En Betania, en Tierra-Santa

Por Pedrojosé Ynaraja

Dado que el Director se ha decidido esta vez a implicarse en un viaje a Tierra Santa, peregrinación, que es súplica y agradecimiento a Dios, señor del espacio físico y del virtual. Viaje de estudio que complemente las lecturas bíblicas, escuchadas en las liturgias dominicales y los comentarios ofrecidos por nuestra querida www.betania.es con la visión de los paisajes y lugares donde acontecieron. Viaje de esperanza que la experiencia vivida anime y estimule nuestra vida espiritual o que encuentre y exija la Fe. También conocimiento, gracias a contactos personales, de la realidad cristiana y social… esperando recibir de Dios muchas gracias ya que de antiguo la peregrinación ha sido siempre un medio de conversión y santificación.

DOS GRUPOS

Imagino y escribo un curioso proyecto, pensando en dos grupos de personas. El primero el que hoy describiré en forma de “diario de peregrino” o “cuaderno de bitácora”, reducido a tres jornadas, hoy me referiré a una. Me ocuparé de las otras dos la próxima semana. Al segundo grupo pertenecerían aquellas personas que dispusiesen de más tiempo y quisieran complementar lo vivido con el primer grupo, añadiendo otras realidades. El reportaje del número extraordinario de agosto, se lo dedicare a estos otros.

“ANOTACIONES DE UN PEREGRINO”

Llegamos anoche muy cansados y no pensábamos más que en cenar e irnos a dormir, pero la Hermana insistió, nos obligó, a subir a la azotea a contemplar la Ciudad. El cansancio se convirtió en gozo y curiosidad estimulante. Tenía razón, no quisimos irnos a la cama, sin haber contemplado las murallas de noche vestidas de su precioso tono opalino.

Hoy, muy de mañana, aquí todo, comercio y trasportes, empiezan a las seis de la mañana. A las cuatro se abre la Basílica del Santo Sepulcro. La posibilidad de celebrar misa allí lo hemos dejado para otro día. El horario de esta iglesia y sus normas interiores se rigen por el llamado “statu quo” dejado por los ingleses. Subir a lo que fue la cima de la roca del Calvario, mirar el lugar, cerrar los ojos, mirar de nuevo, esta vez a través del metacrilato, la misma piedra que sustentó la Cruz, la que escuchó la voz del mismo Jesús, nunca lo olvidaré. He podido sentarme en un extremo, acurrucado, y repetir casi llorando: Señor, acuérdate de mí, ahora que estás en tu Reino.

TEMPRANO

Como era temprano, no hemos pasado mucho rato esperando entrar en el edículo. Disponía de muy poco tiempo, sabía que, según los recientes estudios, con certeza arqueológica, a unos 60 centímetros de la losa que podía tocar yo, descansó el Cuerpo del Señor, allí mismo, donde yo estaba, resucitó. No me gusta besar piedras, pero una exigencia interior me obligó en este caso, a dar un beso dirigido al misterio de salvación que allí se cumplió.

Ha sabido a poco, pero era preciso salir y dirigirnos al Cenáculo. Por el camino nos hemos detenido un momento en la Catedral de Santiago. Allí, según tradición, el monje armenio nos lo ha recordado, reposa la cabeza del Apóstol, ustedes poseen en Compostela, lo restante de su cuerpo, nos decía convencido. Pese a los pocos minutos que hemos estado dentro, hemos visto un momento la celebración litúrgica.

LA PUERTA DE SIÓN

Atravesada la Puerta de Sión, hemos llegado impacientes al Cenáculo. Ni paredes, ni crucería pertenecen al tiempo de Jesús, el ámbito sí. Como la gente se acumulaba y nos distraía, hemos ido al Cenaculino, el convento franciscano, imaginamos con fundamento, que era el domicilio del propietario de la casa que prestó al Señor la habitación superior para la celebración de SU Pascua. Celebrar la misa aquí resulta más fácil e igual de sugestivo.

Nadie nos asegura que en la maravillosa basílica de la Dormición fue donde Santa María abandonó la realidad espacio/temporal. No es preciso que sea forzosamente este el lugar. La plácida imagen yacente de Santa María me ha impresionado. He cerrado los ojos y le he suplicado que aceptara yo la muerte como ella como la aceptó Ella. He repetido no sé cuántas veces, el final del Avemaría: ahora y en la hora de nuestra muerte.

A GETSEMANÍ.

Después de comer, en cualquier sitio, próximo a la Jaffa Gate, unos a pie y otros en taxi, nos hemos dirigido a Getsemaní. Es el misterio que siempre me ha más impresionado. Nos proponemos volver al anochecer a unirnos espiritualmente al Señor y meditar su soledad, sus dudas, su congoja. Desde la puerta se contempla el recorrido de quien fue a hacerle prisionero y el que siguió Jesús, perdida ya su libertad. He arrancado de la montaña un pequeño pedrusco, cerca del cual, aquí sí que con total seguridad, pasó y sufrió. La simple piedra que me parece es de dolomita, la conservaré para que me recuerde en los momentos de angustia, dolor y duda, en cualquier momento que pase por un mal trago, que mucho peor lo pasó el Señor.

Han subido hasta la cima en taxi casi todos. A pie se sube en poco menos de media hora. El misterio de la Ascensión no se puede olvidar, aunque el recinto, previo pago de entrada, es dominio musulmán, sea desconcertante, prefiero olvidar el edículo central y la que dicen es la última huella del Señor.

Bajamos y nos detenemos en el recinto del Padrenuestro. Cada uno, evidentemente, busca la oración escrita en la que es su lengua propia, después en la de los amigos. Acabamos en la gruta y cuando logramos estar solos y en silencio, rezamos el Padrenuestro. Aun ahora que estoy redactando estos apuntes, lloro emocionado. Todavía nos ha dado tiempo para entrar en la tumba vacía de Nuestra Señora.

A LOS LECTORES

Lectores de betania.es para muchos de vosotros esta lectura os habrá recordado experiencias semejantes y no os habrá molestado que yo brevemente, os haya contado las mías., que he experimentado muchas veces. Para otros será estímulo para peregrinar, tal vez con nosotros. La próxima semana, como he dicho, me referiré al segundo y tercer día, pensando en aquellas personas que no pudiendo disponer de más tiempo, desean emplearlo, alejados de las preocupaciones cotidianas de su vida diaria, en meditar de otra manera los misterios fundamentales de nuestra Fe.

(a continuación, las fotos. la de una pared rocosa y color rojizo podría rotularse: por esta calle, o por esta misma esquina, tal vez rozándola, pasó el Señor)