Escribe: Antonio García-Moreno


Alabado y glorificado seas por siempre

Bendito seas por siempre, Dios y Señor mío, Padre-Hermano-Amigo de mi alma. Alabado y glorificado seas por siempre, pues tu benevolencia, comprensión, poder y compasión se manifiesta de mil formas, en pequeños detalles apenas perceptibles y en la grandeza, esplendor y encanto de cuanto nos rodea y cuanto ocurre cada día y cada momento... El romero verde está florecido, el silencio de esta madrugada dominical es clamoroso aunque suavemente callado... Deseo con toda mi alma que mi alabanza y gratitud sea una realidad y no solo unas palabras, sentimientos y grata sensaciones. Es poco lo que puedo darte, pero es todo lo que soy y tengo: La puntualidad en la asistencia al coro, la alegría serena y permanente en mis gestos y palabras, la paciencia y la comprensión con mis propias limitaciones y defectos y con la conducta y palabras de los demás... Tengo que enviar el material de predicaciones mis compañeros y amigos mandan a Rialp el contenido del próximo libro de teología joánica, escribir la sensación de los años en Roma... Santa María, te lo suplico, intercede por nosotros...

 

"... sé un modelo para los creyentes..." (I Tm 4,12)

El Señor nos dice: "Vosotros sois la luz del mundo... sobre un candelero para que alumbre a todos los de la casa... Que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre... (Mt 5,14-16). La gloria de Dios es lo principal que hay que buscar al intentar obrar siempre el bien y evitar el mal... Tengo la impresión que la buena conducta no impulsa a los demás a glorificar a Dios. Quizás sí, pues cuando uno se encuentra con una buena persona y ve que actúa así por amor a Dios, lo lógico es dar gracias al Señor... Sin embargo hay una consecuencia que al caer del tiempo se nota. Porque es verdad que el ejemplo arrastra, casi sin darnos cuenta tendemos a imitar lo que vemos, incluso se procura superar aquello que está bien... La participación en la liturgia de la catedral se observa esa tendencia, no solo para lo bueno, sino también para lo regular, sobre todo introduciendo gestos inusuales durante muchos años y que, se introducen con una forma de destacar y demostrar la modernidad o la creatividad. Perdónanos Señor y ayúdame a no dejarnos llevar por esas novedades y ser fieles y perseverar en la paciencia.

 

"Es una idea piadosa y santa rezar por los difuntos... (2Mac 12,46)

Este pasaje del libro de los Macabeos figura entre las lecturas de la Misa por los difuntos, Mira que en mi juventud se repetía casi a diario en mi parroquia de Almendralejo. Eran las misas de Réquiem, el recuerdo permanente de las ánimas benditas del Purgatorio, la fe y la devoción, el cariño por los seres queridos. En la obra todo este mes está dedicado en las Misas que celebran los sacerdotes numerarios por los difuntos de la Obra, cuyo recuerdo se intenta mantener vivo, conscientes de que para que Dios siga presentes, activos y cooperantes en la salvación y la extensión del Reino de los Cielos... Me uno a la intención del Padre, aunque con segunda intención siga rezando por los difuntos de mayor obligación para mí, empezando por mis padres... Al mismo tiempo me encomiendo a las benditas ánimas del purgatorio persuadido de que, aunque aún no haya llegado al cielo, de alguna forma están unidos a los seres queridos que aún están en la tierra caminando, a veces fatigosos y cansados, cuesta arriba, pisando la tierra pero mirando al cielo... "regem cui omnia vivunt, venite adoremus". Madre de la Iglesia purgante y militante, intercede por nosotros, los que ya murieron y los que tenemos que morir.

 

"Alegra el alma de tu siervo, pues levanto, mi alma hacia ti" (Sal 85)

El salmo 85 es una de las oraciones del salmista en que está con dificultades y acude al Señor; escúchame que soy un pobre desamparado; protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo que confía en ti. Te ruego que me concedas ese don del Espíritu Santo que es la alegría, el gozo íntimo del alma que es tan necesario para trabajar con ganas y, sobre todo, imprescindible para el trato con los demás y ser como dice San Josemaría, sembrador de paz y de alegría... Reconozco, Señor, como que a veces soy causa de preocupación y de disgusto, precisamente con quien está más cerca y menos se lo merece, mis amigos o compañeros. Perdóname, Dios mío, y alegra tú mi corazón y sea capaz de tener siempre buen humor y alegro a quienes me rodean o se cruzan en mi camino... Gracias porque hay ocasiones en que consigo despertar la risa y transmitir paz y confianza. Ayer me atreví parar un grupo de jóvenes y enseñarles el arbusto de la mostaza, esa semilla que sirvió a Jesús para hablar de la importancia de la fe, aunque sea muy poca, así como del Reino que se inicia con pocos y llega a muchos.

 

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato" (Sal 89)

Suelo repetir: "Hagamos lo que podamos, que mañana la guiñamos". Por una parte se trata de poner de mi parte cuanto está a mi alcance, para aprovechar bien el tiempo, hacer en cada instante lo que deba y aplicarme a ello lo mejor que pueda. Sin afligirme por el poco o mal resultado que con ello consiga. Para eso es imprescindible actuar con visión de fe, buscando solo hacer lo que Dios quiere, procurando actuar siempre movido y apoyado en el amor a Dios y por su amor. "Ama y haz lo que quieras" creo que dice San Agustín, al que también se le atribuye decir que "cuando se ama no hay trabajo, y si lo hay entonces el trabajo es amado"... Como ves, Dios mío, sé lo que he de hacer, pero también sé que si tú no me ayudas nada conseguiré... Sigo rezando por el eterno descanso de todos los difuntos, en especial los de mi mayor obligación. Me uno a las intenciones del Padre y te suplico el eterno descanso de mis hermanos en la Obra, y al mismo tiempo te encomiendo a mis padres y demás familiares a los que tengo que rezar para cumplir el cuarto mandamiento, "ese dulce precepto"