Domingo después de Pentecostés La homilía de Betania |
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1.- DIOS ES AMOR GENEROSO Y GRATUITO Por José María Martín OSA 2.- MISTERIO IMPOSIBLE DE CAPTAR NI DE ENTENDER Por Antonio García-Moreno 3.- UNA EXPLICACIÓN SENCILLA, PARA VIVIR EL MISTERIO DE LA TRINIDAD Por Gabriel González del Estal 4.- DIOS 3.0 Por Pedro Juan Díaz 5. - MISTERIO DE AMOR Por José María Maruri, SJ 6.- ¿CÓMO ES DIOS? Por Javier Leoz 7. - LA HERMOSURA DE UNOS TEXTOS Por Ángel Gómez Escorial LA HOMILÍA MÁS JOVEN SANTÍSIMA TRINIDAD Por Pedrojosé Ynaraja 1.- DIOS ES AMOR GENEROSO Y GRATUITO Por José María Martín OSA 1.- El Libro de los Proverbios nos muestra que Dios no es un ser solitario, ni aburrido, ni egoísta. Dios es una comunicación infinita, una sonrisa eterna, una generosidad sin medida. La creación es un signo de su generosidad y de su sabiduría. Dios es vida que se desborda. Ya antes de ser creados, Él se complacía en nosotros y en todas las cosas, como los esposos que sueñan con el hijo deseado. Los sabios bíblicos nos cantan las excelencias de la sabiduría como una hija de Dios personificada. Es la primera en ser engendrada y acompaña a Dios en todas sus obras. “Yo estaba junto a él, como aprendiz, y yo era su encanto cotidiano”. El autor de los Proverbios acertó en sus imágenes literarias. La Sabiduría de Dios llega a ser persona en el Hijo, engendrado desde el principio, que dialoga gozoso con el Padre y es colaborador en todas sus obras, «su encanto cotidiano». Dios no es un ser solitario ni aburrido. La creación es el desbordamiento de esta comunicación. Desde la eternidad, Dios ya piensa en nosotros y nos ama. 2.- “EL amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”. Se trata aquí, en la Carta a los Romanos, del amor especial que Dios nos tiene y del que nadie podrá separarnos. A la hora de esforzarse por llevar a cabo el plan de Dios, el hombre cristiano tiene un incentivo: Dios no se ha guardado su capacidad de querer, sino que nos la ha dado a nosotros. El estar en paz con Dios no quiere decir tanto buscar la paz, sino el caer en cuenta de que ya se nos ha dado la paz en Jesucristo. La paz se convierte así en el mayor bien y no en una simple dimensión del alma, en una mera virtud. Estar en paz con Dios es saberse salvado y con fuerza para emprender una labor constructiva en favor de la humanidad. 3.- Se nos comunicará un día lo que está por venir. El texto del evangelio de Juan identifica a Jesús con la verdad. Esta no es pues un concepto o una categoría, sino una persona. El conocimiento de una persona no se hace ni se agota una vez por todas: se va haciendo continuamente, diariamente. Facilitar este conocimiento es la tarea y la función del Espíritu: El irá llevando al grupo cristiano a un conocimiento cada vez más hondo de Jesús. Este conocimiento progresivo explica la expresión "muchas cosas me quedan por deciros". Hay mucho terreno inexplorado en la verdad de Jesús, es decir, en su persona, que sólo puede ser conocido a medida que la experiencia coloca a la comunidad delante de nuevos hechos o circunstancias. Los cristianos deberán saber estar abiertos, por una parte, a la vida y a la historia –los signos de los tiempos- y, por otra, a la voz del Espíritu que se la interpreta. Uno de los cometidos del Espíritu es llevar a los discípulos hasta el conocimiento pleno de Jesús. Que el Espíritu glorifica a Cristo es realidad en la medida en que conduce a los discípulos progresivamente al conocimiento de la realidad que se manifiesta en él. El misterio trinitario se nos desvelará un día, como dice San Agustín: “El Espíritu Santo, de quien hemos recibido ahora la prenda, es el que nos garantiza que llegaremos a la plenitud de que habla el mismo Apóstol: Entonces le veremos cara a cara; y: Ahora conozco sólo en parte, pero entonces conoceré como soy conocido yo (1 Cor 13,9.12). No es en esta vida donde conoceremos todo ni donde llegaremos al perfecto conocimiento que el Señor nos prometió para el futuro mediante el amor del Espíritu Santo, al decir: Os enseñará toda la verdad. Os guiará a toda verdad” (Comentarios sobre el evangelio de San Juan 96,4) 2.