XVI Domingo del Tiempo Ordinario
22 de julio de 2018

La homilía de Betania


 

1.- Y TÚ ¿QUÉ GANAS?

Por Javier Leoz

2.- SEAMOS BUENAS OVEJAS DE CRISTO Y BUENOS PASTORES DE LOS DEMÁS

Por Gabriel González del Estal

3.- “¡VENID A UN SITIO TRANQUILO!”

Por Antonio García-Moreno

4.- JESUCRISTO NOS DA LA PAZ Y EL SOSIEGO

Por José María Martín OSA

5.- EL SOSIEGO INTERIOR

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


AMAR APASIONADAMENTE

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- Y TÚ ¿QUÉ GANAS?

Por Javier Leoz

1.- Le preguntaba un amigo a otro que salía de una iglesia de rezar: ¿Qué ganas tú rezando? El interpelado, sinceramente y sin timidez alguna, le respondió: no sé lo que gano, pero pierdo odio, vanidad, falsedad, envidia, prisas, agobios, estrés e hipocresía. No sé lo que gano en este lugar tranquilo que es la iglesia, pero, sólo sé, que cuando voy pierdo soberbia, tacañería, debilidad, confusión y soledad

Con el Evangelio en la mano de este domingo, caemos en la cuenta no sólo de lo que ganamos marchando agarrados a la mano de Cristo sino, además, de lo mucho y malo que dejamos de lado cuando –en este lugar apartado de la misa dominical- nos despojamos de todo lo peor de nosotros mismos para revestirnos de todo lo mucho y bueno que Dios nos da. ¿Gana algo la ropa al llevarla a la tintorería? En principio, más que ganar, pierde suciedad y recupera esplendor.

2.- Nunca como hoy la gente se mueve de un lado para otro buscando paz y tranquilidad. Asciende el montañero a las cumbres, se adentra en el mar el navegante, se arriesga entre los acantilados el aventurero y, otros tantos, buscan en agencias o en las redes sociales, esferas donde librarse de la vorágine que nos destruye o nos enerva ¿Nos hemos parado a pensar que las humedades de las paredes no se atajan desde fuera sino desde el interior de las mismas? ¿Nos damos cuenta que, un árbol enfermo en su tronco, no hay que curarlo en su corteza sino desde su raíz?

3.- El ámbito tranquilo de Jesús de Nazaret no es precisamente la oferta que nos ofrece el mundo para un descanso puntual y necesario. ¡Va mucho más allá! El descanso que nos ofrece Jesús es desde dentro hacia fuera. No es un descanso de hamaca sino de corazón. No es un relax de playa sino de alma. No es un silencio sin ruido sino ausencia del “yo” que es problema de muchas de nuestras dificultades, distanciamientos, malos entendidos y soledades.

-Descansar con Dios es saber que su Palabra siempre tiene una respuesta para cada momento

-Apoyarnos en el Señor es caer en la cuenta de que, muchas de nuestras infelicidades, es porque seguimos a líderes que nos llevan por donde quieren, pero no por dónde nos conviene

-Fiarnos de Jesús es no entender la fe como simple ocio. Como una escala de sacramentos que vamos quemando a nuestro antojo según, cómo y cuándo. Es vivir la fe con una convicción: vivir como Cristo, pensar como Cristo y actuar como Cristo.

4.- El gran peligro que actualmente se da en la vida de millones de cristianos es ese: que vivimos la fe no como un lugar donde se recupera nuestra alma, nuestro cuerpo, nuestra salud mental o espiritual, sino que, por el contrario, la experimentamos de una forma ociosa. Como si se tratase de un juego, de una ganancia simple o de un quedar bien. Nunca la fe oportunista ha sido buena. Engañaremos con nuestras apariencias, pero, a Dios, no se la damos.

Teniendo estos lugares tan tranquilos ¿por qué optamos por paisajes aparentemente idílicos, pero con consecuencias imprevisibles para las personas?

5.- ¿QUÉ GANO O PIERDO REZANDO?

