XII Domingo del Tiempo Ordinario
25 de junio de 2017

Moniciones


 

Bienvenidos, hermanos, a la eucaristía. La liturgia nos invita en este domingo a escuchar desde dentro la voz del Señor, y oír lo que nos dice. Pues hoy, concretamente, nos hace una petición: "lo que os digo de noche, decidlo de día; lo que os digo al oído, pregonadlo". Hay en ello dos prioridades: primero escuchar, después salir a proclamarlo. Salir fuera, dejar la comodidad, las facilidades, las gratificaciones. Pregonar lo que Dios nos dice sin tener miedo de llegar al fondo, sin importarnos el juicio de los hombres, con la confianza de que el Señor sostiene a sus enviados tan sólo con que estos se fíen de Él. Recibamos al sacerdote pidiendo al Señor un corazón generoso que se ponga en camino desde la libertad más profunda que surge del encuentro con Él.

 

1.- La primera lectura, del Profeta Jeremías, nos describe un hombre dolido y solo interiormente, que podría ser cualquier hombre del mundo de hoy. Un hombre perseguido, humillado, sospechoso, cercano a caer en una trampa que le han tendido sus enemigos. Y ¿quién de nosotros no ha sentido alguna vez en su vida la soledad, el miedo, la prueba el silencio de Dios?

S.- El Salmo 68 es uno de los más extensos del salterio. Hoy, nosotros utilizamos los versículos que van del 8 al 10, primero. Y luego el 14, para terminar del 33 al 35. Para los judíos era un salmo de oración personal, de rezo privado. Tiene, a su vez, influencias del salmo 41. Para nosotros, hoy, es tambien una bella pieza oracional que proclamamos con alegría y esperanza.

2.- San Pablo en su Carta a los Romanos explica que el mensaje de Cristo nos libera y que Jesús es el gran libertador. Nos libra de la muerte y del pecado y, sobre todo, limpia nuestro interior, el “yo personal” mediante el conocimiento de la realidad santa de Jesucristo, médico permanente de cuerpos y almas.

3.- Pero en medio de cualquier adversidad surge siempre un rayo de luz, "no tengas miedo, el Señor está a tu lado, camina contigo". Ahí está el proceder del hombre que siente la cercanía de Dios. Ni siquiera se defiende, su confianza está puesta en el Señor. ¡Qué parangón tan claro con el evangelio de Mateo que escucharemos hoy! Una persona que opta libremente por Cristo desempeña su misión entre contrariedades, críticas, oposición... Siempre habrá alguien que quiera callarlo. Pero si todo lo hace por el Señor, tendrá coraje y fuerza para ser testigo de Cristo donde se encuentre.

Lectura de Postcomunión


Es reconocida por muchos expertos en oración de todos los tiempos, la eficacia del Salmo 33. Y es que cuando gritamos angustiados para que Dios nos socorra, él esta a nuestro lado. Lo elegimos hoy como lectura de postcomunión pues nos va a ser muy útil para poner toda nuestra vida en manos de Dios. Si la lectura completa parece muy extensa como lectura de postcomunión se podrán elegir los versículos que se consideren oportunos. Os recomendamos los primeros doce.


EL SALMO 33

Bendigo al Señor en todo momento,

Su alabanza está siempre en mi boca;

mi alma se gloría en el Señor:

que los humildes lo escuchen y se alegren.

 

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,

ensalcemos juntos su nombre.

Yo consulté al Señor, y me respondió

me libró de todas mis ansias.

 

Contempladlo, y quedaréis radiantes,

vuestro rostro no se avergonzará.

Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

y lo salva de sus angustias.

 

El ángel del Señor acampa

en torno a sus fieles y los protege.

Gustad y ver qué bueno es el Señor,

dichoso el que se acoge a él.

 

Todos sus santos, temed al Señor,

porque nada les falta a los que le temen;

los ricos empobrecen y pasan hambre,

los que buscan al Señor no carecen de nada.

 

Venid, hijos, escuchadme:

os instruiré en el temor del Señor;

¿hay alguien que ame la vida

y desee días de prosperidad?

 

Guarda tu lengua del mal,

tus labios de la falsedad;

apártate del mal, obra el bien,

busca la paz y corre tras ella.

 

Los ojos del Señor miran a los justos,

sus oídos escuchan sus gritos;

pero el Señor se enfrenta con los malhechores,

para borrar de la tierra su memoria.

 

Cuando uno grita, el Señor les escucha

y lo libra de sus angustias;

el Señor está cerca de los atribulados,

salva a los abatidos.

 

Aunque el justo sufra muchos males,

de todos lo libra el Señor;

Él cuida de todos sus huesos,

y ni uno solo se le quebrará.

 

La maldad da muerte al malvado,

y los que odian al justo serán castigados.

El Señor redime a sus siervos,

no será castigado quien se acoge a él.


Exhortación de despedida

Salgamos alegres en este domingo y caminemos con valentía a transmitir el mensaje de Cristo. Él nos ha dicho que no tengamos miedo, que no temamos. Y además Él va a estar con nosotros hasta el final de los tiempos. No necesitamos más para ser felices y estar alegres.