Natividad del Señor/ Misa del Gallo
24-25 de diciembre de 2006

La homilía de Betania


Debajo de "La Homilia más joven", del padre Ynaraja, aparece la homilía para la Misa de la Aurora, obra del Padre Vélez. Hasta ahora no habíamos ofrecido un comentario homilético para esa Misa del Amanecer.


1.- YA LLEGA LA NOCHEBUENA

Por José María Martín OSA

2.- SOLO DIOS ES CAPAZ DE HACERLO ASI: UN NIÑO

Por Javier Leoz

3.- SIN LUGAR EN LA POSADA

Por Gustavo Vélez, mxy

4.- HA LLEGADO NUESTRA LIBERACIÓN

Por Jesús Martí Ballester

5.- HERMANOS DE LA MULA Y DEL BUEY

Por José María Maruri, SJ

6.- LA INEFABLE MELODIA DE ESTA NOCHE

Por Antonio Díaz Tortajada

7.- ESTE ES EL “HOY” QUE HEMOS ESPERADO

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


ESTA NOCHE ES NOCHE BUENA. DE LAS BUENAS, DEBE SER

Por Pedrojosé Ynaraja


MISA DE LA AURORA


UN DIOS ENVUELTO EN PAÑALES

Por Gustavo Vélez, mxy


1.- YA LLEGA LA NOCHEBUENA

Por José María Martín OSA

1.- ¡Feliz Noche!, ¡Feliz Navidad! Son las palabras más repetidas hoy. Para muchos no es la Navidad, sino las "Navidades". Su celebración va unida a las cenas de empresa, la lotería, la cesta, Papá Noel -la esencia de la Navidad según un spot publicitario-, el abeto, las bolas y el espumillón, el aguinaldo, las panderetas y zambombas, el pavo, el champán, el turrón, los mazapanes........El gasto inútil y el desenfreno alcanza cotas inimaginables. ¿Es esto la Navidad?. Olvidamos con frecuencia el origen de lo que estamos celebrando. Sólo cuando nuestra mirada se desvía hacia el Belén y vemos al niño sonriendo en su cuna de paja nos damos cuenta de la razón de todo esto.

2.- La clave está en cómo recibimos nosotros la llegada en toda su humildad del Niño-Dios. Toma nuestra condición, "se hace hombre para divinizarnos a nosotros", según San Agustín. Ahora Jesús viene a nosotros y podemos descubrirle en los pobres y necesitados. Muchas veces no le queremos ver cuando llama a nuestra puerta, le rechazamos como fueron también rechazados José y María. Este es el gran drama del hombre: el rechazo de Dios y del hermano. Es significativo ver cómo tuvieron que ir fuera de los muros de la ciudad, cómo los primeros que se dieron cuenta del nacimiento de su hijo fueron los excluidos de aquella época, los pastores, quienes, según Joaquín Jeremías, eran mal vistos porque nunca participaban del culto como los demás y vivían al margen de los demás. O más bien eran ellos marginados por los poderosos. Su trono fue un pesebre, su palacio un establo, su compañía un buey y una mula… ¡Por algo quiso Dios que fuera así!

3.- Hoy María y José siguen llamando a nuestra puerta. He aquí un relato, un cuento que puede ser realidad:

"Estando tranquilamente descansando en mi confortable casa después de un duro día de trabajo, llamó a mi puerta un inmigrante pidiendo ayuda, pero le dije lo que muchas veces se dice:

-- ¡Largo de aquí; no me molestes! Aquí no hay sitio para ti. Que te den de comer en tu país.

Más tarde llamó a mi puerta un mendigo pidiendo ayuda, pero le dije lo que muchas veces se dice:

-- ¡Largo de aquí; no me molestes! Trabaja para ganarte el pan, como hacemos todos y no vivas del cuento.

Luego llamaron a mi puerta un drogadicto y un alcohólico, pero les dije lo que muchas veces se dice:

-- ¡Largo de aquí; no me molestéis! Si estáis así es porque vosotros lo habéis querido. ¡Allá vosotros!

Poco tiempo después llamó a mi puerta un parado pidiendo ayuda, pero le dije lo que muchas veces se dice:

-- ¡Largo de aquí; no me molestes! Si no trabajas es porque no quieres.

Finalmente llamó a mi puerta la injusticia, y entró arrolladoramente en mi casa sin yo quererlo, dejándome sin trabajo, sin dinero, sin casa y sin amigos. Desesperado, fui llamando de puerta en puerta pidiendo ayuda, pero siempre recibí la misma respuesta:

--¡Largo de aquí; no me molestes!

Me vi obligado a marchar de mi tierra, y fui vagando de un sitio a otro, recibiendo siempre la misma respuesta:

--¡Largo de aquí; no me molestes!

Descubrí lo hostil que puede llegar a ser el mundo cuando se es un pobre excluido...., alguien que ya no cuenta para nadie. Refugiado en el alcohol, lloré amargamente tirado en un rincón de la calle, y allí quedé dormido sobre unos cartones. Al despertar, para sorpresa mía, me encontré de nuevo bajo el techo de mi confortable casa, acostado sobre mi cama y con mi pijama de siempre, teniendo todo lo que creía haber perdido desde que entró la injusticia en mi casa. ¿Qué había ocurrido? Después de serenarme un poco y recapacitar, me di cuenta de que todo resultó ser una terrible pesadilla, tan real como la vida misma.

