Domingo de Pentecostés
20 de mayo de 2018

La homilía de Betania


 

1.- LOS DONES DEL ESPÍRITU EN NOSOTROS HOY

Por José María Martín OSA

2.- EL ESPÍRITU SANTO: DULCE HUÉSPED DE NUESTRA ALMA

Por Gabriel González del Estal

3.- LOS APÓSTOLES, ATLETAS DE LA FE

Por Antonio García-Moreno

4.- SOBRA ALGO, FALTA ESPÍRITU

Por Javier Leoz

5.- PENTECOSTÉS, JORNADA DE RENOVACIÓN

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


MANIFIESTO DE PENTECOSTÉS

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- LOS DONES DEL ESPÍRITU EN NOSOTROS HOY

Por José María Martín OSA

1.- Pentecostés es la fiesta de Espíritu y de la comunidad. Es la culminación de la Pascua. La vida nueva que Jesús consiguió es también nuestra vida. Muchas veces no somos conscientes de la actuación del Espíritu en nosotros. Quizá sea porque no le dejamos actuar....Da la sensación de que estamos como los discípulos antes de Pentecostés: decimos que creemos en Jesús, nos confesamos cristianos, pero vivimos apocados, medrosos, sin garra. Entonces nos refugiamos en nuestra fortaleza por miedo a salir al mundo. Pero la imagen que define mejor a la Iglesia no es la de la fortaleza, sino la de la tienda que se planta en medio del mundo.

¿No nos dijo Jesús el domingo pasado que bajáramos al valle y no nos quedásemos plantados mirando al cielo? También los discípulos estaban dentro con las puertas y ventanas cerradas por miedo a los judíos. Comparten miedos, ilusiones y el recuerdo de Jesús. El Espíritu se presentó como un vendaval y unas llamas de fuego. El viento y el fuego purifican y transforman. Y entonces..., salieron a predicar, sin miedo, sin utilizar la fuerza, sostenidos en su debilidad por el Espíritu. Cuando la Iglesia se encierra en sí misma por miedo a contaminarse con el mundo, cuando la imagen que da es la de una fortaleza firme, no convence. Se convierte en piedra de escándalo para muchos.

2. - "Estaban todos reunidos". No dice el Libro de los Hechos que estaban solo los apóstoles, sino todos, es decir el conjunto de los discípulos, todos los que se proclamaban seguidores de Jesús. Por tanto, los dones del Espíritu lo reciben todos los cristianos, no sólo los que han recibido el orden ministerial. El Espíritu actúa en todo, aunque cada uno reciba un don y una función. A cada carisma o don corresponde un ministerio o servicio. Pero todos somos miembros del cuerpo de Cristo y hemos recibido la misma dignidad por el Bautismo. ¿Reconoces en ti el carisma que has recibido?, ¡sabes cuál es tu misión dentro de la Iglesia! En este momento de la historia más que nunca hay que reconocer la importancia de los ministerios laicales. La Iglesia debe tener una estructura circular y no piramidal.

3.- Realizar las obras del Espíritu. Nos dice la Carta a los Gálatas que andemos según el Espíritu, que no realicemos las obras de la carne. Las obras de la carne que cita San Pablo degradan al hombre y lo someten a esclavitud. Estas obras, están patentes también en nuestro tiempo: fornicación, libertinaje, hechicería, idolatría, sectarismo, rivalidades, violencia, borracheras, orgías. Era aquella una sociedad decadente, ¿no lo será también la nuestra? San Agustín tuvo en sí la experiencia de la lucha de la carne contra el espíritu, cuando leyó este texto se sintió reflejado en él y decidió revestirse de Cristo para saborear los frutos del Espíritu. Este fue el momento de su conversión. Comenzó a vivir con amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad y dominio de sí.

