III Domingo del Tiempo Ordinario
22 de enero de 2017

La homilía de Betania


 

1.- HACIA UNA IGLESIA UNA Y PLURAL

Por Gabriel González del Estal

2.- JESÚS PASA A NUESTRO LADO

Por Antonio García-Moreno

3.- RECONCILIACIÓN: EL AMOR DE CRISTO NOS APREMIA

Por José María Martín OSA

4.- ¡HAS DICHO MI NOMBRE, SEÑOR!

Por Javier Leoz

5.- LA VIDA CORRIENTE DE AQUELLOS PRIMEROS MOMENTOS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


LA UNIÓN HACE LA FUERZA

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- HACIA UNA IGLESIA UNA Y PLURAL

Por Gabriel González del Estal

1.- Os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. Hoy comenzamos nuestra reflexión con esta primera frase de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios. Estamos dentro del octavario de oración por la unión de las Iglesias cristianas. Llevamos ya muchos años todos los cristianos diciendo que queremos la unión de las iglesias cristianas. Todos lo queremos y todos rezamos a Dios para que nos ayude a conseguirlo. Si todos lo queremos, ¿por qué no lo conseguimos? Es cierto que no todos los cristianos profesamos los mismos dogmas, ni ejecutamos los mismos ritos. Pero todos –católicos, protestantes, anglicanos, ortodoxos- creemos en Dios Padre, todos creemos en Dios Hijo, todos creemos en Dios Espíritu Santo. ¿No será esto suficiente para que todos los cristianos nos consideremos como auténticos hermanos y nos amemos como tales? También dentro de la Iglesia Católica hay teólogos católicos que interpretan un mismo dogma cristiano de manera muy distinta y sin embargo siguen llamándose y seguimos llamándolos “católicos”. Yo creo que el que nos consideremos hermanos en Cristo, de pensamiento, palabra y obra, ya es razón suficiente para decir que todos pertenecemos a la misma Iglesia cristiana. Cada persona somos un mundo distinto, en pensamientos, palabras y obras. Ni los católicos, ni los anglicanos, ni los protestantes, ni los ortodoxos, nos libramos de nuestra singularidad. Pero, si no oficialmente, al menos sí, cordialmente, llamémonos hermanos y amémonos como hermanos. Porque para que la Iglesia sea una no tiene por qué dejar de ser plural.

2.- Jesús comenzó a predicar diciendo: convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos. Las palabras de Jesús son muy claras; si no nos convertimos, no tendremos acceso al Reino de los cielos. La conversión es una condición necesaria para entrar en el Reino de Dios. Necesitamos convertirnos cada uno de nosotros en particular y necesita conversión la Iglesia entera, en general. Una Iglesia convertida del todo a Cristo sería una Iglesia santa y católica, una Iglesia una y plural. Igualmente, un mundo de personas convertidas a Cristo sería un mundo – Reino de Dios. La conversión es la principal tarea de nuestra vida. Toda nuestra vida debe ser conversión, purificación continua y constante de nuestra mente y de nuestro corazón. Nacemos inclinados al pecado; toda nuestra vida debe ser una lucha contra nuestro “hombre viejo”, para construir en nosotros el “hombre nuevo”, a imagen de Cristo. Eso es conversión.

3.- El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. La “Galilea de los gentiles”, el país de Zabulón y de Neftalí, era una región en sombras, desde el punto de vista religioso. Era una tierra de sincretismo religioso, de relajación de costumbres. Por ahí comenzó Jesús a predicar su evangelio, un evangelio de conversión y de purificación de la religión judía. Una vez más, Jesús comienza desde lo último, desde una tierra y unas personas despreciadas por la élite religiosa de Jerusalén. Para esta gente religiosamente despreciada y sospechosa Cristo quiso brillar como una gran luz. Yo creo que nuestra sociedad, y nuestra tierra, hoy es también “Galilea de los gentiles”, una sociedad religiosamente relajada y sin vigor. A nosotros, los cristianos, nos toca hoy brillar como una gran luz y predicar el amor y la conversión. Así iremos ayudando a nuestra sociedad a acercarse cada día un poco más al Reino de Dios.


