XVII Domingo del Tiempo Ordinario
29 de julio de 2018

La homilía de Betania


 

1.- LA BUENA VOLUNTAD, VALE TODO

Por Javier Leoz

2.- EL GRAN SIGNO DE LA SOLIDARIDAD

Por José María Martín OSA

3.- GENTE QUE TIENE HAMBRE Y CAMINA A LA DERIVA

Por Antonio García-Moreno

4.- LA CARIDAD DIVINA Y HUMANA PUEDE HACER MILAGROS

Por Gabriel González del Estal

5.- PIDAMOS TODO AL SEÑOR

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


GENEROSIDAD HUMILDE

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- LA BUENA VOLUNTAD, VALE TODO

Por Javier Leoz

1. Todos sabemos lo que significa el pan. Entre otros aspectos, nos trae connotaciones de bienestar. Nos recuerda que, el trabajo, nos procura aquello que más necesitamos para seguir adelante: el pan de cada día.

El sabor a pan marca también el evangelio de este domingo. El secreto de la generosidad no está en la abundancia sino en la bondad del corazón. Constantemente nos encontramos con personas acaudaladas que son inmensamente tacañas y, por el contrario, con gente con escasos recursos económicos que son tremendamente espléndidos.

Y es que, la buena voluntad, es lo que nos hace grandes, solidarios, cercanos y sensibles a las carencias de los demás. Cuando existe la buena voluntad, está asegurado el primer paso para alcanzar un corazón grande. Es el todo, aún teniendo poco.

2.- Para muestra un botón; un Jesús consciente de la necesidad de aquellos que le escuchaban. Eran personas con hambre de Dios pero, como humanos, con ganas de pan recién amasado. Las dos carencias, supo y quiso satisfacer con mano providente. Jesús les dio el pan del cielo y les multiplicó a manos llenas el pan que requerían para seguir viviendo.

¿Qué hubiera ocurrido con aquellas personas si Jesús no hubiera salido al frente de aquella necesidad? ¿Hubieran desertado? ¿Se hubieran quedado famélicos y decepcionados? Tal vez. Pero, el Evangelio, nos habla del auxilio puntual de Jesús. En su mano se encuentra la bondad misma de Dios. Es un Dios que salva al hombre de sus angustias.

3- Que aprendamos esta gran lección: la felicidad no reside tanto en el tener cuanto en el compartir. Cuando se ofrece, el corazón vibra, se oxigena, se rejuvenece. ¿Sirve, al final de la vida, un gran patrimonio que no ha estado inclinado o abierto al servicio de alguien o de una buena causa cristiana?

Todos, cada día, debiéramos de mirar nuestras manos. No para que nos lean el futuro, cuanto para percatarnos si –en esas horas- hemos realizado una buena obra; si hemos ofrecido cariño; si hemos desplegado las alas de nuestra caridad; si hemos construido o por el contrario derrumbado; si nos hemos centuplicado o restado en bien de la justicia o de la fraternidad.

Si, amigos. Cada día que pasa, cada día que vivimos es una oportunidad que Dios nos da para multiplicarnos, desgastarnos y brindarnos generosamente por los demás.

Al fin y al cabo, en el atardecer de la vida, nos examinarán del amor. Dejarán de tener efecto nuestras cuentas corrientes. Nuestras inversiones. Nuestros apellidos y nobleza. Nuestra apariencia y riqueza….y comenzará a valer, su peso en oro, las manos que supieron estar siempre abiertas.

4.- AQUÍ ME TIENES, SEÑOR

Soy poco, muy poco o casi nada,

pero con tus manos

multiplicarás lo que en el mundo

sea más necesario por tu Reino.

Conoces mi debilidad, mis pecados,

mis carencias y errores,

más sé que con tu mirada, y por mí fe,

multiplicarás lo bueno que en mí pusiste

y harás que, aquellos que me rodean,

puedan servirse de la bondad que desparramas.