De pronto llamó a mi puerta un hambriento pidiendo ayuda, y sin dudarlo, abrí mi puerta para que aquel hombre se sentara en mi mesa y comiera conmigo. Desde ese día decidí no seguir siendo culpable con mi indiferencia, y mi puerta quedó siempre abierta para poder hacer justicia a mis hermanos”.

4.- Dios se acerca al hombre hasta el punto de hacerse uno de ellos. Pero sólo los humildes, los pastores, fueron capaces de descubrirlo. El misterio de la Encarnación, es el misterio del Amor de Dios al hombre. Demos gracias a Dios en este día de Navidad por el Niño-Dios hecho hombre por nosotros.


2.- SOLO DIOS ES CAPAZ DE HACERLO ASI: UN NIÑO

Por Javier Leoz

1.- En medio de la noche, en la plenitud de los tiempos, ha aparecido la salvación de Dios. Esto, amigos y hermanos, se convierte esta noche, en el centro, la novedad y en la gran noticia que debemos facilitar al mundo: ha nacido Dios.

En la oscuridad irradiando luz celeste, en un pesebre, encontramos la razón de estas fiestas. El amor de Dios nos hace reunirnos como familia; el amor de Dios nos hace deleitar manjares; el amor de Dios nos empuja a exteriorizar, en luces y estrellas, nacimientos y abetos, la alegría que llevamos dentro: ¡Ha venido a nuestro encuentro el Señor! ¡Ha nacido el Salvador!

En la apariencia de un niño, un simple niño, Dios despliega el gran secreto que nos trae esta noche santa: un amor sin condiciones al hombre.

Nunca, un Dios tan grande y tan poderoso, hizo un descenso tan radical y tan humano. ¡Sólo Dios que es grande, es capaz de atreverse a esto!

En la humildad de un establo, Dios, comparte también la pobreza del ser humano. Siendo rico quiso hacerse como uno de nosotros. Pudo presentarse en carroza; lo hizo en una fría gruta; pudo revelarse anticipado por trompetas y ejércitos celestiales, quiso hacerse presente, fletado por un escueto cortejo de pastores.

2.- ¡Ha nacido el Salvador! Y, este gran misterio de Fe, lo hemos ido preparando en estas cuatro semanas de adviento. Ha sido un tiempo de esperanza, de vigilancia y de esponjar nuestros sentimientos y nuestros corazones para que, el Señor, no pase de largo.

¿Sientes que ha nacido el Salvador por ti? ¿Sabes que Dios se hace pequeño por ti? ¿No te da escalofríos el pensar que Dios se ponga a tu misma altura? ¿No te produce vértigo el hecho de que Dios te invite a ponerte a la suya mediante una adoración sincera?

Esta noche, es igual pero es distinta; parece como si las guerras se detuviesen. Como si los hombres, teniendo a Dios más cerca que nunca, entendiesen que hay más razones para el amor que para el odio; más para la justicia que para la injusticia; más para la paz que para la guerra.

¡Ha nacido el Salvador! Y, como los pastores, no podemos hacer otra cosa sino adorarle. ¿Y cómo hacerlo? ¿De qué manera? Humillándonos. Dejando bien guardados los rebaños de nuestros egoísmos y egocentrismos; de nuestras envidias y luchas; de nuestras cobardías e incredulidades.

A Dios, en esta noche, se le conquista con la adoración; con el regocijo; con la contemplación; con la emoción contenida, recordando, aquel momento en el que siendo niños vibrábamos y rezábamos a una sola voz: ¡Hoy ha nacido Jesús!

3.- Misa del Gallo. Misa de los cristianos que, hemos dejado calor y dulces, mesa y mazapanes, licores y turrones para postrarnos ante Aquel que nos da la dulzura de su presencia; el calor de su corazón o la mesa de la fraternidad.

Misa del Gallo. Al filo de la noche, cuando los ángeles cantan, y son perceptibles sus melodías en los oídos afinados por el diapasón de la fe, nosotros también hemos sido convocados para escuchar, cantar, celebrar y pregonar la gran verdad de la Navidad: ¡Ha nacido el Salvador! ¡Aleluya!

4.- SOLO TU, SEÑOR

Sólo Tú, Señor, eres capaz

de mantenernos despiertos y en vela

en una noche en la que, no debemos dormir.

Sólo Tú, Señor, haces que nuestros rostros resplandezcan

con la auténtica y más pura luz de la Navidad

Sólo Tú, Señor, produces el milagro del silencio

donde, un Niño, gime y llora por la humanidad

Sólo Tú, Señor, conviertes esta noche

en la hora del amor y de la verdad

en el triunfo del la humildad sobre el orgullo

en un eco celestial y angelical.

Sólo, Tú, Señor, cumples lo que prometes

Eres pequeño siendo tan grande

accesible siendo tan inaccesible

humano siendo tan divino

humilde siendo tan poderoso

Sólo, Tú, Señor, eres la luz que ilumina

los rincones más oscuros en los que el hombre se pierde.

¿Cómo –sin dejar de ser Dios- te haces hombre?

¿Cómo –sin dejar de ser hombre- sigues siendo Dios?

Misterio y Palabra

Palabra y Carne

Dios y Hombre

Cielo y Tierra

Estrella y Luz

Todo así de grande y de santo, Señor,

porque, sólo Tú eres hábil en aproximarte

y fundirte en un abrazo con el hombre,

por el guiño y semblante de un simple Niño

Amén.