2.- JESÚS PASA A NUESTRO LADO

Por Antonio García-Moreno

1.- HUMILLACIÓN Y GOZO.- Isaías recuerda las humillaciones que padeció el pueblo, las derrotas, los momentos difíciles de una guerra perdida de antemano. Los territorios de Zabulón y Neftalí sufrieron frecuentes incursiones de los pueblos del Norte. Fueron desterrados, despojados de sus bienes, condenados a vivir en tierras extrañas, en medio de sus propios enemigos.

Pero Yahvé los volvería a mirar con amor, se olvidaría de sus delitos, les perdonaría sus pecados y los reintegraría a su patria. Y de nuevo amanecieron días llenos de paz, días sin temores, días serenos y tranquilos. Y todo porque Dios no quiere castigarnos sin fin. Y mientras vivimos ensaya mil formas para atraernos, para hacernos caer en la cuenta de su gran amor por nosotros. Cuando le volvemos la espalda, nos hace ver lo triste que es nuestra vida sin Él. Y al vernos llorar nos perdona, nos limpia las lágrimas y nos anima a volver otra vez junto a él, a empezar de nuevo como si nada hubiera ocurrido.

La alegría, el gozo. Los dones más preciosos que Dios puede hacer al hombre. El sentirse contento, el vivir sin agobios, sin miedo. Vivir alegres, tener ganas de cantar, estar ilusionados con lo que nos rodea, mirar con esperanza y optimismo al futuro, no acobardarse por nada, afrontar con fortaleza y serenidad la vida, por difícil o penosa que sea.

Gozo del que recoge el abundante fruto de su trabajo, alegría del que siega su propia siembra ya granada, júbilo del que se reparte el botín ganado tras una dura batalla... Señor, muchas veces estamos tristes, andamos preocupados, agobiados por el peso de la vida. Repite una vez más el milagro de convertir nuestra tristeza en alegría, danos vivir seriamente nuestra fe, inyecta tu fuerza en nuestra debilidad. Acrecienta en nosotros la alegría, auméntanos el gozo.

2.- ANTORCHAS VIVAS.- Juan Bautista terminó sus días en la cárcel. Aquella antorcha viva que anunció la llegada de la Luz, se extinguió en la tierra, para lucir luego con más esplendor allá en el Cielo. Desde entonces su nombre quedaría esculpido como modelo de fidelidad a su propia misión, como reclamo y llamada para todos los que tenemos la excelsa misión de ser testigos de Cristo a lo largo de toda la Historia. Su misión fue, en efecto, cumplida con toda exactitud. La Luz irrumpió en las regiones ensombrecidas por los errores del paganismo, pueblos que Isaías contemplaba envueltos en las tinieblas de la muerte. De forma paulatina, pero inexorable, la claridad gozosa del Evangelio comenzó su avance por aquellos pueblecitos de Galilea, donde como un incendio en el bosque, se propagaría el fuego que Cristo había traído a la tierra.

Metidos en aquellos parajes tan bucólicos, caminemos junto al Maestro, el atrayente Rabí de Nazaret, para escuchar sus palabras, para contemplar enamorados su figura y sus gestos, deseosos de empaparnos de su espíritu, anhelantes de serle fieles hasta la muerte, como el Bautista lo fue. Hacer carne de nuestra carne su doctrina, vida de nuestra vida su propia vida.