4- Los dones del Espíritu tienen hoy su traducción. El don de sabiduría nos capacita para distinguir la realidad de la fantasía y vivir en consecuencia. El sabio es aquel que encuentra el secreto de la felicidad: la vida según Cristo. La inteligencia nos ayuda a aceptar los cambios que se producen en la sociedad para el bien común. Tener una mente abierta es señal de inteligencia. El don de consejo nos lleva a indagar bajo lo visible para descubrir las causas ocultas y poder ayudar al que nos lo pide. La piedad nos protege del egoísmo y del materialismo. La ciencia nos marca una dirección consistente en nuestras vidas, nos ayuda a conocer cómo son las cosas. El temor de Dios, entendido en el buen sentido, es beneficioso y nos hace realizar obras buenas, como el niño que respeta a su querido padre y no quiere defraudarle. La fortaleza es necesaria para un verdadero amor, pues nos da valor para asumir un compromiso auténtico y maduro. Con los dones que el Espíritu nos regala todo es posible desde ahora.


2.- EL ESPÍRITU SANTO: DULCE HUÉSPED DE NUESTRA ALMA

Por Gabriel González del Estal

1.- Ven, dulce huésped del alma. Esta oración que leemos en la “secuencia” del domingo de Pentecostés, antes de la lectura del evangelio, es una de las oraciones más bellas y más devotamente rezadas por todos los cristianos a la largo de los siglos. Rezada con devoción y amor, esta oración nos da paz interior, consuelo y descanso en nuestro siempre difícil caminar por este mundo. Cuando el Espíritu Santo se hace nuestro huésped interior y se apodera de nuestra alma, nos ilumina, nos vivifica y nos fortalece. Sí, como decimos cuando rezamos esta bellísima oración, El Espíritu Santo nos fortalece cuando estamos débiles, nos llena interiormente cuando nos sentimos pobres y vacíos, nos da luz y calor cuando estamos apagados y fríos, nos orienta y sana nuestro corazón desorientado y enfermo, sucio o indómito. Por naturaleza somos egoístas, débiles y tornadizos; si nos dejamos arrastrar por nuestros instintos más primarios, caemos fácilmente en actitudes y comportamientos que son más animales que espirituales. Necesitamos la fuerza del Espíritu, la gracia y el calor de lo alto, para sobreponernos a las tentaciones del mundo, del demonio y de la carne. Tenemos que pedir hoy con fervor que el Espíritu Santo se haga dulce huésped de nuestra alma, brisa en las horas de fuego, gozo que enjugue las lágrimas, don en sus dones espléndido. Que sea agua viva que riegue nuestro corazón árido y seco, aliento que vivifique y dé vida a nuestra alma, padre amoroso que, con su amor, guíe y llene nuestro corazón que está siempre inquieto e insatisfecho cuando no descansa en Dios.

2.- Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Podríamos decir que, realmente, la Iglesia nació el día de Pentecostés, porque ese día fue cuando los discípulos de Jesús comenzaron a predicar con fuerza y sin miedo el evangelio que les había predicado el Maestro. Hasta ese día, después de la muerte de Cristo, los discípulos se habían mantenido acobardados, encerrados en una casa, con las puertas y el alma bien cerradas por miedo a los judíos. Fue a partir del día de Pentecostés cuando recibieron la fuerza del Espíritu Santo como motor de sus vidas, que les impulsó a predicar, primero a los judíos y después a los gentiles, el evangelio del Reino, tal como lo habían escuchado de boca del mismo Jesús. Predicaron el evangelio de Jesús con el alma llena de alegría, derramando la paz del Espíritu que habían recibido, y con el alma llena de perdón. Así tenemos que hacer los cristianos de hoy; que se nos note la alegría del Espíritu, la paz de Dios y la capacidad de personar siempre con espíritu cristiano. Es decir, que seamos cristianos valientes, alegres, pacíficos y perdonadores.

3. - Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu les sugería. La lengua del Espíritu es siempre una lengua ardiente y luminosa, porque enciende e ilumina el alma del que habla y el alma del que sabe escuchar. Las lenguas del Espíritu no son sólo sonidos y voces, son actitudes, gestos, expresiones que salen del fondo del alma, como lava de un volcán irreprimible. Las lenguas del Espíritu son siempre amor, llamaradas, y el lenguaje del amor es universal. Si nos relacionamos con los demás con el lenguaje del verdadero amor, del amor del Espíritu, todos los que estén poseídos por el Espíritu nos entenderán como si les hablásemos en su propia lengua. El lenguaje del misionero cristiano es antes amor que lengua, porque Dios es amor y a Dios sólo se le transmite transmitiendo amor.

4. - Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; en cada uno el Espíritu se manifiesta para el bien común. En muchos casos, la única manera de saber si nuestro lenguaje y nuestros dones son del Espíritu, o no. es mirar si contribuyen al bien común. Porque, evidentemente, no todos los dones que tenemos las personas contribuyen siempre al bien común. Es esta carta a los Corintios, el apóstol Pablo solo recomienda los dones que, procediendo del Espíritu, contribuyen al bien común. Estos son, pues, los dones que hoy cada uno de nosotros debemos pedir al Espíritu Santo, los dones que, procediendo del Espíritu, contribuyen al bien común de los demás. Con palabras de la <secuencia> pidamos ahora al Espíritu Santo que “reparta los siete dones, según la fe sus siervos” y que aumente cada día un poco más en nosotros, sus siervos, nuestra fe.


3.- LOS APÓSTOLES, ATLETAS DE LA FE

Por Antonio García-Moreno

1.- UN VIENTO IMPETUOSO. - Pentecostés era una de las grandes fiestas del pueblo judío. Día de acción de gracias, de recuerdo agradecido por la alianza que Dios concediera a su pueblo en el Sinaí... La ciudad de Jerusalén bullía en sus calles, un gentío multicolor procedente de la Diáspora se movía de un lado a otro. El pueblo, subyugado ahora al poder de Roma, esperaba nuevamente que Dios se apiadara de los suyos y quebrara el yugo férreo e insoportable de la dominación romana.

Los profetas lo habían predicho: vendrían tiempos en los que los prodigios se repetirían. Tiempos en los que el Espíritu se derramará sobre toda carne, tiempos en los que los corazones duros se ablandarán, en los que ese Espíritu nuevo vivificará los cuerpos muertos. El soplo de Dios llenará de fuego la tierra, y de un extremo a otro del orbe resonará la voz del Espíritu, despertará la fuerza de Dios, del Amor.

Tierra fría, tierra olvidada de Dios, tierra muerta, tierra reseca... Ven, ¡oh Santo Espíritu!, envía del cielo un rayo de tu luz. Ven, padre de los pobres, ven dador de todo bien, ven luz de los corazones. Consolador óptimo, dulce huésped del alma, suave refrigerio. Descanso en el trabajo, en el calor fresca brisa, en el llanto consuelo... ¡Oh luz beatísima!, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

En el momento en que todo surgía de la nada, el Espíritu de Dios aleteaba sobre el fragor de las aguas. Y cuando los tiempos se cumplen y se verifica la Redención, la nueva y definitiva creación, el Espíritu vuelve nuevamente a la tierra, cubriendo con su sombra a la joven virgen que concibe en su seno al Dios humanado. Y ahora, en Pentecostés, cuando la nueva hija de Sión comienza su historia, cuando la Esposa del Cordero se despierta, cuando la Iglesia toma conciencia clara de su misión, nuevamente actúa el Espíritu, el viento fuerte e imparable de Dios.

Desde entonces está siempre presente en la vida del pueblo elegido, actuando sin descanso, pasando por encima de las miserias de los hombres empujando la barca de Pedro hacia el puerto prefijado por Dios, en medio de las más terribles tempestades, de las más hondas borrascas...

El Gran Desconocido, el Gran Olvidado, el Espíritu Santo. Y sin embargo, el Gran Presente, la Promesa del Padre, el Paráclito, el Santificador de las almas. Sin su luz sólo tinieblas hay en el hombre, nada. Sin él, ni decir Jesús podemos...

Perdona nuestra rudeza, nuestra mísera ignorancia. Y ven: lava lo que está sucio -que es tanto-, riega lo que está seco, sana lo que está enfermo. Dobla nuestra rigidez, calienta nuestra frialdad, endereza lo torcido. Da a tus fieles, a los que en Ti confiamos -¡queremos confiar!- tus siete sagrados dones. Danos el mérito de la virtud, el éxito de la salvación, danos el gozo siempre vivo. Amén.