3.- SIN LUGAR EN LA POSADA

Por Gustavo Vélez, mxy

1.- “Mientras estaban allí, le llegó a María el tiempo del parto y dio a luz a su primogénito… porque no tenían sitio en la posada”. San Lucas, Cáp. 2. Apenas un adverbio: “Mientras estaban allí, a María le llegó el tiempo del parto”. El evangelista indica así a Belén. Pero todos los pesebres del mundo revistieron el lugar de coloridas circunstancias: Una gruta, un establo, el pesebre donde alguien guardaba dos bestias mansas. “Porque no tenían sitio en la posada”, continúa san Lucas. Martín Descalzo describe el “khan” oriental de ayer y aún de hoy, como un patio cuadrado, rodeado de altos muros. En el centro solía haber una cisterna, en torno a la cual se amontonaban camellos, asnos y ovejas. Los viajeros, acostumbrados a la intemperie en muchas circunstancias, dormían en cobertizos, o bien campo raso.

2.- Es de suponer que José tenía en Belén amigos y parientes. Pero con motivo del censo, las casas de familia y aun los albergues estarían al tope.

Espacio siempre había en las posadas orientales para uno o más huéspedes. Sitio físico sí, pero María y José buscaban ante todo privacidad y silencio. Entonces allí, sobre un reducido espacio geográfico, se cruzaron el paralelo de nuestra pequeñez y el meridiano de la infinita bondad de Dios. Diversas tradiciones adornaron este pasaje, señalando que la pareja nazaretana, mendigaba hospedaje de puerta en puerta y era rechazada. Los tomarían por maleantes entre tantos forasteros que atiborraban el poblado. De allí nació la piadosa práctica de “Las Posadas”, donde se ora y se consideran las incomodidades de José y María. Comparando a la vez, la actitud de los habitantes de Belén con nuestras fallas ante el amor de Cristo.

3.- Pero en relación al misterio de la Natividad, es preferible otra lectura, más simple y por lo tanto más teológica: Dios se hizo hombre en unas circunstancias comunes y corrientes. Que ese Niño era el Mesías, anunciado por los profetas, el Verbo eterno, La Segunda Persona de la Santísima Trinidad, consustancial con el Padre…es un lenguaje posterior tomado de la reflexión comunitaria. Al comienzo de toda esta maravilla hubo únicamente una pareja joven, buscando sitio para pasar la noche, luego de varias jornadas de camino.

Belén era entonces un pequeño poblado de unas doscientas casas, apiñadas sobre un cerro. En las colinas próximas los bancales de olivos se abrían paso entre las rocas. Aquí y allá, higueras y más lejos, viñedos y trigales. Igualmente rebaños. Pero Belén, “capullo de rosa, prendida sobre la airosa, capullo de la madrugada, capital de la alegría, esquina do la hidalguía de Dios desposó mi nada”, existe en el corazón de cada creyente. Cuando niños edificamos allí esa aldea de modo indestructible, con trozos de inocencia y jirones de ilusión, que una fe elemental ató a nuestra historia. Y allí regresamos cada Navidad, aunque sea cojeando, desde parajes muy distantes, donde hemos padecido hambre y sed.

4.- La fiesta de hoy nos invita a abrir el corazón para hospedar a Dios. Más tarde Jesús les dirá a sus discípulos: “Si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre le amará y haremos morada en él”. Y abrir el corazón quiere decir mantener presente al Señor, cultivar con Él una amistad irrompible. Significa vivir al estilo de Jesús, haciendo el bien, como él nos dio ejemplo.


4.- HA LLEGADO NUESTRA LIBERACIÓN

Por Jesús Martí Ballester

1.- A los pastores que velaban por la noche sus rebaños, se les presentó un ángel del Señor, y «les anunció la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David, os ha nacido un salvador: el Mesías, el Señor» Apareció enseguida una legión de ángeles que alababa a Dios: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres a quienes Dios ama» (Lucas 2,1. Cantan los ángeles porque hoy es día de gloria en el cielo y el día grande para los hombres, porque hoy Dios se ha desposado con la humanidad en un niño recién nacido a quien su madre contempla y abraza, canta, ríe, llora, adora. Anonadada por ver a su hijo en sus brazos, le rodea con el amor más puro, encendido y tierno que cabe en este mundo con los ojos arrasados en lágrimas de dicha.

2.- Ahora sí que «ha aparecido con claridad la bondad de Dios y su amor al hombre que trae la salvación a todos los hombres» (Tito 2,11). Dios es amor y el amor desea, quiere, busca y consigue el bien del que ama. Dios nos manifiesta su amor infinito en un niño chiquito. «Dios ha derramado copiosamente el Espíritu Santo sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador» (Tit 3,6). Ha sido una lluvia torrencial de amor y de misericordia para limpiarnos de nuestros pecados. «Ya somos herederos de la vida eterna en esperanza» (Tit 3,7). «Él nos pastoreará con el poder de Yahvé». Ya no somos «ciudad abandonada». Hemos sido buscados por Dios por medio de un Niño, que es su Hijo muy amado, a quien hoy ha engendrado (Isaías 62,11).