Hoy vemos a Pedro y Andrés su hermano que pescan cerca de la orilla del lago. La red dibuja círculos sobre el agua y barre repetidamente el fondo. Jesús pasa cerca y les dice que le sigan y los hará pescadores de hombres. Ellos no lo dudaron ni un instante. La palabra persuasiva del Maestro encontró eco en el corazón sencillo de aquellos rudos pescadores. Luego serán Juan y Santiago. También ellos estaban trabajando cuando Jesús los llamó y también ellos respondieron con prontitud y generosidad. De ese modo iniciaron la más bella y audaz aventura que jamás pudieron soñar. Nunca olvidarían aquel encuentro, nunca abandonarían el camino emprendido en aquellos momentos. Camino de luchas y renuncias, pero camino también de luz y de gloria.

También ahora Jesús pasa a nuestro lado. Nos ve quizá enfrascados en nuestra tarea diaria, ensimismados en nuestro trabajo. Nos mira como miró a Pedro y nos dice que le sigamos, que quiere hacernos pescadores de hombres, que quiere encendernos para que seamos anunciadores de la Luz, antorchas vivas que alumbran las sombras de muerte en que yace el mundo. Las barcas y las redes, nuestros pequeños ídolos nos retraen quizá, lo mismo que les ocurriría quizás a los primeros discípulos. Pero como ellos hemos de mirar hacia delante y no hacia atrás, fijarnos en la Luz que está al fin del camino y ser valientes para recorrerlo.

3.- RECONCILIACIÓN: EL AMOR DE CRISTO NOS APREMIA

Por José María Martín OSA

1.- Octavario de oración por la unidad de los cristianos. Celebramos en estos días la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, haciendo nuestro el deseo del Señor expresado en su oración a Dios Padre en la última cena: «que ellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea» (Jn 17, 21). El lema de este año 2017 es «Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia». Este lema se inspira en un pasaje del capítulo quinto de la segunda carta de san Pablo a los Corintios (2 Cor 5, 14-20). En este texto el Apóstol habla de la obra reconciliadora de Dios por medio de la muerte de Jesucristo y del cambio que se produce en los que viven «en Cristo». El cartel del octavario recoge un instante del encuentro, en la catedral de Lund (Suecia), entre el papa Francisco y el obispo luterano Munib Younan, el 31 de octubre de 2016, en conmemoración de los 500 años de la Reforma luterana. Si seguimos a Jesucristo intentaremos hacer realidad su deseo de que todos seamos uno. Seguimiento y conversión es lo que nos pide el evangelio de hoy. Pablo en la Primera Carta a los Corintios hace una llamada a la unidad, pues Cristo no está dividido y en su nombre hemos sido todos bautizados.

 2.- Comienzo de la misión: los pobres son evangelizados. Jesús comienza su predicación en la "Galilea de los gentiles", al otro lado del Jordán. Es en el Norte, en el territorio de Neftalí y Zabulón, tribus habitadas por gentes consideradas por los judíos como paganos debido a la "contaminación" con otras religiones e ideas, que desde el siglo VIII antes de Cristo habían sufrido con la invasión de los asirios. Muchos fueron deportados a las ciudades de Asiría y volvieron transformados, allí también se instalaron extranjeros que traían consigo otras vivencias religiosas. El evangelista recoge las palabras del profeta Isaías, al señalar esta tierra como llena de tinieblas y de sombra. Pero una luz grande va a brillar sobre ellos. Allí aparece Jesucristo, luz que ilumina la oscuridad y que elimina las tinieblas. Jesús prefiere empezar su ministerio público precisamente en territorio semipagano. Cafarnaún, junto al lago, será su pueblo y de allí saldrán sus primeros discípulos unos pobres pescadores. El lugar y las personas elegidas desconciertan, pero son un signo de lo que significa el anuncio de la Buena Noticia, que va dirigido en primer lugar a los pobres, a los sencillos y los a los considerados ateos. En El, en expresión de San Agustín, "pueden anidar todos los pájaros los grandes y los pequeños". Su llamada se extiende a todos. ¿Has escuchado tú la llamada de Jesús?

