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DULCE HUÉSPED DEL ALMA

 

No puedo empezar el día sin Ti, amigo, compañero

¿Huésped? ¿Huésped del alma?

¿por qué te llaman así? No lo entiendo.

 

Mi casa, es la tuya.

habitas en ella tanto como yo.

 

No eres invitado, si acaso:

Dueño, Señor, Anfitrión.

 

Eres libre de andar ¿volar? por mi alma

Puedes encender la chimenea,

prender fuego si quieres,

En verano, no sé yo,

pero vamos, libre eres.

 

Pasea, descansa, revolotea.

Haz lo que quieras,

 

No te quedes en la puerta

hasta el fondo

hasta la cocina, puedes pasar

 

Acomódate en mi casa

que también es tu hogar.

 

Desde ahora, por siempre

te puedes quedar.

 

Sé bienvenido

dulce amigo, compañero.

 

Maite

cuaderno: https://teofiladescalza.com/


“CONTRA EL PODER DE AVASALLAR, EL DESEO DE HACER JUSTICIA”

Repudio a los que se apoderan del poder y que, en lugar de servir al bien colectivo, comercializan con los débiles, hasta vender su alma al diablo. Su enfermiza autoridad imprime un inmanentismo absurdo y de disfraz, que nos roba nuestra propia e innata misión serena y creativa. Debiéramos, por tanto, saber discernir, dilucidar nuestra distintiva historia, dejándonos observar. Es menester interrogarnos, para caer en la cuenta de que no hay verso sin verdad, ni poética sin verbo, y que para reconocer la autenticidad de nuestro corazón, hemos de transformar nuestro abecedario, ante todo para no rehuir del encuentro con el semejante, así como para no menospreciar la recíproca donación a la que todos hemos de estar abiertos. Hoy más que nunca se requiere de ese empuje consolador, de esa mano tendida (y extendida) para seguir adelante. El crecimiento de los conflictos, junto a la tremenda desigualdad y la burla a los derechos humanos, nos están deshumanizando como jamás. Sin duda, ante esta bochornosa realidad cavernícola, hemos de poner en nuestro diario de vida, sintonías más solidarias, lo que ha de conllevar otro estilo de vida muy distinto al actual, ya que lo armónico nos exige destrezas más efectivas y sensibilidades más níveas.

Será buen comienzo, regresar al deber de todo poder, que no ha de ser otro, que el de ponerse a disposición de aquellos que nos piden auxilio. A veces son tan fuertes y mezquinas las ideologías que derrochan energías en actitudes inhumanas, con una frialdad que nos dejan sin sentimiento alguno, llegando a desentenderse de sí mismos. Para desgracia nuestra, o sea de toda la humanidad, hay una corriente de políticas aislacionistas verdaderamente preocupante, disuadiendo que los avances y beneficios lleguen a manos de todos. Ya está bien de que ese mundo elitista y privilegiado, margine y no aborde esos desequilibrios mundiales, que impiden realzar esa vociferada inclusión, a la que le falta siempre horizonte y entusiasmo. Determinados gobiernos tampoco prestan demasiada atención a la equidad económica entre los ciudadanos y, sobre todo, a la hora de proteger a los más desvalidos. Asimismo, se necesita un esfuerzo verdaderamente internacional para reducir este espíritu corrupto, que socava la confianza en los líderes de tantos países. Sea como fuere, hay mucho poder en el mundo que nos aplasta en lugar de socorrernos, que nos ahoga en vez de liberarnos, que nos ata y nos inmoviliza. Al fin y al cabo, como bien exponía el inolvidable novelista francés, Víctor Hugo (1802-1885), en su época: “No hay más que un poder: la conciencia al servicio de la justicia; no hay más que una gloria: el genio, el servicio de la verdad”. Justamente, a lo mejor tenemos que activar la naturalidad de nuestras acciones, aunque esto nos desdiga la doctrina que nos han injertado, impidiéndonos en muchas ocasiones tener tiempo para pensar por nosotros mismos. En cualquier caso, es público y notorio que las convicciones suelen separarnos, mientras que los sueños y el propio dolor acostumbran a unirnos. Tengámoslo en cuenta.