Gano en paz, pierdo violencia

Gano generosidad, pierdo tacañería

Gano en compañía, pierdo soledad

Gano valor, pierdo cobardía

Gano cielo, pierdo tierra

Gano ilusión, pierdo tristeza

Gano fe, pierdo incredulidad

Gano esperanza, pierdo apatía

Gano hermandad, pierdo egoísmo

Gano humildad, pierdo vanidad

Gano sinceridad, pierdo mentira

Gano transparencia, pierdo suciedad

Gano autenticidad, pierdo falsedad

Gano a Dios, pierdo al demonio

 

No es cuestión de saber

lo qué gano rezando sino lo mucho y malo

que pierdo rezando.

Ese lugar, el más tranquilo, es Dios

Ese lugar, el más seguro, es Cristo

Ese lugar, el más indicado, es el Espíritu

Ese lugar, el más garantizado, es la fe


2.- SEAMOS BUENAS OVEJAS DE CRISTO Y BUENOS PASTORES DE LOS DEMÁS

Por Gabriel González del Estal

1. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado… Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Todos los cristianos debemos sentirnos, interior y exteriormente, buenos discípulos, buenas ovejas, de nuestro único pastor, que es Cristo. Cristo debe ser para nosotros nuestro único camino, nuestra única verdad y nuestra única vida. Es evidente que, a lo largo de nuestra vida, tenemos otros guías y maestros, como son nuestros padres y educadores, pero cuando ya somos personas cristianas adultas y responsables debemos considerar a Cristo como nuestro único pastor, el que nos marca, en cada caso concreto, el camino que hemos de seguir, la verdad en la que debemos creer y la única vida que debe vivir plenamente dentro de nosotros. Pero no debemos olvidar que también cada uno se nosotros somos en muchas ocasiones pastores y guías de otras personas. Como padres, o como educadores, o como amigos, o simplemente como compañeros de las personas con las que convivimos. Todos, queramos o no, influimos en las personas con las que nos relacionamos. Y si queremos ser buenos cristianos debemos de intentar influir en ellos también cristianamente en los demás. Con nuestras palabras y con nuestro ejemplo. Sobre todo, de aquellas personas a las que veamos, de una manera o de otra, descarriadas, es decir, apartadas del único pastor verdadero que es Cristo. Debemos hacerlo siempre con amor y con mansedumbre, no pensando principalmente en nuestro propio bien, sino pensando siempre en el bien de esas personas a las que consideramos apartadas de Cristo. Con nuestras palabras y con nuestro ejemplo, como ya hemos dicho, y también con nuestra oración. Las personas que seguían tan ansiosamente a Jesús lo hacían porque veían en él un auténtico guía y un auténtico pastor. Que cuando los demás nos ven a nosotros, nos vean también así: como a personas interesadas sinceramente por su bien, por el bien que Cristo vino a traernos a todos.

2. Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño… Mirad que llegan días en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. El profeta Jeremías se queja amargamente de los reyes y autoridades de Israel que gobiernan pensando en su propio bien, no en el bien de las personas gobernadas por ellos. Le dice al pueblo que no se desanime, porque Dios suscitará un vástago legítimo que hará justicia y derecho en la tierra. También nosotros tenemos en nuestro tiempo motivos suficientes para quejarnos de nuestras autoridades, pero no olvidemos que estas autoridades han sido autoridades elegidas por nosotros mismos. Por eso tenemos una gran responsabilidad en la elección democrática de los que nos van a gobernar. En esta sociedad de partidos políticos en la que nosotros vivimos, los votantes tenemos la grave obligación de votar al partido que mejor vaya a defender las verdades cristianas que nosotros defendemos.