3. - La conversión y la llegada del Reino del reino de Dios. Esto es lo que anuncia Jesús. No es la primera, la conversión, la que hace posible que llegue el segundo, el reino de los cielos, sino que es precisamente la instauración del reino lo que dará origen al hombre nuevo, transformado, convertido. El texto dice "reino de los cielos", pero esto no quiere decir que se trate de algo que está después o por encima de este mundo. El reino comienza ya aquí y ahora y necesita de colaboradores que hagan posible su extensión como grano de mostaza. ¿Qué es el reino? Es una nueva forma de vida basada en el amor. Hasta diez parábolas utilizará Jesús para explicarlo. Lo que está claro es que para que el reino sea posible son necesarias nuevas actitudes y nuevos valores, y esto es la conversión a la que se refiere Jesús. Este tono es distinto del talante amenazador del Bautista. Jesús invita a los primeros discípulos a ser constructores del reino. También nos invita a nosotros. ¿Has tomado conciencia de tu compromiso por el reino?

4. - La adhesión a la persona de Cristo es la clave. "Venid y seguidme". Esta es la llamada de Jesús. Ellos le siguen, dejándolo todo. El seguimiento de Jesús será una de las categorías fundamentales que definen el discipulado. Así llegará a decir posteriormente: "El que no tome su cruz y me siga no es digno de mí" (Mt 10,38). El seguimiento no se limita a gestos superficiales, sino que lleva hasta la entrega de la propia persona. En Israel los discípulos buscan al maestro de la Torá, la Ley. En cambio aquí es Jesús el que elige. La condición del discípulo de los rabinos es transitoria, mientras que para el discípulo de Jesús está marcada por un destino que se realiza en la comunión de vida y de muerte con su Maestro. El seguimiento no se limita a la aceptación histórica de Jesús, sino que supone la entrega a Él y la identificación con El y al mismo tiempo la asunción de su causa: la atención compasiva hacia los pobres y marginados. La adhesión a la persona de Cristo es la base de la moral, del comportamiento del cristiano. Si te adhieres a su persona, también asumes sus actitudes y valores. La moral cristina no es un mero cumplimiento de normas, sino que se basa en el "seguimiento de Jesús". Pregúntate ¿Qué pide El de ti?, ¿qué espera El de ti? ¿Qué haría El en tu circunstancia?

5.- El Papa Juan Pablo II lo recordaba en la encíclica "Veritatis splendor": "Seguir a Cristo es el fundamento esencial y original de la moral cristiana: como el pueblo de Israel seguía a Dios, que lo guiaba por el desierto hacia la tierra prometida, así el discípulo debe seguir a Jesús, hacia el cual le atrae el mismo Padre". Todos los bautizados nos decimos seguidores de Jesús, por tanto Él es el que nos une y el que nos guía.


4.- ¡HAS DICHO MI NOMBRE, SEÑOR!

Por Javier Leoz

De la mano de San Mateo, el cual nos va acompañar con su evangelio durante todo este ciclo, comenzamos a caminar detrás del cayado de Jesús, escuchando sus primeras palabras (llamada a la conversión) y asombrándonos con sus profundas miradas. Hoy, el Señor, sigue pronunciando nuestro nombre. Nos necesita para que, su misión, lejos de desvanecerse siga propagándose por los cuatro puntos de nuestro mundo.

1.- La Galilea de hoy (allá donde Jesús quiere hacerse presente) es el lugar donde cada uno de nosotros nos encontramos. Unos, más acomodados u otros envueltos en un mar de dificultades, seguimos escuchando al Señor que viene a nuestro encuentro. Quiere para nosotros, porque de verdad nos ama, un cambio de ruta y de rumbo. Bien sabemos que, por diversas circunstancias, aquello que nos preocupa o aquello en lo que estamos volcados no siempre es sinónimo de justicia, dignidad o verdad. Por ello mismo, porque nos aprecia, desea un fruto para nuestra vida completamente distinto del que nos afanamos o por el cual nos desvivimos. Es duro dejar las redes con las que estamos acostumbrados a salir adelante según los parámetros exclusivos del mundo. Es difícil, ante otras miradas más influyentes y seductoras, captar aquella otra mirada de Jesús más humilde y, por otra parte, más interpelante.