AQUÍ ME TIENES, SEÑOR

Quiero ser uno de esos cinco panes,

para que, el hambriento que sale al camino

no marche a su casa sin haber comido

del pan de mi fraternidad

del auxilio de mi solidaridad

del agua de mi caridad

AQUÍ ME TIENES, SEÑOR

Tal vez, sea insuficiente;

mis capacidades, mi pensamiento,

mi alabanza, mi oración,

mi entrega, mi testimonio.

Tal vez sea poco

lo que la cesta de mi corazón albergue.

Pero, aquí me tienes, Señor

Mucho me diste y, por ello,

te doy las gracias, te bendigo y te alabo.

Mucho me diste y, por ello,

te pido que nunca deje de ser sensible

a las necesidades de mis hermanos.

Amén


2.- EL GRAN SIGNO DE LA SOLIDARIDAD

Por José María Martín OSA

1.- Ver el hambre de la gente. En tiempo de Eliseo el pueblo está sufriendo en carne viva las consecuencias de un hambre prolongada. Era una costumbre el llevar a los hombres de Dios, como signo de sacrificio y consagración a Dios, los primeros frutos del campo. Lo que en principio estaba destinado para el goce de uno solo, por obra de Dios en manos de su profeta, se va a convertir en salud para muchos. El paralelismo de este relato con los evangélicos de la multiplicación de los panes es verdaderamente llamativo. Dios no abandona del todo a su pueblo. Jesús en el evangelio hace realidad la Buena Nueva que predica. Nadie le pide que intervenga. Es él mismo quien intuye el hambre de aquella gente y plantea, movido por la compasión, la necesidad de alimentarla. Jesús no solo alimentaba a la gente con la Buena Noticia de Dios, sino que le preocupaba también el hambre de sus hijos e hijas.

2.- El gran signo es “compartir”. El signo de la multiplicación de los panes está en los cuatro evangelistas, lo cual quiere decir esta comida compartida impresionó a los primeros cristianos. Es un texto cargado de simbolismo. Lo explica así San Agustín: “Los cinco mil hombres significan el pueblo sometido a los cinco libros de la ley; los doce canastos son los doce apóstoles, que, a su vez, se llenaron con los fragmentos de la ley. Los dos peces son o bien los dos mandamientos del amor de Dios y del prójimo, o bien los dos pueblos: el de la circuncisión y el del prepucio, o las dos funciones sagradas, la real y la sacerdotal”. Los apóstoles, acomodando a las gentes, repartiendo el pan y recogiendo las sobras, hacen referencia a la Iglesia, dispensadora del pan de los pobres y del pan de la Palabra y la Eucaristía. Jesús une la palabra y el pan. La Iglesia, si quiere ser fiel a Cristo, ha de unir a la palabra el pan de la caridad. Esta comida compartida era para los primeros cristianos un símbolo atractivo de la comunidad nacida de Jesús para construir una humanidad nueva y fraterna. Si hay hambre en el mundo, no es por escasez de alimentos sino porque nos falta generosidad para compartir. No echemos la culpa solo a los poderosos. La gente se muere de hambre porque somos egoístas. La lacra del hambre es consecuencia de nuestro pecado, pues Dios ha puesto los bienes del mundo al servicio de todos, no de unos pocos. Nosotros podemos saciar el hambre, Jesús nos lo pide: "Dadles vosotros de comer".

3.- La misión de la Iglesia. Los pastores de la Iglesia han de dar ese pan y ayudarnos a compartirlo. Deben ayudar a que llegue a todos el pan material que acaba con el hambre del cuerpo, y el pan de la palabra y la Eucaristía, que sacia el hambre más existencial del hombre. En este signo de la multiplicación de los panes se ven diseñadas las tareas pastorales de la Iglesia: predicar la palabra, repartir el pan eucarístico y servir el pan a los pobres. El hambre de verdad y plenitud sólo puede saciarla Dios. No nos reservemos para nosotros la gracia recibida. Son doce los cestos sobrantes, somos nosotros ahora los discípulos de Jesús. Vivamos de verdad la gran fiesta de la solidaridad