2.- LA VICTORIA DE LA LUZ. - Las sombras de la muerte oscurecían ya la tarde del día primero después de la Resurrección. El miedo embargaba todavía el corazón de los discípulos. Tenían las puertas cerradas, estaban apiñados unos con otros, asustados ante el menor ruido. Los que crucificaron al Maestro bien podían venir en cualquier momento para castigar también a los discípulos.

Pero la luz avanzaba a pesar de todo, y de forma paulatina, día tras día y siglo tras siglo, las tinieblas irían retrocediendo. Después de muchos años de aquel primer avance de la Luz pentecostal, el evangelista Juan describió de modo lacónico y preciso el duelo cósmico entre el Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas: "La Luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la vencieron".

Ni las puertas atrancadas, ni los muros sólidos del Cenáculo cortaron el paso de quien dijo ser la Luz del mundo. Cuando él llegó en medio de los suyos, todos los temores se desvanecieron y la oscuridad de la noche retrocedió. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor que, como siempre, les daba su saludo de paz. Para disipar, además, cualquier duda que pudieran tener, Jesús les muestra sus llagas y heridas, les pide de comer. Detalle muy humano y, en apariencia sin importancia, pero decisivo para convencerles de que realmente estaba vivo.

Los abandonos de la hora crucial de la Pasión estaban perdonados. Jesús les volvía a enviar como antes hiciera, cuando habían curado enfermos y expulsado demonios. Ahora sus palabras tienen mayor solemnidad: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Es una misión única y transcendente: salvar a los hombres de la esclavitud del pecado, sacarlos de las regiones de las sombras y llevarlos al Reino de la Luz.

Para ello les concede unos poderes divinos entre los que destaca el de perdonar los pecados. Prodigio que Jesús operó ante el escándalo de los fariseos y la admiración de las gentes que glorificaban a Dios por haber dado tal poder a los hombres. Como garantía y prenda de todo ello les confiere el Espíritu Santo, la promesa del Padre, el don inefable e inaudito que transformaría a los apóstoles en atletas de la fe, capaces de inundar de luces nuevas el tenebroso mundo romano de entonces. Fue tal la fuerza y el esplendor de aquella primera Luz que sus resplandores llegaron hasta el fin del mundo.


4.- SOBRA ALGO, FALTA ESPÍRITU

Por Javier Leoz

Con la Solemnidad de Pentecostés alcanzamos el final de este tiempo, de vida y de resurrección, de plenitud y de redención que hemos vivido durante toda la Pascua.

1.- El mandato que recibimos en el día de la Ascensión “Id y anunciad” lo iniciamos con Aquel en el que se sostiene toda la misión de Jesús: el Espíritu Santo.

-Sin Él, sin Pentecostés, nuestras obras pueden ser muchas, pero sin calado eterno. Es como aquel arquitecto que diseñaba y levantaba un gran edificio, pero no lograba su propósito de alcanzar el cielo ni que, en el interior de su construcción, los moradores estuvieran cómodos.

-Pentecostés nos eleva y nos comunica la fuerza de Dios para cimentar su Iglesia. Nos empuja para que no nos detengamos por los caminos ante las dificultades con las que choca nuestro deseo de evangelizar.

-Pentecostés nos hace buscar y anhelar más lo que nos une que aquello que nos separa. Si Dios es amor, el Espíritu Santo, nos comunica ese potencial de adhesión a Cristo y, desde Cristo, a los hermanos.

-Pentecostés es vida espiritual. No podemos subsistir sin el Espíritu de Dios. Estamos muy acostumbrados a vivir según las medidas del mundo que hemos olvidado ese gran tesoro que Jesús nos transmite: su Espíritu Santo ¿Por qué esa separación entre vida espiritual y vida activa? ¿No sería bueno llevar a cabo nuestras acciones apostólicas, políticas, económicas, sociales, lúdicas…sin olvidar lo qué somos y a qué aspiramos?