Por otra parte, quizás debamos despertar de ciertas visiones, al menos para que se aminoren las pesadillas. Llevar una mochila de desengaños, cansa a cualquiera y resiente al mejor soñador. No obstante, comprendo que no sea fácil transitar por esa vida tan injusta en oportunidades, pero tenemos que remontar nuestras propias miserias si en verdad no queremos convertirnos en marionetas a merced de las tendencias actuales, crecidas por el odio y la venganza. Para empezar, siempre hay que tener el valor de moverse por la certeza, y la valía de reconocer en el otro, parte de nuestro poema. Por eso, es vital decir no a la guerra entre nosotros. Estamos en idéntico camino y el horizonte a abrazar es el mismo. No tiene sentido, pues, enfrentarse; sino acogerse. De igual modo, nadie tiene autoridad sobre otra a efectos de explotación; sin embargo, sí que tenemos la imperiosa necesidad de hacer justicia. Son muchos los Estados que han usado el acceso a la ciudadanía y la condición de inmigrante como un instrumento de discriminación para denegar a las minorías los derechos humanos. Continuamente, la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos imprime datos al respecto francamente desoladores; unas cifras que son realmente conmovedoras y que, lejos de decrecer, continúan haciendo referencia permanente de avasallamiento del ser humano. Ojalá aprendamos a ser fuertes, no violentos, a cultivar la poética del alma, en la que no hay simulaciones, sino entrega coherente entre lo que mostramos y lo que vivimos interiormente. Y esta sinceridad, precisamente, es la que concuerda con esa mística persuasiva que nos injerta paz y nos ilumina los ojos. Quién lo ha vivido, sabe de qué estoy hablando. El gozo es difícil de poder expresarlo con palabras.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

Granada, España


EL SERMÓN DE CARLOS ROS

El sermón anterior “La eutanasia de Hitler” ha tenido uneco mayor de lo esperado. No sólo en mi blog, donde ya lo han visto 713 lectores, sin que pueda saber de qué nacionalidades, sino también vosotros mismos, los parroquianos. Sólo citaré tres emails de los que he recibido.

Una sabia carmelita descalza de Sevilla:

 –No encuentro calificativos con qué ponderar la oportunidad de su estupendo “sermón”. Sencillamente magnífico. Dios lo bendiga.

Un amigo cura salmantino me dice:

–Magistral tu “sermón” ... Como siempre.

Y una amiga que reside en California:

–Me ha conmovido mucho su sermón del día de hoy, ya que tengo una hija discapacitada mental y su sermón me llega al alma…

Para terminar, diciendo:

–Me aterra y asusta el presente Gobierno; menos mal que solo voy [a España] 2 ó 3 meses al año.

Y a mí también, amiga. Ya ha comenzado a asomar la patita del peor zapaterismo este ZPedro.

Este sermón lo tenía escrito desde hacía unos quince días, extractado de mi libro “Pío XII versus Hitler y Mussolini”. Pero antes de enviarlo a vosotros, mis queridos parroquianos, pensé que, con el pequeño olfato de periodista que Dios me ha dado, podría interesar a la gente de Sevilla, dada la actualidad del tema de la eutanasia. Y lo envié a un periódico local. Pero después de nueve días, en vista de que no lo publicaba, opté definitivamente por lanzarlo al aire mediático, para que llegara a mis queridos parroquianos y a los que me siguen en mi blog “Mi Parroquia de Papel”.

Pienso a veces si con la edad se me ha atrofiado un tanto el olfato y no sé apreciar la noticia de interés, pero al recibir tanta correspondencia especial, que no ocurre con otros sermones, he pensado que verdaderamente este sermón resultaba interesante para una gran mayoría. No lo pensó así, al parecer, el director del medio al que se lo envié.

Que tengáis un buen fin de semana en el Señor. Paz y Bien.

Carlos Ros Carballar

carlosros41@ono.com


“NOS CORRESPONDE HACER DEL MUNDO UN LUGAR PARA TODOS”

