XIX Domingo del Tiempo Ordinario
12 de agosto de 2018

La homilía de Betania


 

1.- TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA

Por Antonio García-Moreno

2.- EL PAN DE VIDA Y LA FE VIVA EN CRISTO NOS DAN LA VIDA ETERNA

Por Gabriel González del Estal

3.- COMULGAR ES UNIRSE A JESUCRISTO Y COMPROMETERSE EN SU MISIÓN

Por José María Martín OSA

4.- LA VIDA NO ES SOLO COMER

Por Javier Leoz

5.- EL SEÑOR NOS SALVA DE LA ANGUSTIA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


HAY QUE CONFIAR, AUNQUE NO ENTENDAMOS

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA

Por Antonio García-Moreno

1.- Tristeza de Dios.- "Hermanos: no pongáis tristes el Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final" (Ef 4, 30). Sorprenden estas palabras del Apóstol. Si embargo, sólo con lenguaje antropomórfico. Sólo aplicándole nuestras categorías mentales podemos entender algo. Es verdad que ese lenguaje aplicado a Dios será siempre analógico, aproximado. Y es que Dios no es sólo aquello que nos dice la Biblia, es eso y muchísimo más, infinitamente más.

Hoy San Pablo nos dice que no pongamos triste al Espíritu Santo, que no pongamos triste a Dios... Misterio hondo este de que el hombre pueda entristecer a Dios. Pero ahí están esas palabras que contienen la verdad. Por otro lado no es difícil imaginar que, si Dios nos ama ilimitadamente, su corazón se llene de pena al ver lo mal que correspondemos a su amor. Dios triste, Dios llorando. He visto llorar a Dios, decía una canción. Lágrimas de Dios porque sus hijos no correspondemos a sus desvelos, lágrimas de Padre que ve cómo sus hijos le vuelven la espalda y se pelean entre sí. Misterio y realidad, tristeza de Dios.

"Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros, como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios como hijos queridos y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por vosotros como oblación y víctima de suave olor". Así Dios cambiará las lágrimas por una sonrisa. Sí, sonreirá al vernos sin amargura en el alma, sin ira en el corazón, sin enfado en los gestos, sin insultos en la boca, sin malicia en los ojos...Todos sonreiremos entonces, y todos dejaremos de llorar.

Imitadores de Dios, hijos queridos, hermanos bienaventurados que se ayudan y se quieren mutuamente. Una vida hecha de espíritu de entrega y de servicio, un paraíso en la tierra...No pongáis triste al Espíritu Santo, y tampoco vosotros estaréis tristes. Alegrad con vuestra vida el corazón de Dios y también vosotros os llenaréis de paz y de gozo. No tenemos hambre

2.- ¿A quién vamos a ir? - Seguimos contemplando el pasaje evangélico que San Juan recoge en el capítulo sexto de su Evangelio. Fue un acontecimiento que suscitó polémica, y también una ocasión para que Jesús expusiera una doctrina tan importante como la referente a la Sagrada Eucaristía. Sus palabras son claras y contundentes, expresión meridiana de la realidad inefable que constituye el augusto Sacramento del Altar. Su carne es verdadera co-mida, alimento espiritual que transmite la vida eterna y alienta en cierto modo la vida terrena del hombre. Pan vivo bajado del Cielo que, más aún que el maná, fortalecerá a quienes caminamos por este desierto que es la vida misma.

Pero aquellos hombres, lo mismo que ocurre hoy con tantos otros, no entendieron a Jesús; o, mejor dicho, no quisieron comprenderle. Le criticaron abiertamente y le abandonaron. Este momento, después de los discursos de Cafarnaún, fue uno de los más decisivos en la vida de Jesús. A punto estuvo de quedarse solo, abandonado incluso de los más íntimos. Sólo Pedro, siendo el portavoz de los demás apóstoles, hizo un acto de fe al exclamar: ¿a quién vamos a ir, si tú tienes palabras de vida eterna?

Las mismas críticas de entonces, de una u otra forma, se repiten en cierto modo a lo largo de los tiempos. Hoy también surge la incomprensión y la incredulidad, la actitud crítica ante las exigencias de la fe que tratan de obstaculizar la marcha del Reino de Dios. Sin embargo, el daño que causen será siempre periférico, por muy hondo que pueda parecer. Siempre quedará un pequeño resto tan encendido y vibrante, que consiga mantener el fuego sagrado y hacerlo prender una y otra vez en el mundo entero.