3. - «Hoy ha brillado una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor. Ha amanecido la luz y la alegría para los rectos de corazón» (Salmo 96). Salieron corriendo los pastores después de oír al ángel, que les había anunciado la gran alegría, que sería también para todo el pueblo: «Encontraréis un niño envuelto en pañales reclinado en un pesebre» (Lucas 2,11 ). Corrían los pastores transfigurados, «envueltos en la claridad de la gloria del Señor», con una felicidad y alegría interior que nunca habían experimentado. «Y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre» (Lucas 2,16). En la gruta oscura ha nacido Dios. En su ciudad él es el Cordero que la ilumina. En la cueva de Belén sólo unas luces rústicas y primitivas apenas consiguen dejar la estancia en penumbra. Pero allí está Dios. Dios que se ha abajado hasta el polvo y el estiércol. Siendo el Camino, no puede andar. Siendo la Verdad, no puede hablar. Siendo la Vida, tiene que recibirla de los pechos de una mujer, María, la bienamada, la llena de gracia, sumergida en el misterio viendo cómo chupa a sus pechos dulces, su leche materna.

5. - Los pastores traen sus regalos y miran absortos. No habían sentido nunca un gozo tan interior y profundo. Nunca han estado tan cerca de Dios, aunque no lo saben, y no quieren perderse la contemplación de aquella maravilla, María les deja que acaricien aquella carita capullo de rosa. Jamás podrán olvidar lo que tienen la suerte de estar viendo. Quedarán marcados toda la vida. Contaban a María y a José lo que los ángeles les habían dicho del Niño, y María se llenaba de asombro y de alegría, y sonreía escuchándoles. «Y María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón» (Lucas 2,19).

6.- Dios nos ha amado tanto que se ha hecho tan pequeño. Dios se ha eclipsado en un bebé. Ya no es la zarza que arde..., ni el Sinaí llameante entre el resonar de truenos. Es como si el sol entero se hubiera encerrado en una bombillita. El amor de Dios se ha manifestado más en Belén que en la cruz, porque hay mayor distancia de Dios a hombre, que de hombre a muerto. «Si Dios se ha hecho hombre, ser hombre es lo más importante que se puede ser» (Ortega). Si Dios se ha hecho hombre, ser hombre ha sido incrementado. «Cuando Cristo apareció eh brazos de su madre revolucionó al mundo» (Teilhard de Chardin).

Hagamos posible que cuantos celebran la Navidad la comprendan. Para ello, en vez de hacer ternurismo, hagamos teología navideña. No hagamos tópicos más o menos fervorosos. Ni consideremos al hombre como un «superman» casi Dios. Sino consideremos su creaturidad y precariedad, elevada por el amor divino a su propio nivel.

7. - «Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído». Como ellos, nosotros bendigamos y glorifiquemos a la santa Trinidad que ha querido enviarnos a Jesús, Verbo divino encarnado, para hacer su morada entre los hombres, para salvarlos. La salvación ya está en marcha. Abramos nuestro corazón para que la Navidad se prolongue durante toda nuestra peregrinación por esta tierra. Jesús, en seguida, vivo sobre el altar. Venid, adoremos.


5.- HERMANOS DE LA MULA Y DEL BUEY

Por José María Maruri, SJ

1.- Ante Dios hecho uno de nosotros, nadie puede quedarse indiferente. Todo el mundo tiene que definirse. De esto tenemos símbolos en los evangelios de estos días. Los pastores abandonan y van a Belén. La estrella se pone en camino y arrastra a los Magos de Oriente. Los posaderos cierran sus puertas a la Madre y al Niño. Herodes se inquieta y teme por su trono. Todos se definen.

Dios hecho hombre, hermanándonos por ser hermano común nuestro es el Misterio Central de nuestra Fe. O lo creemos o no. Si no lo creemos cerremos las puertas y ventanas como tantos vecinos de Belén. Pero si lo aceptamos no tenemos más remedio una postura congruente con nuestra Fe.

2.- Navidad para los que no creen puede ser motivo de borrachera y gamberrismo, para nosotros no. Navidad es Dios hecho carne de nuestra carne, como un hermano de sangre. Un hermano tan hermano de cada uno de nosotros que se toma libertad de sentarse en la butaca junto a la mía y decirme que es hermano mío, y que tiene otros hermanos que lo son también míos. Nos de Hijos de su Padre, que lo es también mío. Poco más nos dice. Es machacón hasta hacerse molesto.

3.- Este Niño Dios es un niño bueno, no le oímos en lloreras ni en rabietas, porque no le entendemos o no queremos escucharle a la primera. Sabe esperar y se duerme en nuestros brazos porque confía en cada uno de nosotros. Confía que al fin va a triunfar su bondad y nuestra bondad, su generosidad y la nuestra.

Ignacio de Loyola, machacón como buen vasco tiene el mal gusto de poner en la meditación del Nacimiento estas frases: “Mirar como caminan para que el Señor sea ‘nascido’ en suma pobreza y a cabo de tantos trabajos para morir en cruz y todo esto por mi”.

Este nacimiento de Dios es algo personal mío. No tenemos derecho a descafeinarlo diluyéndolo como algo que es de todos, es de cada uno. Y el Niño Dios espera, y el vasco machacón, que “ese por mi”, que emerja todo el amor de que soy capaz. Y que ese amor se convierta en verdadera fraternidad entre el Señor y nosotros. Y entre nosotros… y nosotros.

Un amor que vence todo recelo, rencor, intereses creados, todo aquello que impide que seamos un pueblo de hermanos, como la Iglesia que Jesús soñó, tal vez desde el pesebre de Belén.

En el portal de Belén hay ya tanto pastor y tanto rey que si cabremos, pero apretándonos todos vamos a entrar a pedir al Niño Dios que si no sabemos ser hermanos de esos hombres que nos apretujan, al menos nos haga hermanos del buey y de la mula, que, a su modo, saben convivir y servir a un mismo Señor.


