Escribe: Antonio García-Moreno


"Yo no busco mi gloria..." (Jn 8, 50)

También San Pablo asegura a los Tesalonicenses que no se preocupó de buscar gloria humana. Sin embargo, que corriente es actuar siempre de cara a la galería, preocupados de la aprobación de los demás, y añorando su aceptación y alabanza. Y, por el contrario, el Señor nos advierte que hemos de procurar no hacer nuestra justicia delante de los hombres, a fin de que nos vean (cfr. Mt 6, 1). Llega a decir que no sepa la mano izquierda el bien que haga la derecha. De esa forma tu limosna quedará oculta. "De este modo tu Padre que ve en lo oculto te recompensará. Esta realidad sobre el hecho de Dios "ve en lo oculto" se repite varias veces (Mt 6 4. 6). Cómo cambiaría mi vida si solo buscara agradar a Dios y buscando solo su beneplácito. Por el contrario, si únicamente busco la recompensa humana y el aplauso de los hombres, en el mejor de los casos todo quedará en un elogio pasajero, incluso en una crítica de quien envidia, o menosprecia la buena conducta ajena... "Qué más da, / que muchas veces, / tenga que pagar con creces/ el cariño que me das, / que más da,/ sí sé que andando de prisa,/ tendré siempre tu sonrisa/ unida a mi caminar./ Rompa el viento mi cantar,/ rompa mi cantar el viento, / qué importa/ que haya dolores/, si el amor lo llevas dentro. Rompa mi cantar el viento, rompa el viento mi cantar...

 

Guiados por una estrella

Los Magos dijeron a Herodes que, guiados por una estrella, buscaban al niño recién nacido, destinado a ser el Rey de Israel y Salvador del mundo. Herodes se llenó de rabia y furor, pero se reprimió y mostró su deseo de ir también a rendirle pleitesía. Es que había matado a su primogénito Arquelao, porque intentó ocupar el trono mediante intrigas palaciegas. También los dos hijos de la hermosa Marianme, la esposa preferida y princesa de los Asmoneos, murieron ahogados pues el pueblo los aclamaba, ante el celo de su mismo padre, que no dudó en matarlos... Y de pronto se entera que nace un niño destinado a sucederle en contra de sus planes... Después de despedir ceremoniosamente a los nobles de Oriente, da la orden de matar a todos los niños de Belén y su comarca "de dos años para abajo". Se cumplió la palabra de Jeremías: "una voz se oye en Ramá, lamentación y gemido grande; es Raquel que llora a sus hijos y rehúsa ser consolada, porque no existen". Su tumba está a la entrada de Belén, recordando aquella terrible tragedia.... Donde estabas, Señor nos preguntamos también. No hay respuesta. Es el silencio de Dios, callado también en el Calvario cuando su Hijo Unigénito decía: Dios mío, Dios mio, porque me has abandonado... En el silencio se oyó también la voz quebrada de Jesús agonizante: Padre en tus manos encomiendo mi espíritu

 

Jesús, María y José, que estemos con vosotros los tres..."

También se me ocurre decir: Jesús, María y José, que estemos con vosotros María Dolores, Antonio y Andrés. Ellos formaron una familia, mi madre y mi padre que, cada uno a su manera, amaban con locura a su niñito. Tiempos en que la mortandad infantil era muy alta; de hecho, dos o tres de mis primos murieron de niños. Mi madre lloraba y rezaba por aquel niño, con cara de bobo que no dejaba de llorar, porque algo de dolería... Aunque es una casi superstición, el pichón abierto en canal y puesto agonizante en el pecho del niño enfermo, surtió efecto y el niño se curó, aunque parece ser que seguía con sus lloros, sin dejar dormir a sus padres y, al parecer también molestaba a las vecinas que le dijo a mi madre: Mariah Dolores, ¿cuándo vas a casar al niño?... Gracias, Dios y Señor mío, Padre-Hermano-Amigo mio, por aquella familia en la que el niño se hizo muchacho, que ya no lloraba, pero era travieso y un niño más de aquellos niños de la guerra, testigos mudos pero no impasibles al ambiente de miseria, también moral, que entonces se vivía... Jesús, José y María asistidme en toda mi agonía. Jesús, María y José, en vos descanse el alma mía... Jesús, María y José que estemos contigo los seis, contando con Paca, Rosario y Antonia.

 

"maravilla de consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz" (Is 9, 6).

Es cierto, este Niño es una maravilla, solo mirarle el alma se colma de paz y confianza, de alegría profunda y contagiosa. Todo cuanto salió de manos es una maravilla y con razón lo miraste "todo era bueno". El colofón de tu obra fue el hombre y la mujer, Adán y Eva que dotados de absoluta libertad y por tanto capaz de amar y también de sentirse amado. Tú sabías lo que iba a pasar con esa libertad y asumiste ese riesgo. Y entonces, después de quizás de millones de años, de forma parecida del mismo género humano creaste un nuevo Adán, tomando carne humana de las entrañas de Santa María formaste otro ser humano que al mismo tiempo era y es el hijo de Dios. Cristo el nuevo Adán, maravilla de las maravillas: Dios fuerte, Príncipe de la Paz... Hijo de Dios, que en el principio estabas junto al Padre, y en la etapa final de la historia has querido nacer como hombre, haz que todos nos amemos como hermanos, haznos anunciadores fieles de tu Evangelio, concédenos también la santidad, la justicia y la paz. Otórganos un corazón recto y sincero que atienda siempre a tu Palabra, y lleva a plenitud en nosotros y en todos los hombres tu plan de salvación" (Preces) Santa María me embelesa contemplarte con el niño dormido en tus brazos...

 

"...para concedernos que, libres de la mano de los enemigos, le sirvamos sin temor, en santidad y justicia en su presencia todos los días se nuestra vida" (Lc 1 74-75)

Vivir en justicia y santidad, sirviéndote a ti sin temor, es lo más valioso e importante para nuestra vida. Algo que, como vemos por el texto del himno de Zacarías, es un don divino pues solo Dios nos pueda capacitar para vivir y morir así sirviendo a Dios sin temor alguno como santos y justos a los ojos del Señor, conscientes de estar siempre en su presencia, protegidos y mirados amorosamente por nuestro Dios y Señor, Padre-Hermano-Amigo nuestro... El año se termina, recordándonos que también se nos va agotando el tiempo que se nos ha concedido para que, caminando por la tierra, caminemos hacia arriba y un día, o una noche, cuando Dios quiera lleguemos al Cielo... Gracias, Señor, por este año que hoy termina. A lo largo y a lo ancho, en lo alto y en lo bajo, siempre he comprobado tu entrañable presencia y cercanía. Y contigo, también María y casi desapercibido mi Señor San José... Me duelen mis pecados, pero me alegra saber, que así como soy, me amas y sigues a mi lado para que no me pierda.