Escribe: Julia Merodio


EL MÁS GRANDE DE LOS NACIDOS DE MUJER

Creo que, en todo el tiempo que llevo escribiendo, no he escrito un artículo dedicado enteramente a San Juan Bautista y me alegra que, este año por ser domingo el día en que se celebra su nacimiento, pueda dedicarme a ello.

EL NACIMIENTO DE JUAN

Es significativo que, se celebre el día del nacimiento, de un personaje al que no le correspondía nacer. Su madre era una mujer estéril sin ninguna posibilidad de tener hijos, por lo que su seno jamás podría albergar una vida. Pero por si fuera poco, el tiempo había pasado cuando - en su ancianidad-, se da cuenta de que, la maternidad llama a su puerta, su seno ha sido fecundado y lleva un hijo en sus entrañas.

¡Qué fácil nos hubiera resultado a nosotros dar solución al problema! ¡Imposible tener un hijo a una edad tan avanzada! La madre correrá demasiado riesgo y el feto puede tener malformaciones –no hay duda- una “interrupción del embarazo” arreglará la situación. Tiembla el cuerpo al pensar que, si hubieran matado al precursor difícilmente hubiésemos conocido al Enviado ¿Quiénes somos nosotros para entrar en la mente de Dios?

JUAN CRECÍA CERCA DE DIOS

Los datos están marcados por el evangelista Lucas. Las palabras que lo avalan dicen así: “En el año 15 del Emperador Tiberio, vino la Palabra sobre Juan, hijo de Zacarías, que habitaba en el desierto”

Tenemos el primer dato significativo de Juan. Juan era alguien que vivía en la soledad y el silencio, alguien que vivía a la escucha, alguien que atiende a su voz interior que le encomienda una misión que cumplir.

Pero a Juan, todo esto no le resulta novedoso. Él había leído en Malaquías 6,8, “Esto es lo que Dios quiere de ti: que actúes con justicia, que ames con ternura y camines humildemente con tu Dios” Ciertamente Juan tiene claro que, solamente se puede llevar a cabo este programa, entrando en el corazón saboreando el silencio.

Actitud muy lejana a los que vivimos en este mundo ruidoso y estridente capaz de tapar cualquier señal por clara que sea e incapaz de dejar escuchar lo que otro quiere decirnos. Muchos teléfonos móviles, mucho satélite artificial situado en órbita… pero poca comunicación familiar, poca comunicación entre hermanos, entre pueblos, entre países… poca comunicación con Dios. Y la Palabra que Juan escucha es clara y directa, a Juan se le manda: a predicar la conversión.

ALGO MENOSCABA SU OÍDO

¡Predicar la conversión! ¿Habrá oído bien? ¿Qué tendrá que ver la conversión con preparar un camino?

Pues lejos de perturbar su oído Juan, por lo que dice el evangelista, se da cuenta de que, lo que se le demanda tiene bastante de realidad.

A Juan se le pide que prepare el camino al Señor: allanando senderos, rebajando colinas, enderezando caminos, suavizando asperezas, nivelando desigualdades… Pero no referido a lo dificultoso del sendero, sino a lo escabroso del corazón.

Porque Juan está llamado a ser profeta. El último de los profetas cuya misión sería anunciar la llegada del Salvador. Y la Salvación llegó. La tierra se llenó de gozo. Dios habitó entre todos los seres humanos… Pero fueron escasos los que lo vieron, pocos los que lo visitaron e insuficientes los que creyeron en ello.

LA HISTORIA SE REPITE

Estamos en el siglo XXI, ha pasado demasiado tiempo desde que Juan Bautista pisase nuestro suelo. Hoy lo de allanar senderos y enderezar caminos parece no tener demasiado sentido; hoy tenemos arquitectos y catedráticos que saben proporcionarnos espléndidas autopistas. Tenemos máquinas que pueden allanar una montaña por grande que parezca, socavar la tierra por abrupta que se presente, hacer un puente en breve espacio de tiempo y comunicar ciudades con las mejores líneas aéreas y de ferrocarril. Sin embargo hoy, como entonces tendremos que allanar los senderos del mal entendiendo entre familias, pueblos y naciones; tendremos que rebajar esas colinas de desigualdad entre pobres y ricos, entre países que se mueren de hambre y países que tiran a la basura los excedentes, para cuadrar la balanza de pagos; tendremos que suavizar asperezas en nuestro trato regalando ternura y cercanía, afecto y escucha, dulzura y amor… Y esto era lo que, Juan en aquel tiempo, predicaba en el río Jordán: La conversión, el arrepentimiento, el cambio de vida.

El primer mensaje llegado de Juan era la petición a reconocer lo que no hacían bien y lo que por comodidad y miramiento dejaban de hacer debidamente; pues solamente cuando uno se da cuenta de su equivocación puede lograr el cambio. ¿Para qué va a cambiar la gente que se cree mejor que los demás?

El segundo mensaje era la llamada a cambiar la forma de vivir, el hacer un esfuerzo constante por vivir la voluntad de Dios. En definitiva, arrepentimiento y conversión fueron las dos constantes de la predicación de Juan.