Dios está empeñado en que la salvación se lleve a cabo. Él sigue tocando el corazón de los hombres, atrayéndolos de forma irresistible. La gracia divina actúa de forma dinámica y moviliza de mil maneras el corazón humano. Podrá parecer en ocasiones que Dios está ausente, pero no es verdad. El está cerca de nosotros, atento a nuestras necesidades, pronto a socorrernos a pesar de no merecerlo. Dios Padre nos habla a cada uno, y de cada uno espera una respuesta que nos lleve a vivir siempre muy próximo a Jesús, el único que tiene palabras de vida eterna.


2.- EL PAN DE VIDA Y LA FE VIVA EN CRISTO NOS DAN LA VIDA ETERNA

Por Gabriel González del Estal

1.- Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. San Juan dice, en el evangelio y en sus Cartas, que tanto el pan de vida, como la fe en Cristo, producen el mismo efecto: la vida eterna. Como sabemos, San Juan no describe en su evangelio la institución de la eucaristía, pero en el capítulo sexto habla extensa y profundamente del pan de vida. El pan de vida nos dice San Juan, nos da la vida eterna. También nos dice San Juan en este mismo capítulo que el que cree en él tiene vida eterna. Para San Juan el pan de vida y la fe viva en Cristo producen, pues, el mismo efecto: la vida eterna. De donde debemos deducir que la fe viva en Cristo es también comunión con Cristo. Es decir, que comer el pan vivo y creer en Cristo, según San Juan, es vivir en comunión con él. Es evidente que no se trata aquí de un comer físicamente el cuerpo de Cristo, como tampoco se trata aquí de un simple creer racionalmente en Cristo. Comer el cuerpo de Cristo es comulgar con él, es identificarse místicamente con él, como también creer en Cristo es querer identificarme con él, es querer vivir en comunión con él. Cuando comemos físicamente el cuerpo sacramentado de Cristo en la eucaristía debemos comulgar mística y espiritualmente también con Cristo. Solo si comulgamos espiritualmente con Cristo cuando comemos físicamente el pan consagrado, habremos comido el pan vivo que nos hace vivir para siempre. En este sentido, se han aplicado estas palabras de San Juan a la participación de los fieles en el sacramento de la eucaristía. El pan que comulgamos lo recibimos como pan de vida, como vida de Cristo, y por eso creemos que este pan nos da la vida eterna. No debemos separar nunca la comunión física de la comunión espiritual, porque comulgar con Cristo es comulgar con el cuerpo místico de Cristo, del que todos nosotros somos miembros vivos.

2.- ¡Levántate, come! Elías se levantó, comió y bebió y, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios. La eucaristía debe ser para nosotros alimento y fuerza espiritual, para vencer los muchos cansancios y las muchas dificultades que tenemos que vencer en nuestra vida. El profeta Elías se encontraba derrumbado física y psíquicamente, hasta el punto de desear la muerte. Pero el pan que le había preparado el ángel – el pan del cielo- le dio vida y vigor. El profeta Elías empleaba todas sus fuerzas en comunicar a su pueblo las palabras que el Señor ponía en su boca; él era únicamente un instrumento del que se valía Dios para hablar a su pueblo. Esta debe ser la misión de todo predicador del evangelio: ser un canal a través del cual la voz de Cristo llegue a otras personas. Para esto, el canal debe estar limpio y ser resistente; con la eucaristía Dios mismo limpia nuestro espíritu y nos da fuerza y entusiasmo. La fuerza que recibimos en la eucaristía no debe quedarse en nosotros, debe ser fuerza que fortalezca a los demás. No sólo comulgamos para nosotros mismos; comulgamos también para los demás.

3.- No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios. San Pablo sigue animando a los fieles de Éfeso a vivir en comunidad cristiana y fraterna, tal como el Señor Jesús se lo había recomendado. Una comunidad cristiana en la que no reine el amor no es verdadera comunidad cristiana, porque no es una comunidad presidida por el Espíritu de Cristo, que es espíritu de amor. Los consejos concretos que da San Pablo a los primeros cristianos de Éfeso siguen siendo hoy tan válidos como entonces. Es suficiente con que los recordemos literalmente: “desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo”. Más resumido y mejor no se puede decir.


