XIX Domingo del Tiempo Ordinario
12 de agosto de 2018

Moniciones


 

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed todos bienvenidos a la Eucaristía. Hay momentos en la vida en los que el cansancio, las preocupaciones, los problemas nos superan. Sentimos ganas, como Elías, de dormirnos y no despertar. Queremos “tirar la toalla”, sin darnos cuenta que ahí es donde nos sacude y nos agarra el Señor. En el desierto de la vida los caminos se hacen al andar. En el día a día. En cada esfuerzo realizado. Uno a uno.

 

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- “Dios se acerca a Elías para reanimarlo”. Llena de esperanza esta frase de la primera lectura, del Libro Primero de los Reyes. En toda crisis siempre llega “el día después”. En este mundo con tantas crisis de aburrimiento, de monotonía, de cosas que se repiten, parece que perdemos la esperanza de que Dios llegue para reanimarnos. Pero Él llegará, ¡seguro!

S.- El Salmo 33 es una bellísima oración para dar gracias a Dios en todo momento. Él nos salva y nos envía su ángel para que acampe entre nosotros. Es uno de los salmos llamados alfabéticos y muy repetido como acción de gracias entre los judíos contemporáneos de Jesús de Nazaret

2.- Esperamos el alimento que lleva a vivir en el amor, como nos dice San Pablo en la Carta a los Efesios, que es nuestra segunda lectura. Un camino donde no exista la amargura, la ira, los enfados, los insultos, un camino que nos lleve a Dios y a los hermanos.

3.- Nosotros sabemos que el amor nos lleva al hermano y que este sentimiento nace de Dios. Y todos juntos nos alimentamos de “Pan bajado del cielo”, como oiremos en el evangelio de Juan. Pero no era así en tiempos de Jesús y cuando Él decía esas cosas sus coetáneos desconfiaban. Pero Él los enseñaba el camino de vida Eterna.


Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

El miĆ©rcoles proxímo, el día 15, nos reuniremos para agasajar a la Virgen María en la Fiesta de la Asunción. Nos parece muy adecuado rezar ahora con esta oración que compuso el anterior Pontífice, Juan Pablo II, como espera de la gran fiesta de la Señora.

 

INVOCACIÓN A LA VIRGEN

María, hija de Israel,

tú has proclamado la misericordia ofrecida a los hombres,

de edad en edad, por el amor misericordioso del Padre.

 

María, Virgen Santa, Sierva del Señor, t

ú has llevado en tu seno el fruto precioso

de la Misericordia divina.

 

María, tú que has guardado en tu corazón

las palabras de salvación,

testimonias ante el mundo la absoluta fidelidad de Dios a su amor.

 

María, tú que seguiste a tu Hijo Jesús

hasta el pie de la cruz

con el fiat de tu corazón de madre,

te adheriste sin reserva al servicio redentor.

 

María, Madre de misericordia,

muestra a tus hijos el Corazón de Jesús,

que tú viste abierto para ser siempre fuente de vida.

 

María, presente en medio de los discípulos,

tú haces cercano a nosotros el amor vivificante de tu Hijo resucitado.

 

María, Madre atenta a los peligros

y a las pruebas de los hermanos de tu Hijo,

tú no cesas de conducirles por el camino de la salvación.


Exhortación de Despedida

Salgamos felices del templo. El Señor nos ha enseñado que es nuestro alimento para la vida eterna, el Pan vivo que ha bajado del cielo.