NO ES FÁCIL DAR TESTIMONIO

Juan fue testigo de la verdad hasta su muerte. Su corazón estaba tan bien preparado y su opción tan afianzada que, cuando Jesús llega al Jordán y se pone ante él para que lo bautice, Juan lo reconoce: “Este es el Cordero de Dios” exclama.

Reconocer a Jesús ¡qué gran lección para los que lo tenemos tan olvidado! Y qué necesario para los que queremos ser sus testigos. Reconocer a Jesús, reconocer su grandeza y estar dispuestos a disminuir para que Él crezca, como afirmaba Juan.

Por tanto la vida de S. Juan Bautista ha de ser una enseñanza para nosotros. La vida de Juan nos enseña:

A cumplir con la misión que adquirimos el día de nuestro bautismo.

A ser testigos de Cristo, viviendo desde la verdad de su palabra.

A ser piedras vivas de la Iglesia de Jesucristo, como lo fue él –incluso, antes de existir la Iglesia como tal- y lo han sido tantos testigos como han vivido después de él.

Juan nos enseña a reconocer a Jesús para poder seguirle.

•Nos hace ver la importancia del arrepentimiento y la grandeza del sacramento de la reconciliación.

•Y nos anima a atender la llamada y cambiar nuestra manera de vivir para recibir al Señor en nuestra vida.

TODO TIENE UN PRECIO

Pero a Juan esta actitud le va a pasar factura. Quizá por eso nos dé a nosotros tanto miedo ser valientes y dar la cara, porque sabemos bien que, vivir desde Dios, tiene un precio y a veces, demasiado caro. Pero Juan, al contrario que nosotros, no se arredra y pasado varios meses vuelve a aparecer en escena.

En ese momento Jesús ya tiene algunos discípulos y las rencillas no tardan en aparecer. Los discípulos de Juan se acercan a él para decirle: “Rabí, el que estaba contigo, al otro lado del Jordán, aquel de quien diste testimonio, está bautizando y todos se van con él” (Juan 3, 26) La mente humana es así de raquítica, un recomendado no puede luego quitar los derechos del que le ha dado paso.

Pero Juan que, vive abierto a la novedad de Dios responde: Nadie puede atribuirse nada que no le haya sido dado del cielo. Vosotros mismos fuisteis testigos de que yo dije: Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de Él. “Es preciso que el crezca y yo disminuya. El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra, pero el que viene del cielo está por encima de todos: por eso da testimonio, de lo que ha visto y oído" (Juan, 3, 27-36)

CUANDO SE HABLA DEMASIADO CLARO

A veces, se paga demasiado cara tanta claridad. Todos conocemos la historia. Juan dice la verdad sin importarle los destinatarios y así, se atreve a reprochar al tetrarca, no sólo sus malas acciones, sino también su adulterio público.

A Herodías no le hacían ninguna gracias esas libertades del predicador por lo que alimentaba un amargo odio hacia él. Es por eso, que tanto la influencia de Herodías, como las multitudes que se apiñaban en torno a Juan, hicieron nacer en Herodes, el miedo a que a que se produjese una rebelión contra él, por lo que dedujo que, al inoportuno recriminador habría que ponerle un castigo. Y así lo hizo, mandó detener a Juan y le encadenó en prisión.

Aunque, después de un tiempo este resentimiento parece que se redujo, pues, según Marcos, 6, 19, Herodes escuchaba a Juan con gusto e hizo muchas cosas a sugerencia de él.

LA PRISIÓN DE JUAN

Los discípulos de Juan, pese a estar él en prisión, le siguieron fieles y le mantenían informado de los acontecimientos del exterior.

Así se enteró de las maravillas efectuadas por Jesús, lo que podemos suponer que, eso fuese un soporte para que la fe de Juan no vacilara lo más mínimo.

Sin embargo, algunos de sus discípulos no acababan de convencerse de que Jesús era el Mesías. Por lo que Juan, los envió a que fuesen al mismo Jesús a preguntarle: "¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro? Él les respondió: “Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no se escandalice de mí!" (Lucas, 7,20; Mateo, 11, 3)

Jesús, que conoce perfectamente, por qué Juan ha hecho llegar a sus discípulos ante Él, cuando se alejan, quiere dejar claro quien es Juan, por eso dice a la gente: “¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?" Todos sabían bien por qué Juan estaba en prisión, y que su cautividad era el modo de enmudecer la verdad y la virtud. -"Qué salisteis a ver, sino ¿Un hombre vestido con ropas elegantes? Los que visten magníficamente y viven con lujo están en los palacios. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Pues, os lo aseguro, Juan es, más que un profeta. Es de quien está escrito: “He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, el cual te preparará el camino. Y os digo que: Entre los nacidos de mujer no hay ninguno más grande que Juan el Bautista" (Lucas, 7, 24-2)

CONMEMORACIÓN DEL NACIMIENTO DE JUAN

Aquí estamos. Conmemorando el nacimiento de Juan el Bautista. No es habitual que se conmemore a un santo el día de su nacimiento, siempre suele hacerse el día de la muerte –nacimiento a la vida eterna- sin embargo a diferencia del resto, se conmemora el nacimiento de Juan porque, él estaba "lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre", de ahí que ese día deba ser señalado como un día de triunfo. Por lo que gran número de regiones y pueblos hayan tomado este día para honrar la memoria de tan insigne Precursor.