3.- COMULGAR ES UNIRSE A JESUCRISTO Y COMPROMETERSE EN SU MISIÓN

Por José María Martín OSA

1.- Vence y convence la fe. Puede que en alguna ocasión hayamos vivido la misma situación angustiosa del profeta Elías. Está al borde de la desesperación. No vale la pena seguir luchando. El poder del rey, manejado por una mujer ambiciosa y desaprensiva, la reina Jezabel, es más fuerte que él: su vida está en peligro. Pero en la lucha entre su fe en Dios y el miedo al rey, vence la fe. Dios sostiene a su profeta. Ahora se repetirán las maravillas del éxodo: el pan que sustentará a Elías en su peregrinación ("de cuarenta días, hasta el monte santo...") recuerda el maná, aunque sólo es el anticipo del "verdadero pan bajado del cielo". En la vida sentimos, a veces, que no vale la pena molestarse más: nada cambia e incluso todo va peor. En esta situación encontramos a Jesús que fue capaz de seguir hasta el final. Su pan y su vino, la eucaristía, sostienen nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.

2.- “Gustad y ved qué bueno es el Señor”. El almo 33 nos invita a gustar la bondad del Señor. El salmista nos cuenta su experiencia: invocó al Señor, y Dios se inclinó hacia él, le escuchó, y respondiéndole le libró de todas sus ansias, de todos sus males y angustias. "Yo consulté al Señor y me respondió". Su confianza en Yahvé se vio correspondida. Dios no desatiende jamás las súplicas de aquellos que le invocan. Por esto de nuevo el autor exhorta: "Contempladlo y quedaréis radiantes": mirar a Dios es mirar la luz y, por tanto, reflejarla. Quien camina en la luz se halla iluminado, irradia él mismo luz, luz de alegría, de confianza, de seguridad. La frente de los justos no tiene de qué avergonzarse, puede ir siempre alta. La Carta a los Efesios nos invita aspirar a la perfección del amor, de un amor que sabe perdonar sin hacerse cómplice del pecado, de un amor redentor que libera al opresor y al oprimido. Es así como imitaremos también el amor de Cristo, que se entrega por todos nosotros al Padre haciéndose sacerdote de sí mismo, haciéndose sacerdote y víctima al mismo tiempo.

3.- Comulgar es comprometerse. Jesús es el enviado de Dios que nos pide creer en él. Creer que él es el pan de vida y que hay que comerlo. Para esto basta la fe por la caridad. Pero Jesús nos advierte en el evangelio de algo muy importante: "Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado". La atracción hacia Jesús la produce Dios mismo. El Padre que lo ha enviado al mundo despierta nuestro corazón para que nos acerquemos a Jesús con gozo y confianza, superando dudas y resistencias. Porque Jesús no explicará cómo habrá que comer su carne, cómo habrá que usar ese alimento divino que es él. Únicamente busca una respuesta de fe. Y no suaviza nada la exigencia de su verdad. Jesús, él mismo y no otra cosa, se presenta como "el pan de la vida". En cada una de sus palabras y de sus obras Jesús se da y se comunica a todos los que creen en él, y éstos reciben a Jesús y no sólo las palabras de Jesús. El "pan de vida", el que "ha bajado del cielo", es la misma realidad de Jesús, su propia carne y una carne que se entrega para la vida del mundo. Comulgar es recibir el cuerpo de Cristo "que se entrega por la vida del mundo"; por lo tanto, es incorporarse personalmente a Cristo y enrolarse en su misión salvadora y en su sacrificio. La eucaristía fue instituida "la noche antes de padecer" para que los discípulos quedaran comprometidos en la misma entrega que Jesucristo, que se iba a realizar definitivamente al día siguiente. El que comulga debe saber que siempre se halla en esta situación: "antes de padecer" y que recibe "el cuerpo que se entrega para la vida del mundo". Comulgar no es sólo comer, es creer, y esto significa comprometerse.


4.- LA VIDA NO ES SOLO COMER

Por Javier Leoz

1. Nunca como hoy, la humanidad o gran parte de ella, ha dispuesto de tantos adelantos: comunicación por aire, tierra y mar. Recursos de alimentación o bienes materiales en abundancia y, por contraste, en algunos lugares con tanta escasez y desigualdades.

Nunca como hoy, la humanidad, ha tenido tanto y, por lo que sea, nunca ha tenido tanta sensación de insatisfacción, de infelicidad. Algo ocurre en nuestro globo cuando, tanto personal, dice tener poco apego a la vida. Cuando, la droga, el suicidio u otras prácticas de riesgo se convierten en una llamada de atención que nos debiera de hacer reflexionar: la vida, no sólo es tener, acaparar, aparentar, conquistar, consumir o comer. Es mucho más. Tenemos que descubrir o llegar a algo más que le dé sentido.