- MISTERIO IMPOSIBLE DE CAPTAR NI DE ENTENDER Por Antonio García-Moreno 1.- EN LA CUMBRE.-"Esto dice la sabiduría de Dios: El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas" (Pr 8, 22). Son palabras que se pierden en la bruma de los tiempos, palabras que nos llegan envueltas en los tupidos velos del misterio. Nos hablan de cuando no había nada, de un tiempo fuera del tiempo. Quisiéramos que todo fuera claro y sencillo. Contemplar con nuestros ojos la hondura de la esencia de Dios, sin comparaciones ni metáforas. Pero es imposible, Dios no cabe en nuestras palabras, no podemos conocerlo directamente. Tan sólo llegamos hasta él por analogía, por aproximación. No obstante, es suficiente esa aproximación para que podamos entrever algo tan sublime, que nos rindamos ante tanta grandeza. Sí, por la revelación de Dios podemos llegar hasta donde nuestro pobre entendimiento no pudo si soñar, hasta la misma cumbre divina. Y desde ese alto picacho, el hombre sólo puede hacer una cosa, adorar en silencio. Estamos ante lo sagrado, lo trascendente, lo inefable. Pretender preguntar siempre, querer saberlo todo es profanar la revelación, pisar torpemente esas palabras llenas de la sabiduría de Dios. Dios uno y trino. Tres personas y una naturaleza. El Padre, Dios, dando forma y color al mundo, haciendo brotar de las tinieblas un torrente de luz, colgando sin hilos los millones de astros que pueblan los espacios siderales, tallando en hielo las imponderables filigranas de una brizna de escarcha... El Hijo, Dios hecho hombre, nacido de madre virgen. Trabajando sobre nuestra tierra, mojando con el sudor de sus manos de carpintero la madera tosca de nuestros árboles, predicando la Buena Nueva y curando a los enfermos, amando a los hombres hasta morir por ellos colgado de una cruz... El Espíritu Santo, Dios que procede del Padre y del Hijo. Que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas... Ezequiel nos narra una visión maravillosa. Ve un campo lleno de huesos secos. De pronto el Espíritu sopla sobre ellos y cobran vida y cuerpo. El Espíritu da la vida, es el soplo de Dios. La fuerza que transforma, el viento que empuja con su impulso el barco de velas que es la Iglesia... Verdadera y única Trinidad, única y suma Deidad, santa y única Unidad. Sólo nos queda decir: Creo, espero, amo. Gracias a Ti. 2.- DIOS UNO Y TRINO.- El Evangelio según san Juan es considerado por la liturgia como el Evangelio pascual por excelencia. Estas dominicas que preceden a Pentecostés, nos presentan una y otra vez sus páginas inspiradas, transidas por el recuerdo luminoso del Discípulo amado. Páginas cargadas en ocasiones de sugerencia y misterio, de amor velado y profundo. En especial las escenas y diálogos de la Ultima Cena tienen el acento entrañable de una despedida cargada de promesas y de ternura. Jesús dijo entonces a los suyos, y nos lo dice ahora a nosotros, que muchas cosas tiene que enseñarnos, pero que todavía no podemos cargar con ellas; aún no podemos comprenderle del todo. Se refiere el Señor a la riqueza inagotable e inabarcable de los tesoros divinos que, poco a poco, a lo ancho y lo largo de la vida terrena, vamos recibiendo. Dios se adapta a nuestra capacidad limitada y se nos va acercando más y más, para descubrirnos paulatinamente su grandeza sin límites. Jesús sabía que los suyos no le comprenderían de persecuciones y sufrimientos, ni incluso después de haber resucitado. Pero no se desanima y les dice que cuando venga el Espíritu Santo los guiará hasta la verdad plena. Él será quien culmine la obra de la redención, quien habite en nuestros corazones y actúe, día a día, hasta transformarnos en hombres nuevos, siempre que nosotros secundemos con docilidad