6.- LA INEFABLE MELODIA DE ESTA NOCHE

Por Antonio Díaz Tortajada

1. «Despiértate, hombre y mujer, porque por ti Dios se ha hecho hombre». Con esta invitación san Agustín nos invita a acoger el nacimiento de Cristo. Ciertamente se ha hecho hombre por nosotros, y justamente es éste el mensaje que cada año se difunde desde la gruta silenciosa de Belén por todos los rincones de la tierra.

Escuchemos con oído atento la inefable melodía que resuena en el silencio de esta noche. El alma silenciosa y solitaria canta al Dios del corazón su canto más suave y afectuoso. Y puede confiar en que Él le escucha. De hecho este canto no debe ya buscar al Dios amado más allá de las estrellas, en una luz inaccesible, donde habita y ninguno puede verle.

Como es Navidad, como el Verbo se ha hecho carne, Dios está cerca y la dulcísima palabra, la palabra de amor, encuentra su oído y su corazón en la sala más silenciosa del corazón.

2. Merece la pena el encuentro con el Dios hecho hombre. Pero la verdad es que es difícil escribir y hablar de Belén y del nacimiento de Cristo en la ciudad de David, aunque sea Navidad una fiesta universal.

Ante esta historia-relato de un Dios que se hace Niño en un portal, los incrédulos —y no faltan— dicen que es una bella fábula; y los creyentes lo viven muchas veces como si lo fuera, asediados por simbolismos y prácticas que se han añadido a esta fiesta que están muy alejados de lo que verdaderamente es ella misma.

Por eso, frente a este comienzo de la gran locura de Dios, que es que su Hijo se hace carne y nace, unos se defienden con su incredulidad, otros con toneladas de azúcar.

Porque de eso se trata: De defenderse. Por un lado, sucede que todas las cosas de Dios son vertiginosas para nosotros. Por otro, ocurre que el ser humano no es capaz de soportar mucha realidad. Y, ante las cosas grandes que le superan, se defiende: Negándolas o empequeñeciéndolas. Dios es como el sol: Agradable mientras estamos lo suficientemente lejos de él para aprovechar su calorcillo y huir de su quemadura. Pero, ¿quién soportaría la proximidad del sol? ¿Quién podría resistir a este Dios que “sale de sus casillas” y se mete en la vida de los hombres?

Por eso, porque nos daba un poco de miedo, hemos convertido la Navidad en una fiesta de confitería y regalos. Nos derretimos ante “el dulce Niño de rubios cabellos rizados” porque esa falsa ternura nos evita pensar en esa idea vertiginosa de que sea Dios en verdad. Una Navidad frivolizada nos permite al mismo tiempo creernos creyentes y evitarnos el riesgo de tomar en serio lo que una visión realista de la Navidad nos exigiría.

3. Lo que nos dice la Navidad es que Cristo, el Salvador, está aquí para nosotros. El misterioso mensaje del nacimiento de un Niño en Belén a quien se llamó ––y es–– “Salvador del mundo” nos conmueve.

Sin embargo, los conceptos que escuchamos y utilizamos para hablar cristianamente de la Navidad (redención, pecado, salvación, etc.) suenan a nuestros oídos, y no digamos a los cristianos alejados y a los que se han ido de la Iglesia, como palabras pertenecientes a un mundo desaparecido hace tiempo; y muchos dicen que tal vez fuera un mundo hermoso, pero que no es el nuestro.

El mundo en que hizo su aparición la celebración litúrgica de la Navidad (siglo IV) es curioso que estuviera dominado por unos sentimientos en la gente que son muy semejantes a los nuestros en esta Europa y en esta España del siglo XXI. Era un mundo en el que el “ocaso de los dioses” era una realidad. Los antiguos dioses de la pagana sociedad grecorromana en la que vivía la comunidad cristiana habían dejado de existir: El hombre y la mujer ya no podían creer en aquello que había sostenido y había dado sentido a la vida de generaciones enteras. Como sucede con nosotros. Pero aquellos hombres y mujeres no podían, como tampoco nosotros, vivir sin un sentido para sus vidas; lo necesitamos como el pan. Por eso, al apagarse unas estrellas, tuvieron que buscar otras luces.

Pero, ¿dónde encontrarlas? ¿Estarían entonces para aquellos hombres y mujeres en el culto mistérico al sol invencible, que recorre día a día su camino por la tierra y que el 25 de diciembre, en medio del solsticio de invierno, podía celebrarse como el nacimiento anualmente renovado de la luz, que renacía continuamente? Las liturgias del culto al sol invicto se habían apropiado de ese modo de uno de los primigenios miedos y esperanzas del hombre. Sin duda los emperadores romanos intentaban, por medio del culto al sol, proporcionar a sus súbditos una nueva fe, una nueva esperanza. ¿Lo conseguían? Por lo que sabemos, rotundamente no, porque el frío en el corazón seguía y la desesperanza y el vacío.

Cristo sí es la verdadera luz del mundo. El sol es bueno, pero el poder que tiene no lo tiene por sí mismo; sólo puede existir y tener poder porque Dios lo ha creado en su Hijo. Y hay que adorar al verdadero Dios, la fuente de toda luz. Son esa oscuridad y ese frío que provienen del corazón cuando está lleno de tinieblas: Odio, injusticia, manipulación cínica de la verdad, crueldad y trato indigno de la persona.