No es de extrañar, precisamente por eso, que mucha gente encuentre en el sano altruismo, en la entrega generosa hacia los demás, muchas razones para vivir o sentirse realizado. Y, al contrario, no es de extrañar tampoco que otros –teniéndolo todo- no sepan por donde tirar para alcanzar un equilibrio razonable en su vida.

¿Dónde está la respuesta? Para nosotros, los cristianos, en Cristo. Y desde ahí hemos de trabajar. De poco sirve ser los más adelantados; que la ciencia vaya conquistando campos hasta unos años impensables; que los grandes descubrimientos dejen a parte de la humanidad con los ojos asombrados o que, por ejemplo, el bienestar del hombre –en algunos rincones del mundo- haya alcanzado cotas impresionantes. ¿Es positivo si luego, a continuación, fallamos y faltamos en lo esencial: el hombre?

2.- La apariencia, lo material y lo puramente superficial, se pueden convertir en un cruel muro que nos impida dar el salto a Dios. A los judíos les aconteció lo mismo: estaban tan aferrados a la ley (y a sus propios privilegios) que el paso del código de normas a Jesús les resultaba escandaloso, imposible, inadmisible. Entre otras cosas porque, aquello, suponía desmontar muchas ideas y muchos intereses; apearse de muchos caballos domesticados a su propia medida.

Hoy, como entonces, también nos encontramos con escenas muy parecidas: ¡creo en Dios pero no en la Iglesia! ¡Yo me confieso directamente con Dios! ¡A mí con creer en Dios me basta, me sobran los curas! ¿No será en el fondo que seguimos sin creer en el Dios encarnado? ¿No será que, muchos, seguimos o siguen pensando que Dios es un Dios a nuestro antojo, capricho y sometido a nuestra propia ley?

3.- Ojala, amigos, sigamos avanzando en el conocimiento de Dios. Pero, no lo olvidemos; para llegar hasta El, el único camino es Jesucristo.

Que no reduzcamos nuestra vida a “un ir tirando comiendo.” Que nos preocupemos de buscar siempre razones, momentos, profetas, ayudas para “un ir viviendo creyendo en Jesús”.

4.- PAN VIVO, EN UN MUNDO MUERTO

Fortaleces, con tu pan,

al que hambriento de otros panes

cae bajo el peso de su propia debilidad.

Nos sacias, Señor, con tu ternura

y, cuando falla el calor humano,

te haces encuentro, caricia,

abrazo, respuesta y amor entregado

 

Eres pan vivo, Señor,

en un mundo que, creyéndose seguro,

es zarandeado al viento de su propio egoísmo.

 

Eres pan vivo, Señor,

que, cuando se recibe con fe,

produce el milagro del amor sin farsa

el milagro de la fe sin fisuras

el milagro de las manos abiertas

el milagro de darse sin agotarse

 

Eres pan vivo, Señor,

y quien te recibe, vive eternamente

quien te recibe, cree y espera

quien te come, ama y se entrega

quien te comulga, perdona y olvida

 

Eres pan vivo, Señor;

ayúdame a responderte con mi fe

enséñame a ver más allá de mi mismo

condúceme hasta tu regazo

para que, allá donde yo vaya,

siempre contigo me encuentre.

 

Y, cuando yo crea sentirme demasiado vivo,

haz que, con tu pan,

comprenda que el mundo

está demasiado muerto

cuando es incapaz de reconocerte

como el pan vivo y verdadero sustento.

Amén.


5.- EL SEÑOR NOS SALVA DE LA ANGUSTIA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Hace un par de semanas, me refería al Salmo 33, también. Ahora, tanto en las lecturas de este domingo 19 del Tiempo Ordinario, como en las relativas al próximo, el vigésimo, se incluye la lectura del referido salmo 33. La segunda parte del Salmo 33 la tendremos en la misa del domingo siguiente. Me ha parecido oportuno, entonces, volver sobre el tema, basándome en lo escrito anteriormente. Otra cuestión –todo sea dicho de paso— que muy pocas veces hay en las homilías comentarios sobre los salmos, aunque, obviamente, son parte muy básica y muy didáctica de la misa. Bueno, esa reiteración del salmo 33 para algunos lectores les resultará conocido, pero no así para otros.