3.- GENTE QUE TIENE HAMBRE Y CAMINA A LA DERIVA

Por Antonio García-Moreno

1.- DESDE LA PRISIÓN.- La liturgia de la misa dominical sigue con la lectura de la carta de San Pablo a los Efesios que, junto a la que envió a los Filipenses, a los Colosenses y a Filemón, constituye el grupo de las llamadas cartas de la cautividad. Todas ellas están escritas desde la prisión. La valentía del Apóstol en predicar el mensaje de Cristo le ha llevado a esta situación humillante y penosa. Pero Pablo no ceja en su empeño y, aunque sea entre cadenas, sigue predicando a Cristo y animando a los cristianos para que vivan como tales.

Ahora les dice que sean siempre humildes y amables, comprensivos, que se afanen por sobrellevarse los unos a los otros con amor... Sus palabras, no lo olvidemos, se dirigen también a cada uno de nosotros, esperando una respuesta a esa exigencia que nos pone por delante. Si somos cristianos, y lo somos, vamos a luchar por vivir conforme a la vocación que hemos recibido. Sobre todo en esos puntos que San Pablo señalaba: en la sencillez y en la amabilidad, en la comprensión, en el amor mutuo.

En medio de su prisión, San Pablo vibra apostólicamente. Sus palabras se desgranan pletóricas de entusiasmo, llenas de fe, pujantes y optimistas. Si no lo indicara, se pudiera pensar que escribe en circunstancias distintas, más halagüeñas, más placenteras. La razón de todo ese vigor y empuje está en su fe profunda en Dios. Está convencido del poder divino, de su amor infinito, de su grandeza indescriptible, con un optimismo desbordante, con un gozo sin fin. Por eso, una vez más, sus palabras se convierten en un canto de gloria, una doxología que sale a borbotones de su alma gozosa, de su espíritu desbordado por la gracia divina. Es estado de ánimo le hace exclamar: Bendito sea Dios por los siglos de los siglos. Amén.

2.- HAMBRE DE DIOS.- Las muchedumbres siguen a Jesús, cuyas palabras penetran en los corazones como bálsamo que cura heridas e infunde esperanza. Luces nuevas se encendieron en el mundo desde que Cristo llegó, ilusiones juveniles anidaron en el corazón del hombre, afanes por alcanzar altas metas de perfección y de santidad. Hoy también la gente marcha detrás de Jesucristo cuando percibe, o intuye, su presencia entrañable. El espectáculo de las multitudes en seguimiento del Papa es una prueba de ello.

Dice el texto que Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Es uno de esos momentos de intimidad del Maestro con los suyos. Momentos de trato personal y directo que hemos de revivir cuantos queremos seguir de cerca a Jesús. Son instantes para renovar la amistad con Dios, el deseo de servirle con alma vida y corazón. Acudamos, pues, al silencio de la oración para oír la voz de Jesús, presente en el Sagrario, para decirle cuán poco le amamos y cuánto quisiéramos amarle.

Aquellos que van detrás de Jesús en este pasaje, son gente que tiene hambre y camina a la deriva. Hambre de comprensión y de cariño, hambre de verdad y de recta doctrina, hambre de Dios en definitiva. El Señor satisfizo el hambre de aquella multitud multiplicando unos panes y unos peces. Aquel suceso vino a ser un símbolo de ese otro Pan que el Señor nos entrega, el Pan que da la Vida eterna. Jesús vuelve cada día a multiplicar su presencia bienhechora en la celebración Eucarística. Una y otra vez reparte a las multitudes hambrientas el alimento de su Cuerpo sacramentado. Sólo es preciso caminar detrás de Jesús, acudir a su invitación para que participemos, limpia el alma de pecado, en el banquete sagrado de la Eucaristía.


