PERSEVERAR HASTA EL FINAL

Por David Llena

No sé si son las tareas que nos abruman, si es la edad que nos vuelve más lentos de reflejos, o es una combinación de ambas, pero cada vez llegamos más justos a todas partes y estiramos las horas hasta límites insospechados, atendiendo cuatro o cinco asuntos a la vez, a cual más importante.

Lleva eso a un primer problema que es perder el sentido de la importancia de las cosas, dejando de atender asuntos importantes por tener otros más urgentes y haciendo que estos prioricen nuestras decisiones.

Otro problema es la posibilidad de fracaso en alguna de las tareas o el hartazgo y la posibilidad de abandonar todo cayendo en la depresión. Es pues, fundamental controlar no llegar a ese momento de explosión, o que de llegar sea una explosión controlada.

Pero aquellos que son capaces de no sucumbir en el camino serán aquellos que perseverando hasta el final consigan alcanzar el éxito en todas sus metas.

En el camino de la fe la cosa puede ser similar. Podemos vivir con una cierta sensación de imposibilidad ante la caída constante en el pecado, y vivir abrumados intentando sobrevivir tapando nuestras faltas y quizá algún día eso explote. Lo ideal es poder tener la gracia de ser capaces de perseverar en buscar el perdón de nuestras faltas en lugar de tratar de taparlas, justificarlas y hacerlas un mal menor de nuestra existencia.

Solo aquellos que sean capaces de perseverar en ese levantarse, serán los que lleguen al banquete con el vestido de fiesta.

 

CLERICALISMO (8)

Por Pedrojosé Ynaraja

Continúo, pese a ser repetitivo, con el clericalismo, ya que el Papa ha manifestado su desagrado y dice es uno de los males de la Iglesia. Supongo que en algún momento y con sosiego, se referirá al tema.

Acostumbro a ser caricaturesco. Tal género puede parecer exagerado, pero con frecuencia un tal diseño, precisa más que una fotografía.

Si ha sido propio del clericalismo la ambición de dominar y la posesión de bienes terrenales le ha podido ser arrebatada, tal las desamortizaciones, no pierde ocasión de recuperar el poderío, sea como sea. Una situación concreta, y tratándose de presbíteros, es el momento de la confesión, que le da oportunidad de subyugar conciencias.

Que el sacramento de la penitencia ha entrado en crisis social, nadie lo ignora, ni es la primera vez. Recuérdese las discusiones sobre su administración de modo privado, aunque con carácter eclesial público, que en otros tiempos apasionaron.

La disciplina establece que, en cuanto sea posible, el fiel debe confesar sus pecados con su género y diferencia. Ahora bien, el ámbito de la conciencia no está cuadriculado y adentrarse, incluso uno mismo en él, es más difícil que moverse por el laberinto de una catedral gótica.

Pretender entender, aclarar, orientar, aconsejar, etc. es tarea que facilita una intromisión que viole la intimidad. Operar en esta función, facilita el dominio sobre la personalidad, cierta anulación de la libertad y anular de alguna manera la responsabilidad. ¡Cuántas veces habíamos oído: esto me lo manda mi director espiritual! Y no aceptar ninguna sugerencia

Preguntas y más preguntas, satisfacción por desahogarse, pero disgusto posterior por sentirse de alguna manera controlado y haber por ejemplo comprometido al conyugue, sin tener derecho a hacerlo.

Mi práctica pastoral ha sido: dime de qué te arrepientes, te doy la absolución, que en esto soy infalible y después, si quieres, te aconsejaré, trataré de ayudarte, pero sin poder garantizarte ante Dios que sea indefectible.