XVII Domingo del Tiempo Ordinario
30 de julio de 2017

La homilía de Betania


 

1.- ESE TESORO: ENTRAR EN EL REINO DE LOS CIELOS

Por Antonio García-Moreno

2.- ¿DONDE ESTA TU TESORO?

Por José María Martín OSA

3.- EL REINO DE DIOS ES, PARA LOS CRISTIANOS, EL MISMO JESÚS

Por Gabriel González del Estal

5.- BUSCA Y ENCONTRARÁS

Por Javier Leoz

6.- YO TAMBIÉN ESPERABA ENCONTRAR UN TESORO

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


SUERTE QUE TIENE UNO

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- ESE TESORO: ENTRAR EN EL REINO DE LOS CIELOS

Por Antonio García-Moreno

PÍDEME.- Salomón ha sucedido a su padre el rey David. Ahora es él quien se sienta en el trono de la casa de Jacob, quien rige los destinos del pueblo. El pasaje de hoy nos presenta al joven rey después de haber ofrecido un sacrificio a Yahvé, el Dios vivo de Israel. Por la noche, durante el sueño, Salomón tiene una visión. Dios se le presenta y le pregunta qué es lo que más desea, cuál es su mayor anhelo para concedérselo, sea lo que fuere.

Salomón responde: "Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien...". Salomón se ha olvidado en su petición de sí mismo, sólo está preocupado, hondamente, de su pueblo, de cómo regirlo con acierto, teniendo en cuenta el bien común de todos, sin dejarse llevar del favoritismo, ni de las apariencias. Ha preferido los bienes espirituales a los materiales. Buen ejemplo para cada uno de nosotros que tantas veces pedimos con una visión egoísta, sin mirar el bien de los demás, sin tener en cuenta una justa jerarquía de valores que pone lo espiritual por encima de lo material.

Dios responde a la plegaria de Salomón: "Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas, ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido ni lo habrá después de ti...". Y Salomón será el prototipo del rey sabio. Y junto con la sabiduría le vendrán los demás bienes a manos llenas. Su reinado será el de mayor esplendor, dejando un recuerdo indeleble en la mente y en el corazón de todo israelita.

Pedir a Dios, rezarle con la confianza de que somos escuchados. Pero pedirle como cristianos y no como paganos. Sabiendo apreciar los valores del espíritu, buscando primeramente el Reino de Dios y su justicia, conscientes de que todo lo demás nos vendrá por añadidura. Siendo nosotros los últimos a la hora de pedir algo. Ante todo el Reino de Dios, la Iglesia, el Papa, los obispos y sacerdotes. Después el bien de la patria y el del mundo entero, nuestros familiares y amigos. Y por fin, nosotros mismos. Y Jesús, que es bueno, infinitamente, sabrá apreciar nuestro desinterés, nuestro deseo auténtico de ayudar, sin esperar nada de los hombres, a todo el que lo necesite.

2.- EL MÁS PRECIADO TESORO.- Jesús pregunta a los suyos si entienden sus palabras. Una pregunta que se dirige también a nosotros. Son palabras tan sencillas y claras, que sería extraño que alguien no las entendiese. Es verdad, además, que son palabras muchas veces oídas. No obstante, siempre es conveniente recordarlas. Hemos de hacer como ese escriba de que nos habla Jesús, el cual rebusca en su viejo baúl para sacar de él lo antiguo y lo nuevo. Así consigue que toda su vida sea iluminada por ese rico arsenal de doctrina, de ideas y de recuerdos, que constituyen su más preciado tesoro.

El mejor tesoro, el más valioso don que el hombre puede codiciar, por muy grande que sea su ambición. Por eso el que lo encuentra, el que descubre su valor, ese lo sacrifica todo por obtenerlo. Nada vale como ese tesoro y quien lo consigue tiene ya todo cuanto se puede desear. Es el mayor bien que existe o que pueda existir. Una perla preciosa que colma las más grandes exigencias del corazón humano. Dios quiera que lo descubramos, ojala deseemos poseer ese tesoro que el Señor nos ofrece, entrar en el Reino de los cielos. Cuando comprendamos lo que eso significa, entonces todo nos parecerá poco para llegar a poseerlo.

