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RESPUESTA DEL P. YNARAJA A ENCARNITA

-- Mi querida Encarnita:

Me permito tutearte, es mi costumbre entre cristianos y que los cristianos me traten de igual manera a mí. Añado que el celibato me inclina a considerar a toda mujer de la edad que sea, como a mi hermana menor. Podría ser tu padre, pero importa poco, el espíritu es obra de Dios y Él es eternamente joven.

www.betania.es es un buen instrumento, me siento, como colaborador, muy bien en esta web. Imaginaba que a tu carta contestarían muchos, el Director me dice que no y me invita a hacerlo yo. Haré lo que pueda y potenciaré mi respuesta con la oración.

No te doy una receta de felicidad. Tampoco existen auténticas. Te explicaré una historia y te propondré una iniciativa.

Hace años, navegando por internet, descubrí betania.es a mi todo lo que se refiera a esta población que he visitado unas cuantas veces, me interesa. Me sorprendió que en uno de los “capítulos” Ángel explicara que acababa de morir su madre, yo le contesté enviándole lo que había escrito como recordatorio de la mía. Así empezó nuestra relación personal y así me enrole en betania.es.

Tu situación me recuerda, pese a ser muy diferente, la que viví junto a mi madre. Vivía ella con una hermana mía, entrañablemente unidas, que murió a una edad relativamente joven.

Pese a servir mi ministerio y vocación a unos 20km no dejaba de visitarla diariamente y pasar un buen rato con ella. Era frecuente que me dijera: mira, pon esto de tu hermana allí, o esto de tu hermana guárdalo, o cuando vivía tu hermana esto no pasaba. Yo le repetía que éramos cristianos y que sabíamos que tanto mi hermana como mi padre, estaban gozando y protegiéndonos, pese a no verlos junto a nosotros. Yo también, gracias a Dios, tengo Fe, pero sé lo que me costó aceptar la muerte de mi padre, al que acompañé hasta el último momento. Sé lo difícil y penoso que me resultó comunicarle a mi madre que su hija estaba gravemente enferma, que en cierto momento también le dije que acababa de morir.

No tengo solución para darte, mi querida Encarnita, desearía darte lo único que puedo, un poco de consolación.

Advierte que nuestra Fe en un Dios todopoderoso, es semejante a otras fes religiosas de oriente u occidente, pero goza de la particularidad de que nosotros estamos enterados y en ello nos sentimos unidos a este Dios único, que Él envió a su Hijo, nacido de mujer. Que compartió penas y dolores, superiores a las nuestras. Es un misterio, no te lo niego, pero es así. En tu dolor siéntete unida al de Jesús, en tus dudas, depresiones y angustias, siéntete al lado del Señor que en Getsemaní, ni siquiera tuvo fuerzas para estar de pie o sentado. Ofrécele un poco de tu dolor para mitigar el suyo. Es un misterio, no le des vueltas, en la oración sincera, no existe ni el espacio ni el tiempo. Consolará a Jesús, te sentirás tu consolada.

Vuelvo a la experiencia de mi madre. al llegar un día a verla, me dijo: ¿sabes Pedrojosé? El otro día fui a visitar a aquella señora de la que muchas veces te he hablado, aquella que visitaba cuando era de las Conferencias de San Vicente de Paul, ya sabes que tiene dos hijas y que una de ellas, es un poco deficiente. Les llevaba yo alguna de las joyas de tu hermana que no les correspondieron a tus hermanos. No sabes los ojos que abrieron al verlas, la de condición inferior es la que más feliz estaba. No sé lo que me dio al verlas. No sé cómo esta buena mujer resiste la cruz que Dios le ha dado. Mi madre, desde aquel día no volvió a llorar la ausencia de su hija, hermana mía.

Te decía al principio que te propondría una iniciativa. Consiste en que te llegues al Cottolengo que tienes más próximo, en Algete, a ayudar en lo que sea, que ya te lo propondrán. Puedes llevar a tu hija. Hay buena combinación de autobús, los sé porque allí residí durante los días de las Jornadas mundiales de la juventud y respecto a que vayas con tu hija te contaré una historia personal también.

Un día vino a verme un joven que me conocía de cuando él era chico. Le acompañaba una preciosa francesita que, además de serlo, vestía como una preciosa francesita de la ribera mediterránea sabe hacerlo. Residían ambos en una población de la Costa Azul que conozco un poco. El encuentro y la conversación, como es de suponer, fue una gozada. Se despidieron al cabo de un rato, era una parejita de película, no les olvidaba.

