Escribe: Antonio García-Moreno


"Abaja los montes y las colinas de nuestro orgullo y levanta los valles de nuestro desánimo y de nuestras cobardías" (Preces de Laudes)

Tan pronto me siento orgulloso de mi conducta, creyendo ser más que otros, incluso mirándolos por encima del hombro y pendiente de sus fallos; y luego me veo inferior a otros, fracasado en mi afán de ayudar e iluminar caminos para los demás... El espíritu critico respecto a la conducta ajena es bastante frecuente en mi conducta convencido además que hay que ver los fallos, sobre todo en la celebración litúrgica, para luego corregir bajo la excusa de que en la catedral la liturgia ha de ser perfecta, modelo y ejemplo para las demás liturgias de la Archidiócesis... Entonces me veo perfecto en mis celebraciones y reconozco mis fallos, pero como un acto más de orgullo por mi afán de perfeccionismo litúrgico... Por otro lado el desánimo me invade con frecuencia, me canso de sembrar en el viento, de lanzar la semilla que pueda tener al aire, a unos papeles que quizás nadie lea y solo sirvan para llenar espacio en esos anaqueles de mi legado a la biblioteca del seminario... Madre mía, ayúdame a bajar de mis pedestales y a subir de mis hondonadas, ayúdame a ser equilibrado y caminar seguro a la senda, redonda de cada día... "Ay que lejos llegarás por esa senda redonda, cada vez será más honda el agua que sacarás... Salta y corre mi fiel borriquillo, que en el cielo suenan con tu trotecillo mil campanillitas de plata y cristal, salta, corre y vuela, con garbo y con sal...

 

"...alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti" (Sal 85)

Es la única alegría que llega al fondo de mi alma y al mismo tiempo la que brota y florece en mis palabras y en mis obras. La otra alegría puede iluminar por unos momentos, estallar en una carcajada, pero luego dejar un cierto sinsabor y ausente en mi comportamiento. En cambio la alegría que tú me das, esa que tú también diste a tus apóstoles, asegurándole que nadie se las arrebataría ese gozo íntimo y lleno de paz solo nace y perdura con tu cercanía y con tu inefable amor... Gracias Señor, por esa alegría que tantas veces ha iluminado mi semblante. Recuerdo de forma nítida aquellos momentos de mi ordenación sacerdotal, de aquel comentario de un compañero que desde el coro de la capilla de los Altemps asistía a la celebración. También aquel misionero del corazón de María comentaba mi sonrisa contagiosa... En cambio, también me viene a la cabeza y al corazón la pena y la profunda tristeza cuando te ofendía y me separaba de ti. Más de uno me comentaba entonces y con cierta gracia hablaba de mi llantina... Santa María, causa de nuestra alegría, ruega por nosotros. Ayúdame a vencer la tristeza, aliada del enemigo recuérdame que no tengo motivos para estar triste, nunca ya que siempre estas vivo y operante, mi Dios y Señor, mío. Te repito cada día en las "preces" dame la alegría y la paz. Padre-Hermano-Amigo clemente y misericordioso lento a ira y rico en amor y fidelidad, danos la alegría y la paz.

 

"El que amas está enfermo..." (Jn 11 1)

Marta envía un recado a Jesús para sepa que su hermano a quien Jesús ama, está enfermo. No le pide nada, pues conoce al Maestro y sabe bien que hará cuanto pueda para curarlo, segura no solo del amor de Cristo sino también de su poder. Pero el Señor se retrasó varios días y Lázaro se murió. Una gran pena invadió aquella casa de Betania, hogar de refugio y descanso para Jesús cuando iba a Jerusalén. María estaba en casa, en un duelo interminable, y rodeada de los judíos amigos de Lázaro que la consolaban. Entonces, al saber que Jesús llegaba salió a su encuentro y se echó a sus pies para decirle que si hubiera estado allí, no habría muerto. Sin embargo, más tímida que Marta y no se atrevió a decirle nada más... Jesús al verla llorar y como lloraban sus acompañantes, "se estremeció por dentro, se conmovió... y rompió a llorar"... Si conmueve ver llorar a un hombre, como conmueve ver llorar a Dios. Padre-Hermano-Amigo, Señor y Dios mío, cómo nos amas, cómo sufres al vernos sufrir, como tu corazón divino se compadece y acongoja ante nuestras desgracias, sobre todo ante la peor de las enfermedades y el mayor de los males el abandonarte y escapar como el hijo pródigo, acabando por ser un porquero que tiene hambre y se come las algarrobas de los cerdos... Perdóname Dios mío por provocar tus llantos... santa Madre de Dios, ayúdame a enjugar tus lágrimas, las de Dios

 

"Con tu bondad y tu inmensa compasión, ven Señor, en ayuda de todos, sal al encuentro de los que te desean sin saberlo" (Preces de Laudes)

Cuando te llamaron bueno dijiste: Nadie es bueno sino uno solo: Dios". De esa forma desviaste el elogio de quien te veía solo como un hombre bondadoso, para enseñarnos que en realidad solo Dios". De esa forma derivaste el elogio de quien te veía solo como el padre bondadoso, para enseñarnos que en realidad solo Dios lo es, ya que el hombre por bueno que sea, siempre tiene algún defecto y por tanto ya no es realmente bueno puesto que lo "bonum ex integra causa" solo es realmente bueno, no lo es totalmente quien tenga un defecto aunque sea mínimo pues "malum ex quocumque defectu" y por tanto ya es malo...Por mi parte puedo proclamar y decir siempre y por doquier que Dios, mi Padre-Hermano-Amigo, me ha sido es y será muy bueno, generosa compañía paciente... Bendito seas, Señor. Estamos recordando los tiempos de espera ante tu llegada, es el Adviento que despierta en el alma el deseo anunciante y vivo de que nos sigas ayudando a todos tus hijos, en especial a los niños, los ancianos y los enfermos... El Papa insiste que es en esos pobres donde encontramos a Cristo, Pues él se considera identificado y presente en todos ellos. Hoy iré a visitar a los sacerdotes de la residencia de ancianos desamparados, seguro de que me encontraré contigo en ellos.

 

"Sagrado Corazón de Jesús..."

Mi arzobispo emérito, D. Antonio Montero habló en su felicitación del Señor de la Esperanza. También el Papa Francisco habla de sembrar esperanza, en testimoniar con la paz y la alegría esa virtud teologal consecuencia de la Fe y causa inmediata del Amor. Porque a quien nos protege y nos quiere, nos bendice y multiplica, provoca y enciende la luminosa y cálida luz del amor, esa llama invisible que el Espíritu Santo sigue prodigando y prendiendo en quienes somos discípulos de Cristo y hermanos suyos desde que en el bautismo recibimos la vida de los hijos de Dios... Quizás sea la jaculatoria que más he repetido y vivido en mí ya larga vida ha sido la de "Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío... Otra oración muy estimada y repetida por mí, puesta en las estampas de mi ordenación sacerdotal y de mis bodas de oro como Sacerdote, es la oración que comienza diciendo: Jesús reconozco por Rey universal", y termina así: Corazón divino de Jesús, te ofrezco mi pobres acciones para obtener que todos los corazones reconozcan vuestra realeza sagrada y así el Reino de tu paz se establezca en todo el universo. Amén... Puedo decir que no he dudado de tu infinito amor y tu inmenso poder... Con tu gracia y la ayuda de tu Madre he dicho siempre "omnia in bonum", todo es para bien.