3. Hermanos: ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. San Pablo les dice a los cristianos de Éfeso que Cristo con su vida y con su muerte ha unido a los judíos con los gentiles. Ya no hay distinción entre unos y otros por motivos del cumplimiento de la ley mosaica; a partir de ahora es la fe y la creencia en Cristo lo que une a los dos pueblos. Esto mismo es lo que debemos hacer ahora los cristianos en nuestras relaciones con personas que pertenezcan oficialmente a otras religiones, o a otros pueblos. Todas las personas que crean en Cristo son hermanos nuestros. En nuestros deseos de ecumenismo no debemos fijarnos tanto en los ritos que nos separan, sino en la fe que nos une. Cristo debe ser nuestra paz, nuestra amistad verdadera, con todos los que desean vivir según el evangelio de Cristo El actual Papa Francisco debe ser, en este tiempo, nuestro modelo religioso.


3.- “¡VENID A UN SITIO TRANQUILO!”

Por Antonio García-Moreno

1.- ¡AY DE LOS MALOS PASTORES! -Queramos o no, el hombre tiene mucho de borrego. Porque de borrego es dejarse llevar por donde quieren los demás, formar rebaño, cuando no piara; caminar sin pensar a dónde, yendo detrás de los que van delante. Dice un refrán popular cargado de filosofía: "¿Dónde va Vicente? Donde va la gente". Y así vemos muchedumbres que aplauden o silban sin pararse a pensar, sin discernir, sin plantearse, de modo general, si vale la pena el hacer una cosa u otra.

Por eso los que hacen cabeza tienen una grave responsabilidad. Sus decisiones tienen una repercusión insospechada, unas consecuencias inauditas. Pueden conducir a los pueblos a la paz o a la guerra, a la prosperidad o a la pobreza, a la vida de gracia o al pecado, a la tranquilidad o a la desesperación.

De ahí que Dios clama con voz fuerte y con acento amenazador contra los malos pastores, los que dividen, los que alejan a las ovejas del buen camino, los que son ocasión de pecado para otros, los que se comen la carne o roban la lana del rebaño. ¡Ay de vosotros, malos pastores!, ¡día llegará en que rindáis cuenta de vuestro egoísmo, de vuestra ambición, de vuestra sensualidad, de vuestra soberbia, de vuestras mentiras!

Tu voz, Señor, nos llena el alma de esperanza en medio de este ir y venir, de este desconcierto que nos aturde. Tus palabras serenan las aguas turbulentas de nuestra vida. Queremos oírte, escucharte, seguirte. Ser tus ovejas, las que conocen el timbre de tu voz. Por esto queremos ser de la verdad, odiar la mentira, ser sinceros, humildes para reconocer nuestra miseria y refugiarnos en tu infinita bondad.

De todos los países reunirás tu rebaño. Ese rebaño que anda por todos los caminos de la tierra sin un rumbo fijo, cansino y doliente. Haznos ovejas de tu grey, condúcenos a tu redil, ese que sólo tiene un pastor. El Buen pastor que busca el bien de las ovejas, el que da la vida por los suyos y la muerte. El que nos da la resurrección, la gloria sin fin.

Tu voz sigue resonando en el fondo de nuestro corazón asustado: "Las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las pastoreen: ya no temerán ni se espantarán y ninguna se perderá. Mirad que llegan días -oráculo de Yahvé- en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro...". Sigue, Señor, sigue hablándonos al corazón, llenando de luz nuestra vida en sombras.

2.- LAS VACACIONES DE CRISTO. - Nos habla hoy el Evangelio del descanso de Jesús y sus discípulos. Enmarque propicio para el tiempo de vacaciones que muchos viven durante los días del verano. "Venid vosotros solos --dice a sus apóstoles-- a un sitio tranquilo para descansar un poco". Eran tantos los que iban y venían que ni tiempo les quedaba para comer. Este hecho justifica por sí mismo unas buenas vacaciones, necesarias para recuperar fuerzas, para enriquecerse con otras actividades que distraigan y entretengan.

Porque eso sí, las vacaciones no pueden ser una ocasión para la pereza y la ociosidad. Hay que pensar que el tiempo que nos da Dios siempre es poco y hay que aprovecharlo lo mejor que podamos. Por eso no se trata de no hacer nada, sino de hacer otra cosa. Ante todo, al tener más tiempo libre, un cristiano ha de pensar un poco más que de ordinario en cultivar su espíritu, en fomentar la vida interior, en acercarse más a Dios.