3.- Es un texto prodigioso, de máxima actualidad y que puede servir como receta para nuestra oración diaria. El Salmo 33 debe ser leído con mucha atención. Dice. "Yo consulté al Señor y me respondió, me libró de todas mis ansias". Y así fue para mí. Los versos del Salmo son como una narración personal. La angustia está siempre muy presente en los humanos. Y ese mal nos hace vivir peor. El Salmo 33 parece una obra moderna, como si hubiera sido escrito a la medida de nuestra época plena de estrés y sobrado de angustias. Reconozco tener una especial predilección por dicho Salmo. En cierta ocasión, todavía a medio convertir, en un momento grave y difícil, tras la lectura –casi accidental e imprevista del mismo— se produjo el cambio. Me problema se había resuelto de manera casi inmediata o, al menos, yo vi la solución ahí.

4.- No cabe la menor duda que los Salmos son las piezas oracionales de gran importancia, dentro de lo que nos ofrecen las Sagradas Escrituras. Su lectura nos inicia en un tiempo de plegaria de enorme fuerza. No es pues casualidad que la Liturgia de las Horas –la formula de la Iglesia para rezar a Dios cinco veces al día— utilice los salmos como ingredientes principales. Por otro lado, los salmos son de una perspicacia social y psicológica muy notables. Se adaptan a nuestros problemas concretos, en un momento dado nos parece que alguien nos lo ha escrito a la medida, a pesar de han sido redactados hacia varios miles de años.

5.- “Cuando uno grita, el Señor les escucha y lo libra de sus angustias” Esa es mi juicio la invocación más segura. Uno, en el seno de su desesperación grita en ayuda del Señor y este acude de inmediato. El grito ha de ser sincero, no plañidero. Fuerte, inequívoco. Hay en el Salmo algunos versículos de parecida intención y contenido. “Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias”. Se trata de una frase muy parecida, que aparece casi al principio. Y también: “El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos”. Y es que en la tribulación el único consuelo verdadero y eficaz es Dios. “Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella”. Cambia de “argumento” el salmo y nos enseña el mal camino de la mentira. ¿Nos damos cuenta que en estos tiempos muchas conductas están basadas solo en la mentira y en la simulación? Pues así es. Y esas mentiras no solo son ofrecidas a los demás. Lo peor es mentirse a uno mismo y falsear nuestra propia conciencia. También es muy llamativo lo siguiente: “¿hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad?”. Todos deseamos eso, pues también podemos pedírselo al Señor.

3.- La oferta de ayuda del Señor que conocemos por el Salmo 33 queda muy clara en el ofrecimiento del Señor Jesús de su Carne y de su Cuerpo. Y es que el Sacramento que encierra y contiene dicha donación es sublime y cura todas las enfermedades, físicas y espirituales. Y esto no es una metáfora. La Iglesia tiene muchos testimonios –a lo largo de los siglos—de que la Eucaristía influye indeleblemente en hombres y mujeres para ayudarlos y sacarlos de sus dolencias. El Evangelio de Juan que hemos escuchado hoy contiene esa revelación sorprendente de Jesús de Nazaret. Él es pan bajado del cielo y el que come ese pan vivirá para siempre. Ciertamente, el pan del cielo es vehículo y viático para el mundo futuro, para la eternidad, pero, igualmente, es remedio seguro para las azarosas jornadas de nuestra vida presente.

4.- Elías –lo dice el capítulo 19 del Libro de los Reyes— se ve vencido en plena caminata por el desierto. Una depresión muy fuerte ocupa su mente y quiere morir. Todo en él, en esos momentos, es angustia. Pero Dios, el Señor, por medio de su ángel le envía pan desde el cielo y recobra fuerzas y todo el tino para seguir. Por dos veces el alimento celestial le llega y gracias a él llega al Monte de Dios, al Orbe, donde para los judíos residía Yahvé. Guarda este episodio relación con el evangelio y, por supuesto, con el Salmo 33.

La lectura atenta del fragmento de la Carta de San Pablo a los Efesios es un parte y un todo de los mensajes que hoy nos trae la liturgia de esta misa del domingo 19 del Tiempo Ordinario. Y es que, sin duda, los sentimientos de Elías serían parecidos a los que describe Pablo de Tarso: amargura, ira, enfados, insultos y todos los ejemplos de la maldad. Es la “torcedura” de ánimo que muchas veces al día y durante muchas jornadas sufre un buen número de hermanos nuestros. Bien puede ser por la depresión que es la enfermedad más extendida –dicen— ahora. Pero si buscamos a Cristo –aliento y medicina— recibiremos el amor y este amor nos sanará.