La alegría, la dicha, la felicidad, la paz, el gozo, el bienestar, el júbilo, la bienaventuranza. Ahora, ya en esta vida aunque sea de forma parcial e incoada. Una primicia que, sin serlo todo, es más que suficiente para que, aunque sea entre lágrimas, brille siem¬pre una sonrisa y florezca la esperanza, también cuando todo nos haga desesperar. Inicio del gozo eterno que un día concederá Dios a quienes le permanezcan fieles, aún con altibajos, hasta el final. Entonces podremos abrir del todo ese cofre que contiene nues¬tro más preciado tesoro y disfrutar para siempre del Bien supremo, contemplando la Belleza sin fin y comprendiendo la Verdad esplendente que es Dios mismo.


2.- ¿DONDE ESTA TU TESORO?

Por José María Martín OSA

1.- Hay un tesoro escondido en la vida de cada uno. Jesús vuelve a utilizar el lenguaje de las parábolas para hablarnos del Reino de Dios. La insistencia en el tema del Reino indica la importancia que tiene para Jesús. Dialogando un día con los niños en catequesis sobre qué es lo principal que enseñó Jesús, todos respondían que nos enseñó el mandato nuevo del amor. Sólo uno indicó que Jesús contaba muchos cuentos y todos tenían el mismo tema: el Reino de Dios. ¿Por algo será?, les dije yo. El domingo pasado veíamos cómo el Reino tiene que extenderse a todos ya en este mundo, a pesar de las dificultades del maligno. Estas dificultades son el dinero, el materialismo, el ansia de poder, el egoísmo, el relativismo moral........Hoy Jesús nos dice que poseer al Reino es lo más grande que nos puede ocurrir, como aquél que encuentra un tesoro en el campo y vende todo para comprar el campo, o el comerciante en perlas preciosas que encuentra una de gran valor y vende todo lo que tiene para conseguirla. Pero nos advierte también que en nuestro mundo conviven la bondad y la maldad, pero sólo la primera triunfará al final de los tiempos.

2. - Dentro de nosotros está la felicidad, pero hace falta descubrirla. Cuentan que un joven recibió en sueños una gran revelación: en el cruce de dos caminos cercanos a su aldea había un gran tesoro. Sólo tenía que ir allí y remover la tierra para conseguirlo. Ni corto ni perezoso se dirigió a aquel lugar. Estuvo todo el día cavando, retirando las piedras y apartando la tierra. Cuando ya estaba derrumbado y agotado por el duro trabajo pasó por aquel cruce un sabio que le preguntó qué estaba haciendo. Al explicarle su sueño el sabio le dijo que él también había tenido un sueño parecido, pero que el tesoro de su sueño estaba dentro de una casa que tenía dos ventanas, un hermoso porche a la entrada un tejado de color rojo. El joven recapacitó y se dio cuenta de que la casa de la que le estaba hablando aquel desconocido era su propia casa. Salió corriendo hacia su domicilio y excavó justo al lado de la puerta y encontró un hermoso cofre. Se dio cuenta de que el tesoro lo había tenido muy cerca, en su propia casa durante muchos años y no se había dado cuenta del hecho. Pueda que nos ocurra a nosotros lo mismo. Dentro de nosotros está la felicidad, pero hace falta descubrirla. Ya lo advertía un experto en búsqueda de la felicidad, Agustín de Hipona, quien hace dieciséis siglos y después de una larga experiencia vital de búsqueda, escribía: "No vayas fuera, busca en tu interior, pues en el hombre interior habita la verdad". Un buen programa para este verano: profundizar en nuestro interior para encontrarnos con nosotros mismos y con Dios.

3. – Optar por Jesucristo. En la parábola del evangelio el que encuentra el tesoro y la perla preciosa vende todo y se queda sólo con lo que de verdad merece la pena. Nuestro tesoro es el conocimiento de Dios. Así lo manifestó el emérito Papa Benedicto XVI, quien después de aconsejarnos que mirar a Cristo es el secreto de la felicidad, nos dice: "Tener trato con Dios es para mí una necesidad. Tan necesario como respirar todos los días....Si Dios no estuviese aquí presente yo ya no podría respirar de manera adecuada". Cuando uno encuentra a Cristo opta por El, lo demás pasa a ser secundario, es capaz de renunciar a cualquier cosa por seguirle, porque el llena plenamente nuestro corazón. Y ahora pregúntate: ¿dónde está tu tesoro?, ¿has optado por Cristo?, ¿a qué estás dispuesto a renunciar por El?