4. El miedo primitivo a que el sol pudiera morir un día ya no nos preocupa: La física ha hecho desaparecer ese miedo. Pero, ¿no sigue siendo el hombre actual un ser del miedo? ¿Qué periodo de la historia humana ha podido sentir ante su propio futuro más miedo que el nuestro? Tal vez la razón de que el hombre actual viva tan sólo del presente haya que buscarla en que no resiste mirar el futuro a los ojos. ¿Acaso no buscamos hoy otros soles que calienten algo nuestro frío interior, soluciones que no son soluciones? ¿Acaso no deshumanizamos la vida sin buscar la verdad y todo lo reducimos a la eficacia, caiga quien caiga, yendo a lo práctico y tangible que cubra nuestros cuerpos del frío del alma?

Ya no tememos que el sol pueda ser vencido por las tinieblas, que un día pueda no regresar cuando se pone; pero seguimos teniendo miedo de la oscuridad que viene del hombre. Tenemos miedo de que el bien pierda su fuerza en el mundo.

De que poco a poco pierda su sentido intentar vivir en la verdad, la pureza, la justicia, el amor, porque pronto reinará en el mundo la ley del más fuerte, de los que actúan sin consideración y con brutalidad, y no los santos.

Con cuánta frecuencia nos encontramos con que nos ha invadido el miedo a que no exista sentido alguno en este mundo, que no merezca la pena el luchar por el bien común y no partidista, que no valga el buen hacer de los políticos honrados, de los que ayudan a los demás por amor, por respeto, por el valor que tiene el ser humano por sí mismo.

5. ¿Qué tenemos para quitar el frío y la oscuridad en la que la vida de la humanidad sufre y busca con tanto ahínco? La pequeñez de este Niño, frágil, aparentemente sin fuerza y sin el poder de los poderosos de este mundo. Ahí está, en Cristo Jesús, la solución, dice la Iglesia: La grandeza decisiva de aquello de lo que depende la historia y el destino del mundo reside en lo que aparece pequeño a nuestros ojos. Dios, que eligió para sí al pequeño y olvidado pueblo de Israel, convirtió en Belén y de forma definitiva la señal de lo pequeño en señal decisiva de su presencia en este mundo. Es este Niño quien quita el frío y el sin sentido. Dejemos que entre dentro de nosotros.

«En el Niño de Belén —escribe el actual Papa— ha hecho su entrada en este mundo la fuerza invencible del amor divino; este Niño es la única esperanza verdadera del mundo. Y nosotros estamos llamados a seguirle, a confiarnos al Dios cuya señal es lo pequeño y humilde. Por eso en esta noche una inmensa alegría ha de llenar nuestro corazón, pues, pese a todas las apariencias, es y sigue siendo verdad que Cristo, el Salvador, está aquí»


7.- ESTE ES EL “HOY” QUE HEMOS ESPERADO

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Las grandes fiesta de la liturgia cristiana –por ejemplo la Pascua—tienen varias celebraciones, varias misas, que van desde la vigilia hasta misa del día. Y como es lógico no podía ser menos la Navidad. Y, en ella, la misa de medianoche se ha bautizado como “Misa del Gallo” desde tiempo inmemorial. Parece que los gallos –ya muy ausentes de nuestra vida cotidiana—dan su primer canto en esas primeras horas de la madrugada. Pero, además, se trata de transcurrir en unión, en oración, las primeras horas de la jornada en la que festejamos el Nacimiento de Cristo. Es ya el “hoy” que tanto hemos esperado durante todo el Adviento. Y este año por la especial “factura” del calendario nos hace que un minuto después de haber terminado el Cuarto Domingo y, por tanto, ese Adviento de esperanza que desemboca en la Navidad. El “hoy” evidente no responde a una precisión histórica, pero tanto da. Para nosotros ha sido una meta y lo sigue siendo. Este es el “hoy” que hemos esperado hombres y mujeres durante tanto tiempo, algunos durante toda la Historia.

Hemos salido de casa ya con la noche muy cerrada, haciendo un alto en la fiesta navideña familiar para reunirnos solidariamente en el templo con otra familia más amplia que son los hermanos de la parroquia. No se han quedado los niños en casa. Tal vez, solo los más pequeños. Tampoco importa que hoy lloren, o revuelvan, o correteen por los pasillos de bancos y hasta por el presbiterio. Hoy –nuestro “gran hoy”—es la fiesta de un Niño. Y nosotros, más que nunca, hoy tenemos que hacernos como niños. Hemos visto, asimismo, que el ambiente exterior muestra con sus luces y sus colores el ambiente navideño y no debemos renegar de esas luces y colores, aunque sean más o menos comerciales. Por lo menos la Navidad está en la calle, cosa que no le pasa a la Pascua. En fin que el ambiente exterior se junta con la emoción interior del templo para hacernos saber que en efecto la Navidad es algo muy grande y muy bien alojado en el corazón de la mayoría de los hombres y mujeres. Tal vez, para muchos sea –y es triste—la única muestra de religiosidad. Despreciar esa muestra de alegría pública porque no nos parezca poco ortodoxa o nada virtuosa es un gran error, sobre todo en estos tiempos en que, cada vez, hay menos muestras públicas de los valores del cristianismo. ¡Algo es algo!