su acción sobre nuestra alma. Él me glorificará, sigue diciendo el Maestro, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Los apóstoles comprendieron entonces, cuando llegó el Espíritu de la Verdad, lo que Jesús era y significaba realmente para todos los hombres. Desde entonces su amor y entusiasmo por Jesucristo creció hasta límites insospechados, por Él serían capaces de los mayores sacrificios, héroes de las más grandes hazañas. Jesús es confesado como perfecto hombre y como perfecto Dios, es proclamado ante todos los hombres a través de todos los tiempos y sobre todos los espacios, amado y venerado como ningún otro hombre, como ningún otro dios. Él es el Hombre por excelencia, pero también el único y verdadero Dios. Al decir que todo lo que tiene el Padre es suyo, Jesús nos revela su igualdad de naturaleza y dignidad con el Padre y Creador del universo. También lo que anuncia el Espíritu Santo, y por tanto también con Él es uno es de Jesucristo e igual a Él. Estamos en los umbrales del misterio de la Santísima Trinidad, misterio insondable e incomprensible, ante el que sólo cabe la aceptación humilde y gozosa. Misterio imposible de captar ni de entender. La grandeza divina es tan inmensa que la más penetrante inteligencia humana se siente embotada y lerda para comprender, y mucho más para comprehender. Esta incapacidad en lugar de entristecernos nos ha de alegrar. Ello significa que Dios Nuestro Señor es inmenso en todos sus atributos y perfecciones, digno de nuestro amor y nuestra fe, mantenedor firme de nuestra esperanza. 3.- UNA EXPLICACIÓN SENCILLA, PARA VIVIR EL MISTERIO DE LA TRINIDAD Por Gabriel González del Estal 1.- Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. La verdad plena del misterio de la Santísima Trinidad está más allá de nuestra capacidad humana de entender. Los misterios no se pueden entender del todo, ni explicar nunca racionalmente; los creyentes creemos y adoramos los misterios, guiados por la fe y por el amor al Dios que nos los ha revelado. Cuando yo digo que voy a dar una explicación sencilla, para vivir el misterio de la Santísima Trinidad, me refiero sólo a eso: a que voy a decir qué es lo que la fe nos dice, para que nosotros podamos vivir con amor cristiano, en nuestra vida diaria, este maravilloso misterio. La fe nos dice que Dios es nuestro Padre, que Jesucristo es su Hijo, de la misma naturaleza del Padre, y que el Padre y el Hijo están unidos por una eterna corriente de amor, a la que llamamos Espíritu Santo. El Padre es amor al Hijo, el Hijo es amor al Padre, y el Espíritu Santo es el amor entre el Padre y el Hijo. En este sentido debemos decir, con san Juan, que Dios es el mismo Amor cuando es Padre y cuando es Hijo y cuando es Espíritu Santo. Dios, el Dios de Jesucristo, nuestro Dios, siempre es Amor. Por consiguiente, si nosotros queremos vivir el misterio de la Santísima Trinidad, sólo podemos hacerlo a través del amor. Si vivimos en el amor de Dios, vivimos en Dios, aunque unas veces le llamemos Padre, otras Hijo y otras Espíritu Santo. Lo llamamos Padre cuando nos referimos a Dios como nuestro Creador, le llamamos Hijo cuando nos referimos a Dios como a Jesucristo, y le llamamos Espíritu Santo cuando nos referimos a Dios como Amor. El amor de Dios no es un amor que se queda clausurado dentro del Dios Trinidad, sino que es un amor expansivo que se derrama sobre todas sus criaturas. Todos nosotros somos criaturas de Dios y Dios nos ama, porque es Amor. Por eso, todo el que vive en el amor de Dios vive en Dios, en el único Dios, en un Dios que es Trinidad. 2.