3.- EL REINO DE DIOS ES, PARA LOS CRISTIANOS, EL MISMO JESÚS

Por Gabriel González del Estal

1.- El Reino de los cielos se parece a… Jesús nunca describió el Reino de los Cielos, seguramente porque daba por supuesto que sus oyentes ya sabían, en general, lo que Jesús quería decir con esa expresión. Cuando habla del Reino de los Cielos lo hace con comparaciones y en parábolas. Hoy lo compara con el tesoro que un señor encuentra en el campo, o con la perla de gran valor que encuentra un comerciante en perlas finas. Lo que hacen el señor que encuentra el tesoro, o el comerciante en perlas finas, parecen económicamente lógicas: compran el tesoro o la perla para venderlas y así obtener un fruto superior a lo que habían invertido. Es decir, aplicando ya este evangelio a nuestras vidas, que si nos encontramos con el Reino de Dios, debemos dejar todo lo demás y quedarnos con el Reino. Y como para nosotros el Reino de Dios es el mismo Jesús, si nos encontramos con Jesús, debemos dejar todo lo demás para seguirle a él. Jesús ya había dicho esto mismo, con otras palabras, en varias ocasiones. Hace uno domingos comentábamos unas frases de Jesús que decían lo mismo que hoy, con palabras muy distintas: el que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. Es decir, debemos dejar todo por Jesús, porque Jesús es un bien superior a todos los demás bienes juntos. Santa Teresa dijo esto mismo con otras palabras: el que a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta. Entender esto es fácil, llevarlo a la práctica es muy difícil y sólo con una especial gracia de Dios podemos conseguirlo. Pero este debe ser el propósito de todos los cristianos: seguir a Jesús, porque para nosotros Jesús es el verdadero Reino de Dios. Así lo entendieron todos los santos y así debemos intentar hacerlo todos nosotros, si de verdad aspiramos a la santidad a la que hemos sido llamados. No es necesario que leamos muchos libros sobre lo que entendía Jesús por “Reino de los Cielos”, nos basta con leer frecuentemente el evangelio e intentar ser buenos discípulos de Jesús. Todo lo demás se nos dará por añadidura.

2.- En aquellos días, El Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: pídeme lo que quieras. Respondió Salomón: Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien… Por la Biblia, en el libro de los Reyes, sabemos algo de la vida e historia del rey Salomón. Es considerado como el rey sabio, por excelencia, y también conocido, al final de sus días, como rey idolátrico y mujeriego. Hoy, en este relato del primer libro de los Reyes, nos fijamos en Salomón como rey sabio, humilde y prudente. Lo que Salomón pidió al Señor es algo que todos nosotros debemos pedir a Dios todos los días: corazón dócil para discernir el bien del mal. Esto es algo muy difícil, pero absolutamente necesario para pasar por la vida haciendo el bien: discernir el bien del mal y practicar el bien, desechando el mal. Si nos dejamos llevar por nuestras pasiones de egoísmo, vanidad y afán de poder, difícilmente escogeremos siempre el bien y desecharemos el mal, porque el mal es muchas veces más apetecible que el bien. Pidamos a Dios que nuestro afán de dinero, de vanidad y de afición al poder no desvíen nunca nuestra decisión de hacer siempre el bien, porque esa es la voluntad de Dios y así nos lo exige nuestra vocación a la santidad.

3.- Hermanos: sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien.  Es maravilloso ver cómo a algunas personas todo les sirve para el bien, lo mismo la salud que la enfermedad, la abundancia que la escasez, la suerte o la desgracia. Son personas que ven en todo el designio de Dios para sus vidas. Lo único importante para ellas es ser fieles a la voluntad de Dios, ofrecer a Dios con humildad y agradecimiento su realidad de cada momento. Son personas de una profunda fe en Dios y de una gran confianza en su misericordia. Todo lo que les pasa a ellas lo interpretan como un medio para crecer en santidad. Esto no les hace personas blandas o descuidadas, sino todo lo contrario: son personas sacrificadas, generosas, y siempre dispuestas a hacer el bien a los demás. No buscan exclusivamente su propio bien, sino que siempre están dispuestas a ponerse al servicio de las personas que les necesitan. En fin, que son personas que viven ya en el Reino de Dios, porque han dejado todo para seguir a Jesús.


