Escribe: Julia Merodio


EL AMOR ESTÁ EN EL CORAZÓN DE DIOS

El amor siempre habita en el corazón.

El amor se encuentra en el corazón de la persona y en el corazón del mundo.

Es la fuerza y la energía que mueve a todo ser humano y sin ella no puede haber armonía ni felicidad.

Pero el amor no se puede programar en un ordenador, por eso se nos escapa de las manos a las personas de hoy.

 ¡Cuántas generosidades caben en un corazón!

Pues, todas esas generosidades, son las que adornaban el corazón de Jesús.

Pero su grandeza consistió en irlas derramando, regalando, esparciendo...

Las generosidades de Jesús crecían tanto porque: la bondad, la misericordia, el amor, la confianza... crecen dándolas, se multiplican repartiéndolas.

• ¿Cuánto hace que no nos paramos a pensar -lo que de verdad encierra una realidad como esta?

** El corazón de Jesús está marcado por la acogida.

Jesús ha venido a sanar, a salvar, a enjugar lágrimas.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré...”

Esto nos recuerda: que llegar supone seguir un camino incómodo pero cargado de perseverancia y fidelidad.

• ¿Qué quiere decirme, el Señor, con estas palabras?

• ¿Qué quiero decirle yo a Él?

** El Corazón de Jesús está inundado por el amor.

La forma de amar de Jesús nos sobrepasa. Nos presenta un Dios infinito bajando al encuentro, de ese ser humano que se mueve a ras de tierra. Dios descendiendo hasta llegar a fusionarse con cada uno de nosotros. “El amor habita en vuestros corazones por el Espíritu

 Santo que se nos ha dado”

• ¿Soy capaz de convertir mi amor en don, en gratuidad, en abandono… lo mismo que lo hizo Jesús?

**En el Corazón de Jesús reside la verdad.

En medio de una vida cargada de mentira y desamor, aparece Jesús como testigo de la verdad.

“Para eso he venido al mundo, le dice Jesús a Pilatos, para ser testigo de la verdad”

• Pidamos al Señor que nos revele su verdad, y nos ayude a valorarla, vivirla y cumplirla.

**En el corazón de Jesús encontramos la Vida.

Jesús es el dador de vida.

“El que venga a mí tendrá vida. Y la tendrá en abundancia”

Él ha devuelto la vida a un gran número de personas que estaban muertos. Él ha devuelto la vida a los que se habían alejado y estaban muriendo por inanición.

• ¿Qué “vida o vidas” tendría que resucitar, el Señor, hoy en mí?

• ¿Tendría que devolverme mi vida de creyente que tanto languidece?

**En el corazón de Jesús brillaba la luz.

Jesús nos lo dice:

“Vosotros sois la luz del mundo. No se enciende una lámpara para ocultarla bajo un celemín, sino para ponerla sobre el candelero, a fin de que alumbre a todos”

Pero nosotros somos astros opacos que sólo podemos dar luz si la recibimos del “Astro Rey”, Dios. Pidámoselo así:

• Sé mi luz, enciende mi noche (3v) mi noche…

Sé mi luz. (Canción)

**En el Corazón de Jesús estaba el DON.

“Si conocieras el don de Dios”

Acercarse a recoger el don supone, no sólo, escuchar con atención, sino tomar la decisión de caminar con disponibilidad para intentar la aventura.

Esto tendría que hacernos vivir de tal forma, que cualquier persona que escuchase que el amor de Dios mueve al mundo, pudiera decir: Esto es una gran verdad; yo he visto como se aman y sé que todo ello radica, en que han puesto su confianza, en el Corazón de Cristo.