Ha de considerarse también que las vacaciones son una buena ocasión para dedicar más tiempo a los demás, en especial a la familia, a los amigos. Y luego desarrollar esas otras actividades que contribuyen a relajar nuestro cuerpo y nuestro espíritu: la práctica de nuestro deporte favorito, la lectura de un buen libro, la audición tranquila de la música que nos gusta, etc.

Cuántas cosas se pueden, y se deben hacer en vacaciones. Lo que de ninguna forma puede ocurrirnos, es que nos aburramos. Eso denotaría una pobreza lamentable de imaginación. Por último, recordemos que somos hijos de Dios y portarnos como tales no admite interrupción. Es decir, para ser honrados y honestos, no hay vacaciones. Nuestra condición de cristianos ha de ser algo inherente y constante en nosotros mismos.


4.- JESUCRISTO NOS DA LA PAZ Y EL SOSIEGO

Por José María Martín OSA

1.- El reinado de la justicia y la salvación. El texto de Jeremías es un oráculo mesiánico que denuncia la ineptitud y corrupción de los reyes de Judá, pero al mismo tiempo anuncia la restauración de la dinastía de David. Dios eligió a David y "le sacó de los apriscos del rebaño; de andar tras las ovejas lo llevó a pastorear a su pueblo”. A diferencia de David, muchos de esos reyes han extraviado al pueblo en vez de encaminarlo. Nabucodonosor ha destronado a Jeconías y ha impuesto como rey a Sedecías. Aunque es de estirpe davídica, su legitimidad de hecho se apoya en el favor de Nabucodonosor. Jeremías anuncia la caída del débil rey y denuncia los abusos de los malos pastores. Dios cumplirá su promesa de modo nuevo y con una intervención personal. Primero salvará "el resto", o sea, la continuidad del pueblo de la alianza. Después, frente al sucesor ilegítimo. Dios suscita a David un "vástago legítimo", es decir, "justo". Ese vástago de David estará al servicio de la "justicia y el derecho", cosa que no ha cumplido Sedecías, y unificará Israel con Judá en un reino de paz. Frente al nombre impuesto por Nabucodonosor, que no responde a la realidad, el vástago llevará un nombre auténtico, aclamado por todo el pueblo: "El Señor es nuestra justicia". La repatriación prometida no es más que el anticipo y el anuncio de los tiempos mesiánicos en los que, al fin y de una forma imprevisible, todo llegaría a su cumplimiento en Jesús, el Hijo de David, el Buen Pastor. El Mesías será descendiente de David, será rey para establecer el reinado de la justicia y traer así la salvación.

2.- El Salmo que nos da paz. Merece la pena observar los rebaños de ovejas que pastan en nuestros campos. Retozan a placer, pacen a su gusto, descansan a la sombra. Nada de prisas, de agitación o de preocupaciones. Ni siquiera miran al pastor; saben que está allí, y eso les basta. Libres para disfrutar prados y fuentes. Alegres y despreocupadas, las ovejas no calculan ¿cuánto tiempo queda? ¿adónde iremos mañana? ¿bastarán las lluvias de ahora para los pastos del año que viene? Las ovejas no se preocupan, porque hay alguien que lo hace por ellas. Las ovejas viven de día en día, de hora en hora. Y en eso está la felicidad. Hemos recitado en el Salmo “El Señor es mi pastor”. Sólo con que yo llegue a creer eso, cambiará mi vida. Se irá la ansiedad, se disolverán mis complejos y volverá la paz a mis atribulados nervios. Vivir de día en día, de 'hora en hora, porque él está ahí. El Señor de los pájaros del cielo y de los lirios del campo. El Pastor de sus ovejas. Si de veras creo en él, quedaré libre para gozar, amar y vivir. Libre para disfrutar de la vida. Cada instante es transparente, porque no está manchado con la preocupación del siguiente. El Pastor vigila, y eso me basta. Es bendición el creer en la providencia. Es bendición seguir las indicaciones del Espíritu en las sendas de la vida.