- El Dios trinitario es un Dios familia, un Dios comunidad. Dios no es un individuo aislado e incomunicado, como una isla remota e inaccesible. Dios vive en comunidad, en comunidad ad intra, dentro de sí mismo, y en comunidad ad extra, derramado en cada una de sus criaturas. Por eso, podemos decir que el ser humano es imagen de Dios. Si nosotros queremos ser buenos cristianos debemos vivir en comunidad, en comunidad con Dios y en comunidad con todos los hijos de Dios. La familia cristiana debe vivir a imagen del Dios trinitario, con unas relaciones alimentadas continuamente por el amor. Una familia que no vive en el amor, no es una familia cristiana. En el amor de Dios, claro, que es un amor generoso y gratuito, puro don. Mientras vivimos en este cuerpo mortal, nunca podremos vivir plenamente en el puro amor de Dios, ni como individuos, ni como familia, porque somos seres limitados e imperfectos, pero debemos aspirar a ello. La familia cristiana debe tener como ideal y modelo a un Dios familia, a un Dios Trinidad. 3.- El Dios trinitario es un Dios católico, universal. Toda persona que vive en el amor de Dios vive en Dios, sea del país o de la religión que sea. Jesucristo no vino a salvar sólo a los hijos de Israel, sino a toda persona de buena voluntad que quiere vivir en el amor de Dios. Nuestro Dios es un Dios católico, universal, porque nos ha creado a todos por amor y quiere que todos sus hijos vivamos en el amor. Los seres humanos podemos ser, y muchas veces lo somos, egoístas y muy particulares; Dios, en cambio, porque es puro amor, ama a todas sus criaturas. El mejor propósito que podemos hacer en esta fiesta de la Santísima Trinidad, como individuos particulares, como familia cristiana, y como Iglesia de Cristo, es vivir siempre en el amor de Dios, de un Dios católico y universal, de un Dios que es puro amor, de un Dios Trinidad. 4.- DIOS 3.0 Por Pedro Juan Díaz 1.- Terminado ya el tiempo pascual, volvemos al tiempo ordinario, recién celebrada la fiesta de Pentecostés, con la celebración de la Santísima Trinidad que, de entrada, es para nosotros un gran misterio. Por eso hoy acudimos de manera especial a la primera lectura, para que la Sabiduría de Dios, y el Espíritu Santo que Jesús nos envió, sean los que nos ayuden a entender a nuestro Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. 2.- El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que Dios es uno y trino, un solo Dios y tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y si acudimos a las Escrituras vemos que Jesús hace referencia a ellos en bastantes ocasiones, como por ejemplo dice del Padre: “el Padre y yo somos uno”; o del Espíritu Santo: “el Espíritu Santo será quien os lo enseñe todo”; y cuando habla de sí mismo utiliza la expresión “el hijo del hombre” y “el enviado por el Padre”. Estos textos y otros muchos nos hacen ver que tenemos referencias de Jesús sobre sí mismo, sobre el Padre y el Espíritu Santo. Esto llevo a la Iglesia, tiempo después, a reflexionar sobre este gran misterio y a definirlo así: como el misterio de la Santísima Trinidad. 3.- Pero ante todo hemos de decir que Dios actúa en unidad, que aunque cada uno tenga una misión concreta, es Dios el que actúa en unidad y en comunión. En cada momento de la historia, Dios se ha ido manifestando como convenía. Del Padre podemos decir que es el Creador, aunque crea con su Palabra (el Hijo) y da su aliento (el Espíritu) a las cosas para que existan. Del Hijo podemos decir que es el Salvador, aunque también actúa el Padre, que le resucita, y el Espíritu Santo, enviado por Él, para ser la presencia de Dios entre nosotros. Y del Espíritu Santo podemos decir que es nos hace entrar en comunión de vida con Dios, que es el amor del Padre y del Hijo y que es el que nos enseña y nos actualiza la Palabra de Jesús al día de hoy. Por lo tanto, desde el principio de la creación hasta nuestros días es Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo el que actúa, en comunión de vida y acción. Es el Dios 3.0. 4.- Y esa comunión de vida que viven los tres es la que estamos llamados a vivir nosotros también como cristianos, discípulos de Jesús, que tenemos a Dios en nuestra vida todos los días y cuya fe nos hace hermanos de las demás personas. Y otra cosa muy importante y es que nuestro Dios no es un Dios solitario, sino familiar, comunitario. Por tanto, nuestra fe en Él tampoco hemos de vivirla en solitario, sino en comunidad, en Iglesia, teniendo en cuenta a los demás. 