4.- BUSCA Y ENCONTRARÁS

Por Javier Leoz

“No es grande el hombre por lo que tiene sino, mucho más grande puede ser, por lo que le queda por alcanzar” S. Laven

1.- La fe es una llave que nos proporciona el conocer y abrirnos a los tesoros de Dios. Sin ella es imposible vender otros campos (lo material, lo aparente o lo superficial) para quedarnos con lo esencial y verdaderamente valioso: el amor de Dios. Desde lo más hondo de nuestras almas sentimos la presencia de Dios, pero son tantos los obstáculos que salen a nuestro encuentro que, en muchas ocasiones, ese sentimiento de lo divino queda en segundo o en tercer lugar. Siempre, y lo tenemos que reconocer, es más fácil marcharnos o escaparnos en busca de lo que reluce (aunque sea simple hojalata) y dejar de lado aquello que no es tan alucinante pero que resulta ser oro.

Hoy, más que nunca, vemos que el tesoro de la fe es joya escondida en el inmenso campo de nuestra sociedad. Resulta arduo dar con él; nos quedamos en las cosas y olvidamos las personas. Apostamos por las ideas y relegamos el lado humano de los que las defienden. Nos asombramos por la grandeza del mundo y desertamos de Aquel que lo creó para la perfección, disfrute y supervivencia humana: a Dios.

¿Dónde hemos dejado a Cristo? ¿En qué risco lo hemos olvidado? ¿Es la familia un huerto en el que cultivamos la perla de la fe? ¿Es la política una tierra en la que los católicos, cuando acceden a ella desde distintas opciones, respetan e incluso valoran el tesoro de la fe? ¿Es el corazón y nuestra vida misma un rincón en el que cuidamos con esmero nuestra pasión por Cristo?

2.- Hay que comenzar desde abajo. Si hay cosecha es porque, previamente, ha existido siembra, riega, poda, abono y esfuerzo. La fe, aun siendo una fortuna, nos exige un trabajo de conocimiento y de transmisión. ¿Sirven de algo cruces o imágenes en los montes o en las plazas si, luego, la vida de sus ciudadanos van en dirección contraria a lo que esos símbolos significan? Desde luego, la simbología cristiana, ha de ser más que pura estética. Mucho más que un decoro histórico o cultural.

El tesoro de la fe no podemos sustentarlo exclusivamente en las formas o en las tradiciones seculares heredadas. En cuántos momentos, sin percatarnos de ello o incluso sabiéndolo, podemos caer en un paralelismo entre fe celebrada y fe vivida: celebro festivamente a María, a los santos….en mil expresiones populares pero, a continuación, la fe no cambia mi forma de pensar, vivir o actuar. Es cuando vemos que, la fe, lejos de ser un tesoro, es moneda irrelevante y sin valor. Se queda en la superficie, su manifestación, pero no ha llegado a calar en nuestro comportamiento personal o comunitario.

¿Qué hacer para que, la fe, llegue a ser un tesoro apetitoso y recuperarla de nuevo?

-No poner a las cosas, lo efímero, por encima de Dios. Volver a la lectura de su Palabra.

-Vivir como cristianos implica no mirar hacia atrás (quemar o vender lo que puede convertirse en huida)

-No vivir apegados (como el erizo en un acantilado marino) a nuestros caprichos o religión a la carta

-Considerar el ser católico o cristiano, como una ganancia, un orgullo, una oportunidad para ser diferentes y distanciarnos de muchos dictados de la sociedad.

Ojala que, al meditar el evangelio de este domingo, nos preguntemos ¿qué tengo que vender para salvaguardar el tesoro de Cristo? Cosas tan sencillas como el egoísmo, la timidez como cristiano, el testimonio silenciado ante las gentes, la vanidad, el mal carácter, la tacañería, las malas palabras, la falta de oración o de comunión con la Iglesia… pueden servir para seguir cultivando el campo del gran tesoro de nuestra fe en Jesús.

3.- ¿DÓNDE ESTÁS, SEÑOR?

Que me dicen que, hace un tiempo,

te sembraron en mi corazón…y no te encuentro

Que pregonan que, en el cielo te hayas,

y cuando levanto la vista no te alcanzo

Me repiten que, en los destrozos del mundo,

es donde especialmente sales a su lado

y… no llego a percibir tu presencia.