-Pentecostés, además, es llamada a la humildad. No podemos transformar las estructuras del mundo (las de nuestra familia, escuela, pueblo, ciudad, parroquia) o las nuestras personales, con nuestro propio esfuerzo o criterio. Sólo con el Espíritu lograremos alcanzar aquello que urge una renovación o un cambio.

2.- Hoy damos gracias a Dios por la Iglesia. No es una mera dispensadora de Sacramentos. Mucho menos una estación de servicios (aunque algunos la vean o la utilicen de esa forma). La Iglesia se renueva y está constantemente preñada por la presencia del Espíritu Santo. En Él está su fuerza, su potencial, su riqueza y su motor para seguir anunciando que Jesús es el Señor, principio y fin de todo.

-Sobran en nuestra Iglesia muchas palabras (a veces hasta sacramentos no dignamente celebrados) y hacen falta profetas. Hombres y mujeres, de carne y hueso, que sin temor y con atrevimiento anuncien que Cristo sigue vivo. Que no es Alguien que quedó en el ayer.

-Sobran desafinamientos y desatinos (que merman nuestros afanes apostólicos) y es necesario personas que cuenten y canten la vida, muerte, pasión y resurrección de Cristo.

-Sobran lamentos, críticas y, con el Espíritu, se precisa de manos dispuestas a curar heridas, a cerrar grietas por las que se desangra muchas veces nuestra comunión, nuestra fraternidad.

-Sobran regidores, funcionarios, asalariados y hace falta gente que, sin sentirse ni gobernados ni sumisos, pongan al servicio de la comunidad, de la Iglesia, todos los talentos y carismas, dones y aptitudes que el Espíritu nos ha concedido. Hoy, nuestra Iglesia, más que dinámicas, reuniones, proyectos o planes pastorales necesita interrogarse sobre si, al Espíritu Santo, le dejamos el espacio debido y suficiente para que Él sea artífice, principio y fundamento de todo lo que hacemos, pensamos, soñamos o decimos.

En plena crisis económica, por lo menos aquí en España, necesitamos un soplo del Espíritu que nos conceda un poco de paz y de calma (no solamente en los bolsillos). Que ÉL nos conceda ese oasis de felicidad y de ternura, de sosiego y de optimismo, de futuro y de bienestar espiritual y material que tanto necesitamos.

¡Ven, Espíritu Santo y llena nuestra vida de la presencia de Dios!

4.- PORQUE SÓLO TÚ, ESPIRITU SANTO

Eres soplo en el espinoso camino de la fe

avívanos y condúcenos para que, lejos de desertar,

seamos altavoces permanentes del amor de Dios.

PORQUE SÓLO TÚ, ERES LA VERDAD

 

Atráenos a la claridad de la Palabra de Jesús

y así, con ella y por ella,

regresemos de la oscuridad del error.

PORQUE SÓLO TÚ, ERES FUEGO

 

Consume la leña de nuestro orgullo y cerrazón

para que, abriéndonos con lo que somos y tenemos,

brindemos al Señor nuestros dones y nuestro ser.

PORQUE SÓLO TÚ, ERES IMPULSO CREADOR

 

Muda nuestras acciones humanas en divinas

nuestras ideas en frutos de santidad

y, la siembra de nuestras manos y de todo esfuerzo,

en proyecto de un mundo nuevo con Dios.

PORQUE SÓLO TU, ERES ALIENTO DIVINO

 

Enciende nuestros senderos inciertos

Acompáñanos en las soledades y encrucijadas

Levántanos de las caídas y tropiezos

Sálvanos del maligno que amenaza lo divino

Aconséjanos en las decisiones e incertidumbres

PORQUE SÓLO TÚ ERES FUERZA

 

Infúndenos valor para evangelizar sin timidez alguna

Impúlsanos coraje para defender nuestra fe

 Provócanos serenidad para no responder con violencia

Inyéctanos conocimiento para comunicar a Dios

Engéndranos coherencia para vivir según lo que creemos

Infúndenos testimonio para que otros vean lo que sentimos

Fecúndanos paciencia para no sucumbir ante las pruebas

 

PORQUE SÓLO TÚ, ERES VOZ DE DIOS

Que seas, hoy y siempre, en el presente y futuro

mano tendida y abierta

en esta nuestra hora evangelizadora

Amén.


