Escribe: Antonio García-Moreno


"En el silencio y la esperanza estará vuestra fortaleza..." (Is 30, 15)

La traducción de Nacar-Colunga es "la quietud y la confianza serán nuestra fuerza". La quietud equivale a la tranquilidad que comporta confianza, seguridad de que pase lo que pase Dios sacará siempre el bien. Esa tranquilidad es también un consejo de Jesús en el Sermón de la Montaña, cuando afirma que no nos inquietemos por el mañana, "porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán"... Padre mío, perdona mi falta de fe y de confianza en tu omnipotencia y tu bondad infinita. Lo siento y prometo vivir tranquilo y siempre seguro de que abandonado en tus manos, todo irá siempre bien; ya que mejores manos que las tuyas no las hay... Dejarlo todo como está, y buscar en todo momento hacer "feliz" a Dios, que disfruta con mi resignación y serena aceptación de lo que me hiere y ofende... Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. Gracias, Padre-Hermano-Amigo de mi alma... Santa María sigue la novena a tu advocación de la Virgen de las nieves, ese icono de Sta. María la Mayor, que tanta paz y esperanza me da.

 

Auméntame la fe…

Gracias, Dios mío, muchas gracias. En especial por esos que ignoro, pero que de vez en cuando percibo con gozo. Perdona mi afán de que todo me salga bien, mi ansia de ser conocido y apreciado, respetado y considerado. Si todo eso desapareciera si pusiera mi felicidad solo en quererte y servirte, complacerte y alegrarte, entonces desaparecería esa zozobra indefinida que a menudo me hace sufrir... Auméntame la fe, hazme comprender que nada hay que pueda llenar mi corazón y apaciguar mis ansias como el amor que me tienes y el amor que deseo tenerte... San José, ayúdanos, ayúdame. Tu fidelidad a Dios se desarrollaba, con naturalidad, callada y constante pensando tan solo en agradar a María y a Jesús, convencido de que eso era lo que Dios quería de ti... Señor, quiero solo lo que ya me has dado y me das, pero que esté más alegre y contento, más convencido de que no se trata de hacer grandes cosas, sino solo lo cotidiano y corriente... Madre mía ayúdame a no querer nada más para ser feliz, porque nada me falta, y estar tranquilo porque no tengo que buscar nada, pues con Dios todo lo tengo.

 

Agosto…

Agosto es mes de particular importancia para mi vida. Fue el mes de la agonía de mi madre que, por fin, podía tener cerca a su hijo, aspiración y anhelo de toda su existencia. Yo le decía que en el cielo estaremos juntos, pero ella deseaba que ya aquí en la tierra se cumpliera su mayor deseo... No obstante, aunque de mala gana acepté aquella situación y la aminoraba como podía. Tú, Señor, le diste fuerza para sufrir cuanto ella sufrió. Gracias, Dios mío, porque; a pesar de todo, pude irme al Seminario con veintidós años, luego siete años en Roma y más los años del Seminario como prefecto y profesor... Vi con claridad que este mes tenía que estar junto a ella para aliviar sus dolores y sobre todo su pena... Prefiero verte muerto, me dijo más de una vez ante las murmuraciones sobre mi conducta por parte de quienes no concebían que un joven normal no fuera a los bailes y no viviera de otra forma... Ante esa habladuría, ella se revelaba y me defendía... La enfermedad y sufrimientos le ayudaron a rezar por su niño y a quererle cada vez más... Perdóname, mamá, perdóname. Y sigue rezando por mí...

 

"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos!"

Reina de los ángeles, ruega por nosotros. Refugio de los pecadores, intercede por nosotros... La Virgen de Torreciudad tiene la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles. También la virgen del retablo de la Casa de la Misericordia, así como algunas vidrieras aluden a la presencia de Santa María asistida y alabada por los ángeles y arcángeles, querubines y dominaciones. Lo cual es lógico ya que ella es la Madre del Hijo de Dios hecho hombre, tal como se la suele representar en la mayoría de sus imágenes, siempre con el Niño divino en sus brazos maternales, apoyado y recostado en su cálido regazo maternal. A pesar de su grandeza y dignidad, predomina en ella la ternura, la misericordia, la compasión y comprensión, la clemencia y la piedad, el auxilio y el socorro. Me gusta imaginarla con la mano, extendida para tener a su hijo en sus brazos, como imagina Murillo en una de sus más hermosas representaciones de la Sagrada Familia. También la Milagrosa tiende sus manos derramando su luz y sus milagros de amor materno para sus hijos, en especial para los más necesitados, más débiles y pobres, más traviesos o más pecadores... Sin embargo, las palabras de Jesús me salieron y quemaron el alma... ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, canónigos y profesores!...Miserere mei...

 

La Virgen de las nieves

Santa María la Mayor, la Virgen de las nieves, imagen privilegiada en Roma, titular de la Basílica Mayor dedicada a la Virgen, ante la cual ya se ha postrado varias veces el Papa Francisco, y en donde el Padre celebró sus bodas de oro sacerdotales, en aquel día de Septiembre cuando Roma era azotada por una de esas tormentas terribles, tanto que la lluvia impedía ver por donde el coche nos llevaba al Rector de Monserrat, Novalín, a Miguel y a mí... Cuando llegamos, aún llovía y el Rector esperó en el coche para entrar... Una tempestad similar estoy viviendo estos días, cuando también otra tempestad me hace tambalearme y la Virgen de las Nieve vuelve a estar presente, como aquella tarde en que mi pobre barca por poco se hunde del todo... La historia se repite y de nuevo la tempestad del lago grito en silencio dramático: Señor sálvame, que me hundo... Santa María, mi Virgen de las nieves, no me sueltes de tus brazos, sujétame con las dos manos bien cogidas de lo contrario acabaré hundiéndome, ahora que ya entro en la recta final...