¡Dónde estás, Señor!

¿Qué tengo que vender para poder comprarte?

¿Qué tengo que dejar para poder conseguirte?

¿Qué parte de mi hacienda he de regalar

para que, Tú, seas la definitiva riqueza y valor a mi vida?

¡NO ME CONTESTES, SEÑOR!

Mis ojos no te ven porque andan distraídos

Porque prefieren verse seducidos

por el gran capital que el mundo oferta

Mis manos disfrutan mucho más

cuando acarician los lingotes del oro del bienestar

de lo que cuenta y vale en la sociedad

del prestigio o del dinero

del buen nombre y buena vida…sin mínimo esfuerzo

¡NO ME CONTESTES, SEÑOR!

¡Demasiado bien sé dónde se encuentra tu tesoro!

En el silencio,

que tanto hiere porque tanto me dice

En la humildad,

donde la pequeñez tanto me asusta

En la sinceridad,

que me convierte en diana de tantos dardos

Ayúdame, oh Cristo, a no perder el campo de tu tesoro:

La fe que es llave para poder amarte y descubrirte

El amor que es bono seguro que cotiza en el cielo

Mi perfección, para no convertirme en algo vulgar y solitario

¡NO ME CONTESTES, SEÑOR!

Soy yo, quien hoy más que nunca,

necesito buscarte por mí mismo

y ponerte en el lugar que te corresponde:

¡EN EL CENTRO DE MI TODO!

Amén


6.- YO TAMBIÉN ESPERABA ENCONTRAR UN TESORO

Por Ángel Gómez Escorial

1.- No. No era tan joven cuando comencé a dar, en solitario, unos largos paseos por una playa alicantina. Allí viajaba –y viajo— con frecuencia. Y en esos paseos, yo, ya con más de 50 años esperaba encontrarme un tesoro lanzado por el mar a la playa. No era una obsesión pero, en efecto, esperaba que el mar regalase algo valioso. Yo también buscaba mi tesoro escondido. No era tanto la búsqueda exclusiva de dinero o de algo muy valioso. Se trataba de esperar algo que me cambiase la vida o me hiciese más feliz.

2.- Cuando yo comencé a dar esos paseos no era creyente. Y, cuando lo fui, ya no buscaba el tesoro. De ello me he dado cuenta ahora. Pero, no obstante, la especial finura psicológica de Jesús de Nazaret nos muestra en el evangelio de Mateo de hoy que todo hombre y toda mujer buscan su tesoro. Claro, algunos, lo encuentran; otros, jamás. Y muchos creen que han encontrado un tesoro cuando, en realidad, solo han hallado quincalla, bisutería. La cuestión es saber, y discernir, cual es nuestro tesoro oculto verdadero y necesario para que nuestra vida sea mejor. También, esa ya aludida finura de Jesús en el análisis de la mentalidad humana lo llama tesoro que es una palabra que plantea, la mayoría de las veces, que existe en su interior un contenido de riquezas materiales e inmediatas, de dinero. Y Jesús no es amigo del dinero, pero sabe que los hombres y mujeres de todos los tiempos si lo son. Y lo que desea es dar verdad a sus vidas. Enseñarles que el verdadero tesoro que necesitamos para ser felices es vivir en sintonía con el Reino de Dios, dentro de él. Lo demás, como decía antes es quincalla, bisutería.

3.- Hemos “atravesando” en estos domingos de julio la “ruta de las parábolas”. Hemos leído varias. Nos llamó la atención el domingo pasado la de la cizaña, porque es una explicación necesaria de Jesús a unos de los grandes enigmas de la humanidad: la coexistencia del bien y del mal dentro de la presencia totalizadora del Dios Bueno. Es la pregunta de “¿Por qué Dios permite esto? Y, desde luego, hay situaciones muy cercanas que nos llevan a hacer esa terrible pregunta. Ahí están los salvajes atentados de Londres, Madrid y Nueva York. La libertad absoluta de hombres y mujeres les lleva a asumir su propio camino. La idea de “imagen y semejanza” anunciada por Dios en el momento de la creación del género humano es eso. Dios es libre. Nosotros, también. Resulta chocante que el poderoso deje ser libre al débil. Pero Dios es así. Y es que nuestra libertad para hacer el bien o el mal está presente en nuestras vidas y no hay nadie –absolutamente, nadie— que no haya experimentado su capacidad cotidiana para hacer el bien y el mal. Y es esa libertad plena la que, asimismo, nos lleva a poder elegir el tesoro del Reino de Dios, totalmente, libremente, sin coacciones. Tampoco hay “coacción” divina en la búsqueda del bien. Es la capacidad de discernimiento que nos da nuestra libertad lo que nos lleva a ello.