3.- Unidad en el amor. Estamos muy acostumbrados a los extremismos clasificatorios: buenos y malos, amigos y enemigos, progresistas y conservadores, nacionalistas y separatistas, etcétera. Algo parecido pasaba en la Iglesia primitiva: lo normal era pensar y actuar según la gran división religiosa: judíos y gentiles. La lectura de la carta a los Efesios viene a corregir nuestras apreciaciones y a darles su verdadera perspectiva cristiana. Al mundo hay que mirarlo desde la perspectiva del sacrificio salvador de Cristo. En su Sangre ya no hay ni cerca ni lejos, ni buenos ni malos, ni judío ni gentil; sino sólo un único pueblo de hermanos, unidos por la misma sangre de Cristo, por el mismo amor del Padre común. Cristo es nuestra paz y fuente de nuestra unidad. Nuestra celebración eucarística tendrá que significar una muerte a las divisiones internas y externas, y una vida nueva de unidad y amor.

4.- Necesitamos un pastor que nos llame. Jesús es Dios con nosotros y delante de nosotros, el único Pastor, el Buen Pastor que reúne a las ovejas descarriadas: "Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma". También hoy anda la gente desorientada, también hoy caminamos por el mundo como ovejas sin pastor. Cada vez tenemos más problemas y menos soluciones: ¿Qué debemos creer? ¿qué debemos hacer?; ¿a qué debemos atenernos y a quién podemos hacerle caso? El contraste de pareceres nos confunde, y vemos que ni tan siquiera los curas se ponen de acuerdo; ahora vivimos desamparados, y la pregunta nos acosa por todas partes. Esto nos da vértigo y nos produce angustia y desasosiego, porque no estamos acostumbrados a vivir a la intemperie de tantas opiniones y tan contradictorias. En esa situación es comprensible que algunos, quizás demasiados, sientan nostalgia de las viejas seguridades. Y esto es altamente peligroso para la verdadera libertad, porque el miedo y la angustia es el mejor caldo de cultivo de la demagogia. Muchos, no pudiendo aguantar por más tiempo la desorientación y la duda y no atreviéndose a buscar la verdadera seguridad en Dios, se pierden adhiriéndose de nuevo a cualquier pastor. Tengamos calma y escuchemos atentos al Señor que nos habla con calma. Cuando todas las verdades parecen cuestionables, cuando no hay quien encuentre el camino, cuando la vida se convierte en problema..., Jesús nos dice: "Yo soy la Verdad, el Camino y la Vida".


5.- EL SOSIEGO INTERIOR

Por Ángel Gómez Escorial

1- Vuelven los discípulos de su periplo misionero. Jesús quiere que descansen. Les busca un sitio apartado y tranquilo. Pero las multitudes desamparadas le buscan y Él se pone a enseñarles con paciencia y calma. No hay tiempo para, ni siquiera, comer tranquilamente con sus discípulos. Y eso es reflejo de la actividad de muchas comunidades eclesiales. Hay tanto trabajo, hay tanta oveja sin pastor que no hay tiempo ni siquiera para el descanso. Habrá otras comunidades, no obstante, que, anquilosadas por la rutina, no se tengan sensación de esa presión humana. Y, tal vez, ese “no hacer nada” sea un síntoma de que las cosas van mal. El único sosiego posible en el apostolado es el interior.