2.- Al escuchar el evangelio de este día, nuestro bautismo, se vuelve a actualizar. No es algo del pasado. No es una gracia muerta. El bautismo, ante la llamada del Señor, nos invita a tomar partido: estamos llamados a ser testigos de Jesús. ¿Cómo serlo? ¿Cómo hacerlo? En principio por el camino de la conversión. O conversión…o más de lo mismo. Es decir; mediocridad antes que santidad.

En distintas circunstancias me ha tocado escuchar expresiones como las siguientes: “yo creo en Dios y punto” “yo creo en Jesús a mi manera” “no he hecho mal a nadie y, con ello, ya es bastante”. Y, cuando uno escucha estas expresiones, no puede menos que pensar si –en el fondo- no estamos moldeando un Dios a nuestra medida. Si, en el fondo –además de un Dios humillado en Belén- no lo pretendemos, además, sometido a nuestros caprichos. Sin limitaciones a nuestra libertad. ¿Es eso amor y seguimiento a Jesús? ¿Cuándo entenderemos que –conversión y fe- van cosidas de la mano? ¿Puede decir el esposo a la esposa “te quiero” si, a continuación, sólo busca una felicidad unilateral y exclusiva para él? Ponerse en las manos de Jesús o fiarnos totalmente de sus indicaciones pueden ser perfectamente signos que denoten nuestra conversión, nuestras ganas de cambiar a mejor, nuestra ilusión para que El, sólo El, sea la brújula de nuestra vida.

3.- El mundo que nos toca vivir está lleno de técnica y de comodidad pero, por el contrario, huérfano de amor. Hay muchas llamadas, marketing y escaparates que dibujan realidades efímeras. Por el contrario cuesta, y mucho, encontrar ventanas o puertas abiertas que nos lleven al amor de Dios. Y no porque el amor de Dios no exista, que siempre está ahí, sino porque los oídos del hombre moderno están acostumbrados a percibir exclusivamente sonidos superficiales, cómodos y con poco esfuerzo de sacrificio o de superación personal. Y, el Señor…..desea testigos valientes, capaces de renunciar a sí mismos, con ideas claras y –sobre todo- que estén dispuestos a ir contra corriente.

4.- Que el Señor, por lo menos en este domingo, nos encuentre con un corazón dispuesto a una renovación personal y comunitaria. Que el Señor, en este Día del Señor, encuentre en nuestros labios un “si” como respuesta a todo aquello que nos pide como muestra de nuestra fidelidad y de nuestra fe. ¿Hemos escuchado nuestro nombre?

5.- QUE NO ME CANSE, SEÑOR

De proclamar tú Reino, de verdad y de justicia,

ante tanta mentira e insolidaridad.

De recorrer, caminos y valles,

aunque, a veces, sienta que los oídos no escuchan

ni los corazones de los hombres

te aman como debieran.

 

QUE NO ME CANSE, SEÑOR

De pregonar, la salud que nos traes,

frente a la enfermedad y el pesimismo

el desencanto o la apatía por la vida.

De llevar tu luz, Señor, donde la oscuridad reina

y, donde la tiniebla, confunde lo malo con lo bueno

 

QUE NO ME CANSE, SEÑOR

De decirte “si” cuando, mi interior,

me empuje a desertar de tus sendas

o a no ser valiente en mis decisiones

De anunciar tu Palabra que salva

y, luego, de llevarla a mi vida

De seguir tus pasos y tus huellas

y alejarme de otras que son polvo y nada

 

