Venida renovada en nuestros corazones por este Adviento.

3.- Jesús en el Evangelio de Lucas –que es el evangelista que leeremos a lo largo de este ciclo C—nos recuerda que vamos a ser liberados y que no nos deben preocupar estos malos tiempos. Siempre hubo malos tiempos pero fueron vencidos por la espera en el Señor. Tengámoslo en cuenta se acerca nuestra liberación.

 

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Otra vez, como en semanas anteriores, esta breve oración para el momento final de la Eucaristía la ha compuesto el sacerdote Navarra, don Javier Leoz, gran experto en oraciones.

 

QUE TE VEA VENIR, SEÑOR

Necesito un soplo de tu presencia

La esperanza de tu Palabra

La seguridad de tus promesas

La justicia, frente a tanta mediocridad

Tu verdad, ante tanta mentira

Tu nacimiento, ante tanta muerte


Exhortación de despedida

Hemos iniciado el Adviento con alegría y esperanza. El Salvador del Mundo viene a nosotros para hacernos felices.