EL 27 DE JULIO, ECLIPSE

Por David Llena

Según dictan los calendarios celestes, el próximo viernes 27 de Julio tendremos un eclipse de luna que será visible desde todos los lugares de España a partir de las 9 y media aproximadamente. En cuanto se ponga el sol por el Oeste, emergerá la luna llena por el Este y desde ese momento ya aparecerá eclipsada. El eclipse se prolongará una hora y media más, momento en el que el color rojizo irá dejando paso al color habitual de nuestro satélite. En aquellos lugares, donde sea de día (América) obviamente este fenómeno pasará desapercibido, mientras que, en Oceanía, por ejemplo, el eclipse se verá justo antes del amanecer.

No se trata de un fenómeno usual y es un espectáculo observar este oscurecimiento de la Luna debido a que nuestra tierra le tapa la luz procedente del Sol, al colocarse entre ambos en sus movimientos celestes.

Para observar este eclipse, solo es necesario mirar al cielo en el momento y lugar precisos y también que ese día no haya nubes o que alguna montaña nos evite la salida de la luna durante el tiempo del eclipse.

Sin embargo, siendo viernes por la noche para muchas personas pasará desapercibido este fenómeno, bien porque no se hayan enterado o porque no quieran pararse a observarlo, o bien porque estén en otros menesteres o no les interese el asunto.

La conclusión que podemos sacar para nuestra vida espiritual es que la Gracia de Dios, como el eclipse están ahí esperando a que nos tomemos la molestia para atenderla. Para pararnos a ver qué es lo que Dios quiere de nosotros, para contemplar todo aquello que Dios nos regala. Sin embargo, muchos estaremos ocupados en otros menesteres, o miraremos para otro lado, o simplemente si alguna nube nos lo tapa, pensaremos que estábamos equivocados y dejaremos de mirar hacia Cristo y su Iglesia, volviendo nuestra mirada a otros intereses que nos parecerán más acertados.

Así que debemos estar alerta y mirando siempre en la dirección correcta para ver y comprender lo que Dios quiere de nosotros, aunque no veamos y entendamos el por qué. Durante muchos años la humanidad contempló los eclipses sin saber el porqué.

 

DELITOS Y SANCIONES…GRACIA (2)

Por Pedrojosé Ynaraja

Violencia de género es expresión que se repite con frecuencia por los medios. Se repite cuando añaden un nuevo caso, que aumenta el caudal de delitos cometidos.

Y la gente de misa, ¿qué? Asiste sin duda al funeral correspondiente. ¿Queda satisfecha? Supongo que no. ¿Es suficiente? Pobre sería la Fe, si así fuera.

Hay que cambiar de chip, se repite en muchas circunstancias. ¿Hay que cargar baterías? No sé quién inventó la expresión, pero la acepto y añado, sí, hay que cambiarlas.

Continuando con símiles semejantes, la pila espiritual hace tiempo existe y se conserva en buen estado, es Jesús, cuyo corazón late sufriendo pasión mística. Los cristianos cargamos nuestras humildes baterías, conectándonos mediante los sacramentos.

Para la situación conyugal contamos con energía apropiada que es la Gracia Matrimonial.

¿De dónde has sacado las pilas? ¿Quién te las vendió? ¿No ves que ahora para duren, deben ser de Litio y que no estén caducadas? Decimos cuando no funciona bien un reloj de cuarzo.

Con hojalata bien recortada y unos tornillos, se puede construir un reloj (sic) pero para que funcione hay que ponerle pilas. La pila original es el bautismo, las sucesivas cargas son los otros sacramentos.

Aterrizo al momento del inicio.

Con atractivo, simpatía y gustos comunes, sin duda, se puede formar una pareja. Con solo eso, difícilmente formar un matrimonio. El matrimonio cristiano es otra cosa.

La Iglesia lo sabe muy bien. En su “libro de récords Guinness” (“Martirologio romano”) tiene anotados bastantes casos de éxito matrimonial. Baste recordar ejemplos presentes: los padres de Teresa de Lisieux o el más reciente y simpático de Gianna Beretta Molla. En su seno diversas intuiciones han sembrado y germinan asociaciones donde crecen lozanas y felices, uniones íntimas de un hombre y una mujer, a las que las riega el Espíritu Santo, fecundándolas y, consecuentemente, floreciendo, siendo felices, pese a los percances que puedan ocurrir. (continuaré)