2.- Tiene el relato de San Marcos un panorama íntimo, de comienzo de encuentros entre amigos. Jesús sabe que el periplo de los Apóstoles ha sido difícil y fatigoso y quieres proporcionarles un cierto descanso. Además, es lógico que entre ellos cambiaran impresiones. Los discípulos deberían llegar fascinados por el poder que se les ha dado. Han podido someter a los espíritus inmundos y han conseguido sanar a la gente, contribuir a su felicidad. Han de tener esos enviados especiales que su Maestro es algo muy especial, “que no es de este mundo”. Pero la realidad se impone. No es posible el descanso. Hay muchos hermanos que los necesitan. El sentido entrañable que Jesús comienza a manifestar a sus amigos, a sus discípulos más cercanos, es superado por las necesidades reales de toda una multitud. Y así hemos de darnos cuenta que este fragmento de Marcos es uno de los más interesantes de todo el relato evangélico. Marca la verdadera dimensión del trabajo apostólico.

3.- La liturgia de este día construye con sabiduría todo un conjunto doctrinal de paz y búsqueda de sosiego. Pablo nos habla de concordia. Nos comunica la existencia de un lugar de paz donde antes había un espacio pleno de odio. A su vez, el salmo 22 habla también de reposo mientras que Dios nos pastorea entre bellos paisajes. Es uno de los salmos más hermosos. Nos muestra un camino cercano a Dios lleno de belleza y quietud. No viene mal, cuando estamos inquietos, preocupados o agobiados, recitar los versos de este Salmo 22 en buscada de paz. En la primera lectura, el texto de Jeremías nos ofrece la paz del rebaño bien atendido. Jesús, tal como decíamos, va a querer encontrar un rato de charla sosegada con sus apóstoles. Es muy hermoso. Pero no es una invitación al descanso, ni aún para nosotros, durante el verano del hemisferio norte. Hay ovejas sin pastor que tiene necesidades y hay que enseñarlas con calma. Y es que, tal vez, la paz no es descanso en el sentido del ocio absoluto que tenemos la mayoría en estos tiempos. La paz es la serenidad que no fatiga, la limpieza interior que produce sosiego. La presencia de Dios en nosotros trae paz, quietud, serenidad, amor, solidaridad.

4.- Desde la paz ofrecida por Cristo a los que volvían del trabajo y la enseñanza calmada --que también obsequió a quienes se sentían como ovejas sin pastor-- el mundo se entiende mejor. Ojalá las sociedades humanas sean cada vez más pacíficas y más fraternas. Ojalá, asimismo, resuelvan sus problemas, incluso los de naturaleza sangrienta, con la paz, la unanimidad y la fuerza de la razón. Ese es el camino hacia la profecía pacifica de Isaías, hacia el Reino de los Cielos. Pero esa situación que parece totalmente utópica debería tener sitio en nuestro corazón y nuestra esperanza. Si buscamos paz tendremos paz. Si buscamos violencia y guerra, las encontraremos finalmente.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


AMAR APASIONADAMENTE

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Me apasiona el profeta Jeremías por la pasión que pone tanto cuando habla de sí mismo, como cuando se dirige a los demás. Algo semejante se puede decir del Maestro. Si machaconamente he repetido lo de pasión, mis queridos jóvenes lectores, es porque me irrita soberanamente, la pasión que muchos de nuestros contemporáneos ponen militando en política con fervor religioso y, evidentemente, olvidándose de su dimensión sobrenatural que es lo más sublime que puede envolver a la personalidad humana, acudiendo a competiciones deportistas con entusiasmos asombrosos o acompañándose apasionadamente de animales, a los que no les falta ninguna muestra de cariño. Y dale con la pasión, diréis, pues no me arrepiento de la redundancia.

2.- El pueblo hebreo es desde sus orígenes gente beduina, pastoril, ganadera, como queráis llamar a su situación que, en aquel tiempo era muy diferente a la que podáis vivir vosotros ahora. Recibe un injerto de agricultor que marca su vida estática, cuando residiendo en la tierra prometida, siembra y cultiva sus campos. Tampoco esta labor la ejercía por aquel entonces con la maquinaria que hoy utilizan nuestros labradores. Debéis tenerlo en cuenta y tratar de hacer una transposición de los discursos al leguaje de los tiempos que os toca vivir, que tampoco son idénticos a los que viví yo.