5.- PENTECOSTÉS, JORNADA DE RENOVACIÓN

Por Ángel Gómez Escorial

1.- El Espíritu Santo mantiene la actividad de la Iglesia y en nuestro propio esfuerzo de santificación o de evangelización. Y los textos de la Misa del Día de hoy nos ayudan a entenderlo. Aparece la Secuencia del Espíritu, texto maravilloso, utilizado también como himno en la Liturgia de las Horas y que es, sin duda, una de las composiciones litúrgicas más bellas que se conocen. El relato de los Hechos de los Apóstoles es de una belleza y plasticidad singulares, el viento recio, las lenguas como de fuego, la capacidad para hacerse entender en diversas lenguas e, incluso, el comentario asombrado de quienes escuchan. Y es que el prodigio acaba de comenzar y este prodigio continúa vivo. La respuesta al salmo es también de una gran belleza y portadora de esperanza: "Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra". La faz de la tierra tiene que ser renovada en estos días malos. San Pablo va a definir de manera magistral que hay muchos dones, muchos servicios muchas funciones, pero un solo Espíritu, un mismo Señor y un mismo Dios. Es una gran definición Trinitaria enmarcada en la vida de la Iglesia. El Evangelio de San Juan nos completa el relato. Será Cristo resucitado quien abra a los Apóstoles el camino del Espíritu. Les dice: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos". Y se muestra, asimismo, la capacidad de la Iglesia para el perdón de los pecados. Cristo acaba de instituir el Sacramento de la Penitencia. El camino, pues, de la Iglesia queda abierto. La labor corredentora de los Apóstoles y de sus sucesores está en marcha.

2.- Pero hay otra realidad. Jesús se ha marchado. Ha ido al cielo. Y cumple lo que había prometido: envía al abogado, al Paráclito, al Espíritu. Este Espíritu de Dios va a cambiar profundamente a los Apóstoles y va a poner en marcha, a gran velocidad, a la naciente Iglesia. Y ese, a nuestro juicio, va a ser el gran milagro de la Redención, superior --si se nos permite-- a los grandes signos que el Señor Jesús realizó sobre la faz de la Tierra. Unos cuantos jóvenes temerosos, que habían asistido --desperdigados-- a la ejecución de Jesús, asisten, todavía, llenos de dudas al prodigio de la Resurrección y de la contemplación del Cuerpo Glorioso. Van a preguntar a Jesús, todavía --lo leíamos el domingo pasado--, "si va a restablecer el Reino de Israel". No se percatan de la grandeza de su misión, ni de lo que significa la Resurrección de Jesús. El Espíritu va a cambiarlos, profunda y radicalmente. Y así, de manera maravillosa, va a comenzar la Iglesia su andadura. Y cómo llama la atención el efecto del Espíritu Santo que inundó a los primeros discípulos y que narran los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de Pablo. Lucidez, entrega, valentía, amor, exhiben los Apóstoles en esos primeros momentos.

3.- Puede decirse que ya, en un momento de nuestra conversión, tenemos todos los conceptos básicos en nuestra mente. Y poco a poco esos conceptos se van haciendo más claros para situarse en la realidad de nuestros días, pero también en lo más profundo de nuestro espíritu. Hay percepciones muy interesantes y "explicaciones" internas a muchas dudas. Existe pues una ayuda exterior, clara e inequívoca que marca esa presencia del Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos renueva por dentro y por fuera. Está cerca de nosotros y lo único que tenemos que hacer es dejarle sitio en nuestra alma, en nuestro corazón.

4.- También, la promesa de la renovación de la faz de la tierra es importante. En estos tiempos en los que la mayoría del género humano ha aprendido a ser ecologista, sí que se le podía pedir al Espíritu que renovara la faz del planeta para terminar con toda contaminación y agresión. Contaminar es sucio --lo contrario a puro-- y agredir es violencia, lo opuesto al sentido amoroso de la paz que nos comunica el mensaje de Cristo. El Día de Pentecostés es la jornada de la renovación, de la mejora, del entendimiento y tiene que significar un paso más en la calidad de nuestra conversión. El, el Espíritu nos ayuda. Y debemos oírle y sentirle, uno a uno; no solo en las celebraciones comunitarias en las misas de hoy, si no en nuestro interior.