5.- Hemos empezado esta celebración “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Y terminaremos con la bendición de Dios “Padre, Hijo y Espíritu Santo”. La Trinidad está presente siempre en nuestras celebraciones. Aunque nuestra referencia a la hora de rezar sea Jesús, porque es la imagen visual que tenemos de Dios, pensemos que Dios es comunidad de personas, sin perder su unidad. En la Eucaristía damos gracias a Dios Padre que nos envió a su Hijo Jesús para salvarnos, y que resucitó, por la fuerza del Espíritu Santo, y habita en nosotros. Vivamos esta comunión hoy de manera especial. 5. - MISTERIO DE AMOR Por José María Maruri, SJ 1. - Permitidme una anécdota de mi vida de estudiante. Estábamos estudiando el Tratado de la Trinidad y al acabar una de esas abstrusas clases un compañero mío me pidió que le dijese en palabras vulgares lo que el profesor nos había explicado. Y lo hice, en un dos por tres. Y cual sería mi horror al oírle exclamar: “oye lo he entendido perfectamente”. ¡Qué barbaridad le habría dicho yo, que él entendió el Misterio de la Trinidad! La Fiesta de la Trinidad es un grito, un anhelo de la Iglesia y de todos nosotros en busca del rostro verdadero de nuestro Padre Dios. La historia de la humanidad es un largo proceso de esta búsqueda y lo hemos confundido con montes y ríos que hasta hoy se llamaba sagrados. Hemos querido verlo en el sol que trae la alegría de la luz y el calor de la tierra. Lo hemos plasmado en estatuas o lo hemos endosado al hombre. Recordemos que hasta el final de la Segunda Guerra Mundial hubo hombres dioses. 3.- Y en todo este buscar al fin no hemos encontrado más que el rostro distorsionado de nuestro Padre Dios. Y es sólo Jesucristo que es igual que el Padre hasta ser uno con Él y que envía al Espíritu Santo que conoce y posee todo lo que el Padre y Él poseen para que nos vaya llevando a la plena verdad. Es sólo Jesucristo el que en la luminosa oscuridad de la fe nos da unos rasgos inequívocos del rostro del Buen Padre Dios. Ese Dios, que está sobre todo y sobre todos, no es un ser frío, lejano o solitario. Es amigo y entrañable por esencia. Es familiar y familia por esencia. Es uno sin soltería, múltiple sin división. 4. - El misterio no debe ni asustarnos ni avergonzarnos. El misterio nos rodea, nos envuelve y hasta lo llevamos dentro y siempre nos atrae. —El misterio de la aparición del hombre en la tierra. Lo mismo hace medio millón de años que dos millones. —El misterio del maravilloso organigrama que determina al niño y sus herencias. —Ese subconsciente de cada uno en el que nos perdemos. —Los poderes parapsicológicos que en algunos se manifiestan. —Hasta la lluvia que somos incapaces de manejarla a capricho. El misterio de Dios es esa otra orilla lejana a la nuestra que nos atrae y a la que somos llamados. La orilla legendaria de las Islas Orientales que desde la bruma del misterio atrajo a navegantes. 5. - No nos avergoncemos del Misterio de Nuestro Dios, porque lo importante no es que nosotros sepamos cómo es Él, sino cómo piensa y siente Él de nosotros. Dios Padre creó esta orilla en la que vivimos. Y la creó para nosotros, llena de paisajes, de gustos, de colores y de perfumes. El Hijo quiso tanto a los hombres que se vino a convivir con nosotros en esta orilla, a vivir en el corazón mismo de cada uno de nosotros, como un dulce huésped del alma. Esto es lo que Dios siente hacia nosotros. Y eso nos muestra que Dios es un amor tan grande en aquella orilla en que vive que su calor y su luz se desbordan hacia ésta en que vivimos. La Trinidad es un Misterio de Amor, no nos avergoncemos de no entender el Amor, cuando el Amor es infinito. 6.