4.- LA CARIDAD DIVINA Y HUMANA PUEDE HACER MILAGROS

Por Gabriel González del Estal

1.- Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. La misericordia de Dios es infinita y Jesús de Nazaret, en este relato evangélico y en otros muchos, se portó como un verdadero Dios: con cinco panes y dos peces dio de comer a más de cinco mil personas. No nos importa ahora analizar la historicidad literal del número de comensales. El pueblo sencillo, en el mundo judío, leía los textos bíblicos con una finalidad más catequética, que histórica, tal como entendemos hoy la historia. Yo, hoy, también quiero ser gente sencilla y en el relato de la multiplicación de los panes y los peces lo que admiro es, sobre todo, la infinita misericordia de Dios para con nosotros. Jesús era un hombre compasivo y, al ver a tanta gente con hambre y con sed, lo primero que pensó y quiso fue saciar el hambre y la sed de aquellas personas. Este es el mensaje que tiene hoy para mí la multiplicación de los panes y los peces. Nosotros sabemos hoy que hay no miles, sino millones de personas que tienen hambre. ¿Qué hacemos los discípulos de Jesús para saciar el hambre de estos millones de personas? Las soluciones que están intentando dar nuestros jefes, banqueros y políticos a la crisis económica que padecemos no tiene parecido alguno con la actitud de Jesús. Y esto está ocurriendo en una Europa que es, al menos en sus raíces, cristiana. Pero no pensemos ahora en los banqueros y en los políticos, ¿qué estamos haciendo cada uno de nosotros para saciar el hambre de esos millones de personas que se están muriendo de hambre?

2.- Le seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. En este texto evangélico hemos visto que la misericordia de Dios es infinita, pero también podemos ver en este mismo texto que el egoísmo y la tacañería humana es humana, demasiado humana. La mayor parte de la gente que seguía a Jesús no lo hacía por amor a Jesús, sino por amor a sí mismos. Cuando llegaba Jesús a un determinado lugar la gente sencilla acudía en masa a verle. ¿Para qué? Para que les curara de sus enfermedades o, como en este caso, para que les resolviera sus problemas sociales y laborales. Al final del texto nos dice el evangelista que Jesús, “sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo”. Es decir, que hombres eran entonces y hombres somos ahora: siempre preocupados por nosotros mismos y pocas veces preocupados por los demás. Gracias a Dios que hay maravillosas excepciones, hay personas que intentan de verdad, y a veces lo consiguen, parecerse a Jesús de Nazaret. Vamos a pedirle al buen Dios que nos ayude a despojarnos de nuestro habitual egoísmo y que nos dé fuerzas para vestirnos con el hábito de generosidad y amor de su hijo, Jesús. Puesto que sabemos que también hoy la gente sencilla nos seguirá principalmente por nuestra generosidad y por nuestro amor, seamos generosos y caritativos con la gente. Al estilo de Jesús.

3.- Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente, con amor. Al final, como se nos dice hoy en esta carta de san Pablo a los Efesios, lo que debe distinguir a los cristianos es el amor. El amor de Cristo, claro. Dios es amor y, si vivimos con amor y por amor, viviremos como Dios, como vivió el Cristo que multiplicó los cinco panes y los dos peces. El amor, según san Pablo, es humildad, es amabilidad, es comprensión, es comunión, es paz. El espíritu de Cristo fue también amor, un amor que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Si todos los cristianos tuviéramos el espíritu de Cristo, la gente, la gente sencilla al menos, nos seguiría como siguió a Jesús.


5.- PIDAMOS TODO AL SEÑOR

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Mucha gente --y hace bien-- le pide a Dios que le arregle sus asuntos materiales. No parece un disparate que un hambriento pida pan al Señor y que un pobre le demande algo para salir de su situación precaria. Solo los soberbios eligen el tipo de peticiones que no se "pueden" hacer a Dios. Cuando Jesús multiplica los panes y los peces la muchedumbre le quiere hacer rey y el se marcha, solo, a la montaña. No desprecia el entusiasmo popular y lo comprende, pero no puede ser así y por eso se marcha.