QUE NO ME CANSE, SEÑOR

De regresar de caminos equivocados

De pedir perdón por los errores cometidos

De ser más humilde y menos soberbio

De caminar hacia la santidad

y de luchar contra mi propia mediocridad

Que no me canse, de Ti, Señor


5.- LA VIDA CORRIENTE DE AQUELLOS PRIMEROS MOMENTOS

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Mateo cita el texto de Isaías sobre la luz que se abre en la tiniebla de Galilea para confirmar que Jesús de Nazaret es el Mesías esperado. Ahí “al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles” es donde evangelista sitúa el inicio de la vida pública de Jesús, porque “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló”. Entonces queda claro del todo que Él es el enviado. Tal vez estos detalles, sin duda importantes, quedan, para nosotros, un poco difuminados. Pero no para los lectores de Mateo que, en efecto, buscan en la profecía del Antiguo Testamento la seguridad de que Jesús es el Cristo. Y, en fin, la liturgia, con su sabiduría, relaciona –casi, mezcla—la primera lectura con el evangelio de hoy con fines fundamentalmente cristológicos. Y aunque, a mí mismo, otros detalles del fragmento evangélico de San Mateo que leemos hoy me han llamado más la atención, reconozco que suponen la base doctrinal de la misa de hoy. Porque fue esa creencia total de los primeros discípulos de Jesús sobre su condición de Mesías e Hijo de Dios lo que les lanzó por caminos y encrucijadas de todo el mundo a transmitir la vida y el pensamiento del Maestro. Y todos sabemos que la transmisión del ideal cristiano fue extraordinariamente rápido en los primeros años, velocidad notable que, tal vez, nunca más volvió a desarrollarse igual.

2.- Pero para nosotros hoy, con, probablemente, un afán más contemplativo que doctrinal, nos llaman la atención otras cosas. Desde luego a mí me hace reflexionar en la vida corriente de esos primeros momentos de la actividad pública de Jesús, y, sobre todo, su relación con la gente. Y me fascina pensar cómo serían, los momentos de reclutamiento de los Apóstoles por parte de Jesús Merece la pena imaginarlo. Es de suponer que el especial magnetismo de la estampa del Salvador atraería a la gente hasta tal punto que no sería fácil obviar su invitación. No se trataría, por supuesto, de un encantamiento hipnótico. Sería del influjo bello y tranquilo de una fuerte personalidad. Los Apóstoles --sus amigos-- lo dejaron todo inmediatamente y le siguieron. Sin más condiciones o preguntas.

En el relato de Mateo se describe los momentos normales del trabajo de aquel día. Los Zebedeos estaban repasando redes, como lo siguen haciendo millones de pescadores en las orillas de los mares de todo el mundo. Acompañaban a su padre y ni siquiera la presencia del progenitor, con la enorme autoridad que se le daba el ambiente judío, impide que sus hijos lo dejen todo y marchen en pos de Jesús. Y para todos ellos se va a iniciar la más asombrosa aventura de la historia de la humanidad. Porque en la cercanía del Hombre Dios acometerán el cambio más profundo que la Humanidad iba a acometer tras la creación.

3.- La mente divina de Jesús debió auscultar de manera inmediata el espíritu de todos y cada uno de los apóstoles. Y, también su trayectoria vital, como cuando anuncia a Natanael su estancia junto a la higuera. Tuvo que ver, asimismo, el carácter torvo y avaro de Judas. Pero supo que en el interior de sus amigos había calidades objetivas como para poder desempeñar en el futuro la gran misión de extender el Evangelio. Y ese efluvio de bondad y conocimiento es lo que tuvo que llegar directamente al alma de cada uno de los elegidos para que iniciaran el seguimiento. Jesús no completó la Redención y constituyó a los hombres en corredentores. Y así, todos nosotros tenemos la obligación, de trabajar por la conversión de los demás y por la construcción del Reino de Dios. La conversión es eso. Un convencimiento interno y objetivo para seguir a Jesús. Luego --claro está—dicha conversión tendrá su trayectoria y sus dificultades añadidas. Pero todo el que ve a Jesús ya no le puede dejar.