- ¿CÓMO ES DIOS? Por Javier Leoz Siempre, el algún momento de nuestra vida, hemos pensado en cómo puede ser Dios. ¿Cómo es Dios? Y, ante esta pregunta, vienen miles de respuestas: Dios es así pero… es mucho más que así. La Solemnidad de la Santísima Trinidad nos pone frente a una realidad: Dios Trinitario (a simple vista incomprensible) pero cercano por el amor y el amor entre las tres personas. 1.- La vida de la humanidad, es distinta desde que Dios se encarnó. Desde entonces, los pasos del hombre, han sido seguidos muy de cerca por un Dios que, siendo desconocido, adquiere la hechura de hombre para que entendamos que –su objetivo- no es otro que recuperarnos y rescatarnos definitivamente. Por supuesto, siempre habrá una intimidad, un “as” que Dios guarda debajo de su manga y que, a la mano del hombre, es imposible alcanzar. ¡Y qué importa! Nosotros, al celebrar este Misterio nos quedamos sobrecogidos por el “buen rollo” que existe entre las tres personas. Sólo por amor, y desde el amor, este Misterio es capaz de sostenerse en sí mismo. Sólo, desde la contemplación, podremos por lo menos asomarnos a este trípode divino que desciende, una y otra vez, al encuentro de la humanidad y que, una y otra vez, corre serios riesgos de ser dividido al antojo y capricho del cristiano de hoy: -Unos se conforman con pensar en Dios y sin caer en la cuenta de que, Dios, se encarnó en el seno virginal de una nazarena. ¡Qué pena! Han dejado a Dios perdido entre las nubes. ¿Tal vez para llevarlo a su propio terreno? ¿Tal vez para que no resulte tan molesto o profético como un Dios encarnado? -Otros, por otro lado, se han olvidado del Dios del cielo y se han aferrado a Jesús de Nazaret. A un Señor sin referencia a lo divino. Quieren un Jesús sin más trascendencia que la historia que le acompañó: hombre comprometido con los pobres, defensor de los oprimidos y en contra del sistema establecido. ¿Tal vez porque, el Señor Divino, les molesta ante un mundo que pretende sólo un discurso humanizante, sólo terreno y pagano? -Y finalmente, los terceros, se quedan en el sentimentalismo de la fe. Una fe sin más referencia que aquello que el momento exige. Los sentimientos son buenos siempre y cuando vayan acompañados del depósito íntegro de la fe. Un Espíritu, sin referencia a Aquel que lo envía, se convierte en secta, en sensiblería o lágrimas que brotan más desde el corazón afectado que desde las entrañas conmovidas por la Palabra de un Dios que habló por Cristo y actúa por el Espíritu Santo. 2.- ¿Cómo es Dios? A San Juan Evangelista, cuando le preguntaban: ¿Nos dices algo sobre Dios? Él, siempre, respondía: ¡DIOS ES AMOR! Este el imposible de un mundo que, lejos de ser trinitario (adorando, amando y contemplando al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo) prefiere regirse por múltiples dioses que, a su vez, se propagan como mala peste y confunden el amor con el placer, la unidad con la imposición de ideología o la caridad con unos gestos inconstantes e inconsistentes. Frente al individualismo, la Santísima Trinidad, nos presenta un impresionante icono de familia, complicidad, cercanía y fusión: ¡SON TRES EN UNO! Cada uno con su personalidad pero, cada uno, con su propio color. Cada uno diferente, pero los tres, mirando en la misma dirección. 3.- Damos gloria a la Trinidad y, en este Año de la Fe, un gran reto: recuperar ciertos signos cristianos que por tibieza (como decía el Papa Francisco recientemente), vergüenza apostólica, timidez evangélica o por seguir los parámetros de lo políticamente o socialmente correcto hemos dejado de lado. -Santiguarnos al pasar por delante de una iglesia (Dios habita sacramental mente en el sagrario) -Potenciar estos signos visibles en nuestros catequistas, catequizandos, alumnos e incluso entre nosotros mismos. -Comprometernos, cuando nos encontramos como católicos frente alguna institución deportiva, educativa, recreativa, económica….en recordar que realizar “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” nos lleva a hacer visible el mensaje de lo que llevamos dentro: ¡DIOS TRINIDAD! 