5.- Y la Iglesia celebra la Jornada de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Es el día de los laicos y de su misión. La Acción Católica es una benemérita institución creada hace muchos años y que ha facultado la incorporación de los laicos a las tareas de la evangelización de la Iglesia. Pero, obviamente, la jornada está dedicada también a otros muchos movimientos de seglares que trabajan por la extensión del Reino de Dios en inteligencia y cercanía de la Iglesia católica. Todos los laicos que, de una forma u otra, trabajamos en expandir la Palabra de Dios debemos festejar este día y buscar, en lo personal y en lo comunitaria, fórmulas que mejoren la evangelización de nuestra sociedad, tal vez cada vez más alejada del pensamiento de Cristo. Sinceramente, es un día para reflexionar en profundidad sobre todo ello. Y es que, sin duda, Pentecostés es jornada de renovación, gracias al Espíritu que todo lo hace nuevo.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


MANIFIESTO DE PENTECOSTÉS

Por Pedrojosé Ynaraja

En esta ocasión, mis queridos jóvenes lectores, no os redacto una homilía. Se me ha ocurrido ofreceros lo que yo mismo siento pensando en el próximo Pentecostés. Se me ocurrió redactar para mí mismo y para Dios, un mensaje que brotaba de mi interioridad, inundaba mi interioridad y tenía ganas de darlo a conocer. Con ello mi gozo sería más pleno. Os lo adjunto tal como lo siento precipitadamente hoy. Suprimo mis datos personales y dejo que cada uno escriba o piense los suyos y desde ellos redactar en su corazón su mensaje honesto dirigido al Dios único, puesta su mente en la Persona del Paráclito.

Por libre y bondadosa magnanimidad de Dios y la generosidad ilusionada de mis padres,          el día……de…..de….nací en…..                .

Consecuente mi familia con su grandeza espiritual, fui conducido al seno de la Iglesia y bautizado el…..del mismo mes y año, en la parroquia de…..

Recibí la Confirmación en la iglesia de……de….. el…..de…..de…...

Empecé por primera vez a Comulgar el….de….de….en la iglesia de…...

Ocho días antes había recibido el perdón sacramental de mis pecados, muchas veces más lo he recibido durante mi vida, seguramente más de las 70 veces 7 que dijo el Señor.

(Habiendo empezado a conocer inicialmente el enamoramiento y acabado el bachillerato, satisfecho de la vida familiar en la que hasta entonces había crecido en edad, ciencia y Gracia, decidí encaminar mi vida por la senda del Sacerdocio y fui ordenado el 17 de marzo de 1956)

Como podéis suponer el párrafo entre paréntesis corresponde exclusivamente a mí persona, que cada uno se exprese según su realidad. Pero no he querido ocultaros un poquito de la mía.

Estos son los cimientos de mi realidad cristiana. Dios ha ido sembrando semillas de Amor en el transcurso de mi vida. Pretender entender o comprender a Dios, es querer dominarle, ya que conocer es siempre, de alguna manera, dominar. Hay que aceptar reverentemente el misterio divino. Me siento amado, muy amado por el Señor y constatarlo suministra a mi espíritu la suficiente felicidad para desear continuar viviendo.

No han faltado dificultades y percances. Ninguno fatal. Espero continuar de igual manera.

Dios es misterio, vuelvo a afirmarlo. Conocemos lo que de Él mismo nos desvela y somos capaces de entender. Se revela a cada uno en particular, es como un susurro espiritual. A la humanidad también y queda constancia en la Palabra y la Tradición.

La historia de la Salvación es en primer lugar el descubrimiento de Dios-Padre creador. Hoy le agradezco mi existencia. Enterarme y unirme a Dios-Hijo-Jesús lo experimento en el estudio, la oración y los sacramentos. El Gozo pleno, la Esperanza, la Vida es obra del Espíritu Santo, que llena a rebosar mi interior.