2.- Las lecturas que hemos escuchado esta noche son emocionantes y muy bellas. Isaías describe perfectamente la expectación histórica que el mundo tenía en la llegada del tiempo nuevo. “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande”. Y Pablo en su Carta a Tito también muestra una secuencia temporal interesante: “Ha aparecido la Gracia de Dios”. Aparecer significa surgir en un momento dado en un lugar que antes no estaba. Y añade: “la aparición del Gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo” Parece que quiere referirse al prodigio de Belén, a la llegada de Dios –en forma de Niño--a la Tierra, al tiempo finito. ¡Y qué decir del párrafo del evangelista Lucas! Pues que tiene mucho de narración cinematográfica y que quiere, además, dar precisiones históricas. Pero hay muchos elementos de reflexión que han ocupado la mente y la pluma de mucha gente durante, también, muchos años. El fiasco de la posada, la cueva del Nacimiento, los pastores, los ángeles que suben y bajan… Y, en todo ello, una alegría insondable, más fuerte que la condición humana. El cielo y la tierra se unen por vez primera en solución de continuidad, como si no hubiera frontera entre los dos ámbitos.

Dios se hace hombre sin demasiada publicidad, los que reciben la noticia son los pastores, los cuales tenían muy mala fama en el Israel de tiempos de Jesús, casi se les consideraba delincuentes. Mucha gente no se enteró de ese Nacimiento, desde luego. Y esa elección de los pastores ya marcaba el deseo de Dios de acercarse a los “malos” y hacerlos “buenos”. Siempre ha querido estar cerca de los humildes, de los pequeños, de la gente alegre que acepta sin reservas un mensaje de paz y alegría.

3.- Y es que nuestro Dios es –la mayoría de las veces—difícil de comprender. Con su poder infinito hubiera podido hacer la Redención de otra manera. O procurar, por ejemplo, que su Hijo llegase al mundo entre gente influyente y poderosa, que, sin duda, servirían mejor para influir y transformar a una gran mayoría y, sobre todo, a los más ignorantes. Dios no obliga. Dios espera que todos y cada uno actuemos en libertad. Y que hacía falta adoptar el papel de grano de mostaza para que las cosas crecieran. El género humano no solo se equivoca colectivamente el día que come el fruto prohibido en el Jardín del Edén. Ha seguido equivocándose atribuyéndose un poder que no tiene. La venda y la mordaza de la soberbia evitan miradas y gritos de esperanza. Sólo parece repetirse, a través de la historia, la rutina y el error continuado por causa de la ceguera con la que se emprende el camino.

Dios –ya lo dijo Cristo—busca el apoyo de los sencillos y de los ignorantes, de aquellos que no tienen nada que perder, ni nada que defender. Y esa elección se irá repitiendo, día a día, a lo largo de toda la historia de la humanidad. Por eso es bueno que seamos sencillos, pobres, limpios, alegres y que, en realidad, solo busquemos la llamada de Dios. Y es cierto que fue en esa noche, al raso, cuando se produjo la primera llamada de un tiempo nuevo, ya que el anterior había sido caducado por el hombre con sus torpezas y tristezas.

4.- No trato de ponerme serio en exceso en esta noche de paz, de alegría, de amor. Claro que no. Pero es bueno que entendamos lo importante de lo que estamos celebrando. Esta noche que conmemoramos fue la primera de un tiempo en el que Dios se nos iba a manifestar como Padre y como Madre. Y que nos iba a enseñar su poder en forma de un Niño recién nacido. Porque el poder no está en la fuerza, sino en el amor. Y el Reinado del Amor se inició una noche –más bien fría—en los campos de Belén.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


ESTA NOCHE ES NOCHE BUENA. DE LAS BUENAS, DEBE SER

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Hace pocos días, mis queridos jóvenes lectores, tuve ocasión de pasar un rato en aquella cripta donde, con bastante seguridad, aconteció lo que celebramos esta noche. No os voy a contar ahora las razones históricas y arqueológicas que nos asisten para afirmarlo. Bajando por una escalera situada en el centro de la basílica más antigua que se conserva en la cristiandad, llegamos al final, miramos a la izquierda, cerramos los ojos, y tratamos de componer la escena que allí ocurrió.

El matrimonio joven ha llegado al lugar. El decorado de la estancia sería muy diferente al actual, afortunadamente. A la maravillosa pareja le proporcionaron una estancia donde pudiera la mujer dar a luz a su Hijo, con la dignidad e intimidad que el parto requería. Según antiguas leyendas, José, aturdido por lo que le venía encima, salió a buscar alguna comadrona del lugar, que acompañara y asistiera a su Esposa en aquel sublime momento. Según estas leyendas, el momento del nacimiento, como aquel de la Anunciación, le llegó a la Virgen Maria estando sola. Cuando entró el marido, acompañado de dos buenas mujeres, el niño, su Niño, nuestro Niño, ya había nacido.

2.- El parto, en aquellas circunstancias en que no existían anestesias ni anestesistas, supondría una dura labor para la joven madre. El Misterio que albergaba aquel nacimiento, ocasionaría una fuerte y feliz tensión emocional. Necesitaba, mujer como era, un rato de descanso, depositó a la Criatura en un pesebre adosado a la pared. Reposó. A semejanza de Dios que en acabando la Creación inventó el Séptimo Día, la pausa de este momento fue un domingo pequeñito. Fiesta, felicidad total. Hoy mucha gente solo conoce los sucedáneos que se le ofrecen, de los que goza de momento, pero que, a la larga, le dejan insatisfecho.