4.- ESTÁS AQUÍ, SEÑOR No te vemos pero, en Belén, te hiciste hombre, te dejaste tocar, adorar, amar y ofrendar. No te escuchamos, pero en el Espíritu tu voz habla con fuerza. Fuiste, Cristo, la última palabra que pronunciaste, la que se mantiene viva perenne con el transcurso de los años y de los siglos. No te alcanzamos con la mano pero en la Eucaristía vives y nos fortaleces nos haces sentir tu cercanía y tu compromiso tu poder y tu auxilio, tu Gracia y tu bondad. ESTÁS AQUÍ, SEÑOR Que no te dejemos más allá del sol y de la luna pues bien sabemos, oh Dios, Que eres sol de justicia cuando te buscamos en las luchas de cada día o te defendemos en los más necesitados Cuando te anhelamos en un mundo que necesita ser mejor o te descubrimos en la común unión con los otros. ESTÁS AQUÍ, SEÑOR Tu secreto, un secreto a voces, es el amor del Padre, con el Hijo y en el Espíritu. Una familia que, estando sentada en el cielo, camina con los pies de Cristo en la tierra. Una conversación que, dándose en el cielo, se escucha con nitidez a través del Espíritu Santo Una mesa que, asentándose en el cielo, se prolonga en la casa de todos aquellos que cantan, creen, viven y se asombran ante el Misterio Trinitario. ESTÁS AQUÍ, SEÑOR En el amor que se comparte En la libertad que nos hace libres En los lazos que unen En el despliegue de ternura y de comprensión En la personalidad de cada uno En el afán de buscar puentes y no divisiones ESTÁS AQUÍ, SEÑOR https://www.facebook.com/javier.leozventura?ref=tn_tnmn https://www.facebook.com/betania.es 7. - LA HERMOSURA DE UNOS TEXTOS Por Ángel Gómez Escorial 1. - Voy a referirme a la hermosura de los textos que de este domingo, dentro de Ciclo C. En el fragmento del Libro de los Proverbios, la Sabiduría de Dios habla en primera persona y señala su origen. Tal vez, la mayor hermosura coincide en las últimas palabras: "...yo estaba junto a él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres." Luego el salmista se va a preguntar: "¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?, lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad”. El final del texto de San Pablo --Epístola a los Romanos-- se dice: "porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado." Finalmente, el Evangelio de San Juan afirma: "El Espíritu de la Verdad os guiará hasta la verdad plena". 2. - Hay más, por supuesto, porque el texto de San Juan sitúa en las palabras de Cristo esa realidad profunda que es la Trinidad Santísima. Pero aquí queremos llamar la atención sobre esos retazos de altura --dan vértigo-- que los textos sagrados nos muestran. La sabiduría de Dios está cerca de Él y juega con la tierra y los hombres. Los hombres, si queremos, podemos estar cerca de la sabiduría divina, tal vez no podremos comprenderla en plenitud, pero sí sentirla y algo más que intuirla. El amor de Dios está en nuestro interior porque ahí ha sido puesto por "el Espíritu Santo que se nos ha dado" y ese mismo Espíritu nos guiará hasta la verdad plena. 3.- ¿No es todo esto lo máximo que podemos aspirar? Creemos que sí. Y, sin embargo, no somos capaces de mantener esa proximidad por culpa de nuestros abandonos, de la lejanía de Dios que imponemos a nuestras almas por faltas y pecados. Pero a poco que nos esforcemos toda esa huella clara de la Divinidad Cercana estará a nuestro lado. Tal vez, nos hace falta un poco de paz, de sosiego, de serenidad, de humildad para aislarnos del ruido de nuestro mundo loco y así aprehender lo que nos Dios nos manda. No se trata de salirnos del mundo. Debemos sentir a Dios en nuestro interior y luego salir al mundo --y a grandes voces-- contárselo a quienes no le encuentran, o no le sienten. LA HOMILÍA MÁS JOVEN SANTÍSIMA TRINIDAD Por Pedrojosé Ynaraja 1.