Lo difícil es atemperar los ojos del corazón para se nos muestre su figura y su rostro. Pero no es una misión imposible. Es perfectamente viable y el "milagro" se está repitiendo constantemente entre el género humano. Será la dedicación a nuestros hermanos, el servirles en el nombre de Dios, lo que acrecentará nuestra sintonía interna con Jesús. El Señor siempre se sirve de las "causas segundas" para llegar a otras personas y esa "causa segunda" somos --sin quererlo-- nosotros mismos, en forma de una frase, de un comentario o de un texto. Por ello no es posible eludir la obligación de ayudar a Jesús en la conversión de todos los hombres, aunque eso sí --ciertamente-- cada uno podrá elegir su papel y su sistema.

4.- La profecía de Isaías marca esa condición liberadora de Cristo: “la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián". Y esa capacidad de hacernos libres es algo que debemos tener siempre en cuenta. El reino de paz y de justicia de Jesús es también de libertad. Y para que nosotros lleguemos a ser libres hay que sentir antes la liberación, su efecto. Pero esta liberación es pacífica y pacifista, amable y cordial, conciliadora y llena de amor. No va el cristianismo por el camino de liberar a nadie a tiro limpio. La opresión cae ante el talante de los pacíficos y se agudiza con el trabajo de los violentos.

5.- En la Carta a los Corintios, San Pablo encarara el tema de la división de los cristianos, de sus facciones o de sus "capillitas". Y ese problema ha sido permanente en la historia de la cristiandad. Esta misma semana –y la pasada-- hemos celebrado oraciones por la unidad de los cristianos. Y habría que decir que uno de los puntos que más escándalo produce es esa capacidad para la desunión y, sin duda, lo que nos separa es el pecado. Tal vez, algún día no muy lejano veamos la presencia de Jesús convertido en único Pastor y en único Maestro. "Soy de Pedro, de Pablo, de Apolo..." Y, en realidad, todos somos del mismo maestro. No debemos perder la pista a la desunión interna que produce en la Iglesia Católica poner en prioridad al grupo particular que a la comunidad total unida por la Comunión de los Santos. Y eso se sigue produciendo. La discrepancia, a veces, es más humana --incluso de matiz político-- que espiritual. Y eso es lo que hay que evitar, porque la mies es mucha y los operarios pocos.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


LA UNIÓN HACE LA FUERZA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- En este caso el dicho también se cumple, pero en el mensaje de las lecturas de la misa de hoy, la unión es mucho más, como veréis enseguida, mis queridos jóvenes lectores. Hay divisiones trágicas entre los cristianos. Las temió Jesús y fue una de las últimas peticiones que le dirigió al Padre, en el Cenáculo. Que sean uno, como Tu y Yo lo somos, para que el mundo sepa que me has enviado (Jn17, 2 1). Y pese a esta súplica, estamos separados.

 (La Comunidad de Taizé, de la que posiblemente hayáis oído hablar, considera el hecho de la división, como la Pasión del Cuerpo Místico de Cristo y pone su empeño en que se acorten las distancias hasta desaparecer del todo)

2.- Vosotros, mis queridos jóvenes lectores debéis tenerlo presente, pero desde vuestra singularidad e inmediatez, poco podréis hacer seguramente. Preparar el terreno sí, para que, llegado el día, pueda germinar la Fe y la Gracia, pueda celebrarse la Eucaristía unidos y la Iglesia Unida, dé fruto más abundante de salvación y felicidad.

3.- A la hora de perseguirnos, los enemigos de Cristo no hacen distinciones. Los que quieren matar cristianos no se fijan si son católicos-romanos, baptistas u ortodoxos. Lo ha recordado en más de una ocasión el Papa Francisco. En el martirio se realiza un total ecumenismo. Es bueno recordarlo estos días, en que se inicia el Octavario por la Unión de los Cristianos. Pero antes de llegar a tal extremo debemos poner por nuestra parte todo lo que podamos, para dar testimonio de nuestra común Fe en Cristo, los que la tenemos.