3.- Además del lenguaje, hay que tener en cuenta las características de estas labores. El domingo pasado escuchábamos al profeta Amós que decía que era pastor y recolector y manipulador de fruta seca, sin sentirse por ello enormemente fatigado. En el evangelio del presente domingo observamos que las gentes se mueven, se desplazan y escuchan sin impedimentos, horas y horas. El trabajo del labriego, evidentemente, no tiene horarios fijos. Es intenso cuando siembra, casi nulo durante el invierno, expectante en primavera y agotador durante la recolección de la mies. El agricultor no está obligado a fichar cuando inicia su faena, nadie controla ninguna otra cosa que no sean los resultados de la cosecha.

4.- Antes de pasar a comentaros el texto evangélico, permitidme que os explique un detalle de la carta de Pablo a los efesios. Dice que Jesús ha derribado el muro que separaba a judíos de gentiles. Los primeros lectores sabían muy bien que, en el templo edificado por Herodes, a diferencia del de Salomón, que era exclusivamente santuario del Dios de Israel, estaba rodeado por un gran espacio, grande como unos cuantos campos de futbol, llamado atrio de los gentiles. Estos, es decir los que no eran judíos, cualquier hijo de vecino, en una palabra, sin contar su origen o adhesión personal, se movían libremente por todo este terreno. Ahora bien, circundando el santuario, con sus plazas, depósitos y oficinas, en su interior, muy próximos al lugar sagrado llamado Devir o Santo de los Santos, había una balaustrada que nadie que no fuera del pueblo escogido, podía franquear. Lo advertían unas lápidas que decían que quien se atreviera a cruzarla podía sufrir pena de muerte. Se conserva por lo menos una de estas inscripciones. En el territorio jerosolimitano, la cultura pagana o gentil, con sus creencias y costumbres, estaba separada de la cultura hebrea, con su Fe en el Dios único Yahvé. Una invisible membrana legal los distanciaba.

5.- Cristo-Jesús derribo tal muro, advierte Pablo. Ni continentes, ni color de la piel, ni pertenencia a un grupo o grupito, nos debe alejar de los demás. Cuando me hablan de alguna congregación, movimiento o comunidad que no conozco y quiero formarme una opinión, pregunto siempre ¿celebráis la misa vosotros solos? ¿están cerradas las puertas del recinto? Recordad que también el Señor advirtió: lo que se dijo a oscuras proclamadlo desde los tejados. (Mt 10 27).

6.- Las masas seguían a Jesús. El Maestro decidió un día que sus apóstoles le precedieran anunciando su llegada y explicando inicialmente su doctrina. Vuelven ellos rebosando felicidad, quiere Él comentarlo confidencialmente, apartándose de las turbas. Compartir, con ellos sus éxitos, de los que se sienten tan satisfechos. Pero la gente los descubre. Os advierto que aun hoy en día, por aquellos contornos, cualquier conjunto humano que se agrupe, es divisado desde lejos. Quería el Señor compartir con los que eran más suyos, pero al ver a los que se le acercan son gente desganada, desorientada, desconcertada, deja a los suyos y se entrega a la misión que le había encomendado su Padre.

7.- Que la cultura occidental, cultural, espiritual y religiosamente se ha vuelto civilización decadente, nadie lo duda. Muchos se atreven a llamarla post-cristiana. Algunos creen que se ha diluido y desaparecido, desteñida por una invasión donde priva la técnica o el jolgorio, llámese materialismo o frivolidad. Dígase que esta falta de valores o que el hedonismo es lo que cuenta. No es hora de calificar a nuestra sociedad. Lo que sin duda no debe ignorarse es que silenciosamente, viviendo discretamente, tantos y tantos monasterios de vida contemplativa, atraen la salvación al mundo. Merton diría que son pararrayos de espirituales.

Vosotros, pues, mis queridos jóvenes lectores, aprended la lección y con calma y compostura no os olvidéis nunca de ser misioneros, como aprendieron y pusieron en práctica los Apóstoles, que de ellos sois descendientes.