Hemos de reflexionar con calma en ese camino de curación –de consuelo— que nos ofrece siempre esta mesa del Pan y de la Palabra que es la Eucaristía. No dejemos pasar la ocasión de ser más felices. Hoy y siempre Jesús nos ayuda con su amor.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


HAY QUE CONFIAR, AUNQUE NO ENTENDAMOS

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- La fiesta del profeta Elías, celebrada el pasado día 20 de julio, convoca en el Monte Carmelo a cristianos católicos y ortodoxos y también a musulmanes. Es el gran profeta de la antigüedad, pese a no habernos dejado ningún escrito suyo. Este buen israelita que pasó gran parte de su vida en solitario y que fue capaz de vencer a los 450 profetas de Baal, huye de las iras de la reina Jezabel y se va al desierto. Allí no hay peligro, no, pero allí sufre la duda, el desencanto, la depresión y llegado un momento, renuncia a la vida, querer dormirse en el desierto significa esto. No se ha desesperado, no, pero se guarece a la sombra de una retama, sin ser capaz de continuar el camino emprendido.

2.- La retama es un arbusto típicamente mediterráneo, el amarillo resplandeciente de sus flores de primavera e inicios de verano, destacan entre el verde oscuro de su entorno. Las he encontrado por diversos lugares de la península. Nunca me olvido entonces de recordar al profeta angustiado a su sombra, entregado al sueño porque nada tiene sentido para él. Pesimista como tantas veces me siento yo, como tantas veces vosotros, mis queridos jóvenes lectores, habréis podido estar. Según me han dicho, en la tradición beduino-musulmana, se dice que Agar, con su hijo Ismael, triste ella también, se refugió bajo una retama. La consideran, pues, planta sagrada. Es un arbusto acogedor, que entra en los planes del Altísimo, para salvar de la desesperación del profeta. Dios que a nadie abandona. El ángel le despierta y le ofrece un pan del desierto, es decir lo que nosotros ahora llamamos pan de pita, y una jarra de agua. Alimentación fundamental y suficiente para continuar su camino. La lectura litúrgica acaba aquí, el texto continúa diciendo que con la fuerza de aquella comida, llegó hasta el monte del Señor y allí le habló. ¡podía Dios haberle hablado en un lugar más próximo! ¡qué ideas tiene el Señor!

3.- Sí, el proceder divino difiere del de los hombres, más que facilitar, exige esfuerzo. La liturgia nos ha facilitado este pasaje para introducirnos en el texto del evangelio de este mismo domingo. Jesús dice, Jesús nos dice, yo soy el pan bajado del cielo. En qué quedamos, ¿es hijo de su madre, pariente de sus familiares o es pan divino? Los que escuchaban en aquel momento son de aquella gente que siempre está dispuesta a criticar, a sacar faltas, a desacreditar. El Maestro no se arredra, se lo pone más difícil y les habla. Pretende introducirlos en la interioridad divina. Es difícil entender lo que dice, pero Él continúa y añade: el que cree, tiene vida eterna. Nadie viene a mí, si no trae lo el Padre, les acaba de decir. Difícil para ellos y para nosotros entender este lenguaje, pero no es esto lo que Él pide. Es suficiente confiar, para que dentro de su intimidad encontremos el pan que nos dará, su misma carne, alimento de Vida Eterna.

4.- Habréis observado, mis queridos jóvenes lectores, que cuando uno está triste o está alegre, es capaz de hacer muchas cosas, hasta de rezar. Ahora bien, si uno está de mal humor, está incapacitado para la plegaria sincera. Pablo dice que no pongamos triste al Espíritu Santo. La amargura, la ira, los enfados y los insultos provocan a la bondad de Dios, que nos ha perdonado en Cristo. Esta es la última y definitiva razón para que no caigamos en el mal humor. No olvidemos que si lo que dice Pablo, que entristecemos al Espíritu, es señal de que está en nosotros. Y esto es fortuna espiritual que tal vez la tengamos escondida, pero que es nuestra.

No hay que acudir a razones muy razonables, el impulso debe salir de imitar a Cristo que nos amó y se entregó a la muerte por nosotros. Cuando el enfado os aprisione, poned vuestra mirada interior en Jesús crucificado. Él sí que tenía motivos para malhumorarse y no se dejó arrastrar a ello.