4.- Salomón –nos cuenta el Libro de los Reyes— escucha una pregunta fabulosa, soñada, también, por todos. Dios le pregunta: “Pídeme lo que quieras”. La respuesta va a ser humilde, pero magistral: “da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien”. Y el Señor entusiasmado por la respuesta dará a Salomón todo lo mejor que se puede encontrar en la tierra. Es obvio que Salomón opta por lo que llamaríamos el talante del Reino de Dios. Y ello, pues, guarda su relación con el tesoro de la parábola. Pero, también, se pone de manifiesto un hecho muy habitual y corriente en la vida humana. Pedir a Dios lo que necesitamos o lo que –según nosotros— nos falta. “Pedir y se os dará” dice Jesús. Entonces qué es lo que podemos pedirle a Dios. Pues, sinceramente, creo que todo, hasta que nos toque la lotería, porque como Padre Bueno que es entenderá nuestras peticiones. ¿Todo lo que pedimos nos lo puede dar? No claro que no. No todo nos conviene o, realmente, existe. Además, Dios no puede traicionar sus propias leyes. Lo que sería absurdo por otra parte es ir con reservas a nuestra conversación habitual con nuestro Padre.

5.- Es posible que a todo esto haya que aplicar la frase del Apóstol Pedro respecto que para Dios mil años son como un día. Es decir, que nuestro cómputo respecto a los dones generosos dados por Nuestro Señor Dios, deben tener un recorrido, espacio y tiempo. Como niños impacientes que somos desearíamos que lo pedido nos llegue inmediatamente, a vuelta de correo. Pero no es así. En mi caso, he de reconocer que examinando mi vida de unos cuantos años –no pocos— he obtenido mucho de lo que he pedido. Tal vez, concretado de otra manera la petición inicial. No le podemos poner puertas al campo de nuestra relación con Dios, ni tampoco querer llevar a nuestro Padre por los caminos inmediatos de nuestra cambiante existencia.

6.- Hemos leído un brevísimo fragmento de la Carta de Pablo a los fieles de Roma. Y, sin embargo, es más que fundamental. Resume el plan completo de Dios para nuestra salvación. La doctrina de la Iglesia ha hablado de vocación, elección, predestinación y justificación como los pasos para dicha salvación. Y nadie, como Pablo de Tarso, lo ha referido de manera tan breve y completa. La cuestión es que ese plan de salvación tiene dos lados inseparables, diferenciados, pero inseparables. La salvación es individual y comunitaria. La salvación llega a cada uno de nosotros, pero incardinados en un conjunto de bien, amor, solidaridad, belleza y felicidad que contiene el Reino de Dios. Y así, las palabras de Pablo nos ayudan a mejor comprender todo lo que hemos dicho anteriormente y que no es otra cosa que la relación con Dios en el contexto de una vida coronada por el descubrimiento del Reino de Dios.

7.- Debemos meditar muy especialmente las lecturas de hoy. Merece la pena que hoy especialmente –siempre hay que hacerlo— cuando lleguemos a casa leamos y releamos estos textos de la Misa de hoy. Y abrir con ellos una meditación abierta, como la búsqueda del tesoro escondido. Y no nos debe faltar una condición en nuestro avance. Ella está perfectamente definida en el versículo responsorial del salmo 118 que hemos proclamado: “¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


SUERTE QUE TIENE UNO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Suerte que tiene uno, si tiene Fe. Lamentable desgracia, si no la tiene. Solicitada y recibida siempre gratuitamente. Y con todos los respetos y aprecios por los que se declaran agnósticos o ateos.  Esto último es más difícil. Decía un humorista, Gila según creo, que para ser ateo hacía falta saber mucha teología. No lo ignoréis, ni lo olvidéis nunca, mis queridos jóvenes lectores. La Fe es una gran fortuna espiritual, la mayor que uno pueda poseer. El Maestro nos lo enseña mediante tres parábolas que se incluyen en el fragmento del evangelio de la misa de este domingo.