Mis queridos jóvenes lectores, es preciso ser sinceros y honestos con nosotros mismos. El ropaje con que se revisten estos días las reuniones familiares, profesionales o sociales es de muy diverso y buen origen (para que me entendáis, en tiempos centrados en la vida agrícola la acumulación de miel recogida en las colmenas, de rico sabor, y la fruta seca, de suave aroma, dio origen a este invento fabuloso que es el turrón de estas tierras. Y el vino joven almacenado invitaba a probarlo). Nada hay que objetar. Al recuerdo feliz de un nacimiento que cambió el mundo, le acompañaba el placer de unas simples y sabrosas manducas, sin grandes e injustos gastos, que lo son hoy en día, con frecuencia.

3.- En la actualidad hemos olvidado el Misterio que nos proporciona felicidad, hemos descentrado el gozo. Nuestro espíritu chirría en ausencia vivencial de este tesoro y nos dejamos ahogar por un montón de inventos que saboreamos un momento para después, si para algo sirven, es para aumentar el Producto Interior Bruto y hacer mas pesada la cuesta de enero. Si sufrimos esta carencia de felicidad es a causa de nuestra prepotencia, la de nuestra sociedad opulenta. Nos falta ingenuidad, debido, entre otras cosas, a tantos cacharritos que poseemos, cargados de teclas y memorias. Somos ricos y el peso de la fortuna ahoga nuestra buena oxigenación espiritual. Mis queridos jóvenes lectores, seguramente que este año no podréis romper con tanta costumbre adversa que nos invade, al misterio de la Navidad. Proponeos empezar a programar la próxima, la del 2007, diseñando proyectos concordes con la Fe cristiana. Por ejemplo: peregrinar a un monasterio, tal vez a Tierra Santa, a Taizé...

Y antes de que acabe vuestra jornada, con vuestra imaginación, disfrazaos de pobres pastores y escuchad el primer villancico que en el universo se oyó, interpretado por los ángeles. Escuchadlo y aplaudidlo, tarareándolo en vuestro interior, para que gocéis un poco de la Paz de esta noche y la podáis contagiar mañana a vuestro entorno.


MISA DE LA AURORA


UN DIOS ENVUELTO EN PAÑALES

Por Gustavo Vélez, mxy

1.- “Cuando los ángeles los dejaron, los pastores se decían unos a otros: Vamos derechos a Belén. Fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre”. San Lucas, Cáp. 2.

Si alguien afirma que encontraron a un dios “envuelto en pañales”, esto hubiera sonado como una leyenda mitológica. Sin embargo, los discípulos de Cristo aprendimos que esta fue la señal que un ángel dio a los pastores, para encontrar al Mesías, en las afueras de Belén.

En sólo dos versículos San Lucas nos presenta el acontecimiento más trascendental de la historia: “Y sucedió que a María se le cumplieron los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada”. Con toda razón, por estas fechas todo alrededor se transforma. Innumerables signos se apresuran a recordar aquella noche inmensa, cuando Dios se hizo hombre: Calor de hogar y cercanía de quienes nos aman. Pesebres de todas las formas y estilos. Luces de infinitos colores. Oraciones y cánticos. Árboles de navidad por todas partes y las imágenes de Papá Noel, así sea contagiándonos su fiebre consumista.

2.- Allá lejos, la misa del Santo Padre, entre el esplendor de la liturgia vaticana. Todavía más allá, en algún país de misión, un grupo reducido de cristianos alaban en lengua extraña al Señor, que también se encarnó para ellos. Muchos ricos se complacen en compartir con los necesitados. Muchos pobres saborean esta noche, un mendrugo de felicidad. Hoy a todos nos envuelve, de una y otra manera, el amor infinito del Padre. Quien nos dio a su Hijo “para que el mundo se salve por Él”, como Jesús le explicaba a Nicodemo.

A san Pablo no le cabía el corazón en el pecho, al escribir a Tito, su discípulo: “Ha aparecido la Bondad de Dios y su Amor al hombre. Según su misericordia nos ha salvado. Somos entonces herederos de la vida eterna”. Tampoco nuestra pobre reflexión logra abarcar lo sucedido esta noche en las afueras de una aldea, entre rebaños y trigales, cuando una joven madre alumbró a su primogénito. Los relatos apócrifos abarrotaron de milagros el acontecimiento: “El Niño lanzaba de sí apacibles resplandores y un aroma dulcísimo se esparció por toda la campiña. Además, la partera que procuró ayudar a la Señora, se curó de una parálisis parcial que la aquejaba”. Dejamos estos temas a los poetas, porque no es necesario añadir prodigios al prodigio. Este Niño es Dios-Hombre y pare usted de contar.

3.- Nuestro mejor homenaje a tan grande misterio sería descalzar el alma y sumergirnos en profundo silencio. Nunca fue Dios tan incomprensible e inefable, como esa noche, cuando se mostró como un niño. Callen entonces todos los villancicos, que los ruidos se apaguen y se extingan todas las luminarias. Bajo una santa oscuridad, nos sentiremos amados infinitamente por aquel que es Infinito.

Un maestro de vida espiritual sugiere que la actitud más propia para esta celebración es sentirnos pequeños, desvalidos, a ejemplo de aquel niño de Belén. Pero confiados, inmensamente confiados, en el Señor que nos inundará con su grandeza. Viene al caso la súplica de Miguel de Unamuno: “Achícame por piedad. Vuélveme a la edad bendita, donde vivir es soñar”.