La sociedad humana, poco a poco descubre y celebra. Al pueblo escogido colectivamente también. El judío con sus fiestas. El cristiano lo actualiza periódicamente en el año litúrgico.

Este momento del año y del ciclo, recuerda grandes vivencias que aun siguen vigentes. La fiesta agrícola de las primeras espigas de trigo, la experiencia del Éxodo, y la Ley en el Sinaí, la Tierra Prometida. (Son las fiestas Las fiestas de Shavuot del pueblo judío

El Cristiano, miembro fiel de la Iglesia, recuerda, celebra y actualiza, la más solemne y  desbordada efusión de Espíritu en Jerusalén y yo siendo integrante de ella, Santa Madre, reconozco que en mi vida, su efusión hoy y siempre la enriquecerá.

He experimentado en mi existencia muchos desaciertos que reconozco son consecuencia de haber querido hacer tantas cosas yo solo y del freno que mis pecados retrasaban cualquier iniciativa o que tal vez la viciaban.

Yo solo, sin contar con la ayuda de la Gracia que el Espíritu envía y que tantas veces he ignorado. Reconozco que debo tener siempre presente su ayuda, y ser más humilde en la en la imaginación de mis proyectos.

He olvidado, y no debe ser así, que el Señor, maestro nuestro personal nuestro, nos quiere unidos, no individualistas, ni envidiosos, ni orgullosos, ni independientes. Debo siempre sentirme sometido a Dios y a los hombres. La salvación no es cosa exclusivamente mía, el Señor quiere que sea obra de todos, en el seno de la su Iglesia.

Tal como soy hoy en día, mis realidades defectuosas, son consecuencia de mi individualismo, también mis fracasos, mi pérdida de esperanza, mi desanimo, mi tibieza espiritual, mi falta de piedad.

Pero hoy, día de Pentecostés, deseo que se actualice, que empape mi interior aquella obra prodigiosa del Espíritu que nos relata la Palabra de Dios que ha llegado hasta nosotros. Sé que si cuento con Él, seré capaz de poner en práctica el programa de colaboración que tiene preparado para mí. Un programa que podré realizar con entusiasmo juvenil.

Quiero ser humilde y tantas veces he sido presumido, quiero sentir esperanza y tantas veces me he hundido en el desánimo, quiero ser joven y tantas veces mis labores son propias de viejos apergaminados.

No quiero dejar de lado al Espíritu, espero que Él perdone mi orgullo, mi olvido, mi desconfianza.

Hoy  Pentecostés, quisiera que mi ánimo se rejuveneciera y conservase la ingenuidad del niño que fue recibiendo en la Iglesia el día del bautismo, sin demasiado conocimiento, la Gracia sacramental empero obraba y me armaba de tal manera que estuviera dispuesto y preparado, para cuando de mayor, la intervención del demonio me asediara.

Hoy Pentecostés del año….me siento capaz de ser santo, no debido a mis buenas cualidades, que son muy pocas, sino más bien porque contaré con su eficaz ayuda. Me creía que tenía derecho a todo,  siendo así que muy poco de mí mismo aportaba.

Con la ayuda del Espíritu Santo, sé que podre sentirme responsable de mis hermanos, y nunca revestirme de Caín, sé que podré aliviar sus sufrimientos, de preocuparme por su Fe, de conservar siempre actitud misionera con quien sea y donde quiera.

Gracias Padre omnipotente creador

Gracias Hijo salvador

Gracias Espíritu defensor y animador

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Firmado por mí….en ….el día….

(Tal vez me digáis, mis queridos jóvenes lectores, que es un manifiesto demasiado largo y cerebral. No dudo que podáis tener razón. Os ofrezco con ilusión mis divagaciones al respecto, esperando que algunas por lo menos, os sean útiles. Rellenad los lugares vacíos con vuestros datos personales. Tachad o subrayad. Depositadlo en el sagrario o guardadlo en vuestro recóndito rincón de intimidades. Ojalá os sea útil a algunos. Con prisa lo he redactado. Para uso mío estoy seguro que lo corregiré, hacedlo vosotros también, si queréis que os siente a medida)