2.- Como tantas veces os digo, los ejemplos que Él pone son propios de su tiempo, de su mentalidad, de la mentalidad de los primeros oyentes y de sus normas de vida. Un campo era la más elemental posesión de cualquier vecino. Un tesoro continúa siendo hoy el sueño de cualquiera. Si en una casa no se podía ingresar sin que el dueño le franqueara la entrada, en un campo uno podía meterse si no estaba sembrado y lo dañaba.

3.- Un hombre paseando, como el que no quiere la cosa, descubre un tesoro. En la imaginación de hoy  se trataría de un estudiante de técnicas que, con su detector de metales en las manos, encuentra un ánfora repleta de monedas de oro. En aquel tiempo, que no es el nuestro, la autoridad no podía fiscalizar lo que pudiera haber en un terreno privado, todo lo que en él se encuentra, era propiedad del amo del campo. El buscador-investigador se calla y mercadea.es el sueño de su vida. Puede desprenderse de sus posesiones, deberá hacerlo, si con ello consigue lo que le hará rico para siempre. Así la Fe. Así los que se consagran a Dios.

4.- Otro hombre, diferente parábola, es un negociante profesional. Descubre en el mercado una perla de asombrosas calidades, forma, tonalidad y reflejos. No quiere perder la ocasión, decide desprenderse de todo lo que tiene en su almacén para poder hacérsela suya. Una tal perla, de tal clase, vale más que todo lo que posee. Venderla a buen precio será el segunda paso a dar. Se acabarán definitivamente las dificultades que hasta entonces ha sufrido. Será definitivamente rico. No puede perder el tren de la felicidad. Pese a que los trámites supongan esfuerzo, no los evitará.

(al llegar aquí, uno no puede dejar de recordar el precioso relato de John Steinbeck que también se llama La Perla. He leído que se hizo sobre el texto una película, tal vez vosotros la hayáis visto. Si conocéis uno u otra, no dejaréis de ponderar el acierto del Señor al escoger la misma imagen muchos siglos antes)

Un rey francés, creo recordar, prisionero en Madrid, escribió a su madre una carta en la que le decía: todo se ha perdido excepto el honor y la vida. Algo así, todo pierdo excepto la Fe, pensarían y piensan seguramente, los tantos mártires cristianos que por la historia han sido y son. Sabemos muchos de sus nombres, muy pocos de los verdugos, lo importante es la elección que hicieron y hacen, que les abren de par en par las puertas del Cielo eterno.

5.- La narración evangélica cambia ahora de tercio. Uno de los recuerdo de mi segunda infancia, es ver a unos hombres que habían tendido su trasmallo en el río Arlanzón y estaban clasificando los pececillos que entre sus hilos se habían enredado. No entendía yo cual era la diferencia que había entre los que conservaban en un cubo y los que devolvían muertos al río. La imagen me quedó grabada y cuando leí la parábola, me sirvió para recordarla siempre. Ahora que he estado muchas veces a la orilla del lago de Genesaret, sé y comprendo qué peces les está prohibido comer a los judíos, lo bien que lo saben todos y cómo le entendieron al Señor. Seguramente que mucho mejor que nosotros y de inmediato.

6.- No hay que olvidar que el Reino es para los que lo han apreciado, los que lo han escogido, los que han sido fieles a las enseñanzas del Señor. No hay que creer que todo vale, que nada importa, que no hay diferencias entre unos y otros. Lo que es imprescindible es que nos preparemos para el recuento final.

7.- Os confío, mis queridos jóvenes lectores, que pensando en el final del texto de hoy que dice: un  letrado que entiende del Reino de los Cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo, escribí hace tiempo dos libros que pretenden expresar las enseñanzas evangélicas con ejemplos actuales, de dominio público, es decir nuevas parábolas. No simples traducciones. Visitando librerías he observado que otros autores han escrito en los mismos t. en vez d enojarme, la coincidencia me ha satisfecho. Somos muchos los que seguimos el consejo del Señor. Lo único indispensable es que nos afanemos por estar siempre entre los escogidos para el Reino. 

(si os interesa el libro que os decía, lo podréis encontrar en:

www.autores católicos org / sacerdotes/ padre pedrojose ynaraja/libros)