4.- Pero hay otras divisiones que no llegan a ser trágicas y en estas sí que podéis estar implicados. San Pablo en el fragmento que leemos en la misa de hoy, se refiere a ellas. Se trata del protagonismo de algunos líderes que ya entonces desdibujaban la figura del Maestro. Hoy en día continúan existiendo tales protagonismos, que no siempre llevan el nombre de personas, que tal vez los grupos estén reconocidos por la Iglesia, y en teoría unidos íntimamente a su tronco, pero que en la práctica, obran con exclusividad y se vanaglorian de sí mismos, olvidando que en el jardín de Dios, son múltiples las flores, pero que su encanto está en formar un conjunto matizado de color y forma, armonía y belleza en su totalidad, la de todas las plantas, incluidas en el único jardín de Dios.

5.- No están divididos los fieles y separados los movimientos, asociaciones, comunidades, caminos, prelaturas y ordinariatos, pero con frecuencia, obran, viven y trabajan ignorándose. Perdiéndose con ello mucha energía espiritual y faltando aquel testimonio que pedía Jesús que diéramos. Es una pena. Desde el Pentecostés del 98, desde la alocución del entonces Cardenal Ratzinger, la Iglesia se ha pronunciado a favor de esta unidad de ideales y de empresas. Y urge que todos vivamos en comunicación, que no es teoría, sino respeto, actuación y amistad común.

6.- Os confieso, mis queridos jóvenes lectores que uno de los momentos más felices de mi vida cristiana fue cuando en Madrid celebré aquellas “Jornadas Mundiales de la Juventud”, abiertas a todos, hasta aquellos que, evidentemente, no éramos jóvenes. A nadie se le exigía o preguntaba qué edad tenía. San Pablo no hubiera escrito el párrafo de hoy si hubiera tenido que dirigir un escrito a los asistentes. La casulla que llevé aquel día la conservo con emoción y es la que escojo para las misas más solemnes, en Navidad, Pascua o Pentecostés y otros momentos singulares.

7.- Paso ahora al texto evangélico. El contenido de la lectura se sitúa en un lugar concreto. Se le nombra y se recuerda algunos de sus atributos sociales, políticos y económicos, es Cafarnaún. Esta población no ha dejado de existir, la he visitado muchas veces y he pasado muy buenos ratos compartiendo con los amigos franciscanos que allí están y que, dicho sea de paso, y para corregir calumnias, no he visto que tuvieran en el lugar ninguna tienda, ni que exigieran pagar entrada a nadie.

8.- Ahora bien, en la actualidad, como población, es pura arqueología. Nada de controles militares, pago de tributos, tampoco es nudo de comunicaciones. Son ruinas muy bien protegidas y conservadas. Testigos mudos de tanta actividad evangelizadora. Evangelizadora del Maestro y aprendizaje de evangelización para sus discípulos. Hoy se nos refiere brevemente como empezó. No es un reportaje, solo unas notas. El Señor entra en comunicación con los que encuentra, se fija en ellos, confraterniza. Desde el principio se ve que Jesús no busca socios que paguen cuotas y aplaudan, como en cualquier club. Quiere colaboradores. Pescaban peces, duro trabajo y nunca estando seguro de tener éxito, pero no por ello abandonar el oficio, ahora les invita a iniciarse en algo semejante, pero superior. Y ellos dicen que sí, abandonan redes, empresa y familia.

9.- Algo así, mis queridos jóvenes lectores, ocurre hoy. Seguramente no os llamaréis Andrés, Santiago o Pedro, pero la llamada se dirige personalmente a cada uno. Que cada uno escoja. A esta labor interior se le llama descubrir la vocación, que no es preciso acudir a exposiciones o salones especializados en futuras carreras o profesiones, ni a manuales, es cuestión de escuchar al Maestro.