- Hay personas a las que todo les sobra. Viajan con lo puesto, viven en insípidos apartamentos, comen fuera y se divierten lejos. Trabajan lo suficiente y gastan de inmediato lo que ganan. Más que ordenar, si algo hay en su domicilio, se limitan a suprimir, ya que cualquier cosa les estorba. Sus comunicaciones personales, se limitan a entrecortadas frases que colocan en Facebook. Los tales, dicen que quieren una vida simple y, en realidad, lo que les ocurre es que subsisten pobremente, ignorantes de la inmensa felicidad de la que podrían gozar y se la pierden. 2.- Yo no creo que sea este vuestro caso, mis queridos jóvenes lectores, pero algo hay en algunos de los que se creen jóvenes de hoy, que en realidad muchos son simplemente inmaduros, que en terreno mental-espiritual les ocurre algo semejante. En el terreno cristiano, cualquier dogma les resulta inútil y molesto. Piensa y dicen, que es suficiente, como máximo, creer en Dios, lo demás les enoja. De aquí que les resulten atractivas las situaciones religiosas que reducen sus contenidos a aceptar a un Dios, más o menos omnipotente, en algunos casos tiranamente prepotente, y tres o cuatro preceptos más. Esta simplicidad facilita su indolencia intelectual y les permite escurrirse en las situaciones que les molestan. No se trata de que vuestro espíritu sea un armario repleto de verdades. 3.-Hablar de la Santísima Trinidad es tener la posibilidad de enriquecer nuestra amistad con Dios. El Padre es poderoso, mucho más que el anuncio aquel del primo grandullón. El Hijo es amigo, no simple compañero o colega. Es maestro amable. El Paráclito, como su nombre indica, es defensor, es cariño, es sonrisa. La carcajada a veces incomoda, la mirada sonriente de una chiquilla, sin picardía de lolita, siempre alegra el corazón. Pese a haber separado con un punto ortográfico los conceptos, no existe ninguna inconexión, ya que se trata de un solo Ser, a quien podemos acudir, considerándolo poderoso, hermano o u objeto de cariño, según necesitemos en cada momento. Nadie hubiera podido deducirlo o intuirlo. Creer en un Ser supremo sí, saber algo de su “interioridad”, de ninguna manera. Pese a que se pueda leer o escuchar la expresión Santísima Trinidad, entender su significado y lo que para cada uno implica, es labor espiritual. 4.- Fue confidencia de Jesús. Él mencionó en diversas ocasiones a su Padre, en otras también dijo que lo era nuestro. Él, ilusionado, anunció que su Espíritu nos visitaría, permaneciendo con nosotros. Pese a esta aparente pluralidad, proclamó que eran uno y deseó que nosotros los hombres, formáramos una unidad que se asemejase a la que había en su única y misteriosa entidad. Os vuelvo a repetir que todo esto es confidencia, por tanto que gozamos de su confianza. Aunque vosotros, mis queridos jóvenes lectores, hayáis sido amados por vuestros padres con ternura, desconoceréis muchas cosas de su personalidad. Si sois amigos o amigas de verdad, pese a ello siempre el otro será algo enigmático, de aquí la gracia de cada encuentro. Si estáis enamorados de verdad, un gran atractivo de la otra persona a quien amáis con ternura, será misterio, y su inmenso amor interior un enigma. 5.- Os puede gustar a primera vista la gracia y atractivo de su físico, saber su nombre, edad y titulaciones, pero conocerlo, conocerlo, nunca se consigue del todo, amarlo de una manera total, es imposible, pues, cada nuevo encuentro es un descubrimiento que se estrena, nuevecito, pese a que se haga en la ancianidad. El amor familiar, el de amistad y el de enamoramiento, juntos, pero no revueltos, pero sí unidos, son un anticipo de lo que uno puede experimentar en el tiempo, prenda y anticipo del goce eterno. Aceptar que Dios está presente en el “big bang” inicial, es fácil y aceptable hipótesis. Creer en el misterio de la Trinidad Santísima es experiencia de amistad. De aquí que a los misántropos les resulte difícil, por no decir imposible, reconocerlo. Para celebrar hoy esta fiesta honradamente, es preciso que nos examinemos, no de asignaturas académicas, sino de capacidad de amor y aceptación. |