Por la tarde fui a celebrar misa al Cottolengo. Estaban de visita y para asistir a misa unos amigos míos con sus hijos, uno de ellos debía tener la edad que dices tiene la tuya. Entre los enfermos que por los alrededores de la casa se movían, se fijó en una de ellas, ciertamente no agraciada. Te advierto que tanto la madre de este chiquillo, como su hermana, son muy guapas. Le dijo el niño: mamá que fea es. En aquel momento pasaba yo cerca y observó cómo me abrazaba. Se asombró al verlo. Te cuento que yo mismo me conmoví al ser así saludado y sentí dentro de mí una felicidad inmensamente, mayor que la que había experimentado con la preciosa francesita. Desde entonces, cada año, estoy esperando ilusionado su abrazo. Este año ha tardado tres días y delante de todos los demás, para que se enteraran de mi aprecio a la más perjudicada, le he dicho ( ) que todavía no me habías abrazado y llevo tres días viniendo. Todos han sonreído.

Como te mueves por internet, me parece más discreto no darte el teléfono de la casa, en la red la encontrarás, puedes decir a la monja que te conteste que te lo he indicado yo. Prácticamente toda la comunidad me conoce, soy para ellas el cura de La Castanyera y me quieren mucho.

Feliz yo y quisiera lo fueras tú.

Un abrazo

 

Pedrojosé

Barcelona, España

NOTA DEL EDITOR. – El padre Pedrojosé Ynaraja, ya octogenario, es muy inquieto y muy creativo. Escribió Encarnita al correo de Betania (betania@betania.es) el 15 de agosto pasado y se publicó en esta sección de Testimonios en el número del 9 de septiembre que salió el martes 4 de septiembre. Puede verse en el número 1032, entrando en Consultar Ediciones Anteriores (Link al final del menú azul de la izquierda) Solicitábamos que algún lector o lectora con algún problema parecido nos mandara algún mensaje para Encarnita… Finalmente Ynaraja ha decidido escribir estas líneas, que enviaremos al correo de esa lectora si no nos dice nada. El padre Ynaraja dice que se acerque al Cottolengo de Algete en Madrid, pues aunque no lo dice parece residir en la capital. Vamos a volver a escribir a Encarnita esperando ahora su respuesta.


LA LUZ PROVIENE DEL CORAZÓN QUE SOY

 

Interrogarse en silencio siempre ayuda a crecerse y a recrearse

 

Lo que me mueve y conmueve es el espíritu del verso,

la vocación del aire sobre mis huesos injertando latidos,

haciendo brotar obras de amor, forjando el afecto

que el Señor nutre en cada cual, concibiendo el pulso

de la belleza como una palpitación de hallarse amado,

de sentirse querido más allá del tiempo y del espacio.

 Por eso, te amaré siempre, aunque tú no me ames.

 

Si la luz, con la que sueño, proviene del corazón que soy,

una ola de fuego que se abraza a la liturgia de la cruz,

por la que ascender hasta trascender y transformarse,

en ese amor por el que somos el significado de la vida,

una vida que se nos ha donado para donarla cada día,

pues tras ese camino de verdad, vive Jesús amándonos.

 Por eso, Dios está siempre, aunque tú no estés.

 

Somos la esencia del amor y por él hemos de desvivimos.

Desvivirse es como volver a reconciliarse con uno mismo.

Porque para ser armonía antes hay que amar y perdonarse.

De ahí la necesidad de encontrar la orientación debida,

cuando menos para poder practicar la comunión poética

entre el yo y nosotros, el ejercicio desprendido del donante.

 Por eso, solidarízate siempre, aunque no te respeten.

 

Hay que dejar de ser egoísta, y olvidarse de que uno es algo;

pues el espíritu de lo auténtico es la huella de Cristo

que nos glorifica, desde la bondad, inversión que jamás

quiebra, a la virtud de saber amarse para poder amar.

Quien esto cultiva muestra alegría, es bienaventurado,

lleva consigo la pasión más radiante, la mirada más dulce.

 Por eso, mírate en el otro, aunque el otro no te mire.

 

Víctor Corcoba Herrero

Granada, España

corcoba@telefonica.net

NOTA DEL EDITOR. - Bello poema de Victor que está pleno de fe y belleza. Asi es el talante de Victor Corcoba a quien agrademos en envio de este texto.