Hay algo innato en nosotros que debemos fomentar mucho más, el espíritu de encuentro y unidad, sin temer las divergencias. Todo hay que cultivarlo armónicamente desde la escucha y el diálogo. Por eso, que los líderes se reúnan a construir puentes y a fortalecer vínculos para hacer frente a los desafíos globales, es lo más sensato; y, en todo caso, un signo de expectativa que siempre vale la pena celebrarlo. Sin duda, la principal contienda que hemos de vencer pasa por convencernos a nosotros mismos, que tenemos entre todos que erradicar la miseria y renunciar a la estupidez de los privilegios y la supremacía. Nadie puede quedar excluido porque todos somos necesarios, únicos e imprescindibles, para la construcción de ese astro habitable en el que ha de confluir la solidaridad intergeneracional, pero también la concurrencia de todas las culturas, interactuando para sostener valores e identidades que han de regenerarse, en esa conjunción de miradas y oídos, que necesitamos para salir adelante. La humanidad tiene que pensar que la injusticia no es invencible, y aún menos inmune, y lo que si requiere lo justo es ausencia de soberbia entre nosotros y talante comprensivo. De ahí que el compromiso ciudadano deba mundializarse, puesto que conlleva una lucha decidida contra la idolatría del dinero, o contra el mismo poder usurero, que es capaz de dejarnos sin aire con tal de impedir que respiremos.

Ciertamente, cada día hay más carencia de ambientes níveos. Por eso, que no podemos fracasar, máxime cuando el laurel se lo llevan los fuertes y el desengaño los débiles. En consecuencia, es hora de conciliar otros afanes y desvelos en una escala global, cada uno desde su experiencia en la misión, que nos lleve a una línea de maduración más poética que política, más humana que deshumanizadora, más libre que esclava de ese universo de intereses que todo lo contamina de inmoralidades y vergüenzas. Bajo esta perspectiva de donarse, y hasta de perdonarse uno mismo de las andanzas pasadas, pienso que hemos llegado al instante preciso, de intentar promover estrategias conjuntas que nos dignifiquen a todos por igual. Fruto de esa conjunción de entusiasmos es como surgen los ambiciosos proyectos. Se me ocurre pensar en el Plan de Apoyo de la ONU para el Sahel, cuyo objetivo es "acelerar la prosperidad compartida y la paz duradera" en diez países sahelianos. Rachel Kyte, representante especial para la Energía Sostenible, cree que el Sahel está en la "cúspide de una revolución" donde la potencia solar puede proporcionar electricidad a la red regional y energía a las comunidades locales. Verdaderamente, son estos avances ilusionantes, en aproximación con todo lo que nos rodea, lo que nos hace converger en un cambio del corazón. El referente de santa Teresa de Lisieux puede ayudarnos a reencontrar esa palabra justa, amable, capaz de acercamos ante la riada de egoísmos que nos circundan por todos los continentes.

Sea como fuere, no podemos continuar por sendas de iniquidad, necesitamos vencer el aluvión de maldades que entre todos hemos cosechado, para no globalizar nuestra propia perdición como especie. Ciertamente, nadie se hace perverso de la noche a la mañana, es cuestión por tanto de repensar comportamientos y liderazgos. Y ante este cúmulo de atmosferas injustas tampoco se puede guardar silencio. Somos caminantes de sueños, gentes de hospitalidad y verbo, peregrinos con nervio y moradores dispuestos siempre a no callarse ante lo ilícito. Sigamos con este inherente proceder. Quizás, como poetas en guardia que somos por naturaleza, hemos de repudiar la multitud de escenas violentas e inhumanas que sufrimos a todas horas, y en cualquier sito. No podemos, sin duda, seguir con este abecedario de degradación humana, social y ambiental. Todos estamos perjudicados. Hay que asumir compromisos, y bajo este sentido de ética responsable, enmendar las mil injusticias sociales que padecemos, empezando por el desempleo y los déficits de trabajo decente que continúan elevadísimos, a tenor de las descomunales cifras en muchas regiones del planeta. Por nuestra historia sabemos que lo más fácil es dividir, romper, destruir, aniquilar…; ahora nos falta impulsar otro espíritu más constructor, tal vez sea el momento de hacerlo, precisamente ahora que la ONU invita a las personas de todo el orbe a celebrar el Día Internacional de Nelson Mandela (18 de julio), contribuyendo con pequeñas cosas en sus propias comunidades. Indudablemente, cada persona tiene la capacidad y el encargo de forjar un mundo más equitativo y menos injusto. En cualquier caso, la batalla contra la indecencia debe ser perenne, pues no debemos permitir que nadie nos robe la esperanza por vivir con decencia. En el esfuerzo está el triunfo y, por ende, la honesta vida.

Víctor Corcoba Herrero/

Escritor

Granada, España