Jesús nunca habló de peticiones especializadas, sino de la fe necesaria para pedirlas. Asimismo, otros soberbios no piden porque no confían en que Dios podrá satisfacerlos y ese es muy mal camino. Nuestra oración a Dios debe ser completamente sincera. Ello nos llevará a pedir lo que consideramos justo y necesario. Pero, no podemos dejar de pedir a un amigo lo imposible si ello es bueno. Estamos seguros aquí en Betania que, de una forma u otra, el Señor siempre da cumplida respuesta a nuestras peticiones.

2.- Un solo cuerpo, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Ese es el resumen del pasaje de la Carta de Pablo a los Efesios y nos dispone a pensar en la unidad de los cristianos. La desunión es una de las cosas que más escandalizan y debemos de esforzarnos porque un día solo haya un rebaño conducido por el Señor Jesús. En los últimos tiempos se ha trabajado mucho en el Ecumenismo, pero no hay transferencias reales. Los templos de una y otra confesión siguen cerrados para los que no pertenecen a la misma. Hay que avanzar en ese camino de puertas abiertas. A veces es lógico pensar que la herejía es más una posición que una concreción doctrinal. Anglicanos, católicos y ortodoxos estamos muy cerca en nuestras celebraciones litúrgicas y, sin embargo, continuamos desunidos. Habría que dar un paso "provisional" para que, al menos, los templos nos sirvieran a todos. Esto es lo que deseamos con todo el corazón.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


GENEROSIDAD HUMILDE

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Los pasajes bíblicos que la liturgia nos ofrece para la misa de este domingo son introducción a la doctrina que sucesivamente se nos irá ofreciendo las siguientes semanas. La mirada estará siempre puesta en la Eucaristía. pero no se nos ofrece de sopetón, seamos pues leales y humildemente sumerjámonos en los textos de hoy. Es pura anécdota, pero puede sacársele su jugo. Fijaos, mis queridos jóvenes lectores, que se habla de peces, que no son manjares exquisitos. Muchos de vosotros, posiblemente, no apreciaréis este alimento, diréis que tiene espinas y poco buen sabor. Aquel muchacho es lo que tenía en su zurrón. Se trataría de pescado secado al sol y salado, era la única conserva que por aquel entonces se conocía. La otra vianda era pan de cebada, lo dice explícitamente el texto. Nada de pan blanco de harina de trigo, bollos, torta o galletas. El pan de cebada era el cotidiano de los pobres. Primera enseñanza, pues, la austeridad y generosidad.

2.- Eliseo, el gran profeta sucesor de Elías, indica al buen hombre que le traía con veneración religiosa, unos panes de calidad, de las primicias, aunque también el texto señala que eran de cebada, que los reparta entre la multitud. El profeta era optimista, visionario, idealista. El criado un sancho panza realista. Tan poco como había, se iba a repartir entre una multitud, era broma pesada e inútil. Una migaja a cada uno ¿de qué les saciaría?. La Fe del profeta y la sumisión del criado está por encima de la realidad que se aprecia con los ojos. Comen todos y sobra ¡anda ya!

3.- La mejor semilla, plantada en mal terreno no germina. La Fe del más ilustre y estudioso intelectual, si no es honesto, humilde, leal y generoso, no prospera. Por más armamento pesado y tecnología bélica que posea una nación, si sus ejércitos y sus ciudadanos no están unidos, si se disputan el mando y ambicionan dominios, aquel territorio perderá su libertad. Estas son las enseñanzas de Pablo a los efesios, esto es lo que requiere Dios que hoy nos preguntemos, si deseamos progresar cristianamente.

4.- El gran milagro, el asombroso prodigio de que una multitud hambrienta pueda saciarse, se inicia con la pequeña generosidad de un muchacho. ¿qué hubierais hecho vosotros, mis queridos jóvenes lectores, si os hubierais encontrado allí y siendo los únicos que en la mochila llevabais comida? ¿Qué hacéis con vuestro poco dinero que tenéis, ante el hambre subsahariana, la miseria de los fugitivos que pretenden atravesar el Mediterráneo, tantos pueblos víctimas de la sequía o del cambio climático?

El criterio no debe ser daré si tengo, sino daré en función de lo que gasto en cosas que no son totalmente necesarias para vivir.